Capitulo 15:

Riza camino lentamente por la orilla del rió. A cada paso que daba se le venia a la memoria imágenes de aquel lugar en el que había sido mas feliz de lo que nunca creyó posible.

Los troncos de los álamos parecían blancos frente a la oscuridad de los flancos. El rió corría lleno de agua salvaje, desbordándose en las partes mas bajas del camino. Cuando Riza tuvo que cruzarlo, sintió la dureza de las rocas clavándosele en las botas.

Encontró una piedra alta en medio del rió y se sentó a ver el agua. El olor de las hojas le resultaba dulce y tranquilizador al mismo tiempo. El grito de invierno de un pájaro montañés resonó por los acantilados.

¿Regresaría alguna ves a aquel cañón solitario? No, concluyó con tristeza. Nunca regresaría de verdad. Aunque encontrara el camino de regreso, su gente ya no estaría. Ni Roy tampoco. De hecho, el ya se había marchado. Roy había formado parte de ese lugar pero el coronel Roy Mustang era un intruso. La dureza había sustituido a la ternura que había conocido en el. La ternura de un hombre que había dejado de existir.

Roy estad decidido a llevarla a Central. ¿Iría? Una parte de ella quería quedarse en aquel caño, guardarlo como si fuera un santuario. Pero habían violado el cañón del mismo modo que habían volada a Emilse, y ya nunca volvería a ser un lugar seguro. Tendría que encontrar otra forma de mantener unida a su familia.

Roy le había dicho que su abuelo era rico, pero, ¿Qué quería decir con eso? Dentro de su pueblo, un hombre rico era el que compartía sus posesiones con aquellos que las necesitaban. ¿Seria su abuelo rico de aquel modo? Riza suspiro. Por lo que recordaba y había oído, los hombres como Roy y aquellos miliares, median la riqueza en oro y monedas de plata, guardándola para si mismos.

Un movimiento en el camino le llamo la atención. Riza se llevo instintivamente la mano al cuchillo y luego se relajo al conocer la figura pequeña y querida de Irina.

Ayudó a al niña a subir a la roca que había a su lado. El rostro de Irina reflejaba una seriedad desconcertada, como si acabaran de castigarla sin razón.

-¿Qué ocurre?- le preguntó Riza pasándole el brazo por el hombro rígido y atrayéndola hacia si.

-Roy.

La joven se quedo un instante sin respiración mientras esperaba a que Irina siguiera habando.

- Yo estaba fuera de tu tienda y lo vi sentado- continuo la niña reprimiendo un sollozo-. Fui corriendo hasta el pero…

No pudo continuar y alzó los ojos para mira a Riza con mirada compungida.

-Pero no era Roy. Se parecía a el, pero era otra persona. Y ni siquiera me reconoció.

- A veces eso les ocurre a las personas que se hacen daño en la cabeza- aseguro Riza ocultando su propia pena-. Roy se ha dado dos golpes, y hay muchas cosas que no recuerda. Y me temo que tampoco te recuerda a ti, pequeña.

-Pero era mi amigo.

-Lo se.

Riza abrasó con más fuerza a la niña y pensó en cuantas pérdidas mas podría soportar su pequeño corazón: Su madre, su casa, y dos personas en las que confiaba. ¿Que seria de aquella pequeña tan linda en los años venideros?

-Todo el mundo se esta preparado par marcharse- dijo Irina-. Pero yo no me quiero ir. Quiero quedarme aquí.

-Lo se. Yo también.- murmuró Riza-. Pero deberás partir con los demás y yo… yo tendré que encontrar un nuevo hogar.

Irina apretó el rostro contra el hombro de la joven y se agarro a ella con fuerza.

-¿Por qué no pudo quedarme contigo?- inquirió-. ¿Por qué no puedes ser mi made?

