Wola!

Este es un poco más largo que el anterior, como veréis he cambiado el narrador, algo muy raro en mí que siempre escribo en primera persona como Akane, lo he intentado! Es un Ranma un poco distinto pero conserva gran parte del Ranma de siempre, o al menos eso he intentado.

CAPITULO 4: MENTIRAS

¿Qué podía decirle? La miré por unos segundos observando, calculando… comparándola con mis recuerdos. ¿Realmente era aquella niña?

-Yo… en realidad…-las palabras murieron de nuevo en mis labios, no sabía qué decirle. ¿Se acordaría de mí después de tanto tiempo? Y si era así… ¿Cómo explicarle que…? Miré sus ojos expectantes.

-Quizá diga una tontería , pero ¿Conoces a una chica llamada Ranko?- la respuesta era más que evidente pero si le decía la verdad ella se asustaría como todos y entonces volvería a estar solo. Busqué la solución más fácil en aquel momento.

- Sí, es mi hermana- dije evitando mirarla a los ojos, no podía mentirla como si nada, nunca se me había dado bien.

- ¿Eres su hermano?- dijo cogiéndome las manos- ¿De verdad? ¿Cómo está? ¿Ha cambiado mucho? ¿Cuánto ha mejorado?

- ¿Sigues interesada en las artes?- aquello me sorprendía, es cierto que para mí eran mi vida, quizá también porque era lo único que tenía, pero que ella siguiese practicándolas…debía resultarle muy difícil. Para mí era casi imposible pelear con mi cuerpo de chica con toda mi capacidad: las extremidades más cortas, la fuerza limitada, la fragilidad ósea…

- ¿Cómo no iba a estarlo? Soy la heredera del estilo Mutsabetsu Kakuto Tendo, entreno todos los días para en el futuro tomar las riendas del negocio familiar- dijo de forma altanera, debía estar muy orgullosa de ello.

-Un Dojo- vi su cara de asombro e intenté arreglarlo lo antes posible- Ranko me lo contó- aquello iluminó su cara de nuevo, brindándome una bonita sonrisa. Me quedé perdido mirando sus labios. Era la sonrisa más bonita que había visto en mi vida. Me sonrojé visiblemente, lo que provocó que ella soltase una risita. Parecía divertirse.

- ¿Qué más te contó?

Dudé por unos segundos, intentando recordar cada momento de aquellos días.

-Te encontró en la nieve herida y te llevó a casa, entrenabais según creo y hubo un combate- vi como se sonrojaba, ¿todavía seguía dolida por aquello?- y bueno, no sé mucho más. ¡Auchh!- dije notando un dolor en la espalda.

- ¿Estás bien?- dijo acercándose con cara preocupada, sin llegar a tocarme. Miró su reloj-¿Cómo no me he dado cuenta de la hora que era? Vuelve a la cama. Enseguida te llevo algo de comer y las pastillas.

- Ni loco- dije decidido, a pesar del dolor de la espalda sabía que la explosión de la casa sería mayor dolor.

-¿Por qué?

- No quiero saltar por los aires.

- ¿Qué insinúas?

- No insinuó nada, lo afirmo- dije- como intentes cocinar algo a saber qué puede pasar, no puedo estar cuidando de ti en todo momento.

- ¿Cuidando de mí?-dijo elevando el tono de voz- ¿Te recuerdo quién ha estado cuidando de ti las últimas horas? ¿Quién te salvo de una muerte segura?

-¿Quién te pidió que lo hicieras?- dije lleno de ira, sabiendo que lo que acababa de decir no tenía ningún sentido- Haberme dejado allí si lo que querías era echármelo en cara.

Se acercó un poco más, con los puños apretados y el ceño fruncido.

-¿Echártelo en cara? ¿Qué tipo de ser humano crees que soy yo? No soy tan insensible como otros- dijo cruzándose de brazos. Tocado.

