Y aquí está el cuarto capítulo!
Pero antes de nada, muchas gracias por todos los reviews recibidos, no sabéis la ilusión tan grande que me hacen! Desde aquí un beso fuerte a todas por ellos!
silviota (estos dos siempre están jugando desde luego, y la tensión se acumula...ja,ja ), mourisan (muchas gracias por leerme, espero de verdad que te guste el nuevo capitulo!), miss Q (aquí te dejo el nuevo trozo guapa), afrodita coral (espero que quede resuelta tu duda sobre la excursión ;), mil gracias guapa.)
Gracias también a todos por leer!
Capítulo 4: Patrimonio de la humanidad
La comida semanal de los Weasley. Un auténtico acontecimiento, si tenemos en cuenta la gran cantidad de personas que se reunían en un espacio tan pequeño. Claro que, todo merecía la pena con tal de degustar un guiso de la señora Weasley y, sobre todo, estar en compañía de sus amigos: de Harry, Ron, Ginny, Luna, Neville, Katie (su compañera de trabajo), Bill, Fleur y su hermana Gabrielle, Charlie, el señor Weasley… y todo esto aderezado con las bromas de los gemelos.
Hermione sonreía despreocupada. ¡Aquellos dos nunca cambiarían! Habían encontrado la horma de su zapato en la tienda de bromas. ¿Y qué decir del resto?
Le suponía una gran tranquilidad ver a Harry y Ron hablando sobre quidditch. Se sentía como si nada hubiera cambiado, eran los de siempre. Esos dos chicos significaban para ella prácticamente un trozo de su alma. Ya no estaban juntos en el colegio, cierto. No se veían tan a menudo, cierto. Pero su confianza mutua no había disminuido. Seguían en permanente contacto. Los quería como hermanos, como partes de ella misma. Y sabía que ellos también estarían siempre cerca de ella.
Harry y Ginny estaban juntos después de tantos problemas. La testarudez y paciencia de Ginny había podido más que los absurdos motivos de Harry para mantenerla lejos de su lado. Ron parecía estar detrás de Katie, y Luna y Neville…bueno, ellos hacían buena pareja, todos sospechaban que acabarían juntos. Daba gusto ver toda aquella felicidad después de la guerra. Esa tranquilidad merecía ser asegurada, aunque fuera aniquilando a los rebeldes que quedaban escondidos.
Y ella… ¿qué? Bueno, ella también era feliz. Por fin había sido ascendida en el departamento. Y eso supuso una ración extra en el postre para celebrarlo. Se sentía querida, muy querida. Merecían descanso y un poco de felicidad tras los años de horror.
Pero aquella felicidad le sabía a poco. Ver a Harry y Ginny juntos, o a Ron haciendo el payaso con Katie… ¿encontraría algo así?
De pronto Malfoy vino a su mente. Se odiaba a si misma, no podía evitar que a su mente llegara el beso del otro día en el ministerio. La situación vivida no tenía ningún sentido para ella… ¿el orgulloso sangre-limpia besándola¿y ella qué?
"¿Acaso hiciste algo por evitarlo? Si no hubiéramos parado…" Sacudió la idea de su mente, como si por sí sola fuera peligrosa. Sólo en la intimidad, echada en la cama, tras horas pensando, había llegado a admitir que le había gustado "algo" el beso.
Extrañamente, lo que sentía por Malfoy era odio. Él la besó para burlarse de ella. No sólo podía chantajearla y pasarse los días discutiendo con ella, sino que su atrevimiento era tal como para besarla. ¿Qué se creía aquel imbécil¿Qué ella iba a caer en sus brazos? Hermione no era ninguna zorrita desesperada por aquel prepotente.
Iba a cortar el contacto con él. No le hacía bien tener tantas cosas en la cabeza. Bastante tenía ya con la poción VT y la extraña habitación que había encontrado la otra noche. Sabía que algo debía de esconder. Y lo averiguaría. El localizador seguía adherido a la puerta misteriosa.
