Notas: No quiero violar ningún derecho del autor ni nada parecido, Aoshi & Misao principalmente.

Detrás de un rey hay una reina
Por: Luna "El sol nocturno"

Capitulo uno: Cita interrumpida.

Misao despertó dos horas antes de que sonase el despertador, miro la hora, las seis y media de la mañana, ya había amanecido y el calor empezaba a hacer acto de presencia en la habitación, suspiro¿Qué se suponía que iba a hacer ahora que las clases habían terminado? podría seguir con el dibujo que tenia en curso pero no se sentía con ganas, tenia ganas de que la tarde llegase, el sofocante calor la importaba bien poco al igual que a él pero tenia ganas de verle y decirle que ya no tendría que irse tan rápido a casa. Que estaba de vacaciones otra vez.

Se levanto con un suspiro y cruzo el pasillo corriendo hasta el cuarto de baño, estar con su abuelo "viejo verde" a solas y con solo una mísera camiseta de tirantes y la ropa interior para dormir era tentar a la suerte, abrió el agua caliente y se desnudo dejando que esta resbalase por su cuerpo, cuando salió supo que el truco no resultaba tan descabellado como parecía; con que el agua estuviese unos grados por encima de la templada la sensación de frescor era infinitamente superior a que si se hubiese duchado con agua fría.

-

Mi tierna y dulce Misao

Acuérdate de pasar por la tienda y traer todo lo de la lista.

Te quiere, Okina

Con una puntería fruto de años de practica tiro la nota al cubo de la basura, se preparo el desayuno y medito sobre donde comérselo, miro la hora, las siete, con razón su estomago no gruñía, ni estaba despierto.

La mañana iba a ser larga... y aburrida.

-

Aoshi termino de vestirse, pantalón negro y camiseta de manga larga también negra, todo ajustado para mayor libertad de movimientos; enfrascado delante del ordenador daba pequeños sorbos a su té hasta que recibió una llamada por el móvil. Sagara.

-El lobo ha convocado reunión.

-¿Dónde siempre?

-Y a la hora acostumbrada, esta vez tendremos información de primera mano. Kenshin atrapo a una Espada.

-¿Cuál?

-Cho, El cazador de espadas. No tardes.

Colgó con una leve sonrisa, bien por el Hitokiri. Miro el reloj, faltaba media hora para la reunión.

"Maldito cabeza de pollo"

Apago el ordenador, se termino el té de un trago y salió aparentemente calmado por la puerta.

La mañana prometía ser animada.

-

Sanosuke Sagara, único superviviente de uno de los mayores estragos que el gobierno japonés cometió estornudo, solo le pasaba en dos ocasiones, cuando se resfriaba o cuando hablaban (mal) de él, en este caso supo que cierto "Cubo de hielo", de nombre Aoshi y de apellido Shinomori, debía estar remontando todo su árbol genealógico con una maldición para cada uno de sus antepasados; era agradable comprobar que al menos tenia una emoción, aunque esta fuese el enfado.

Entro en una sala decorada al estilo minimalista que tanto imperaba en todo el edificio, allí reunidas estaban varias de las personas que el Viejo Lobo consideraba dignas de su confianza, Kenshin Himura, Seijuro Hiko y tres bellezas, Megumi Takani, Kaoru Kamiya y la esposa del "jefe" Tokio Hajime.

-¿A qué viene esa sonrisa cabeza de pollo?

... se olvidaba, el pesado y cargante Yahiko Myoujin también estaba presente.

-A nada Yahiko-chan.

-No me llames Chan.

-Y... ¿Por qué no? Ayer llego una jovencita preguntando por su Yahiko-CHAN

-Sanosuke -murmuro Megumi estirando la oreja del luchador- tenemos una reunión entre manos.

-Vale, vale.

La puerta se abrió en un completo silencio y mientras el causante se movía entre la escasa penumbra de la sala, tres de los siete ocupantes, saludaron con una leve inclinación de cabeza al recién llegado.

Ya era hora de empezar.

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-R-E-Y/R-E-I-N-A-

Bastante alejada de todo lo que ocurría a espaldas del resto de la gente Misao bufaba por la señora que la predecía en la cola de la compra, la mujer no solo tenía un hijo digno de tener al demonio como padre sino que además seria también digna de ser su esposa.

La mañana no había empezado bien, cuando su estomago quiso despertase ya eran las diez de la mañana, justo cuando ella salía por la puerta de casa había regresado de donde estuviese de vacaciones, perdió un tiempo precioso en devorar el desayuno, el tren lo había perdido por culpa de un bono que se negaba a funcionar como era debido, y además este tardo más de media hora en llegar por un problema en la vía.

