Capitulo 8:

Enterraron a Emilse aquel mismo día bajo un conjunto de rocas que había al pie del cañón y que debieron desprenderse tiempo atrás. Quince mujeres recorrieron penosamente la ladera bajo un cielo oscuro y plomizo. Dos de ellas llevaban el cuerpo en una plataforma. El viento que congelaba sus rostros cuajados de lágrimas llevaba consigo la amenaza de una tormenta cercana.

La propia Riza aparto las piedras que cubrían las raíces del pino centenario y que ocultaban un agujero natural. Allí dejaron el cuerpo de su amiga y su hermana, depositándola en la cuna de la tierra como si fuera una niña dormida. Luego la joven volvió a colocar una por una donde estaban

Eran tiempos difíciles. Debido al riesgo de delatar su presencia, las mujeres habían abandonado la costumbre de plañir en alto su dolor. Así que se limitaron a darse la vuelta y descendieron por el flanco del cañón, silenciosas como fantasmas a través del velo de nieve que había comenzado a caer.

Riza había dejado atrás a Roy para que ayudara a Cansio a proteger el campamento. A medida que se iban acercando, sintió que el miedo iba en aumento. ¿Descubriría al regresar que Roy había aprovechado la oportunidad para encontrar los caballos que estaban en una cuadra escondida y había tomado el más rápido para escapar?

¿O el beso que el había dado y la promesa sin palabras de que habrían mas bastarían para mantenerlo allí?

El recuerdo de aquel beso la asalto mientras caminaba. Agradeció que nadie pudiera ver en aquel momento como se le había sonrojado las mejillas. ¿En que estaría pensando para lanzarse a sus brazos como una loca? A excepción de su breve compromiso no conocía casi nada de los hombres, sobre todo de los hombres como Roy. Y en cuanto a besar… Riza levanto el rostro hacia la nieve para calmar aquel calor furibundo. Seguramente Roy habría encontrado su inexperiencia ridícula, por no decir sinceramente patética.

Pero se recordó que no había dado ninguna señal al respecto. Su suave lección sobre como besar había sido más de lo que ella esperaba. El recuerdo de sus besos despertó un deseo desconocido en ella. Riza le había respondido con el ímpetu de un rió desbocado y se había acercado peligrosamente el punto de la rendición. Había necesitado de todas sus fuerzas para apartarse de sus brazos y salir corriendo hacia la seguridad del campamento.

Era muy conciente de que no podía entregarse a el. Lo que tenia el poder de retenerlo era la promesa. Si le daba lo que quería la utilizaría y después se marcharía. Pero si conseguía mantener el cebo sin que llegara a morderlo…

Riza parpadeó cuando se golpeo el pie contra la raíz externa de un árbol oculta bajo la nieve. El dolor le llego hasta la pierna, y sirvió para recordarle su torpeza.

¿En que estaba pensando? Ella no tenía experiencia con los hombres. Apenas sabia por donde empezar en lo que se refería a sus deseos, y mucho menos donde detenerse. Seria menos peligroso jugar con fuego que llevar a cabo el plan que tenía pensado.

Pero, ¿Qué otro recurso le quedaba cuando la vida d su gente estaba en juego?

Cuando llegaron al campamento, Riza tenía los nervios a flor de piel. ¿Se lo encontraría esperándola con sus ojos negros retándola para que hiciera el siguiente movimiento o no encontraría mas rastro de el que sus pisadas en la nieve?

Cuando salieron de la alameda y alcanzaron el claro, sus ojos escrutadores dieron con el. Estaba sentado con las piernas cruzadas en la entrada de la tienda de Antenor charlando animadamente con el anciano guerrero. Acurrucada en su regazo, con el rostro apretado contra su camisa estaba Irina.

Riza sintió una inmensa oleada de alivio mientras aceleraba el paso. Deseaba que Roy se girara para mirarla, pero parecía tan absorto en la conversación con el anciano que apenas le presto atención.

Sin embargo, Irina levanto su rostro cuajado de lagrimas al verla y atravesó corriendo el claro par salir a su encuentro. Riza estrechó el cuerpo de la niña entre sus brazos.

La respiración de Irina se convirtió en sollozos mientras apretaba la cabeza contra el cuello de la joven, pero no le cayeron lágrimas. La niña había llorado ya hasta quedarse seca.

Sintiendo lastima por ella, Riza la aparto suavemente y la sujetó de los hombros para poder mirarla a los ojos.

-Escúchame, Irina- le dijo con dulzura-. Tu madre era una mujer maravillosa y muy valiente. A ella le gustaría que tu también lo fueras. ¿Podrás hacerlo? ¿Harás que se siente orgullosa de ti?

-Lo… lo intentare.

Irina tenía la vos ronca de tanto llorar. Su rostro estaba lleno de surcos formados por las lágrimas.