Nott se camufló con la capucha de su capa. Era estrictamente necesario que nadie lo viese. Y que nadie lo siguiese.
Cuando uno se dirige a una reunión secreta es conveniente extremar los detalles.
Su odio por los sangre-sucia, los muggles y lo relacionado con ellos era real. Su piel jamás tocaría una impura, ni compartiría comida con uno de ellos, ni… Los motivos que unían al grupo de clandestinos rebeldes eran principios morales para el exslytherin, nada estaba por encima de ellos, eran prácticamente pautas de vida.
¿O todo tenía un precio?
Apretó el paso.
Llegó puntual a su cita.
Draco archivaba informes de forma aburrida. Había estado dando vueltas a la cabeza todo el fin de semana.
Hermione se traía algo entre manos, de eso estaba seguro. Ella estuvo a escondidas en el ministerio. Arriesgando su puesto y su libertad. No debía ser solo por ver una pared desnuda detrás de una puerta.
Y él también iba a tener que entrar a hurtadillas, al menos una noche más. No podía retrasarse, obtener la poción era un objetivo de prioridad absoluta.
Le había echo prometer que irían juntos la próxima vez que entrara al ministerio a deshoras. Pero analizado a sangre fría, todo parecía mil veces más complicado.
¡Maldita sea su impulsividad¿Cómo iban a hacerlo? Crecía en él la absurda explicación de que sólo lo había dicho para volver a estar a solas y de noche en un edificio vacío, con ella.
Él buscando su informe y ella husmeando en su puerta. ¿Cómo sería exactamente?
- "Oh Hermione, disculpa, solo busco la información de una poción que dará poder de nuevo a los rebeldes."
- "No importa Draco intento entender que hace aquí una puerta que no da a ningún sitio"
"Si claro" se dijo a si mismo "y después aparecerá un hipogrifo precioso color rosa, bailando salsa, y acompañado por una banda de escergutos de cola positiva -o como quiera que se llamen-".
Por ahora las cosas quedarían así. No habló ni discutió con ella en todo el día. Ninguno de los dos parecía de humor para ello. Pero él estaba decidido, iría al ministerio esa noche, ella aún estaría asustada y no volvería a intentarlo tan pronto.
Esa noche era Draco el que se encontraba en la sala circular, rodeado de puertas gemelas unas a otras. Había eliminado todos los hechizos anti-intrusos, pero estaba muy seguro de sí mismo: nadie iba a descubrirlo.
Susurró un hechizo mientras cerraba los ojos. El manillar de una puerta brilló tenuemente.
La sangré le corría salvaje por las venas. Esa era la sala que buscaba.
Cerró la puerta tras de sí. Aquella habitación bien podría confundirse con la nave de una catedral, llena de estanterías con informes y más informes, perfectamente almacenados y ocultos mágicamente en sus carpetas marrones. El espectáculo era colosal.
¡Cuánta información había allí! Un par de carpetas elegidas al azar harían sonrojar a los altos cargos del ministerio, seguro. Y seguro que le pagarían lo necesario por su silencio… Tentador, pero no era el momento.
Granger le había enseñado bien su trabajo. Se movió entre pasillos, entre pilares formados por toneladas de informes. Tardó poco tiempo en encontrar la carpeta: "Poción VT". Ya era suya. La duplicó. Puso la original en su sitio y por último, guardó la copia dentro de su túnica.
Negó con la cabeza. Aquella copia valía su peso en oro. La guardó entre su piel y su camisa, no quería perderla por nada del mundo.
Qué feliz se sentía. Gritar de júbilo, saltar, sonreír… Estaba tan orgulloso de sí mismo. "Eres un Malfoy de verdad, Draco", se dijo.
Un momento, sabía que estaba contento pero no tanto como para… notó algo presionando sus…
- ¿Jugando al escondite en el ministerio, Malfoy?
- Granger… ¿qué haces?
Hermioneestaba delante suya, sonriendo como si acabaran de tocarle un millón de galeones, y con su varita apuntando peligrosamente a su entrepierna.
