Wola!

Aquí un nuevo capítulo del fic, parece que de momento ya lo tengo un poco encaminado por fin, sólo espero que el camino que he elegido os guste.

Cambio de personaje

Capítulo 5: PENSAMIENTOS

Recordaba esos días en que mamá preparaba la comida y nos íbamos a comer al campo de una manera tan nítida que parecía increíble que hubiesen pasado diez años desde su muerte. La comida de Kasumi se parecía, pero nunca podría igualarla. Tenía pocos recuerdos de ella tan nítidos como aquel. Alguna noche cuando me arropaba o cuando me ayudaba a aprender a leer. Pero eso era todo. No recordaba su olor, ni su tacto, ni el color de sus ojos si no fuese por las fotografías. Todos decían que era igual que ella y nunca entendí porqué entonces era la favorita de mi padre.

Un recuerdo largamente enterrado surgió de nuevo, no recordaba cuántos años tenía…

Flash back

Papá había prometido que vendría a leerme un cuento. Mamá estaba triste aquellos días, según decía el otoño la deprimía, y papá se había ofrecido a ocuparse de nosotras. Tenía sueño y papá no aparecía, así que decidí acercarme a su habitación a llamarle. La puerta estaba entreabierta, papá y mamá hablaban, no estaba bien interrumpir las conversaciones de los mayores, así que me senté en la puerta a esperar que acabasen.

P- No puedes ponerte así cada vez que llega esta época, las niñas te necesitan- su voz sonaba cansada- hazlo por ellas.

M- Sabes que no puedo, temo que aparezcan, estoy muy nerviosa.

P- No aparecerán, se llevaron todo, no hay nada aquí que les interese.

M- Las niñas…nunca deben enterarse de esto, nunca deben acercarse a ellos.

P- Te prometo que así será- dijo acercándose y besando su cabeza. Ella sujetó la mano que papá había apoyado en su hombro.

M- ¿La quieres?- dijo en un murmullo, su voz sonaba tan triste, tan distinta de la que siempre había escuchado…

P- No- afirmó con rotundidad- desapareció de mi vida, no quiero saber nada de ellos, si algún día aparecen…no sé de qué seré capaz, como toquen a una sola de nuestras hijas…

M- Eso no pasará- dijo en un tono tranquilizante- si te sientes mejor, podrías enseñar a las niñas a defenderse.

P- Me parece muy buena idea- dijo abriendo la puerta de golpe. Le miré asustada, temiendo que se enfadase por estar donde no debía, sin embargo, me mostró una gran sonrisa- ¿Qué haces aquí pequeña?

A- Te estaba esperando, tenía sueño…- el me cogió en brazos, sentándome en uno de ellos.

P- Y viniste a buscarme, ¡Qué inteligente es mi niña!- me llevó hasta mi cuarto, me metió en la cama y me arropó- ¿Quieres que papá te enseñe a defenderte?

A- Sí- dije convencida, quería ser una niña fuerte, no quería que papá se preocupase por mí.

Al día siguiente empezó mi entrenamiento. Kasumi y Nabiki renunciaron al de unos días. Yo no, quería ser fuerte, quería que papá y mamá no tuvieran que preocuparse por mí.

Fin del flash back

No había pensado en aquella conversación hasta ahora. Mamá estaba preocupada y papá también, pero, ¿qué o mejor quién era lo que les preocupaba? Y aquella pregunta: ¿La quieres? ¿A quién se refería? ¿Quiénes eran esos enemigos para los que había sido entrenada?

R- Akane- la voz del chico me trajo de nuevo a la habitación, ¿cuánto tiempo llevaba ausente? Observé su plato vacío. Cogí la medicación y le ayudé a tomarla.

A- Lo siento, pensaba en mis cosas.

R- Es por mi culpa, no debí haber mencionado a tu madre.

A- No, no importa, en serio- dije mirando al chico, sentada en una silla al lado de la cama- pasó hace mucho tiempo, sólo recordaba…

R- Tu hermana ¿Cómo has dicho que se llamaba? ¿Kasumi? ¿Es mucho mayor que tú?

A- Tres años, pero se encarga de todas las tareas de la casa, y luego está Nabiki, que es una año mayor que yo- esbocé una sonrisa- pero si alguna vez la conoces, no te acerques a ella, encontrará cualquier cosa para chantajearte.

R- ¿Aunque no me conozca?

A- Eso da igual- dije llevando la vista al techo- da igual que seas un miembro de la familia o un completo extraño: encontrará la manera de sacarte dinero.

