Capitulo 16:
- Ahora me toca a mi preguntar- dijo- Ayer me desperté con un agujero enrome en la memoria y necesito llenarlo.
-¿Qué… que recuerdas?
Su tono vacilante quedo prendido del profundo aire de la mañana.
-Una tormenta de nieve. Y mi caballo cayendo por el flanco del cañón, el mismo que acabamos de subir. Después de eso no hay nada.
Ella suspiro profundamente.
-Entonces ya sabes bastante. Te encontré inconciente en al nieve, no muy lejos de tu caballo muerto, y te lleve al campamento en una plataforma tirada con cuerdas. Te recobraste y te quedaste con nosotros hasta que llegaron los bandidos.
-¿Cuánto tiempo fue eso?
-No mucho. Unos cuantos días.
Riza se detuvo un instante.
-No recordabas quien eras ni que hacías allí. Solo recordabas que te llamabas Roy, solo eso.
Roy. Por eso aquella niña sabía su nombre pero se había marchado asustada. Aparte de eso, ella no significaba nada para el.
-Pudiste haberte marchado cuando llegaron los bandidos- continuo ella-. Pero te quedaste a ayudarnos a luchar contra ellos. Acababan de dispararte cuando llego el coronel Marco con sus hombres.
-Y me encontraron con la cabeza ensangrentada apoyada en tu regazo.
Roy conocía el resto de la historia. Pero a pesar de lo que Riza le había contado, tenia la sensación de que seguía faltando algo. ¿Quien había sido durante aquellos días ahora vacíos? ¿Quien era el ahora?
-¿Cómo es que conoces las costumbres y la historia de mi pueblo?- le pregunto Riza cambiando de tema.
-¿Te refieres a tu abuelo?
-Sabes perfectamente a lo que me refiero- respondió ella mirándolo con ojos furiosos-. Y la broma no ha tenido gracia. Solo me preguntaba como un hombre que ha crecido en la milicia conozca tanto de un pueblo como el nuestro.
Roy se agacho para fingir que colocaba una tira de cuero que sobresalía de la silla. Aquella maniobra le hizo ganar un par de segundos que sirvieron para que a ella se le calmara la irritación.
- Nunca me gusto la idea de masacrar a un pueblo que no había hecho nada contra nosotros así que decidí intentar entenderlos antes de tomar una decisión sobre lo que haría. Te juro que trate de evitar tomar la mayor cantidad de vidas que me fuera posible, pero en una guerra es algo difícil. He viajado mucho así que me he ido encontrando con distintas culturas y aprendiendo un poco de ellas. Es como si supiera lo que debo hacer sin esforzarme mucho.
Roy no añadió que la mayor cantidad de las cosas que sabia las había aprendido gracias a las mujeres. Incluso entre los ishbalanos, que daban un gran valor a la castidad, había encontrado no pocas camas calientes y cuerpos deseosos. Aquello no le hacia sentirse orgulloso ni avergonzado. Sencillamente formaba parte de su pasado.
Riza le dedico una mirada escrutadora y el se dio cuanta de que había adivinado la verdad y que seguramente lo despreciaría por ello. Bien, pues peor para ella, pensó Roy. El era quien era y aquella mujer era lo que necesitaba para ganar un poco de dinero y regresar como un héroe, nada más. Daba igual lo que pensara de el.
-Cabalguemos.
Roy golpeo ligeramente el vientre del caballo para hacerlo trotar y se coloco delante de ella en el camino. No sabía como explicar la nesecidad que tenia de huir de aquellos ojos ámbar, ni de la sensación de que su mirada había tocado algo que guardaba en su interior, un recuerdo, un sueño que estaba mas allá de su alcance.
-------------------------------------------0-----------------------------------------
Cabalgaron en silencio durante gran parte del día, deteniéndose únicamente para descansar y dar de beber a los caballos. Riza siguió detrás, escogiendo las partes mas suaves del camino para no dañar las pesuñas de su caballo, que no tenia cascos.
En ocasiones se veía obligada a apartar los ojos de la línea recta y orgullosa que eran los hombros de Roy y de su cabeza erguida. Riza se recordó que aquel no era el hombre al que ella había amado. Era otra persona la que aquella noche la tormenta había dejado atrapado en el interior de su tienda. También ella había sido otra, y cuanto menos revolviera aquellos recuerdos, mejor.
El camino se abrió a una pradera y grupos de pinos y almos. Avanzaron mientras hubo luz, pero la oscuridad los alcanzó al fin del cañón estrecho, protegido por los flancos superiores. Un hilo de agua discurría por las rocas, alimentando un pasto de hierba que podría servir par alimentar a los caballos.
Mientras Roy desensillaba a su caballo, Riza reunió algo de leña y preparo una hoguera. Cuando el prendió el fuego con un simple chasquido de su dedos, Riza se quedo sorprendida al darse cuanta de que realmente era un alquimista. ¿Que pensaría su pueblo de ella si superan que lo había amado con locura? ¿Qué seria lo que le esperaría ahora en su nueva vida? ¿Cómo se las arreglaría en un mundo de trenes, coches, maquinas y puertas con cerrojos? ¿Un mundo de ruidos y calles sucias y llenas de gente? Los cambios a los que estaba a punto de enfrenarse le resultaban casi inimaginables.
Hacia una noche fría y clara. Las estrellas brillaban por encima del cañón como un rió plateado Riza y Roy se sentaron frente a frente en al hoguera mirando el fuego. Ella se había puesto con las piles encima cerca del fuego, pero a una distancia discreta de la cama improvisada de Roy. En aquel momento eran dos desconocidos con planes distintos y razones diferentes para haber emprendido juntos aquel viaje.
