Capitulo 21:

-¿Y dice que vivía con los ishbalanos?

El ama de llaves alta de rostro arrugado rodeo a Riza con la boca fruncida por el gesto de desagrado.

-Bueno, lo cierto es que yo me lo creo. Desde luego que luce muy mal. Y esa ropa espantosa va a ir directamente al fuego. ¡Ninguna dama que se aprecie ha llevado ese estilo desde hace diez años! Esta joven va a ser todo un reto, señor Hawkeye- concluyo mirando a su jefe.

-Haga lo que sea necesario- respondió el anciano encogiéndose de hombros- Hay mucho que hacer y no nos sobra el tiempo.

El ama de llaves suspiró.

-Bueno, lo primero es prepararle un buen baño. Mientras tanto pediré que traigan algo de ropa nueva. Tendrá que servir hasta que consigamos algo mejor…

-Entiendo perfectamente lo que quiere decir, y puedo hablar por mi misma- la interrumpió Riza-. No tiene que hablar de mi como si yo fuera un perro abandonado al que acaban de traer a casa.

Su abuelo exhalo un suspiro.

-Ya lo sabemos, Elizabeth, querida. Es que hay muchas cosas que hacer, y todas por tu bien.

Riza alzo la vista hasta el alto techo de la sala, que estaba pintado de azul cielo y decorado con flores y Ángeles de escayola. Para llegar a aquella habitación había tenido que atravesar tantas salas y tantos pasillos que tenia miedo de no ser capas de encontrar el camino de vuelta. La casa era como una gigantesca cueva con ventanas, y los muebles tan finos y delicados que Riza tema tocarlos por miedo a que se derrumbaran.

-Por favor, ¿No podríamos dejar todo esto para mañana? Suplico suavizando el tono-. He recorrido un largo camino y estoy muy cansada. Y hemos tenido muy poco tiempo par hablar- dijo mirando a su abuelo.

Horase Hawkeye se giro para seleccionar un cigarrillo de una caja decorada situada sobre una mesa de mármol. Riza había tenido la esperanza de que su abuelo fuera paciente y sabio como Antenor. Pero se equivocaba.

-Hablaremos en la cena- le respondió-. Mientras tanto se una buena chica y has lo que la señora Hoffman te diga.

Riza se mordió el labio inferior para no decir nada. Si se hubiera precipitado al hablar les habría dicho a su abuelo y a aquella mujer mandona que ella, Riza, había sido una líder para su gente y que no toleraría que la trataran como a un pobre animal.

Pero aquello no serviría para nada. Ella estaba allí por una única razón: Ayudar a los suyos. No podía permitirse el lujo de crearse enemigos, y menos en aquella casa.

La señora Hoffman se dirigió a toda aprisa a la puerta de la sala, como si debajo de las faldas tuviera ruedas en lugar de pies. Al llegar se dio la vuelta y le hizo a Riza un gesto para que la siguiera.

-Vamos, niña. Tu abuelo me ha encargado que te transforme en una dama en una noche. Será como sacar un bolso de seda de la oreja de un cerdo, pero cumpliré con mi obligación. Confió en que seas lo suficientemente lista como para colaborar. Eso hará las cosas menos desagradables para ambas.

Riza siguió obedientemente a la mujer por el pasillo y por las escaleras que subían al segundo piso. Había sospechado que l encuentro con su abuelo iba a ser difícil. Pero ni n los peores momento imagino que la tratara con la frialdad y el despreso que había encontrado en aquella casa.

Pensó en Roy, pero ahora su recuerdo estaba revestido de cierta amargura. Había esperado que se quedara unos días en Central para ayudarla a instalarse. Pero Roy no se había molestado siquiera en decirle adiós y desearle buena suerte. Se había hecho con el dinero y se había desaparecido de su vida, como si lo único que el importase fuera la recompensa. Estaba sola en aquella ruidosa ciudad. Sola en la cueva grande y vacía que era aquella casa.

