Capitulo 22:

Roy estuvo a punto de no acudir aquella noche a la fiesta. Su primer impulso fue compara una botella de whisky, encontrar una mujer guapa y perderse en una noche de alcohol y desenfreno.

Sin embargo la final, había prevalecido su necesidad de ver a Riza. Seria la última ves, se dijo. Y seria solo para decirle adiós.

Los acordes de un vals, el tintinear de los vasos de cristal y el sonido de las risas flotaban en el aire frió de la noche cuando Roy recorrió la entrada que llevaba hasta la puerta de la mansión de Hawkeye. A juzgar por la cantidad de coches que había afuera, aquel evento era mas que una "pequeña fiesta".Roy se había puesto el traje que había traído, pera aun así se sentía fuera de lugar. Pero daba igual, pensó mientras subía los escalones. El solo había ido para ver a un persona y no tenia pensado quedarse mucho rato. Tal ves cando se marchara todavía le quedara tiempo para el Whisky y la chica guapa.

Dos mujeres, una de mediana edad y otra que parecía ser una pariente mas joven se dirigían por delante de el al recibidor. Concentradas en su conversación, se movían tan espacio que Roy tuvo que detenerse para evitar arrollarlas. No pudo evitar escuchar lo que estaban diciendo.

-Yo lo que digo es que Horase debería haberla encerrado- dijo la mayor con gesto de desagrado-. Después de haber vivido tanto tempo con esa gente y haber hecho sabe Dios que con ellos, nunca encajara en la sociedad decente.

La mujer mas joven, una criatura de cabello rojo cuyo collar de rubís solo servia para acentuar su palidez, se rió con amargura.

-Es la nieta de Horase Hawkeye. Cuando el anciano muera, ella se quedara con todo. Y con el tiempo obtendrá también el dinero de Winston. Se convertirá en la mujer más rica de Central. Eso será suficiente para que la reciban con los brazos abiertos en los círculos sociales mas elevados.

La otra mujer se coloco el chal de seda sobre los hombros.

-Pero querida, piénsalo bien. Todo el tiempo que ha pasado con esos asesinos… He oído que carecen absolutamente de moral. ¿Puedes imaginarte con cuantos de ellos habrá…?

-Disculpen.

Roy pasó por delante de las dos mujeres. Estaba demasiado molesto para seguir escuchando. Había llevado a Riza a Central por razones egoístas diciéndose a si mismo que lo hacia por su bien.¿Por que no había sido capas de prever la maldad a la que tendría que enfrentarse?

Roy entro en la sala de baile, brillantemente iluminada. Era una fiesta deslumbrante, mucho mas de lo que Horase Hawkeye podía permitirse si lo que había dicho era verdad. En una de las paredes de la sala se haba dispuesto una mesa de bufe repleta de todo. En una plataforma elevada que había la fondo unos cuantos músicos interpretaban la música. Varias parejas giraban por la pista de baile, brillando unos en los brazos de los otros. Roy confirmo con una rápida mirada que Riza no estaba entre ellos.

Sin pensar en otra cosa que no fuera encontrarla, se abrió paso a través de la multitud. Recorrió ansiosamente con la mirada la sala de baile con la certeza de lo mucho que le dolería cuando la viera. Solo podía confiar en que Riza se fuera a casar con un buen hombre, fuerte y amable, un hombre que la mimara y protegiera de mentiras desagradables como las que el había oído aquella noche. Si supiera que era así tal ves pudiera darse la vuelta, regresar al Este e intentar olvidarla.

Fue entonces cunado ella se dio la vuelta para mirarlo, cuando Roy se dio cuanta de que la tenia delante. Por la espalda le había resultado una desconocida. Había perdido peso, y llevaba rizado su maravilloso cabello liso para recogerlo en un moño alto adornado con mariposas de perlas. Sus ojos ámbar ahora eran dos lagos profundos y oscuros en medio de un rostro demasiado pálido, demasiado delgado. Y sin embargo seguía estando bella. El vestido de seda de color crema que llevaba puesto era de corte bajo para dejar el descubierto sus magníficos hombros. En sus orejas, recientemente agujereadas, bailaban dos perlas engarzadas en dos cadenitas de oro.

Cuando vio a Roy abrió los labios. Dio un paso en su dirección pero de detuvo, como si temiera recibir su desaprobación.

"Oh, Riza", pensó sintiendo que se le encogía el corazón. "¿Qué te han hecho?"

Mientras Roy avanzaba hacia ella abriéndose paso ente la multitud, sintió como si de pronto descorrieran una cortina negra de su mente. Los recuerdos se abrieron paso entonces con absoluta nitidez: El rescate en la nieve, la oscura calidez de la tienda, y si agridulce noche de amor. Recordó al sensación de tenerla entre sus brazos, recordó su aroma, su calor…

-Ha sido muy amable por tu parte el venir, Roy.