-¿Como se comprar la tierra?- le preguntó Riza cuando hubieron comido un poco de carne para cenar-. ¿Cuánto dinero hace falta y donde se consigue el papel que dice que nadie más puede arrebatártela?
Las facciones de Roy parecían cansadas, y ella se dio cuanta de que lo había presionado demasiado. Daba la imprecan de que solo quisiera llenarse el estomago y echarse adormir. Pero al escuchar aquella pregunta dejo de comer y se la quedo mirando a través de las llamas.
-¿En que demonios estas penando?- gruño con tono de vos exhausto-. ¿Es esa la razón por la que no me has golpeado por detrás con una piedra y has salido huyendo, Elizabeth Hawkeye? ¿Se te ha pasado por al cabeza la absurda idea de comprar un hogar para tu pequeño grupo de ishbalanos?
Ella lo miro, sorprendida de que hubiera adivinado con tanta facilidad sus pensamientos. ¿Tan transparente era?
-¿Que otra razón tendría para irme contigo?- le pregunto sin preámbulos-. ¿Para vivir en una ruidosa ciudad en la casa de un anciano poderoso que quiere verme? ¿Para llevar ropa bonita y cuidar mis modales? Mi abuelo compra y vende tierras y tiene dinero. Eso fue lo que tú me dijiste.
-No es así de fácil, Elizabeth- aseguro el gruñendo-. Horace Hawkeye no va a regalarles tierra aun puñado de gente sin dinero. Y aunque lo hiciera, no conseguirás evitar .que los militares enviaran a tu gente la reserva,
-Podría… Si los llevo hacia el norte, mas allá de la línea de tu país, no la pueden traspasar.
-¿Al norte?
Roy maldijo entre dientes.
-No sabes nada del norte, ni si permitirán que tu gente se quede. Podrían congelarse, o morir de hambre, o atacados por los bandidos. Tal ve el campamento no es un paraíso, pero al menos allí estarán a salvo.
-¿A salvo? ¿Cómo si fueran animales? ¿Igual que están a salvo los caballos en un establo?
Riza estaba temblando.
-Ser libre es mas importante que estar a salvo, Roy Mustang, y si no entiendes eso entonces me das lastima.
Su vos, profunda y apasionada, le impacto. Contempló su belleza a través del fuego. El siempre había valorado la libertad, pero según la entendía: la libertad de ir donde le placiera y hacer lo que quisiera sin explicaciones hacia los demás y sin responsabilidades. Pero Riza hablaba de la libertad en un sentido mas amplio.
Roy pensó en su amigo Maes, que se había pasado toda su vida adulta llevando responsabilidades. Maes, que respondía a las necesidades de todos. Maes que se había casado con la mujer a la que amaba locamente y que ahora tenía una preciosa hija. Maes que tenía una riqueza que el, Roy Mustang, nunca había experimentado. A su manera, fuerte y protectora, Maes era el hombre mas libre de la tierra.
Pero aquel no era el momento de hacer balance de la vida que llevaba hasta el momento, pensó Roy. Sentía la cabeza pesada por el cansancio y le dolían todos los músculos de su castigado cuerpo.
-Voy adormir un poco- gruño- Si quieres filosofar, podemos hacerlo por la mañana.
Sin decir una palabra más, se di la vuelta y se metió en la cama improvisada. Estaba demasiado cansado y demasiado confundido para seguir hablado. Lo único que quería era dormir.
La escuchó apartarse del fuego y meterse en su cama. Luego la escucho respirar y examinar tenues suspiros femeninos mientras se preparaba para pasar la noche. Desde una colina lejana, el aullido de un lobo solitario inundo el aire invernal. Era un sonido triste que resonó en la mente de Roy mientras se sumía en la oscuridad.
No supo cuando empezó el sueño. Lo único que supo es que la tenia de nuevo entre sus brazos, que su cuerpo esbelto se arqueaba bajo suyo mientras la acariciaba. Roy la beso por todo el cuerpo, volvió a sus labios ansioso por tomarla nuevamente….
Todo el cuerpo de Roy se estremeció al despertarse. Durante un largo instante se quedo tendido boca arriba mirando las estrellas en el firmamento. El sueño le haba parecido tan real: El calor de su cuerpo, la textura sedosa de su piel, sentir el sabor de su piel al besarla una y otra ves…
Roy se coloco de lado para observar las brasas agonizantes el fuego. Era una noche sin luna, pero distinguió un bulto sentado en el otro extremo de la hoguera.
-¿Elizabeth?
-No podía dormir- susurró ella--. ¿Te he despertado? Lo siento.
Roy se apoyo en un codo Recordaba con perfecta claridad cada detalle del sueño. ¿Cómo podía ser tan real, se preguntó?
Y entonces lo supo.
-Hay algo que nesecito preguntarte- dijo con suavidad-. La respuesta tal ves te resulte dolorosa, pero quiero la verdad. Necesito la verdad. ¿Prometes que me la dirás?
Roy noto su vacilación, como si ya supiera lo que iba a preguntar. Riza asintió sumamente con la cabeza, casi como si le doliera.
-De acuerdo. Pregunta.
Roy comenzó hablarle rebuscando las palabras.
-Necesito saber cosas del tiempo que pase con tu gente, un tiempo que no recuerdo.
-Ya te eh dicho que…
-No. Hay algo que no me has dicho. Hay cosas que recuerdo y necesito saber por que.
Roy aspiro con fuerza el aire como si estuviera preparándose para lanzarse por un precipicio.
-Elizabeth, durante este tiempo… ¿Tú y yo éramos amantes?
