Nuevo capítulo!

Besos a todos lo que leéis la historia, y en especial a Psicodelyc corpse, Vicu-Malfoy, Silviota, Miss Boop, Pumuky, Hanna y oromalfoy! Muchas gracias por la cantidad y calidad de los reviews recibidos! XD


Capítulo 10: Encapuchados

No los habían descubierto juntos por tan poco…

Se vistieron en silencio, huyeron escurridizos sin ser vistos por nadie.

Hermione fue con sus amigos lo más rápido posible. No sabía donde estaba Draco, pero supuso que habría vuelto a su mansión. Mejor no verlo por ahora.

La música seguía retumbando fuerte. Cientos de personas bailando, bebiendo, riendo… Cómo podían estar todos tan felices? Se había acostado con su peor enemigo! Y el mundo seguía adelante tan insolente! Debería pararse a-h-o-r-a! Tenía que darle tiempo a pensar en lo que había pasado.

Los gemelos recibieron a la castaña con una sonrisa traviesa. Obvio que todos pensaban que se había entretenido porque había conocido a un chico. Pero ella fue sincera: les dijo que yendo de camino al baño vio a un compañero de trabajo y se entretuvo hablando con él. No la creyeron del todo, claro.

"Bueno –se dijo- les he mentido lo menos posible. He estado con un compañero de trabajo… ¿no? Teóricamente eso no tiene nada de malo…"

El resto de horas hasta el amanecer se pasaron en un suspiro. Se sentía como un aparato mágico: funcionando por algún sortilegio, sin ser consciente de sus actos. Bailó, habló, sonrió de forma totalmente automática.

Ni siquiera intentó quitarse de la cabeza lo que acababa de vivir con el rubio. Sonrió. Su eterno enemigo! Lo odiaba! Se odiaban! Y a él le había importado? No…¡qué bah! Lo peor de todo no era que se hubiera acostado con él, ni que lo hubiera hecho después de besarlo en mitad de la discoteca más famosa de Londres, tampoco que hubiera ocurrido prácticamente en público de no ser por la pared de espejos… lo realmente importante, lo que le provocaba sensación de mareo, era voz de su subconsciente diciéndole que volvería a hacerlo. Y luego la voz de su parte lógica regañándola por pensar algo así.

Sacudió su cabeza como si así el pensamiento fuera a salir de ella.

- ¡Hermione!

Menudo susto, caramba. Por cosas como estas el mundo debería haber parado. La castaña no estaba para sobresaltos. La que hablaba era Ginny, llamando la atención del grupo.

- ¡Escuchadme todos! Es tarde, ir acabando vuestras copas y despediros de los ligues de la noche –guiñó un ojo a Hermione-. Nos vamos al Callejón Diagón a tomarnos el desayuno del día-después-de-la-fiesta. ¡No quiero ver ni una cara ojerosa! Pasaremos allí la mañana.


Katie estaba pasando la mejor noche de su vida. Por unas horas aparcó a un lado su conciencia, que siempre le recriminaba lo mal que se había portado al traicionar a su amiga. No quería pensar en eso. Y lo consiguió. Se dedicó en cambio a disfrutar de la compañía de Ron.

Estaba guapísimo. No comprendía como unos pantalones claros, aburridos, no demasiado ajustados podían sentarle tan bien. Tampoco en qué momento la oportuna camarera despistada tuvo que tirarle encima las bebidas, haciendo que se marcara claramente la camiseta contra su piel. ¿Tanto le gustaba?

Aunque él no la quisiera, daba igual. Aprovecharía la noche estando con él. Al día siguiente pensaba contarle a Hermione toda la verdad. Comenzando por el chantaje que le hicieron los dos hermanos Malory: el ministro y su propio jefe. Tenía que contarle los motivos por los que aceptó el chantaje, y la siguió y vigiló a todas horas.

Sería impactante, pero esperaba ser perdonada. Desgraciadamente, Ron se enteraría y el interés que pudo tener en ella se esfumaría.

