Capítulo 16: Whisky de Fuego
Semiabrió un ojo, perezosa. Se encontraba en el agradable limbo entre el sueño y el despertar. Los segundos de inconsciencia antes tomar consciencia de donde estaba, y de que tendría que irse a trabajar, seguro…
Sin preguntarse a sí misma motivos o razones, supo que estaba siendo abrazada por su espalda, debía haber otro cuerpo tras suya. Hermione notó entonces un brazo en la cintura confirmando su teoría. Pero aún no reaccionaba, ni le parecía raro o extraño.
Estaba desnuda. Fue su siguiente apreciación. Nada nuevo, dormía así muy a menudo. En este caso se dio cuenta porque su piel era suavemente acariciada por las sábanas de seda. Ella no solía dormir con sábanas de este material, pero nuevamente su mente obvió este detalle.
Volvió a abrir los ojos al cabo de unos minutos, esta vez completamente. En unos segundos su cabeza organizó toda la información que estos percibían. ¡Qué cambio! Despertó totalmente de forma brusca.
Cuando vio la habitación ajena, la ropa mal puesta dispersada por ella, un escritorio que no era el suyo, un armario que no era el suyo, una cama que no era la suya y otro cuerpo que no era el suyo… Claro que sabía donde estaba: en SU mansión, más concretamente en SU dormitorio y aún más específicamente durmiendo junto a ÉL, después de pasar –sin lugar a dudas- la noche más intensa de su vida, y comprobar que la fama de Draco respecto a las mujeres le estaba justamente merecida –aunque jamás se lo confesaría-.
Intentó escapar del abrazo, pero el rubio la sujetó más fuerte, aún en sueños. Le concedió la victoria, diciéndose que el mal ya estaba hecho, y que por un ratito más no pasaría nada.
Se giró hasta verle la cara. También estaba desnudo y casi se sonrojó de verlo, más bien, verse así. Cualquiera que los viera negaría de la imagen categóricamente. No quería despertarlo de ninguna forma, pero no pudo contenerse a acariciarlo tímidamente. Estaba tan devastadoramente masculino y atractivo que era como si un gancho invisible la atrajera a su cuerpo… Aunque, sinceramente, estaba agotada. Habían hecho un derroche de energía demasiado grande la pasada noche, y ya llevaba despierta los suficientes minutos como para notar la "resaca" corporal.
No sabía como afrontar la situación cuando él despertara así que volvió a hacer un esfuerzo para irse.
- ¿A todos tus amantes los torturas de esta forma tras pasar una noche con ellos? Quiero dormir más…
No lo decía enfadado, sino divertido. Tras hablar, abrió los ojos, miró la cara confundida de la chica y volvió a sonreír.
- Buenos días, Hermione.
No estaba molesto? No iba a echarla? La estaba tratando bien? "Hermione Jane Granger, el exceso de sexo y la falta de sueño son una mala combinación para ti. ¡Espabila ya!"
- Buenos días, Draco.
- Me alegra que hayas aprendido mi nombre.
Hubo unos segundos de incómodo silencio. O eso le pareció a ella. Hizo un nuevo intento de huida.
- ¿Dónde vas?
- Me voy.
- ¿Por qué?
- Esto está mal y tú lo sabes, yo…
- ¿Mal? Permíteme decir que yo pienso que está muy, pero que muy bien.
Estaba viviendo una situación surrealista: conversando como dos amantes reales. ¿Cuándo iba a empezar a burlarse de ella por haber permitido que la usara de esa forma? Recordó la pasión y la intensidad de todo lo vívido hacía tan solo unas horas. Recordó las palabras que le había susurrado…
No era tonta, sabía que eran fruto tan solo del deseo, y que jamás le oiría pronunciar algo parecido fuera de la cama, pero escucharlas fue igualmente perturbador.
- Vamos, hoy no tienes nada que hacer. Quédate conmigo, te garantizo que es más interesante…
Desnudo, con las sábanas tapando sólo hasta su cintura, risueño y recién levantado. Y si… Total, era sábado y no tenía que trabajar o madrugar, se decía a sí misa. Draco llevaba razón. Recién levantada no coordinaba bien, él se estaba aprovechando de eso para convencerla.
