CAPITULO 8: PREGUNTAS
-¿Cuánto quieres por la información?
Me giré y vi a mi hermana apoyada en la puerta.
-¿Qué quieres Nabiki?- esa aparición sólo podía significar una cosa: problemas.
- Ya te lo he dicho, quiero información, la verdad sobre tu "sensei"- dijo con algo de ironía mientras se sentaba en mi cama y sacaba una grabadora.
-No tengo nada que decir- dije volviendo a mis libros, tenía mucho que estudiar y tampoco tenía ganas de contarle nada.
-Vamos, Akane, nunca tienes relación con ningún chico, y de repente aparece uno que dice ser tu sensei y se aloja en nuestra casa, no me dirás que no es extraño.
- Ya lo has oído, es mi sensei, es uno de los mejores artistas marciales que he conocido.
- ¿Y no hay nada más?- me giré para mirarla- Akane, sé que eres inmune a todo eso de los hombres, pero tu "sensei" es uno de los tíos más atractivos que he visto en mi vida.
Volví a mirar mis apuntes intentando esconder mi sonrojo. Ella también se había dado cuenta, pero claro, era algo obvio.
- No me había fijado- mentí.
- Eso es algo que no me puedo creer, hermanita, ni siquiera viniendo de ti- se acercó a mí y metió su cara entre mi cuaderno y la mía- no puedo creer que no te hayas fijado en ese cuerpazo, además estoy segura que lo has visto de primera mano, sino ¿cómo sabías lo de la herida?
Solté el lápiz, quedándome sin respuesta mientras mis mejillas delataban más de lo que yo deseaba.
- Estaba con él cuando lo hirieron- la sonrisa de mi hermana se ampliaba a medida que mi estado de inseguridad aumentaba.
- ¿Y cuándo fue eso? ¿Cómo le conociste? ¿De dónde es? ¿Tiene novia?
- Si tanto interés tienes ¿por qué no le preguntas a él?- le dije enojada.
- Lo haré, hermanita, lo haré- dijo dirigiéndose a la puerta, dando por finalizado su interrogatorio- pero me he dado cuenta de cómo te mira, y eso me dice, que hay algo más de lo que decís- se giró por última vez en la puerta- pero no te preocupes, que lo averiguaré.
Oí sus pasos alejarse por el pasillo. "Me he dado cuenta de cómo te mira". ¿Qué quería decir Nabiki con esas palabras? No lo sabía, pero debía hablar con Ranma lo antes posible: debíamos crear una historia creíble antes de la cena. Dejé el cuaderno sobre la mesa y me dirigí hacia la habitación de invitados. Aquello se me hacía muy extraño.
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Había colado. No creía que la familia de Akane se tragase esa mentira, pero lo habían hecho, y estaba allí, en el cuarto de invitados, colocando el poco equipaje que había traído. Todo se había descontrolado. Había venido sólo con una intención: lograr que Akane me perdonase. Había sido un idiota en no pensar en nada más, pero sabía que no tenía otra opción. Desde nuestra fría despedida no había podido pensar en otra cosa que no fuese ella. Había tenido miedo de perder a la única persona que consideraba sincera simplemente por una mentira. Una mentira que ya había desaparecido. Ranko ya no existía. Mi estúpido padre por fin había hecho una cosa bien en su vida y había logrado traer mi cura. Ambos lloraron al ver que nunca más sería una mujer, lágrimas de felicidad por recuperar mi honor. ¿Mi honor? Esbocé una mueca, ellos me lo habían quitado incluso antes de que naciese con su vergonzante comportamiento. Cuando estreché la mano de Soun Tendo, me encontré con un hombre íntegro, honrado, seguro de sí mismo...pero triste, con una expresión vacía que sólo desaparecía ante la contemplación de sus hijas. Mi familia era el motivo, mientras estuviese aquí intentaría compensarles de alguna forma. Eran una buena familia, de eso no cabía duda. Algún día tendría que decirles...