Que pena que la noche se acabara…

- ¡Katie! –Ron tuvo que hablar en su oído para que ella lo escuchara. – Nos vamos dentro de media hora. Iremos a desayunar todos juntos…

Ella solo asintió. No vio la mirada que cruzó Ron con su mejor amigo.

- … pero ahora ven conmigo. Acompáñame a dejar los vasos en la barra.

- Ron… Ron… -también le habló al oído-. La barra más cercana está justo en dirección contraria…

Sería inútil que el pelirrojo la acercara para tenerla más cerca. Estar más cerca era imposible.

- Katie –Se separó unos centímetros, le sonrió seductor y con asombrosa tranquilidad levantó una mano hasta acariciarle una mejilla-. Ven conmigo ahora.

Suspiró. ¿Cómo se resistiría a sus encantos?

- Claro.


El grupo estaba ya en la puerta de salida. Las chicas que estuvieron con los gemelos se habían ido, al igual que los tres amigos de estos. Estaban todos: Harry, Ginny, Fred, George, Hermione, Neville, Luna… Ron,dónde estaba Ron?

Al no verlo, George preguntó por su hermano y sutilmente Harry cambió de tema. La castaña no necesitó más para atar cabos mentalmente. No sólo faltaba el menor de los Weasley, tampoco estaba su amiga.

- Vamos chicos, -dijo Ginny animada-. Después de tanto baile, lo mejor es un buen desayuno. Tengo tanta hambre que me tomaría un hipogrifo.

- Ja,ja,ja. –rió Harry mientras le daba un toque cariñoso en la nariz-. Lo cierto es que yo también tengo hambre. Y ya que no vamos a dormir nada, podríamos acercarnos después a ver las nuevas escobas de carreras… Es domingo y estará todo lleno de gente. Va a ser el broche final perfecto para nuestra salida, verdad?

Al Callejón Diagón. Toda la mañana.

Hacían planes animados, sin saber que en cuestión de minutos estarían rodeados de una fuerte carga explosiva. Y que probablemente sufrirían los efectos de la masacre en primera plana.


Draco había ido a dormir inmediatamente. Después de la súbita interrupción, casi huyó de la discoteca. Se disculpó con sus amigos de forma escueta, deseando llegar pronto a casa para poder descansar.

Era una bendición vivir solo. Los elfos domésticos eran tremendamente discretos, alguno de ellos debió ver la cara de pocos amigos con la que llegó el rubio y el dueño de la casa no se cruzó con ninguno.

¡Qué cambio! Del barullo de la discoteca a la soledad tranquila de su mansión.

Estar con Hermione fue distinto. Diferente. Con otras chicas ya había vívido momentos de intimidad como ese, pero nunca sintiendo con tanta profundidad cada gesto, cada caricia… Ella no era distinta a la demás, no tenía por qué ser así…

Se convenció a sí mismo de que el motivo era que ella no era de sangre limpia. Eso sumado a las semanas de contención, la hizo más atractiva aún a sus ojos.

De todas formas, era absurdo negar la atracción existente. No estaba arrepentido, y a la vez sabía que lo que había hecho no estaba bien. Los dos se habían dejado llevar sin pensar en las consecuencias. Tenían que verse todos los días en el trabajo, más el "extra" de su investigación juntos.

Pasar juntos mañanas enteras trabajando…. Para luego volver a pasar tardes enteras de más trabajo, para luego soñarla por las noches. ¿No se libraría de ella nunca? Afortunadamente para él, su interés desaparecería pronto: ya había conseguido lo que cualquier hombre quería, no?

Pero aún no estaba tranquilo, tantos problemas le estaban aturdiendo y bloqueando la mente. Los alejó y, después de cambiarse, se acostó.

Tardó horas en dormirse. Y cuando se durmió, fue una noche tranquila, sin sueños. Parte de los sueños habían cobrado vida hacia unas horas con ella y quizás por eso le dejaron descansar tranquilo esa noche.


- Fred! ESE CAFÉ ES MÍO!

- Entonces de quien es este vaso de leche? Yo he pedido un descafeinado!