R- ¿A ti también te chantajea?

Fruncí el ceño, chantaje, chantaje…

A- No ha encontrado nada con que chantajearme, pero me saca fotos y las vende en mi escuela, pone micrófonos en mi habitación…

R- ¿Qué tipo de fotos?- preguntó curioso.

A- De cualquier tipo- recordé aquella vez…-¡incluso una vez intentó tomarme fotos en el baño!- dije totalmente sonrojada.

R- ¿Por qué?

A- Para venderlas.

R- ¿A quién?

A- A cualquier estúpido pervertido de mi colegio, y sobre todo a Kuno.

R- ¿Quién es Kuno?- le miré y dudé por unos segundos. Al fin y al cabo él también era un chico. Había hablado demasiado, no debía olvidar que era un desconocido, aunque fuese hermano de Ranko eso no significaba que él fuese distinto. Si le decía algo de la propuesta de Kuno, ¿Quién le decía que no la retaría? Y si era tan bueno como su hermana y la ganaba… "Sólo aquel que gane a Akane Tendo tendrá derecho a salir con ella". Aquellas palabras retumbaron en mi mente una y otra vez.

A- Nadie- dije levantándome y recogiendo las cosas para ir a fregar.

R- Eh, ¿Qué te pasa? ¿He hecho algo que te molestase?- dijo sujetándome el brazo. Di un respingo y me solté rápidamente.

A- Debes descansar, y yo debo recoger esto, será más difícil de fregar si la grasa se seca- dije saliendo por la puerta. Necesitaba salir de allí.

Bajé las escaleras. Había bajado tanto la guardia… ¿Por qué? Mi voz interior me recordó la frase en la que siempre había creído: "Todos los hombres son iguales". Pero cada vez que esos ojos azules me miraban…

Sacudí la cabeza. Aquello era estúpido. Seguramente todo era por el parecido con Ranko… pero no era Ranko. Debía recordarlo de ahora en adelante. ¿Cuándo regresaría? ¿Cuándo volvería a verla?

La cocina estaba echa un desastre por los acontecimientos causados por mi torpeza, pero, ¿que querían? Era una artista marcial, no un ama de casa. Empecé a recoger, recordando de nuevo los días que pasé con Ranko, con una gran sonrisa en los labios. Aquello era mi única motivación.

Su expresión ausente y aquella mirada sombría, ¿Qué recuerdos habían provocado eso en ella? Y después aquel cambio de actitud tan brusco, ¿Quién diablos era ese Kuno? ¿Por qué quería fotos de ella? Sabía que había algo más detrás de aquello, pero no podía obligarla a contármelo.

Noté como los antibióticos producían un efecto sedante, mientras oía los ruidos en la cocina. Aquello era tan familiar…como cuando estaba enfermo y mi madre me cuidaba…Mis padres, ¿Cuándo regresarían? El plazo estaba a punto de cumplirse y no sabía nada de ellos, si regresasen con el agua, la maldición se iría por fin, volvería a ser un hombre…podría salir de esa maldita casa, visitar lugares…

Pero entonces Ranko desaparecería. Y con ella Akane. Ella estaba sólo allí por Ranko, si ésta desaparecía… Si le decía la verdad quizá ella podría ser mi amiga, quizá me aceptase… Agité la cabeza. Aquello era un sueño imposible, recordaba perfectamente las palabras de mi padre:

"No puedes salir de la casa, hijo, eres un maldito, si alguien descubre tu maldición te rechazará y te tratará como un monstruo."

"Yo no soy ningún monstruo."

"Lo sé, pequeño, pero la gente teme y odia lo que desconoce…y no queremos que te hagan daño." Añadió mi madre.

Yo quería ser un niño normal, quería ir al colegio, jugar en el parque…estudiaba en casa y entrenaba. Entrenamiento, entrenamiento, entrenamiento. Era el mejor, estaba seguro, pero ¿A qué precio? Las únicas personas que había conocido de pequeño por una causa u otra se habían convertido en enemigos.

Pero Akane no había huido.

De todas maneras cuando sus padres llegasen todo eso acabaría. Nunca podría olvidar cuando llegué a casa tras dejar a Akane herida en casa de su amiga. Mi padre tan serio y mi madre tan preocupada… No sabía, que a partir de ese momento, todo en lo que creía, iba a cambiar.