Era sábado… y tenía que irse a Alemania. Sólo eso…
…
- ¡MERLÍN! –chilló, saltó de la cama y de un golpe cogió la falda que estaba en el suelo y comenzó a ponérsela-.
- ¿Qué pasa ahora?
- Tengo un compromiso. Es serio, no puedo quedarme.
- Hermione… me estás mintiendo… ¿desde cuando un león tiene miedo de una serpiente?
Ya estaba casi vestida. Iban a matarla. Miró un reloj cercano. Casi las diez de la mañana, y habían quedado a las nueve en casa de Harry.
Draco sin embargo se puso tan solo un pantalón, desganado y ligeramente adormilado.
- No te tengo miedo, estúpido –se puso un zapato-.
- Me encantan peleonas… -dijo mientras se acercaba, peligroso-.
- Adiós. El lunes nos vemos –abrochó los botones de la chaqueta-.
- El lunes? Y mañana? –ya había llegado a ella, poniendo la mayor parte posible de su cuerpo en contacto con el suyo-.
- Estaré fuera todo el fin de semana. Llego tarde… Dra… por favor… déjame…
La soltó.
- Muy bien.
- Hablaremos cuando vuelva, de acuerdo? Y… por cierto…
Le besó agarrándole el trasero.
- Los leones no tememos a las serpientes.
Y se fue, corriendo, y escapó de la situación.
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Ron paseaba nervioso por el salón. Iban con retraso. Y ardía por encontrar al culpable o los culpables de que Katie estuviera aún hospitalizada. Sed de venganza. Se sentía retenido contra su voluntad, mientras deseaba estar en acción, capturando, encarcelando...
Mientras, Luna intentaba buscar seres portadores de la buena suerte en la chaqueta de Neville con aire despistado, y Harry enrollaba y desenrollaba distraído mechones del cabello de Ginny, que estaba sentada a su lado. Fred y George dormitaban en un sofá.
Todos esperaban a Hermione, que llevaba más de una hora de retraso.
- ¿Y si vamos a buscarla?
- …
- No Luna, con la mala suerte que tenemos, es posible que esté a punto de llegar. Si vamos a buscarla podemos cruzarnos sin vernos en el camino y perder más tiempo, esperaremos aquí.
- Si… claro…
Y cada uno volvió a su tarea anterior.
En ese justo instante, Hermione entró a trompicones, respirando como si acabara de correr los cien metros obstáculos.
- ¡Llegué! -dijo triunfante.
Pero no encontró una buena recepción. En silencio, se cambiaron de ropa, preparados para las bajas temperaturas que iban a encontrarse, después revisaron las alarmas mágicas del piso de Harry y Ginny, dejándolo protegido mientras estuvieran fuera. Luego, sin hablarle en absoluto –solo Fred le ofreció una tímida sonrisa- tomaron un periódico viejo que hizo las funciones de traslador hasta Alemania.
En unos minutos, estaban "aterrizando" en una apartada calle, mirándola aún con el ceño fruncido. Mientras tanto, se recuperaban del mareo provocado por aparecer a tanta distancia.
Faltaban días para Nochebuena y eso se notaba en el frío clima nórdico. Pensaban disfrazarse mágicamente para no ser reconocidos, pero por ahora con las ropas de abrigo pasaban desapercibidos.
Su primera parada era la empresa –muggle- que fabricaba materiales de construcción, de la que obtenía sus principales ingresos Sviatoslav, el mayor de los hermanos Kristov. La verdad es que la escena desde la calle era un poco triste: la zona estaba alejada del núcleo de población, y las paredes de la edificación eran de un gris bastante tristón y uniforme. No tenía a penas ventanas. Tampoco se veía mucha gente. Quizás porque era sábado por la mañana, quizás porque todo el mundo estaba en plena euforia de compras navideñas.
Los preliminares fueron muy sencillos: entrar disimuladamente y, tras anular algunos empleados, usar multijugos para hacerse pasar por ellos. Se dividirían y buscarían cualquier cosa sospechosa que pudiera haber en la nave industrial.