- ¿Qué soy insensible? Te recuerdo que hace unos minutos casi mueres decapitada por tu estupidez, ¿crees que tal cómo estoy debería estar haciendo de tu ángel de la guarda? ¿Por qué crees que estoy así?- la fiebre estaba aumentando mi estado de ira, el calor me abrasaba, haciendo enfurecerme cada vez más- ¿Crees que me gusta estar bajo la nieve durante horas delante de una cabaña deshabitada?¡Oh, sí! ¡Qué divertido! No sé como no lo hago todos los días- dije con un tono irónico- ¡si hubieses aparecido antes nada de esto hubiese pasado!

Tras el grito la habitación quedó en silencio. Sólo se oía arder la madera de la chimenea. Miré sus ojos marrones desafiante, triunfal, esperando que ella rogase perdón. Lágrimas. Noté la punzada en el corazón. Hundido.

-Siento haberte causado tantas molestias…-dijo mirándome directamente a los ojos.

Noté mi corazón estremecerse, ablandarse, convirtiéndome de nuevo en un ser humano que siente. Debilidad. ¿Era por eso que la había esperado todos esos años delante de aquella cabaña? Quizá porque aparte de mi madre era la única persona con la que actuaba como un ser humano y me hacía sentir débil, débil porque no quería que sufrieran, quería protegerlas…pero, ¿por qué a ella también? En aquel momento sólo deseaba volver a verla sonreír.

-No fue ninguna…molestia-dije mirando hacia otro lado-yo…no quería decir eso…no me encuentro bien y…

-No tienes porqué disculparte-dijo ella secándose las lágrimas que resbalaban por su mejilla- siempre…causo problemas- me quedé estático pensando en cuántas veces había repetido las mismas palabras ante mi madre: la maldición, la amazona, U-chan, Hibiki, el pato…-sólo calentaré esto que ya está cocinado y en envase de plástico, no te preocupes. ¿Quieres que te ayude a subir?

Se acercó a mí y tomando mi brazo lo pasó por detrás de su cuello, estableciendo de nuevo contacto y esta vez de una manera no accidental. Noté su cuerpo en continuo roce con el mío, su calidez, su aroma a… ¿cerezos? No pude evitar sonreír mientras subíamos las escaleras al recordar las excursiones que solía hacer de pequeño con mi madre el día Sakura, cómo corría, cómo jugaba con otros niños…debieron ser mis últimos momentos con otras personas ajenas a la familia. Después se inició el entrenamiento y con él…la maldición. Observé la cabellera azulada que estaba debajo de mi barbilla y no pude evitar sonreír. Gracias por hacerme sentir así de nuevo. No podía saberlo, no debía enterarse nunca de la verdad.

- ¿Estás bien?-dijo mientras me depositaba de nuevo sobre la cama y me ayudaba a tumbarme mientras me colocaba las almohadas para que estuviese más cómodo.

-Mejor, gracias-dije con una sonrisa aunque la espalda me quemaba- mi medicación…

-No te preocupes, ahora me ocupo de todo, te traigo la comida y la medicación y cuando termines fregaré todo y comeré algo, todo ha sido tan rápido que…

-¿Por qué no comes conmigo?- ella me miró sorprendida- es una tontería que esperes, tú también debes de estar hambrienta y no es muy divertido comer solo-aunque si la compañía es mi padre lo prefiero, añadí para mí mismo. Me miró por unos segundos. Después un inicio de sonrisa se dibujo en sus labios y empecé a sentirme mucho mejor.

-Creía que preferirías no estar conmigo, después de todo estás así por mi culpa- así que era por eso, como siempre mi estúpida bocaza había hablado más de la cuenta- enseguida vuelvo.

