Y -con un poco de retraso :-) - aquí está por fin el capítulo 5. Pero, primero, aunque sea repetitiva, tengo que daros millones de gracias por los reviews, que cada uno me hace ilusión como si fuera el primero que recibo!

Miss Boop no saben cuanto me ha gustado tu comentario. Siento haberte dejado con la miel en los labios, eje,je,je..Besos

Afrodita Coral gracias por el comentario. Una cosilla... te llamas Coral? es que es un nombre muy bonito!

Maya bienvenida! me alegro que te guste todo lo que escribo! espero que esto nuevo también te guste

Fatima Girl también bienvenida! y tranquila que prometo más escenas entre los tortolitos. Ahora después del beso, ambos estan confundidos y creen que alejarse es lo mejor...ja,ja..que inocentes ;-)

Y claro, también gracias a todos los que leeis. Besos


Capítulo 5: Novela muggle

- Deseo renunciar Jack. Esto se está escapando de mis manos. Haz como si nunca hubiera pasado.

- Ja,ja,ja,ja… ¿ya te rindes¿no eres capaz? Vaya, vaya…

- Sabes que no es eso. La recompensa a mi esfuerzo es muy importante para mí. Pero me he implicado demasiado. No puedo seguir adelante. Ella es mi amiga, se ha portado tan bien conmigo…

- No creas que me estás engañando. Sé que os habéis hecho buenas amigas, pero no soy tonto. Te conozco, y ese chico también tiene algo que ver¿verdad?

- Ves cosas donde no las hay. Mis motivos no te importan. Me retiro.

- Sabes que soy un hombre influyente. Tu premio estaba totalmente garantizado. Mi hermano…

- ¡Sé de lo que es capaz tu hermano!

- Si ella se entera, perderás su amistad.

- …

- Y también perderás al chico…

- Se lo confesaré. Le diré que estaba obligada a hacerlo. Tranquilo, no diré nada más. Pero la carga moral se me hace insoportable. Vigilar de cerca a Hermione… no sé, me siento como una asesina a sueldo esperando la siguiente orden. Llamad a otra.

- Katie, Katie, Katie… la moral siempre está estorbando.

- Soy consecuente, Jack. Dile a tu hermano que abandono. Seguiré con mi trabajo "oficial", como he hecho siempre.

Jack Malory pareció pensarlo. Pero pronto habló:

- De acuerdo Katie. Solo espero que sepas valorar tu silencio. Contar lo que sabes no te traería buenas consecuencias.

- Buenas noches, Jack.

Malory esperó que ella saliera por la puerta. Inmediatamente después escribió en un pergamino:

"Katie retirada. Se ha implicado emocionalmente.

J. Malory."

Sabía que su hermano se molestaría. Bastantes problemas tenía ya. Pero él debía saberlo.

Silbó a su lechuza…

- Lleva esto al Ministro de Magia.


Katie salió presurosa del despacho de Malory. No se apareció, ni tomó la red flu para llegar a casa. Le apetecía dar un paseo, refrescarse y aclarar la mente.

Le ofrecieron un sueldo adicional, y –obviamente- extraoficial por vigilar de cerca a Hermione Granger. Se hizo pronto amiga suya, e incluso vivían muy juntas. Ese era el plan inicial. Debía acercarse y vigilar, para dar informe de todos sus movimientos a Malory.

Pero todo se fue torciendo y cada vez eran más amigas, Katie le cogió cariño sincero. Además, poco tenía que informar de la vida modelo que llevaba Hermione. Iba a su trabajo, se reunía con sus amigos, veía a sus padres cuando le era posible… no había nada anormal que mereciera ser mencionado.

Todas sus amistades la aceptaron, y en poco tiempo comenzó a ir semanalmente a las comidas Weasley. La angustia la carcomía, se sentía verdaderamente mal.

Aquella gente le había llegado al corazón, la habían aceptado. Y ella¿cómo lo retribuía? Espiando en secreto a su "amiga".

Por eso decidió pararlo, antes de saber algo realmente importante, saber demasiado sobre la vida de Hermione… lo mejor era rechazar el ofrecimiento.

Odiaba al ministro. Estaba tejiendo una red de conspiraciones y mentiras para conseguir la paz. Pero para Katie, las palabras paz y mentira no podían ir juntas en la misma frase. Tenía el presentimiento de que tanta hipocresía no podría mantenerse en pie mucho tiempo…

- ¡Katie!