Flash back

Había sido extraño… aquella chica, me trataba como una persona normal. Me había aceptado y quería ser mi amiga. ¿Por qué mi padre me había mentido? ¿Por qué me dijo siempre que me rechazarían? Aquella niña…me había sonreído y aquel beso…noté como me ruborizaba…ella creía que era una chica, pero no importaba. ¡Por fin podía estar con alguien! ¿Cómo sería de buena?

Abrí la puerta de la cabaña, me asombré de no ver a nadie, me dejé llevar por el chispear de las llamas que provenía del salón. Me asusté al encontrar la estancia sólo iluminada por la chimenea y a mis padres con una expresión muy seria mirando el vacío. Me parecieron mucho mayores que hacía quince minutos.

G- Siéntate, Ranma- su voz sonó a ultratumba. Tomé asiento en el sitio de siempre, pero no me atreví a pronunciar una palabra. El silencio se hizo de nuevo, mis padres se miraban uno a otro. ¿Qué diablos pasaba?

N- Hijo, queríamos hablarte sobre esa niña…

R- ¿Sobre Akane?- aquello era muy extraño, ¿Todo aquello era por ella?

G- No puedes volver a verla- dijo mirándome fijamente. Bajé la cabeza y me quedé pensando, intentando controlar mi rabia. Ella no me había rechazado, y le había prometido que iría a verla…mi padre siempre decía que el resto de personas eran malas, que sólo podía confiar en ellos… ¿por qué entonces no me permitía verla? Quería saber que era estar con alguien de mi edad, jugar, reír, pelear…No podía negármelo, no podía…

R- No- dije seguro pero sin atreverme a subir la mirada.

G- No lo entiendes, todavía eres muy joven- dijo pensativo- pero como ella descubra quién eres te odiará, porque tú eres su máximo enemigo.

R- ¡Mientes!- grité levantándome- ¡Ella me acepta! ¡Nunca haría eso!

N- Hijo, es algo más complicado que todo eso- dijo nerviosa. La miré y ella no resistió mi mirada.

R- ¡Explícamelo!- dije golpeando la mesa, con una furia súbita que jamás había sentido. Era mi oportunidad, mi oportunidad de ser un ser humano.

G- Nosotros… hace tiempo…deshonramos a su familia- dijo en un susurro, como algo sucio, algo que nunca debía haber pronunciado.

El honor. Mi padre, desde que era pequeño, me había dicho que el honor era lo más importante, no se debía faltar a una promesa, a la palabra dada… Y ahora le decía esto.

R- ¿Qué hicisteis?- pregunté casi con temor. Nunca los vería igual. El honor era todo lo que tenía una persona, y ellos se lo habían quitado a esa familia- ¿Qué era tan importante para dañar el honor de su familia?

N- Éramos jóvenes, Ranma, en aquel momento lo que sentíamos era lo más importante, no nos dimos cuenta de las consecuencias y…

G- Su familia nos odia- dijo limpiando sus gafas- de eso estoy seguro, y si dan con nosotros…habrá un combate…no podemos perder.

R- ¿Por eso me entrenabas tanto?- dije elevando aún más el tono de voz- no era por mí, era por vosotros, siempre fue por vosotros…-me di la vuelta para salir de la habitación.

G- ¡Espera! Recuérdalo, no debes ir con ella, no debemos acercarnos a la familia Tendo…no al menos hasta que tu entrenamiento haya terminado.

R- Voy a entrenar con ella. No me importa lo que digáis. No tenéis honor y pretendéis que yo tampoco lo tenga. Yo no les he hecho nada, no hay ningún motivo para…

G- No lo entiendes, ¿verdad? ¡No importa que no les hayas hecho nada! ¡Eres un Saotome! ¡Eso es motivo suficiente!

R- ¡Haré lo que quiera!- dije cerrando la puerta de mi cuarto tras de mí.

N- Ranma…

Fin del flash back

Después de aquello nunca había visto igual a mis padres. Para mí ya no eran personas honorables, su palabra no valía nada. Poco después recordé que la maldición era culpa de una estúpida técnica de entrenamiento de mi padre y aquello hizo que el odio por él aumentase día tras día. Hasta hoy.

Quizá, con el agua de Jusenkyo, parte de ese sentimiento desapareciese. Volví a suspirar, no me gustaba pensar tanto, no me gustaba analizar sentimientos. Nunca se me había dado bien.

Oí una suave melodía que venía de abajo, la chica tenía una bonita voz. Al menos ella no había reaccionado al escuchar mi apellido. ¿Todavía no sabía nada de aquella historia? ¿Sería cierto que si descubría la verdad me odiaría? ¿Que sería su enemigo? No lucharía, no lucharía con Akane. Al menos no en serio. Por muy fuerte que fuese sabía que una chica no podría superarme, pero sería divertido entrenar con ella.

