CAPITULO 7: APARICIONES

Los primeros rayos de la mañana me despertaron. Era junio, las vacaciones de verano se acercaban. Pero todavía no habían llegado.

El despertador sonó y lo intenté apagar. Fue en vano. Acabó tirado por el suelo sonando cada vez más alto. Me levanté de golpe, si no lo paraba despertaría toda la casa. Me puse la ropa de correr y salí a la calle, debía darme prisa si quería llegar a tiempo a las clases de repaso antes de los exámenes.

El calor empezaba a hacerse notar, mañana cambiaría la sudadera por una camiseta. Me crucé con los repartidores de todas las mañanas y con la pareja del final de la calle que salía a correr a la misma hora. Todo era tan previsible…La media hora pasó rápido, llegué a casa y me di un baño. Cuando salí el desayuno estaba preparado y la familia me esperaba a la mesa.

A- Buenos días- dije contenta, estaba de buen humor.

- Buenos días- contestó el resto mientras seguía desayunando.

La mañana transcurrió monótona. Desde que las peleas habían cesado el instituto se había vuelto aburrido. Sonreí recordando la paliza que le había dado a Kuno: dolorosa pero sin consecuencias graves. Sólo una: nadie me había vuelto a retar desde entonces. Y ahora, lo que antes odiaba, ahora lo deseaba. No porque todos aquellos chicos quisiesen salir conmigo, sino por el hecho de luchar. Luchar. Ahora sólo practicaba en el Dojo. Sola. Había descubierto a mi padre algunas veces observándome, y vi su mirada, era distinta. Orgullo. Mi padre parecía estar orgulloso de mí. Mi interés por las artes había vuelto, había mejorado mucho. Los primeros meses seguí perfeccionando los movimientos, pero hacía dos que no avanzaba nada.

La campana del final de la mañana sonó. Yuca y Sayuri se acercaron con sus fiambreras y nos fuimos a comer al patio, bajo la sombra de un frondoso árbol.

Y- ¿Te pasa algo Akane?- dijo de repente.

A- No, ¿Por?-dije mientras tomaba los palillos para empezar a comer.

Y- No sé, hace un tiempo que te noto extraña- dijo dejando a un lado su fiambrera- ¡Ya lo sé! ¡Ha pasado algo con ese doctor!

S- ¿Es eso Akane?- dijo dejando también su comida- ¡Cuenta, cuenta!

Yo seguí comiendo tranquilamente.

A- No ha pasado nada- dije-bueno, a decir verdad algo sí ha pasado- vi sus caras ilusionarse de nuevo- pero no lo que vosotras pensáis: el doctor Tofu está saliendo con Kasumi.

S- ¿Qué? ¿Con tu hermana? ¿Y tú estás tan tranquila?- dijo acercándose preocupada.

A- Ya sé que os parecerá extraño, pero me alegro por ellos.

Y- ¿Pero no te gustaba?- me quedé callada por unos momentos, la misma pregunta había sonado en mi mente los últimos meses.

A-Eso creía- dije dubitativa, pensando en voz alta.

Y- ¿Creías? ¡Si no parabas de hablar de él!

A- ¡No exageres!

S- ¿Cómo te diste cuenta que no te gustaba?

A- No sé, poco después de las vacaciones de Navidad pasó todo lo de mi hermana…y no sentí nada.

Y- Yo siempre pensé que no te gustaba.

A- ¿Qué?

S- Yo pensaba lo mismo.

A- ¡Ah! ¡Muy bien! Mis propias amigas no me creen.

S- No es eso, hay algo distinto desde que volviste de la montaña- aquella mención hizo que se me hiciese un nudo en el estómago- después pasó lo de Kuno, todos vimos la paliza, ¿Qué pasó? ¿Encontraste a aquella chica? ¿Cómo se llamaba? ¿Ran…?

A- Ranko, y no tiene nada que ver con eso- dije notando como todos mis músculos se tensaban.

Hiroshi y Daisuke aparecieron corriendo, se pararon a nuestro lado intentando recuperar el aire para decir algo. Fue Hiroshi el que hablo.

H- Akane, hay un chico que te busca en la puerta- dijo señalando la entrada principal del instituto. Todos me miraron extrañados.

A- ¿Un…chico?- fue lo único que pude preguntar. ¿Quién podía venir a buscarme? El único chico que conocía fuera de la escuela era Tofu, y le hubieran descrito como un hombre, no como un chico.

Y- ¿Cómo es?

S- ¿Es guapo?- preguntaron acercándose a los muchachos.

D- No sé, nosotros no sabemos de esas cosas.

H- Pero parece fuerte.

