Nadie en el hospital podía creerlo, un chico tan bueno y formal, siempre tan peinado y planchado andaba, codo con codo, con los más marrulleros del lugar.
Cuando pasábamos los tres por los pasillos, todas las miradas se dirigían a mi, pobre chico, decían, incluso muchos intentaron acercarse a mi, para devolverme al redil, pero creo que en ellos encontré justo lo que necesitaba, alguien a quien le hacia falta, encontré mi sitio en el mundo.

En poco tiempo me convertí en su apaga fuegos, el que intentaba poner las cosas tranquilas. Me sentía como la línea, delgada pero firme, entre el ying y el yang, entre el blanco y negro, yo separaba, y al mismo tiempo, unía ambas mitades. Sin mí, sin la conexión que yo ofrecía, correrían el riesgo de separarse o, lo que seria a aun peor, mezclarse y dejar de ser ellos mismos para convertirse en un insípido y apagado gris.

He de reconocer que la integración no fue inmediata, todo tiene su proceso, antes de picor, aparecen las ronchas.
La primera vez que me sentí parte del grupo realmente fue una mañana en los servicios del hospital. Por primera vez, los protagonistas de los cotilleos no eran solo House y Cuddy, yo entraba en juego. Aun no tenía nombre propio, me conocen por el "cancerboy", pero aun así, ya era parte de la leyenda.

La verdad es que el cotilleo no era para estar orgulloso e ir corriendo a contárselo a tu madre, pero me hacia sentir parte de algo. Según se rumoreaba por los pasillos, los tres nos montamos unas orgías y menages a trois de escándalo, las camas redondas eran el pan nuestro de cada día, incluso hubo quien dijo que vivíamos los tres juntos en una gran mansión, una especie de moderna Sodoma y Gomorra, un lugar creado para el libertinaje.

Nosotros, no es que hiciéramos mucho por aplacar los comentarios, mas bien, mirándolo desde la distancia, los avivábamos. Siempre éramos tres, solo los tres. Para nada quiere decir que tuviésemos la exclusiva unos sobre otros, tuvimos relaciones con otras personas, aunque no duraran mucho, pero nuestra amistad tenia preferencia sobre cualquier cosa. Éramos como los tres mosqueteros, antes de que llegara el presuntuoso de D'artagnan, el perfecto triangulo equilátero. Pero como siempre pasa, en el momento en el que se inserta otro vértice, todo se transforma, se mueve, y se convierte en un imperfecto cuadrado.

¿Quien es ese vértice¿ese D'artagnan que vino a llevarse toda la gloria? Exacto, Stacy.

No penséis mal, no era como Joko Ono, de hecho hice buenas migas con ella, pero la perfección de nuestro mundo triangular, se tambaleo a su llegada.

La primera noche en la que la conocimos, fue una noche de tantas en las que salimos después de un largo y tedioso día de trabajo. Era amiga de Cuddy y llegaba desde nomeacuerdo a hacer nomeinteresaelque.

Esa noche, House no le presto mayor atención, él y Cuddy seguían en su juego eterno de no me entero lo que pasa, de poner una línea a ver quien de los dos la sobrepasa primero.

Yo disfrutaba viéndoles interactuar, era como ver una comedia.

-Podrías ser un poco mas disimulado- me aconsejo House mientras se apoyaba en la barra para alcanzar su cerveza.
- ¿A que te refieres?- le pregunte titubeando.
-¿Aaaaaa qqqqque t' refffffieres?- me imito con cara de angelito- Vamos¿a quien me voy a referir? A Cuddy- solo pude soltar una risotada a modo de burla-
-Es normal, solo tienes que ver como baila, sus caderas, su pelo, sus...- tomo un trago de su cerveza- dotes de mujer…- alzo las cejas
- Deac...- he de reconocer que en un primer momento me sentí atraído por Cuddy, incluso llegue a tener celos de House, pero era normal, su personalidad era arrolladora, te cegaba como una estrella, te obligaba a mirarla. Pero cuando me disponía a confesar, ella se cruzo, Anna, un ángel caído del cielo. Corte el discurso en seco, no podía dejar de mirarla.
-Tío, lo tuyo es grave!- vuelve a dejar vaso, ya solo con espuma, encima de la mesa y se dirigió donde Cuddy bailaba, creo recordar, mi amor eterno de la semana me impidió fijarme en nada mas-.

Desde ese día, no recuerdo haber oído hablar más de Stacy, hasta el día D, pero eso vendrá mas adelante…

Pero la verdadera prueba de fuego, en la que finalmente House me acepto como amigo, vino una aburrida tarde en el comedor del hospital. Yo aun no conocía el verdadero significado de la prueba.