Lunna y Neville habían hecho bien su trabajo de informarse. La empresa era la única fuente de ingresos de los tres hermanos, pero no eran los suficientes como para llevar la vida acomodada que llevaban. Debía de haber algo más.
Hermione se miró de arriba abajo, dispuesta a comenzar a indagar: extraña con la nueva apariencia y el mono de trabajo verde botella.
Después observó las cintas de producción, controladas por los empleados habituales. Dentro el ambiente era lo más opuesto posible al del exterior: los compañeros hablaban animadamente unos con otros mientras trabajaban. Había algunos adornos navideños en el techo. En esa situación, nadie notaría si ella fisgoneaba un poco¿no?
Había algunas puertas en los laterales: una la de dirección, sala de juntas otra… Aquello no era interesante por el momento, y demasiado arriesgada su incursión. Además era muy probable que Ron estuviera ocupándose de eso.
Rastreó el lugar con magia no verbal avanzada para no llamar la atención de los muggles que trabajaban allí, y con cuidado de no alertar a los posibles magos que pudiera haber.
Uno de los empleados la saludó con aire cordial, y ella respondió con un gesto de cabeza. Con su nuevo aspecto, eso estaba previsto.
Tras unos minutos de búsqueda sin éxito encontró la primera pista de algo anormal: una pequeña argolla bajo el lateral de un armario de recambios.
Lo más importante seguía siendo no llamar la atención. Tomó un trago de multijugos para mantener su apariencia y buscó en los bolsillos interiores de su mono. Previniendo que pudieran ser necesarias, todos llevaban un kit de pociones útiles consigo. Tras tomar la multijugos las habían guardado en las ropas de trabajo. Disimuladamente, Hermione bebió de una que permitía ver a través de superficies sólidas.
Observó sorprendida. La argolla pertenecía a una trampilla que permitía el acceso a un subsuelo oculto. No veía muy bien, pero parecían botellas. ¿Botellas? Era momento de llamar a los demás.
Tocó disimuladamente el galeón encantado que llevaba colgado. Se reunieron en grupo cerca de la entrada –aparentemente eran unos empleados en su descanso de media mañana-, y les contó lo que había visto.
Ya en el exterior, reanimaron mágicamente a las personas que habían sustituido con la multijugos. Después Fred tras acariciar la mejilla de Hermione de forma cariñosa, envuelto en una capa invisible con pociones escondidas en ella y varita en mano fue el encargado de ver que podría haber en ese sótano.
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Brandom paseaba volviendo a casa. Había tenido lugar una reunión con los rebeldes. Nott había aconsejado prudencia tras el ataque. Ahora tendrían a todos los aurores encima de cualquier indicio fuera de lo normal.
O sea, que ahora les esperaban unas semanas tranquilas. Perfecto.
Estrechó los hombros, frotando los brazos con su cuerpo para darse algo de calor corporal. Luego subió el cuello de su chaqueta. ¡Qué frío! Su cuerpo estaba acostumbrado al clima suave australiano, y este frío londinense…
No había mucha gente por la calle, sólo se veía otro hombre caminando como él, dirigiéndose a alguna parte en concreto, quién sabe… "Un momento…-se dijo- … ¡Es Malfoy!".
No era tonto, había notado que Draco no se fiaba mucho de él, pero quería hacer que eso cambiara. Mejor sería llevarse bien. Sí.
- ¡Malfoy! –lo llamó-.
- Buenas Brandom. ¿Qué tal?
Percibía en el tono de voz, que era un saludo meramente cordial. Sólo porque estaban en el mismo grupo, del mismo bando. Nada más.
Pero cinco minutos más tarde, con mucha insistencia por parte del australiano, ambos iban al bar más cercano a tomar un café.
Draco había ido aumentando su mal humor durante todo el día. En algún fatídico momento recordó las palabras del "comadreja clonado", nombre cariñoso que había empezado a darle mentalmente a Fred Weasley. Él había dicho que pasaría el fin de semana con Hermione.
