Capitulo 13:

-¡No!

Aquel grito surgió de lo más profundo del alma de Riza mientras se abría paso. La pistola que le había quitado a Ike había quedado tirada en la nieve. Pero ella solo pensaba en una cosa. Llegar hasta donde se encontraba Roy y comprobar que tan herido estaba. Logro razonar al fin y se dio cuenta de que debía hacerse con el arma antes de que alguno de los bandidos la utilizara contra ellos.

Riza se puso de pie y logro hacerse con el arma, pero en el momento que logro sujetarla uno de los hombres la sujeto de los tobillos y la arrastró hacia atrás haciéndala caer y provocándole dolor al sentir las piedras que le raspaban el vientre y las piernas. El hombre se coloco entonces encima de sus caderas mientras Riza oía su respiración entrecortada y se sentía perdida.

-Te lo juro, Ike, me he ganado a pulso el derecho a tomarla primero, ya hemos jugado bastante…

El hombre no alcanzó a terminar lo que estaba diciendo por que se escucho el sonido de un disparo al otro lado del cañón que rompió el silencio reinante. El bandido cayó herido desangrándose por la herida recibida en el cuello.

Riza logro ponerse de pie con cierta dificultad justo en el momento que el segundo hombre era acribillado ante sus ojos.

¿Seria ella la siguiente? Riza no quiso espera a averiguarlo. Sin llegar a levantarse, avanzó en zigzag entre los arbustos hasta llegar al grupo de álamos en el que había visto caer a Roy. En los acantilados se seguía escuchando el tiroteo y también se oía el relinchar de los caballos.

Para cuando encontró a Roy le ardían los pulmones. Estaba tumbado boca arriba sobre la nieve con los ojos cerrados y tenia el rostro completamente blanco. La sangre le manaba de una herida que tenia a un lado de la cabeza.

Riza soltó un grito y se dejo caer a su lado, colocándole la cabeza en el regazo. No tenia nada con lo que contener la hemorragia excepto su vestido. Apretó con fuerza la herida contra sus pechos mientras intentaba buscarle el pulso en el cuello. Tras unos segundos frenéticos se lo encontró. Era muy débil.

Le tapo la herida con nieve fresca y comenzó a mover los labios para rezar. Primero le oro a Ishbala, el dador y protector de la vida. Y luego al Dios de su infancia al que hacia muchos años no rezaba.

-Deja que viva… Por favor, déjale vivir.

Riza vio a los jinetes a través de los árboles. Eran al menos quince o veinte y avanzaban por el camino largo del cañón. No parecían ser bandidos, pero iban vestidos con ropa de abrigo y bien armados. ¿Serian militares? Riza sintió que se le encogía el corazón al darse cuanta de que la respuesta a aquella pregunta no cambiaba nada. Fueran quienes fueran, a ella no le quedaban fuerzas para enfrentarse a tantos. Su gente estaba a merced de ellos.

El fuego de los flancos había cesado. El jefe de los recién llegados, un hombre algo mayor y algo canoso, mando media docena de hombres para que subieran por la pendiente y comprobaran si quedaba algún bandido. El resto del grupo avanzó en fila por la orilla del rió en dirección del campamento.

-¡Aquí!

Uno de los hombres había visto a Riza. El jefe giro el caballo desde la cabecera de la fila y trotó con el animal hasta el grupo de álamos donde ella estaba arrodillada con la cabeza de Roy entre sus pechos. De cerca pudo comprobar sus miedos. Eran militares.

-¿Que demonios…?

El hombre se bajo del caballo, saco la pistola y avanzó entre los árboles. Ensangrentada, helada y agotada, Riza alzó la vista y lo miro con la desesperación de un animal herido.

-Por favor… -murmuro con los dientes castañeándole-. Aun vive pero esta herido. Por favor, ayúdenle.