-¡Mierda!- chasqueo la lengua con fastidio y con gran dramatismo se golpeo la frente. Cuddy movía, se la cabeza, de un lado a otro, con resignación – ¿Tienes 5 pavos Jimmy?

-Claro- conteste sacando el dinero de mi cartera- Aquí tienes- Mientras pagaba House mostraba una sonrisa de satisfacción.

-Gracias, ya te los devolveré, no se donde tengo la cabeza.

-No te preocupes.

-No me lo puedo creer- murmuro Cuddy, yo les miraba extrañado.

Uno de tantos días, bajé a cumplir con mis horas de consulta cuando vi a una Cuddy con cara de preocupación frente el despacho del Dr. Fleishman. Dentro estaba House con cara seria aguantando lo que parecía ser un chaparrón por parte del viejo director.

Fruncí el ceño en forma de pregunta- Ese hijo de puta de Minifield- dijo conteniendo el fuego en su interior. Minifield era el jefe de nefrología, superior de House. Era un doctor con gran carácter y no permitía que nadie le rebatiera sus diagnósticos, y eso, teniendo en cuenta la actitud del joven doctor, era imposible, así que los enfrentamientos eran continuos.-

House salio del despacho con gran violencia, ni siquiera espero el ascensor, subió por las escaleras a toda velocidad.

-Ve tras el, yo intentare saber que ha pasado.- me dijo Cuddy mientras se metió en el despacho. No era ningún secreto que ella era la protegida de Fleishman, su fortaleza y profesionalidad le habían cautivado desde el primer momento, y muchos eran los que pensaban que era una seria candidata a sucederle en el puesto a pesar de su juventud.

Llegue al despacho de nefrología cuando el ya salía poniéndose la chaqueta con gran rudeza.

-House- intente hacerle parar.
- Me voy- paso a mi lado y le vi alejarse por el pasillo- ¿A donde?- grite, pero el no me respondió.

Cuando al poco Cuddy se unió a mí, me explico la situación. House había tensado demasiado la cuerda y se había roto por el lado mas débil, él.

-Esta mañana ingresó una mujer, -mas tarde supe que esa mujer era Ester Doyle,- con unos síntomas imposibles- me decía algo nerviosa, andando por los pasillos- al parecer el GRAN DOCTOR MINIFIELD- dijo con desagrado- estaba muy ocupado, y le encargo el caso a House.- me miro a los ojos y en ellos puede ver temor, por primera vez, creo, pude ver miedo en la todo poderosa Cuddy, mi mundo de derrumbaba, si ella cedía, no había nada que hacer.- La mujer murió hace apenas unos minutos y la familia ha ido a pedirle explicaciones a Minifield, exigiéndole responsabilidades, quien, sin ningún reparo se ha lavado las manos con todo este asunto, cargando todas las culpas en su subordinado y claro House no podía callarse- suspiró- y se ha enfrentado a él en medio de familiares y enfermos, acusándole de dejadez, mala praxis y vete tu a saber de que mas- Quise cortarla, hacerle preguntas, pero la sorpresa me impedía hablar.- Esta mañana Minifield ha perdido el culo para contarle el numerito que House ha ofrecido a Fleishman- respiro hondo- y creo que no ha salido nada bueno de ello.
-¿Has habl...?- no dejó terminar la frase.
-Claro que si!- me grito enfurecida con sigo misma mientras intentaba, sin mucho éxito, encontrar la manga del abrigo. -Joder- cuando le sujete el abrigo y al fin pudo terminar de colocarselo, le busque la mirada esquiva, el mar amenazaba desbordarse oscureciendo el iris, hasta parecer el cielo de una noche tormentosa.- Pero me ha dicho que no puede hacer nada, no podía tolerar insubordinaciones en su hospital.- Cuando salía por la puerta se volvió- ¿Vienes?- no tenia muy claro de adonde iba, pero en su estado no me atreví a dejarla sola.- Claro- dije acelerando el paso tras ella.

No tardamos mucho en llegar a su casa.

Llamamos al timbre y House abrió la puesta.

-¡Vaya!, el tío del chino se ha vuelto a equivocar de pedido, dije bien claro que quería el menú 3 y no una ración de toca pelotas- se aparto y nos dejo pasar. Era la primera vez que estaba en su casa y lo que más me impresiono fue el gran piano de cola en mitad del salón y las miles revistas esparcidas por todos lados. - Acomodaros- dijo dando un manotazo a unos libros que había sobre un sillón. Yo tome asiento, pero Cuddy seguía en la puerta.

-Greg- le grito su nombre con rabia, no soportaba que actuara como si nada hubiera pasado.
- Yo tenia razón- se volvió y le miro desafiante desde el centro de la habitación- Podría haberla salvado- Cuddy se acerco- yo la podría haber salvado, yo debí...- esa ultima frase la ahogo en su hombro, agitándose en silencio, como un niño pequeño entre los brazos de Cuddy.
En ese momento, sentado en el salón de su casa, no podía evitar sentirme un como un ladrón, robando un momento que solo les pertenecía a ellos.

