Capitulo 19:
La tormenta no duro mucho. Las densas nubes atravesaron el cielo de la pradera como fríos fantasmas de búfalos vencidos. A su paso dejaron un suelo blanco y brillante en contraste con el cielo de azul cristalino. El aire era tan frió que los bigotes de los caballos estaban cubiertos d hielos.
Como la nieve no era muy profunda y el tiempo estaba calmado, Maes dijo que no había peligro de sacar el coche para ir a la siguiente cuidad. Desde allí Riza y Roy seguirían camino hasta la estación más próxima, donde tomarían el tren a Central.
Riza se sentó en la parte trasera del coche, arropada con un montón de mantas y colchas. Había protestado diciendo que estaba acostumbrada al frió, pero Gracia insistió en arropándola tanto que la joven apenas podía moverse.
Roy y Maes iban sentados a delante y se turnaban para conducir. Riza miraba por la ventana el paisaje congelado, escuchando a medias la conversación que mantenían sobre el trabajo de los últimos días en la milicia. Los informes que al parecer se le habían acumulado a Roy, las últimas decisiones que habrían tomado en su ausencia.
Agradecía la presencia silenciosa de Maes. Durante los últimos tres días la tensión entre Roy y ella había llegada a ser tan opresiva que tenia miedo de quedarse sola con el. En al casa de los Hughes había pasado la mayor parte del tiempo con Gracia, jugando con los niños, visitando la feliz y ruidosa casa de Thomas y Mei y preparando la ropa que necesitaría para el viaje.
A Riza no le importaban nada los vestidos, y la ropa que había en el baúl y se habría vuelto a poner de buena gana su túnica. Pero no quería herir los sentimientos de su nueva amiga. Gracia se había mostrado tan emocionada como una niña pequeña con una muñeca nueva y un guardarropa completo de ropa para ella. Lo único que Riza podía hacer era probarse todas y cada una de las prendas que la hermana de Maes había dejado cuando se marcho para casarse .Los hermosos vestidos se ajustaban al cuerpo de Riza como si se los hubieran hecho a medida .Pero al final solo había escogido dos de ellos y una capa de abrigo con capucha. Eran tres prendas poco llamativas, cómodas y practicas.
Bajo la capa llevaba en aquel momento uno de los vestidos, fabricado en tela azul liza con el cuello alto y mangas largas. Tenía unos adornos en negro en el cuello y en las mangas. La tela era tan ajustada que le resultaba difícil moverse. Riza echaba de menos la libertad de su túnica.
Alcanzaron el puente del rió. El camino apenas había cambiado desde aquel día que Riza lo cruzó en el coche con sus padres. Pero desde el final de los problemas con los ishbalanos habían aflorado mas tiendas, los almacenes y las tabernas. La ruta había perdido importancia por el uso masivo del tren pero todavía había viajeros que necesitaban comida, descanso, y en muchos casos, pasar un buen rato.
Riza no había estado en una ciudad como esa desde la infancia. Desde su asiento al final del coche observo fijamente y con disgusto mal disimulado los edificios que se reproducían a cado lado del camino como una infección. La mayoría de ellas había sido levantada con cualquier material que hubiera a mano. El edificio más grande era la taberna. Cuando pasaron a su lado con el coche, escucharon a través de las puertas pintadas de rojo el sonido de unas carcajadas y música.
El sonido de la melodía le despertó de pronto un recuerdo olvidado. La madre de Riza tocaba el piano. La música que sus dedos virtuosos arrancaban del viejo piano de pared había llenado su hogar de magia. Riza lloro cuando sus padres lo vendieron para pagarse el viaje.
-Compraremos otro piano- prometió su padre-. Y tu aprenderás a tocarlo.
Riza aparto de si aquel recuerdo mientras le coche enfilaba hacia. las puertas de la ciudad. Pasaron delante de uno de los edificios más altos. Una mujer con la cara completamente maquillada y el cabello suelto estaba asomada a una de las ventanas de arriba hablando con dos hombres que había en la calle. Se reía sin ganas. Los hombres entraron a la casa donde la mujer les había invitado.