El hombre compuso un gesto de sorpresa mientras pedía mantas, guardaba la pistola y se arrodillaba en la nieve para inspeccionar las heridas de Roy. Riza observo todos sus movimientos. Lo vio quitarse el guante, sacar un pañuelo argo del bolsillo y apartarle la sangre.

Parece solo una brecha- murmuró el militar-. En si misma no parece grave, pero tengo la impresión de que sufre además una contusión. He visto muchas heridas de este tipo siendo medico del ejercito. A veces los hombres mejoran en cuestión de días. Pero otras veces quedan tumbados y…

El militar se quedo sin vos mientras observaba atentamente el rostro de Roy. Abrió mucho los ojos y se cerco todavía mas a el.

-Cielo santo- murmuro-. Yo conozco a este muchacho.

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Una ves más la nieve comenzaba a derretirse. El agua caía de las ramas desnudas de los álamos e iba a parar al embarrado suelo. El rió bajaba alto y lleno de residuos como consecuencia de la tormenta. Los pájaros cantaban el las copas de los árboles, agradeciendo con sus trinos aquel nuevo descanso del largo, largo invierno que se aproximaba.

Riza esta sentada con la piernas cruzadas a la entrada de la tienda pensando en como había cambiado su vida en los últimos días. Nada de lo que había sido ni de lo que había querido había permanecido igual. Parecía como si todo lo que hubiera sido suyo hubiera sido arrancado de sus raíces, dejándola sola y vacía.

Desaparecida la nesecidad de ocultarse, Antenor había sido enterrado a la usanza tradicional, en lo alto del cañón. El joven rostro de Cansio se había llenado de lagrimas cuando enteraron a aquel que había sido todo su mundo.

Riza había abrasado al joven con fuerza.

-Ahora eres el guardián de las enseñanzas de nuestro pueblo, hermano- le dijo-. Nunca olvides las palabras que te dijo.

Incluso ahora, con el sabor agridulce del recuerdo, sentía como si los brazos del anciano la rodearan como una suave manta.

-Hasta que volvamos avernos, abuelo- le susurro la joven al viento con vos atenazada por unas lagrimas que no podía derramar.

La perdida de Antenor no había sido el único cambio. Desde donde estaba sentada tenia una visión completa del campamento, ahora desmontado, la gente estaba recogiendo sus escasas provisiones para dirigirse al campamento a primera hora de la mañana del día siguiente. El coronel Tim Marco y sus hombres los escoltarían hasta uno de los campamentos elegidos para su protección. El grupo había ido siguiendo a los bandidos desde el sur hasta aquel cañón escondido y ahora había emprendido una nueva y muy diferente misión.

Pero al menos aquellos nuevos hombres habían tratado a su gente con amabilidad y respeto. Eran hombres buenos que mantendrían a salvo a su gente, pensó Riza para tranquilizarse. Pero aunque no fuera así, ella ya no tenia nada que decir al respecto.

-El ejército me encomendó esta misión para que hiciera respetar la ley- le había contado el militar tras la ceremonia mortuoria de Antenor-. Tu gente esta incumpliendo la ley al vivir fuera del campamento que esta permitido. Es mi obligación llevarlos hasta allá, y aunque no lo fuera lo hará de todas formas por su seguridad.

Riza estaba demasiado desanimada como para permanecer a discutir con el, pero el había endulzado su tono al ver su rostro contraído.

-Si quieres venir con nosotros a ciudad del oeste, eres bienvenida- le dijo-. Conozco a mas de uno al que le encantaría llevarte con el.

Riza se limito a responder con una leve negación de cabeza.

-Bien, no puedes quedarte aquí.- insistió el con exasperación creciente-. Y supongo que no estarás pensando en seguir a esta gente al campamento… Me da igual que me hayas dicho que son tu única familia. Eres una muchacha de ciudad, no una ishbalana. Y tienes que pensar en el futuro. Y ahora dime: ¿A dónde quieres ir?

-No lo se- había respondido Riza obligándose a articular las palabras-. Nesecito tiempo para pensar.