- Mío –dijo Ron.Él y Katie se unieron al resto puntuales para el desayuno-. Pero yo tengo un chocolate caliente…

- Es de Luna –aclaró Harry-… yo tengo un…

- Café que es mío Harry… Pásalo! Eh! Cuidado que quema!

Se lo estaban pasando genial. Una chica adormilada les sirvió el desayuno (por el tamaño del mismo, bien podría ser la comida para un ejército) y desgraciadamente confundió todos los pedidos.

Riendo por la cómica situación, empezaron a devolverse la comida, aderezado todo con bromas de los gemelos, payasadas de Ron…

- Deberíamos salir más a menudo –sugirió Harry- Aunque como nuestra amiga la camarera nos vuelva a ver por aquí es posible que nos eche a escobazos…

Su ocurrencia fue celebrada con una nueva carcajada.

Con el paso de las horas la comida se fue acabando, y dio paso a un partido de ajedrez mágico entre Harry y Ron, animado por los gemelos y por algunos interesados de la cafetería que no estaban acostumbrados a ver tanto alboroto un domingo por la mañana.

Ganó Ron como casi siempre. A pesar del despiste que suponía ver a Katie sonriéndole y animándole. Hermione sospechaba (que es una forma como cualquier otra que decir que estaba totalmente segura) que había pasado algo entre el pelirrojo y la morena. Cuando tuviese oportunidad preguntaría discretamente a Katie.

Además se moría por saber qué era eso que tenía que confesarle su amiga. Estaba muy intrigada. Cuando se lo dijo parecía tan preocupada…

Mientras tanto, fuera la actividad continuaba su curso normal. El reloj que controlaba las cargas seguía astutamente escondido. Y cuando los amigos salieron de la cafetería marcaba las nueve y algunos minutos de la mañana. En menos de una hora, explosivos repartidos por la mayoría de los tejados estallarían sincronizadamente. Las rocas desprendidas caerían justo sobre los transeúntes. Ni un rebelde estaba allí esa mañana. Todos estaban avisados de mantenerse lo más lejos posible.

Y la hora pasó pronto. Comenzaban a notar el cansancio, y en poco tiempo más volverían a casa. A dormir. Se lo merecían. Ginny estaba echada parcialmente entre Harry y Fred con unas ojeras cada vez más claras; Katie, George y Ron entretenían a Luna y Neville que también tenían caras de sueño muy delatadoras.

Pero Hermione tuvo un mal presentimiento. Dejó de andar y se quedó quieta algo alejada de los demás. "Algo está mal", fue lo último que pensó antes de caer al suelo bajo el peso de decenas de ladrillos. Lo último que oyó fue la fortísima explosión y los primeros gritos de terror.

Después: el desastre, el caos. La tranquila apariencia que ofrecía el callejón Diagón un domingo cualquiera por la mañana cambió por completo. Ya no había niños corriendo, mayores paseando, gente curioseando las tiendas, vendedores gritando sus mercancías…

Un ruido comparable a mil truenos, profundo, grave y estremecedor. Rocas, piedras, peñascos… caían sobre el pavimento destruyendo todo lo que atravesaba su trayectoria.

Más gritos de terror, veía ya los primeros indicios graves, las primeras caras cubiertas de sangre, las primeras lechuzas volando para informar a familiares y autoridades.

Hermione estaba mareada por el golpe, la cabeza le daba vueltas, se acercó a un lado de la calle para poder echarse en una pared.

¿Dónde estaban sus amigos? Los había perdido, la multitud histérica no la dejaba pensar, cada vez llegaba más gente que había escuchado la explosión, así como los primeros representantes de la ley.


Ron perdió por unos momentos el conocimiento. Había recibido un impacto fuerte en la cabeza. Se despertó mareado y aterrorizado. Qué había pasado? El callejón Diagón! Estaba solo, no veía a nadie conocido. En segundos se calmó y empezó a pensar fríamente: era un auror por algo. Lo principal era asegurarse de que no había más cargas, encontrar a los demás e intentar que no cundiese el pánico.

Sacó la varita de la túnica. Las personas con las que se cruzaba eran víctimas de la explosión, pero podía encontrarse con algún responsable de la masacre o con un nuevo ataque. Tenía que estar preparado para todo.