-Yo tenía mas o menos tu edad cuando perdí a mis padres- aseguro Riza-. Estaba completamente sola cuando Antenor me encontró y me llevo con los ishbalanos. Ellos se convirtieron en mi gente, en mi familia. Todos somos tu familia, Irina. Cuidaremos de ti.

-Pero, ¿Quién será mi madre?

Aquella pregunta tan simple le llego directamente al alma. Sabia que era lo que la niña quería escuchar. Pero, ¿como iba a hacerse cargo de una niña con todas las responsabilidades que tenia?

Una sombra hizo su aparición en el suelo nevado. Riza alzó la vista y se encontró con Roy a su lado. Los copos de nieve revoloteaban a su alrededor, ocultando la expresión de su rostro. Irina se soltó y se abraso con fuerza a sus rodillas. Cuando lo tuvo bien sujeto volvió a mirar a la joven.

-Tú puedes ser mi madre- aseguro-. Y Roy puede ser mi padre.

Riza sintió como se le encendían las mejillas. Roy arqueo una ceja.

-No es tan sencillo, pequeña- dijo con amabilidad-. Antes de que podamos ser tus padres, Riza tiene que aceptarme como esposo. Y no creo que estemos todavía preparaos para dar ese paso.

-Todas las mujeres del campamento seremos tus madres- añadió la joven que estaba deseando cambiar de tema-. Pero Silesia es ahora tu pariente más cercana. Me ha dicho que te llevara con ella s su tienda.

Irina suspiro, y Riza supo perfectamente lo que estaba pensando. Silesia era una buena mujer, pero era severa y carecía de sentido del humor. No tendría la paciencia necesaria para criar a una niña.

-Quiero vivir contigo- insistió Irina-. Podrías enseñarme a disparar y a convertirme en cazadora.

-Le pediré a Antenor que habla con Silesia para que te permita aprender- aseguro la joven palmeándole suavemente el hombro-. En cuanto lo haya permitido te daré tu primera clase. ¿Te gustaría?

Los ojos llenos de lágrimas de la pequeña volvieron a temblar como los copos de nieve que flotaban alrededor de ellos, movidos por el viento. Lloraría a su madre el resto de su vida. pero la gente del campamento haría todo lo posible por cuidar de ella y tratar de hacerla feliz. Eran una familia. Todos ellos.

-Y ahora corre y ve a buscar a Silesia- le pidió a al niña-. ¡Corre! ¡La tormenta va ha empeorar!

Obediente, Irina se dio la vuelta y salio corriendo en medio de la nieve. No podía regresar a su casa hasta que los malos recuerdos y el dolor menguaran un poco.

Los altos pinos se cimbraron como juncos cuando la tormenta descendió con fuerza desde el cañón. Riza recibió un puñado de nieve en la cara que le trajo el viento y tuvo que luchar por mantener el equilibrio. Con los ojos entrecerrados vio a Cansio viendo el rincón en el que guardaban a los caballos. El joven le hizo un gesto para darle a entender que los animales estaban bien. Luego desapareció en el interior de la tienda que compartía con Antenor.

Para entonces ya casi todo el mundo había buscado refugio. Roy tomo a Riza de la mano y avanzó con ella por el claro. Ella agradeció la fuerza de sus dedos mientras caminaban

Por fin alcanzaron su tienda, que estaba al final del campamento. Agarrándose el uno al otro para protegerse del viento, perdieron el equilibrio y cayeron atravesando la lona que cubría la entrada.

Durante unos instantes se quedaron quietos, respirando con dificultad. El interior de la tienda estaba oscuro. Fuera, la tormenta se había desatado con toda su intensidad.

Riza estaba tumbada de lado. Cubierta parcialmente por el cuerpo de Roy. La joven podía escuchar su propio corazón latiéndole con tanta fuerza que le resonaba en la cabeza. Era completamente conciente de la cercanía de Roy, del contacto de su cuerpo, del aroma de su piel y del sonido de su respiración agitada en el oído.

Riza se giro y consiguió ponerse boca arriba en un esfuerzo por liberarse. La fricción creada entre sus piernas entrelazadas provoco una oleada de calor que le subió por todo el cuerpo. Tuvo que contener un gemido.

Roy se inclino hacia adelante, pero puso todo el peso en los brazos, y colocándose encima de ella, la miro con la expresión perdida entre las sombras.

Riza se estremeció cuando se inclino todavía más y la beso suavemente en los labios. Apenas fue un roce, pero fue suficiente para despertar en todos su ser una pequeña llama. Abrió los labios, dispuesta a mas, pero el se retiro, sin dejar de pender sobe ella.

-No tienes que tener miedo de mi, Riza. No te haré daño.- susurro su vos, que fue un murmullo ronco en la oscuridad-. Y no haré nada que no quieras que haga. ¿Me crees?

Ella lo miro, temblando. Todo su cuerpo se retorció bajo la ropa tratando de recuperar el control. Tenía el compromiso de vela por la protección de su gente. Si se dejaba llevar por lo que le provocaba Roy, tiraría por la borda lo único que tenia para ofrecerle.