S- Igual ha venido a retarte, Akane, ¿no eres tú la representante del Dojo de tu familia?

Y- ¿Pero no sería más normal que hubiesen ido a retarla al Dojo?

Mientras mis amigos se preguntaban por la identidad del chico, nos fuimos acercando hacia la puerta. Noté el corazón acelerarse, ¿Sería ese enemigo al que había estado esperando? Mi padre por fin había accedido a hablarme de él, pero nunca había mencionado nombres. ¿Cómo podía haberle hecho eso a mi familia? Quitarle todo a mi padre, siendo amigos desde pequeños… no teníamos honor, nos lo habían arrebatado. Algún día recuperaría el honor de mi familia. Mi padre no tardaría mucho en decirme su nombre y entonces…le buscaré y le retaré. Por fin podré eliminar ese borrón del apellido Tendo.

H- Es aquel chico de allí- dijo señalando una figura vestida de rojo que se apoyaba en la barandilla.

Lo reconocí al instante. La camisa era la misma que tiré a la basura más de seis meses atrás, y el chico…mi corazón se aceleró, haciendo que me costase respirar. Ranma. Era inconfundible: su pelo negro recogido en una trenza, su sonrisa confiada, sus ojos azules…Mi cuerpo empezó a temblar, aunque no sabía muy bien porqué. Quizá el hecho de que cada día le recordase no ayudaba mucho. Me había prometido que lo olvidaría, que aquello nunca había pasado, que Ranma Saotome no existía…pero era imposible. Me paré en seco, incapaz de recorrer los últimos pasos que nos separaban. Mis amigas no tardaron en darse cuenta de mi extraña conducta.

Y- ¿Lo conoces Akane?- dijo apoyándose en mi hombro- ¿No vas a presentárnoslo?

¿Qué iba a decir? ¿Cómo explicarles quién era? Alcé la vista para encontrarme con la mirada azulada. Al menos no tenía aquel color cobalto que tanto me asustaba. Me dedicó una sonrisa, mientras dejaba de apoyarse en la barandilla para acercarse a mí.

R- Hola, Akane- dijo adelantando su mano derecha. Alargué la mía para estrechársela, al primer contacto todas las sensaciones que había estado intentando olvidar volvieron con fuerzas renovadas, haciendo que me sonrojara.

A- Hola- logré susurrar, ¿Qué hacía allí? Creía que nunca volvería a verle…y ahora estaba allí, apretando mi mano, como si nada hubiese pasado.

N- ¡Akane! ¿De qué conoces a este chico?- preguntó mi hermana haciendo acto de presencia, mientras sacaba su cámara y empezaba a hacerle fotos.

R- Tú debes de ser Nabiki- dijo soltando mi mano, dirigiéndose a mi hermana- Akane me habló de ti, preferiría que no me tomases fotos.

N- ¿Bromeas? ¡Esto se venderá a muy buen precio!- dijo mientras el flash no paraba de aparecer una y otra vez.

A- ¡Nabiki! ¿Quieres dejarlo de una vez?- la grité enojada, aquello resultaba bochornoso. La gente se empezaba a acumular a nuestro alrededor.

N- ¡Ay, Akane! ¿Por qué estás tan molesta? ¿No quieres que todos conozcan a tu novio?- dijo señalándonos con el dedo acusadoramente. Las voces y los gritos no se hicieron esperar.

- ¿Akane Tendo tiene novio?

- ¿No decía que odiaba a los hombres?

- Éste es muy guapo, ¡Qué suerte tiene!

- ¿Cuánto llevarán juntos?

- ¿Crees que ya…?

- ¿Y que han…?

Fui enrojeciendo, en parte por vergüenza, en parte por la ira… ¿Qué se habían pensado todos? ¿Qué mi vida era un espectáculo? ¿Qué podían opinar? Estaba a punto de hablar cuando alguien interrumpió.

K- ¿Quién osa molestar el descanso de relámpago azul del instituto Furinkan?

La gente fue abriendo un camino para que Kuno llegase hasta nosotros. Al llegar, sacó un ramo de rosas y me lo tendió, sin prestar atención del chico a mi lado.

K- ¡Oh, mi bella Akane Tendo! La tibieza del verano es hielo comparado con el calor que desprende mi corazón cuando pienso en ti- tomé el ramo, aquello era lo último que me faltaba.

A- Hola, Kuno- dije con una mueca, mientras notaba como el chico se acercaba para intentar su habitual abrazo.

K- ¡Oh, Akane! Algún día admitirás tu amor por mí y entonces…- sus brazos empezaron a cerrarse sobre mí, levanté una pierna haciéndolo volar hasta el otro lado del patio.

