Solo unas cosillas antes de dejaros el siguiente capítulo.
La primera que a partir de ahora los reviews los contestaré al correo -bueno ya os habréis dado cuenta :P -, y la segunda que muchas gracias por leer. Un beso muy fuerte a todos los que os interésais por esto, y en este caso, de forma especial a Miss Boop y Pumuky por dejarme vuestros reviews!
Capítulo 8: Multijugos
Desde luego que esa habitación era la de la chica. La cama con doseles perfectamente hecha, el escritorio… y la puerta en la pared que el rubio supuso que daría entrada a un baño particular de la estancia.
- ¿Qué quieres que hablemos los dos solos en tu habitación, Granger? -Draco lo dijo con voz melosa esperando sobresaltarla, ella no parecía haberse dado cuenta aún de lo comprometido de la situación.
Y Hermione se sintió avergonzada. Había llevado a Draco a su habitación! Por Merlín! Nadie entraba en su habitación! N-a-d-i-e! Y la primera persona en entrar tuvo que ser precisamente su "bombón". Por si fuera poco la mente del chico había tenido que pensar lo peor, ella no quería hacer nada con él…
Cuando llegaron al ministerio, pensó que lo mejor sería irse de allí antes que alguien "chocara" con ellos. Seguían teniendo consistencia material pese al hechizo desilusionador. Lo más inmediato fue aparecerse en su casa, y por costumbre lo hizo en su dormitorio. Fue –se repitió a sí misma- un acto reflejo, necesitaban hablar sobre cómo repartirse el trabajo de la poción VT.
- Eres un… un pervertido, Malfoy. Debemos hablar sobre el informe, tenemos una tarea pendiente, no?
- Yo creo que tus intenciones al traerme aquí no son "hablar". En cualquier momento te vas a tirar encima mía. Sé que soy irresistible, pero…
- ¡Eres un imbécil!
- Tus jadeos de anoche sonaban mejor, cielo.
Él disfrutó tanto o más que ella entonces, claro. Pero es que se sentía… extraño… estando a solas con la chica en su habitación. No era para él, ni él para ella, y quizás era eso lo que la hacía tan excitante. Que lo llevase a su dormitorio puso todos sus músculos en tensión y sólo tenía dos opciones en mente: hacerle el amor (una vocecita en la cabeza le decía que ella correspondería, no?) o descargar la frustración discutiendo.
Así que se sentó en una silla, sonriendo, esperando insultos por parte de la castaña.
Pero, sorprendentemente, ella tenía otros planes.
Su expresión era maliciosa y seductora cuando se le acercó. Pasó sus piernas alrededor de sus caderas sentándose encima de él. Después se le acercó y le susurró al oído. Lo hizo lentamente, disfrutando cada palabra y cada sílaba pronunciada:
- Perdona. Creí que tus gemidos al sentirme rozarte no te dejarían escuchar los míos.
"Hermione:1-Draco:0" -se dijo- y después se alejó de su lado.
Se levantó asustadacuando una lechuza oscura tocó en la ventana.
La castaña se dio prisa en coger el pergamino. Era Ron. Ignoró totalmente al rubio para centrarse en la lectura.
Estaban preocupados por ella. Normal. ¿Cuánto tiempo llevaban fuera? Miró el reloj de su mesita de noche. ¡Más de un día fuera! Había perdido dos mañanas de trabajo. La inmediatamente posterior a su incursión al ministerio y la del día actual en que se encontraban. Y dado que ya eran las diez de la noche, tampoco había dado señales de vida por segunda tarde consecutiva a sus amigos.
Garabateó una respuesta tranquilizadora y mandó la lechuza de vuelta al pelirrojo.
Brandon, dispuesto en unprincipioa comprar a Nott para el bando de los "ganadores" se había presentado a verle hacia unas horas.
El rubio joven expresó su deseo de unirse a los rebeldes ante la hipocresía que veía en el mundo mágico recién restaurado. Parecía muy enfadado, y dispuesto a dar ese cambio ideológico.