Unos golpes en la puerta cortaron mis pensamientos.
- Adelante.
Akane deslizó la puerta lentamente. No esperaba que fuese ella. Su semblante serio me indicó que había algo que tratar. Cerró la puerta tras ella y se sentó frente a mí a la manera tradicional. Pude observar pequeños cambios en ella: su tez ligeramente bronceada, su cabello algo más claro, su ropa más ligera que insinuaba...
-Tenemos que hablar.
Nunca me habían gustado esas palabras, no solían continuar con nada bueno.
Nabiki ha empezado a hacerme preguntas.
¿De qué tipo?
Cosas sobre cómo nos conocimos, sobre quién eres...mi hermana no es tonta.
¿No sería más sencillo decirles la verdad?
¿Eso crees, Nibunoichi?
Supe que tenía razón, si contábamos la verdad, lo primero sería mi apellido y entonces...noté como mis manos temblaban, agarré fuertemente mis piernas intentando calmar el temblor. Ella no debía saber la verdad. Nunca, porque otra mentira significaría...
- ¿Qué sugieres?
Tenemos que crear una historia, algo convincente, que mezcle la verdad con la mentira.
Creí que no te gustaban las mentiras- dije irónicamente, intentando que ella también se tranquilizase, la notaba muy tensa.
Esto es distinto, si mi padre descubre que estuve sola contigo en esa casa...
¿Qué?- pregunté sin entender lo que ella sugería. Noté como se sonrojaba y apartaba la mirada.
No seas tonto, ya sabes lo que suele pasar cuando un chico y una chica se quedan solos, mi padre es muy tradicional...-para cuando levantó la mirada mi rostro estaba a cinco centímetros del de ella.
¿Qué se supone que pasa? Tú y yo estamos solos- dije mirándola firmemente a los ojos. Ella abrió los labios intentando decir algo que nunca fue pronunciado. Noté cómo el corazón me palpitaba rápido, muy rápido, al estar de nuevo cerca de ella, de su presencia, de su aroma...era más bonita de lo que recordaba. Mis ojos bajaron hasta sus labios, hipnotizados, y mi cuerpo comenzó a inclinarse, rompiendo la distancia.
Noté el suave roce que no duró ni un segundo al abrirse la puerta de repente. Cada uno estábamos en una punta de la habitación.
Vaya, vaya, ¿He interrumpido algo?- preguntó Nabiki con una sonrisa maliciosa. Miré a Akane de reojo y vi como la chica se levantaba aparentemente normal pero algo sonrojada.
-¿Qué quieres, Nabiki?
Kasumi dice que la cena está lista, pero quizá vosotros prefiráis quedaos aquí- dijo esta vez mirándome a mí. No pude aguantar la mirada de la castaña.
- Me cambio y ahora mismo bajo- dije dirigiéndome a la cómoda donde había colocado mis cosas.
- ¿Y Akane se quedará a "ayudarte"?- Akane pasó por al lado de su hermana ignorándola- mmm...parece que alguien está de mal humor...- dijo cantando mientras cerraba la puerta.
En cuanto desaparecieron di un golpe a la cómoda. ¿Qué había hecho? ¿Eso había sido un beso? ¿Por qué? Tomé una camisa china blanca sin mangas y me la puse, hacía calor, o al menos eso parecía. Al pasar frente a un espejo vi la estúpida sonrisa que se había formado en mis labios. Ella no se había apartado.
-¿Qué diablos me está pasando?- murmuré mientras salía de mi habitación y reunía el valor para estar frente a toda la familia. Solo esperaba que sus padres no le hubiesen seguido y que no descubriesen donde estaba, porque si ellos aparecían, todo esto desaparecería para siempre. Sería un recuerdo. Un bonito recuerdo.
