Wola!

Uf! He tardado mucho en actualizar, no? Bueno, es que noviembre y diciembre han sido horrible de trabajo, y aquí me teneis, escribiendo en navidad para actualizar todos los fics que tengo. Bueno, espero que os guste.

CAPITULO 6: REALIDAD

Otra noche había llegado. Llevaba tres días allí. Me estiré todo lo que pude en la cama intentando desentumecerme un poco, pero no servía de nada: los músculos dolían como no lo habían hecho nunca. Todavía tenía el amargo sabor del extraño brebaje que Ranma me había dado, y también sus palabras cuando lo bebí con ansia a pesar del horrible olor: "No deberías ser tan quejica, así nunca llegarás a ser un gran artista marcial".

Fruncí el ceño. Las peleas se habían sucedido día tras día: su innata prepotencia y mi poca paciencia y disposición a la obediencia habían sido una combinación letal. Pero era bueno, muy bueno, y al final yo acababa tragándome mi orgullo y él mostrándose más amable, retomando los entrenamientos hasta la siguiente discusión.

Me hice un ovillo, mientras el único ruido que llegaba era el del secundero del reloj y un murmullo lejano de agua. Ranma debía estar duchándose. Al menos en eso no tenía que ayudarle. Noté como me ruborizaba: las curas diarias eran realmente violentas. No estoy acostumbrada a tratar con chicos, y menos con chicos con poca ropa. Al menor contacto con su piel, la mía se erizaba, y cada cura era un momento silencioso que parecía eterno, donde la tensión se palpaba en el ambiente. Y otra vez, las imágenes de días anteriores, de esos cruces de miradas y contacto superficial se hacían presentes y los nervios podían conmigo.

Era algo que no entendía y que no me atrevía a hablar con él. Es cierto que habíamos ganado confianza, pero era incapaz de hablar de "eso", porque tampoco sabía que era "eso". Sólo sabía que muchos sentimientos enfrentados y desconocidos habían surgido en mí, pero era pronto para definirlo.

No debía mentirme, al menos no a mí misma. Lo que estaba empezando a sentir sabía perfectamente lo que era, pero no quería sentirlo y era demasiado cobarde para admitirlo. Sé que no es propio de mí no enfrentarme a algo, pero Akane Tendo también tiene sus debilidades y ésta es una de ellas. Me tapé con la manta intentando ocultarme, protegerme, de una manera absurda, de esos sentimientos que pueden hacerme daño, de esos sentimientos que están dentro de mí.

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El agua caliente sobre mi cuerpo era algo que empecé a valorar desde Jusenkyo. Lamentablemente el agua fría se había convertido en lo contrario. Me eché agua fría y me deshice la trenza para lavarme el pelo, esa era una de las pocas ventajas de convertirse en mujer, el pelo de dragón no surtía efecto en esa forma. ¿Cuántas tonterías más tendría que aguantar en la vida por culpa de mi padre? Y lo peor era que por su culpa me sentía inseguro. Inseguro de que en cualquier momento la chica del otro lado del pasillo desapareciese.

Me aclaré el pelo con agua fría y lo até rápidamente, instantes después el agua caliente volvía caer revelando mi forma masculina, mi verdadera forma. No podía entenderlo: a pesar de las discusiones, de las estúpidas peleas y de las quejas de esa niña consentida…tenía miedo, miedo a que desapareciese lo único auténtico que había habido en mi vida.

Apagué el agua, enrollé una toalla a la cintura y salí de la ducha. Me observé en el espejo por unos segundos, mientras terminaba de secarme el resto del cuerpo. Me giré de medio lado para ver las dos heridas que empezaban a cerrarse en mi espalda. Aquello era lo más complicado. Mi mente la veía como una amiga, mi cuerpo no. Reaccionaba al mínimo roce, al mínimo contacto visual, dejándome…totalmente desconcertado. El momento más tenso del día se acercaba. Me puse los boxers y unos pantalones y salí del baño. Miré la puerta al otro lado del pasillo. ¿Era sólo cosa mía o a ella también le pasaría lo mismo? Normalmente parecía tan tranquila…sólo un suave rubor en sus mejillas parecía delatar que algo pasaba también por la cabeza de la chica.

¿Cómo había sido? ¿Por qué me pasaba el día pensando en ella? Empecé a recorrer su imagen en la mente, como cada noche, haciendo que unas fuerzas interiores me impulsasen a ir al cuarto de ella y probar esos labios que me tenían obsesionado. Aquello era una locura. Abrí los ojos y volví a observar el pasillo vacío. Aquello debía ser algo hormonal, al fin y al cabo estaba en la edad, ¿no? No era nada serio, hacía tiempo que no tenía contacto con una chica, desde que era un niño, y ahora era un hombre, era lógico que mi cabeza me jugase esas malas pasadas ante una chica bonita.