Al primero que vio fue a Harry. Con un sencillo hechizo convocador tomaron dos escobas de la tienda cercana y sobrevolaron la zona, coordinados. Veían tejados dañados. En ellos estarían colocadas las cargas. Los revisaron cuidadosa y rápidamente: por lo menos ya no quedaban más explosivos por detonar.

Había algunos aurores y medimagos en la zona. Harry se dirigió a ellos y les explicó lo que habían vívido.

Después, bajaron al suelo para ayudar en lo posible. Había personas atrapadas entre los escombros.

Por los gritos desesperados que oían, ya se habían encontrado algunos muertos.

Muertos… Aunque fuera solo uno, era sobrecogedor. Un domingo cualquiera había acabado en la mayor tragedia desde el fin de la guerra.

Ninguno de los dos amigos se decía nada. Estaba claro que pensaban lo mismo. Los rebeldes. Ellos habían provocado todo aquello.

Hermione fue la siguiente en unírseles. La vieron aparecer andando con cara preocupada delante suya. Les tomó de la mano y se abrazaron. Eso tranquilizó un poco. Volvían a estar los tres juntos.

Caminaban lentamente entre el caos. Debían encontrar al resto.

La siguiente en aparecer fue Ginny. Le sangraba la rodilla, estaba aturdida y asustada, toda su ropa estaba llena del polvo provocado por el ataque. A pesar de la herida, cuando los vio corrió para abrazarlos. Los gemelos estaban cerca de su tienda, con Neville y Luna. No parecían lastimados y se alegraron de ser encontrados.

Solo faltaba Katie.

Todos estaban preocupados. Debía de haber aparecido ya. Podía haber algún exmortífago escondido para hacer más daño aún –nadie dudaba en asignar la autoría del crimen a los rebeldes-.

Se dividieron para buscarla. Cada uno de ellos en una parte del callejón, levantando trozos de pesadas rocas, dando vueltas a cuerpos inconscientes que estaban tirados en el suelo…

"Ella estará bien –se decía Ron-. Es difícil encontrar a alguien en medio del caos. Eso es todo. No pasará nada malo."

Estaba a punto de reunirse con el resto en la tienda de los gemelos. Prácticamente había recorrido la totalidad de la zona que le tocó revisar sin localizar a Katie. Esperaba que los demás tuvieran mejores noticias.

Confiando en esa posibilidad, levantó mecánicamente una pesada roca. Alguien respiraba entrecortadamente bajo su peso. Antes de volver la rescataría, fuera quien fuera.

Nada de lo que hizo en su entrenamiento como auror le había preparado para lo que vio.

Era Katie.


El ministro ya había sido informado convenientemente del ataque.

No pareció sorprendido o impresionado. De él se esperaba sangre fría y mente clara para dominar una situación así. Mandó el equipo necesario para hacerse cargo de la situación, ayudar a los heridos y restaurar la calma.

Hasta ahora la situación parecía ser más escandalosa que desastrosa. Para las cientos de personas que debía haber en aquellos instantes en el callejón, un par de muertos y heridos de distinta gravedad… no era lo peor que podía haber pasado.

Sus aurores estarían entretenidos durante bastante tiempo buscando a los autores de la masacre. La sociedad mágica se enfurecería por lo ocurrido y querrían venganza.

"Definitivamente, todo tiene su lado positivo", pensó. Los aurores con las narices lejos de sus asuntos. Buena noticia. Era carta blanca para él.

Después llamó al jefe del departamento de misterios. Debía hablar con su hermano urgentemente.


Katie apenas podía respirar regularmente. Tenía una herida de mal aspecto en el pecho y manchas de sangre y rasguños por todo su cuerpo. Parecía hacer esfuerzos para no perder la consciencia. Le dolía todo, y no sentía algunas zonas. No pudo sonreír cuando vio al pelirrojo. Pero se quedó más tranquila: él la había encontrado.

En unos minutos se vio rodeada por todos sus amigos que la miraban con cara preocupada.