Si ella quería, claro.

Después de aquel cambio ya no sabía como tratarla, resultaba tan volátil…

Oí las escaleras de nuevo y la vi pasar por la puerta hacia a algún lugar más allá del pasillo. De repente su cabeza volvió a aparecer por el marco de la puerta.

A- ¿Sigues despierto? Te dije que debías descansar- dijo entrando en la habitación. Me empezó a acomodar la almohada y otra vez percibí su aroma, esta vez mezclado con el olor del jabón.

R- Creo que ya he dormido demasiado- dije intentando ser amable. Parecía que volvía a estar normal, pero con ella nunca se sabía.

A- Iba a bajar a entrenar- dijo ella- pero si quieres que hagamos algo, jugar a cartas o…

R- Me gustaría ver tu entrenamiento, ya que yo no puedo…-dije con una de mis mejores sonrisas. Noté como se ruborizaba. Estaba realmente bonita.

A- Claro, pero si en algún momento te molesta la herida o…-dijo ella en un tono maternal.

R- Sí, mamá…

Ella sonrió avergonzada.

A- Lo siento, no estoy acostumbrada a cuidar de nadie, de eso se suele ocupar Kasumi…-se dirigió a la puerta- ahora mismo vuelvo.

Volvió a desaparecer y oí ruidos en la habitación de al lado al igual de un par de maldiciones. Sonreí al darme cuenta de que lo que llevaba puesto era su gi de entrenamiento, y de repente me di cuenta ¡Ella me había cambiado de ropa! Levanté la cintura del pantalón y observé que mi ropa interior permanecía intacta. Cuando volvió a aparecer mi rostro estaba totalmente rojo.

A- ¿Te encuentras mal?- preguntó poniendo mi brazo alrededor de su hombro para ayudar a levantarme. Llevaba un chándal azul cielo ligeramente entallado y se había recogido el pelo en una coleta alta.

R- No- tomé impulso con el otro brazo para ponerme rápidamente de pie. Noté el escozor de la espalda. Y de nuevo el aroma. Empecé a ponerme nervioso por el contacto de nuestros cuerpos y por el recuerdo de lo que mi sucia mente se había imaginado un rato antes.

Giré la cara y observé sus facciones mientras ella ponía su atención en aguantar mi peso y el equilibrio siguiendo una dirección determinada que yo desconocía. Su pelo negro tenía un tono azulado que hacía resaltar la palidez de su piel, de un cutis tan fino que temía que si lo tocaba se rompiese; sus ojos, de color marrón oscuro recordaban el color de las hojas de los nogales los últimos días de otoño; su nariz, pequeña y respingona le daba un porte altivo, casi orgulloso; y sus labios…pequeños pero bien definidos…rosáceos, del mismo color de los cerezos de los que había tomado su fragancia…recordé su sonrisa…tan sincera…tan pura…sólo para mí.

Agité la cabeza para borrar de nuevo estos últimos pensamientos y choqué con su cabeza. Ella me miró desafiante:

A- ¿Qué diablos…?- se giró a preguntarme. Pero sus palabras murieron en sus labios. Nuestras miradas se quedaron fijas. Sus ojos parecían temblar y vi como sus mejillas se ruborizaban. Nuestras caras estaban a un par de centímetros. Mi mirada bajó de nuevo a su boca. Algo dentro de mí me pedía que me acercase a ella, esos labios me atraían como un imán, si al menos dejase de mirarme así, con esa cara tan inocente…no me mires, muévete, porque sino…empecé a desplazar mi cabeza y ella pareció despertar porque la giró, totalmente sonrojada y emprendió de nuevo la marcha, con una fuerza insospechada, casi arrastrándome.

Decidí seguir sus pasos. La fiebre me estaba alterando. ¿Qué eran todas esas tonterías que pasaban por mi cabeza?

Noté como el corazón quería salirse de mi pecho. ¿Qué había sido eso? Cuando noté el cabezazo me giré enfadada y preocupada, aquello había dolido pero quizá era que se había desmayado. Entonces levanté la cabeza y vi aquella mirada. Esos ojos azules tenían un brillo intenso, haciendo perder el color grisáceo que normalmente los suavizaba. Parecía que miles de sentimientos cruzaban por su mente en aquel momento. Por algún estúpido motivo, no podía apartar la vista y mi pulso se aceleraba por momentos. Podía notar como la sangre había subido a mis mejillas, y mis piernas flaqueaban. Por primera vez noté el aroma masculino que el chico desprendía. Me sentía extrañamente atrapada por toda su presencia, incapaz de moverme. Hasta que él empezó a acercarse a mí y pude reaccionar, haciendo todo lo posible por andar, por hacer como si todo eso no hubiese pasado. ¿Había intentado besarme? No, no, no podía ser eso…daba igual, había logrado esquivarlo. Y aquello no se repetiría, tenía que asegurarme de ello.