Entré en mi cuarto y cogí la crema, las gasas y las vendas, volviendo a salir en escasos segundos. Tomé el camino hacia el final del pasillo mientras los nervios de cada día hacían presencia en mi estómago.

- Estúpidas hormonas- murmuré.

Sólo era eso. Al menos eso esperaba.

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Los suaves toques en la puerta me despertaron, miré el reloj, me había quedado dormida.

A- Pasa-dije quitándome la manta de encima mientras me estiraba.

R- ¿Estabas durmiendo?

A- Sí- murmuré- me he quedado dormida sin darme cuenta- dije intentando recogerme el pelo en una coleta.

R-¿Por qué te dejaste crecer el pelo?

A- ¿Cómo sabes que antes…?

R- Ranko- dijo nervioso.

Reflexioné por unos segundos. Era extraño, desde que había llegado allí no había vuelto a pensar en Tofu. ¿Aquello confirmaba que realmente lo que sentía por el doctor era sólo un capricho? No, a mí me gustaba. Me gustaba hablar con él, verle sonreír, era tan amable…

A- Por un chico- dije levemente sonrojada.

R- ¿Un chico?- preguntó perplejo- ¿Por qué?- preguntó todavía sin entender nada.

A- Quería gustarle…pensé que así…-las palabras murieron en mis labios, ¿Qué hacía contándole eso a Ranma?

R- Vaya, vaya, así que tienes novio- dijo con una sonrisa maliciosa. Yo me dediqué a tomar la crema y las vendas y sentarme de frente a su espalda, deseando que no viese las lágrimas que se formaban en mis ojos.

A- No- tomé un poco de crema y la calenté en mis manos- la verdad es que él está enamorado de mi hermana Kasumi.

No pude ver su expresión pero seguramente era de compasión, odiaba que sintiesen eso por mí, no lo necesitaba.

R- Lo siento- dijo al notar mis manos en su piel. A pesar del tema que estábamos tratando, los escalofríos y nudos en el estómago volvieron a darse como cada día cuando lo tocaba, haciéndome olvidar las palabras anteriores. Sus músculos se moldeaban perfectamente en mis manos, duros, tersos, increíblemente perfectos. ¿Cuántos años tenía? Parecía algo mayor que yo, su cuerpo estaba muy definido para ser de mi edad.

A- ¿Cuántos años tienes?- dije rompiendo el acostumbrado silencio entre nosotros en esos momentos. Calló por unos segundos.

R- Acabo de cumplir diecisiete- ¿la edad de Nabiki? Parecía mayor, al principio me había parecido de mi edad, pero el desarrollo de sus músculos no encajaba.

A- ¿Cuánto llevas entrenándote?- pregunté empezando a envolver la herida, pasando las manos por delante y por detrás del cuerpo del muchacho.

R- Desde que nací- dijo girando la cabeza para mirarme- mi padre siempre quiso que fuese el mejor, así que me hizo entrenar día tras día.

A- ¿Y Ranko?- pregunté apartando la mirada, aquello ya era suficientemente tenso para que encima él me mirase de esa manera, con esos ojos que me hacían temblar como una cría. El chico volvió a fijar su vista al frente y suspiró.

R- Ranko también.

El silencio volvió a aparecer mientras mis manos terminaban de envolver su espalda. Hacía días que no pensaba en ella, ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Mi principal objetivo era Ranko, ¿Cuándo me había olvidado de ella? Desde que empezaron los entrenamientos no pensaba en nada más que en mejorar, ¿Cuándo había dejado a un lado mi objetivo? Quería mejorar, quería vencer a la única persona que me había derrotado. Aunque a decir verdad, aquello era una tontería, porque seguramente el chico que envolvían mis manos era mucho más fuerte que cualquiera de las dos y podría vencerme en cualquier momento. Afortunadamente el chico no parecía mostrar ningún interés en luchar en serio conmigo.

R- ¿Cuándo…? ¿Cuándo tienes pensado marcharte?

¿A que venía esa pregunta? No lo sabía, aunque si mi estancia se prolongaba mucho más debería llamar a casa. No sabía porqué, pero de repente la necesidad de ver a Ranko se había vuelto algo completamente secundario, y ya había mejorado mucho en mis entrenamientos. Lo que más me preocupaba era seguir mucho más tiempo en su compañía, estaba bien pero…no quería, si me quedaba allí podría cometer alguna tontería. Así que estaba decidido, mañana me iría.