Hermione estaba aterrorizada. Una explosión normal –muggle- no provocaría graves daños. La magia solucionaría lo más grave en pocos minutos. Debía de haber algo mágico en aquel ataque, algo que multiplicase el poder de una simple detonación para hacerla tan mortífera y haber dañado de forma tan grave a tanta gente.

A Katie la llevaron a San Mungo, donde fue ingresada rápidamente en cuanto un medimago la vio. Y por la cara que puso, debía estar realmente grave.

Por ahora no había nada que hacer. Solo esperar, y esperar… y mirarse unos a otros las caras desesperadas, tristes, preocupadas… algún otro conocido estaría grave? Cómo se lo contarían a los padres de ella, a su familia, que ni siquiera eran magos?

Ya habían estado hablando minutos atrás. Los rebeldes. Ellos. Solo ellos. Les habían subestimado. Nadie esperaba un golpe tan contundente por su parte.

Harry estaba serio como nunca: se sentía culpable. Neville y Luna fueron a advertirle, él tendría que haber hecho algo más, debería haber evitado todo esto…

La castaña no aguantaba más allí. Palpó entre los bolsillos de su túnica. No tenía el monedero. Con la tonta excusa de buscarlo salió de allí para tomar la red flu e ir directa al callejón Diagón.


Hermione tomó la chimenea más cercana y en segundos volvió al lugar de la masacre. Decenas de personas angustiadas llamaban a gritos a familiares. Esperaban ilusionadas encontrarlos entre los escombros. La escena era triste, solo se oían llantos… el polvo que se había producido flotaba como una niebla.

Sabía perfectamente que no iba a encontrar su monedero. Y tampoco le preocupaba demasiado el poco dinero que había guardado en él. Había vuelto por qué quería estar en el lugar donde ocurría todo. Quizás encontrara una pista, o quizás simplemente no soportaba ver más tiempo a Katie tan mal. Ella tenía algo que decirle de vital importancia la noche anterior, algo que incluso cambiaría su amistad. ¿Sabría algo del ataque?

Sumida momentáneamente en sus pensamientos la presencia de un rostro conocido la hizo reaccionar.

¡Nott!

Esa miseria! Él había organizado todo aquello, seguro! Lo odió tanto… sentía con claridad su corazón bombeando sangre furiosamente. ¡Buscaría pruebas que lo inculparan! Lo destruiría a él y a todos los engendros que le apoyaban. Cómo pudieron cometer semejante delito? Habían muerto inocentes! Y Katie… el dolor de ver a su amiga en un estado tan inconsciente…

Obviamente lo siguió. Aunque Theodore estaba encapuchado, pudo ver su cara rebosante de felicidad y no notó a la castaña que iba tras de él a distancia prudencial.

Sus pasos los llevaron más allá del callejón Diagón, y aún más allá del callejón Knockturn.

Alguien esperaba a Nott. Alejados del barullo humano y de cualquier mirada indiscreta. Hermione no pudo verlo, porque también estaba cubierto y además de espaldas a ella.

Tampoco podía escuchar lo que decían: estaba demasiado lejos para ello. Pero sí que notaba las carcajadas que no podían reprimir de vez en cuando.

El dolor y el odio se mezclaban en Hermione produciéndole uno de los sentimientos más fuertes que jamás sentiría. Destruiría a los rebeldes uno por uno, los vería sufrir tal y como veía sufrir ahora a su amiga y tantos anónimos heridos…

La conversación parecía llegar a su fin y no quiso esperar más para irse. No debía ser descubierta bajo ningún concepto.

Volvió la vista atrás casi de forma involuntaria. El desconocido que hablaba con Nott ya no le daba la espalda y pudo ver su rostro.

La sorpresa la hizo abrir los ojos de forma exagerada.

Debía hablar con Harry lo antes posible.

Era Draco.


Fin! Que tal? Ha sido revelador? Un poco triste también, pero es lógico que no siempre será todo de color de rosa.

Y en el próximo capítulo…

...pues el esperado encuentro entre Draco y Hermione, por supuesto. XD

Besos y espero vuestros comentarios!