Pero la gota que empezaba a colmar el vaso estaba justo delante suya, el crío, un crío malcriado, caprichoso y toca pelotas; con una madre prepotente y que se pensaba que su niñito era todo un ángel. Cada vez que metía algo en el carro el niño lo sacaba, tardando una hora en lo que normalmente tardaría en hacer unos veinte minutos.

Bufo cabreada y decidió dejar la carne para otro momento en que no tuviese ideas homicidas rondándole la cabeza, salió de la cola y se fue a las cajas para por lo menos no llegar tarde a coger el siguiente tren.

-

Aoshi miro fríamente al hombre que sentado delante de todos ellos y esposado a la silla había dicho esas palabras.

"Hemos localizado a una Makimachi, a la última Makimachi y no tardara en morir"

El clan de los Makimachi.

Una familia tan antigua como honorable, milenario era ese nombre que hacia encogerse de miedo a los clanes que habían sobrevivido a la devastación provocada por la segunda guerra mundial, tras diez años sin noticias de que ninguno de los miembros hubiese sobrevivido a un misterioso incendio en el castillo que seguían ocupando al fin sé sabia algo de ellos, un superviviente, que por la sonrisa de supereficiencia del prisionero no tardaría en morir. Y teniendo en cuenta que el clan Makoto había sido su enemigo declarado desde hacia años lo haría de forma especialmente cruel.

Habían sido unos estúpidos, ellos intentando emular a tan poderosa y ancestral familia mientras su enemigo por elección hacia algo que se les había pasado por alto, buscar a la única persona que el clan había puesto a salvo antes de ser masacrado.

-¿Dónde?- pregunto Hiko

-Eso yo no lo sé, solo Seta debe saberlo.

-¿Seta?.¿Soujiro Seta?

-Nosotros también tenemos buenos médicos, preciosa. Pero me siento generoso, os daré una pista, desmembramiento, muerte por desmembramiento, a primera hora informativa sabréis...

Antes de que cualquier otro le detuviese Sanosuke soltó tal puñetazo que no solo hizo perder la conciencia a Cho, la silla cayo hacia atrás provocando en unas horas un chichón acompañado de un fuerte dolor de cabeza.

-Eres un impetuoso cabeza de pollo -dijo Saito dándole una calada a su cigarrillo- ya no podremos saber quien es hasta dentro de unas horas.

-Bueno, ha dicho que es UNA superviviente.

-Muy agudo Battousai¿Sabes cuantas chicas hay en Tokio?.¿Y en todo Japón?.¿Por no mencionar a las que han salido fuera del país con motivo de las vacaciones?

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-R-E-Y/R-E-I-N-A-

Recogió todo y se dirigió a su habitación, la comida estaba lista para cuando llegasen los demás a la hora de la cena, pero ella no lo estaba, tenia que arreglarse o mejor dicho preparar todo lo necesario para que a la salida del trabajo estar lista, lista para su primera cita con Aoshi.

Verdaderamente era extraña la relación de se empezó a forjar hacia cuatro años a través del encuentro casual que habían tenido como cliente y dependienta, todas las semanas el guapo joven (al principio lo confundió con un treintañero, pero él con una sonrisa lo rectifico, tenia veintitrés) iba dos veces a tomar té, después la esperaba a la salida y la acompañaba hasta la estación; en verano la relación se había transformado por completo, al tener mas tiempo libre quedaban para ir a los museos, algunas representaciones de teatro noh o kabuki, o simplemente pasar una tarde tranquila en alguna cafetería hablando de historia, hasta que la descubrió dibujando.

Todavía guardaba entero el primer regalo de cumpleaños que la dio, un cuaderno hecho a mano, un cuaderno grande de hojas blancas con un detalle azul en la esquina inferior y perfumadas con la esencia del jazmín, ideales para la tinta china pero que usaba para hacer sus mejores dibujos a lápiz, como compensación ella le regalo uno de esos discos de música tradicional que tanto le gustaban.

Sonrió ausente al recordar lo que paso hacia unas semanas, estaban en el parque, tranquilos, ella haciéndole una caricatura muy lograda y él intentando convencerla de que no lo hiciera cuando la dijo que tenia que ausentarse.

"Causalidad, si pones esa cara yo tengo que hacer un dibujo para inmortalizar el momento"-dijo entre risas.

"Te diré otra, si bebo agua tengo que ir al cuarto de baño¿Me las cuidas?"-dijo refiriéndose a sus cosas, apenas las personales, el móvil, una botella de agua y un libro sobre la Era Meiji.

"Vete tranquilo"

Momentos después sonaba el móvil, viendo que no paraba lo cogió, y en ese instante deseo no haberlo hecho.