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Bajé rápidamente las escaleras y me oculté en el baño. Sabía que Nabiki me seguiría y era el único lugar en el que no me interrumpiría. Mis piernas temblorosas cedieron ante mi peso dejándome en el suelo. Me llevé la mano a los labios. ¿Me había besado? Recordaba difícilmente los segundos anteriores, pero estaba segura de haber visto ese tono zafiro que tanto me asustaba. Todo había sido demasiado rápido y en cambio en su memoria cada paso aparecía a cámara lenta. No, no había sido tan rápido. Podía haberlo evitado, sin embargo me quedé expectante, viendo como a cada segundo él estaba más cerca, hasta notar...
La pregunta era, ¿Por qué no lo había hecho? Tenía práctica en evitar ese tipo de cosas, Kuno lo había intentado un millón de veces y a mucha más velocidad, nunca lo había logrado, y en cambio él... Tú le dejaste, tú también querías que te besase. Aquella respuesta de mi subconsciente me desconcertó haciendo que me sonrojase violentamente. No tenía ninguna lógica, ningún sentido, ¿Por qué iba a desear que me besase? Era un chico. A mí no me gustaban los chicos.
"Me he dado cuenta de cómo te mira". Las palabras de Nabiki se repetían una y otra vez en mi cabeza, ¿Qué quería decir con eso? ¿Qué Ranma sentía algo por mí? Eso era algo imposible, siempre me insultaba, era brusco, era un idiota...La sensación de sus labios sobre los míos, de aquel abrazo en la cabaña, de aquel momento en el parque...
-Akane, ¿Estás bien? Te estamos esperando para cenar- dijo Kasumi al otro lado de la puerta.
-Ahora mismo voy- dije levantándome y acercándome al espejo, observé por unos segundos la estúpida expresión que se había formado en mi rostro. Me eché agua fría en el rostro, arreglándolo un poco. Me sequé e instintivamente me coloqué bien el cabello y la ropa que llevaba. Sonreí. Por primera vez había actuado realmente como una chica.
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Buenas noches, siento el retraso- dijo Akane al entrar, sin mirar a ninguno. Tomó asiento a mi lado y observó desinteresada la comida. Yo la observaba de reojo, hasta que me di cuenta que Nabiki no se había perdido ni uno de mis movimientos y sonreía con esa sonrisa suya.
No pasa nada, hija, ¿Estás muy liada con los exámenes?- preguntó Soun amablemente.
Sí, pero no hay problema, papá, he llevado el curso al día así que creo que me irá bien- respondió mirando a su padre.
Me alegra saberlo, tu hermana podría seguir tu ejemplo- dijo echando una mirada enojada a Nabiki.
¡Ay, papá! Ya sabes que a mí se me dan mejor los negocios que estudiar, de todas maneras hace un mes nos dejaste claro que Akane sería la heredera de todo esto, ella es la que debe desarrollar su carrera, por nosotras no te preocupes, Kasumi se casará con Tofu y yo buscaré algun rico millonario para casarme- dijo totalmente seria.
¡Nabiki! No deberías hablar del matrimonio tan a la ligera- le regañó Kasumi- además, Ono no me ha dicho nada todavía- dijo sonrojada.
Mire a Kasumi y tuve la sensación que el hombre del que hablaban era del que Akane le había hablado aquella noche. La miré de reojo. No parecía afectada.
El doctor Tofu es un buen hombre, me gustaría mucho que formase parte de esta familia, asi que si así lo deseas tienes todo mi apoyo.
-Gracias papá- dijo la mayor mientras seguía comiendo tranquilamente, con una dulce sonrisa en su rostro.
Respecto a ti, Nabiki, no deberías darle tanta importancia al dinero, no es lo más importante, me conformo con que sea un hombre bueno y trabajador.
-¡Pues quédate tú con ese que yo me quedo con el millonario!- dijo entre risas, su padre la miró intentando buscar las palabras para reprocharle algo, pero conocía demasiado bien a su hija y sabía que aquello sería inútil.
¿Y tú, Akane?- a la chica se le cayeron los palillos. Toda la comida había permanecido silenciosa, intentando pasar desapercibida en aquella conversación.