A estas alturas ni siquiera estaba muy seguro de creer que estuvieran juntos o no, pero la posibilidad de que otro pudiera disfrutarla oficialmente, que ella huyera de su lado para irse con él, la sola sospecha de que lo prefiriese… Había sentido celos, fuertes incluso, en otras ocasiones de su vida, pero lo que sentía ahora era totalmente nuevo.
Así que con un humor de perros, tuvo encima la "mala suerte de cruzarme con el imbécil de Brandom". Y con poca gana, y por cortesía, aceptó tomar algo juntos. Total, mejor eso que estar rumiando sus tonterías, dándose pena a sí mismo.
Además finalmente no fue un café lo que tomaron, sino whisky, mucho whisky…. Y tras cierto número de copas hasta empezaba a caerle bien aquel imbécil redomado. Llegó un momento en que sólo le escuchaba hablar, y le respondía con monosílabos y frases cortas, a punto de dormirse. Ojala no estuvieran charlando de nada importante…
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Cuando Fred salió de nuevo a la calle, no confundió a sus amigos con montones de ropa por las narices rojas por el frío. Estaba empezando a nevar. Y a soplar viento helado. Volverían pronto.
Sviatoslav Kristov traficaba clandestinamente con whisky de fuego. Además había descubierto –con la poción agudizadora de la visión- un traslador a Londres en el despacho del susodicho. Había hecho un buen trabajo: tomando muestras necesarias como para detener y capturar al búlgaro. Pero era demasiado pronto. No querían encarcelarlo hasta no tener algo sobre el ataque del callejón diagón, el trabajador de la cantera mágica atacado o el veneno. Lo único que no había podido tomar eran unos papeles que parecían extranjeros por su forma, estructura e idioma.
En el subsuelo ya no trabajaban muggles, sino magos muy cualificados. De todas formas, no tenía mucho sentido esconderse y arriesgarse por whisky de fuego. No debía ser muy producente. Todo el mundo lo bebe y accede a él con facilidad…
Pero hasta el momento solo tenían contrabando ilegal de whisky. Ya esta. Habría que investigarlo más. Tenía que haber más. El traslador a Londres y los papeles misteriosos eran por ahora pistas que no llevaban a ninguna parte.
Otra racha de viento frío. Fred abrazó a Hermione en un intento por calentarla.
- ¿Mejor?
- Sí… gracias… pero no es necesario… de veras… -estaba empezando a agobiarla-.
Lo oyó sonreír mientras insistía en compartir calor corporal.
"Esto está mal, va a salir mal…" –se repetía ella mentalmente-.
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Katie tenía el mismo sueño una y otra vez. Era desesperante. Se le unían fracciones y no sabía si eran sueños o más bien recuerdos que su mente quería mostrarle mientras dormía.
No recordaba absolutamente nada. Sabía leer, escribir, el nombre de los objetos, usar correctamente la magia… Pero no era capaz de adivinar cuándo, cómo y dónde había aprendido todo lo que sabía.
Pasaba el día rodeada de médicos, que le hacían pruebas y la obligaban a tomarse pociones, la sometían a encantamientos para recuperarse… Hizo algunos tests y exámenes para comprobar el nivel de conocimientos que recordaba. Eso al menos salió bien. Alguien le dijo que trabajaba en el Ministerio.
Había recibido visitas de algunos amigos, pero no los reconocía y era desesperante y frustrante. La miraban con pena, con lástima y no sabían que decirle. Ni ella que decir a ellos. La incomodidad era recíproca.
Sólo tenía como conexión a la realidad al chico pelirrojo, pecoso, el que pareció tan preocupado por ella cuando despertó. Lamentablemente intuía que no podría decirle nada sobre su pasado, porque también intuía que conocía todo sobre ella por cómo le había hablado. A lo mejor era malo darle mucha información de golpe y lo oportuno era recordar de forma natural. No sabía. Pero él se había preocupado tanto por su salud… Ron Weasley… no le sonaba, ni le evocaba ningún recuerdo, pero llevaba días sin verlo y lo echaba de menos.
