Otra vez comienzo disculpándome por el retraso. Pero es que entre semana me es imposible escribir y sólo tengo huecos el fin de semana. Os aseguro que estudiar no me gusta más que escribir XD, pero la obligación es la obligación.
Miles de gracias por vuestra paciencia y comprensión.
Muchos besos a Hanna, silviota, pumuky, Kawaii Susuwatari, Menfis, Miss Boop y oromalfoy y gracias a todos los que leéis la historia.
Capítulo 12: Rivales
Una semana más de trabajo… y la poción VT no revelaba nada. Después de lo avanzado por Hermione, ese pequeño empujón, sólo tenían frases sueltas. Las hojas no estaban numeradas y buscar una aguja en un pajar hubiera sido más sencillo. La chica esperaba esperanzada encontrar algo para neutralizar el veneno que tenía hospitalizada a Katie, que no mejoraba y se mantenía estable, lo cual no era una gran noticia. Además el trabajo se hacía interminable, parecía que las tardes en la mansión Malfoy duraban meses.
Obviamente, peleaba con Draco, lo contrario era inevitable. Pero mucho menos que lo que se consideraría normal entre ellos, se distanciaba de él, porque sentía que volvía a estar delante del mortífago que vio renacer en el callejón Diagón con Nott. Y eso a veces la asustaba. Había formado en su mente escabrosas teorías, a cual más descabellada.
Se lo imaginaba con sus amigos rebeldes, planeando seducirla para conseguir su ayuda, esperando que la validez del contrato firmado acabara para también acabar con ella. Era una sangre sucia, principal "enemigo" de los mortífagos.
No obstante, él hacia gala de unas excelentes dotes de actuación. Desde que apareció en su vida de nuevo, no la había insultado ni una vez por culpa de su sangre. Ni una vez. No había escuchado de sus labios pretensiones sobre su pureza…
Es más, su calidad como actor lo había echo parecer preocupado por ella. Y de forma muy convincente. Cuando se enteró que estuvo en el centro del ataque, le cambió la expresión por completo.
En otra ocasión, se hubiera extrañado. Hubiera pensado que estaba interesado en ella (y llegados a este punto de la deducción, se reía de sus propias tonterías). El rubio criticándola, pero evitando hacerlo por cualquier cosa relacionada con su sangre sucia, preocupado por ella, deseoso de ella… también fingió eso? se puede fingir una pasión casi palpable?
Así que la castaña aumentaba crecientemente su enfado y delante de él intentaba portarse como un bloque de hielo, como alguien profesional que no tiene relación ninguna con su socio.
Por si fuera poco, los giratiempos no dejaban de darle problemas. Después del susto "oh-dios-mio-nos-han-atacado-los-mortífagos", todo volvió a una rara rutina que incluía para ella arreglar los dichosos aparatos. Debía encajar a mano cada pequeña pieza, realizar con precisión complicados encantamientos… Les estaba cogiendo manía. Le parecían una tarea extra a todos sus problemas. Como un castigo.
Afortunadamente, ahora disfrutaba de un descanso de media mañana. Estaba sentada sola, en una mesa. Removía con un bastoncito de plástico un insulso café de máquina -¿por qué café, si no me gusta el café?-. Justo entonces se sentó alguien delante. Con ella.
- ¿Qué haces tan sola?
Harry estaba preocupado y se sentía muy presionado. A pesar de eso, encontrar a los responsables del desastre era algo personal. Había sufrido toda su vida: la muerte de sus padres, sus enfrentamientos a Voldemort, la pérdida de Sirius, Dumbledore… todo se lo habían arrebatado. Y ahora que parecía que iban a vivir algo de paz, que él iba a poder disfrutar de la vida, pasarla con Ginny…
- Hola George –saludó-.
Se había dirigido a la tienda de los gemelos, necesitaba hablarles.
- Buenas Harry. Ahora mismo estoy contigo. ¿Sabes algo de Katie?
- No hay noticias. Me gustaría hablar a solas con…
- Fred no está. Espera un momento y charlamos.