Cuando por fin hablo, Riza tuvo que forzar cada palabra que pronuncio.

-Yo… ceo que deberíamos encender el fuego… Y preparar algo de comer.

Roy se rió mientras se retiraba de encima de ella. Riza se sentó sintiéndose algo mareada. El cabello le caía por la cara, frió contra su piel caliente .Ella se lo aparto con dedos nerviosos, consiente de que tenia los ojos de Roy clavados .Los dientes le habían empezado a castañear, tanto por el frió como por los nervios.

-Necesitamos ese fuego, ¿no lo crees?- pregunto el con sorna y cierto tono sensual-. No tardaremos mucho.

Riza observo su figura en sombras mientras el recogía la leña que estaba apilada contra la base de la pared de la tienda. Lo único que quedaba del fuego anterior era un rastro rojo en las brasas. Roy arrancó la corteza de una rama seca, la deshizo con dedos hábiles y la colocó sobre las brasas. En un momento logro que se dibujaran lenguas amarillas cuando la corteza prendió fuego. Roy añadió rápidamente algunos palos a las llamas y luego unos cuantos troncos gordos de álamo. Enseguida el fuego crepito alegremente, llenando la tienda de luz y calor.

Nabora había dejado una olla con su estofado humeante al lado de las brasas. El aroma de la carne, raíces y hierbas inundo el aire mientras Riza servia la deliciosa mezcla en dos cuencos. Se sentaron a ambos lados del fuego para comer.

La comida y el calor ayudaron a aliviar la tensión que había ente ellos, sin embargo, Riza lo observaba con recelo. Cada ves que el alzaba la vista de su comida, la joven apartaba la mirada. Roy comía sin prisa, con un aire de seguridad en si mismo que implicaba que toda las cosas llegarían si esperaba, incluida ella. El orgullo de Riza chocaba con los deseos de su corazón. ¡Como le gustaría demostrarle que estaba equivocado!

Y como le gustaría demostrarle que tenia razón.

El sonido del viento, seguía aullando en el exterior, se unía a la extraña sensación de aislamiento que había dentro de la tienda. Pero la sensación de seguridad no era más que una ilusión, se recordó Riza. En algún lugar, más allá del campamento, las bestias humanas que habían violado y asesinado a Emilse esperaban a que pasara la tormenta

-Se mantendrás refugiados hasta que el tiempo continué así.

Las palabras de Roy fueron el reflejo de sus pensamientos.

-Pero cuando aclare la tormenta se pondrán en marcha otra ves. Y si necesitan provisiones hay muchas posibilidades de que vengan aquí.

-Y no será para comprarlas- murmuró Riza, consiente de que aquellos bandidos no se molestarían en negociar cuando podían llevarse fácilmente lo que querían.

-¿Cuántos crees que son?

Yo conté cuatro pares de pisadas, pero podría haber mas- dijo ella.

-¿Y caballos?

La joven asintió con la cabeza.

-Vi las marcas de sus cascos en el lugar que los ataron. Podríamos utilizarlos si conseguimos hacernos con ellos.

Roy frunció el ceo con aire pensativo. Sus dedos abarcaron el cuenco vació.

-¿Tus mujeres pueden luchar?

-Cualquiera de ellas moriría por defender el campamento. Pero no tienen mas armas que sus cuchillos de curtir.

Riza se quedo mirando el fuego y luego añadió con cierto tonto esperanzado:

-Cansio tiene buena puntería, casi tan buena como yo. Y con tu ayuda…

Riza se quedo sin palabras al darse cuenta de lo que acaba da de decir. Roy nunca había dicho que ayudaría a su gente. Ella no podía dar por hecho de que estaría allí cuando llegara el momento de enfrentarse a los bandidos.

Roy respiro hondo y Riza imagino lo que debería estar pensando. Los bandidos estarían seguramente bien armados, o al menos serian lo suficientemente hábiles como para sacar provecho de las armas que tuvieran. En un ataque general, incluso con la ayuda de Roy, aquel reducido grupo de Ishbalanos no tenía ninguna posibilidad de vencer. ¿Por qué habría de arriesgarse a una muerte casi segura para ayudar a una pandilla de ishbalanos a los que apenas conocía?

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Ya chicas, fin del chap y espero que les haya gustado. Como siempre agradezco a los queseen y especialmente a los que dejan su opinión así que:

Taiji-ya Hawkeye: Me alegra que te haya gustado el chap, y la verdad es que los panes de Riza se complicaran un poco pero algo bueno saldrá de todo ello, te agradezco el apoyo y nos leemos mañana.

Xris: Si, la verdad es que Riza es bastante complicada solo que ahora su plan no resultara tal y como ella pensaba, me alegra que te haya gustado el chap y nos leemos mañana, ciao.