-Yo...soy demasiado joven para esas cosas papá- dijo sin levantar la vista de su plato. Su actitud era extraña incluso para ella.
- Akane, sé que no te he expresado antes mi opinión sobre éste tema, pero creo que deberías saber que como heredera del Dojo deberías continuar con la tradición familiar- dijo con semblante serio.
¿Qué quieres decir con eso, papá?- noté cómo se tensaba y estrujaba con fuerza la tela de sus pantalones.
Debes casarte con un hombre fuerte y darle un heredero al dojo.
¿Qué?- gritó levantándose de la mesa.
Akane, sientate- le dijo su hermana mayor.
¿Que me siente? ¿Has escuchado lo que acaba de decir?- preguntó chillando. Nunca la había visto tan alterada. Asustaba- No tengo intención de casarme, papá, soy capaz de llevar el dojo yo sola.
Akane, eres muy buena en las artes, pero...eres una mujer- dijo el señor Tendo intentando conservar la calma. Parecía que todo aquello era algo que se esperaba.
¿Una mujer? ¿Y qué tiene que ver eso? Tú me dijiste que eso no importaba, que tenía cualidades para ser la mejor, he vencido a todos los hombres que me han desafiado...¿No es eso suficiente para ti?- dijo con voz orgullosa aunque temblorosa. Su mano pendía a pocos centímetros de mi rostro, era tan fácil apretarla y darle a entender que alguien la apoyaba... pero no podía, no de momento.
Cuando ellos vengan...todo lo que tú sabes...no será suficiente, hija- miró decidido a su hija pequeña- su heredero es un hombre, si ellos te ganan...todo esto sería suyo y tú...te quedarías sin nada. No puedo permitirlo, tienes que casarte, necesitas a alguien que te proteja...
¿Por qué no confias en mí? Estoy harta de oír hablar de ellos, papá, ellos quizá nunca aparezcan y tú quieres, que...que me case, que dependa de un hombre...no soy tan débil, papá, lucharé hasta el último segundo- era un artista marcial, no cabía duda, aquella chica lo llevaba dentro y su padre estaba intentando matar su espíritu. Ellos. ¿Se estaban refiriendo a su familia? Entonces Akane ya lo sabía todo, aunque al parecer, su padre no le había dicho nuestro nombre.
Soun Tendo se levantó y abrazó a su hija pequeña.
-Eso es lo que temo, no quiero que seas tú la que luche, no quiero perderte a ti también- aquellas palabras...Soun temía que aquel duelo acabase con su hija y prefería que otro luchase por el honor de su familia, a pesar de que pudiese perderlo todo de nuevo. El amor por su familia superaba cualquier cosa. Noté como las lágrimas acudían a mis ojos y me las tragué como haría cualquier hombre. No supe cuando mis labios empezaron a hablar.
No se preocupe por eso, me ofrezco para entrenarla todo el tiempo que deseen como pago por su hospitalidad- todas las miradas de la familia se volvieron hacia mí, no pude evitar sentirme nervioso.
¿No sería más fácil que te casases con ella?-oí la voz de Nabiki a mis espaldas. No pude evitar sonrojarme.
¡Nabiki!- le llamó la atención Tendo, el hombre soltó a su hija pequeña y se sentó frente a mí haciendo una breve reverencia- sería un honor para mi familia que usted entrenase a mi hija- el hombre levantó la cabeza e hice un gesto afirmativo con la cabeza.
Miré a Akane que nos contemplaba a ambos. Al cruzarse nuestras miradas se ruborizó y salió de la habitación.
-¡Akane!- llamó su hermana mayor.
- No te lo tomes a mal, Akane es muy temperamental, estoy segura de que ella también te está muy agradecida- dijo Soun Tendo con una sonrisa agradecida en sus labios.
Miré la puerta por la que la peliazul acababa de desaparecer y dudé. Cada vez me metía más en la boca del lobo, un solo paso en falso y...todo acabaría.
