Capitulo 17:

Riza se quedo mirando fijamente las brasas agonizantes mientras trataba de reunir todo su coraje. El recuerdo de aquella noche estaba grabado en todos los rincones de su cuerpo. Pero sabiendo que par Roy no seria lo mismo, había albergado la esperanza de que no recordara nada.

-¿Elizabeth?

El tono frió de su voz no dejaba lugar a dudas. Quería su respuesta y la quería en aquel momento. La joven alzó la vista y lo miro a los ojos a través de la oscuridad.

-Si- dijo tratando de contener todas las emociones que sentía-. Si, éramos amantes.

Riza escucho su respiración intranquila.

-¿Durante cuanto tiempo?

-Solo por una noche. Pero entonces éramos personas distintas. Ahora eso termino.

-Pero como…

-No- lo tajo ella-. Me has hecho una pregunta y te he respondido. Ahora vuelve a dormir y finjamos que nunca ha ocurrido, o que fue solo un sueño. Se ha terminado y no quiero hablar más de ello.

Roy exhaló un profundo suspiro.

- De acuerdo- dijo con vos débil-. Pero tengo una pregunta mas. Una pregunta que tengo todo el derecho de hacer.

Ella lo miro a través del fuego. Su silencio implicaba consentimiento.

-Normalmente tomo… precauciones- dijo-. Pero en este caso no recuerdo nada de lo que ocurrió. ¿Hay alguna posibilidad de que estés…?

Roy se detuvo para tratar de encontrar las palabras adecuadas.

-¿Quiere decir si hay alguna posibilidad de que me devuelvas a mi abuelo con un bebe en el vientre?- pregunto Riza soltando una carcajada amarga- No se preocupe, Coronel Mustang. La respuesta es no. Relájese y trate de dormir.

Al meno no tenia que mentirle, pensó Riza. Aquella misma tarde había dado comienzo su periodo.

Más tranquilo, Roy se arrebujo en las pieles. Riza volvió a tumbarse dándole la espalda al fuego y a Roy Mustang. No quería hablar de la que había sido la noche mas maravillosa de su vida. Hablar de ella seria como dejar al descubierto el recuerdo y estropearlo para siempre.

Riza cerro los ojos conciente de que los días venideros serian un tormento. Al mirar a Roy sabia que el era conciente de lo que había ocurrido entre ellos, algo que el ya no recordaba ni le importaba.

"Pase lo que pase mañana y los días venideros, nunca te olvides de lo que te estoy diciendo. Te amo, Riza"

Las palabras de Roy regresaron a su mente y se enroscaron en su corazón. Seria mejor no seguir recordándolas, se dijo Riza.

El hombre que las había pronunciado había muerto cuando la bala de un bandido le rozó la cabeza. Roy, el amor de su vida, se había ido para siempre.

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Durante los siguientes cinco días cabalgaron con energía, deteniéndose solo para descansar y beber agua. Solo dormían cuando estaban demasiado cansados para seguir. Entonces daban de comer a los caballos, tomaban ellos algún bocado y caían rendidos en sus camas. Hablaban lo meno posible. Parecía como si los dos estuvieran deseando dar por terminado aquel viaje sin remordimientos ni problemas.

Pero Roy no podía olvidar los sueños que lo habían atormentado durante las noches. Se levantaba en medio de la noche físicamente excitado y ardiendo de deseo, resistiendo la tentación de acercarse donde ella dormía, deslizarse entre las suaves mantas con las que se tapaba y hacer su sueño realidad.

¿Lo recibirá de buen grado? ¿Sacaría el cuchillo y lucharía contra el como una gata salvaje o simplemente se volvería de hielo para que le resultar imposible llegar hasta ella? Roy nunca lo sabría por que no se el ocurría intentarlo. Ella era la nieta de Horase Hawkeye y lo que hubiera pasado entre ellos formaba parte del pasado. Cuando llegaran a Central se la entregaría al anciano, reclamaría su recompensa y se marcharía.

En ocasiones, mientras avanzaban con los caballos, Roy pensaba en aquella locura de comprar tierra para los ishbalanos, una mujer mas diestra hubiera intentado engatusarlo para que le entregara el dinero de la recompensa. Pero Riza era tan directa y tan sencilla como una niña. Tenia que admitir que aquello le gustaba .Le gustaba Riza por muchas razones, motivo mas que de sobra para terminar cuanto antes con aquel viaje. Por lo que había luchado muchas años de su vida estaba a punto de hacerse realidad, y ninguna mujer seria capas de retenerlo.

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La tarde del quinto día viajaron por le flanco este de la montaña y remontaron al ultima cresta desde la que divisaban la casa de amigo de Roy.

Al observar aquella casa tan grande, Riza sintió que el corazón se le subía a la a boca. No había puesto los pies en es una casa de una familia blanca desde que era una niña pequeña. De pronto la idea de verse encerrada entre cuatro paredes le produjo pánico. Ya no sabía como comportarse en una casa con esa gente. Temía no sentarse correctamente, como utilizar los cubiertos y como dormir en una cama levantada del suelo.

