He vuelto! Con un capítulo que espero que cumpla las expectativas después de la tardanza XD.
Muchas gracias a todas por el apoyo mostrado, por leer mi historia, por no tirarme tomates por mis retrasos, je, je, je…, y un beso muy fuerte que se queda corto a silviota, oromalfoy, pumuky, Menfis, brujiskatty18, Miss Boop y Hanna -por su preocupación-.
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Capítulo 15: Malentendidos
"…Draco…Siempre será Draco-Slytherin-Malfoy y yo Hermione-Gryffindor-Granger. ¿Y a mí qué me importa? … me importa…"
"…"
"Estoy enamorada de él." – se sonrió con lastima por si misma- "Me he enamorado de Draco".
¿Y ya está? "Enamorada"… tan simple y tan obvio. Se daba cuenta de algo así de importante en un desvelo de sus propias ideas. Esperaba que su mente tuviera otra forma más espectacular de revelarle el "bombazo", pero no... El corazón le latía con fuerza, desbocado. El que dijo que las revelaciones del subconsciente ocurren en los momentos más inoportunos, debería tener la orden de Merlín primera clase.
Todos en torno a Katie, mirando al rubio como si fuera una bomba de relojería y ella hablando consigo misma sin darse cuenta de que la observaban mientras se quedaba absorta en sus pensamientos. Bueno, lo mejor sería ocuparse de la enferma y dejar sus locuras transitorias para luego.
- Dame el antídoto. Ayúdame a administrárselo.
Y se colocaron en sendos lados de la cama.
Ron hizo el amago de impedir que fuera justamente su mayor enemigo el que "despertara" a Katie pero Ginny lo sujetó con fuerza para impedirlo.
- Puede ser un veneno aún más fuerte… no me fío del hurón…
Hermione lo escuchó y le lanzó una mirada de advertencia: no eran el momento de discutir. Había que darle la poción sin más demora.
Una pequeña parte se la dieron vía oral, con gran esfuerzo para que tragara inconsciente como estaba. El resto se lo introdujeron vía venosa.
Se quedaron en el más tenso de los silencios mientras observaban como poco a poco volvía el color a sus mejillas y empezaba a respirar y a usar sus sistemas de forma autónoma. Que minutos más eternos…
- Tardará horas en recobrar la consciencia, lo mejor es dejarla sola –el rubio lo dijo sin pensar.
Además quería irse de allí. Había perdido su buen humor hacia un rato. Le había sentado mal la negativa implícita de la castaña con él. Sonó a que ella jamás podría sentir nada por quién era, y le molestó.
- Nadie ha pedido tu opinión, Malfoy –dijo Fred con desprecio-.
Perfecto. Por si fuera poco, tenía que soportar al "weasel" insultándolo. Al menos solo tenía que lidiar con ellos y no con el "novio" de la castaña. Pensar en ese, fuera quien fuera, lo puso aún más tenso.
- Quizás el bufón Weasley tenga más conocimientos sobre el asunto que yo.
- Muchos más que tú, asquerosa serpiente.
- Comadreja… -lo miró despectivamente-. Es normal que me envidies, lo entiendo. Tengo todo lo que a ti te gustaría tener.
- Tú no tienes nada…
- Qué sabrás tú de eso, qué sabrás…
- Malfoy…
- No contestes. No me rebajaré a pelear con alguien de tu categoría. No es digno.
Todos los miraban como si fuera un partido de tenis. Estaban pendientes de Katie y al girar la cabeza se encontraron a Draco discutiendo cada vez más acaloradamente con Fred. Y no sólo eso, sino que estaban a menos distancia tras cada insulto y aquello podía acabar en las manos.
Hermione fue la que se puso entre ellos. Un altercado con su amiga tan débil delante… Si ella estuviera hospitalizada no le gustaría salir de la inconsciencia para ver a uno de sus amigos peleando. Por Merlín, estaban en un hospital, no en un bar.
- Basta ya. ¡Estamos aquí por Katie, no por vuestras discusiones infantiles! Fred, Malfoy tiene razón es mejor que nos vayamos y la dejemos descansar. – Draco sonrió-. Y respecto de ti, no quiero ver salir de tu boca un solo insulto más hacia ninguno de mis amigos.