-Eso no es posible por ahora- respondió Riza sintiendo que se le encogía el corazón-. No tengo un hogar, ni un sitio seguro para ti. Al menos por el momento tendrás que quedarte con……….. en el campamento.

-Pero ella dice que tú vas a buscarnos un nuevo hogar. Eso fue lo que el contó Nabora.

Riza volvió a sentir sobre los hombros el peso de sus propias palabras. Ya había corrido la noticia. Lo que había comenzado como un deseo que se había convertido en una promesa. Su pequeño grupo siempre había dependido de ella. Y ahora esperarían que cumpliera su palabra.

¿Que ocurriría si fallaba?

-Tal ves tarde mucho tiempo en encontrar la tierra- dijo con la intención de no provocarle mas sufrimientos a la pequeña-. Primero tendré que encontrar un lugar en el que haya comida y un rió, y pasto para los caballos. Luego tendré que asegurarme de que nadie vendrá arrebatárnoslo. Eso significa que posiblemente tendremos que comprarlo y ahora mismo no tengo ese dinero.

- ………………. Dice que vendrás por nosotros en primavera, cuando la nieve haya desaparecido. Dice que te seguiremos a una nueva tierra donde podremos vivir todos juntos.

Riza sintió un nudo en el estomago.

-Haré todo lo que pueda para conseguir la tierra antes de primavera, pero tal vez tarde un poco más. ¿Sabrás ser paciente, pequeña? ¿Te quedaras en el campamento con... y harás lo que ella te diga?

Irina asintió con la cabeza. Sus ojos brillaban confiados.

-Cuando regreses a buscarnos, ¿querrás ser mi madre?

El nudo que la joven sentía alrededor del corazón se le hizo todavía más fuerte.

-Todo lo que haga a partir de hoy será por ti y por nuestra gente-prometió.

Pero al mirar el rostro de Irina supo que eso no era suficiente.

Abrasó con fuerza a la niña, preguntándose si algún día llegaría a querer a su propia hija tanto como a esa pequeña y confiada.

- Me gustaría poder prometerte eso- susurró-.Pero a veces ocurren cosas, cosas que no esperamos ni deseamos. Lo único que puedo decirte es que haré todo lo que pueda por regresar. Y cuando vuelva… Bueno, entonces veremos que pasa después.

Era una promesa endeble, pero Irina parecía entenderlo. Rodeo el cuello de Riza con sus bracitos y apretó con fuerza. Riza le acaricio las trenzas y supo que solo había una manera de mantener la promesa que había hecho. Una manera para la que necesitaría de todo el coraje que poseía.

A la mañana siguiente, cuando el sol asomo por el borde del cañón, el campamento ya estaba vació. En la hora gris anterior, Riza había abrasado a todos y cada uno de los miembros de su grupo. Cansio se había esforzado en comportarse como un hombre y contuvo las lágrimas tras una mascara de estoicismo. Irina se le había colgado al cuello sollozando. Nabora le sujeto el rostro entre las manso arrugadas y la miro fijamente, como si pensar que no volvería a verla. Y en cierto modo tenia razón. Riza observaba al lado de Roy Mustang como aquella triste procesión emprendían su marcha hacia el norte, Riza murió. Y Elizabeth Hawkeye renacía.

Mientras andaba a caballo por el largo camino que conducía al sur, Riza se obligo a si misma a no mirar atrás. Quedarse atrapada en el pasado la destruirían. Tenia que concentrarse en el futuro, en el suyo y en el de su gente. Solo si regresaba a lo que había sido su vida antes de la muerte de sus padres podría conseguir el dinero que necesitaba para comprarles un hogar a los suyos.

En apariencia no había cambiado. Seguía llevando el cabello recogido y su larga túnica. Todavía llevada el cuchillo y la pistola con algunas balas. Había decidido que hablaría con su vida en la noche anterior en al oscuridad de su tienda, cuando Roy se hubo marchado para pasar la noche con los militares .Mientras se alejaba del mundo que había conocido.