Theodore aceptó. En otro caso, se hubiera negado aunirse a un desertor… No conocía mucho a Brandon, sólo los minutos que pasaron reunidos clandestinamente días atrás, pero él tenía mucha información sobre el ministerio. Eso lo pudo apreciar cuando hablaron. Era un gran punto a su favor. Los rebeldes necesitaban información. Y Brandon fue quien le dijo que el hermano del ministro buscaba la poción. Había sido una noticia muy útil.
Ahora Nott necesitaba comprobar la fidelidad del muchacho. Por ese motivo aceptó su incorporación al grupo con una condición: Brandon ayudaría en el golpe al callejón Diagón. Ya quedaba menos de una semana y los materiales estaban comprados, la explosión costaría algunas vidas de magos-amantes-de-impuros, pero eso al exslytherin no le importaba.
¿Y todos sus camaradas muertos? Bien merecían una revancha, ser resarcidos.
A esas horas Brandon debía de estar acabando de poner las primeras cargas en puntos estratégicos de la calle. Era de noche, y la mayoría de comercios estaban cerrados.
Mientras cierta gryffindor mandaba una lechuza a su amigo Ron para tranquilizarle, en otro punto de la cuidad Nott recibía una del recién incorporado al grupo. El contenido era escueto pero claro: los primeros explosivos ya estaban colocados y escondidos.
-Espero que sepas que lo que acabas de firmar te ata mágicamente.
- Claro –espetó, seco.
Al igual que hizo para asegurarse el silencio en la reuniones del Ejército de Dumbledore en quinto curso. Igual de sencillo y eficaz. Draco y ella firmaron un papel, una especie de contrato vinculante mediante el cual se comprometían a mantener en estricto secreto tanto la información que tenían, como la que pudiesen obtener la poción VT. Cada uno se quedó una copia y a regañadientes Draco fue quien guardó la carpeta. La tendría en su mansión, que era –obviamente- más grande, más segura y más mágica que el muggle piso de Hermione.
El rubio pensó que las cosas no habían salido tan mal. Iba a contar con la ayuda de una de las brujas más inteligentes que conocía para ayudarlo a descubrirlo todo. Ninguno de los dos podría hablar sobre sus avances con nadie, sería un secreto entre ambos.
Pero el contrato les obligaba a mantener silencio hasta que se acabara la investigación. Hablaría con Nott a la mañana siguiente. No le diría nada de la ayuda de la chica, no quería implicarla. Simplemente le explicaría que cometió un error, y que un hechizo de seguridad de la carpeta se volvió contra él, y no podría revelarle ningún avance de forma progresiva. Todo de un tirón al final.
Y Hermione. Después, simplemente la…la… -el pensamiento se le atragantó un poco- bueno sí, la mataría y vendería lo obtenido. Simple y eficaz.
Él ya le había contado todo lo que sabía sobre la poción. Su verdadera finalidad, el por qué de su existencia y de su importancia. Le dijo que los inefables a los que oyó hablar de ella, le permitieron enterarse de los detalles. Nuevamente, Hermione creyó su mentira.
Primero vio sorpresa y luego su determinación en averiguarlo todo. Ella pensaba que algo tan peligroso no podía estar en manos equivocadas. Su inocente intención era el mero hecho de conocer los secretos, los trucos y la mente del mago más poderoso de todos los tiempos. Y luego… destruir la información. Saber por saber. Aprovechar sólo conocimientos teóricos aplicables en otros campos de la magia. Y Draco le permitió creer que estaba de acuerdo con su noble idea.
- Te espero mañana por la tarde en mi casa para comenzar a trabajar, cielo.
A la mañana siguiente, Harry pasaba los ojos de Neville hacia Luna y viceversa. Los dos le hablaban a la vez y atropelladamente.
- Calmaos. Lo he entendido todo. Simplemente visteis a Nott cerca del callejón Knockturn. Comprendo que ver a un exmortífago paseando por un lugar… sospechoso, y más después de que os confiara mis sospechas sobre su pertenencia al grupo rebelde… da mucho que pensar en estos días aun inestables. Gracias por haber venido, tendré a los aurores en alerta pero no puedo poner toda la carne en el asador solo por verle allí.