Fred lo miró con aire de superioridad.
- Vayámonos, Hermione –le dijo, sonriente, pasando un brazo por sus hombros-.
- Mmm… y Malfoy…
- Malfoy sabe volver solito a casa. Tenemos que pensar en este fin de semana, preciosa.
El pelirrojo se refería a las "vacaciones" en Alemania de todo el grupo para investigar el asunto de la cantera, pero el rubio no poseía esa información y sintió los celos más fuertes de su vida hasta ese instante. Comenzó a atar cabos mentalmente, todo indicaba que aquel imbécil era el novio de la chica.
Ahora además de celos, sentía ganas de vomitar.
- ¿Un fin de semana agitado? –espetó venenoso-.
- No creo que te interese qué hago o no en mis días libres.
- Si es con Hermione, sí.
Las caras de estupefacción eran dignas de una fotografía. Muggle o mágica, indistintamente.
- Es mi compañera de trabajo. Y no pienso dejar que unos días… ummmm… intensamente activos la incapaciten para sus obligaciones.
Si alguien hubiera vistos sus puños en esos momentos, comprobaría que estaban apretados hasta hundir las uñas en las palmas de las manos.
- Soy mayorcita para saber qué hacer, el lunes estaré a punto para seguir con mi trabajo. No te incumbe mi vida fuera de eso, Malfoy.
Después de la intervención de la castaña nadie dijo nada más. Se fueron a sus respectivas casas buscando sueño reparador. La noche había sido demasiado intensa.
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"John Malory, Ministro de Magia", rezaba el encabezado de la carta.
Se deshizo del sobre y comenzó a leer impaciente. Dado su puesto, le llegaban informes médicos sobre todos los pacientes afectados o heridos en la explosión. Pero el que tenía ahora entre manos era el que más le apetecía leer. Llevaba días esperando alguna noticia de Katie Milhat.
Se le comunicaba su repentina y milagrosa mejoría, con la expulsión total del veneno fuera de su cuerpo. El personal del hospital volvía a insistir en su sorpresa, durante todo el pergamino. Por lo visto, los más cercanos a la chica –sus amigos- fueron los que avisaron a los sanadores la noche pasada, para alertarles de la mejoría en general de la paciente. No dieron detalles, sólo que de repente notaron como se regulaba su respiración, etc.
Un par de párrafos más abajo estaba la información que realmente necesitaba.
"El veneno ha sido eliminado sin dejar rastro de su cuerpo, pero los daños que han sido producidos mientras ha estado actuando pueden ser irreversibles. Hasta que no recupere la consciencia, y la fortaleza perdida por el poco alimento ingerido en este tiempo no tendremos nociones claras del efecto dañino que ha tenido en su organismo.
No obstante se puede esperar encontrar incluso pérdida de memoria o leve amnesia –según el paciente-, además de los obvios sistemas corporales deteriorados. "
Suspiró más tranquilo. Aquella niña tonta había firmado su sentencia de muerte al dejar de espiar a Granger para ellos. Pero tuvo la suerte (sí, la suerte) de sufrir el accidente en el callejón Diagon y alejarse del problema.
Cuando llegó a Londres, Katie buscaba desesperada trabajo y acudió al ministerio. John se encargó personalmente de colocarla. Le ofreció un sueldo adicional por vigilar a la Gryffindor y ella aceptó sin problemas. Además estaba pagando un piso en una zona muggle de la ciudad y necesitaba el dinero.
En un principio se asustó al saber de su mejora, pero ahora veía que las secuelas que le iban a quedar, serían probablemente lo demasiado fuertes como para preocuparse. Veía por delante una larga recuperación…
Y en el caso de que no fuera así, sabría qué hacer con ella.
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Irrumpió en el que fue su despacho como un huracán.
- ¡Malfoy!
El aludido tenía pinta de estar aburrido, clasificando informes de manera mecánica.
- Yo también me alegro de verte, cielo. ¿Crees que romper algo aliviará tu tensión?
- ¡Eres imbécil!
- Menos mal que me lo has recordado, empezaba a olvidarlo.
- ¿Qué crees que hiciste anoche?
- ¿Con cuántos detalles quieres el relato?