Esa ves mantendría las distancias con Roy. Había sido débil una vez. No podía permitirse volver a serlo.

Roy iba un poco más adelante que ella, sentado como si hubiera sido un hombre que había pasado toda su vida sobre la silla de montar. Tenia los hombros relajados y sus estrechas caderas se movían acompasadamente al ritmo del caballo. Riza agradecía que el camino fuera tan estrecho que no les permitiera cabalgar juntos. Aquella mañana no habría sido capas de mantener una conversación. Tenía demasiadas cosas en la cabeza. ¿Consistiría en eso la nueva vida que le esperaba? ¿En estar constantemente dudando entre una cosa y otra, deseando siempre lo que no se podía tener?

Cada ves que miraba a Roy deseaba sentir sus brazos abrasándola. Pero era a Roy a quien quería, no a ese desconocido de ojos fríos que la trataba como si fuera una maleta a la que tuviera que llevar a su destino. En todo la mañana no se había dirigido a ella ni una sola ves con afecto ni con buen humor. Ni siquiera le había sonreído.

Pero así era mejor, se recordó la joven. La distancia que les separaba era ancha como un rió. Mientras el estuviera un una orilla y ella en la otra mantendría a salvo el corazón. Sin embargo, había cosas que debía conocer respectó a aquel viaje y a que se encontrara al final. Y solo Roy podía responder a sus preguntas.

Pronto llegarían a la cima del cañón, y allí el camino se estrechaba. Riza decidió que entonces se obligaría a si misma a cabalgar junto a el y tender un puente sobre aquel incomodo silencio.

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Roy se revolvió el la silla. Se sentía irritado y cansado. El café que se había tomado en la mañana permanecía en la boca del estomago como una piscina de alquitrán. Le dolía la cabeza, los ojos le ardían y el sueño que lo había mantenido todo al noche dando vueltas en al cama se negaba a desaparecer.

Elizabeth Hawkeye avanzaba detrás de el tan silenciosa como una sombra. Así era mejor. Era demasiado temprano para hablar y si averiguaba lo que había estado soñando seguramente le dispararía entre os ojos. Lo único que Roy quería hacer era hundirse en sus pensamientos y guardar silencio.

¿Cómo había llegado a aquella situación tan complicada? Roy sintió crecer su frustración mientras trataba de reconstruir los hechos de los pasados días. Tim Marco le había contado que habían encontrado a Elizabeth con su cabeza herida en el regazo y que había sido su enfermera durante todo el tiempo que estuvo inconciente. Pero, ¿Cuánto tiempo había trascurrido desde que su caballo perdió pie hasta que llegaron los hombres de Marco? ¿Qué había ocurrido en ese periodo? ¿Qué le había contado a Elizabeth? ¿Y de donde habría salido aquel sueño impulsivo?

Las respuestas que faltaban de su vida lo estaban volviendo loco.

Había preferido pasar la noche con el grupo de Marco antes que provocar habladurías por dormir otra ves en su tienda. El suelo que había bajo su cama era duro y frió. Había conseguid dormir algo hasta que tuvo aquel sueño tormentoso en el que Elizabeth estaba desnuda entre sus brazos y el le besaba los pechos. Sus pezones se endurecieron al contacto de su legua, arrancándole de la garganta pequeños gemidos de placer. Elizabeth se había arqueado contra el, levantando la caderas, abriendo los muslos…

Roy se había despertado entonces empapado en sudor bajo la áspera manta de piel. Durante un confuso instante había estirado la manso para buscarla con el deseo de abrasarla en al oscuridad. Entonces se dio cuanta de que estaba solo y de que había regresado a lA realidad. El restote la noche se lo había pasado con los ojos abiertos contemplando las estrellas, maldiciendo entre dientes y luchando contra el deseo de apartarse las mantas, entrar en la tienda de Elizabeth y convertir aquel sueño en realidad.

