Capitulo 11:

Roy estaba con la cabeza apoyada en un codo, observando el jugueteo de la hoguera agonizante en el rostro dormido de Riza. Habían hecho el amor una y otra ves hasta quedar exhaustos. Ella había alcanzado el punto más alto del agotamiento y después cayo dormida. Pero Roy había permanecido despierto durante toda la noche acunándola entre sus brazos, escuchando la tranquilidad de su respiración intercalada con los sonidos de la tormenta que seguía desencadenados en el exterior.

El fuego se había ido consumiendo hasta quedar reducido a brasas y los primeros rayos de sol se filtraban a través de la entrada de la tienda. Roy observo la suave luz dibujándose en sus facciones y pensó en lo hermosa que era Riza y en el modo tan generoso que se había entregado a el. En aquel momento no deseaba nada más en el mundo que despertarse a su lado todas las mañanas de su vida.

Pero, ¿Cómo podía pensar un hombre en su futuro si no sabía nada de su pasado? Durante las horas vacías y largas de la noche había tratado de recordar aunque fuera el más mínimo detalle de su vida. Pero había sido como intentar avanzar a través de la niebla espesa. Ningún nombre se le venia a la cabeza, ni tampoco ningún rostro a acepción de uno: El rostro de una mujer enmarcado por un halo de cabello dorado. Una mujer que se parecía a Riza y que sin embargo presentía que no era ella.

¿Quién era el? ¿Tendría una novia? ¿Una esposa? ¿Hijos? ¿Habría alguien esperándolo en algún lugar que no recordaba, con el corazón en un puño y escrutando el horizonte para verlo llegar?

Dios, ¿Por qué no podía recordar?

Acababa de pasar una noche en el Cielo, con una mujer que era tan apasionada y valiente como hermosa. Pero ahora, tumbado a su lado en el frió amanecer, la verdad de lo que acababa de hacer cayo sobre el. Riza se había abierto a el con todo su corazón, su alma y su cuerpo. Pero el no tenia ningún derecho a tomar lo que ella le ofrecía tan libremente. No hasta que supiera que se escondía en la oscuridad de su olvidado pasado.

¿A quien había traicionado aquella noche? ¿A quien había hecho daño? Aquella pregunta no se la quitaba de la cabeza. Roy se sentó y maldijo entre dientes. Si pudiera estar seguro de que era libre, la besaría en aquel mismo instante para despertarla y entregarle su vida, pero aquel acto era algo impensable en un hombre que era un extraño para si mismo.

Riza sonrió dormida. Al verla tan feliz, tan inocente y tan hermosa, Roy sintió que se le encogía el corazón. No podía arriesgarse a hacerle mas daño del que ya le habían hecho. Preguntaría sí podía trasladarse con Antenor y con Cansio durante el tiempo que se quedara allí. Eso le proporcionaría a Riza la seguridad que necesitaba.

Con el cuidado de no despertarla, Roy se puso de pie y se vistió. Ya había pasado demasiado tiempo rumiando. Era hora de hacer algo útil, y podía empezar saliendo fuera para comprobar los daños que había provocado la tormenta.

Su abrigo seguía sin aparecer, así que se coloco una piel alrededor de los hombros antes de salir y cerró la entrada de la tienda. Por encima de los altos muros del cañón se adivinaba el brillo de un cielo de amanecer en que languidecían todavía las estrellas mas rezagadas. La tormenta había pasado, dejando tas de si un silencio espeluznante. En el campamento, el viento había esculpido sobre la nieve montañas blancas. Nadie más había salido aun, pero vio humo recién saliendo de una de las tiendas. De la tienda en la que vivía Nabora, la anciana.

Durante un instante sopeso la posibilidad de molestarla. Nabora era parte fundamental del plan que Riza y el habían discutido. Si ella no podía hacer lo que se necesitaba, tendrían que buscar otro modo de defender el campamento, y no bahía mucho tiempo para prepararse.

Roy se dirigió hacia la tienda de la anciana pero vacilo un instante. Como líder del grupo, era Riza la que tenía que hablar con su gente. Lo ultimo que deseaba era poner entre dicho su autoridad. Y el día anterior, cada ves que había mirado a Nabora la había encontrado observándolo con desconfianza. Estaba claro que no sentía un gran amor por los hombres como el.