Riza clavo la vista en sus manos enguantadas y trato de de no pensar en lo que pasaría después. Cuando volvió a alzarla vio que Roy se había dado la vuelta y la estaba mirando con los ojos entornados.
-¿Estas bien?- le pregunto en vos baja.
Ella asintió en silencio.
-No nos quedaremos aquí fuera- dijo Roy- Hay un cuartel cerca de aquí. Nos acomodaran en una ala de invitados-Nada de otro mundo pero al menos estará limpio. Hay dormitorios. Así podrás tener algo de intimidad.
-Gracias.
Riza ya conocía el resto del plan. Maes pasaría la noche con ellos en el cuartel. Al día siguiente Maes, solucionaría algunos problemas de trabajo, comparara algunas cosas que Gracia había encargado y regresaría con su familia, dejando que Roy y ella emprendieran solos el siguiente tramo del viaje. Ella volvió a agradecer mentalmente la presencia de Maes. No tendría que pasar una noche a sola con el hombre que el provocaba aquella punzada de dolor cada ves que lo miraba.
-¿Tienes hambre?- le pregunto el.
Riza negó con la cabeza. El vaivén del coche por el camino le había producto cierto malestar en ele estomago, y su estado de animo, tan bajo, tampoco ayudaba. Lo ultimo que el aprecia en aquellos momentos era comer… A menos que se tratara de un cuenco de estofado que hubiera preparado Nabora al lado de la crepitante hoguera al caer la noche.
A medida que avanzaba el crepúsculo, se fueron encendiendo las luces aquí y allí, Escondiendo la ciudad bajo una tenue sombra azul. Cobijada por la capucha de su capa, Riza dejo que su vista vagara. En uno de los portales había un hombre andrajoso bebiendo de una botella, derramando el contenido por su barba descuidada. Una joven bonita de ojos asustados y mejillas pintadas de rojo recorría de arriba a abajo la calle de la taberna con al parte de arriba de la ropa desabrochada.
En la casa de lo Hughes, Riza había experimentado lo mejor de la vida que le esperaba. Allí estaba viendo un lado muy distinto, y no seria el peor, de eso esta segura. Pero estaba conciente de que al lugar al que iba aquellas escenas serian comunes, y que el calor y la aceptación que había encontrado en los amigo de Roy era un excepción. Al ser una mujer que había convivido con los ishbalanos, la mirarían con desconfianza, recelo y lastima, Como nieta de un hombre rico, podría espera unos cuantos aliados, pero desde luego nunca amigos de verdad.
Lejos, al norte, tres estrellas brillantes relucían a través de las oscuras nubes de invierno. Su gente estaría viendo las mismas estrellas. Vivian bajo el mismo cielo y respiraban el mismo aire. Ella estaba en sus pensamientos como ellos lo estaban en los suyos, y ese laso la haría mantenerse fuerte. Todo lo que hiciera en los días venideros seria por ellos.
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La estación de trenes estaba llena de pasajeros. La mayoría de ellos esperaba tomar el último tren del día que enlazaba con Central. Roy maldijo entre dientes mientras permanecía en la cola de los billetes. Tuvieron que continuar el viaje en una diligencia por que su coche perdió una rueda y no tenia repuesto, retrasando su llegada tres horas. El sol comenzaba a ocultarse, hacia frió y la paciencia de Roy estaba llegado al limite.
Miro hacia atrás y vio a Riza apoyada en la pared, vigilando las maletas. Se le había resbalado la capucha, dejando la descubierto su rubio cabello, que se había recogido en un moño bajo. Ni aquel vestido remilgado, ni aquel peinado podían ocultar su sorprendente belleza. Roy se había pensado mucho el dejarla sola aunque fuera por un corto espacio de tiempo. Pero no había motivo para que Riza se escapara, pensó. En una gran ciudad como esa estaría perdida sin el, y era lo suficientemente inteligente para saberlo.