La castaña no contestó. Era viernes por la mañana y no había logrado conciliar el sueño pensando en lo ocurrido en el hospital. La había avergonzado delante de gente que era prácticamente su familia. Ahora era sospechosa de ser aliada suya, que no es poco.
- Lamento que no hice nada especialmente morboso. Llegué a casa, me desnudé y dormí como un angelito.
- Las palabras Malfoy y como un angelito no pueden ir en la misma frase.
- Bien, en tal caso dormí como un diablo, malo y travieso. ¿Mejor?
- Por qué me hiciste quedar en ridículo anoche delante de mis amigos? Por qué, eh?
- Vamos, Hermione. No tienes sentido del humor. Era una inocente broma, yo no tengo la culpa que esos estirados no tengan… Además no dije nada malo, ellos malinterpretaron mis frases y…
- ¡Broma! Esto no va a quedar así…
- Estaré esperando… Hermione.
- Para ti soy Granger.
- Lo siento, anoche me acostumbré a llamarte por tu nombre. Es mucho más personal. Y a tus queridos compañeros de fatigas les encanta escuchar como yo te llamo: Hermione…
Venganza. En todas sus formas posibles. Eso era lo que pasaba ahora por la mente de la castaña.
- Nos vemos esta tarde en su mansión, graciosísima majestad –dijo aún enfadada-.
Y salió dando un portazo.
"Vaya con el carácter de los leones" –se dijo Draco divertido-.
Cierto que la noche anterior se acostó sin muchas ceremonias. Ver al Weasley rondando a SU Hermione, le había acelerado el pulso. Pero es que siendo justos, él se merecía más a la chica: habían descubierto el pequeño mundo del ministerio, investigado la poción VT –obteniendo información de la que solo eran partícipes ellos dos-, habían…bueno, habían hecho miles de cosas, y seguían teniendo otras tantas aún esperando su atención. Y qué tenía la comadreja? Una tienda de artículos de broma? Tomando en cuenta todas las formas de destruir el negocio que se le habían ocurrido antes de dormirse, no sabía si era un medio de manutención del todo fiable. En cambio él… -sonrió seductor-, era atractivo, rico –de nuevo-, elegante, inteligente… cualquier mujer caía rendida a sus brazos! Menos ella!
Nunca se le había resistido ninguna, nunca había escuchado protestas sobre si mismo… y llega la castaña y se permite rechazarlo o no cuando lo considera oportuno. El resto eran muñecas obedientes a sus caprichos, demasiado incrédulas por estar con él, como para cuestionarle. Obvio que Hermione no era así. Tan pronto lo controlaba, como lo dejaba controlar… era adictiva como una droga.
Por supuesto no iba a admitir que le gustaba, y mucho, pero el orgullo Malfoy le permitía coquetear con ella. Y le obligaba a no perderla delante de un pobretón. Eso era caer muy bajo.
Ya tenía la excusa. No podía consentir que una chica eligiese a Fred Weasley antes que a Draco Malfoy. Inconcebible. Ridículo. Vergonzoso.
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Intentó abrir un ojo. Pero sentía que los párpados le pesaban como un enorme piano de cola. Desistió y volvió a cerrarlo.
Acaba de tener un sueño.
Una chica morena, de no más de tres años corría por un jardín. No era muy grande, pero a los ojos de la pequeña era como un inmenso bosque. Hacía un día espléndido, y por la ropa que llevaba debía estar cerca el verano.
Se oyó una voz grave:
- Te pillé señorita! Perdiste!
Estaban jugando al escondite. Un hombre mayor (¿su padre?) la tomó cariñosamente en brazos. La niña reía feliz, pese que había descubierto su escondite.
- No, no, has hecho trampa.
- Eso piensas? Conté hasta un millón ante de empezar a buscarte!
- ¡Guau! –dijo impresionada. Ella no sabía contar hasta tanto, desde luego-.
Entonces alguien salió de la casa que había tras el jardín. Una mujer joven, con un delantal.
- Hora de comer.
- Mamá! Estamos jugando!
- Jovencita, tú mamá tiene razón.
- Vale…
- Siempre la convences… -dijo la madre-.
