Capítulo 17: Dulce navidad
Harry, Ron y Hermione habían pasado toda la mañana comprando la comida, bebida, adornos… necesarios para la gran fiesta de esa Nochebuena. Iban a celebrar las dos noches más importantes de Navidad (la que estaba por llegar y el treinta y uno de diciembre) en el nuevo piso de Ron. Aún estaba sin amueblar y casi sin pintar e iban a disponer de mucho espacio, la tranquilidad de romper algo y de estar entre gente de confianza.
Afortunadamente, el apartamento estaba en zona mágica y podían llevar las compras levitando ya que pesaban casi más que ellos. Iban a cocinar Harry y Ron. El sector femenino del grupo ya había hecho las oportunas bromas sobre las artes culinarias de estos dos, por supuesto, bromeando sobre tener siempre a mano el teléfono de una pizzería por si quemaban el "Lomo a la Sal" que tenían en mente. La receta quedaba muy bonita en el libro, pero no los veían capaces de reproducirla con fidelidad. Ellos se lo habían tomado como un reto personal y por eso no solo se ocuparían de preparar plato principal sino también de los canapés, bebidas y ¡de fregar los platos! Ginny tenía razón, sólo había que saber motivarlos de la forma adecuada. ¡Esta Ginny…!
Todo estaba saliendo muy bien, solo se echaba de menos a Katie, que en los últimos meses se convirtió en parte de la vida de todos, principalmente de Ron. Irían a verla antes de la cena, y el pelirrojo murmuró algo sobre ir solo al día siguiente.
Fred y George llevarían artículos de la tienda para amenizar la noche, pero al ver la cara de terror de Luna al escuchar semejante declaración de intenciones, Neville les advirtió que no se pasaran de la raya. La defensa acérrima hacia "su chica" le hizo ganarse las burlas de los gemelos. Vamos, que el ambiente se podía describir con una sola palabra: navideño. Habían dejado aparcado el asunto de los sucios negocios de los Kristov para disfrutar algunos días tranquilos.
Bueno, siendo sinceros, Hermione no se sentía muy navideña ni con mucha ganas de fiesta. Se pasaba gran parte del día enfrascada en sí misma. Fred le gustaba., sí. Era tan cariñoso, tan paciente, tan guapo… era el chico ideal para ella. Todo lo que siempre quiso. Cuando estaban juntos lograba olvidar por momentos a Draco. Desgraciadamente, lo que siempre quiso no coincidía con lo que quería ahora.
Se sentía mal por lo que había hecho, como si estuviera traicionando al rubio, aunque no supiera nada de lo suyo con el gemelo. Pero tenía excusa, desde luego que la tenía.
Miedo. Estaba muerta de miedo. Quería esconderse bajo una coraza y no volver a salir nunca más, concretamente no cruzarse con Draco jamás. Al despertar juntos no reaccionó ni lo pensó tanto como ahora (y realmente le había dado miles de vueltas). Concluyó que lo que compartieron –y no sólo esa noche, sino en el transcurso de los meses- había sido especial, distinto… Y sintió miedo. Fred fue su tabla de salvación. Apareció con sus promesas de comprensión, de amor… y no pudo negar una felicidad que resultaba tan aparente, tan obvia. De pronto, las imágenes que su mente asoció siempre al Slytherin eligieron ese momento y no otro para hacer su entrada triunfal: recordó al Draco racista, seductor y don Juan, al que la insultó siempre, al que vió con Nott tras el ataque al callejón Diagón… Era mejor que se alejara, que esperar a que fuera él quien la dejara tirada, riéndose de ella.
Sus maquinaciones seguían por caminos más tortuosos y rebuscados, hasta que recordaba que en realidad, ellos no habían tenido nunca NADA. Y eso era si cabe más doloroso, y a la vez reafirmaba su decisión de estar con Fred.