Y eso era lo que seguía haciendo cuando se sentó al lado de la cama del hombre al que amaba con todo la pasión que albergaba su solitario corazón. El pulso de Roy era ahora más fuerte y la herida se le iba curando. Pero no había abierto los ojos ni había dado ninguna señal de vida. El Coronel Marco había pensado llevarlo en una plataforma atada a un caballo hasta la ciudad mas próxima, donde había un dispensario en el que el medico podría encargarse de el hasta que pudieran llevárselo a casa.

Roy. Los labios de Riza pronunciaron su nombre mientras le apartaba un mechón de cabello de su pálida frente. Pero ya no era Roy, se recordó a si misma. Ahora tenía un nombre completo y una vida llena de cosas diversas, era un importante coronel de la milicia, reconocido por muchos por ayudar en las luchas contra su pueblo. Tenia una vida completa a la que ella no podía aspirar para compartir con el en el caso de que llegara a recobrarse.

"Pase lo que pase… no te olvides nunca de lo que te estoy diciendo ahora. Te amo, Riza. Y si el destino es lo suficientemente generoso como para permitirnos estar juntos, quiero pasar el resto de mi vida cuidando de ti y haciéndote feliz"

Aquellas palabras llegaron a Riza mientras bajaba la vista para mirar aquel rostro inconciente, pero eran solo eso, palabras que había pronunciado un hombre que ya solo existía en sus recuerdos.

-Bien, ¿Cómo esta el militar esta mañana? ¿Se ha despertado ya de su largo sueño?

Nabora se había detenido en la puerta de la tienda. Llevaba una piel enrollada debajo del brazo y parecía demasiado frágil.

-Sigue igual- respondió Riza-. Pero tú no deberías trabajar tanto. Quédate aquí sentada con Roy y yo me encargara de guardar tus cosas.

La anciana negó con la cabeza.

-Cuando los demás tengan que hacer la cosas por mi habrá llegado el momento de morir.

Nabora se detuvo para suspirar y dejo su carga en el suelo.

-Pero me vendrá bien asentarme un rato contigo. Quien sabe si volverá a tener oportunidad de hacerlo.

Aquellas palabras, pronunciadas con tanta tranquilidad, clavaron profundamente en el ánimo de Riza. Cuanto echaría de menos a la anciana gruñona. Y a toda su gente.

- Se lo que ha ocurrido entre este muchacho y tu ¿No te advertí de lo que ocurriría si rescatabas a este hombre, hija mía?

Riza trato de disimular el tono sonrojado que habían adquirido de prontos sus mejillas.

-Lo hiciste. Y tenías razón. Pero no lamento lo ocurrido. Creo que era el momento para que me ocurriera algo así.

Los ojos de Nabora se suavizaron durante un instantes como si estuvieran tratando de recordar su propia juventud y al marido que había amado. Luego su mirada se hizo mas estrecha y mas dura.

-Recuerda tus palabras cuando lleguen los tiempos difíciles. Y llegaran, Riza. Hay que pagar un precio por la felicidad que tú has conocido y solo acabas de empezar a pagarlo.

Riza observo de nuevo el rostro dormido de Roy y supo que las palabras de la anciana eran ciertas. Nunca se arrepentiría de amarlo, pero el corazón ya le estaba doliendo.

-¿Que harás si muere?-pregunto Nabora.

Riza negó con la cabeza, incapaz de responder.

-¿Y que harás si vive?

-No lo se- susurró la joven-. El coronel Marco, me ha dicho que pertenece a la milicia y que tiene un alto puesto. Se lo suficiente del os hombres blancos como para saber que un hombre con tanto poder no querrá a una mujer como yo a su lado.

Riza se esforzó por no caer en las garras de la autocompasión, conciente de que eso no le reportaría ningún beneficio. Después de todo, ¿Que suponían los problemas de una mujer con las pruebas que aguardaban a su gente, que iban a perder a demás su don mas preciado, la libertad?