A- ¡No se te ocurra tocarme, Kuno!- dije conteniendo las arcadas que me daban imaginarme el resto de mis días al lado de ese tipo.

R- Así que ese es Kuno- dijo colocándose a mi altura- te quedaste corta al describirlo, es aún más idiota de lo que me imaginaba- añadió con el ceño fruncido. Con la intervención de Kuno por unos segundos me había olvidado de él. La sirena del final del descanso sonó.

A- Debo volver a clase- dije con la cabeza gacha.

R- Te esperaré- dijo en la misma posición. Empecé a seguir a mis compañeros que se adentraban en el edificio. Entonces recordé.

A- ¿Qué tal esa herida?- el chico se paró, se dio la vuelta y se quitó en un ágil movimiento la camiseta, dejando el torso al descubierto. La sangre se acumuló en mis mejillas al ver el cuerpo de Ranma, otra vez. Me fijé en que apenas tenía unas pequeñas marcas donde antes estaban las heridas.

Y- Akane, ¿vienes?

A- Sí, claro- dije siguiéndola, despidiéndome de Ranma con la mano.

Las clases se hicieron eternas, lentas, muy lentas, y apenas podía concentrarme. El sonar del timbre fue una liberación, o al menos eso creía, porque segundos después tenía a todo el alumnado femenino alrededor de mi mesa.

Y- ¿Dónde lo has conocido?

S- ¿Cómo se llama?

- ¿Está libre?

- ¡Cómo va a estar libre! ¿No has oído que es su novio?

A- No es mi novio- aclaré enfadada.

- ¿Podrías presentármelo? ¡Es muy guapo!

- ¡Yo lo vi primero!

- ¿Estáis de broma? ¿Creéis que se fijará en vosotras después de que me vea?

Estaba a punto de decir algo cuando noté a mi hermana a mi lado.

N- Chicas, chicas, no hay que pelearse, para empezar tengo unos lotes de 5fotos del desconocido, vestido 1000 yenes, sin camiseta, 2000, ¡Daos prisa! ¡Son totalmente exclusivas! – gritó exhibiéndolas. ¿Cómo podía tener esa cara? Que se aprovechase de mí porque era su hermana podía tener un pase, pero ¿Ranma?

A- Ni lo sueñes- dije arrebatándole más de la mitad de las fotos mientras cogía mi cartera y salía corriendo- no tienes ningún derecho.

N- ¡Son mías! ¡Devuélvemelas!- gritó sin afán por seguirme, mientras una avalancha de féminas me perseguían como locas- Bueno, por ser tú te haré una rebaja, ¡Ya hablaremos en casa!

Sorteé todos los obstáculos como pude, afortunadamente era la chica más rápida de la escuela y les llevaba bastante distancia. A penas había visto el chico en la puerta cuando tomé su mano a toda velocidad, reuniendo un poco de oxígeno para decirle:

A- ¡Sígueme!

R- ¿Pero que es todo esto?- preguntó asustado al ver la masa de chicas que nos perseguían.

A- Tengo algo que ellas quieren, tenemos que correr más, no deben alcanzarnos- dije bastante cansada. La masa iba disminuyendo, pero había algunas chicas muy resistentes.

R- ¡Haber empezado por ahí!- de un rápido movimiento me tomó en brazos y de un saltó acabamos en el tejado de una casa cercana, el chico no se detuvo y continuó corriendo. En sus brazos, mi corazón se aceleró aun más. Tenerle tan cerca de nuevo invadiendo cada uno de mis sentidos…

Se paró en medio de un parque vacío. Lo reconocí, estábamos a un par de manzanas de mi casa.

R- Parece que ya no nos siguen- dijo depositándome en el suelo.

A- ¡Vaya! ¡Eso sí que ha sido rapidez!- dije asombrada de la distancia que habíamos recorrido en tan poco tiempo.

R- ¿Por qué te seguían?- entonces recordé lo que tenía en la mano derecha, no sé porqué pero la escondí en mi espalda.

A- Tengo algo que ellas quieren- dije evitando mirarle, había visto las fotos, con gusto me hubiera quedado con alguna de ellas. Pero, ¿Qué estaba diciendo?

R- ¿Es de ellas o tuyo?

A- En realidad es tuyo- dije tendiéndole las fotos. Él las cogió sin entender, al verlas se ruborizó.

R- ¿De dónde demonios…?- preguntó alterado, mirándome acusadoramente.

A- ¿No estarás pensando que son mías, no? ¿Para qué iba a querer yo fotos tuyas?- grité enfadada, la duda ofendía- son de Nabiki, las estaba vendiendo en el instituto.

R- Pero, ¿Cómo…?