Ojala pudiera refugiarse en esa "coraza" y desaparecer del mundo… Cómo si eso fuera fácil en Navidad! Justo en Navidad! Al menos parte de su deseo se había cumplido en parte: no había visto a Draco desde "esa mañana". El lunes por la tarde fue a su mansión a seguir con el trabajo de la poción VT, pero una elfina doméstica le comunicó que "el señor no estaba en casa". Volvió a ir el martes y se repitió la misma historia… No estaba y los elfos no le daban información al respecto. En el trabajo, sorprendentemente, no se lo había cruzado ni una sola vez… qué raro. Total, que aunque una parte de ella se alegraba de no tener que "enfrentarse a él", otra se preocupaba pensando dónde estaría o si le pasaría algo…
Por si fueran pocos sus problemas, la segunda vez que fue a la mansión –sin éxito, claro- vio por allí a un chico rubio que no le dio buena espina. Su cara le recordaba a alguien que trabajó en el ministerio no hacía mucho, aunque no podría asegurarlo. No sabía que había acertado, cierto que trabajó en el ministerio: ese chico era Brandom, esperando para ver a Draco.
Volvió a sus pensamientos. Se animaba pensando que sentía esa confusión al haber comenzado su relación con Fred sin estar "exorcizada" aún del rubio, pero que eso cambiaría pronto.
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Efectivamente, Brandom había ido varias veces a la Mansión Malfoy y no había conseguido ver a su principal y único inquilino. Le había sacado mucho provecho a su conversación entre copas –muchas copas- la tarde anterior. Lo único que dijo, estando ya bebido, fueron frases sin sentido… "comatreja cromada" o algo así, no dejaba de lanzar insultos tras ese "mote". Un chico complejo, ese Draco, y listo, muy listo. Pero él había sido más listo, presentándole a la persona adecuada y hablando lo preciso. Daba igual porque, por la borrachera que pilló, no recordaría mucho de lo que hizo. Mejor para el australiano. Esa tarde tuvo que dejarlo personalmente en la puerta de su casa: a penas se tenía en pie. No le importó hacerlo. Quería ser su amigo, le convenía ser su amigo.
Estaba tranquilamente sentado en su cómodo sofá, disfrutando de un momento de soledad mientras pensaba todo esto. La vida le sonreía y todo marchaba a la perfección.
Bebió un trago más de la amarga copa que tenía en la mano. Se podría decir que aquel líquido espeso le daba la vida, pese a su difícil obtención… lástima que fuera tan desagradable al sabor. Cuando estaba dispuesto a llevar el recipiente de vidrio otra vez a su boca, sintió un fuerte dolor electrizante que le dejó en una especie de extraño trance.
Como en un flash-back, se vio a sí mismo, paseando de noche por una playa de arena fina. No había mucha gente en aquella parte donde estaba, aunque se veían algunas terrazas a lo lejos. Hacía calor; llevaba ropa de verano. Se oían las olas romper en la arena y detrás suya, los coches, personas… que salían noche tras noche allí.
De todas formas, sentía que estaba en peligro, en peligro inminente. Se respiraba tensión, algo malo iba a pasar…
Miró hacia atrás esperando ver algo raro, pero nada. Pero ese desasosiego… debía irse de allí…
Todo pasó muy rápido. Se oyó un disparo sordo, notó un impacto en su espalda y su camisa blanca teñirse de rojo sangre. Murió segundos después.
Estaba muerto…muerto…
Brandom salió del extraño trance, resoplando entre sudor frío. Seguía estando en su salón, sentado. ¿Lo que había visto era su propio asesinato? Irritado, se levantó del sofá tirando a suelo la copa de la que estaba bebiendo. Se hizo añicos inmediatamente y el líquido se expandió por el suelo manchando la alfombra. Peinó el pelo dorado de su cabeza bruscamente, pasando sus manos entre las ondulaciones.
Aun medio mareado subió las escaleras hasta su habitación. Primero se aseguró de estar solo. Siguiendo el ritual de siempre, abrió el armario oculto tras fuertes hechizos que estaba tras la pared. Apoyado en una de sus puertas observó el contenido.
En un estante superior, varias botellas del mismo líquido que manchaba su alfombra del piso de abajo, preparadas para agregar una sustancia que les diera su consistencia definitiva. Y en el gran hueco del armario, manteniéndose conservado mágicamente… el secreto de su éxito, y el motivo de sus extraños trances y flash-back.