Ahora, con el cuerpo fastidiado tras pasar la noche prácticamente en blanco y tras haber probado el peor café del mundo, Roy no deseaba otra cosa que envolverse en su abrigo y cerrarla las puertas al mundo. Pero su cabeza no hacia mas que preguntarle cosas y sabia que no encontraría la paz hasta que obtuviera las respuestas.

El camino se había ensanchado en la cima del cañón. Ahora avanzaban por el borde, siguiendo la ruta que los llevaría a su destino. El sol brillaba sobre los restos de nieve que aun quedaban.

Roy miro por encima de hombro y vio que Riza había puesto a su caballo al trote y se acercaba a el. Montaba bien, y tenía una gracia natural que cualquier jinete envidaría. Su cabello brillaba como seda dorada bajo el sol de la mañana. La calida brisa del sur la levantada ligeramente el bajo de la túnica.

Cuando se puso a su lado, Roy la saludo con una inclinación de cabeza. Había cosas que tenían que hablar, y le pareció que aquel era el momento ideal para hacerlo.

-No me has dicho a donde vamos- dijo ella-. ¿Cuanto tiempo estaremos en camino?

Roy oteo el horizonte.

Seis días si tenemos suerte. Más si el tiempo empeora. Nos dirigimos a la casa de un amigo. Allí podremos descansar y aprovisionarnos de comida, y la esposa de mi amigo te dejara algo de ropa. Desde allí iremos en coche hasta la próxima estación de trenes ¿has montado alguna ves en tren?

Riza abrió mucho los ojos y negó con al cabeza.

-Tomaremos el tren hasta Central- dijo el-. Telegrafiare a tu abuelo para que nos espere en la estación.

-Mi abuelo.

La joven paladeo las palabras como si estuviera probando una comida desconocida.

-Nunca lo he visto ni hemos hablado. ¿Que puedes contarme de el?

Roy vacilo un instante. Nunca le había caído bien Horace Hawkeye. Le parecía pomposo e interesado, pero si le decía eso a Riza le partiría el corazón.

-Tu abuelo es un hombre ambicioso- dijo sin mentir-. Hizo su fortuna comprando tierras cuando eran baratas y después las revendió. Mi padre hizo tratos con el al comprarle algunas tierras. Siempre ha sido sincero y justo.

-¿Y como hombre?- preguntó Riza con dulzura-. ¿Es amable? ¿Es generoso? ¿Es valiente?

-Sinceramente no lo conozco tanto. Pero he visto con mis propios ojos las ganas que tiene de encontrarte. Casi se le saltaron las lágrimas cuando me contó como te había perdido.

Riza frunció el ceño.

-Entonces, ¿Por qué ha esperado tanto para buscarme?

-La mayoría de la gente pensaba que estabas muerta. Tu abuelo ofreció una recompensa muy alta, pero trascurrieron años sin que nadie la hubiera reclamado. Entonces yo escuche el rumor de que había una mujer blanca viviendo con un grupo de ishbalanos rebeldes. Como ya conocía tu existencia me puso en contacto con tu abuelo y me ofrecí a ir en tu busca para aprovechar la misión que se me había pedido de conducir a los rebeldes a un campamento.

-Entonces, es por la recompensa.

-Si.

Los ojos ámbar de Riza se habían ensombrecido. Trascurrió una eternidad hasta que volvió a hablar.

- Pero el coronel Marco me dijo que eras importante, que tenias dinero y todo eso ¿Por que necesitabas la recompensa?

- Es verdad que tengo un buen puesto, pero necesitaba el dinero para un asunto personal.

-Ya.

Riza se quedo callada. De buena gana se hubiera colocado de nuevo detrás de el, pero Roy también tenia preguntas

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Ya chicas, me alegra que les haya gustado y atardezco a todos los que leen así que, mil gracia y mañana prometo agradecerles como e s debido, ciao.