- Yo quiero mucho a mi padrino… es como mi segundo papá…
Y eso se notaba. La niña estaba tan feliz en brazos del hombre, que casi diría que era su padre biológico.
Pero algún momento el sueño cambiaba, y era ella la que estaba en brazos del desconocido. Todo se tornaba distinto. Su rostro no era amable, sino que estaba transformado en uno terrorífico. Ella había hecho algo para merecer su ira, seguro. Deseó no haberlo hecho, no quería experimentar hasta dónde podía llevar la expresión de su furia.
- Nunca me desobedezcas –bramó imponente-.
- No…no… -decía ella asustada. Cualquier cosa para complacerlo.
Justo entonces había despertado inquieta.
Escuchó ruidos cerca suya, y decidió hacer el esfuerzo definitivo por abrir los ojos.
Comprobó que estaba tumbada sobre una cama. La habitación era casi blanca y estaba pulcra y limpia. A su lado había un chico pelirrojo, tremendamente atractivo, sosteniéndole la mano con una expresión mezcla de alivio y júbilo.
Le devolvió la sonrisa instintivamente. No lo conocía, pero fuera quien fuera debía ser buena persona. Fue como una corazonada.
- ¿Dónde estoy?
- En el hospital. El ataque te dejó inconsciente. Hemos estado todos muy preocupados por ti. Llevas semanas aquí y…
- ¿Sí?
- Sí. Pero está todo bien. No te preocupes. Yo estoy contigo.
Aquel chico volvió a sonreírle. Y nuevamente ella hizo lo mismo de forma involuntaria.
- ¿Y quién eres tú?
Lamentó haberlo dicho, porque el rostro se ensombreció.
- ¿No me conoces?
- No…lo siento. No te enfades, por favor.
- Bueno, supongo que es normal que estés aturdida –quiso parecer condescendiente, pero no lo consiguió-. Acabas de despertar, quizás necesites unas horas, o unos días para poner tu cabeza en orden.
- No recuerdo nada sobre ningún ataque…
- ¿Qué recuerdas?
- … nada…
- No importa. Los sanadores ya nos advirtieron…
El chico parecía triste. Y eso le afectó a ella: pobrecillo. Con lo ilusionado que parecía de verla…
- ¿Te vas?
- Sí, lo mejor es que estés sola unos minutos.
- ¿Vas a volver?
- Claro.
- ¿Cómo te llamas?
- Ron Weasley.
- Y…
- Tú te llamas Katie, Katie Milhat –se adelantó a su pregunta-.
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Habían decidido reunirse todos para almorzar e ir después al hospital. Los médicos que seguían el caso, aseguraron que Katie despertaría pronto, después de la eliminación del veneno. Y les comunicaron que era bueno que tuviera cerca algún rostro conocido en ese momento, que no se encontrase sola.
Estaban en una salita de espera, vacía a esas horas. Ron era el único que estaba en la habitación. Pensaron que recobrar la consciencia con un grupo de ocho personas rodeando la cama, no era lo más recomendable y tal vez demasiado abrumador. Y era un secreto a voces el interés del pelirrojo hacia ella.
Hermione se retorcía las manos, nerviosa. Recordaba la noche de Multijugos. Su amiga quería contarle algo importante… qué? Sería oportuno sacar a relucir esa conversación ahora?
La puerta se abrió y salió Ron.
- ¿Y? –preguntaron todos con la mirada-.
- Ha despertado.
Se miraron contentos unos a otros. Pero él seguía serio.
- No recuerda nada.
- ¡Merlín! –dijo Ginny poniéndose una mano sobre la boca-.
- Calma –sugirió Harry.
Hermione lo miró, y vio más nítido que nunca al Jefe de los Aurores: maduro y sereno.
- Lo más posible es que tardé horas, incluso días en recobrar la memoria. Ha estado semanas bajo la influencia de uno de los venenos más fuerte conocidos. Además estábamos avisados de que esto podría pasar. Y recordar, que perder la memoria es lo mejor que le puede pasar, de entre todos los efectos secundarios de los que estamos advertidos.
Nadie dijo nada. Neville fue el primero en hablar.
- Yo tengo que irme ya chicos. No creo que pueda hacer mucho por Katie. Mañana por la mañana nos vemos para coger el traslador a Alemania –dijo susurrando para que nadie oyera esto último-.