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Draco Malfoy despertó el lunes por la mañana con una de las mayores resacas de su vida. ¡Maldito Brandom! No recordaba a penas nada, el rubio ese le había estado hablando toda la noche: increíblemente alguien necesitaba desahogarse más que él mismo. Al menos, había tenido la decencia de traerlo a casa, él y otra persona que no recordaba, pues estaba claro que Brandom solo no hubiera podido con su peso.
A pesar de todo, una vez despierto y ya más despejado después de tomar una poción para su horrible estado, se dirigió animado al Ministerio: tenía ganas de ver a Hermione. Eran unas ganas absurdas, inocentes e inexplicables. Decidió esperar unas horas antes de ir a buscarla, para no parecer tan desesperado como realmente estaba. Y lo que se encontró…apretó fuerte los puños solo de recordarlo.
Después se fue de allí, directamente a hablar con Nott. Le dijo que empleara sus contactos para justificar una falta al trabajo. Con todo arreglado, volvió a su casa a preparar la maleta. Metió ropas de abrigo, y otras más frescas, pues no sabía qué clima se iba a encontrar. Ingredientes para pociones, la varita en el bolsillo trasero de sus vaqueros…
No tendría que ir a trabajar hasta después de Navidad, pues Theodore le había excusado oficialmente las ausencias de los tres días que quedaban hasta esa fecha. Se iba a tomar unas necesitadas vacaciones.
Envuelto en su capa de invisibilidad, se coló en el Ministerio con la seguridad de quién lo ha hecho más de una vez con éxito. Dirigió sus pasos hasta la sala circular, hasta la puerta tapiada, hasta la mancha azulada que lo llevaría lejos de allí. Al pequeño mundo.
Inmediatamente después de aparecerse, cerró los ojos. No sabía exactamente por qué, esperaba encontrarse con un tiempo revuelto, frío y ventiscoso. Acertó. Quizás su estado de ánimo no estaba en absoluto preparado para ver primavera, árboles en flor, sol y cielo azul… sino que más bien necesitaba tormentas, nieve y árboles desnudos, sin hojas, solo con ramas peladas.
Se frotó las manos y extrajo una capa de invierno de su maleta. Iba a pasar allí varias noches solo, y la opción de la cueva que compartió con Hermione no era muy tentadora. Necesitaba además, estar ocupado, así que se puso manos –y varita- a la obra. Fue hasta el bosque de Sav&Gennut dónde estuvo con ella. Le pareció un buen sitio. Se construiría su propia cabaña justo allí.
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Y llegó la Nochebuena a Londres. Concretamente al piso de Ron. Harry y él traficaban entre fogones. Mientras, Luna y Ginny colocaban sillas y mesas en su sitio por el amplio salón. Hermione adornaba ventanas y paredes, y los gemelos y Neville decoraban el árbol, entre maliciosas sonrisas de los primeros. Nadie se fiaba de los ornamentos que "inocentemente" habían traído (seguro que estallarían en cualquier momento). Hicieron cientos de fotos mágicas que quedarían ahí para el recuerdo: Neville colocando la estrella del árbol, George quitando la escalera y haciendo que este último cayera al suelo, Ginny saliendo de la cocina con la nariz llena de harina por culpa de Harry…
Sea como fuere, todo estuvo listo para la hora de la cena. Estaban todos sentados en la mesa cuando salieron de la cocina los orgullosos chefs.
- ¡Ya está la cena!
- Cariño –dijo a Ginny un sonriente Harry- tendrás que corregir tu hiriente comentario… la cena ha quedado a pedir de boca, y no es porque la haya hecho yo… ¡sino porque verdaderamente está estupenda!
Efectivamente lo estaba, pero antes de empezar a comer, Fred propuso un brindis.
Draco se dejó caer apoyado en una pared. La pequeña cabaña estaba acabada. Por fin, dos días después del inicio de su construcción. ¡Qué mejor sitio para pasar la Nochebuena! Nadie le daría el premio mágico de arquitectura o bricolaje por su refugio, pero a él le valía. Se estaba caliente, al menos, y tenía una acogedora chimenea y "algo" que se hacía pasar por cama (ni siquiera podría ser considerado viejo colchón), pero no necesitaba más.