El local no estaba muy abarrotado. Habían empleado los días post-ataque en restaurar los daños que se habían provocado. Inspeccionó curioso la mercancía expuesta en los estantes: desde luego los hermanos eran una fuente de ideas, se notaba que estaban a gusto con su trabajo. Todas las cajas tenían colores llamativos, "Será para atraer clientes" –pensó mientras contemplaba su cicatriz reflejada en un envoltorio color rojo sangre.
Al cabo de unos minutos George le dio en el hombro, indicándole que lo siguiera. Fueron a la trastienda, lugar en que ya había estado años atrás, en su primera visita al negocio.
- Tú dirás –el pelirrojo se sentó esperando oírlo-.
- ¿Aquí no nos oye nadie, cierto?
- Habla tranquilo, señor importante –le guiño un ojo divertido-.
- Hay algo que no encaja. Hemos peinado el callejón Diagón buscando algún indicio, prueba, algo… y estamos con las manos vacías y con San Mungo esperando noticias sobre el antídoto al veneno. Estoy extrañado. Tiene que haber un soplón, alguien tiene que ayudar a los rebeldes desde dentro… supongo.
No esperaba respuesta, así que siguió hablando.
- No quiero fiarme de nadie. Vamos a trabajar en equipo. Espero vuestra colaboración y la de vuestros productos. Vamos a iniciar una investigación por nuestra cuenta. Ya he hablado con Ron, Neville, Luna…
- ¡Cómo en los viejos tiempos!
Hermione ni siquiera levantó la cabeza para ver a su interlocutor. Conocía de sobra la voz. Se acabó tranquilamente el café.
- Qué haces aquí? No tendrías que estar trabajando?
- Exacto. Tendría. Pero no hay mucho que hacer hoy y me he tomado un descanso voluntario para venir a verte. No se te nota bien. Entiendo que toda la población en general este triste por el ataque, pero tú estás… rara, apagada.
Efectivamente, la castaña tenía muy mala cara. Ojala pudiera reunir en ese momento a sus amigos y contarles todo, pero no era posible. El contrato que ella misma redactó la tenía atada de pies y manos.
- Venga, anímate. Te esperaré y nos iremos los dos a comer por ahí. ¿Quieres?
La chica no contestó. Tenía un mal día y estaba de mal humor por todo y con todos. Sólo se levantó dispuesta a volver al trabajo.
- No sé… tengo toda la tarde ocupada, estoy cansada y…
La tomó cariñosamente del brazo.
- A un chico tan estupendo y solicitado como yo, rechazarle una invitación, supone un golpe bajo para su orgullo.
¿Sería cosa de familia? Tenía encanto natural. Si no fuera porque lo conocía desde… desde siempre.
- Ja,ja,ja… de acuerdo. Tú ganas –cedió resignada-. Nos vemos aquí en un par de horas Fred.
Ron comía en el restaurante del hospital. Había estado hablando con los médicos. Quería conocer el alcance real del veneno.
Las rocas usadas por los rebeldes eran de gran tamaño, y al explotar se dividieron en trozos más pequeños. Algunos con más veneno impregnado, otros con menos, o incluso trozos libres de esa fina película que los envolviera.
Ellos habían tenido suerte, les habían alcanzado rocas "limpias", pero parecía que Katie ya había recibido veneno por todos.
Harry ya comprobó la autoría de los mortífagos. Quedaba lo más difícil: identificarlos y mandarlos a Azkaban –él los mataría a todos en ese mismo instante-. Un veneno que no tenía antídoto, o cuyo antídoto estaba extinguido desde hacia años, viene a ser lo mismo. Un golpe genial. No había solución al problema. Las víctimas podían quedar así para siempre.
Por lo menos saber que volverían a estar juntos contra el común enemigo era un alivio, una brizna de esperanza. El trío de oro nuevamente unido, y con los inigualables refuerzos de exmiembros de ED. Dicho así, parecía que eran invencibles… pero no lo eran. Había que activarse ya. El problema era, por dónde empezar?
Pasó aburrido el tenedor por el plato ya vació. Hacía sólo unos días estaba sana, bien…
Y lo seguía entre el barullo de luces, personas y ruidos de la discoteca. Iban tomados de la mano para no perderse. Se pusieron sendos abrigos y salieron al exterior.
Anduvieron algunos metros en silencio. Hablar hubiera sido absurdo en cualquier caso, estaban todavía con los oídos taponados por la música de "Multijugos".