- Sabemos que tienes razón, Harry –dijo Luna-. Pero él estaba extrañamente feliz… no sé, tuvimos un presentimiento tan malo… Tú estás al mando de los aurores y pensamos que avisarte sería lo correcto.
- Iros tranquilos, pareja –bromeó Harry viendo cómo se sonrojaban-. No pasará nada.
La sonrisa y confianza de Harry les tranquilizó y salieron de su despacho. Pero justo después de que se fueran empezó a pasear por la habitación. No se fiaba nada de Nott.
Mandó pergaminos a sus aurores de confianza. Extremaría la precaución en Hogwarts, Hogsmeade, el callejón Diagón, las residencias de los magos más influyentes… nada espectacular, solo un par de hombres más, pero todos con los ojos bien abiertos. El caso es que, aunque no lo admitió delante de sus amigos, a él también le daba todo mala espina. Los esbirros de Voldemort querrían demostrar su fuerza, y Harry quería cortarles las alas lo más pronto posible. Una rebelión en una situación política tan tensa… podía echarlo todo a perder.
El día se presentaba cargadito. Hermione tuvo que ir a disculparse personalmente por su ausencia dos mañanas seguidas. El señor Malory le tenía aprecio a una de sus mejores empleadas, pero no consentía las faltas sin justificar. Katie acusó su ausencia a una enfermedad del padre de la chica, y Hermione se apoyó en esa excusa.
Pero eso no fue todo, claro. Tuvo también que enfrentarse a la acumulación de trabajo de los dos días. En medio de pociones VT, del rubio que se colaba en sus pensamientos, de horrorosas pesadillas que tuvo la noche anterior imaginando a Voldemort resucitado, nuevamente el rubio, temer que les pasara algo a sus amigos o a ella misma por culpa de los rebeldes, el rubio, el nuevo mundo que acababan de descubrir y su investigación en común con el rubio… en fin, en medio de todo ese maremagnun parecía imposible pensar en algo tan absurdo como…
- …estúpidos giratiempos!
Y esto último lo dijo a voz en grito. Menos mal que estaba sola. Los pensamientos que hacía le iban erizando el vello cada vez más, se estaba enfadando por momentos al ver todos los problemas que tenía y sobre todo la asombrosa facilidad con la que él se había colado en su vida y…
Además arreglar aquellos cacharros era más difícil de lo que pudiese parecer. Eran un objeto muy controlado y secreto, y primero debía informarse teóricamente sobre su construcción. Mientras esperaba esa información –que obviamente tenían que darle, no había ningún libro titulado: "El giratiempo sin secretos, una guía clara para el mago de hoy"-, bueno mientras esperaba simplemente miraba algunos recordándose el curso tan duro que tuvo usándolos.
Después, pasó la hora del almuerzo con Harry y Ron, dos expertos aurores –después de aquel día no le cupo la menor duda de su profesionalidad- interrogándola sobre su ausencia tan prolongada. Y a ellos, como a todos sus amigos, les contó que había estado enferma. Bendita y socorrida mentira que todos hemos dicho alguna vez. Y que, dado lo poco o nada que mentía Hermione, sus casi-hermanos creyeron ciegamente.
- Bueno, Herm. Esperamos que estés ya mejor. ¿Verdad Ron?
- Cierto, amiga. Este fin de semana nos vamos de fiesta a la discoteca mágica más famosa de Londres. ¡La discoteca "Multijugos"! Hace meses que no nos divertimos todos juntos, y sinceramente nos lo merecemos. Así celebraremos tu buena salud.
La castaña sonrió sinceramente.
- Eso sería estupendo, chicos. Contad conmigo.
"Vaya", se dijo a sí misma cuando después de comer volvía a casa. "Por fin algo interesante a la vista". Salir de fiesta era justo lo que necesitaba. Tanta tensión, trabajo, tanto Draco… Ella era una mujer joven, caramba, le gustaba salir como a todo el mundo.
Pero por lo pronto, aquella tarde tenía su primera cita en la mansión Malfoy. No se podía aparecer en una propiedad privada, así que lo hizo justo delante de la misma.