La tristeza, entre todos los estados anímicos por los que había pasado esos días, hizo su aparición entonces. Estaba solo, en cada uno de los sentidos. Mientras la mayoría de gente estaba rodeada de familia y amigos, comiendo reunidos suntuosas cenas, mirando impacientes los regalos bajo el árbol… él permanecía sentado en una cabaña de madera, alejado del mundo, dispuesto a comer algo de pan con comida de lata y un refresco. No había tenido nunca una navidad de anuncio de polvorones, pero ahora, justo ahora le apetecía.
- Brindo por todos nosotros-comenzó Fred-, por Katie (aunque no esté hoy aquí). Tenemos muchos problemas y asuntos por resolver, que hemos decidido posponer para disfrutar estos días tan importantes. Lamentablemente mis padres no pueden estar, este año será Charlie quien disfrute de su compañía, pero estamos nosotros! –sonrió-. No obstante, antes de comenzar a intoxicarnos con la carne que han hecho mi hermano y Harry –todos rieron-, tengo que daros una buena noticia entre todo este caos.
Le miraron expectantes. "No, por favor, no…" –se dijo a sí misma Hermione-.
Acabó pronto su bocadillo y se deseó a sí mismo feliz Navidad. El sábado, cuando despertó con "ella" –recordar su nombre también era doloroso-, pasaron por su mente cantidad de ideas "ridículamente sentimentaloides" y "cursiladas románticas" que un Malfoy no debería permitirse pensar, por muy encaprichado que estuviera de una mujer. Le apetecieron cosas tan vergonzosas y humillantes como pasar el tarde entera abrazado a su cuerpo, sin ninguna intención física, decirle cosas al oído y hacerle sonreír, ver la televisión muggle que tenía en su apartamento –nuevamente abrazados-, y desde luego volverle a hacer el amor durante toda la noche.
Pero ella estaba con el comadreja clonado… con un pobretón Weasley…
- ¡Venga Fred, no nos hagas esperar! –lo apremió Neville-.
- Hermione, ven, levántate. La noticia nos concierne a los dos…
La cara de la castaña lucía la mayor sonrisa forzada de la historia.
- Bueno, -siguió el gemelo-, quizás no sea tan importante, pero estamos entre amigos y no vamos a tener secretos unos con otros después de todo lo que nos ha pasado.
- ¡Qué lo digas ya! –ahora lo urgió George.
Fred sonrió y besó a Hermione delante de todos.
- Estamos saliendo juntos.
Se escucharon carcajadas, felicitaciones, y bromas de todo tipo.
- Así que ha eso os dedicabais, y nosotros pensando que de verdad trabajabais en hechizar los galeones…
- Que callado lo teníais…
Parecía que ya era oficial a todas luces. "Estamos saliendo juntos" –se repitió la castaña-.
-...-
No podía creerse que aquello le estuviera pasando a él.
A Draco Malfoy.
Tocado y hundido por una sangre sucia.
Quizás lo peor, es que una parte suya, la que ahora tenía oculta bajo capas de orgullo herido y de resentimiento, deseaba que todo fuera broma, que ella volviera a sus brazos, llorando, reconociendo que no quería al bufón ese…pero, si eso fuera así, sería capaz de perdonarla?
No, claro que no. Quería hacerle daño, un daño enormemente superior al que sentía. Humillarla, hundirla y degradarla. Había creído que Granger era distinta, pero era otra furcia como las que besaban el suelo por el que pisaba. Era igual que todas. Se sentía de nuevo el Malfoy de Hogwarts, el hijo de Lucius. Y además, quería sentirse así: malvado, déspota y vengativo.
Respecto al imbécil de Fred Weasley… Si lo tuviera delante lo mataría. Sin necesidad de magia o varita. Con sus propias manos. Lo golpearía las veces que fueran necesarias como para borrarle la estúpida sonrisa esa de la cara, hasta dejarlo inconsciente tirado a sus pies.