Tenia que admitir que se había portado muy bien durante el agotador viaje en diligencia. De hecho, decir que se había portado bien era quedarse corto. Uno de los pasajeros era una mujer de aspecto agotado que llevaba en brazos aun niño de dos años que no dejaba de llorar. Riza había subido en su regazo al pequeño y lo había entretenido con canciones y juegos de mano. Cuando el niño comenzó a flaquear, consiguió dormirlo con una canción cantada tan bajito que no era más que un susurro en los oídos del pequeño. De entre todos los pasajeros, Roy fue el único que la escucho. Dejo que sus ojos descansaran en su hermoso y tierno rostro mientras la veía acunar al niño dormido en sus brazos. En ese momento supo que no podía retrasarse más en llevarla a Central. En caso contrario. Se ponía en grave peligro de perder el corazón.
Roy había cerrado los ojos, obligándose a si mismo a pensar en otra cosas.
La distracción había estado a punto de funcionar. O casi.
-¿Señor?
Los anteojos del encargado de los billetes miraron fijamente a Roy a trabes de las rejas de la ventanilla.
-¿Para donde, señor?
Roy aparto la mirada de la figura arrinconada de Riza.
-Dos boletos a Central con compartimientos con cama.
-Lo ciento señor, los compartimientos con cama están llenos. A menos que quiera esperar y viajar mañana, tendrá que viajar toda la noche sentado.
Roy gruño. Ya había considerado la conveniencia de quedarse a pasar la noche allí y subirse al tren al día siguiente por la mañana. Pero la posibilidad de pasar una noche en le hotel con Riza ofrecía demasiadas tentaciones. Un vagón de tren abarrotado y ruidoso seria mucho mas seguro. Y además llegaría antes a Central. Ahora no temía aquella posibilidad.
-¿Señor?
La vos del encargado de los billetes había adquirido un tono impaciente. Detrás de Roy, la gente comenzó presionar-
-Oiga, caballero, el tren saldrá en unos minutos. ¡No tenemos todo el día!- grito una vos
Y otras murmuraron para demostrar que estaban de acuerdo.
Exhalando un suspiro, Roy depositó el dinero a través de la rejilla de hierro y compro los billetes. Siempre podía cambiarlos por los de la mañana si Riza y el decidían quedarse pasar la noche. Y en aquel momento, la perspectiva de…
-¡Maldita gata!
El grito enfurecido de un hombre lo saco de sus pensamientos. Con el corazón golpeándole con fuerza, se acerco al lugar en el que había dejado a Riza con las maletas.
-¡Me ha cortado! ¡La muy zorra me ha cortado!
Un hombre mal humorado y bien vestido estaba andando hacia atrás con la mano apoyada en la mejilla izquierda. Frente a el, con el cuchillo levantado estaba Riza.
-¡Yo te enseñare, zorra!
El hombre se abalanzó sobre ella sin mostrar temor por el arma. Riza movió los pies, preparándose para salir disparada en cualquier dirección. Sin embargo, no estaba preparada para la rapidez de aquel hombre. El le agarro la muñeca a toda prisa. Ella gimió de dolor cuando el cuchillo se le cayó de la mano. Pero el susto le duro un instante. Enseguida comenzó a luchar, a darle patadas y puñetazos como una gata salvaje.
-¡Suéltala!
Poseído de una rabia feroz, Roy se abrió camino a través de la multitud. Cuando llego a ella, Riza le había desatado la corbata y le había dejado las huellas embarradas de sus botas en sus antes inmaculados pantalones grises.
-¡He dicho que la sueltes!
Roy agarró el desconocido por el cuello de a camisa y tiro fuerte de el. Cuando el hombre se dio la vuelta aprovecho de utilizar todas sus fuerzas y tirarlo al suelo. El hombre aterrizo y se dio la vuelta exhalando un grito de dolor. Durante un instante se quedo tumbado boca arriba, desconcertado. Riza recupero su cuchillo. Cuando lo tubo en la mano, Roy divisó el terror que reflejaban sus ojos.