- De acuerdo. Ron, quédate si quieres un poco más aquí, pero vuelve pronto a casa, tenemos por delante unos días movidos, en un país extraño y quiero fresco al mejor de mis hombres.
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Hermione llegó feliz a la mansión Malfoy. Katie había despertado! Qué más daba si no recordaba aún? A parte de eso, estaba físicamente excelente…
Pasó corriendo por los suntuosos jardines, casi bailando. Levantando los brazos y... y viendo como "algo" cogía su bolso de entre sus manos y se lo llevaba.
Apretó los dientes furiosa y murmuró: "Morgana". La estúpida lechuza, había planeado sobre su cabeza y se lo había arrancado de entre las manos. Ahora revoloteaba por encima suya, sin alejarse mucho, como si quisiera jactarse del robo.
- Maldito bicharraco! No estabas profundamente herida? Te voy a hervir en mi sartén como si fueras una gallina!
La siguió unos metros hasta una mesa de piedra, con bancos del mismo material a sus lados. Sin dudar, y aprovechando que era lo bastante grande y amplia, se subió para recuperar su bolso, pero no lo conseguía…
- ¡MALFOY! –gritó. Él lo recuperaría. La estúpida lechuza sí le hacía caso-. ¡MALFOY!
El susodicho no tardó mucho en aparecer. Llegó corriendo a esa parte de sus jardines y su rostro preocupado cambió inmediatamente a uno divertido. Hermione, subida a la mesa de piedra, dando saltos, maldiciendo; y sobre ella, Morgana, con lo que parecía una pequeña cartera en su pico.
- No te quedes ahí parado! Dile algo! Malfoy!
- No te oigo bien, cielo. ¿Decías?
Lo miró y adivinó lo que pretendía.
- Oh, Merlín. Esto es ridículo. Malf… Draco, por favor, mi bolso…
Sonrió satisfecho. Con un silbido llamó al ave, que como respuesta a una caricia suya, soltó el bolso de su pico.
- ¿Ves? Se consigue más con caricias que con gritos. No tienes toque con los animales…
La castaña no respondió y se sentó en filo de la mesa, mientras recuperaba la respiración tras el ejercicio.
- Katie ya ha despertado-informó-.
Sin tener en cuenta los bancos, se sentó a su lado en la tosca mesa de piedra.
- Me alegro.
- No es cierto.
- Sí lo es. Me alegro por ella. Ahora podemos volver a nuestros propios asuntos.
La verdad es que estaba muy guapo. Y se le había pasado algo el enfado que tenía por la mañana. No se contuvo y le besó suavemente en los labios.
- Gracias por ayudarme con la poción.
Draco sonrió nuevamente.
- De nada.
Y la besó de la misma forma. Después, y sin a penas separarse, murmuró:
- Gracias por no matar a mi lechuza favorita.
En este caso el beso fue algo más profundo.
- De nada –otro beso por parte de la castaña. En esta ocasión, de una considerable mayor duración que el recibido.
Era un juego excitante. Estaban en medio de unos jardines inmensos, sentados sobre una gran mesa de piedra, con los pies apoyados en los enormes bancos a conjunto; y solo veían el rostro del otro. Cada nuevo beso los acercaba un poco más, y eso se mezclaba con el cálido aliento golpeando en la piel tras un nuevo murmullo.
Le tocaba a Hermione.
- Gracias… por… -no podía pensar en nada-. … mmm…
- De nada –se adelantó el chico-.
Impidió que se mordiera el labio, ocupándose él mismo de tomarlo entre los suyos. En esos momentos, lo último que tenía en mente era que ella tenía un novio que no era él. Nada resultaba más inapropiado en ese instante. Quedó relegado cualquier resentimiento, al menos, por ahora.
La castaña se separó a penas unos milímetros.
- Es tu turno.
Sonrió seductor.
- Desde luego.
Se acercó dispuesto a besarla nuevamente, y ella sonrió pasando sus manos por su pecho.
Ahora era mejor y peor a la vez para la chica. Ya se había admitido a sí misma que estaba enamorada de él. Eso tuvo como consecuencia que sentimientos que habían estado reprimidos saliesen ahora a flote. Parecía que antes no debía notar todos los estremecimientos que tan claros percibía en ese instante. La mayor preocupación sería que el rubio no notara este cambio.
