Hola a todos!
Hace mucho abandoné este proyecto con la esperanza de seguirlo algun día, mucha gente me ha escrito animandome a que lo hiciera así que aquí va un intento. Ya sé que es muy corto pero es que me gustaría que me dieseis vuestra opinión, ya que como lo dejé hace año y medio y he estado con otro fic, no sé si lo estoy enfocando de una manera diferente. También me gustaría un fic más abierto en que vosotros me dieseis vuestras opiniones de qué quereis y yo con toda la información elijo por mayoría. Bueno, solo son ideas. Espero vuestras opiniones : 3: SILENCIO
"Akane, eres una chica, no deberías ser tan violenta". Las palabras tantas veces repetidas por Kasumi sonaban una y otra vez en mi cabeza mientras observaba al chico que yacía a mis pies. No se movía.
No le había dado tan fuerte…¿o sí? Me agaché agarrando fuertemente la toalla y le tomé el pulso, era normal pero su piel quemaba, debía ser hora de su medicación. "Organización, Akane, organización, no pierdas los nervios" me dije a mí misma. Primero me pondría algo decente, luego me ocuparía de él. Fui hacia el cuarto echando de vez en cuando leves vistazos al chico, realmente se veía tan indefenso allí tirado…Dios, se me estaba metiendo en la cabeza de mala manera. "No es un animalito, Akane, es un CHICO". Fruncí el ceño: todos son iguales, por muy monos que sean. Abrí los ojos de golpe, lo consideraba…¿mono? Oh, no, esto no iba nada bien. Me metí en mis jeans y me puse una camiseta de manga larga blanca, ligeramente entallada que Kasumi me había metido en la maleta. A decir verdad, Kasumi me había metido la mayor parte de la ropa que casi no me ponía por marcar demasiado mi figura. Suspiré, ¿Cuándo se daría cuenta que ella no era una chica normal?
Volví al pasillo donde el muchacho seguía en la misma posición en la que lo había dejado. Pasé su brazo derecho por encima de mi hombro y le levanté. Poco a poco le arrastré hasta la cama, aparté las sabanas, le tumbé y le cubrí con ellas. Su respiración se había agitado un poco. ¡Seguro que era por mi culpa! Mi estómago rugió y me sonrojé, tenía que preparar algo para comer. Era la hora de la medicina de Ranma y al ser antibiótico debía comer algo antes, bajaría e intentaría calentar algo de lo que Kasumi me había preparado. Si había algo en la nevera quizá podría intentar preparar algo para acompañarlo, ¿Qué le gustaría a Ranma? Si hubiese huevos podría coger un par de ellos y… ¡Un momento! Aquella no era yo, parecia…¡parecía Kasumi! ¿Y desde cuándo había empezado a preocuparme así por él?
-Estupido instinto protector…- farfullé mientras rebuscaba en mi mochila para poder sacar las tarteras. Las saqué y las coloqué en el frigorífico dejando una fuera. Comprobé que había algunas verduras, leche y huevos. Cogí un par para hacerlos hervidos. ¿Y si además preparaba unas verduras salteadas?
Saqué varias cosas y empecé a cortarlas sobre la tabla de madera: los trozos eran demasiado irregulares pero para ser la primera vez no estaba mal. Puse un poco de aceite en el wok y mientras se calentaba metí los huevos en el microondas. El wok empezó a echar humo y vertí las verduras. Sobre el mostrador había una botella que parecía de vino. Aquello le daría un toque más profesional al plato. Cogí la botella y dejé caer el líquido sin control. De repente estalló en llamas y me aparté como pude, me quedé estática viendo como las llamas crecían cada vez más. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¡Akane, reacciona!
¡Aparta de ahí!- me giré para ver al chico saltar desde la parte superior de las escaleras y caer a la planta inferior como si nada, para continuar su carrera, llevándose en ella la manta que desde la noche anterior estaba en el sofá para tirarla sobre el wok. Para mi sorpresa el fuego se apagó instantáneamente- ¿Estás loca o qué?- gritó el muchacho que ahora se encontraba tan solo a dos pasos de mí. ¿Cómo había hecho eso? Pero mi ira pudo con mi curiosidad.
¡Sólo fue un accidente! Intentaba preparar unas verduras y no se porqué se incendiaron al echar vino blanco de esta botella- dije encarándole. El muchacho miró por unos segundos la botella y sacó una sonrisa burlona.
¿Vino blanco? ¿Acaso has leído la etiqueta?- dijo cogiéndola de la encimera- ¡Es vinagre! ¿No sabes cocinar o qué? ¿No sabes que no puedes echar vinagre al aceite hirviendo?
Pues no, no lo sabía, ¡Hazlo tú si eres tan inteligente!- dije dejándole a un lado de mi camino para ir a encender el microondas.
¡Encima de que te ayudo!¡ Al menos podías darme las gracias!- le puse un par de minutos a los huevos- ¿Qué es lo que has puesto a calentar? ¿No serán…?
La puerta del microondas salió volando por los aires y estuvo a punto de decapitarme de no haber sido lanzada al suelo. El chico se había tirado contra mí tirándome sobre la alfombra justo a tiempo. Abrí los ojos atemorizada por lo que había estado a punto de suceder. Dos ojos azules me miraban preocupados.
¿Estás bien?- preguntó sin moverse. Noté como toda la tensión acumulada durante aquellas veinticuatro horas luchaba por salir a través de mis ojos. Noté una lágrima rodar por mi mejilla. El chico se quedó desconcertado por unos segundos, después esbozó una dulce sonrisa que mantuvo mientras se alzaba. Me tendió una mano- Siento lo de antes- dijo con la vista girada hacia un lado y ligeramente sonrojado- pero me desperté de repente y me llegó el olor a quemado…- me miró con una sonrisa tímida- me asusté, eso es todo.
Yo…-dije tomando su mano, al hacerlo noté un leve escalofrío, luego la fuerza que él me proporcionó para que me levantase, era fuerte, muy fuerte- no debería haberlo intentado…me quedé en estado de shock y luego empezaste a gritarme y…
Olvidemos todo, ¿De acuerdo?- se apoyó en la encimera- me llamo Ranma, Ranma Saotome- dijo tendiéndome la mano que le quedaba libre.
Yo soy Akane, Akane Tendo- dije estrechando su mano con una sonrisa. Había sido muy brusca con él. Debía recordar que estaba herido. Su rostro mostraba completo asombro.
¿Akane?- dijo con una sonrisa- ¿Es cierto? ¿Eres tú?
Aquello me dejó totalmente desconcertada y la sonrisa desapareció de mi rostro.
-¿Nos conocemos?- pregunté enarcando una ceja.
El muchacho retiró su mano que hacía rato había quedado libre para llevársela detrás de la cabeza. Miró al techo con un súbito interés, sonrojándose de nuevo.
- En realidad…