La vos de Riza, entrecortada por la emoción, penetro en sus pensamientos. Vio que estaba al lado de un hombre de aspecto imponente. Su rostro quedaba a la altura del de Roy. Tenia los ojos del color de un rió helado y observaba con desconfianza bajo el arco de unas cejas negras. Había algo inquietante en aquel hombre.

-Elizabeth habla muy bien de usted. Coronel Mustang. Es un placer conocerlo en persona.

Tenía una vos profunda y grave, pero su expresión glacial contrataba con sus palabras. Miro a Riza que dio un respingo como si la hubieran pellizcado.

-Roy- dijo con vos trémula-, me gustaría presentarte a Winston Galworthy… Mi prometido.

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Riza observo la expresión horrorizada que cruzó por el rostro de Roy. Era la expresión que estaba temiendo ver desde el momento en que su abuelo le dijo que Roy acudiría aquella noche a la fiesta.

¿Por qué no se mantenía alejado por el bien de ambos?, se pregunto al joven deseando que se la tragara la tierra. ¿Por qué no había tomado el dinero de la recompensa y había desaparecido para siempre de su vida? Habría escogido cualquier tortura antes de tener que enfrentarse a Roy aquella noche.

Pero ahora que lo tenía delante sabía que le debía una explicación. No podía dejarlo marchar sin responder a las preguntas que brillaban bajo el fuego de aquellos ojos negros.

Los músicos habían comenzado a tocar un vals, una de las piezas que Riza había estado practicando con su maestro de baile. Girándose hacia Roy, lo agarro de la manga de la chaqueta y se agarro a el con mal disimulada desesperación.

-¡He estado recibiendo lecciones!- exclamo con una alegría que no engaño a nadie-. Deja que te lo demuestre. ¡Te sentirás muy orgulloso de mi, Roy! A mi prometido no le importara prestarme durante unos minutos, ¿No es cierto, querido?

Sin darle a Galworthy oportunidad de replicar la joven arrastró a Roy hasta la pista de baile y se detuvo al medio. Siguiéndole la corriente, el la sujeto por la cintura y comenzó a moverse al ritmo del vals. Bailaba maravillosamente bien. Incluso Riza, aun algo torpe en a pista de baile, sentía como si estuviera flotando en sus brazos.

Por no estaba allí para a flotar. Los ojos atormentados de Roy le recordaron la pregunta no pronunciada que se alzaba entre ellos: ¿Por qué?

-Tenesmo que hablar- dijo Riza forzando una sonrisa.

-¿Ah, si? ¿Serviría de algo, Elizabeth?- respondo el con vos fría y a la defensiva-. Solo e venido para darte la enhorabuena. Nada más.

-Por favor- suplico la joven, a la que ya no le quedaba orgullo-. Ahora no puedo irme, pero reúnete conmigo mas tarde, después de la fiesta, en el invernadero que hay detrás de la casa. Hay cosas que tengo que decirte, cosas que debes saber, cosas que son…

Riza se mordió el labio al ver el gesto de resistencia de Roy.

-Lo siento- murmuro-. Debería haberte preguntado si tenías otros planes. ¿Los tienes?

-Tenia pensado beber hasta perder el control y después pelearme con el peor matón de la ciudad hasta perder el sentido- respondió el – Pero ya que me ofreces un modo mas sencillo de conseguir el mismo efecto…

-¡Basta! –susurró Riza dolida por la frialdad de su tono de vos.

-Entonces déjate de juegos conmigo, Riza. Tu…

Roy se callo al darse cuenta de lo que estuvo a punto de decir. Riza se lo quedo mirando fijamente con el corazón latiéndole a toda aprisa. Tuvo que hacer un esfuerzo para seguir moviendo los pies al ritmo del vals.

-Lo recuerdas…- murmuró.

-Si. Lo recuerdo todo- respondió Roy con los ojos brillantes como brasas-. Y ahora mismo estoy haciendo lo imposible por olvidar.

El vals tocaba a su fin en un abanico de música y colorido. Pero Riza solo tena ojos para Roy y no escuchaba otra cosa que la amargura de su voz.

-Por favor- le pidió-. Tengo muchas cosas que contarte.

Vio sus labios apretados formando una línea dura, vio como su cabeza se inclinaba en un gesto de asentimiento casi imperceptible. Y en aquel momento Winston apareció en la pista de baile tomándola de la mano para sacarla de allí.

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Había sido mucho más cruel de lo que Riza merecía, se torturó Roy mientras esperaba en la oscuridad del invernadero. Nada de lo que el le había reprochado era culpa suya. Había hablado desde la profundidad de su propia perdida, desde el dolor que le causaba el recuerdo de cuanto el había amado y el darse cuenta de cuanto la seguí amando.