- ¿Qué hago, dices? Espera que busque las palabras adecuadas… "Daba un inocente paseo cuando te vi entrar de forma clandestina", bombón.
- No tiene gracia Granger.
- ¿Dónde está el Malfoy seductor y seguro de sí mismo¿No me vas a llamar "cielo", bombón?
- Granger, para. Estás poniendo en peligro "algo" que es patrimonio de la humanidad.
- Ja. Ja. Y ja, Malfoy. Deja que vuelva a retomar tus palabras: "No estás en condición de contradecirme", bombón.
Draco estaba muy preocupado. ¡Esa mujer estaba loca! Intentó mantener la cabeza fría… Debía volver a ser el de siempre. Ella no iba a ganar.
- Creo que estamos en igualdad de condiciones. Yo te descubrí la otra noche, y tú me has pillado hoy con las manos en la masa.
- Veo que recobras el sentido común.
Sin bajar la guardia, Hermione retiró la varita y vio a Draco suspirar aliviado.
Salieron juntos de la sala, mirándose constantemente como si el otro fuera una bomba a punto de explotar.
Todo le iba bien al ministro. Había puesto el anzuelo a Granger y ella había picado. Sabía que su curiosidad la impulsaría a saber más, y lograría descifrar lo que no habían conseguido sus inefables más expertos: ella debía obtener la poción.
Puso ante sus narices el informe de la poción, la ascendió de puesto para provocar más su interés, y ahora un memorando le llegaba advirtiéndole de que acababa de hacerse una copia de la información.
Seguiría bajo estrecha vigilancia hasta que tener descifrado el enigma.
"Debería de elegir mejor tus amistades, señorita Hermione Granger".
Draco y Hermione ya estaban fuera de la inmensa habitación. Volvían a encontrarse en la sala circular.
- ¿Qué tienes en el bolsillo, Granger?
Ella se miró como toda respuesta. Era el artefacto que informaba de la ubicación del localizador.
- Nada de tu incumbencia, Malfoy.
- ¿Ya no soy tu bombón?
- Por supuesto que no lo eres, pedazo de…
Era justo lo que él esperaba. Acercarse a ella. Tomó el "peligroso artefacto muggle" que tenía en el bolsillo. ¿Para qué serviría¿Por qué lo llevaba ella encima?
Pulsó un botón al azar y una pequeña luz roja intermitente apareció sobre una puerta.
- Qué demonios…
Tapó la boca de Hermione para reprimir la tanda de insultos que se esperaba y abrió la puerta. Detrás estaba la fría pared. Era la misma que habían visto la noche anterior.
- Caramba cielo, debo admitir que los muggles hacen cosas con la cabeza de ven en cuando…
Solo lo había dicho para provocarla, claro. Pero ella no le dijo nada.
La chica había visto algo que no vio en la otra ocasión. Una pequeña mancha sobre la fría pared. Situada en la esquina inferior derecha, apenas visible tras la sombra de la puerta, pero ahí estaba.
En todos sus años de educación, siempre le habían advertido que no debía jamás tocar una sustancia mágica con las manos.
Pero un impulso casi infantil, le dijo que no pasaría nada malo… solo tenía que estirar un poco más los dedos… tocar aquella mancha minúscula.
Draco se pasaba la mano por el cabello en gesto desesperado. Veía a Granger de rodillas, como absorta viendo la fría pared, acercando sus dedos para tocarla.
"Ahora sí que puedo asegurar que esta se volvió loca".
Estaba a punto de volver a decirle cualquier tontería para molestarla cuando de pronto desapareció.
Ya sólo estaba él, solo en el ministerio, de noche, perplejo, mirando la puerta semi-abierta.
¡Fin por ahora! Esperaba desvelar más secretos de la misteriosa puerta, pero tendrá que esperar al siguiente capítulo, que tiene pinta de tener muchas sorpresas...
Espero vuestros reviews! XD