¡Era Ron! Malory tenía razón. Amaba a aquel hombre. Durante las reuniones que se repetían cada domingo, él la entretenía, hablaban… Se sentía un poco ridícula con él, como una adolescente que está delante de su cantante favorito. Nerviosa y torpe. Sonriendo y sonrojándose por todo. Él no parecía notarlo. O al menos, no parecía importarle demasiado. Y cada vez lo veía más. A veces era ella quien se lo cruzaba, otras –como esta- él la encontraba. Luego iban al cine –genial el invento muggle-, a cenar…

No obstante, sospechaba que sus encuentros no eran fruto de la casualidad. Y el tiempo que pasaban juntos…

Por esa razón, más le dolía aún haber estado espiando en secreto a su amiga, ganándose su afecto para luego traicionarla.

- Hola.

- Qué alegría verte!Cómo estás? Tienes mala cara… -dijo Ron, sin perder nunca el brillo en los ojos. Estaba feliz de verla.

- Tú siempre tan vital, Ron. Solo volvía a casa. He tenido una jornada dura de trabajo.

- Caramba…

Katie solo pudo mirar al suelo avergonzada. No iba a ser capaz de confesar nunca su falta. ¿Qué conseguiría, perder la sonrisa del pelirrojo?

- Bueno, tengo la solución, vámonos.

- ¿Ron?

- No protestes y sígueme.


Hermione cerró los ojos asustada. Al tocar la mancha azul experimentó algo parecido al uso de un traslador. Como si hubiese sido "transportada" en contra de su voluntad a un sitio lejano.

Pero no era eso exactamente, sentía extraño su cuerpo, como al usar el traslador, sí, aunque era una sensación distinta. Durante varios segundos, que se le hicieron eternos, llegó incluso a pensar que explotaría su cabeza por la presión que estaba soportando. Como si miles de planchas de hierro la apretaran por todas partes."Que se acabe, que se acabe, pronto…"

Y todo paró de repente. Se dio cuenta de que estaba de pie, encogida aun por el susto, y con los ojos cerrados, apretados, fuertemente.

Poco a poco los fue abriendo…

- Guau…

Lo que tenía delante era un paisaje virgen y salvaje. A su alrededor había arbustos, árboles, vegetación exuberante llena de colores. No era muy espeso, pero sí muy variado. Se oía fluir agua no muy lejos de ella… No los veía, pero seguro que también había animales de todas las clases allí. ¿Dónde estaría? No había visto nunca aquel lugar, y era extenso, muy basto y no se veía por ninguna parte influencia humana, ya fuera mágica o no. El cielo estaba completamente azul y el sol brillaba radiante. ¿No eran las tres de la mañana hace cinco minutos? La sensación de mareo, de confusión crecía y la llenaba.

Sí, todo parecía sacado de un cuento… y así lo hubiera sido en otras circunstancias. Estar sola en un lugar desconocido no era su idea de historia fantástica. Debía volver pronto a la sala circular.

- ¿Por todos los caballeros de la tabla redonda, donde estaré?

- Eso mismo me pregunto yo.

- ¡Malfoy!

Él apareció a su lado. También estaba sorprendido viéndolo todo. Su mano mantenía la postura de quién acaba de tocar algo con el dedo índice… quizás una mancha en la pared. De todas formas, no parecía asustado. Analizaba con sus ojos grises, pretendía tenerlo todo bajo control, tal y como acostumbraba a hacer normalmente.

- ¿Vas a gritar mi nombre escandalizada cada vez que me veas? Sé que no soy santo de tu devoción, pero intenta disimularlo un poco. Por tu culpa estamos aquí, en mitad de ningún sitio…

- ¿Por mi culpa? Perdona, pero yo no recuerdo haberte dado entrada para este espectáculo… has venido porque has querido…

- Claro, y qué piensa mi inteligente compañera de trabajo? lo mejor sin duda era quedarme solo, de madrugada, esperando que te dignaras a aparecer, en la dichosa sala circular?

- Haberte ido! no tenías por qué esperarme!

- Ja,ja… ¿y si descubrías algo interesante? No puedo permitir que la gloria sea solo para ti, después de todo lo que te he ayudado…

- Ayudarme? Tú? A tocar un mancha en la pared… gracias por nada, Malfoy.