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Hermione tenía varios mechones castaños separados desordenadamente del resto, por culpa del gran esfuerzo continuado de las últimas horas. Había acabado el primer giratiempo. No era muy potente, capaz de retroceder tan solo unos escasos minutos en el tiempo, pero ahora que había finalizado el proceso minucioso de construcción de uno de ellos, sería mucho más fácil y mecánico hacer el resto.
Era lunes por la mañana. El fin de semana lo pasaron en casa de Harry prácticamente, dándole vueltas al asunto del whisky de fuego. Pero no sacaron nada en claro. Fred había estado "acosándola" los dos días. No podía darle lo que quería de ella y le resultaban agobiante según qué momentos.
Volvió a mirar el giratiempo. Parecía un reloj de bolsillo del siglo XIX. Estéticamente era precioso, de color plata, con intrincados dibujos en las tapas –al menos los enrevesados labrados no tuvo que hacerlos ella- y un cordón a juego para poder llevarlo sujeto al cuerpo en todo momento.
Se paró unos minutos contemplándolo. Recordó sonriendo el año que tuvo que usar uno para poder acudir a todas sus clases en Hogwarts. Se lo colgó al cuello uniéndolo al cordel del galeón-comunicador encantado que ya llevaban todos. El gesto le pareció tan familiar….
Sonriéndose a sí misma por sus absurdos ataques melancólicos, y mientras se lo quitaba para dejarlo en su sitio, llegó un memorando: alguien había venido a visitarla y la esperaba en el comedor.
Dejó todo sobre la mesa de trabajo y tras coger su bolso y cerrar la habitación mágicamente, salió corriendo hasta la entrada del ministerio.
- ¡Fred! … Fred? Qué haces aquí?
Allí estaba el gemelo. De pie, apoyado en la pared, tranquilo, con las manos metidas en los bolsillos laterales de unos vaqueros. Se incorporó al verla llegar.
- Ja, ja, ja… yo también me alegro de verte. –la tomó de una mano que besó tranquilamente-. Tenemos que hablar.
- ¿De qué?
- ¿No te haces una idea, Herm? –dijo, mientras la instaba a sentarse en una mesa de la cafetería-.
- No…yo… no… -la conversación estaba tomando un rumbo señalizado con un gran cartel de "Peligro".
- Siéntate, por favor. A estas horas parece que no hay nadie aquí, podremos conversar tranquilos.
- Fred, escucha, este no es el sitio ni el momento para tener una conversación seria, espera que salga y…
- No. Ahora.
- Bien, tú dirás.
Estaba muy nerviosa. El pelirrojo no lo veía, pero tenía las manos enredadas sobre su regazo, mientras se retorcía los dedos. Aquello iba a salir mal. Seguro.
Ya sentados uno enfrente del otro, él rozó sus muñecas y recorrió con su vista un camino desde ellas hasta los ojos. Ahora el cartel mental de "Peligro" era diez veces más grande.
- Me gustas. Mucho. Creo que estoy enamorado de ti.
Silencio sepulcral. Cuando no se tiene nada que decir, mejor no estropearlo todo aún más con palabras estúpidas y vacías.
- No te hagas la sorprendida, sé qué lo sabes.
Claro que lo sabía. Al menos lo sospechaba con, acababa de comprobar, bastante acierto. Por eso había estado escapando de él todo el fin de semana, quería evitar la conversación que estaban teniendo. Quería evitarle el dolor de una negación.
- Escúchame. Sé que no sientes lo mismo por mí, o no con la misma intensidad que yo. Jamás pensé que diría esto, pero me da igual. Te daré tiempo. Tiempo para olvidarte de quien sea que ocupa tu mente que no soy yo.
¿También era psicoanalista? Siguió hablándole durante más minutos. Hermione supuso que estaba intentando convencerla para estar con él, dándole motivos. Pero no le estaba escuchando en absoluto.
No obstante, las palabras le iban llegando despacio a la mente, al subconsciente, destapando sus miedos. ¿Y si Draco solo la había querido por sexo? En tal caso, debería de aceptar la propuesta del guapo pelirrojo, olvidarse de Draco y hacer lo debido. Fred estaba enamorado y el rubio se cansaría pronto de ella, si es que no lo había hecho ya… además no tenían nada¿no?
