Me ha gustado muchísimo escribir este capítulo. Esta lleno de pequeños detalles que pasan inadvertidos, pero que son cruciales para el resto de la historia. Hay muchas pistas escondidas aquí. XD
Mil gracias por leer mi historia a todos, y un besote grandísimo para silviota, miss boop, oromalfoy, hanna, menfis y pumuky.
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Capítulo 13: De regreso
Estaban todos reunidos en el piso de Harry. Los mismos que fueron a Multijugos y vivieron el ataque. Amigos que confiaban entre sí, un grupo cerrado. Además del moreno, Ron, Ginny, Hermione, los gemelos, Neville y Luna.
No había líder entre ellos. Pero si es cierto que explícitamente, el jefe de los aurores llevaba ese cargo. Él fue quien comenzó a hablar.
- Con casi todos he hablado ya –estaba muy serio-. Katie está grave, sufriendo sin conocer a fecha de hoy la cura para su mal. Os puedo asegurar que la investigación que lleva a cabo el ministerio, en la cual me encuentro obviamente implicado, no tiene pinta de llegar muy lejos.
Todos tenían rostros sombríos. Ver a su amiga en el hospital, viva, pero inconsciente y cada vez más pálida. Los días que pasaban, sumaban horas de contacto con el veneno sobre su cuerpo.
- Tiene que haber un infiltrado. Alguien que colabore con los exmortífagos desde dentro. No se me ocurre otra opción. Propongo que busquemos a los culpables de la masacre, solos, los que estamos hoy aquí.
- Creo que ninguno dejaría que te llevarás tú sólo el honor de arreglar este entuerto, no? –espetó George sonriente-.
- Cuenta con los Weasley –ahora habló Ron-.
- Y con Longbottom.
- Y Lovegood.
- Y Granger. Tú dinos qué tienes en mente y destrozaremos a esos retrasados uno por uno.
Se miraron sonriendo.
Más animado, siguió hablando.
- Estoy seguro que Nott es el jefe de los rebeldes. Si tuviera pruebas para demostrarlo ya estaría entre rejas, pero desgraciadamente no es así. Sabemos algunas cosas más. ¿Ron?
- Conocer la procedencia del veneno y de las rocas usadas podría ser un principio interesante del que obtener pistas. El primero es una sustancia muy rara y difícil de encontrar. Su obtención está controlada por la ley, lo que nos hace suponer que fue conseguida de forma clandestina.
- Hay lugares conocidos en el mundo que trafican con su venta –dijo Neville-.
- ¿Estás seguro?
- Se sabe muy poco, pero creo recordar haber leído algo sobre eso en un número del Profeta atrasado. No es una fuente muy fiable de información, cierto. Pero…
- Bien. Tenemos algunos nombres –prosiguió Harry-. Luchamos contra un grupo de magos jóvenes en su mayoría. Los más allegados a Nott son algunos conocidos íntimos de Dumstrang. Sviatoslav, Rurik y Ratislav, tres hermanos no mortífagos pero sospechosos de ayudar al grupo de Voldemort de forma directa en la guerra.
Miraban al moreno sin perderse ni una palabra.
- Para ponernos en contacto volveremos a usar los galeones que hechizó Hermione en quinto. Pero necesitó que hagas unos nuevos –dijo mirándola-, porque los antiguos implican a todos los integrantes de ED que podrían enterarse de nuestras reuniones. Nos veremos en mi casa. Nadie sospechará de ver juntos a amigos de toda la vida viniendo a visitarnos a Ginny a mí. Somos un grupo pequeño, así que no podemos dividirnos en exceso para trabajar. Aún así por ahora, quiero a alguien ayudando a Hermione con los galeones. Es necesario que estén cuanto antes.
- Seré yo. Estoy trabajando en algo parecido para la tienda y podré aportar mejoras –dijo Fred sonriendo, mientras pasaba un brazo sobre la chica que estaba a su lado. Nadie se extrañó de la muestra de cariño.
- De acuerdo. Ron y yo intentaremos saber algo más sobre el veneno o las rocas. Neville y Luna encargaros de los "amigos" de Nott: buscad información sobre ellos. George tú quedas encargado de la fabricación de armas para nosotros. Ya sabes a lo que me refiero. Como Fred estará con Herm; Ginny tú ayudarás a tu hermano en la tienda con lo que yo le he pedido.