¿Y que pasaba con la gente? Roy le había dicho que aquella era como su familia ¿Que pensarían de ella? ¿Se reirían de ella sus espaldas?

El cielo había comenzado a oscurecerse y estaba nevando. Grandes copos de nieve se asentaron en el cabello de Riza y sobre su ropa sin derretirse. Sabía que tenía que bajar de la montura. Pero en aquel momento hacia falta mas coraje para avanzar del que ella, poseía.

Roy le toco el brazo, algo que no había hecho en los últimos cinco días.

-No te preocupes. No pasara nada- dijo como si le hubiera leído el pensamiento- Vamos. Va a empezar a nevar en serio.

- No hace falta que me quede en al casa- aseguró ella-. Estaré perfectamente en la cuadra con los caballos.

Roy se limito a reírse y se puso delante de ella para seguir el camino que comenzaba a cubrirse de nieve. A través de la creciente oscuridad vislumbró el brillo tenue de una linterna que habían colgado fuera de la casa. Roy le había dicho que su presencia no seria una sorpresa. Sus amigos sabían por el coronel Marco que el estaría de regreso luego y que estaba con Elizabeth Hawkeye y como les había enseñado el retrato de e su madre, la reconocerían al verla.

¿El estatus y la riqueza de su abuelo harían que la aceptaran de mejor grado? Riza tenia los nudillos blancos de tanto apretar las riendas. Trato de decirse a si misma que daba igual si les caía bien a aquella gente o no. Pero lo cierto era que no le daba igual. Le importaba muchísimo.

La puerta de la casa se abrió en cuanto estuvieron a apunto de llegar. Dos figuras hicieron su aparición bajo la tenue luz que alumbraba la entrada de la casa. Una era la de un hombre alto y fuete como Roy. La otra, la de una mujer, era menuda y delicada. Sus faldas volaban al viento cuando bajo las escaleras y se acerco a ellos a buen paso, indiferente a la nieve. El hombre la siguió.

Roy soltó una exclamación de júbilo. Aquel sonido tan alegre en boca de un hombre que se había mostrado tan reticente durante todo el camino pillo de Riza de sorpresa. Le dedico una mirada asombrada, lo único que tuvo tiempo de hacer antes de que la pareja los alcanzara.

Bajándose de la silla, Roy se abrasó a ambos soltando una sonora carcajada. Riza aprovechó el momento para descender de su caballo. Estaba al lado del animal cuando la mujer se zafo del abraso de Roy y se acercó a ella.

-¡Pobrecita! Debes estar helada.

La mujer se quito el chal de lana que tenia sobre los hombros y se lo coloco a ella. Era aproximadamente de su misma estatura y tenia la belleza y la energía de un gorrión.

-Por supuesto, tus debes de ser Elizabeth- le dijo-. Te pareces al retrato de tu madre. Yo soy Gracia. Pasa, así entraras en calor. Deja que los hombres se ocupen de so caballos. ¡Para eso están!

La mujer se rió y sus ojos brillaron. La nieve había sembrado su cabello de capullos blancos.

-Nos alegramos mucho de que no los haya pillado la tormenta. Ahora que están aquí, espero que la nieve dure bastante. Así Roy y tu tendrán que quedarse con nosotros.

Mientras charlaba, Gracias condujo a la joven hacia el interior de la casa. Construida en piedra y troncos de madera, se alzaba ante ellas como una montaña. Riza sintió que el corazón le golpeaba contra el pecho cuando subió las escaleras de la entrada. Pero la amabilidad de Gracias Hughes ayudo a facilitarle las cosas.

Por dentro la casa era luminosa y calida. Una gran escalera de madera llevaba desde la entrada a un piso superior.

Gracia pasó delante de ella, Las faldas se le agitaban con la energía de sus pasos.

-Debes estar muerta de hambre- dijo-.Cenáremos luego de que te enseñe el dormitorio.

Riza murmuro algunas palabras de agradecimiento mientras trataba de recordar las más elementales normas de comportamiento. Gracia salio del comedor hacia una estancia que Riza supuso seria la cocina por los deliciosos aromas que salían a través de la puerta.

Mientras esperaba en la sala, la joven fue conciente de que no estaba sola. Un súbito escalofrió en la nuca lo dio a entender que alguien la observaba.

Se llevo la mano al cuchillo instintivamente, y agarro el mango mientras escrutaba la habitación con la mirada. Durante unos instantes no vio a nadie. Luego escucho una risita.

Sorprendida, Riza trago saliva y dio un paso atrás, En aquel momento dos niños muy pequeños salieron corriendo riéndose a carcajadas. No tendrían mas de dos años. Ambos poseían igual piel morena e idéntico cabello negro. Iban vestidos con ropa de dormir y eran como dos gotas de agua.