"Oye Aoshi deja todo lo que estés haciendo, el jefe te tiene un encargo urgente, se trata de Anji, a sido localizado y hay que eliminarlo antes de que cante para su cabecilla..."

Recordaba que el móvil había resbalado de su mano al verle llegar por el sendero, que había recogido sus cosas desordenadamente, metiéndolas de cualquier manera en la cartera y al oirle preguntar que pasaba salir corriendo al grito de no te acerques escoria.

Miro la combinación de colores y aparto horrorizada la camiseta; en ese instante se había sentido ultrajada, comparándose con una niña pequeña a la cual la han engañado y después se ha enterado de todo, había intentado resistirse cuando la volteo para darla una explicación pero él era más fuerte que ella, aprisionándola contra el tronco de un árbol le contó todo; trabajaba para el gobierno, no tenia que matar al menos que fuese imprescindible, pero que lo hacia por dos motivos, el primero para mandar a la cárcel a la yakuza que había matado a su familia cuando solo era un crió...

"... y también por proteger algo más personal, tu sonrisa"

Mirándola a los ojos de una forma muy concreta la había explicado que si no quería volver a verle lo entendería, que si quería hablar con él tenía su número, una llamada, un mensaje y acudiría.

Y entonces había hecho algo que sonaba muy de película, la había besado, a sus veinte años no era la primera vez que la besaban, había tenido un novio con dieciséis que había mandado ha hacer gárgaras cuando se puso pesado con un tema que ella prefería dejar para más adelante; pero había sido distinto, solo había sido un roce electrificante que demostraba más que cualquier cosa, más que un poema o unas frases murmuradas al oído, cuando se percato de que la vida seguía Aoshi ya no estaba allí, incluso estaba sentada en el césped temblando de arriba abajo.

Bueno, solo iban a aclarar las cosas cuando apenas unas horas después de mandarle el mensaje (y haber apagado el móvil) llamaron a la puerta, un paquete, copias de documentos oficiales que atestiguaban la versión de Aoshi, trabajaba para el gobierno desbaratando grupos yakuzas que operaban en el país. La nota era la respuesta a su mensaje.

Te veré en el lugar acostumbrado.

Aoshi.

Tras horas de explicaciones habían acabado como estaban: juntos, ella con una tontería digna de una chiquilla y él sonriente de felicidad.

-¡No puede ser!

Había terminado de comprobar que camiseta quedaba mejor con los pantalones, sin que ninguna la convenciese, y apenas la quedaba una hora para ordenar su habitación y llegar al trabajo.

-¡Osamu se va a cabrear de verdad!

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-R-E-Y/R-E-I-N-A-

Se sentó aparentemente tranquilo en su lugar favorito, espero a que Misao llegase con la carta para aconsejarle, ritual que le resultaba gracioso, y poder deslizar la primera nota de la clandestina conversación.

-Aho- murmuro una voz divertida –Hoy estoy libre.

Levanto la vista extrañado.

-¿No trabajas hoy?

-Me han dicho que me vaya a donde quiera, pero que antes de las dos en casa, y que me cuides.

Miro a la mesa donde tenían todos los tés y los dulces para elegir, la prima mayor de Misao le miraba secundada por los dos cocineros que habían detenido por unos instantes sus labores, asintió y se levanto más animado, por lo menos podrían ir a un sitio donde no notase sus miradas clavándose en su cogote cada vez que hablaban.

Cuando salieron al fresco de la noche no lo pensaron, Aoshi la rodeo la cintura con un brazo, con la otra mano la acaricio el pómulo y, mientras Misao le rodeaba el cuello con los brazos, inclino el rostro para besarla; sintió como suspiraba y sus dedos se rozaban la nuca con suavidad, centrándole allí donde quería estar, con ella, tranquilo, relajado, sin mentiras.

Okon fue la única que vio más allá del beso, vio como un coche negro parada de un frenazo delante del local, justo donde el par de palomos estaban besándose, como un sujeto bajaba con una katana en la mano del mismo y se acercaba tranquilo hasta quedar delante de ellos. Reconoció la sonrisa de esfinge.

-No- susurro –Okina la han encontrado.

-Hola- oyeron al separase –usted no me conoce pero eso es irrelevante, soy Soujiro Seta y he venido a matarla, Señorita Misao Makimachi.

¿POR QUE LA REINA ESTA TRAS EL REY?
PARA PROTEGERLE

Lo dije, tenia un motivo y un por que el cambio de apellido.

Pido lo mismo que en "Un Alma" de Slayers, cinco reviews y lo dejo suelto para que podais leer.

Sore wa himitsu desu.