Roy se recordó a si mismo que Riza se despertaría enseguida. Seria mejor que ella fuera la que tratara con Nabora. Mientras tanto, el echaría un vistazo al rededor en busca de cualquier señal de peligro.

Recorrió los límites del campamento, mirando de ves en cuando hacia el cañón a medida que el cielo se iba transformando en día. El viento había tirado algunos árboles durante la noche, pero la nevada no había sido tan fuerte como cabía esperar. Observo los flancos del cañón, Roy se pregunto que harían los bandidos. Tal ves Riza tenia razón. Quizás había seguido su camino después de cometer su crimen. Pero no apostaría por ello. No en un país como aquel, en el que los alimentos, los caballos y las mujeres eran tan valiosos como el oro. Aunque aquellos bandidos estuvieran huyendo, la tentación de aquellas victimas tan fáciles seria demasiado fuerte.

Roy exhalo un suspiro profundo y se dio media vuelta para regresar. Quería avisar a Riza cuanto antes del peligro: Al no haber nieve que pudiera contenerlos, los bandidos podrían atacar en cualquier momento.

Acababa de cruzar el rió cuando un sonido retumbo en el cañón, destrozando la paz de la mañana y helándole la sangre.

Era el aullido de un caballo aterrorizado.

---------------------------------------------0------------------------------------

Roy se dirigió a toda prisa al lugar donde se había escuchado el alarido. Provenida de la parte resguardada del cañón, el lugar donde Riza la había confesado que el grupo guardaba los caballos. Tal vez alguna animal los había atacado. Si se daba prisa tal vez pudiera ahuyentarlo de allí. Roy se lamento de no haberlo preguntado a Riza donde había escondido el arma.

Como si hubiera conjurado su presencia al pensar en ella, la joven apareció detrás de el y le coloco el arma en las manos. Se había puesto el vestido largo y las botas, pero tenia las piernas desnudas y los ojos hinchados de sueño. Llevaba el cabello todavía revuelto. Noto que ella también llevaba un arma en las manos.

Paso delante de el sin decir un palabra, indiferente la frió mientras atravesaba la nieve crujiente. Sus respiraciones agitadas dejaban flotando en el aire invernal una estela blanca. Roy la siguió muy de cerca, permitiendo que ella escogiera la ruta a través de los pinos que llevaban hasta la boca del cañón.

A medida que se acercaban escucharon a los caballos relinchando a agitándose. Fuera lo que fuera lo que los había asustado no podía andar muy lejos. Roy se detuvo el tiempo necesario para cargar el fusil y salio corriendo detrás de ella. Subieron por el flanco hasta llegar a la orilla de una cresta. Desde allí podían ver el escondite, un refugio en el que media docena de caballos permanecía atada a un pino, moviéndose nerviosamente. Roy no vio rastros de ningún animal ni nada aparecido que pudiera haberlos asustado. Pero tenía el pelo de la nuca erizado, una clara señal de que algo no iba bien.

Aquel refugio estaba muy bien pensado. Era un lugar resguardado del viento y rodeado de arrecifes altos. Una valla de arbustos y árboles caídos se había improvisado en la entrada para evitar que los caballos escaparan,

Roy estaba observado los acantilados en busca de algún rastro cuando escucho a Riza tragar saliva. La joven le tocó el brazo con la mano.

-¿Qué ocurre?

Roy siguió con la mirada la dirección de sus ojos, pero no vio nada extraño.

-Allí- susurro ella señalando con el dedo-. Debajo de aquel saliente, por donde discurre el agua.

Al principio no consiguió ver nada. Luego, tras observar detenidamente un forma oscura se hizo visible a los pies de las rocas. Parecía el cuerpo de un hombre tumbado.

-¡Ponte a cubierto y no te acerques!

Con el rifle preparado, Roy se apretó contra las rocas y comenzó a descender por el flanco hacia el refugio. Sin hacer caso de su advertencia, Riza cargo el arma. Luego siguió sus paso flotando como una sombra detrás de el.

¿Los habría visto aquel intruso? Roy atravesó la vaya de arbustos esperando escuchar en cualquier momento el sonido de una bala. Pero lo único que se oía en el refugio era el goteo del agua, los relinchos de los caballos y el graznido de un cuervo que pasaba por allí .Los pájaros mas pequeños habían salido volando y se habían callado. Incluso el viento callaba.