Llegamos al gimnasio y le ayudé a sentarse en unas colchonetas. Era una suerte que el padre de Sayuri y su hermano fueran preparadores físicos y contasen con aquel espacio en la cabaña. Agité mi cabeza intentando quitar todas las tonterías de aquel chico. ¡Maldita sea! ¿Podía controlar a toda esa panda de pervertidos y no podía controlar a un pobre chico herido? Se acabó. El entrenamiento me relajaría.

Empecé a hacer las katas básicas. Podía notar sus ojos en mi espalda, recorriendo cada músculo, cada movimiento. Me hacía sentirme incómoda. Cansada y viendo que no me estaba relajando nada, me volteé para encararle.

A- ¿Qué opinas?- él era un artista marcial, quizá podía sacar algo positivo de todo aquello.

R- No está mal, pero estás demasiado tensa- dijo apartándose el pelo de la cara- en la kata número tres la pierna tenías que haberla levantado un segundo antes y en la numero cinco la mano debe estar a la altura el hombro, si la bajas no sirve de nada- terminó tranquilamente.

A- ¿Tú crees?-dije fríamente. Sabía que tenía razón pero aun así aquello dolía. Me daba cuenta que era porque hacía años que entrenaba sola. Volví al centro y repetí los movimientos.

R- Mucho mejor- oí a mis espaldas- se ve que eres fuerte y resistente, pero te falta agilidad y sincronización.

A- ¿No tienes nada bueno que decirme?- dije enojada.

R- Te he dicho que eres fuerte y resistente, ¿no? ¿Eso no es bueno?- dijo el chico ligeramente afectado. Había sido demasiado brusca con él.

A- Lo siento, no estoy acostumbrada a las críticas- dije acercándome a el.

R- Sólo intentaba ayudar- murmuró bajando la vista.

Todo lo que había dicho era cierto. Desde hacía un año me había quedado anclada. Había buscado senseis, pero ninguno había sido capaz de ayudarme. Y ese chico había dicho todo tan claramente, tan solo viendo unos cuántos movimientos.

A- ¿Podrías entrenarme?- dije decidida.

R- Bueno, yo…-dijo mirando su cuerpo.

A- No digo ahora, cuando te recuperes…hasta que aparezca Ranko- dije sentándome a su lado.

R- Nunca he entrenado a nadie a parte de a mí mismo y…no sé si seré capaz…

A-Por favor…-dije mirándole fijamente. Vi de nuevo aquel brillo extraño en sus ojos, pero rápidamente se acabó.

R- Está bien- murmuró mirando hacia otro lado- con una condición.

A- ¿Cuál?- dije con una abierta sonrisa. Mientras no fuese algo disparatado, aceptaría cualquier cosa.

R- Que no bebas agua fría en mi presencia, nada de agua fría durante el entrenamiento- me quedé mirándole extrañada, ¿Qué tontería era esa? Había gente excéntrica, pero aquello era algo que nunca había oído… pero, ¿Qué más daba si conseguía que me entrenase?

A- Claro, por mí no hay ningún problema.

Sabía que había metido la pata hasta al fondo, ¿Qué diablos haces Saotome? ¿Te has vuelto loco? Pero cuando ella puso esa mirada. No sabía que era lo que me pasaba…pero lo odiaba. ¿Entrenarla? ¿Estaba loco? No podía luchar con ella, no podía enfrentarme con una mujer. Hacía años lo había hecho porque eramos unos críos, pero ahora…

Observé como había continuado con sus movimientos. Ahora eran adultos, o al menos un inicio de ello…era una mujer, por muy mal carácter que tuviese. Miré la pequeña ventana continua que recorría todo el perímetro del gimnasio y vi como los copos cada vez eran más gruesos. No sabía cuánto tiempo les quedaría, pero la ayudaría, se lo debía…solo esperaba que mis padres no apareciesen, porque sino… todo aquello desaparecería, y estaba seguro que si se enteraba de la verdad, mi padre tendría razón: ella me odiaría.

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