Diez minutos después, cada uno volvía a su casa con la agradable sensación de estar haciendo lo correcto, con la gente correcta. Y en unos pocos más, cierta castaña saldría de la misma para ir a la Mansión Malfoy.
Draco la había dejado durmiendo la noche anterior en casa. Cuando chocó con él en su salón estaba furioso como pocas veces lo vio. Pero su humor fue mejorando en el transcurso de la conversación.
Suspiró. Se avergonzaba, intentaba ocultarlo, era un posible mortífago activo… pero cada vez que estaban juntos en la misma habitación era consciente de su propio cuerpo de una forma profunda. Nunca había sido así, y se preguntaba repetidamente si otra persona lograría hacerla sentir como hizo él. Todo era intenso: odio o pasión. Costaba estar impasible delante del hombre que la había tocado de esa manera…
Suspiró de nuevo. Recordó a Fred. La vida resultaría mucho más sencilla si le gustara algún hermano Weasley. Por lo pronto, tendría a la familia del "novio" en el bolsillo. Hasta sus padres, dentistas muggles, estarían contentos con esa decisión.
A veces exculpaba al rubio. Imaginaba teorías que lo salvaban de ser… justo lo que era. Podría haber estado hablando con Theodore sólo porque fueron compañeros de casa en Hogwarts. Aunque fuera el mismo día del ataque. Aunque fuera oculto tras una capucha y con el principal sospechoso de la explosión rebelde.
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Volvió a hundir su cuerpo bajo el agua. Aún quedaban horas para que llegara la castaña. No estaba celoso, pero la idea de que no fuera a su cita diaria porque estuvo con un hombre… con otro que no era él. Solo imaginarlo tensaba sus músculos. El maldito sentimiento masculino de que era suya después de hacerle el amor le martilleaba las sienes. Con quién habría estado? Por qué después estaba tan cansada que prácticamente se durmió en sus brazos?
Salió a tomar aire con el que llenar sus pulmones. El agua de la piscina cubierta estaba a una temperatura ideal. Estar allí nadando lo relajaba. Era su forma de hacer ejercicio, de mantenerse. Eso y montar en escoba.
La construcción que lo envolvía todo era una firme pero delgada estructura con típica forma de casa, cerrada herméticamente por cristales que hacían que estar allí fuera como estar al aire libre por la visión que proporcionaban. Sobre las transparentes paredes, miles de enredaderas, que actuaban como una cortina natural. Solo el techo estaba completamente despejado. Tumbado boca arriba veía las nubes cruzar el cielo, el día estaba encapotado.
"Falta poco para la Navidad." –se dijo-.
Sus oídos estaban tapados por agua, y eso le impedía escuchar cualquier tipo ruido, sólo el del propio líquido chocando contra su cuerpo, lamiéndole la piel con suaves olas. Se sentía tranquilo y en paz estando allí.
Abrió los ojos. Había empezado a llover y las gotas de lluvia resbalaban en el techo, delante suya. Eran tan real que le parecía sentirlas sobre sí mismo. De hecho, las sentía…
Sonrió. Echó los brazos hacia atrás con fuerza, desapareció bajó la superficie y emergió cerca del borde de la piscina, apoyándose sobre el mismo. Sus orbes grises apuntaban a la puerta de la estancia.
- Si quieres chapotear conmigo, sólo tienes que decírmelo. Lanzarme agua sobre la cara con una manguera es muy poco sutil.
- Malfoy! Te estaba gritando y no me hacías caso!
- ¿Volvemos a las andadas? Gritar de esa forma mi nombre cada vez que me ves debe ser muy placentero, siempre lo haces…
- ¿Sabes que hora es?
Se miró a sí mismo de arriba a abajo.
- Obvio que no llevo reloj, cielo. Estoy prácticamente desnudo y puedo demostrarlo…
Ella simplemente miró hacia el cielo, como buscando comprensión y paciencia divinas.
- He llegado hace más de un cuarto de hora… ¿y dónde estabas tú? Jugando en el agua como un niño pequeño mientras yo te buscaba por este laberinto…
- ¿Registrando entre mis cosas?
La verdad es que era muy divertido enfadar a Hermione. Y pensaba torturarla un poquito más. Ahora estaba con él en su casa, y no con el imbécil que la secuestraba de sus encuentros diarios. Fuera quien fuera dicho imbécil.
