Capitulo 10:
Y así, como se sentía tan calentita y tan segura con el, Riza dejo a un lado su natural reticencia y permitió que las palabras fluyeran. Le contó como murieron sus padres, como Antenor, ahora anciano y ciego, la había encontrado en la pradera y se la había llevaba a su hija viuda para que la criara.
-Cuando conseguí haber superado el dolor de haber perdido a mis padres, la vida con los Ishbalanos me pareció maravillosa- aseguro la joven-. Siempre había querido tener hermanos y hermanas, y pronto descubrí que todo el grupo era mi familia. Me trataron como a una mas. Nunca me faltaron compañeros de juegos, ni algún adulto que me mostrara su afecto o me regañara cuando hiciera falta o me enseñara lo que necesitaba saber.
Riza cerró los ojos y revolvió los recuerdos de aquellos días, cuando la pradera se llenaba de juegos y los militares no los atormentaban. Ahora todo había cambiado. El mundo de los ishbalanos se iba haciendo cada vez más pequeño.
-Me dijiste que habías estado comprometida.
-Si- dijo Riza haciendo un esfuerzo para no inmutarse ante la pregunta-. Yo tenía… dieciséis años. Mi madre adoptiva había muerto y mi abuelo, Antenor, estaba empezando a perder la vista Ya no podía seguir cuidando de nosotros.
Riza recordaba perfectamente aquella época. Estaba en edad de casarse y estaba bien enseñada para desempeñar las labores de la casa, cocinar, confeccionar de ropa… Pero el problema con los militares comenzaba a acechar nuevamente, y los hombres jóvenes del pueblo sabían que tener una esposa de tes blanca seria un imán para los problemas. Ninguno de ellos intento cortejarla.
-Un guerrero llamado Diaco , un joven amable me confeso que estaba enamorado de mi y accedí a casarme con el a cambio de que cuidara también de mi abuelo.
-¿Y el mantuvo el compromiso?
A Riza le pareció percibir un cierto tono crispado en la pregunta.
-La mantuvo mientras vivió. Mi abuelo no paso nunca hambre, pero Diaco no vivió mucho. En uno de los ataques al pueblo el resulto gravemente herido, no fui capas de salvarle.
Riza trago saliva con la emoción al recordar aquel tiempo. Tantas muertes, tantos heridos por una guerra que no tenia sentido. Pero Diaco había sido un buen hombre y ella había sabido respetar su recuerdo.
-Luego de la muerte de Diaco no había nadie que se ocupara de alimentar ni cuidar de mí y de mi abuelo- dijo retomando la historia-. Fue ahí cuando me convertí en cazadora. Desde pequeña había aprendido a disparar gracias a mi padre y eso me ayudo. Al principio era muy torpe y solo traía a casa algo de carne, pero a medida que fui mejorando me fui sintiendo mas orgullosa de lo que era capas de hacer. No necesitaba la ayuda de ningún hombre para cuidar de mi abuelo. Trascurrido un tiempo también empecé a cuidar de otros.
Riza se detuvo un instante y clavo los ojos en el fuego Roy había comenzado a juguetear con su cabello. Lo motaba con dedos hábiles y lo dejaba caer sobre sus hombros, dándole un color a luna llena.
-¿Fue entonces cuando decidiste tomar un camino parecido al de los hombres?- le pregunto.
-Creo que si, era mas sencillo actuar de esta manera- respondió ella sintiendo que los sentidos se le agudizaban mientras Roy le acariciaba el cabello-. Al poco tiempo decidí que lo mejor era renunciar a mi vida de mujer.
-No, no por completo, se recordó Riza. Todavía extrañaba lo que no había llegado a conocer, sin embargo aquello se había convertido en un símbolo de su libertad, que tanto dolor había costado conseguir. Un recordatorio de que ningún hombre era su dueño.
Acurrucada a su lado, Riza se sentía a gusto y contenta. Pero ahora, las yemas de sus dedos estaban rozando las puntas de la llama que poco antes había recorrido su cuerpo, abrasándolo.
-¿Alguna ves te sientes sola, Riza?- pregunto besándola suavemente en la cien mientras hablaba.
-Aquí no hay tiempo para eso.
-Pero eres una mujer preciosa. Y demasiado joven para apartarte del mundo como una anciana. ¿Nunca deseas sentir los brazos de un hombre rodeantote en las noches largas y frías… como esta?
Roy le acaricio la mejilla. Aquella simple caricia despertó una bocanada de fuego que le recorrió el cuerpo.
-Semejante deseo seria una estupidez- dijo con vos temblorosa y entrecortada-. Aquí no hay hombres. Y he aprendido a no necesitar…
El deslizo el pulgar por su mejilla hasta alcanzar la mandíbula. Entonces alzó el rostro y la beso lenta y sensualmente, dándose el tiempo para explorar lo que ella le estaba entregando. Riza gimió en vos alta, le rodeo el cuelo con una mano y le acaricio el cabello mientras sentía como todo su cuerpo se derretía entre sus brazos.
Aquello estaba resultando demasiado peligroso, le advirtió la vos interior. Estaba mas segura afuera en la tormenta que el los brazos de aquel desconocido que hacia que su corazón bailara cada ves que sus ojos se encontraban. Pero Riza ya no escuchaba la vos de la precaución. Apenas sabia nada de aquel hombre pero la conexión que sentía con el era mas profunda que la piel, mas profunda que la confianza, Parecía como si se hubiera hecho suya desde el memento en que lo encontró al lado del arroyo, medio congelado y cubierto de nieve.
¿Consistía en eso el amor? Riza no tenia modo de saberlo. Había respetado a Diaco y le había agradecido su ayuda, pero lo que experimentaba con Roy no había formado nunca parte de su noviazgo. Se sentía libre de volar de su encierro.