"Pase lo que pase mañana y los días venideros, no te olvides del o que te estoy diciendo. Te amo Riza. Y si el destino es lo suficientemente generoso como para permitirnos estar juntos Quiero pasar el resto de mi vida cuidando de ti y haciéndote feliz"

Aquellas palabras, que habían permanecido ocultas en su mente, regresaron a Roy con perfecta claridad. Se las había dicho a Riza en el canon, la lado del escondite de los caballos, poco antes del enfrentamiento. En aquel momento las había pronunciado con todo el corazón. Pero ahora su recuerdo servia solo para burlarse de el. Era demasiado tarde .La había perdido.

Estaban a finales de enero y la noche era fría, pero para Roy resultaba perfectamente soportable. Alzando la vista hacia el camino de entrada, Roy observo que la gran mansión estaba en silencio. Incluso la cocina estaba a oscuras, al igual que las habitaciones de servicio. Desplazando su reloj de bolsillo, Roy confirmo que era casi media noche. Tal vez a Riza le había resultado imposible escapar. O tal ves había cambiado de opinión.

Roy estaba ya en la puerta del invernadero, a punto de salir cuando vio una figura pálida avanzando por el camino de entrada. Con aquel camisón blanco cubierto simplemente con un chal parecía una mancha de nieve. Lo único que la delataba era el movimiento. Roy volvió a entrar en el invernadero para esperarla entre las sombras por si acaso la estaban siguiendo.

Unos instantes mas tarde Riza atravesó la puerta abierta. Con los ojos muy abiertos y la respiración agitada, miro a un lado y luego a otro escudriñando en la oscuridad del invernadero, en las hojas caídas, en el inmobiliario del jardín de verano que se almacenaba en un rincón.

Solo cuando Roy dio un paso y se coloco bajo la luz de la luna fue capas de verlo. Un tenue suspiro de alivio salio de su garganta y Roy supo que si le tendía los brazos ella correría a refugiarse en ellos. Por eso mantuvo los brazos bien quietos.

-Temía que no hubieras esperado- dijo Riza con la respiración todavía entrecortada-. Quería asegurarme de que todos estuvieran dormidos. A veces van a espiarme. He puesto las almohadas en la cama para que las confundan conmigo.

Con gesto nervioso, Riza avanzó un paso hacia el. Al ver su frialdad se quedo a un metro de distancia. Tenía el cabello suelto y el rostro pálido bañado por la luz de la luna. Parecía un fantasma bellísimo, pensó Roy, que se moría de ganas de abrasarla.

-¿Cómo te va?- le preguntó Riza para llenar con palabras el incomodo silencio que había entre ellos-. Te hacia disfrutando de la recompensa.

-¿No te lo ha contado tu abuelo?

Roy maldijo entre dientes. Por supuesto, Hawkeye no le había dicho ni una palabra. Maldito viejo avaro…

-¿El que?- preguntó ella mirándolo fijamente.

-No me pago-contesto Roy-. Según su versión no tenia dinero- Yo te iba a entregar la recompensa a ti para ayudarte a comprar la tierra que querías, aunque ahora veo que fue inútil. Lo único que conseguí por mis molestias fue una paliza y un billete gratis de regreso al Este.

Ella clavo la vista en el suelo, luchando por contener sus emociones. Roy hizo un esfuerzo para contener la imperiosa nesecidad de estrecharla entre sus brazos. Aquello solo serviría para complicar las cosas entre ellos, se recordó. Ahora le pertenecía a otra persona. No tenía derecho a tocarla.

-¿Por qué, Riza?- le pregunto con suavidad-. ¿Por qué vas a casarte con ese hombre? Tiene edad suficiente para ser tu padre. Y cualquier idiota se daría cuanta de que no te hace feliz.

Cuando Riza alzo los ojos le mostró dos lagos de tristeza y desolación.

-He aprendido que la felicidad es un sentimiento muy egoísta- dijo-. Mi abuelo te dijo la verdad respectó a que necesita dinero. No tiene suficiente para comprar la tierra de mi gente, pero Winston si. Y esta dispuesto a comprarla a cambio de que yo me convierta en su esposa. Al día siguiente de la boda me entregara el dinero y empezare a trabajar con los agente de mi abuelo.

.Roy se la quedo mirando fijamente con gesto de asombro absoluto.

-¡Riza!, no tiene por que soportar que te compren como si fueras…

-Escúchame, Roy- le interrumpió ella con tono de triste resignación-. Cuando una mujer es como yo, que he pasado la mayor parte de mi vida con los ishbalanos, no tiene cabida en esta sociedad. Oh si, he escuchado los comentarios. Se lo que muchas mujeres, y posiblemente también los hombres han estado diciendo de mi. Nada de lo que yo haga conseguirá que me acepten. Pero a Winston no le importa. Era el prometido de mi madre, y cuando ella huyo con mi padre le destrozó el corazón de tal modo que nunca se caso- Ahora para el esto es como una segunda oportunidad.