La discusión prometía. Fred, George y sus compañeros del ministerio hubiesen pagado gustosos con tal de verla.

Pero un ruido los interrumpió. Sonaba como un animal salvaje.

Draco respiró hondo. ¿Cómo había podido besar a semejante histérica?

- Pensaremos con la cabeza. Ese ruido no parecía un comité de bienvenida. Lo mejor será volver.

Costaba darle la razón…

- De acuerdo. Volvamos.

Aún de mal humor los dos dieron la vuelta.

Desgraciadamente, no había nada esperanzador a sus espaldas. Solo campo y más campo, más de aquel extraño lugar. Era como si hubiesen aparecido en mitad de un bosque, o de una extraña selva… no se podía asegurar bien qué era aquello que veían.

Lo que no había era una puerta, o aunque fuese una roca con una mancha similar que hiciese de puente entre aquel lugar y el ministerio.

- Malfoy…

- No lo digas, cielo. No podemos volver. Genial.

- Bueno… debe de haber una forma. No sería lógic…

- Para un poco. Intentemos comenzar por lo sencillo. ¿Tienes la más mínima idea de dónde estamos?

- La verdad es que… en fin… yo…

- ¿Sí?

- No, no lo sé.

- Me quieres decir que la omnipotente Granger no sabe algo? Y justamente ese algo es lo único útil que debería saber?

- No se estudia en Herbología o Runas Antiguas qué secretos esconde el ministerio, estúpido.

- Pero tú eres la experta inefable¿no? –la miró- Pues vaya decepción, cielo.

- Malfoy… -hizo un gran esfuerzo, pero lo más conveniente era no seguir discutiendo-. Así no vamos a llegar a ningún sitio. Lo único claro es que ni tú ni yo sabemos dónde estamos. Tú me odias y yo te quiero muerto, pero pienso que dejar aparcadas nuestras diferencias sería lo más conveniente mientras estemos de aquí.

Draco no respondió, y Hermione lo entendió como una respuesta afirmativa.


Katie y Ron pasaron la noche juntos. No habían hecho nada nuevo, habían cenado y después ido a la última sesión de un cine cercano.

Le hizo olvidar sus problemas, como siempre. Reír feliz, como siempre. No notar pasar el tiempo, como siempre.

El pelirrojo insistió en llevarla a casa.

- Señor Weasley, debo agradecerle su caballerosidad –dijo divertida. El buen humor era contagioso estando con él-.

- No es nada "mademoiselle".

Ella reprimió una carcajada.

- Ahora debo pedirle que se vaya, gallardo caballero, -vio complacida como él sonreía al escuchar "gallardo"-. Los vecinos pueden vernos, y no sería conveniente que dudaran de mi decencia.

Los dos parecían a punto de estallar en risas. Ron se acercó y le tomó la mano con intención de besarla. Aunque quizás se acercó demasiado si sólo pretendía eso…

- Su virtud jamás quedará en entredicho por mi culpa, querida.

Estaba demasiado cerca. Ya no tenía ganas de reír hasta reventar, como hacía unos segundos. Se quedaron callados, como evaluando la situación.

Ron iba a besarla. No le cabía la menor duda. Olía su perfume, tan…masculino. La zona de su mano que había estado en contacto con sus labios ardía, en contraste con el resto tan frío. Pero ese calor se iba perdiendo, se iba perdiendo, se había perdido…

Ahora la miraba a los ojos, aún sosteniéndole la mano. Y otra vez el escalofrío: iba a besarla. Ella lo deseaba tanto que… Sólo probarlo un poco, aunque estuviera mal, aunque luego lo lamentara… pero no podía, si supiera cómo y cuánto los había traicionado… Se sentía tan sucia.

Hacía segundos era feliz y reía, de pronto sólo quería llorar.

- Gracias por todo, Ron. Nos veremos el domingo. Eres… eres un amigo único y especial. Buenas noches.

Y le besó en la mejilla antes de entrar a casa.


- Deberíamos buscar refugio –la voz de Draco no sonó orgullosa, solo resignada-.

Hermione pareció despertar de un sueño. Se habían quedado un rato los dos callados, sin decirse nada el uno al otro. Ya era bastante problema asimilar la nueva situación.

Ojala estuvieran allí en otras circunstancias.