Lo único que le quedaba era su gente. A partir de aquella noche en adelante, todo lo que hiciera seria por ellos.

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Bañada, acicalada y vestida con un elegante vestido de noche azul, Riza estaba sentada en uno de los extremos de la mesa del comedor picando de su plato trozos pequeños de carne y algunos guisantes hervidos. La mujer de aspecto cansado que había servido la cena había desaparecido sin decir un apalabra.

Riza pensaba que devoraría la comida, pero era difícil probar bocado con su abuelo sentado frente a ella observado cada bocado que daba. Al menos había tenido oportunidad de practicar en el tren y en la casa de los Hughes.

-Doy por hecho de que eso salvajes te arruinaron.

Aquella frase llego sin previo aviso, golpeándola como una bofetada en la cara. Riza se quedo mirando fijamente su abuelo. Estaba demasiado impactada como para responder.

-Es algo que necesito saber- dijo el-. Si no eres virgen tendremos que tener alguna explicación.

-Yo no me considero… arruinada- respondió Riza hacinad un esfuerzo para que las palabras salieran de su boca. Podía mentirle y decirle que jamás había estado con un hombre, pero temía lo que pudiera hacer su abuelo si se enteraba de la verdad. Si le contaba lo ocurrido con Roy, todo seria aun peor.-. Estuve comprometida por largo tiempo. El era un buen hombre, pero murió pocos días antes de nuestra boda.

No había necesidad de contarle nada más. Jamás le mencionaría a Roy. Nunca le hablaría a nadie de la noche que había pasado en brazos del hombre que ahora era el Coronel Roy Mustang.

-Entonces diremos que eres viuda.

La explicación de Riza pareció satisfacerlo.

-Esta bien. Pero no ceo que eso sea un asunto de nadie. ¿Por qué debería importar?

-Por que quiero que entres en la sociedad respetable, Elizabeth- respondió el anciano suavizando el tono de vos-. Espero que no sea demasiado tarde para que hagas un buen matrimonio y me des unos cuantos bisnietos.

Riza cruzó la mirada con la del anciano. En las profundidades de sus ojos grises vio por primera vez el miedo que movía a Horase Hawkeye. El miedo a morir sin dejar una parte de si detrás.

Era el miedo y no el amor lo que la había llevado hasta Central. Solo a través de su hijos todavía no nacidos se perpetuaría al sangre de los Hawkeye. Solo ella podía garantizarle la inmortalidad que anhelaba.

Riza sintió un escalofría cuando se le revelo aquella verdad. No era una prisionera indefensa en aquella casa. El destino le había dado el poder y los medios para conseguir lo que quería. Podía utilizar aquel poder para ayudar a los suyos.

Poniéndose muy recta en la silla, observo a su abuelo a través de la mesa.

-Hay algunas cosas que quiero que entiendas- le dijo-. Los ishbalanos fueron buenos conmigo-Me criaron como a uno más, y los llegue a querer mucho.

Riza se detuvo un instante para recuperar las fuerzas. Y entonces con al mayor sencillez, le contó las necesidades de su gente y la promesa que les había hecho de conseguir un nuevo hogar para ellos lejos de aquellas tierras.

El anciano la escucho hasta que termino sin dejar de observarla atentamente.

-Por eso accediste a regresar con Mustang- murmuro-. Querías conseguir dinero para comprar la tierra a tus ishbalanos.

-Si.

No había ninguna razón para mentir ni para fingir que quería a aquel anciano impaciente.

Horase Hawkeye saco un cigarrillo del bolsillo de la chaqueta y lo acaricio entre los dedos, pero no llego a encenderlo.

-Creo que nos hemos entendido, Elizabeth- dijo arrastrando las palabras-. Pero no tengo la tierra que necesitas, ni ahora mismo tampoco cuento con el dinero para comprarla. Dios sabe que es verdad.

Ella abrió mucho los ojos y contuvo un gemido de desilusión.