Así que, cuando finalmente cayó dormido, lo hizo feliz, o todo lo feliz que podía llegar a estar. Le habían herido: pero él lo devolvería multiplicado por mil.
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La mañana del veinticinco de Diciembre amaneció fría pero algo soleada. Hermione fue la primera en despertar. Estaba echada sobre uno de los hombros de Fred, que a su vez, durante el sueño había acabado reposando sobre su hermano gemelo. Harry estaba en un sofá, con Ginny en brazos. Neville, Luna y Ron ocupaban un tresillo y dormitaban aún.
Debían haberse quedado dormidos la noche anterior tras la quinta partida del mini-torneo de ajedrez, o tras una de snap-explosivos… quién sabe.
Miró su reloj de muñeca: ya era medio día. Tendría que despertar a Ron y Harry, porque ese día todos los empleados del Ministerio tenían una comida.
Al moverse, despertó a Fred.
- Buenos días cariño.
- ¡Feliz Navidad!
- Exacto! Feliz Navidad! Qué haces despierta tan temprano? –dijo bromeando-.
- Quiero despertar a tu hermano y a Harry. Tenemos almuerzo de empresa –respondió sarcástica-.
- Mmmm –aún estaba muy adormilado, la abrazó mientras acababa de estirar los entumecidos músculos-. ¿Puedo acompañarte?
- Me temo que no… no, no te enfades… solo podemos ir trabajadores, y no se puede llevar a nadie de fuera.
- Puedes ir por mi –se oyó la voz de Ron- No me apetece comer allí en absoluto. Voy a ir a ver a Katie.
- Pero no puede hacer eso. ¡Maldita sea! Tenéis que despertarnos a todos, eh! –dijo Harry, simulando estar enfadado-. Iremos nosotros dos, Herm, y no se hable más.
-...-
Para el medio día, Draco estaba más que despierto. Ya había vuelto a su mansión, y estaba vestido para ir a la comida. A punto de bajar las escaleras, alguien llamó a la puerta. Se quedó de piedra. Eran Brandom y una rubia sonriendo con cara de tonta a su lado.
- ¿Brandom? –dijo, todo lo cortés y educado que pudo-. A qué debo el honor de tu visita? Pasa algo…?
- ¡Draco! –ignoró sus preguntas-. ¿Dónde habías estado? Ginger y yo te echábamos de menos…
- Ginger y tú…
- ¿No te acuerdas de ella, pillín? La otra tarde parecíais entenderos tan bien… Ella es prima mía y es nueva en el Ministerio, como ya te dije, y esperaba que tú pudieras ayudarla a integrarse llevándola al almuerzo.
Draco la miró de arriba abajo. No recordaba en absoluto a la tal Ginger, y mucho menos a ver tonteado con ella, como sugería Brandom… Pero estaba claro que era guapísima, estaba tremenda y lo miraba como si quisiera saltar encima suya y comérselo. Le serviría. Ofreció galante su brazo mientras decía:
- ¿Cómo negarme a algo así? Par ici, mademoiselle…
Y sonrió seductor.
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- ¡¡Feliz Navidad, señorita!!
- Hola Ron Weasley.
- Con Ron bastará, Katie. ¿Cómo estás?
- Aburrida, no me dejan hacer nada. Parece que además de amnésica, estoy tonta.
- Ja,ja,ja… es por tu bien. Pero te contaré un secreto:
- Dime.
- Dentro de poco podremos dar paseos por aquí, mientras cuídate, ok?
- No sé, lo dices para que deje de protestar… -dijo, algo enfurruñada-.
- Te lo prometo -contestó sentándose a su lado en la cama-. Y ahora cuenta cómo está nuestra enfermita.
- Tengo que contarte algo. Es sobre un sueño que se me repite, tanto que no sé si es en realidad parte de mi vida que intenta revelarme mi mente.
- ¿Qué pasa en tu sueño?
- Hay una niña pequeña que juega al escondite con su padrino.
- ¿Eres tú?
