Capitulo 14:

Riza necesitaba conseguir una tierra que nadie pudiera arrebatarle. Y no tenia ni idea de cómo empezar.

A su lado, Roy se movió y gimió. Ella le acarició la frente helada, apartándole los mechones de cabello húmedo. Durante las últimas horas se había ido inquietando cada vez mas. ¿Estaba intentando despertarse? Lo observo con el corazón acelerado.

-Estoy aquí, Roy- susurro llamándolo por el nombre que para ella encerraba tantas cosas-. Esta a salvo. Todos lo estamos. Abre los ojos y mira.

Pero el se limito a suspirar y volvió a quedarse muy quieto. ¿Qué le estaría pasando por la cabeza?, se pregunto la joven ¿Quien o que seria cuando se despertara… si es que se despertaba?

El coronel Marco le había dicho que Roy era influyente y admirado. Riza pensó en la tierra que tan desesperadamente necesitaban los suyos. Durante un instante acaricio la idea de pedirle ayuda, pero enseguida decidió que no. Si Roy se la ofrecía, la aceptaría gustosamente. Pero no se la pediría. Le resultaría demasiado doloroso que se la negara.

El viento había cambiado, enviando una brisa por el largo túnel del cañón. Roy se estremeció al sentirla sobre su piel y ella agarró su abrigo, que estaba al lado de la cama. Cuando se lo coloco suavemente encima, sus dedos rozaron un objeto duro y plano que parecía esta cosido al forro. Desconcertada, Riza lo examino a través de la gruesa tela del abrigo. Tenia forma oval y media la mitad del a palma de su mano. Era duro como una corteza, pero no lo era. El peso sugería que es trataba de metal, tal ves de cristal.

La joven si inclino mas para inspeccionar el abrigo y descubrió que había un poco de hilo suelto en el lugar en que se había cosido. Incapaz de resistirse, le dio un pequeño tirón. El forro se abrió y dejo al descubierto el brillo de un metal que fue a parar a las manos de Riza.

Era un retrato en miniatura enmarcado en plata muy trabajada, un trabajo muy delicado. El cristal estaba arañado y opaco y la imagen que estaba en su interior estaba algo sucia. Pero Riza la reconoció al instante. De su garganta surgieron unos sollozos sin lagrimas mientras sujetaba el retrato con la mano, mirando fijamente aquel rostro blanco y menudo como si acabara de ver a un fantasma.

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Roy Mustang abrió los ojos. Al principio solo vio claridad, un triangulo cegador rodeado de claridad. Pero cuando la visión comenzó a aclararse se dio cuenta de que estaba dentro de una tienda, lo más probable que fuera ishbalana. Se encontraba tumbado en una cama y cubierto por pieles. Le dolía mucho la cabeza y sentía un gran vació en el estomago. ¿Cuánto tiempo llevaba dormido y donde diablos estaba?

Cerro los ojos durante unos segundos y se inundo los sentidos del sonido de la nieve al derretirse, del canto de los pájaros y, mas a lo lejos, de los ruidos del campamento en movimiento. Se tranquilizo a si mismo. Estuviera donde estuviera, estaba vivo y a salvo.

Cuando volvió a abrir los ojos y giro la cabeza fue cuando vio a aquella hermosa mujer de cabello dorado arrodillada a su lado. Iba vestida con una túnica y el cabello suelto le caía como hebras de trigo doradas por el sol.

Ella lo estaba mirando con los ojos ámbar muy abiertos y expectantes. Pero cuando Roy la miro, una sombra cruzó su rostro. Los hombros se le hundieron, como si acabaran de darle un golpe invisible.

Sus miradas se cruzaron durante lo que pareció ser una eternidad hasta que ella hablo.

-No me conoces, ¿verdad?

Roy la miro fijamente y de pronto los recuerdos regresaron de golpe: Su encuentro con Horace Hawkeye, la nieta desaparecida del hombre y el dinero que recibiría si conseguía llevársela a Central.

-Eres… Elizabeth Hawkeye, ¿verdad?- le pregunto tras hacer un esfuerzo para sacar la vos.

Una fiereza casi animal cruzo por los ojos de la joven mientras sacudía la cabeza.

-Elizabeth Hawkeye esta muerta. Murió en la pradera hace mucho tiempo. Mi nombre es Riza.