-Pero tengo una proposición que hacerte- continuó el anciano- Una proposición que , créeme, nos dará a los dos lo que queremos. Escucha.

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Aunque habían trascurrido dos meses, la mandíbula dislocada de Roy aun estaba dura. Había adquirido la costumbre de acariciarse el punto que le dolía con al yema de los dedos cuando estaba descansando, que era lo que hacia en ese momento. La pequeña puntada de dolor sirvió para recordarle que se había cometido una tremenda injusticia, una injustita que estaba en vías de reparar.

El pulso de Roy se acelero al adentrarse el tren en las afueras de Central. Había reproducido en su cabeza la confrontación con Horase Hawkeye cintos de veces. Pero todavía no tenia idea de que haría ni de que le diría. Después de todo, iba a ver a Hawkeye en visita oficial de negocios, para realizar el último pago de unas tierras que su padre había comprado antes de morir. Hasta que la operación no se hubiera completado tena que morderse la lengua por su padre.

Y luego estaba Riza, a la que no se había sacado de la cabeza desde que Hawkeye se la llevo del andén en dirección al carruaje. La desesperación que reflejaba su última mirada lo había perseguido día y noche. Tenía que averiguar como le iba y si era feliz. Y aparte, Roy se moría de ganas de volver a estrecharla entre sus brazos. Pero sabía que aquello era algo imposible en aquel momento. Incluso volver a verla era una mala idea. Riza tenia ahora una nueva vida. Tenía que dejarla vivirla.

Pero, ¿Cómo no iba a preguntar por ella? ¿Cómo no iba a intentar verla si podía?

Roy seguía debatiendo consigo mismo cuando se bajo del coche y subió la escalera del impresionante edificio de Hawkeye. Tenía los nervios de punta cuando abrió la pesada puerta y entro al vestíbulo. Lo único que sabia seguro respecto a la siguiente hora era que cuando terminara se sentiría aliviado.

Phineas Carrol no estaba a la vista. Seguramente aquel pusilánime sabría que Roy tenía cita y se las habría arreglado para escabullirse. Sin embargo, Horase Hawkeye salio de su despacho situado en la segunda planta y se asomo.

-¡Roy! Cómo me alegro de verte, muchacho Ven, sube a mi despacho. Ya tengo los papeles preparados.

Roy subió las escaleras con desconfianza. Hawkeye estaba demasiado amable, demasiado efusivo. No era una buena señal.

Roy había confirmado a través de sus fuentes que la compañía tenía verdaderos problemas financieros. Una gran extensión de tierra que Hawkeye había comprado había resultado ser demasiado seca y alcalina para asentarse, y también había habido otras malas intervenciones. Era comprensible que el anciano no pudiera retribuirle la recompensa prometida por llevar a Riza a casa, pero nada podía justificar el trato que había recibido de sus lacayos.

Pero se haría justicia, se prometió Roy mientras alcanzaba el final de las escaleras. No se marcharía de Central sin haber conseguido algún tipo de compensación.

-Espero que estés bien- dijo Hawkeye guiando a Roy por su despacho- ¿Y como esta tú amigo? ¿Cuál era su nombre? ¿Marcus?

-Maes- le atajo Roy, que no estaba de humor para charlas banales-. Acabemos de una ves con los papeles. Luego quiero tener unas palabras con usted.

-No será necesario, Roy.

La expresión de Hawkeye era candida como la de un niño cuando le indico que se sentara en una de las sillas. El mismo tomo asiento tras su escritorio de madera de cerezo.

-Estaba pensando volver a verte para poder disculparme. Lo que esos brutos te hicieron fue una barbaridad, e iba completamente en contra de mis órdenes. Cuando me entere los despedí a los dos.

-¿Y a Carrol?- preguntó Roy con tono neutro y frió.

-El señor Carrol estaba autorizado a pagarte los gastos y explicarte la situación. Y creo que eso fue exactamente lo que hizo. Los dos hombres que te golpearon no cumplían las órdenes suyas.