- No soy de ese tipo de personas.
- De que tipo de personas eres, cielo? Del que faltan a un compromiso laboral por estar tonteando como una quinceañera con el primer chico que te cruzas?
- ¿Y tú qué sabes, dragón?
- Mucho… leona.
Cerró los ojos intentando tranquilarse mientras el rubio la miraba risueño.
Volvió a abrirlos e inmediatamente sintió el impulso de agarrarse a lo más cercano para no salir corriendo. Intentó mantener la compostura ante semejante… espectáculo.
Draco había salido elegantemente de la piscina. Se pasaba una pequeña toalla por el pelo, que quedó salvajemente despeinado. Miles de gotas resbalaban por todo su cuerpo. Caían por su cuello; paseaban entre sus pectorales; definían los músculos de los brazos, que se tensaban y contraían mientras frotaba su cabello; resbalan hasta acumularse en el ombligo, se colaban descaradas fuera y dentro de su bañador para por fin acabar el sensual recorrido rozando sus piernas hasta llegar al suelo.
"Merlín! De dónde ha sacado eso que se hace llamar bañador? Para el efecto que produce bien podría bañarse completamente desnudo…" Claro que este pensamiento no hizo sino empeorar la situación mental y física de la chica.
"Piensa algo antierótico: Draco dormido en tu cama… ¡NO! …Draco invitándome a compartir el jacuzzi con él… ¡NO! …Draco… no por dios Hermione: a-n-t-i-e-r-ó-t-i-c-o! no puede ser tan difícil. "
Aunque por lo visto sí que lo era, y ver como ahora abría el grifo de una ducha cercana no ayudaba nada. "Me las vas a pagar, bomboncito".
- Qué haces ahora, maldita sea! Tenemos mucho que hacer! – estaba muy nerviosa. Quería salir de allí lo antes posible-.
Le guiñó un ojo, perfectamente consciente de la sensación que provocaba.
- Nada raro, leona. Me ducho para quitarme el cloro del agua. Es algo muy normal. ¿Te pasa algo?
Claro que sí. Antes eran gotas, pero ahora chorros de agua eran los que hacían brillar su cuerpo, y la chica creía que lo que estaba pensando en esos instantes debía ser ilegal en algunos países.
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Brandon caminaba solitario y taciturno por la calle. Se pasó una mano por los rizos rubios.
Había estado hablando con Nott. Después de su eficacia en el ataque rebelde, subió de escalafón. Pero no todo estaba conseguido. El slytherin confiaba más en él, aunque no del todo. Aún quedaban miles de secretos que no le había contado nadie, detalles que conocía al oír trozos entrecortados de conversaciones de compañeros…
Escuchaba atento al jefe. Por ahora, durante unas semanas al menos, debían estar ocultos y no realizar actividad alguna. Cualquier pequeño descuido haría que les cayeran encima todos los del ministerio.
Pasado ese tiempo, debían empezar de nuevo a maquinar algo. Hacer saber a la comunidad mágica sus condiciones y amenazar con un nuevo ataque si no se cumplían.
Andaba cada vez más deprisa hasta que llegó a casa. Una vez allí, se cambió de ropa y fue a su habitación, tras asegurarse que estaba solo.
Necesitaba comprobar algo. Abrió un armario escondido secretamente en una pared tras murmurar algunas palabras.
Lo que escondía allí era de carácter extremadamente secreto. Miró el contenido silenciosamente mientras sonreía malicioso.
"Excelente" –dijo, con una voz que no parecía la suya-.
Entonces sintió algo de dolor. Pero ya sabía que iba a sucederle y no se preocupó, ni mostró sensación alguna en su rostro.
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"Sav y Gennut. Sav el potente veneno y Gennut el no menos eficaz antídoto."
- ¿Esto es lo que has encontrado, Malfoy?
Después del "episodio" de la piscina, la chica sugirió volver lo más pronto posible al trabajo. Se pusieron manos a la obra en el estudio, como siempre. Allí comenzó a leer sobre lo que fuera que tenía a Katie hospitalizada.
- En los pergaminos de Voldemort no hay mucha información. Simplemente aparecían los nombres de ambas sustancias, sin darles mayor importancia.