El pelirrojo paró en un portal, a sólo unos metros del local. Comenzaron a hablar mientras entraban y subían a un determinado piso. Tal y como se hubiera esperado, todo estaba en el más profundo silencio. Sólo las escaleras crujían bajo su peso.
- ¿Y esto Ron?
- Trabajo –sonrió-. Bueno, no exactamente. Aquí vive un amigo, Mac, y me pidió como favor personal que viniera. Cree que tiene un boggart, encerrado por equivocación en un armario trastero. Y como estábamos aquí tan cerca…
No había ningún boggart allí. La verdad es que, efectivamente el piso era de un amigo al que el auror había hecho un favor en el pasado. A cambio de ese favor le pidió usarlo aquella noche unas horas. Mac no estaría allí aquel mes.
Era extremadamente tímido, pero con Katie era distinto. Por algún repentino instinto nacido de a saber dónde, su subconsciente tenía casi claro que le correspondería. Disfrutaba con toda la tortura previa, jugando... Nunca había controlado de aquella forma la situación. Y eso que la chica se resistía a lo evidente. Tenía carácter.
- Siéntate, vengo en un momen… ¡no! No enciendas la luz.
Lo miró contrariada.
- No queremos alertar a nuestro cambiante amigo de la presencia de extraños en casa.
Salió por la puerta del pequeño salón y recorrió el pasillo. Ella ya no le veía. Fue a la cocina y tomó dos copas y una botella. Excelente. Todo estaba pensado para aquella noche. Y hasta hora seguía el rumbo previsto. Casi tatareaba mientras volvía a la habitación.
Pese a que estaba nervioso, muy nervioso, apoyó un hombro en la pared y esperó su mirada. Cuando llegó, sonrió seguro y arqueó las cejas enseñándole lo que tenía entre manos, esperando aprobación para su idea.
Más silencio total, y como respuesta la chica palmeó un lugar a su lado.
Una vez sentados, se dispusieron a brindar.
- Brindemos por…-comenzó él-.
- … por el boggart que acabas de eliminar!
- ¿Boggart?... ¡Claro! Sí, pero verás, ese no es un buen motivo para brindar, no crees?
- Bueno, en tal caso brindemos por ¡la buena noche que hemos vivido!
- Tampoco.
- ¿No?
- No. Brindemos por la buena noche que nos queda por vivir… ¡chin-chin!
Ron se había decidido a echar todas las cartas sobre la mesa. Todas: ases, comodines… todo. La miraba de frente, con un brazo apoyado en el respaldo del sofá: una mano sujetando su cabeza y otra con la copa.
- ¿Por vivir…? –preguntó tentativamente-.
- Claro, la noche es joven aún –se acercó a ella un poco más-. Verás –y justo entonces le quitó la bebida de las manos y la dejó junto con la suya en una mesa cercana-. Verás, estos días has estado huyendo de mí…
- ¿De ti? –"¿desde cuándo me he vuelto tan tímida, insegura…?"-.
- Sí, de mi. Justo desde la noche en que casi te besé.
Eso había sido una bomba atómica. No sólo por lo directo que había sido, sino porque mientras lo decía había comenzado a acariciarle la mejilla, tal y como había hecho momentos atrás en la discoteca.
- Ron, hay algo que tú no sabes…
- Pues dímelo.
- Es que…
- Ajam… -ahora la mano que estaba en su cara, descendía por su cuello, subía y bajaba y el calor que emitía se le iba quedando marcado como un tatuaje-.
- He hecho algo muy malo…
- Vaya, que pena… -se atrevió a ir un poco más allá. Mientras su mano seguía rozándola, le dio un beso en la cara, luego otro demasiado cerca de su oído, luego otro en el cuello… todo con una tranquilidad desgarrante, como si cada uno fuera el último que fuera a dar en su vida.
- No, Ron ,... es sobre Hermione… yo no debía haberlo hecho sin su permiso…
- Yo también hago cosas sin que me den permiso.
- ¿Sí?
La abrazó para acercarla totalmente. Susurró a su oído:
- Te pondré un ejemplo…
Por fin la besó en los labios. Y sintió estallar burbujas al notar que era la chica la que profundizaba el contacto.