-Pero tú eres…

-No- lo interrumpió la joven-. Es mi turno de preguntas y tú tienes que responder. Se quien eres .Pero, ¿Por qué has venido hasta aquí y donde conseguiste… esto?

Su puño extendido se abrió como una flor. En al palma de la mano, sujeto con tanta fuerza que los extremos plateados del marco le habían cortado la piel, estaba el retrato de Elizabeth Grumman. Roy hizo un esfuerzo para sentarse y poner los ojos a la altura de ella. Le dolía la cabeza y tenia la visión todavía algo nublada, pero se esforzó por hablar tranquila y calmadamente.

- Tu abuelo paterno me dio el retrato de tu madre cuando me envió a buscarte para llevarte a casa.

-Estas mintiendo- respondió Riza amargamente-. Yo solo tengo un abuelo y es Antenor. Y mi casa es esta.

Roy observo su rostro orgulloso, bañado en aquel momento por la luz del sol. Tenia la belleza de la mujer del retrato, pero con una fuerza que Elizabeth Grumman jamás poseyó.

Elizabeth Hawkeye no era en absoluto la prisionera abatida que había esperado encontrar en manso de los ishbalanos. Era una autentica guerrera, tan orgullosa e indómita como un caballo salvaje.

Hacer el amor con una criatura así tendría que ser algo inolvidable, pensó pero tendría que estar loco para no guardar las distancias. Era la nieta de Horace Hawkeye, no una fulana de un pueblo perdida.

Había una cosa segura: Ella no lo seguiría de buena gana a Central. Roy tenia la sospecha de que para llevarla allí tendría que esforzarse mucho. Pero lo haría. Si tuviera que atar a la mujer y subirla a la grupa del caballo, eso seria exactamente lo que haría.

Y si en algún momento flaqueaba, se acordaría de lo mucho que el había costado llegar donde estaba y de que el jamás fallaba en lo que se proponía.

- Esta no es tu casa, Elizabeth- dijo fingiendo una paciencia que no sentía-. Tú casa esta en Central, es una casa grande y bonita, al lado de un anciano desolado cuyo único deseo es poner las cosas en su sitio.

-Poner las cosas en su sitio-repitió ella como un desafió, alzando la barbilla al responder-. Yo no lo veo así.

- Escúchame, Elizabeth- insistió Roy bajando el tono de vos hasta el punto de que Riza tuvo que hacer un esfuerzo para escucharlo-. Tu abuelo, Horace Hawkeye, es uno de los hombres mas ricos de Central. Su hijo, tu padre, era su único orgullo. Tenía todo el porvenir por delante y tu abuelo esperaba que se hiciera cargo de la empresa familiar. Cuando se caso con tu madre y decidió convertirse en alquimista arruinó su futuro según tu abuelo….

-¡Mi padre no arruino su futuro! Mi padre siembre decía que era el hombre mas afortunado por tenernos a nosotras junto a el.

Roy reprimió una sonrisa cínica. Cielos, aquella mujer no tenía ni la más mínima noción de la vida que le esperaba: Una linda casa, buena comida, ropa, bailes y fiestas… Menuda impresión le causaría todo aquello a su ojos inocente. Roy pensó que no se amoldaría bien a semejante vida. Terminaría escapándose o convirtiéndose en una apestada social hasta el fin de sus días. Pero aquello no era problema suyo. Cuando la dejara con Hawkeye y hubiera recibido su dinero habría terminado su trabajo y regresaría a su vida.

-Tu abuelo no aprobó aquel matrimonio- dijo retomando el hilo de la historia-. De hecho estaba tan enfadado que desheredo a su padre, su único hijo. Nunca más volvieron a verse.

- Y ahora quiere que yo vaya con el.

Su vos no reflejaba ninguna emoción, ni tampoco sus ojos ámbar. ¿Estaba enfadad o triste? ¿Y por que su actitud la hacia sentirse como si fuera un gusano? ¡Le estaba haciendo un favor! La mayoría de las mujeres estarían encantadas de oír una noticia como las que el le acababa de dar.

Pero Elizabeth Hawkeye no era como el resto de las mujeres.

Estaba pensando en algo más que decirle cuando le llamo la atención un movimiento a la entrada de la tienda. Una figura de un hombre que parecía fuera de lugar y al mismo tiempo le resultaba familiar se dirigió a ellos.