- ¿Cómo sabes que son las que usaron los mortífagos?
- Al no aparecer prácticamente nada en los pergaminos de la poción VT, decidí averiguar qué eran exactamente antes de seguir traduciendo. Los efectos son los mismos. Yo estuve también en el callejón el día del ataque y vi algunas rocas impregnadas. El aspecto del veneno es el mismo que el que aparece en los libros. Sólo que entonces no sabía lo que era. Es una sustancia extremadamente rara y conseguir aunque sea unos gramos es caro, costoso e ilegal.
- Estuviste allí el día de la explosión? Por qué no me lo habías dicho?
- No me lo has preguntado, cielo.
- ¿Y qué hacías tú allí?
- Mis tareas como inefable no te atañen y tengo la obligación de no contártelas –mintió tranquilo-.
- ¿Cómo inefable? No digas tonterías, tu trabajo está almacenando informes, yo misma…
- No creas que todo lo que hago es eso.
Mentía. Seguro. Pero lo hacía tan bien que verdaderamente parecía que no tenía implicación alguna con los rebeldes, una coartada perfecta.
- Busqué en algunos libros –siguió el rubio-. Y esto es lo que encontré. Son datos prácticamente privilegiados, muchos de los volúmenes de los que los obtuve son exclusivos de la colección Malfoy –acabó, orgulloso-.
La chica leyó sin hacerle mucho caso.
"Las dos sustancias se obtienen de la savia y hojas de los árboles con el mismo nombre. Para su recolección debe esperarse a la tercera noche de luna creciente de cada mes. Entonces se procederá a hacer una o dos pequeñas incisiones en el tronco, colocando algún pequeño recipiente para recoger el producto…"
"Los árboles del Sav y el del Gennut son iguales en forma y aspecto. La diferencia la encontramos en sus hojas. Las del primero, las que producen el veneno tienen los nervios de su parte posterior color rojo sangre, mientras que las del segundo son azul añil. Podemos imaginarnos una hoja verde normal, pero a darle la vuelta veremos estas ramificaciones cromadas características…"
"A finales de la Baja Edad Media se comenzó a explotar de forma exagerada. En las vendettas entre familias ricas se desorbitó su uso. Para una pequeña cantidad de veneno en el cuerpo es necesaria al menos el doble de antídoto y eso hizo descender la cantidad de árboles Gennut de forma alarmante, hasta su completa extinción siglos después…"
"El Sav desaparece bajo el efecto del antídoto elaborado con las hojas del Gennut, pero no los daños producidos por él, que son difícilmente reversibles. Introducido en el cuerpo, destroza lentamente, provocando distintas patologías según el mago afectado. Por eso es necesaria rapidez al aplicar el antídoto…"
Procesaba datos en su mente aterrada. Según lo que ponía allí, era posible que los afectados por la explosión no se recuperasen nunca, o no del todo. Eso es horrible y estremecedor. El nudo en el estómago provocado por la inmensa tristeza, se sumaba al odio y la impotencia ante los rebeldes. Al menos ya habían tomado cartas en el asunto.
Draco la miraba serio. Seguro que estaba pensando en su amiga herida.
- En vez de quedarte ahí, lo mejor sería que fuéramos pensando como entrar al ministerio esta noche, cielo.
- Esta noche? Ya?
- ¿Para cuando dejarlo sino? La chica esa que te tiene preocupada…
- Katie. Katie Milhat.
Él pareció sorprendido al escuchar el nombre. Pero disimuló rápido y siguió hablando:
-… la chica esa está muy mal, y como has podido leer la rapidez es importante a la hora de aplicar el Gennut. Aún nos falta saber cómo preparar exactamente el antídoto, pero por lo pronto podríamos ir a por el material necesario.
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Konrad Dugden intentaba inútilmente encontrar línea telefónica. En lo alto de las montañas alemanas, en pleno frío invernal rara vez podía comunicarse por ese método. Vivía en una pequeña casa de madera, de dos habitaciones y con escasas comunidades. Era el último Dugden, por lo tanto el negocio familiar le pertenecía casi desde que nació. Estaba soltero y pasaba el medio siglo. La soledad había tornado con el paso del tiempo su carácter en uno un tanto huraño. En el pueblo más cercano –situado a las faldas de la montaña- no lo conocían mucho. Los alimentos y ropas que necesita Konrad le llegaban siempre por correo y no debía preocuparse de salir del hogar.