Hacía mucho tiempo que Hermione no salía con un chico y estaba tranquila y relajada. Vale, quizás era porque ese chico era amigo de toda la vida y un bromista empedernido. Pese a todo, los años habían hecho madurar a Fred. Había cosas que nunca cambiarían, pero ya sabía ponerse serio en los momentos oportunos y tener conversaciones igualmente serias… aunque solo fuera de vez en cuando.
Además, no le importaba reconocer que ambos eran muy guapos. En ningún momento le extrañó verlos tan bien acompañados la noche de la discoteca. Menos Percy, que era anti-Weasley total, el resto de los hermanos eran hombres con los que merecía pasar un rato.
Después de ir a comer, habían estado jugando al billar en un pub muggle que conocía la castaña. Y las horas pasaban tan rápido…
- Bueno, es hora de irnos. George debe estar echándome de menos –rió-.
- Es muy probable. Has dejado solo a tu doble hoy.
Salieron a la calle bromeando, tonteando, cogidos de la cintura.
- Tampoco será para tanto. Entre semana no estamos muy ocupados.
- Entiendo.
- Además esta tarde él tenía una cita, no me habrá echado de menos…
- Claro, seguro que no te… -paró en seco-.
Malfoy! Su cita diaria con Malfoy! Eran ya las nueve de la noche! Se le había olvidado por completo!
- ¿Pasa algo? –preguntó el pelirrojo-.
- No… quiero decir… sí. Tenía una cita de trabajo con un compañero. Tenemos tarea acumulada…
- …que imagino que es de carácter secreto y no puedes hablarme sobre el mismo.
- Exacto. Dios… como he podido olvidarme…
- Date un respiro, no es para tanto. Vamos, te acompaño a casa.
Paseaba por los jardines de su mansión. Llevaba toda la tarde avanzando traducción de la poción VT. Él sólo. Esperando que llegará su flamante compañera. Cada minuto que pasaba estaba más enfadado. ¡Draco Malfoy plantado! Jamás, nunca, nadie había osado hacerle algo así. Y una insignificante niñata se lo permitía, ni siquiera mandaba lechuza para avisar. No.
Después de horas estudiando aquellos pergaminos y de dar por hecho que ella no iba a venir salió a refrescarse.
Decidió darse unos minutos para tranquilizarse y no dejar que le dominara…. ¡EL TREMENDO ENFADO QUE TENÍA!
Dos vueltas a su casa después, tuvo por fin claro qué es lo que iba a hacer.
Entraron en casa de Hermione risueños y divertidos. Todo el camino lo habían hecho riéndose por los chistes de Fred.
- Pasa, pasa. Siéntate un momento. Voy a dejar unos papeles en el dormitorio y te traigo algo de comer.
Abrió de un portazo su habitación y dejó el abrigo y la carpeta que llevaba tirados de cualquier forma sobre una silla. De un rápido vistazo comprobó que todo estuviera en su sitio: la ventana cerrada, Crookshanks tumbado cerca de su escritorio, Draco en su cama dormido… todo normal.
Un momento…
…
Salió lo más silenciosamente posible de su cuarto y volvió con el pelirrojo.
- Fred. Vas a tener que marcharte ya. Me ha llegado una lechuza – ¡y qué lechuza!- directa a mi cuarto del ministerio. Tengo trabajo.
- …
- Lo siento mucho. Me lo he pasado muy bien. Pero esto es muy urgente.
- Está bien. A cambio sólo te pediré una cosa.
- Dime.
- Que aceptes otra invitación a comer –rió travieso-.
- ¿Nunca cambiarás, eh?
Él sólo le guiñó un ojo.
- Cuídate preciosa.
Se despidió con un beso en la mejilla y salió del piso sin mirar atrás.
"Fred está intentando ligar conmigo? Me estoy volviendo definitivamente loca?" se echó sobre la silla más cercana y se paso una mano por el cabello con intención de peinarlo un poco.
Encendió despreocupada la televisión, pero no había nada interesante que ver. Al cabo de un rato, cuando se tranquilizó y antes de quedarse dormida viendo anuncios de cereales, decidió que ya era hora de cambiarse de ropa y acostarse en su cama…
Draco! Se le había olvidado completamente! Salió casi volando de la habitación y no llegó a la puerta sin chocar con una pared y caer al suelo.