Lo que en un principio de pareció escandaloso, cada vez resultaba más lógico. Quizás al principio le hiciera daño a Fred, pero conseguiría sentir algo por él tras el continuo roce regular. Era apasionado en todo lo que hacía, cariñoso y un bromista empedernido.
- Fred…
- …
- Intentémoslo.
Lo vio sonreír y aunque no lo deseaba pasó lo inevitable: la besó. No fue capaz de pararlo, comenzó a acercársele y en unos segundos, que se le pasaron con un suspiro…
Sintió piel suave tocando su piel, calor que desprendía el chico… y ya está. Ni cosquilleos, ni mareos. Nada a parte de lo meramente físico. Esperó esperanzada que llegara "algo", pero no. Nada.
"Demasiado pronto para sentir una decepción" –se dijo-. ¡Qué distinto! No notar el calor abrasador que sentía con Draco… y ahora se odió por estar pensando eso en aquel preciso instante. Se sintió como una traidora, sucia y manchada. Acababa de aceptar tener algo con Fred, y en su primer beso caía en el error –inevitable por otra parte- de compararlo con el rubio.
Y tal y como imaginó en una ocasión, la comparación fue favorable al Slytherin. Abrir los ojos y echar en falta los mechones rubios y la expresión traviesa, recordar de pronto que se había acostado con él días atrás…
Cortó el beso y se abrazó a Fred intentando sentirse mejor, más merecedora de su cariño.
Para animarlo, le miró e intentó esbozar una sonrisa que se le antojo fría, calculadora, absurda y obviamente falsa; pero que por lo visto fue suficiente para el pelirrojo que la creyó totalmente.
Ella no se quitaba del corazón la sensación de estar metiendo la pata. Y esperaba que la cabeza llevara razón: que al menos una parte de su cuerpo tuviera la sensación de estar haciendo lo correcto.
Cuando se enterasen sus amigos. ¡Qué vergüenza! Intentó quitarse ese pensamiento de la cabeza: en ese instante estaban solos, ya llegaría el momento de admitir delante de todos que estaban juntos.
"Qué dirá Draco cuando se entere? Se enterará?"
En constante pelea consigo misma, decidió no pensar más y disfrutar del momento.
Pero los ojos grises, salpicados de mechones rubios que ella se recriminaba por recordar, habían visto la escena completa.
Draco. Apretaba el pomo de la puerta principal del comedor, como queriendo volcar su ira sobre él, mientras fulminaba con la mirada lo que veía: Hermione y Fred, besándose.
Hermione y Fred, Fred y Hermione, Hermione, Hermione, Hermione… Cada repetición mental del nombre era un martillazo para él.
Salió corriendo de allí.
No pensaba que nada fuera a ser así. Pero toda su percepción de la realidad cambió en segundos. Una cosa es imaginar, sospechar, intuir… que SU chica estaba con otro, y otra muy distinta es verlo con sus propios ojos. Parece hasta que uno no lo ve, no acaba de creerlo, es más fácil auto-negarse lo que pasa. Pero ya no había excusas: habían estado delante suya, palpables, reales. Estaban juntos. No era una broma, ni una forma de provocarle. No. Podría ser incluso que se quisieran.
…
Ahora sintió dolor físico. Dolor en todos los músculos, articulaciones… de su cuerpo. Celos que dolían, le encogían de dolor.
Y después de los celos, o más bien mezclándose mortíferamente con ellos… la ira. El odio. El deseo inmediato de hacer un daño igual o superior al recibido.
Y tenía la forma de hacerlo.
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Volví! Por fin volví! Y siento mucho el retraso. Lo he dicho mil veces y lo diré mil veces más. Estuve de exámenes, me tomé unas pequeñas minivacaciones, mi ordenador se rompió, mi inspiración se fue…
Pero lo importante es que he regresado y conmigo, mi ritmo de actualizaciones semanales!
Mil gracias a todos por leer y un abrazo muy fuerte a Miss Boop, silviota, oromalfoy, Lore, Menfis, Hanna y Pumuky por sus comentarios.
Un beso tremendo y espero vuestros fantásticos reviews!