Los imagino viviendo en el campamento.

De una manera u otra estarían todos perdidos. A menos que ella encontrara el modo de salvarlos.

Riza sintió que dentro de ella prendía una energía renovada. Tal vez tuviera que estar separada de su gente, pero no los abandonaría a su futuro sombrío en el campamento.

-¿Que vas a hacer?- le preguntó Nabora por tercera vez.

Y de pronto Riza supo la respuesta a aquella pregunta.

-Buscare un nuevo hogar para nuestra gente- dijo-. Un lugar seguro en el que los militares no pueden seguirnos y obligarnos a volver.

La anciana la miro fijamente y luego asintió con la cabeza.

-He oído hablar de esos lugares- aseguro- Una tierra que no le pertenezca a nadie, el final de su territorio. Los militares no cruzaran esa línea por nada del mundo. Es su ley. Pero nuestro pueblo no tiene esa ley. Podemos cruzar la línea cuando queramos. Lo único que necesitamos es un lugar donde vivir.

-¡Buscare una tierra para nosotros!- prometió Riza-. Cuando la haya encontrado, volveré a buscar a nuestra gente y la llevare allí. Será en primavera, cuando la nieve haya desaparecido.

La anciana sonrió.

-¡Nos moveremos como sombras! Los militares no podrán alcanzarnos. ¡Será como en los viejos tiempos, hija mía! ¡Mejor todavía!

La anciana estiro una mano arrugada y apretó con todas sus fuerzas la muñeca de Riza.

-El recuerdo de tu promesa hará que nuestros pies caminen ligero rumbo al campamento. Nuestros espíritus se harán fuertes para pasar el largo invierno sabiendo que volveremos a estar juntos en nuestra propia tierra.

Alguien llamo a Nabora desde el otro lado del campamento. La anciana se alejo arrastrando lo pies. Tal ves Riza fuera la protectora y la cazadora, pero cuando se trataba de trasladar el campamento, Nabora era la que estaba al mando.

La joven observo aquella figura encorvada y menuda y sintió de pronto todo el peso de la promesa que acababa de hacer. ¿Qué sabia ella sobre conseguir tierras? La tierra era su madre, ¿Cómo iba a ser suya una parte de su madre? Pero para los hombres, la posesión de tierras y su control lo era todo. Trabajaban durante toda su vida para conseguirla y conservarla. Luchaban por ella, morían por ella. Y si alguien encontraba un trozo de tierra que no tuviera dueño, tenía el derecho de reclamarle como suya.

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Ya chicas, fin del chap de hoy y espero que les haya gustado.

Como siempre agradezco a todos los que leen y especialmente a los que me dejan su opinión así que:

Evinkuruga: Como ves Roy aun no ha muerto, pero nada es seguro, lo que si es seguro es que las cosas se complicaran mucho. Gracias por el apoyo y nos leemos mañana, ciao.

Xris: El capitulo de ayer fue terrible y este aunque mas tranquilo se ve bastante desolador, las cosas se complicaran un poco pero ya veras que al final no resulta tan mal aunque ahora lo parezca, gracias por el apoyo y nos leemos mañana.

Taiji-ya Hawkeye: Como ves Roy aun esta vivo aunque apenas, lo que si es que muchos problemas vendrán a la vida de Riza, y aun le queda un largo camino por recorrer. Gracias por el apoyo y nos leemos mañana.

Hanae: Si amiga, aun falta mucho ya que solo vamos en el principio. Roy aun no ha muerto pero quien sabe las consecuencias que tendrá el accidente. Gracias por el apoyo y nos leemos mañana.

Tenshi of Valhalla: Jejejeje, la idea es que deseen leer al día siguiente, por eso los corto en partes que se quedaran ansiosas por continuar, como ves los bandidos ya no son un problema pero alas cosas se complicaran bastante sobre todo para Riza, gracias por el apoyo y nos leemos mañana.