"Maldita pared".
- Deberías tener más cuidado, no crees?
- Malfoy…
La "maldita pared" con la que había chocado era el rubio, que ya se había despertado y escuchado ruidos provenientes del comedor. Se levantó para ver qué pasaba y supuso que la castaña ya estaba en casa. Al llegar, habían tropezado y ahora ella estaba en el suelo.
- ¿Qué asunto tan importante te ha hecho renunciar a tu cita conmigo?
- ¿Cómo has logrado entrar en mi casa?
- Yo he preguntado primero, Granger.
Estaba muy enfadado. Se le notaba. No había dicho "cielo" ni una sola vez y si las miradas mataran, los ojos grises la habrían mandando al infierno de una sola ojeada.
Después de levantarse del suelo y frotarse la zona dolorida, tomó asiento en el sofá. Él hizo lo mismo al poco a su lado.
- Se me olvidó.
- Eso es todo? Se te olvidó? Qué mierda de excusa es esa?
- No es una excusa, imbécil. Es la verdad. Si mi única ocupación fuera trabajar y ver como los elfos limpian mi casa no se me habría olvidado. Pero resulta que yo tengo una amiga en el hospital, un piso que llevar y mucho más trabajo que tú.
- Ni se te ocurra Granger. Ni se te ocurra. Hoy no has venido por qué no te ha dado la gana. Así que concédeme el derecho de estar enfadado a mí.
- ¿Cómo has entrado?
- Tienes fama de sabelotodo pero no es para tanto. La última vez que me hiciste aparecer en tu dormitorio a la fuerza, olvidaste quitar los hechizos que desactivaste para dejarme entrar. Aproveché eso y me aparecí aquí hace unas horas. Como no aparecías me tumbé en tu cama ha esperar. Tardabas mucho y me quedé dormido.
- Pues ya puedes irte.
- Ni hablar. Tu piso es muy confortable. Me apetece ver la televisión.
- ¿Sabes lo que es la televisión?
- Por supuesto, Granger. Que sea sangre pura no significa que sea un ignorante. Nunca la he visto y me apetece.
- ¡Pero yo estoy cansada!
- Te aguantas. Vamos, compórtate como una perfecta anfitriona. Además tenemos que hablar. Tengo que contarte los avances que he hecho hoy sin ti.
El rubio había encontrado la sección referida al veneno que afectaba a Katie. Había estructurado parte de los pergaminos para conseguir saber con más rapidez a qué se refería cada uno.
- Lo malo es que el antídoto está definitivamente extinguido. Pero he pensado que podríamos ir al ministerio a buscarlo. Al pequeño mundo que descubrimos. Allí vi muchas especies que nosotros consideramos desaparecidas y…
- ¿Tú también te diste cuenta? –dijo la chica mientras bostezaba-.
- Sí. En fin, te digo que…
- ¿Por qué has buscado información para salvar a mi amiga? –otro bostezo, y se le empezaban a cerrar los ojos involuntariamente-.
"Touche"-pensó- "y yo qué sé Granger, se supone que estoy enfadado contigo".
- Porque tú no hubieras dejado de dar la lata hasta conseguirlo. Sólo he acelerado el trabajo, y de paso evito tener que soportarte amargada por algo que a mi me da igual. Cuando antes se solucione, antes estarás dispuesta a trabajar y a rendir más.
- ¿Por qué mortífago? Ahora pareces inofensivo… -lo decía prácticamente dormida ya-.
- Hoy estás muy rarita -lo dijo más para sí mismo-. Pero no te librarás. Mañana traducirás aburridos pergaminos tú sola, entiendes?
- …
- ¿Granger?
Respiraba rítmicamente con los ojos cerrados, echada cerca de él en el sofá. Estaba dormida.
Al rubio le dio otro ataque de ira, pero se tranquilizó en unos minutos. La tomó en brazos, rabiando consigo mismo por su comportamiento absurdo y un olor a perfume masculino le nubló los sentidos. No cabía duda. Ella había pasado la tarde con un hombre.
La dejó en su cama y volvió a la mansión.
"¿En qué maldito momento tuvo el destino que unirnos, cielo?"
En fin, qué tal? os ha gustado? sí? no? me gustaría saberlo!. :D
BESOS!