-No pasa nada, Riza- le dijo con dulzura-. Ahora no puede hacerte daño.
-¡Hacerle daño!- espeto el hombre tratando de apoyarse en un codo-.¡ Que diablos, solo me ofrecí a invitarla a tomar algo! Cuando le rose el cabello se lanzó sobre mi como un animal salvaje. Pero lo pagara… Los dos lo pagaran. ¡No se puede atacar al hermano de alcalde en plena calle y salir impune!
Roy maldijo entre dientes mientras el hombre trataba de incorporarse. No le apetecía ni lo mas mínimo pasar las siguientes horas en la cárcel, pero para Riza seria mucho peor. El estridente silbido del tren destrozó el aire. Las chimeneas de la locomotora despendieron vapor cuando comenzó a moverse. El tren se iba.
-¡Vamos!
Roy agarro el brazo de Riza con una mano y con la otra se hizo con la maletas. Ella hecho a correr con el vestido que se le enredaba en las piernas mientras se acercaba al tren.
Los insultos del hombre resonaron en sus oídos mientras Roy alcanzaba la plataforma, se subía al escalón y tomaba a Riza en brazos para subirla la vagón. El tren estaba casi lleno de pasajeros, pero había dos sitios juntos al fondo. Balanceándose por el movimiento del tren consiguieron avanzar por el pasillo y se dejaron caer aliviados en el banco de madera vació.
Roy la había dejado pasar delante de el , así que Riza estaba sentada al lado de la ventana cuando el tren salio de la estación. Se quedo mirando fijamente la hombre furioso de la estación hasta que ya no lo tuvo a al vista. Luego se giro hacia Roy con los ojos muy abiertos y el labio inferior tembloroso.
-¿Estas bien?- le pregunto el que acababa de colocar las maletas debajo de su asiento.
-Si.
-¡Maldita sea, Riza!- exclamo Roy incapaz de contenerse-. ¡Ya no estas con los ishbalanos. Este es un país civilizado y no vamos por allí clavándole cuchillos a la gente, sobre todo si se trata de un hermano del alcalde! ¡Vuelve a hacerlo y terminaras probablemente en la cárcel!
-Estoy acostumbrada cuidar de mi misma- respondió ella desafiante-. Y no me gusto el modo en que me miro ni como me toco el cabello.
-Podrías haberme llamado, maldita sea- dijo Roy con cierto tono frustrado-. Así que ayúdame, Riza, si ese mal nacido te ha hecho algo…
De pronto se dieron cuenta de que ya no estaban hablando. Roy la estaba besando sin ninguna ternura, con fiereza, desesperadamente, con un deseo que le nacía de las profundidades del alma. Riza le había dicho que habían sido amantes. Tal ves el nunca llegaría a recordar aquella primera ves, pero ahora lo compendia, ahora que tomaba sus suaves labios una y otra ves, deseando con nostalgia algo que ya no era suyo.
Riza lo rodeo con sus brazos mientras le devolvía los besos, enferma de deseo, indiferente a los demás pasajeros que viajaban en el vagón. Se quedaron abrasados mientras el tren se perdía en la oscuridad.
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Ya esta chicas, ultimo chap de la semana y espero que les hay gustado. Como siempre agradezco a las que leen y a las que me dejan su opinión así que:
Xris: Como ves, la tracción era mas fuerte ahora solo queda espera para ver como se darán las cosas, un beso amiga y nos leemos el lunes, ciao.
Hanae: No, es la pagina, toda la semana ha sido una locura, ni siquiera a mi, que lo publico me lo quería abrir, pero con paciencia al final se logra. Como ves todo ha cambiado muchísimo y ahora hay que ver que decidirán, ciao.
Evinkuruga: La pagina es una locura, pero espero se normalice pronto. Y por fin el beso, jejeje, espero que el chap te haya gustado y ya veras que la historia se volverá una locura a partir del lunes, gracias y nos leemos luego.