Y al llegar allí, descubrió por qué aquel edificio se merecía el título de mansión. La boca se le quedó parada en un gesto de absoluta sorpresa. Lo que tenía ante sus ojos era hermoso, como un cuento, fascinante y la vez…
Era lo que se cabía esperar de un Malfoy. Lujo y presunción.
La imponente edificación estaba vallada, y solo una verja daba acceso a ella. Bellísimos y cuidados jardines con todas las flores y arbustos más hermosos que ella recordaba haber visto estaban detrás de las rejas. La casa estaba hecha en piedra, con el escudo familiar bien visible sobre la puerta.
Después de unos minutos, se decidió a llamar al extraño timbre.
En unos segundos Draco abrió sonriente. Por fin jugaban en su campo, y a leguas se veía la seguridad en sí mismo, la pose segura y seductora, el irresistible modo en que los mechones rubios caían sobre su frente, dándole aquel aspecto descuidado –aunque no fuera así realmente-. Lo tranquilo que estaba apoyando un hombro en la pared, vestido de forma casual… Más de siete años de enemistad y sincero odio no se olvidaban en un par de semanas, cierto. Pero Hermione tuvo que reconocer –nuevamente- lo atractivo que era, el imán irresistible que era para ella su cuerpo. Él siempre se mostraba tan orgulloso, aun arruinado. ¿Qué tendría entre manos? Él recuperaría su honor, su dinero, la gryffindor lo sabía. Su constancia también la atraía. Pero sin duda, lo que más la atraía de él era lo imposible de esa atracción fatal.
- Pasa, te enseñaré brevemente la casa. Después nos pondremos a trabajar.
Hermione se reprendió a sí misma después por no haberle dado una respuesta mordaz e inteligente, pero es que aún estaba visiblemente impactada por la majestuosidad de todo aquello.
Y aunque intentó no mostrarlo, siguió impactada con la "visita guiada" por la mansión Malfoy. Vieron una selección de los mejores jardines ("Verlos todos nos ocuparía mucho tiempo", le dijo), el pequeño campo de quiddith, la piscina, una gran nave que resultó albergar una piscina cubierta y un jacuzzi (Hermione cortó rápido los pensamientos que le vinieron a la cabeza al ver este último)… Ya dentro: el salón de invitados, el salón de baile, algunas terrazas, la biblioteca y por último el despacho del chico.
- Aquí trabajaremos. Te prometo la privacidad. Vivo solo, a excepción de los elfos domésticos que se ocupan del trabajo del hogar.
- ¿Tienes elfos domésticos?
- Claro –respondió, ufano.
- ¡Cómo eres capaz¡Son criaturas mágicas! No tienes ningún derecho…
- Yo respeto la ley. Cuando se nos informó que gracias a… ti, debíamos pagarles un mínimo a los elfos domésticos, lo hice. Ya no estoy en el bando de Voldemort y me he esforzado por ser amab… caballeroso y educado esta tarde. Pero claro, tú te empeñas en dudar de mí constantemente.
Había mentido otra vez. Pero no del todo. Desde que ella había llegado, se había esforzado por ser atento, sobre todo por no discutir. No sabía exactamente por qué lo había hecho, quizás porque estaba acostumbrado a llevar chicas a su casa que normalmente no le gritaban (o al menos, no le gritaban por estar enfadadas con él, sino más bien todo lo contrario). Además en su casa se sentía más Malfoy que nunca, y un Malfoy estaba por encima de todo, pero no perdía jamás su elegancia, su porte.
Nott había sido informado de la situación y pronto contestó a su lechuza. Aceptó las explicaciones del rubio, pero le indicó que debía darse prisa. Había que ponerse manos a la obra y no podían hacerlo si estaban discutiendo… como siempre.
Fuera como fuese, se dijo, parecía que había funcionado. Ella se había callado. Pero es que Hermione tenía todas las luces de alarma de su cerebro encendidas. Malfoy siendo amable definitivamente no era algo muy normal, y la inducía a pensar que estaba tramando algo. Por eso, se enfadó con él de esa forma tan absurda. Mejor estar discutiendo que en esa situación de extraña paz y fingida cortesía.
