Capitulo 20:
Roy miro por la ventana mientras el tren se deslizaba por las insípidas tierras. En el exterior la noche era fría y silenciosa. Unos cuantos copos de nieve se pegaban la cristal pero salían volando al instante con el movimiento del tren.
Riza dormía como una niña con la cabeza apoyada en su hombro. La dulce y limpia fragancia que desprendían sus cabellos le entraba por la nariz, inundando sus sentidos, haciéndole desear que aquella noche pudiera durar eternamente. Pero eso no ocurriría. En cuestión de horas saldría de nuevo el sol. Y con la luz del día llegaría la fría realidad a la que tenia que enfrentarse.
Que amaba a Riza estaba fuera de toda duda. Ella lo había puesto de rodillas en sentido figurado, le había hecho desear ser mejor hombre de lo que era. Si supiera que con eso la haría feliz, iría directo a Horace Hawkeye a pedirle la mano de su nieta. Pero la felicidad de Riza no era así de sencilla y tampoco la suya propia.
Ella quería un hogar para su gente. El quería la libertad y seguir ascendiendo en la milicia. Si se unían el resultado serian dos personas frustradas, dos infelices despojados de sus sueños. No quería aquello para Riza. Ni tampoco para el.
Ella se estiro en sueños y se acomodo en su hombro. Roy la beso varias veces en la cabeza con el corazón henchido de ternura. ¿Cuánto costaría un pedazo de tierra salvaje fuera de su territorio? ¿Cuánto podría comprar con lo que le pagaría Horase Hawkeye? ¿Cambiaria sus sueños por los sueños de Riza?
Sin ella no habría recompensa, se recordó Roy. Le parecía justo que ella también tuviera derecho al dinero. Pero no se lo diría aun. Esperaría para darle una sorpresa cuando tuviera el dinero en la mano. Riza cumpliría al menos una parte de su sueño. Y, con el orgullo de haber llevado a cabo con éxito la misión que le habían encomendado, el cumpliría parte de los suyos.
Pero no se tendrían el uno al otro. Eso seria pedirle demasiado a la vida. Lo único que Roy podía hacer era abrasarla en la oscuridad del tren y llenarse los sentidos de su calor y saber que aquello debería bastarle para siempre.
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Cuando el tren paro en el pueblo mas cercano a Central, Roy le mando un telegrama a Horase Hawkeye para comunicarle la hora de su llegada. También consiguió pasaje para dos compartimentos separados con cama. Riza no pasaría otra noche en sus brazos.
En aquel momento ella se había refugiado en su silencio. Estaba sentada en el tren con la mejilla apretada contra el cristal mirando con tristeza las granjas, los pueblos y las ciudades por la que pasaban. La nostalgia que tenia por lo que ella llamaba su hogar era una barrera ente ellos, un muro de dolor que Roy podía sentir pero no era capas de traspasar.
La noche anterior Riza se había sentido sola y asustada. Por eso ella lo había buscado. Pero ahora bajo la luz grisácea de la mañana invernal, el era un traidor. Era la persona que había arrancado de sus montañas y de su adorada gente. Y cuando llegara el momento la dejaría con un desconocido, recogería su dinero y se marcharía.
Los ojos de Roy trazaron su perfil apoyado contra la ventanilla. Se dijo a si mismo que algún día Riza se lo agradecería. Aunque no consiguiera compara la tierra que quería, ¿Cómo no iba a estarle agradecida? Tendría comodidades y seguridad hasta el fin de sus días. Tendría vestidos hermosos, fiestas, pretendientes ricos, todo lo que una joven de su edad pondría desear.
Pero no, se recordó Roy, se trataba de Riza. Ella no quería ninguna de esas cosas y aunque le entregara el dinero de la recompensa, lo odiaría hasta el final de su días. Tal vez ya lo odiaba.
Y no habría nada que Roy pudiera hacer excepto intenta que no le importara.
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A medida que el tren se iba acercando a Central, Riza se iba poniendo más y más nerviosa.
Se había pasado toda al noche despierta en aquel camastro que no paraba de moverse, mirado la oscuridad y escuchando los ruidos nasales de la mujer alta y pelirroja que dormía en la cama superior a la suya. Por la mañana no se había esforzado ni en mirarse al espejo, pero sabia que si lo hacia encontraría unos ojos rojos, mejillas pálidas y un cabello alborotado que apenas se había esforzado en peinar. Cuando la viera su abuelo pensaría que no había salido ganando en el trato. Pero aquella mañana estaba demasiado descorazonada para que le importase.
Sintió la vibración de las ruedas del tren bajo los pies mientras guardaba el camisón en la maleta. Roy la estaría esperando para desayunar en el vagón restaurante. El comería como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo. Después de todo, ¿Por qué no habría de estar contento? Para cuando finalizara el día tendría la cartera llena de dinero y ella habría salido de su vida para siempre.
Riza sintió como se le encendían las mejillas al recordar aquella primera noche en el tren, cuando los besos de Roy habían encendido su deseo. En aquel momento estuvo asustada y necesitada, y los brazos de roy le habían proporcionado refugio durante unos instantes. Ahora, incluso aquello había desaparecido. Por primera vez desde que murieron sus padres estaba realmente sola.