Entonces, ¿que estaban haciendo allí?. Quiso preguntar Roy. Pero sabía que seria inútil. Si Hawkeye no conocía la respuesta, el viejo se inventaría una.

-Te mereces la recompensa-continuó diciendo Hawkeye-. Y tengo intención de pagártelo todo cuando mi empresa se recobre se este… digamos bache temporal. Debería habértelo explicado yo mismo. Por desgracia deje que lo hiciera Carrol por que no quería que Elizabeth pasara por ningún momento incomodo el primer día que estaba en casa.

Riza. El mero hecho de escuchar su nombre era para Roy un castigo. Los sueños en los que le hacia el amor habían continuado inalterables, igual que la lucha interna por recordar lo que había ocurrido entre ellos. Cuando regreso al Este, con miles de kilómetros de distancia ente ellos, se había sentido carcomido de dolor. Allí teniéndola tan cerca y al mismo tiempo tan lejos, el súbito deseo de verla le quemaba por dentro.

-Por cierto, ¿Cómo esta Elizabeth?-consiguió preguntar.

-Oh, muy bien- respondió Hawkeye colocando sobre el escritorio los papeles para que Roy los firmara-. La chica ha florecido durante el tiempo que lleva aquí .Si la vieras no la reconocerías.

Roy sintió una punzada de frió en la boca del estomago mientras se acercaba el primer papel y firmaba en la línea inferior. El sentido común le decía que la olvidara. Estaba claro que se había hecho una nueva vida y era feliz. Pero no podía evitar preguntarse que se había hecho su sueño de encontrar un lugar para los suyos. Y tampoco podía enfriar el deseo ardiente que tenia de volver a verla.

-¿Por qué no vienes esta noche a casa?- le pregunto Hawkeye-. Vamos a celebrar una pequeña fiesta. Serás bienvenido. Así podrás ver por ti mismo lo bien que esta y lo feliz que es. Eso debería bastarte como recompensa.

Roy lucho contra la tentación de agarrar a Horase Hawkeye de las solapas de su chaqueta y sacudirlo hasta que se le cayeran los anteojos sobre la mesa.

-¿Y que se celebra?- pregunto fingiendo desinterés-. ¿Es el cumpleaños de alguien? ¿Debo llevar un regalo?

Hawkeye sonrió abiertamente. Se notaba que estaba disfrutando del momento.

-No hace falta ningún regalo- dijo-. Al menos por el momento. Es la fiesta para anunciar un compromiso. Elizabeth se casa el mes que viene.

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Ya chicas, fin del chap y espero les haya gustado, como siempre agradezco a todas las que leen y especialmente a las que dejan su opinión así que:

Evinkuruga: Como ves todo empeora y lo hará mas, pero quizás el final resulte algo lindo ¿o no? Creo que me matarían si no fuera así, jejeje, gracia por el apoyo y nos leemos mañana.

Xris: Amiga, gracias por el apoyo y como ves todo parece irse complicando cada ves mas, pero al final el amor triunfara, total ¿que es la vida sin un poco de sufrimiento?, nos leemos mañana.

Hanae: Creo que tú idea no esta tan alejada de la realidad aunque parezca triste, ahora solo queda a esperar a ver que ocurre, gracias por el apoyo y nos leemos mañana.

Tenshi of Valhala: Gracias por haber dejado todas los reviews, me alegra que te haya gustado los chaps y de verdad que ya falta poco, el próximo martes se termina este suplicio. Gracias por el apoyo y nos leemos mañana.

Espiaplan: Que felis me hace saber que aun te interesa la historia, de verdad que estoy muy contenta y espero que tu computadora no se vuelva a estropear, yo sin la mía moriría (el vicio de la tecnología jejeje), espero que te gusten los chaps que faltan, ya queda poco, ciao.oyo y nos leemos mañana.quisas el final resulte algo lindo ¿o no? Creo que e matarian si no fuera asi, jejeje