Saboreó sus labios y el interior de su boca, con una lentitud y sensualidad tanto placentera como dolorosa.
Pero Draco no había nacido para estar pasivo ante una situación así. En aquel momento prefería tocar a ser tocado. Profundizó más aún, si es que eso era posible, el beso, prácticamente devorando la boca de Hermione.
En una caricia electrizante, quitó la chaqueta que llevaba deslizando los dedos por los brazos desnudos. Poco después desapareció la suya.
- Estamos en pleno mes de diciembre, Draco…
Pero a él eso le importaba más bien poco. Ni siquiera recordó haber escuchado ese comentario. No tenía ni pizca de frío…
- Yo te calentaré.
La empujó suavemente hasta tumbarla sobre la mesa, y apoyar su peso sobre el cuerpo femenino.
- ¡Merlín! –Sonrió la castaña- ¿De veras quieres hacerlo en una mesa de piedra?
- Imaginación, Hermione. Supón que estás sobre una cama con sábanas de seda…
- Haré un esfuerzo…
No le contestó. Tenía cosas más importantes entre manos. Ahora, por ejemplo, se inclinó hasta besar su cintura, su ombligo, mientras subía sus dedos por los costados hasta quitarle la camisa. Ella arqueaba la espalda para permitir que sus labios pudieran acceder a más rincones de su piel. Temblaba por la anticipación al imaginar más sitios besables por él.
Gruñó enfadado cuando contempló el sujetador tapar sus pechos. Se despojó de la camisa antes de volver a inclinarse sobre su cuerpo. Le tocaba a él, efectivamente, era su turno.
Buscó sus labios, rozando, consciente del efecto, la piel de su torso contra la de ella. La desnudó con cuidado, con caricias devastadoramente eróticas buscando excitarla. Él era mejor amante que Weasley e iba a demostrárselo.
Estar enamorada no debía ser tan malo, si ello implicaba sentir lo que sentía. Los roces eran los mismos, pero la percepción estaba elevada hasta límites insospechados.
Los mechones rubios rozaban su piel, mientras lamía el valle de su escote y repartía sus atenciones entre ambos senos. Ella estaba inmóvil bajo su peso. Al menos podía tocar, o más bien amasar todos los músculos del abdomen, la espalda…
- Hermione…
Otro escalofrío y nuevamente pegó su cuerpo al suyo. Cuánta diferencia. La noche en la discoteca, todo eran prisas, en parte por miedo de los dos a que el otro recobrara el juicio y se fuera... Ahora la pasión era aun mayor, por la lentitud que imprimía el rubio a todo lo que le hacía. Comprendía lo que había dicho antes sobre el frío. Estaba abrasada, y notaba la piel caliente del chico. Le encantaba, y se lo diría de no ser porque las palabras se le ahogaban en la garganta sin querer salir. Notaba un vacío físico provocado por la tremenda excitación y ojala pudiera chillarle que dejara de torturarla de esa forma.
Pero cuando por fin se hundió dentro de ella todos los caminos de su garganta quedaron despejados y no pudo evitar que se le escapara un gemido, contenido por demasiado tiempo. El vació quedó lleno y se retorció bajo su peso.
La banda sonora de sus jadeos era mejor que la música estridente de aquella primera ocasión. Nada se escuchaba en los jardines, aparte de sus frases incompletas, carentes de sentido, o jadeos ahogados.
Notaba su espalda rasgarse contra la roca, e imaginaba las rodillas del rubio en similares circunstancias, pero eso no les preocupaba ahora.
Minutos después, tampoco importó mucho estar desnudos al aire libre, cubiertos solo por una manta, semidormidos en brazos uno del otro.
Y no importó, porque salieron del cansancio para volver a amarse varias veces más, hasta caer definitivamente rendidos, ya de noche, tras aparecerse en la habitación del chico.
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Y ya está. Tenía más cositas preparadas para este capítulo, pero ya se ha hecho demasiado largo. Llegarán las sorpresas en el próximo, prometido!
Besos y espero deseosa vuestros reviews!