Las lágrimas de ambos se mezclaron en el suelo. No lloraba por perder un trabajo que tanto le había costado conseguir, por la perdida de la fama de gran doctor. Lloraba de rabia, de impotencia por saber que quizás, podría haber hecho algo más, y no simplemente ver como se desvanecía poco a poco.

El timbre de la puerta volvió a sonar y esta vez si era la comida china, pero para nuestra sorpresa, la cena no era para una persona, el encargo había sido hecho para tres.

No hubo peticiones ni ofrecimientos, simplemente nos sentamos ha cenar tranquilamente.

-¿Y que tienes pensado?- Cuddy introdujo el tema tras unas horas hablando de todo y nada

-Había pensado trabajar de Gigoló, dicen que se paga muy bien¿te ofreces para las practicas?- Cuddy le miraba indignada

- En serio House- repuse yo, como siempre, apagando el fuego.

-No se, hace poco recibí una propuesta del Hospital General de Nueva Yersey, así que supongo que, dadas las circunstancias, tendré que aceptar.

Cuddy tenía la mirada perdida, su mente trabajando a tope para buscar una mejor solución.

- Un despido por insubordinación no queda muy bien en el currículo- le comenté.

- Pse! pensé que mis logros médicos pesarían más... y si no, siempre puedo pediros cartas de recomendación.- miro a Cuddy quien había estado muy pensativa toda la noche- Vamos chicos, ya es hora de que os valláis, mañana hay cole- dijo recogiendo las pequeñas cajas de cartón antes llenos de comida bañadas en especias.

Los meses siguientes fueron raros, no perdimos el contacto, pero Cuddy se había concentrado por completo en el trabajo, quería demostrarle a Fleishman que no había mejor opción que ella para futura administradora del hospital.

Yo seguía visitando a House cuando podía, y el iba dando tumbos de hospital en hospital, de despido en despido, de insubordinación a insubordinación.

Ambos me preguntaban siempre por el otro, a House se le encendía un brillo de orgullo en los ojos cada vez que le hablaba de los logros de ella, como cuando le dije que Cuddy fue nombrada jefa del área de oncologia, y que era una seria candidata a suceder al Dr. Fleishman.

A ella las ojeras le aumentaban, se encerraba más en si misma y trabajaba mas duro cada vez que le comunicaba otro despido de él.

La tan esperada gran noche llego, eso por lo que tanto había estado luchando, peleando con uñas y dientes. Al fin, recibió la recompensa. El director del PPTH se jubilaba, y Cuddy había sido nombrada la nueva Administradora por unanimidad.

-Vamos House, no puedes hacerle eso a ella, no a ella- intente que entrara en razón- espera verte allí.

-¿Para que?, hoy es su noche, se cuanto ha deseado esto- la mirada estaba perdida en un punto del cuarto mientras jugueteaba con la pajarita.

-Por eso mismo, se merece que sus amigos estén allí, con ella.

- No voy a ir, solo pondría las cosas mas tensas. No creo que se alegren mucho de verme por ahí.

-Esta bien- le espete. Tras dudar un momento le tire sobre la mesa la invitación y me fui dando un portazo.

Cuando llegue a la sala donde se celebraba el evento estaba nerviosa, fingiendo una sonrisa de plástico a todo aquel que le felicitaba.

M diviso entre la multitud y su cara se le ilumino, pero aun a mi pesar, no era por mi causa. Cuando se dio cuenta que venia solo, sin la compañía que había estado esperando desde ese ultimo día, hizo una mueca de dolor.
-¿Que tal, jefa?- le dije para intentar animarla. Solo sonrió a medias.- No quiso venir.

-Ya...-un camarero paso con unas botellas de Champagne en su bandeja, Cuddy tomo una- Tengo problemas de hidratación.- le dijo ante la mirada sorprendida del camarero.

-¿Donde vas?- le grite mientras se dirigía a la puerta indicándole a uno de los encargados del guardarropa cual eras su abrigo.

-Creí que era lo suficientemente clara, me voy- buscaba con la mirada, impaciente, al muchacho que debía volver con su abrigo.

-Si ya¿Pero a donde?- la sonrisa en sus ojos me dijo todo lo que tenia que saber.- ¿Y el discurso?

- ¡Improvisa!- me grito mientras, a toda velocidad por el pasillo, se dirigía a los aparcamientos. Con una mano se subía el bajo del traje que le estorbaba en su frenética carrera mientras, en la otra mano, sostenía con fuerza la botella de Champagne