No se sentía mal por su aislamiento, aunque le hubiese gustado ser más sociable. Pero es que su trabajo era muy importante y estaba muy bien remunerado, estaba amasando una pequeña fortuna con el paso de los años.
Volvió a intentar llamar por teléfono, pero seguía siendo imposible.
Su padre Niklas Dudgen, mago, fue quien le enseñó su oficio.
La parte oculta de la montaña, era una cantera de dimensiones tremendas, ya que se extendía por toda la cordillera. De esa cantera se extraían las rocas necesarias para los edificios mágicos más importantes. Tenían la peculiar característica de ser totalmente anti-muggles, y de ser una de las pocas canteras europeas que cumplían esa condición. Por eso sus pedidos eran tan grandes, y los cobraban de forma tan costosa. El negocio era sacrificado pero fructífero y próspero.
Desgraciadamente, semanas atrás había sido víctimas de un robo, no muy importante en comparación con su producción mensual, pero uno de los hombres que trabajaban allí sufría por algún maleficio provocado por el ladrón. Era uno de los mejores trabajadores de Konrad y estaba decido a llegar hasta el final del caso.
Uno de sus primos era un Wächter, los vigilantes mágicos alemanes. Se pondría en contacto con él y le pediría ayuda.
Cansado al ver que no funcionaba la línea, se dirigió a su cama para dormir algo antes de despertarse temprano al día siguiente.
Pero no llegó a inclinarse para levantar el embozo de la cama sin escuchar un fuerte ruido que hizo retumbar la puerta, que al poco se abrió con un fuerte estruendo, marcando una silueta contra la ventisca.
A la mañana siguiente, Konrad no recordaba nada del robo.
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Entrar clandestinamente en el ministerio a altas horas de la noche, podría empezar a considerarse deporte olímpico. Transformada en una caja de cerillas, Draco y Hermione, llevaban una mochila con algunas herramientas: postes para marcar el camino, linternas (por si la seguridad mágica inutilizaba el lumus), comida y bebida (en el caso de volver a quedarse allí atrapados les sería de gran ayuda), libros con ilustraciones de los árboles que buscaban… De todas formas, la idea era tomar las hojas de Gennut y comprobar en qué fase estaba la luna en el pequeño mundo. A partir de ese momento contarían el tiempo necesario y volverían la noche oportuna a por la savia.
Llegaron en poco tiempo a la puerta cegada. No sin discutir, se tomaron de la mano y la chica rozó la diminuta mancha azul. Minutos después estaban en el mismo sitio donde aparecieron la otra vez.
- Vamos –dijo la castaña-.
- Habría que pensar hacia donde, no crees?
- No conocemos la región. Empezaremos por un lugar al azar y seguiremos de forma ordenada. Sugiero que tomando este punto de origen vayamos primero al norte, volvamos aquí, luego al oeste, volvamos, luego al sur…
- ¿Siempre eres tan repelentemente ordenada?
- Oh! Perdona! Qué sugiere su excelentísima majestad que hagamos?
- Vaya, por fin reconoces mi clase y categoría, cielo.
Menos mal que iban a estar poco tiempo allí. Además la hora en aquel sitio no correspondía con la hora londinense, y arriesgarse a faltar otro día al trabajo no tenía sentido. Cogerían las hojas y ya regresarían el fin de semana.
Exploraron primero la región norte, tal como ella sugirió pero no encontraron nada. Claro, no podían abarcar grandes extensiones de terreno, pero confiaban en dar con el ingrediente para el antídoto pronto.
Fue al este del punto de referencia donde lo vieron. Y era una imagen preciosa. Los árboles formaban un pequeño bosquecillo. Estaban juntos y a la vez lo suficiente separados como para poder admirar cada uno de ellos con deleite. Mezclados Sav y Gennut. Era de noche y la luz de luna provocaba sobre ellos un precioso juego de luces.
No eran muy altos, pero sí muy frondosos.
- ¡Es precioso! –la chica estaba visiblemente emocionada-.
El rubio no contestó. Ciertamente era hermoso lo que veían. Pero él no iba a ponerse a dar saltitos histéricos alrededor de las plantas. No, definitivamente no.