Pero el hecho de que fueran gemelos no fue lo que mas le sorprendió. A excepción de la ropa y los ojos negros podrían haber sido perfectamente dos niños ishbalanos, oscuros, rápidos y constantemente en movimiento. Uno de ellos comenzó a avanzar hacia Riza pero se tropezó y callo sobre la alfombra. El otro se precipitó sobre el y en cuestión de segundos rodaron por la alfombra como dos cachorros juguetones.

-¡Jacob! ¡Josué! ¿Y sus modales?

Gracias, riéndose, se agacho sobre la alfombra y agarro a ambos niños.

-Tenemos una invitada. Saluden a al señorita Elizabeth.

En aquel instante los gemelos se volvieron tímidos como violetas. Unos de ellos enterró la cara contra el cuello de Gracia. El otro se llevo las manos a la cara y observo a Riza por el espacio que le dejaban los dedos.

-¿Son tuyos?- le pregunto Riza sorprendida-. Es que parecen…

La joven se quedo sin palabras al darse cuanta de que lo que estaba a punto de decir tal ves pudiera considerarse como un insulto.

-¿Roy no te lo ha contado?- respondió Gracia con naturalidad- Maes les dio un hogar aquí a un pareja, un joven ishbalano y a una chica que se enamoro de el. Los niños se parecen mucho a su padre.

-Son preciosos.

-A nosotros también nos lo parecen.

Gracia se giro hacia una figura oscura que espera en el umbral de la puerta. Era un hombre joven de piel morena y ojos rojos. Iba vestido con una túnica gris de cuello alto y cuando entro en al habitación, Riza sintió algo muy extraño.

-El es Thomas, el padre de estas criaturas- Gracia le puso a los gemelos que se fueron con el hombre encantados, riéndose y batiendo las palmas. Cuando el hombre hubo salido de la sala, Gracia se giro hacia Riza y la tomo del brazo.

-Voy a instarte en la habitaciones la que yo estuve la primera ves que vine- dijo- Es pequeña pero desde la ventana se divisan unas vistas fantásticas. Te darás un baño caliente antes de cenar y te quitaras esas ropas húmedas

Los ojos de Gracias sopesaron al talla de Riza mientras la guiaba escaleras arriba.

-La hermana d Maes debe ser de tu talla. Dejo un baúl lleno de ropa. Esta un poco pasada de moda, pero seguro encontraremos algo que te valga.

-¡Pasada de moda!

Riza se la quedo mirado fijamente, sorprendida por lo absurdo que era lo que acabada de de escuchar. Sin poder evitarlo dejo escapar una carcajada de agotamiento.

-¿Tengo aspecto de se alguien que sabe lo que esta pasado de moda? ¿Tengo aspecto de que me importe?

Un instante después Gracia se estaba riendo con ella.

- Oh, Dios mió, no se en que estaba pensando- dijo entre risas-. Vamos, deja que te enseñe tu habitación antes de que haga otra tontería mas.

Habían subido la mitad d la escalera todavía riéndose cuando una ráfaga d aire frió les llego desde abajo. Riza muro y vio a Roy y A Maes entrando por la puerta, habando animadamente mientras se quitaban la nieve de los pies. ¿Que el habría contado Roy a su amigo?,se pregunto Riza. ¿Sabría Maes algo de su pasado? ¿Y de lo que había ocurrido entre Roy y ella?

Riza no tenia ninguna posibilidad de obtener respuestas. Gracia y ella estaban llegando ya al piso de arriba cuando una niña de cabellos castaños salio corriendo de la planta baja y se arrojo a los brazos abiertos de Roy.

-¡Elissia!

Roy la columpio unos instantes para hacerla reír antes de abrasarla con fuerza.

- ¿Me has traído un regalo, tío Roy?

La niña alzó la vista para mirarlo con unos ojos impresionantes. La hija de Gracia y Maes no podía tener mas de cuatro años, pero estaba claro de que era una embaucadora profesional y que estaba acostumbrada a salirse con la suya.

Riza observo anonadada como Roy rebuscaba en el bolsillo de su abrigo hasta dar con un objeto pequeño y oscuro de brillaba en su mano.

- Aquí tiene, señorita- anuncio con una reverencia-. Una auténtica punta de flecha fabricada hace mil años.

La pequeña agarro el regalo y lo observo encantada. Riza se dio la vuelta y siguió a Gracia al piso superior sintiendo que el corazón se le encogía. Acababa de ver una parte de Roy que no le habas mostrado a ella en ninguna momento desde que se conocían.

Excepto cuando era solo Roy.

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Ya chicas, fin del chap y espero les haya gustado, ando con prisa así que agradeceré rápido y mañana espero poder hacerlo con mas clama, así que:

Xris, Hanae, Tenshi of Valhalla, Taiji-ya Hawkeye, un millón de gracias.