Una vez pasado el susto inicial, reconoció varias plantas mágicas, muchas de ellas difíciles de encontrar. Como si estuviera en un invernadero salvaje. Un manojo de hojas tomadas de allí le darían galeones suficientes para estar sin trabajar unos meses. ¿Sabría el ministerio de la existencia de aquel lugar? Aun quedaban en el mundo mágico tantos misterios por descubrir… bien podía ser aquel lugar alguno.

Estaban en tierras jamás pisadas por nadie. En ese sentido, era incluso emocionante.

- Ok. Vamos. Encontraremos algún sitio para pasar la noche.

Juntos, comenzaron a andar. De mutuo acuerdo dejaron el pañuelo que llevaba Hermione atado al cuello en el lugar donde habían aparecido ambos. Lo ataron a un árbol. No querían perder ese sitio, lo tomarían como referencia.

Draco esperaba encontrar una cueva o similar. Lo más importante era tener un lugar apartado y seguro. No tardaría en anochecer.

Por supuesto, tenía su varita con él, y su mano no dejaba de sostenerla. Aún no sabía si ella tenía la suya, y era una medida de prevención básica.

- ¿Crees que hemos sido transportados Granger?

- No, no lo creo. Yo no sentí exactamente lo mismo que al ser transportada.

- Cierto.

- Se me ocurre que quizás aún estemos en el ministerio.

- ¿En el ministerio?

- Sí, ya sabes… -por primera vez en mucho rato, ella sonrió- Como si fuéramos dos liliputienses.

- ¿Lili.. qué?

- Ah, claro, tú no lo entiendes. Es una novela muggle… -guardó silencio esperando un comentario despectivo sobre su origen. Pero no lo hubo-.

- Y dime¿qué pasa exactamente en la novela?

- Pues verás, es un libro muy famoso escrito por…

- Ok, déjalo. –no le gustaban las explicaciones largas, sino las respuestas sencillas y concretas-. Simplemente explícame la conexión.

- Creo que aún estamos en el ministerio, que al tocar la pared fuimos reducidos de tamaño, y que en realidad la mancha es todo este extraño mundo en el que estamos metidos. Como si estuviera concentrado todo en la pared detrás de la puerta.

Nuevamente silencio entre los dos. No era una explicación genial, pero podía ser posible. La sensación de "ser aplastado" que sintieron al llegar allí… De todas formas, aun no sabían como salir, que era lo realmente importante.

- Pudiera ser, pudiera ser…

Después de la breve conversación, siguieron caminando. No tenía forma de guiarse, aparte de su instinto. Hermione iba metida en sus pensamientos, seguía a Draco que mantenía incansable su varita en ristre, como si de una lanza se tratara.

Acababan de tener una charla civilizada. No habían discutido ni una sola vez, ni siquiera al mencionar a los liliputienses. Nunca les había pasado algo así. Mejor dicho, nunca les había "no pasado"… siempre se peleaban, como si no fuesen capaces de hacer otra cosa. Total, nunca tenían nada que decirse que fuera medianamente inteligente. Solo usar el rencor acumulado durante años.

Claro, nunca había pensado que aquel rencor se gastaría antes o después. ¿Qué harían entonces?

Por lo pronto, habían tenido su primera conversación pacífica. Y eso ya era decir.

Además, Draco parecía otra persona estando tranquilo, en vez de al acecho, esperando su ataque, siempre a la defensiva.

Recordó el beso del ministerio. Ese beso…

Quizás por un momento olvidaron que eran Draco Malfoy y Hermione Granger, su enemistad que se había hecho normal entre ellos, su profundo odio, ser un sangre-pura y una sangre-sucia… Quizás por un momento Draco sólo fue un hombre, delante de una mujer, sólo por un momento no hubo nada más, se perdieron las barreras y surgió el deseo que ellas tapaban.

Aquella sensación fue muy frágil, como un susurro, una telaraña, un sueño que se desvanecería, se perdería si se hablaba demasiado fuerte. Y se perdió, claro que sí, pero ahora ellos estaban solos, y quién sabe por cuanto tiempo…


Y... fin por ahora! Este capítulo ha salido un pelín más largo, pero tenía que ser así. ¿Y qué pasará en el próximo? Pues... solo como pequeño adelanto os diré que los rebeldes van a empezar a activarse de verdad, y que va a pasar algo crucial para la relación Draco y Hermione...

Reviews! XD