-¡Roy Mustang!- exclamo el hombre con una fuerza que resonó por todo el campamento-. ¡Eres un… Tenia que haber imaginado que eres demasiado terco como par morir!

Roy parpadeo al mirar aquel rostro sonriente.

- ¿Doctor Marco? ¿Coronel Tim Marco? ¿Qué demonios esta haciendo aquí?

-Seguir a uno bandidos con mis hombres desde hace algunos días. Hemos pillado a eso mal nacidos y así le hemos ahorrado a estado el costo de un juicio. Pero ahora estamos en otra misión: Llevar a estos Ishbalanos hasta el campamento antes de que se desate la próxima tormenta. A juzgar por su aspecto, será un viaje muy largo. ¿Tienes hambre?- le pregunto.

-¡Podría comérmelo todo!- respondió Roy con una sonrisa.

Pero era plenamente consiente del silencio de Elizabeth, que estaba su lado. Tim Marco había sido su superior por mucho tiempo, pero aquel no era el mejor momento para hacer preguntas. Roy tenia al sensación de que Riza se alejaba de el, y no le resultaría Fácil volver a acercársele.

-Hemos preparado algo de comida- dijo Marco-. Pero será mejor que todavía no te levantes. Le pediré a uno de mis hombres que te traiga un plato y también una tasa de café caliente. Podrás comer mientras hablamos y te examino.

Roy era conciente de que Riza se había levantado silenciosamente, pasó delante de el como una sombra y, tras murmurar que tenia trabajo que hacer, salio por la entrada de la tienda. Roy la siguió con la mirada y experimento una extraña sensación de perdida. Presintió que algo estaba ocurriendo allí. Algo que iba mas allá de las profundidades de su entendimiento.

El sonido de una garganta al aclararse le recordó que Tim Marco estaba a su lado mirándolo con ojos curiosos.

- Ire a pedir a comida- dijo el militar poniéndose también de pie- En seguida vuelvo.

-Tómese su tiempo- respondió Roy.

Y hablaba en serio. Necesitaba uno minutos para asentarse, para enfrentar a al idea de que se había levantado en un lugar desconocido con una idea muy vaga de cómo había llegado hasta allí. Recordaba una tormenta repentina. Recordaba el búho que había asustado a u caballo y que había provocado que el animal cayera por la pendiente. Pero no recordaba nada de un grupo de bandidos no de la llegada de los militares.

Sentado para recibir los rayos del sol, los ojos de Roy captaron de pronto la imagen de una niña que corría por el claro como si fuera una hoja mecido por el viento. No tendría más de cinco o seis años. Iba vestida con un vestido de piel y se arropaba con una manta. Sus trenzas negras flotaban a la espalda mientras corra.

Al acercarse, lo vio y se detuvo. Durante un corto espacio de tiempo se lo quedo mirando fijamente. Luego dibujó en su rostro una amplia sonrisa y corrió hasta el gritando:

-¡Te as despertado, Roy! Te has…

La niña se detuvo bruscamente como s acabara de encontrase con un desconocido. Una oleada de timidez le cubrió el rostro. Pareció vacilar durante un instante y luego se dio la vuelta y se marcho como un cervatillo asustado.

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Ya chicas, ultimo chap de la semana y espero les haya gustado, podemos decir que comienza la segunda parte de la historia así que no se desalucinen

Como siempre agradezco a los que leen y a los que dejan su opinión así que:

Xris: Como ves todo a Riza le ha salido mal últimamente, pero será necesario para que ocurra un cambio en ella. Roy también tendrá que entender muchas cosas, espero que te haya gustado el chap y nos leísmo el lunes.

Hanae: Jejeje, ¿de verdad es como tu teleserie?, me alegra mucho saberlo, sube un montón el animo. Como ves Roy ya despertó pero para Riza no fue una alegría ya que se encontró con un desconocido, ahora parece un poco triste pero ya veras. Gracias por el poyo y nos leísmo el lunes.

Tenshi of Valhalla: Como ves todo se complico de nuevo, Roy no conoce a Riza y ella sufre por eso además de todo lo que ha tenido que soportar, pero mas adelante… Gracias por el apoyo y nos leemos luego.

Taiji-ya Hawkeye: Como ves Roy si recupero la memoria, pero no ha sido muy amable con Riza y eso la hará sufrir, pero a adelante se irán conociendo mas y quizás… Grasias por el apoyo y nos leísmo el lunes, ciao.