Tres horas después, se observaba en el despacho de Draco la más extraña escena imaginable: él y Hermione, juntos –no muy conformes- pero sin discutir a voz en grito, trabajando juntos y coordinados.
Habían conseguido abrir rápidamente la carpeta. Pero claro la cantidad asombrosa de hojas que contenía estaban escritas en algún tipo de código, que además no tenía que ser el mismo para todo el conjunto. Tenían trabajo para rato.
Así que ella se dedicó a buscar entre los libros algún hechizo de ocultamiento de información, y él se entretuvo en buscar relación con métodos en encriptación de datos.
Lamentablemente, se había hecho tarde sin lograr ningún avance destacable. Hermione fue la primera en romper el silencio.
- Me voy ya… mm –dudó, había estado a punto de decir su nombre-. Hasta mañana.
Él respondió de forma fría.
- Mañana no será posible seguir trabajando…
- ¿Por qué …?
- Eso no importa. El sábado por la tarde te espero aquí para continuar.
- No puedo. Tengo que… -no vio oportuno decirle que no podía ser porque se iba de fiesta con sus amigos-… el caso es que no puedo.
Draco no dijo nada, aunque hubiera querido saber qué pasaba tan importante. Él tenía un motivo: al día siguiente tenía reunión con los rebeldes, pero ella… ¡Nada era lo suficientemente importante como para negarle! "¡Yo, quiero decir, nuestra investigación, está por encima de… de lo que sea!"
Los dos habían perdido la cuenta de todas las veces que estuvieron a punto de iniciar una fuerte discusión. Y por tanto, las veces que contuvieron las ganas de decirse un par de verdades… Eran una olla a presión a punto de estallar… Pero nuevamente, Draco se contuvo:
- Muy bien. Domingo por la tarde entonces. Te estaré esperando. Buenas noches, cielo –definitivamente estaba cabreado, y se notó en la forma en que recalcó irónico la última palabra-.
- Buenas noches.
- …
Hermione se mordió el labio nerviosa.
- ¿Podrías acompañarme a la puerta? Es que tu casa es un laberinto inmenso y…
- ¿Quiere la dama una choza de barro la próxima vez?
- No estúpido. Tú conoces tu casa, pero yo no. ¿Qué hay de raro en eso?
Ya estaban empezando otra vez. Él se había levantado, obviamente con intención de que ella lo siguiera. Siguieron discutiendo mientras llegaban a la puerta.
- Muy bien. Te acompañaré. Y tranquila, la próxima vez ordenaré a uno de mis explotados elfos domésticos que pongan una alfombra roja para ti, sólo tendrás que seguirla para no perderte, cielo…
- Eres un orgulloso, mal criado, vanidoso…
- … atractivo, elegante…
Estaban en la puerta.
- Me voy. No soporto más tu presencia.
- Claro, gracias por decírmelo. Me hubiera pasando los días extrañándote en otro caso.
La castaña no aguantó más. Levantó su mano con la obvia intención de darle una sonora y merecida bofetada.
Pero él se adelantó a su idea y le sujetó la muñeca, mientras la atrapaba entre la pared y su cuerpo. Inmediatamente la castaña se sonrojó. Aquello ya lo habían vívido. Y por la cara que puso Malfoy, también él lo recordaba. La noche anterior, cuando Hermione se le acercó… le sujetó la muñeca para impedir que se fuera. Exactamente como ahora.
Ya no tenían rostros enfadados, sino ligeramente confundidos y acelerados. El destino debía de estar escrito contra todo pronóstico, y se empeñaba en acercarlos una y otra vez. La chica se atrevió a mirarlo a los ojos y temió que en sus ojos se reflejara la pasión de forma tan clara como en los de él.
No dijeron ni una sola palabra. Hermione se deshizo de su cuerpo y se fue.
"Menos mal que no nos veremos hasta el domingo", pensaron ambos cuando se cerró la puerta.
Si el destino hubiera sido una persona, ahora se hubiera reído a carcajadas. Desde luego que no iban a estar tanto tiempo separados.
Y por octava vez, digo FIN de momento.
Ahora me sentaré a decidir que hago con nuestros queridos protagonistas mientras espero vuestros comentarios!je,je,je