La vi marcharse por la puerta dejando esta abierta, oí sus pasos bajar los escalones mientras tarareaba una canción. Había cambiado, pero no tanto. El cambio parecía más bien físico, pero eso no supondría ningún problema. Su imagen en toalla acudió de repente a mi cabeza, sin ningun motivo: cómo la recorrí de arriba abajo, observando las curvas que se insinuaban debajo de la toalla, tan femeninas, tan sutiles, tan…agité mi cabeza para apartar aquellos pensamientos de mi mente, notando como mi cuerpo reaccionaba de una manera desconocida para mí, al fin y al cabo, desde que la conocí no había estado en contacto con una chica que no fuera mi madre y aquello era muy distinto. Estaba la amazona, pero aquella vez temía demasiado por mi vida, y Uchan…siempre había creído que era un chico y me costaría mucho aceptar su realidad femenina. En cambio ella…Noté como una parte de mi cuerpo empezaba a recoger la sangre del resto del cuerpo como había leído en los libros de naturales, tan sólo recordando a mi amiga de niñez, provocando que mi sangre aumentara su temperatura. No podía estar pasándome esto, antes, ante el inicio de esta reacción de mi cuerpo había podido frenarlo gracias a la concentración y la relajación…pero ahora, por más que lo intentase, mi mente calenturienta no borraba su imagen de mi cabeza, incluso se atrevió a más imaginándose como sería lo que se ocultase tras esa toalla, la verdad era que las sensaciones que sentía eran realmente placenteras si no fuera por el bulto apremiante entre las piernas. Sabía como solucionarlo, pero no lo había hecho antes. No me permitía esa debilidad humana llamada placer, pero ahora mismo quemaba tanto…

Noté los pasos de ella subiendo ágilmente las escaleras. ¿Y ahora que hacía? Tranquilizarme, autocontrol, recuerda tu entrenamiento. Me senté como pude para que mi estado no se notase a través de las sábanas. Tenía calor mucho calor. Vi al motivo de aquellos impulsos aparecer en la puerta.

-¿He tardado mucho?-dijo con una sonrisa y cargada con una bandeja. Un par de ideas descabelladas se pasaron por mi cabeza. Es por la fiebre, es por la fiebre…me repetí a mí mismo una y otra vez.

-No.

-¿Estás bien?-dijo dejando la comida en una mesa cercana para sentarse a mi lado en la cama- estás muy sonrojado.

-Debe ser la fiebre-dije intentando disimular mi estado. Había recuperado el sentido común y era cuestión de un par de minutos que todo volviese a la normalidad. El contacto de su mano en mi frente provocó un leve respingo.

-Estás ardiendo-dijo tajantemente. Gracias, eso ya lo sabía. Cogió la bandeja y la situó para que pudiese comer, dándome un par de palillos.

-¿La has comprado hecha?-dije ya casi en mis plenas facultades y avergonzándome de mi estado animal de unos momentos antes. Aquella era mi amiga, el único amigo que había tenido en la vida y mi mente se ponía a…Debía ser por la fiebre. Sólo eso podía explicar un instinto tan animal, similar al estado de ira que había adoptado unos minutos antes- está realmente buena-dije probando un par de trozos de carne.

-No, la preparó Kasumi-dijo ella mirando la comida.

-¿Quién es Kasumi?-dije intrigado-¿Es el nombre de tu madre?

-No, es mi hermana mayor- apartó su mirada de mí y miró la nieve que caía por la ventana-mi madre murió hace años.

-Lo siento…

Una sonrisa se dibujó en su rostro y me pregunté que pensamientos habían producido esa sonrisa. Quería saber, quería preguntar tantas cosas…quería conocerla, confiar en ella…aunque eso se me hubiese prohibido desde el día que la conocí.

Esto es todo por el momento, seguramente tendré un montón de críticas por lo de Ranma, pero es que quería presentarle humano, el Ranma de este fic es casi más solitario que el verdadero, en la montaña, sin nadie…Akane es el único contacto que ha tenido con la realidad, y bueno, es un adolescente, es la primera mujer que ve así…el primer enfrentamiento con la realidad: que el amigo que esperó es una mujer y…bueno, ya basta de justificarme, salió así, a saber en que estaría pensando…ja,ja,ja. Hasta el próximo. Ya sabéis, criticas, comentarios, abucheos…a Si son malas críticas…se aceptan, pero intentad tener un poco de tacto, ok?