Pero aquel no era el momento para compadecerse de si misma, se dijo Riza. Los ishbalanos seguían siendo su gente .Ella seguía siendo una guerrera. Pasara lo que pasara no debía olvidarlo.
Ahora estaba apunto de vérsela con un nuevo enemigo. No podía, no debía dejarse llevar por el miedo.
Suavemente en un susurro, Riza comenzó a cantar. Era una canción que le había enseñado Antenor, una canción sobre el valor de un guerrero. La cadencia de las palabras la fue atravesando, calmando su terror mientras cantaba. Sintió la fuerza y el amor de su gente, y durante un instante fue solo Riza, la valiente, la que se reía del miedo en su cara.
Riza prometió mantener aquella canción en su corazón. Cuando tuviera miedo podría cantarla mentalmente. Seria un guerrero en aquel lugar desconocido, y el espíritu de su abuelo, de su verdadero abuelo la contemplaría y se sentiría orgulloso de ella.
Agarrando la maleta, Riza salio del compartimiento. Con la espalda estirada y la cabeza bien alta, enfilo al pasillo en dirección al vagón restaurante.
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Roy consulto el reloj cuando el tren se detuvo en Central. Las tres y cuarto. El tren llegaba puntual. Si Horase Hawkeye había recibido el mensaje que le envió, el, o en su lugar su chofer, estarían esperando en el anden.
En el telegrama, Roy la había solicitado al anciano que tuviera preparado el dinero. Se lo daría a Riza cuando se despidieran. Aunque tal ves seria mejor entregarle el dinero a solas. Pero entonces ¿como podría comunicarse con ella? Estaba tan nervioso como la propia Riza. Una parte de el estaba deseando que todo acabara. La otra, una mas profunda, no podía soportar la idea de dejarla marchar.
Roy la miro, estaba sentada a su lado, mirando por la ventada la fealdad de las fábricas y los almacenes. Había cambiado el vestido azul de los últimos días por una chaqueta verde de corte militar y una falda recta. En la mayoría de las mujeres el atuendo resultaba demasiado serio, pero Riza estaba impresionante.
Roy sintió que le tren daba una sacudida cuando el maquinista hecho el freno. Las chimeneas echaron vapor cuando el gran caballo de hierro se detuvo en el andén.
Riza se había puesto rígida. A través de la ventanilla, buscaba con la mirada a aquel rostro que no había visto nunca pero que sentía que debía conocer. Horase Hawkeye era el único lazo de sangre que tenia en el mundo. Lo único que Roy podía desear era que el anciano le hiciera sentirse en su casa.
-Allí.
Roy le señalo a un hombre con bigote muy elegante ataviado con sombrero y abrigo marrón. Parecía que Hawkeye estaba solo, pero por lo que Roy sabia de el, sus guardaespaldas y ayudas de cámara no debían de andar muy lejos. No solía ir solo a ningún sitio.
Los pasajeros abarrotaron el pasillo para bajar del tren. Riza seguía mirando fijamente por la ventana cuando Roy le rozó el hombro.
-Es hora de irse- le dijo con dulzura.
Ella alzo la vista y abrió los labios como si fuera a decir algo. Pero estaba claro que los nervios se lo impedían. Roy sintió lastima por ella mientras agarraba las maletas y le ofrecía le brazo. Parecía tan vulnerable que sintió que se le partía le corazón. Se le paso por la cabeza la idea de que todavía no era demasiado tarde. Podía sujetarla y retenerla en el tren hasta que Hawkeye se diera por vencido y se marchara. Entonces podría comprar otros dos boletos, pero esta ves para compartimiento privado, y estar a solas con ella todo el camino hasta ciudad del Este.
Pero mientras aquellos pensamientos cruzaban por la mente de Roy, Riza y el ya estaban bajando del tren y el la ayudaba a descender los escalones que llevaban al andén. Horase Hawkeye agito una mano enguantada para saludarlo cuando los vio. Riza clavo los dedos en el brazo de Roy cuando el anciano avanzó hacia ellos, seguido a distancia por tres de sus ayudantes.
-¡Mi querida niña!
Hawkeye la tomo de la mano pero no hizo amago de abrasarla.
-¡No puedes imaginar cuánto he deseado que llegara este momento! ¡Eres la viva imagen de tu madre!
Riza se hecho un poco hacia atrás, como si fuera un caballo salvaje encerrado en una cuadra. Roy pudo sentir su tensión cuando la joven suspiro profundamente, miro al anciano a los ojos y le dijo con dulzura.
-Hola, abuelo.
Hawkeye sonrió abiertamente.
-Tenemos que recuperar muchos años, Elizabeth. Mi chofer esta esperando con el coche para llevarnos a casa. Podemos hablar por el camino.
Sujetando con fuerza la mano de la joven, Hawkeye la parto de Roy. Le paso la mano a su nieta por los hombros, como si estuviera tomado posesión de ella. Los ojos de Riza brillaron un instante con furia pero no hizo amago de resistirse cuando su abuelo la guió en dirección al carruaje.