¿Quién había sido el antes de llegar allí?
Riza pondero aquella pregunta acurrucada en sus brazos y se dio cuanta de que ya no importaba. Sabía quien era Roy allí. ,lo conocía allí, y fuera quien fuera se había convertido en una parte vital de su mundo.
Tal vez nunca llegara a recuperar la memoria. Tal ves se quedaría como Roy para siempre, allí a su lado, sin ataduras con la otra vida que había conocido. A ella le gustaría. Pero, ¿y a el?
Aquella pregusta desapareció en la profundidades d su mente cuando la mano de Roy se deslizó en el interior de la túnica para comenzar a acariciar su piel desnuda. Riza trago saliva y gimió suavemente de placer mientras el continuaba aquella dulce tortura. Ella arqueo el cuerpo hacia arriba pidiendo mas. Los dedos de Riza se alzaron para desabrocharle los botones de la camisa-Deseaba tocare la piel del mismo modo que el estaba rozando la suya. Durante un breve instante, Roy se detuvo para ayudarla sin dejar de mirarla intensamente a los ojos.
-Riza, si quieres que pare…
-No- susurró ella-. No, no pares.
Roy termino de soltarle el cabello que le caía hasta más debajo de la cintura. El se lo acaricio suavemente con las yemas de los dedos.
-Eres preciosa- murmuró besándola en los ojos, en las mejillas, en el cuello-. Preciosa…
Las manos de Riza alcanzaron su piel desnuda bajo la camisa. Tenía la piel suave. Los temblorosos dedos de Riza siguieron su recorrido desde el centro hasta donde se estrechaba y desaparecía por la cinturilla de los pantalones. El corazón le latía a toda prisa.
-Tranquila, pequeña- dijo el calmándola-. Hay tiempo. La tormenta de fuera no va a ir a ninguna parte.
Roy le agarro suavemente la mano y le deposito un beso en la palma. Luego se incorporo para arrodillarse a su lado.
Ella se tumbo en la cama mientras Roy se tomaba el tiempo para quitarle la ropa, acariciando su piel helada. Nadie la había tocado nunca y Riza no sabia que hacer. Sin embargo algo le dijo que debía de tratarse de un amante experimentado. Pero, ¿Qué sabia ella de aquellas cuestiones? Lo único que sabia era que los labios y las manos de Roy era fuego dulce sobre su piel, y que quería mas de el. Lo quería entero.
El termino de quitarle la túnica, sacándosela despacio por la cabeza y la dejo a un lado. Riza se quedo tendida y bañada por la luz de la hoguera vestida únicamente con la ropa interior. Roy dijo algo entre diente y ella sintió que estaba luchando consigo mismo.. Era un hombre que no sabia quien era ni que se ocultaba mas allá de la barrera de su memoria perdida. Su amor podría dejar un rastro de dolor y arrepentimiento cuando la recobrara.
Pero aquella noche la necesitaba, y ella lo deseba más de lo que había deseado nada en toda su vida. Quería olvidar el horror y la pena de aquel día. Quería dejar a un lado su solitaria y pesada carga y, solo por aquella noche, perderse en la sensación de amar y ser amada.
Roy se acerco más y le recorrió a besos el vientre, besando su ombligo y apartando lentamente la ropa interior que aun la cubría Le acaricio con la mano la cara interior del muslo. Ella gimió al sentir su contacto, pero aun quería más.
Cuando termino de desvestirla la miro durante un momento.
-Riza, ¿estas segura de…?
- Si- susurró ella-. Es lo que quiero, sin arrepentimiento.
-Cerro los ojos mientras el la besaba nuevamente en los labios. Durante el primer momento Riza experimentó una sensación de miedo por lo que sabia tendría que venir. Pero luego una sensación de seguridad y determinación la invadió. Era una mujer y tenia cuerpo de mujer, y sentía como si hubiera nacido para aquel hombre, para que el la encontrara, para que el la amara.
Los dedos de Roy comenzaron a acariciarla con habilidad, provocando en ella una oleada de sensaciones que atravesaron sus sentidos. Riza se arqueo para recibir aquello y alzó los brazos para atraerlo hacia si. Esta ves Roy no la detuvo cuando encontró la cinturilla del pantalón .Los dedos de la joven se deslizaron hacia los botones de la camisa tratando de abrirlos con premura. Ya había desnudado su cuerpo en otra ocasión, pero aquella primera ves el estaba medio muerto por el frió, ahora todo era distinto.
El tiempo pareció detenerse mientras la besaba,. Era como una danza enfebrecida, como si ambos se hubieran estado esperando por mucho tiempo. Los dedos de Roy la recorrían y la acariciaban con suavidad hasta que ella estuvo a punto de gritar de deseo.
- Si- susurro, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera ser suya-. Estoy segura de que esto es lo que quiero…
Riza se arqueo para recibirlo, preguntándose si existiría en el mundo algo que se comparara con aquella sensación que se apoderaba de su cuerpo. Un pequeño gemido se abrió pasos a través de su garganta al sentir dolor, pero este se fue tan rápido como había llegado.
.Roy se detuvo un instante y la beso en las mejillas, en los ojos.
-No pasa nada- murmuro con vos entrecortada-. No te haré daño.
-No… no me estas haciendo daño- susurró ella-. Es que… Es que nunca había…
Las palabras le fallaron, pero realmente no era preciso decir nada mas, por aquella noche ella dormiría tranquila.
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Ya chicas el chap de hoy espero les haya gustado, ando con prisa así que agradezco a todas las que leen y a las que me dejan su opinión, mañana les agradezco como corresponde, un beso, ciao