- No lo sé, no puedo recordarlo. Están en el jardín de una casa, y hace un día soleado. La madre la llama y el hombre la convence para entrar a comer. Da la sensación de que se quieren mucho.
- ¿Qué pasa después?
- El escenario cambia, en los brazos del padrino aparezco yo, pero su expresión cambia hasta darme miedo, quiere hacerme daño, y yo haría cualquier cosa para calmarlo. En ese punto me despierto.
- ¿Y ninguna de las personas te suenan? Quiero decir, aunque sea una conexión que no sabrías explicar…
- No puedo… fuerzo mi mente pero no concluyo nada… estoy muy extrañada. Y en ocasiones el sueño hasta me asusta, ese hombre me asusta.
Ron le dio cariñosamente en la nariz.
- Pero olvidas que aunque no nos recuerdes, me tienes a mí y a todos nosotros, que nos preocupamos por ti. Obviamente yo no permitiría que te pasara nada malo.
- Aún así…
- No te preocupes, pensaré algo para ayudarte.
- ¿Dónde están los demás?
- Pues están en… ¿sabes que Hermione está saliendo con mi hermano Fred? Nos lo dijeron anoche…¡qué par!
Cuando Katie vio a la castaña por primera vez al despertar, en un extraño flash-back, la asoció a una imagen de ella con un rubio en una discoteca. Decidió no decir nada a nadie y discutirlo con su amiga a solas, por si metía la pata.
- Vaya, ya le pediré detalles cuando la vea –sonrió divertida-.
- Mujeres…
- ¡¡Eh!!
Minutos más tarde, estaban ambos riéndose hablando tonterías. Era fácil estar a gusto con el pelirrojo, que siempre se mostraba tan protector y amable con ella. El resto de sus amigos no la trataban de esa forma tan especial. Siguieron contándose cosas de forma distendida, hasta que Katie recordó…
- Ron, qué pasó para que estuviera yo aquí? Dijiste algo sobre un ataque el día que desperté, pero nadie a querido darme detalles… quiero saber…
- Sabes que no puedo hablar.
- Por favor, la falta de información me está volviendo loca…
Resopló y la miró como a una niña caprichosa.
- Pero guarda silencio. No te lo puedo contar todo, pero te daré las líneas generales.
- De acuerdo, -lo miró expectante-.
- Hubo un ataque de los exmortífagos en el callejón Dragón. El cómo no importa, pero un veneno muy fuerte te afectó en gran medida y temimos incluso por tu vida.
La morena lo miraba asombrada. No recordaba nada, pero algo en su interior se había movido.
- No te pongas triste, estarás bien dentro de nada. Yo ahora me voy…
Katie hizo un mohín de protesta.
- …pero volveré mañana y todos los días.
La besó en la mejilla lo más cerca posible de la comisura de los labios.
- Cuídate, y aunque no recuerdes nada… no te olvides de mi preciosa.
- No…
- ¡Adiós!
- Adiós...
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Y volví de nuevo con un capítulo jugoso, jugoso. Vale que no pasan muchas cosas -segun como se mire...-, pero quería tranquilizarlo un poco todo. Siento la tardanza, iba a colgarlo antes, pero hoy hay partido de fútbol y no podía perdérmelo, je,je,je
Este capi pretendía ser el doble de largo, así que el próximo, el 18, será más bien la segunda parte de este. Lo tengo casi listo, de vuestros reviews depende (caramba que chantajista he quedado :-p). Q ueda pendiente la comida del ministerio ¿se encontrará Hermione a Draco/Ginger? jummm...
Sé que todas queréis matarme por lo que Hermione le hizo a Draco, lo entiendo. Y más después de este capitulo –a que da pena Draco?…a mi me da mucha pena imaginármelo pasando la navidad solito…el rubio más sexy del mundo rechazado y solo…ainsss-. Darme tiempo para arreglar este jaleo XD
Gracias a mis cada vez más queridas: oromalfoy, pumuky, hanna, miss boop, dayis, brujiskatty18, loretitokimonoto, menfis por esos fantásticos reviews y gracias a todos los que leéis mi historia.
Muchos besos!