Roy podía comprender que el anciano estuviera feliz de ver a su nieta. Pero no separaba que a el lo ignorara de aquel modo. Molesto, agarro a Hawkeye por la manga, obligándolo a mirara hacia tras.
-Disculpe, señor Hawkeye- le dijo-. Antes de que se lleve a Elizabeth a casa creo que tenemos que hablar de negocios.
Hawkeye alzó una de sus cejas grises, como si acabara de recordar algo desagradable..
-Por supuesto- respondió con un deje impaciente-. Hable con mi secretario, el señor Carrol, que esta allí. El se encargara de usted.
Mientras su abuelo la guiaba hasta el coche, Riza se dio vuelta y le dirigió una mirada de despedida desesperada. Roy lucho contra la urgencia de salir detrás de ellos, tomar a Riza en sus brazos y meterla de nuevo e el tren. En todo momento había sido conciente de que aquel momento llegaría, pero nunca pensó que se llevarían Riza de aquel modo, ni que el hecho de verla partir le rompería el corazón.
-Señor, Mustang.
Roy se giro al escuchar su nombre. El secretario de Hawkeye, estaba en el andén flanqueado por dos hombres que, a pesar de estar vestidos con traje, tenían el aspecto de perros guardianes.
Sintió un escalofrió recorriéndole la espina dorsal cuando se aproximo a los tres hombres. Nunca le había caído bien Carrol, un hombre bajito y cursi que se daba unos aires de importancia que ocupaban toda la estación.¿Y que estaban haciendo los dos matones a u lado?
Sin decirle ni hola. Carrol se saco del abrigo un sobre y se lo entrego.
-El señor Hawkeye me pidió que el entregara esto por las molestias- dijo dándose la vuelta antes incluso de terminar la frase.
-Un momento.
Al escuchar la orden de Roy, los tres hombres se detuvieron. El les sostuvo la mirada mientras abría la solapa del sobre y sacaba el dinero que contenía. Solo bajo la vista cuando lo hubo sacado.
Con los dedos sujetaba el dinero que Horase Hawkeye le había enviado, no era ni la sexta pare de lo que habían acordado.
La rabia de Roy fue en aumento poco a poco. A medida que transcurrían los segundos se fue convirtiendo en una olla a presión. Cuando por fin hablo, lo hizo con vos tranquilla y tono frió.
-Su jefe me prometió más que esto, Carroll. ¿Qué significa esto?
El hombrecillo se aclaro la garganta con gesto nervioso.
-Vera señor Mustang: ¿Tiene usted algo por escrito que demuestre sus palabras? ¿Algún testigo?
-Tengo la palabra de Horase Hawkeye. Maldita sea. Pensé que con eso bastaba.
Roy golpeo con el puño el sobre y el dinero que había dentro.
-Mi familia llevaba mas de veinte años haciendo negocios con el. ¡Nunca tuvimos razones para pensar que nos estafaría!
-Y ahora tampoco las tienes- aseguro el secretario con tono zalamero-. El señor Hawkeye insistió en pagarle los gastos de su viaje desde Ciudad el Este. En cuanto a algo mas que el halla podido prometer…
El hombrecillo lo miro con ojos entrecerrados a través de las gafas.
-Por desgracia es completamente imposible darle lo que pide, señor Mustang. El señor Hawkeye esta momentáneamente sin fondos.
Roy parpadeo con visible incredulidad.
-¿Quiere decir que Hawkeye esta en la ruina?
-Por favor, señor Mustang, esa es una palabra muy dura- dijo Carrol fingiendo sentirse muy escandalizado-. El señor Hawkeye no es ningún pobre, y yo todavía trabajo para el. Pero la especulación de tierras, como usted sabe, e un negocia arriesgado. Algunas de nuestras ultimas inversiones han ¡resultado, por decirlo de alguna manera, decepcionantes. En cualquier caso, por mucho que el señor Hawkeye agradezca que le haya traído a su nieta de regreso, nuestras circunstancias actuales no os permiten…
Las palabras del secretaria terminaron en un balbuceo cuando Roy lo agarro de las solapas y lo levanto del suelo.
-Circunstancias o no- le espeto-, puede decirle a su jefe que…
Los dos matones se movieron. Cuando Roy se dio cuanta de su error ya era demasiado tarde. Uno de ellos le agarro los brazos y se los coloca a la espalda de forma dolorosa. El otro le lanzó puñetazos con fuerza.
Roy se despertó dos horas mas tarde magullado, lleno de sangre y tirado en un asiento de segunda clase en el tren rumbo a Ciudad del Este.
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Ya chicas, primer chap de la semana y espero les haya gustado, como siempre agradezco a todas las que leen y especialmente a las que me dejan su valiosa opinión así que:
Evinkuruga: Y ya vamos llegando a los últimos chaps, así que como ves todo parece ir mal de nuevo, pero solo resta esperar y a ver que pasa mañana, gracias por el poyo y nos leemos mañana, ciao.
Hanae: Si, Riza es muy cambiante y ahora se notara mas, y las cosas se complicaran muchísimo, gracias por el apoyo y nos leemos mañana, ciao.