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La pregunta salió de mis labios sin que lo quisiese realmente. Cuando me volvió a preguntar por Ranko, me di cuenta de que ese era el único deseo de Akane, y que una vez satisfecho, se iría. Pero ¿Y si eso no pasaba nunca? ¿Cuánto tiempo se quedaría conmigo? ¿Cuánto tiempo me quedaba? La chica parecía dudar.

A- Me voy mañana- contestó segura, mientras enrollaba de nuevo las vendas sobrantes. Se dirigió al pequeño aseo adosado a la habitación para lavarse las manos como era su costumbre. Por alguna razón había evitado mirarme.

R- ¿Mañana?- pregunté con voz quebrada. Aquello no era lo que me esperaba. Creía que su interés por Ranko la mantendría al menos unos días más. Mañana. De nuevo solo.

A- Sí- contestó saliendo del baño sin mirarme- sino mi familia se preocupará por mí, además debo volver a mis clases- ¿Por qué no me miraba? ¿Por qué miraba fijamente al suelo como si hablase con ella misma? ¿Quizá intentaba convencerse de sus propias palabras?

R- ¿Tú quieres irte?- se dirigió a la ventana, dándome la espalda.

A- Sí, creo que es lo mejor- murmuró. Se tapó la boca como un acto reflejo, parecía que había dicho más de lo que quería. ¿Lo mejor para qué? Me dirigí a ella decidido, no tenía nada que perder, lo peor que podía pasar era que ella se fuese, total, unas horas más o menos… Llegué a donde ella estaba, se volteó al notar mi presencia, quedando nuestros rostros separados por unos centímetros. De nuevo podía notar su aroma, el calor que emanaba, sus mejillas sonrojadas, sus labios entreabiertos por las palabras que morían sin salir de sus labios, sus ojos asustados…

R- ¿Lo mejor?- pregunté en un susurro, dando un paso más para acercarme a ella, quien retrocedió hasta chocar con la ventana, desesperada por separase de mí- ¿Cuál es la verdadera razón?

La chica volvió a desviar la mirada. Di un paso, a lo que ella me miró.

A- No te acerques…por favor- me paré en seco, mirándola extrañado, ¿Qué le pasaba? ¿Por qué tenía tanto miedo de mí? Una estúpida posibilidad pasó por mi cabeza: que ella hubiese descubierto mi maldición; pero era imposible, sólo había tocado el agua fría en la ducha, no podía saberlo. Volví hasta la cama y me senté.

R- ¿Te he hecho algo?- la chica me miró desde el rincón, la lejanía parecía haberla tranquilizado.

A- No…no es eso, Ranma- oírla pronunciar mi nombre me tranquilizó- es que hay momentos en que… no pareces tú- dijo sentándose al otro lado de la cama.

R- ¿Qué no parezco…?- entonces comprendí, todos esos momentos en que mi mente divagaba controlada por mi cuerpo…ella lo sabía, de alguna manera se daba cuenta y la hacia ponerse a la defensiva- lo siento.

Ella negó con la cabeza.

A-La culpa es mía, no entiendo a los hombres- dijo totalmente sonrojada- ellos…todos quieren lo mismo- dijo apretando sus puños contra sus piernas.

R- ¿Qué?- pregunté desconcertado.

A- El otro día…cuando hablamos de mi familia, mencioné a Kuno y me preguntaste quién era- hice un gesto afirmativo con la cabeza, lo recordaba perfectamente, la pregunta había pasado varias veces por mi cabeza- es un chico de la clase de mi hermana que está…obsesionado conmigo.

R-¿Obsesionado?- aquello no podía ser nada bueno, notaba la voz quebrada de Akane, me acerqué lentamente, quedándome a una distancia prudencial de ella.

A- Me persigue por el colegio, compra fotos mías a mi hermana, intenta abrazarme, besarme…- notaba la ira apoderarse de mí, deseoso de patear el culo de ese tal Kuno- y ante mi continuo rechazo, planteó una nueva opción, un reto.

R- ¿Un reto?- aquello sonaba interesante.

A- Sabiendo que soy una artista marcial y que no lo rechazaría, me hizo prometer que saldría con aquel que lograse vencerme- aquello me dejó con la boca abierta, ¿Quién lograse vencerla? ¿Tan bajo había caído ese chico de luchar con una mujer para conseguirla? El recuerdo de cierta amazona apareció en mi mente, aquello había sido distinto, yo no la quería como mujer, sólo quería la comida.

R- ¿Y alguien…?- tenía que saber si ese Kuno lo había logrado.

A- No- la chica seguía mirando sus manos- cada mañana lucho con unos cien chicos, ninguno ha logrado vencerme todavía.

Observé detenidamente a la chica que parecía metida en sus pensamientos. Así que no era sólo yo el que se sentía atraído por ella. ¡Cien chicos! Eso era una barbaridad, y ella peleaba con todos cada día.