- Que fácilmente impresionable eres.
- Que tremendamente estúpido es su majestad –le dijo sarcástica-. Vamos a coger las hojas necesarias. Nos separáremos. Si pasa algo: chispas rojas con la varita. ¿Sabrás, bombón?
- Desde luego.
Se fue cabreado. Y empezó a tomar hojas de un árbol cercano tras comprobar que era el correcto. Minutos después, y con la mochila llena fue a buscar a la chica.
Estaba de puntillas, recogiendo en la zona de la copa de un hermoso ejemplar Gennut. Se había quitado la chaqueta y le caía el pelo desordenado por el esfuerzo sobre la camisa. Miraba hacia debajo de vez en cuando para asegurarse que ningún insecto picara en sus piernas.
Se acercó a ella sigiloso y le quitó una pequeña serpiente que empezaba a subir por su pantorrilla. La chica se giró y miró nerviosa lo que tenía entre manos.
- Debes tener cuidado con la serpientes, leona. Somos todas peligrosas.
- Me cuidaré de su veneno entonces. –no le gustaba el tono empleado por el Slytherin-.
- Te ha gustado verme hoy en la piscina, verdad?
- ¿Siempre eres tan arrogante, o te esfuerzas por ser repulsivo solo delante mía?
- No seas así. Que poco tolerante. Te invito cuando quieras. Tengo un bañador de sobra.
- Ya tengo mis propios trajes de baño, gracias –contestó con el ceño fruncido-.
- Seguro que con el mío estabas mucho más apetecible.
- Yo no quiero estar apetecible delante de ti.
- Mientes muy mal, cielo. Y mejor no perder el tiempo discutiendo.
La atrajo colocando una mano en su espalda y la besó. Habían estado tanto tiempo sin gozar de un contacto más cercano que sus cuerpos temblaron por la excitación.
En la mente de ella estaban nítidas las imágenes del cuerpo masculino vistas hacia unas horas, y en la de él la frustración de saberla con alguien distinto. La mezcla de sensaciones era explosiva.
Sus labios estaban suaves, húmedos y calientes. Y la lengua extraña buscaba incesantemente la suya para invitarla a un baile cadencioso que la hacía temblar. Ahora era consciente de cuánto lo había extrañado. Contorneó el cuerpo con sus manos y sintió un escalofrío al notarlo tenso y duro. Apretó con fuerza su trasero para acercarlo más. Si es que eso era posible.
Draco estaba cegado. No la iba a dejar escapar. A ver como le sentaba eso al "novio" ese de la chica. Ni en broma la dejaría tener una relación con nadie más. No por lo menos hasta que él se aclarase. Todo esto dejó de revolotear en su cabeza al sentir como lo tocaba. Intentó controlar su respiración mientras la besaba en el cuello y rozaba con los dedos la piel que cubría su espina vertebral.
Pero volvió pronto a calmar la sed que le consumía, dentro de su boca.
Se separaron para tomar aire.
- Seguro que tu novio no es capaz de hacerte sentir esto.
Genial. Ya había desaparecido Draco y había renacido Malfoy. Harta de sus estúpidas insinuaciones, le contestó insolente:
- Te sorprendería saber lo que me provoca él.
La miró furioso y decepcionado. Ninguna mujer le había dicho eso nunca. Y claro, tenía que ser Granger quien lo hiciera. Aunque fuera mentira, daba igual, era una insolencia.
- Tú misma. De todas formas no deberías contarle como compruebas su calidad comparándolo con otros "productos".
No se dijeron más en toda la noche. Volvieron al ministerio y cada uno se fue a su casa.
"Lo mejor era cortar de raíz. Ahora todo acabó" –pensó Hermione antes de dormirse-.
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Y FIN!
Pero antes de despedirme dos cosas muy importantes:
1.-Os recomiendo leer la historia que acaba de empezar a escribir Menfis: Devuélveme la vida. Es totalmente original. La encontrareis en mis historias favoritas. ;) Merece la pena leerla.
2.- pumuky me acordado mucho de ti al escribir las peleas entre Draco y Hermione, que yo sé que ya tenías ganas de que llegara esta parte. Así que te la dedico cien por cien :D
Y me despido ya, un beso muy fuerte y espero que os haya gustado el capítulo, es bastante largo y jugoso de información!