-No se ha movido- susurró Riza.

Y era cierto. Estaban lo suficientemente cerca como para distinguir perfectamente la tela roja del abrigo del hombre.

-Quédate atrás mientras yo miro- susurro Roy -. Lo digo en serio. Quédate atrás.

Esta vez, Riza hizo lo que el haba dicho. Mientras dejaba atrás la vaya, miro de reojo hacia atrás y vio que había guardado el arma. Incluso en aquel momento, con el peligro acechándolos alrededor, no podía dejar de admirar su coraje.

Pero ni las armas ni su valor hacían falta allí. Mientras rodeaba la figura por detrás, Roy vio la herida sangrienta que tenia en la parte de atrás de la cabeza y supo que aquel intruso no volvería a moverse jamás.

Se tomo un momento para observar los flancos en busca d e otros hombres. Al ver que no había peligro, desenfundo la pistola del hombre. Luego le hizo a Riza un gesto con la mano para que se aproximara.

Ella se acerco al claro moviéndose con cautela y con los ojos muy abiertos. Al ver que el hombre estaba muerto abrió ligeramente los labios, pero solo bajo el arma cuando hubo rodeado el cadáver y examinado las suelas de aquellas botas militares que no eran de la talla del muerto.

-Es uno de ellos- dijo con vos trémula- Reconozco esas botas por las huellas que habían alrededor del cuerpo de Emilse.

-Yo diría que intentaba bajar por esas rocas y resbalo por el hielo.

-Pero, ¿Qué estaba haciendo aquí? ¿Y donde estarán los demás?- se pregunto Riza escudriñando los acantilados con los ojos entrecerrados-. Tal ves todos intentaran bajar por este camino y tendernos una emboscada. O quizás pretendían llevarse a los caballos y hacernos salir así del campamento.

Roy observo la nieve. Las únicas huellas que encontró fueron la de los caballos y las suyas propias.

-No hay señal de que los demás descendieran- dijo-. Seguramente renunciarían a intentarlo al ver que este resbalaba.

-O el resto de los bandidos lo intento por otra vía.

Riza se quedo mirando aquel cuerpo roto tendido sobre la nieve, como si intentara conseguir algún tipo de satisfacción por la muerte de un enemigo. Cuando volvió a alzar la vista hacia Roy en sus ojos brillaba el apremio.

-Tenemos que regresar al campamento y advertir a la gente. Tal ves sea demasiado tarde para llevar a cabo nuestro plan.

-¿Cuantas vías existen para llegar hasta aquí?- pregunto el mientras subían por la pendiente.

Riza se tomo su tiempo antes de contestar.

-Hay un camino sencillo, que seguramente seria el que tú estabas siguiendo antes de que tu caballo cayera. Pero esta el otro lado del cañón. No tiene sentido que ellos lo cruzaran entero para bajar.

-¿Y que hay en este flanco aparte del camino que ha tomado nuestro enemigo?

-Otra vía, corta y mas sencilla. Seguramente fue esa de la que se salieron ayer, y con toda probabilidad será la que intenten… Volver.

Riza se quedo sin respiración cuando una ráfaga de viento helado le azoto la cara, alborotándole el cabello. Tenia los ojos rojos y los labios azules de frió. Una mujer tan adorable como ella no debería llevar una vida tan dura, pensó Roy mientras subían la pendiente. Su sitio estaba en un lugar más confortable y mas calido en donde pudiera comer mejor, dormir en una cama decente y llevar ropa bonita que ensalzara su belleza. Debería estar en un lugar en donde se a pudiera mimar, consentir y amar… Donde el la amaría todos los días y todas la noches durante el resto de su vida.

Había pasado toda la noche haciéndole el amor a Riza. Conocía cada rincón de su cuerpo. Conocía cada matiz de su respiración y el timbre exacto de sus gemidos.

En unas sola noche había pasado a formar parte de el en tal manera que no podía soportar la idea de vivir sin ella. Pero hasta que no recobrara la memoria no era libre para ofrecerle un mañana. Sobre todo por que no había modo de saber si alguno de los dos viviría en las siguientes horas. Para ellos no existía un mañana. Solo tenía el recuerdo de la pasada noche. Y el presente.