A- Ya te dije cómo era Nabiki, de todas maneras no pude cogerle todas.

R- ¿Y todas esas chicas?

A- Querían comprarlas.

R- ¿Por qué?

Me quedé mirándole. Su mirada era de total ingenuidad. ¿Tan iluso era? ¿No se daba cuenta de su físico?

A- Porque…eres guapo- dije en un murmullo.

R- ¿Qué?-dijo fingiendo no haberme oído, cosa que sabía perfectamente había hecho. Me enfadé, estaba jugando conmigo, como siempre.

A-Ya lo has oído- dije echando a andar hacia casa.

R- A ti… ¿También te lo parezco?

Estaba loco si pensaba que iba a contestarle esa pregunta.

A- ¡Oh, sí! No sabría cómo vivir sin ti- dije actuando exageradamente. No le gustó la broma.

R- Vale, vale, no hace falta que hagas el idiota.

A- ¿Me estás llamando idiota?- le encaré enfadada.

R- Yo no te he llamado idiota… ¿Por qué nunca escuchas lo que te digo? Yo lo que…- él también estaba enfadado, debí suponer que el tener una conversación normal no duraría mucho.

A- ¿A qué has venido?- mis palabras sonaron llenas de rechazo, de rencor…aunque no lo sentía. Él se desmontó por completo. Desvió la mirada y se alejó, nervioso por la cercanía.

R- ¿No querías verme? Porque entonces…- dijo orgulloso.

A- ¡Hey, tranquilo! No quería decir eso- volvió a la normalidad- solo que… no me lo esperaba.

R- Tú me dijiste que podía verte en verano.

A- Sí, pero eso no quiere decir que te presentases aquí de repente.

R- ¿Sigues molesta conmigo?- le miré intentando hallar la respuesta en mí misma. Seguía un poco dolida, pero no, no estaba molesta.

A- No- dije intentando esbozar una sonrisa- pero no vuelvas a mentirme.

R- No lo haré- dijo serio, retomando mi mirada.

Era uno de esos momentos que tanto había evitado: la cercanía, la mirada fija, el brillo en sus ojos… Cada vez que él me miraba me sentía débil, muy débil, incapaz de enfrentarme a mis sentimientos a mis emociones…a él. Una pelota chocó contra mis piernas mientras un niño se acercaba a por ella. La tomé, le sonreí y se la di, agradeciendo que hubiera roto aquello, fuera lo que fuera.

A- ¿Qué planes tienes?- dije empezando a andar hacia mi casa

R- ¿Mmm…?- me miró sin entender. Sólo me seguía.

A- No me digas que has venido hasta aquí sin pensar nada.

El chico se paró. Por su mirada pude ver que había acertado.

A- ¿Y qué vamos a hacer?- dije siguiendo el camino. No podía dejarle allí- Iremos a mi casa, no creo que papá tenga ningún problema en cederte la habitación de invitados.

Me giré a verle, su rostro estaba pálido. Agité una mano frente a su rostro.

A- ¿Ranma? ¿Me escuchas? ¿Estás bien?

R- Tu padre… ¿Crees que accederá?- en su mirada había miedo, preocupación…

A- Será complicado, deberíamos inventarnos algo- dije cuando estábamos a una manzana del Dojo- ¡podría decirle que eres mi sensei! Mi padre ha visto los avances que he hecho, si le digo que han sido gracias a ti, que eres un artista marcial reconocido…

R- Acabo de ganar un torneo en Kyoto- dijo sin ninguna presunción, algo extraño en él.

A- ¿En serio? ¡Tendrás que contármelo todo!- dije entusiasmada, nunca había podido tomar parte en ninguna competición oficial por culpa de mis estudios, ahora él me podría contar cómo era todo aquello.

N- Eso deberíamos decirlo nosotros, hermanita- me giré. En la puerta estaban mi padre y mis dos hermanas.

S- Akane, ¿Quién es este muchacho? ¿De qué os conocéis?- dijo en un tono serio, demasiado para él.

No tuve tiempo de responder, Ranma se adelantó e hizo una breve reverencia.

R- Mi nombre es Ranma Nibunoichi, y soy el sensei de su hija- dijo educadamente- siento no haber anunciado mi visita.

¿Nibunoichi? ¿Por qué no decía su verdadero apellido? Todas aquellas preguntas quedaron atrás cuando vi la sonrisa de mi padre. El plan había funcionado.

Pude ver a Nabiki con una sonrisa haciendo sumas de lo que serían sus futuras ganancias y Kasumi preguntándose si la cena llegaría para todos. Esa era mi extraña familia.

Ranma sonrió confiado al desaparecer mi padre. Y ahora había un miembro más.