-¡Riza, esto es una locura!- exclamó Roy incapaz de seguir conteniéndose.

-Winston se va a convertir en socio de mi abuelo- continuo explicando ella como si no lo hubiera escuchado-. Pagara sus deudas con su dinero y yo tendré la tierra para los míos y…Me asegurare también de que te entregue la recompensa por haberme encontrado. Así podrás hacer lo que tenias planeado. Todos tendrán lo que desean. ¿No es eso lo justo?

Roy la agarro de los hombros. Sintió deseos de sacudirla para hacerle entrar en razón Pero el sentirla tan frágil y tan densa bajo el chal de lana se desarmo completamente. Cielos, ¿Cómo había podido meterla en semejante lió? ¿Y como podía sácala de el?

-No es tan sencillo, Riza- aseguro con la vos entrecortada por la emoción-. Cuando Galworthy haya conseguido lo que desea no habrá nada que le impida romper su promesa. Y aunque compre la tierra para ti, ¿Como bas a mover a tu gente desde el campamento del norte?

-Estaré allí si puedo.

Su vos era pausada. Demasiado pausada, pensó Roy.

-Pero aunque no pueda en el campamento hay hombres y mujeres que podrán ayudar. Tal ves algunos incluso quieran marcharse también. Lo único que tengo que hacer es conseguirles un mapa.

Riza cerro los ojos un instante. Como si la mareara pensar en lo que tenía por delante.

-Le hice una promesa a los miso- aseguro alzando el rostro-. Esperan que la cumpla. No me pidas que les de la espalda, Roy. No lo haré.

-¡Pero tu no lo amas!

Roy sentía como si la tierra se estuviera abriendo bajo sus pies.

-¡Nunca he visto una mujer que parezca menos enamorada que tu!

Riza alzó la vista y le poso suavemente la yema de un dedo en los labios.

-Estar enamorada no lo es todo. Igual que la felicidad, es un sentimiento egoísta. Ya estuve dispuesta a casarme con un hombre al que no amaba y pude soportarlo. Seré capas de soportarlo otra ves.

Riza dio un paso atrás, como si necesitara guardar las distancias para lo que tenía que decir después. En el silencio, Roy escucho el leve quejido del viento acariciando la copa de los árboles, cuyas ramas golpeaban suavemente el tejado del invernadero. Cuando Riza volvió a hablar lo hizo tan bajo que apenas lo escuchaba.

-Se lo que es estar enamorada- dijo- Lo estuve una ves, de un muchacho llamado Roy, y fue la experiencia mas gloriosa de mi vida. El recuerdo de aquel tiempo formara parte de mí para siempre. Pero tu, mi queridísimo coronel Mustang, debes marcharte y no volver a pensar e mi. Encuentra a alguien a quien puedas amar, una buena mujer… Con todo tu generoso corazón.

Riza termino bruscamente la frase y comenzó a temblar, como si un viento ártico hubiera atravesado las paredes del invernadero para arrancarle todo el calor del cuerpo.

Alarmado, Roy se quito la chaqueta y se la puso sobre los hombros, atrayéndola hacia si para hacerla entrar en calor. Ella se estremeció entre sus brazos como un pajarillo helado. Sus respiraciones se convirtieron en gemidos.

Roy sintió la humedad en la camisa y se dio cuenta de que , por primera ves desde que la conocía, Riza estaba llorando.

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Ya chicas, fin del chap de hoy y comienza la cuenta regresiva, solo cuatro chaps mas y todo concluye.

Como siempre les agradezco a todas las que se dan el tiempo de leer y especialmente a las que me dejan su opinión así que:

Xris: Como ves todo parece estar complicado pero ya se han encontrado y solo queda esperar a ver como reaccionan ambos, espero que te hay gustado el chap y nos leemos mañana.

Tenshi of Valhala: Si amiga, ya el martes termina este suplicio y Riza esta dispuesta a casarse pero Roy aun tiene una carta bajo la manga… Gracias por el apoyo y nos leemos mañana.

Evinkuruga: Si, se complicara aun mas, de hecho creo que de aquí al viernes pensaran seriamente en la posibilidad de matarme, pero hay que mantener la emoción ¿o no? Y falta poco y el martes termina el suplicio, así que nos leemos mañana.

Espiaplan: Si, el abuelo es bastante malvado pero ya veras que al final todo termina feliz, creo. Pero aun falta mas complicaciones, me alegra que hayas podido leer y espero que mañana también, ciao.

Hanae: Si, el abuelo de Riza es bastante manipulador pero ya veras que aun falta mucho, aunque no lo crean en cinco chaps se resolverán muchas cosas, pero aun falta sufrimiento. Gracias por el apoyo y nos leemos mañana.