Cada vez parecía mas claro que los bandidos los atacarían. Como defensores del pequeño e indefenso grupo, ambos estarían en la línea de fuego del peligro. Si Roy moría, o, si Dios no lo quisiera, moría ella, no quería que entre ellos quedara nada sin decirse.

Al llegar a un refugio natural que había debajo de una rocas, la agarró del hombro y la hizo girarse par que lo mirara. Sabía que tenía que negrear al campamento. Pero también sabia que si no hablaba con ella en aquel momento lo lamentaría el resto de su vida.

-Tenemos que darnos prisa- protesto Riza tratando de safarse.

-Lo se- Pero tengo de decirte esto ahora, antes de que nuestro tiempo se acaba.¿Me vas a escuchar Riza?

Ella alzó la vista para mirarlo con expresión sorprendida.

-No se lo que va a ocurrir en el campamento- dijo Roy-. En estos momento ni siquiera se como me llamo. Pero lo que si se es que no puedo dejarte marchar sin decirte que te amo.

Riza abrió mucho los ojos. Tenía las pupilas dilatadas por la sorpresa. Abrió los labios, todavía hinchados por los besos de la noche anterior, pero no hablo. Roy pudo sentir su premura, la necesidad que tenía de regresar con la gente que dependía de ella, y supo que tenia que darse prisa.

-Pase lo que pase hoy- dijo sin soltarle los hombros-, o que pase mañana y los días venideros, no te olvides de lo que te estoy diciendo. Te amo, Riza. Y si el destino es lo suficientemente generoso como para permitirnos estar juntos, quiero pasar el resto de mi vida cuidando de ti y haciéndote feliz.

Ella alzo la mano y le acaricio suavemente barba insipiente de la mejilla.

-Hasta que tú llegaste yo no había conocido el amor de un hombre- susurro-. Ni tampoco había experimentado lo que era le amor aquí- aseguro rozándole el pecho con la yemas de los dedos-. Me basta con saberlo, Roy. Pedir más seria avaricia. Los espíritus podrán enfurecerse. Pero me has dado tanta felicidad…

La vos se le quebró cuando el la atrajo hacia si y la abrasó con fuerza durante unos instantes, como si tratara de formar un solo cuerpo. Riza temblaba como un pajarillo entre sus brazos.

-Tenemos que regresar al campamento- dijo ella-. Si lago ocurriera…

-Lo se.

Roy la soltó y sintió como si le estuvieran arrancando un trozo de su propia carne. Si el taque tenia lugar sin que ella estuviera allí nunca se lo perdonaría a si misma. Ni a el.

-------------------------------------------------0-------------------------------------------

Ya chicas, fin del chap y espero que les haya gustado y les recuerdo que mañana es la actualización.

Como siempre agradezco a todos los que leen y especialmente los que dejan su opinión así que:

Xris: (Chap 10) Si, la relación ha avanzado muy rápido, pero nada es seguro, gracias por el apoyo y nos leemos mañana., ciao

Hanae: (Chap 10 y 11) Me alegra que te haya gustado el chap, y es verdad que la historia se va poniendo mas interesante, pero ahora veras que dará un vuelco definitivo, espero que te guste y gracias por leer, se que el tiempo te falta, ciao.

Walku-chan: (Chap 10 y 11) Me alegra que te haya gustado el chap, aunque ahora la historia se pondrá un poquito más difícil, pero ya veras, espero que te guste y nos leemos mañana.

Taiji-ya Hawkeye: (Chap 10 y 11) Me alegra que te haya gustado, como ves las cosas parecen mejorar pero aun nada es definitivo, gracias por el poyo y nos leemos mañana.

AnneNoir: (Chap 11) Mi escritora favorita, me alegra que te haya gustado la historia y es verdad que la original habla sobre aborígenes pero no es en lejano oeste y me ha costado muchísimo adaptarla (lagrimas de sangre) pero es una historia muy bonita así que espero que el sacrificio valga la pena. Gracias por dedicarme un tiempo, se que esta ocupada por que estoy igual, la universidad y el trabajo me consumen, gracias por el apoyo y nos leemos luego, ciao.

Evinkuruga: (Chap 11) Me alegra que te haya gustado esta historia, me hace muy feliz de verdad, y espero que no te decepcione, jejeje, gracias por el apoyo y nos leemos mañana. Ciao