R- ¿Nadie te defiende?- pregunté extrañado. Todos no podían ser tan ruines.

A- ¡No necesito que nadie me defienda! ¡Son todos unos idiotas! ¿Por qué no se dan cuenta de que no quiero hacerles daño? ¿Qué sólo quiero que me dejen tranquila?- gritó con lágrimas en sus ojos, levantándose de golpe con mirada desafiante. Sus lágrimas hicieron que algo dentro de mí se quebrase, parecía tan asustada, tan indefensa…sin pensarlo alargué un brazo para coger su muñeca y con un rápido movimiento la atraje contra mí, envolviéndola con mis brazos, parecía tan pequeña…noté como apoyaba la cabeza en mi hombro y lloraba. La apreté más contra mi cuerpo, su cercanía me hacía sentir tan bien…enterré mi cabeza en sus cabellos, aspirando su aroma, su suave aroma… de repente noté como ella se movía, intentando soltarse.

R- ¿Qué te pasa…?- dije empezando a soltarla. Demasiado tarde, ella me había pegado con lo primero que había pillado. Oí el jarrón romperse en mil pedazos al chocar con mi cabeza. Después noté el agua fría empaparme, y aquel conocido hormigueo que revelaba mi maldición- ¡Mierda!

Levanté la vista, su mirada asustada, su ligero temblor. El momento que mi padre había dicho había llegado. Todo había acabado.

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¿Qué? ¿Qué había sido todo eso? Primero esa mirada que tanto me asustaba, después la necesidad de contarle todo, su abrazo tan cálido y protector, me había asustado de lo bien que me sentía en sus brazos, de lo que aquello podía significar, y por último…

A- ¿Ranko?- pregunté con un hilo de voz a la pelirroja sin camiseta que se encontraba frente a mí. Las mismas heridas, la misma ropa…

R- Akane…yo…lo siento…no sabía como…-dijo intentando acercarse a mí.

A- ¿Quién diablos eres en realidad?- pregunté insegura.

R- Soy… Ranma, cuando era pequeño caí en unas pozas encantadas y cada vez que el agua fría me toca…me transformo en…

A- Ranko- dije intentando entender sus palabras, aquella historia que parecía sacada de un libro fantástico, y dándome cuenta de que en realidad, mi amiga, la única persona que creí que me comprendía…-todo este tiempo eras tú, Ranko nunca ha existido, siempre has sido tú ¿verdad?

R- Quería decírtelo…-no quería escuchar sus palabras, estaba cansada, ¿Por qué todos se reían de mí? Al final él no era distinto de todos aquellos idiotas. Saqué la maleta de debajo de la cama y empecé a llenarla- ¿Qué haces?

A- ¿No te parece que ya te has reído suficiente de mí? Creo que está claro: me voy a mi casa- dije cerrándola sin importarme si me dejaba algo.

R- ¡No!- su grito sonó decidido, casi desesperado. Pero no me importaba, quería alejarme de allí. Corrí escaleras abajo con el chico, ahora chica, pisándome los talones.

A- ¡Déjame!- dije parándome en seco, ella en su carrera chocó contra mí y cayó al suelo- No quiero saber nada de ti ¿Me oyes? No soporto las mentiras, y tú…tú…-noté como empezaba a llorar, estaba herida, muy herida, había puesto tantas esperanzas en ella- tú me mentiste…desde el principio.

R- Perdóname- murmuró la chica con la cabeza baja. Temblaba de frío, en su decisión de seguirme había olvidado cubrirse. Abrí la maleta, saqué una de mis chaquetas y se la pasé por los hombros. Ella me miró, con sus ojos azules vidriosos. Tuve que apartar la mirada.

A- No puedo- susurré- al menos no por ahora- mis palabras hablaron por mi estúpido corazón que siempre se ablandaba ante el sufrimiento ajeno.

R- ¿Cuándo?- preguntó. Yo decidí reanudar mi camino. ¿Qué más le daba? No volvería a esas montañas, ya no había nada allí que me llamase. No volvería a verle, así que daba igual, una fecha cualquiera.

A- Tal vez en verano- dije ya a lo lejos. Me despedí de todo aquello, decidida a enterrarlo en lo más hondo de mí para siempre. Ranko nunca había existido. Ranma tampoco.

Llegué a tiempo de coger el último autobús del día. Me senté en un asiento vacío al final del pasillo y me acurruqué junto a la ventana. Nunca nadie se enteraría de nada de esto. Ni yo misma debía recordarlo.

Intenté dormir, pero por mucho que lo intentaba no podía, el recuerdo de unos cálidos brazos envolviéndome me hacía sonreír como una tonta.

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FELIZ NAVIDAD!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!