Notas: No quiero violar ningún derecho del autor ni nada parecido, Aoshi & Misao principalmente.
Detrás
de un rey hay una reina
Por: Luna "El sol nocturno"
Capitulo dos: Caos.
Apenas noto como la delicada mano de la joven se escurría entre los dedos, como el calor de su cuerpo de evaporaba al alejarse y su aroma a jazmín se diluía al no tenerla cerca; estaba más ocupado en encajar algunas piezas aparentemente inconexas.
Una joven, de veinte años, con marcadísimos rasgos japoneses, que odiaba el fuego y no quería oír hablar de masacres, sobreprotegida por su familia, instruida de manera exquisita en las tradiciones más emblemáticas del país del sol naciente, y que se apedillaba Makimachi. Estuvo tentado de decir que se había equivocado.
Pero la dolorosa ausencia de Misao le hizo reaccionar, desarmado como estaba solo pudo hacer una cosa, darla tiempo.
-
Soujiro miro al espadachín que se interponía entre él y su presa, le hizo gracia el que intentase detenerle, ni siquiera armado era rival contra él, solo había un hombre que lo hubiese logrado y ese era Kenshin Himura, más conocido como Hitokiri Battousai.
-Shinomori- saludo, a su alrededor la gente huía despavorida del local.
Aoshi se dio cuenta de otra cosa tarde, no solo iban detrás de su Misao, también de su familia; varios tipos con armas de fuego habían bajado del coche y se estaban posicionando delante del escaparate.
-¡Protégela!
Una mano fuerte y decidida le lanzo hacia atrás, trastabillo hasta quedar a dos pasos del causante pero le colocaron una mano entre los omoplatos y le empujaron dentro del local; entonces todo se volvió mucho más confuso, Okina le dio algo ¿Una mochila? No lo sabia, subió las escaleras que daban a la planta de arriba de allí al tejado, y a una posible salida, corriendo.
Al llegar arriba vio como Misao forcejeaba con una figura, los tenían cercados.
-¡Suéltala!- bramó.
Salto sobre la figura y la derribo al suelo, sus reflejos hicieron que el puñetazo ni le rozase y entonces respondió con un golpe muy depurado y rapidísimo, fue detenido por un pelirrojo. Cuyos ojos estaban dorados.
O no.
-
Cuando se vio libre no espero a saber que ocurría, su familia no estaba allí, solo Aoshi, y él solo era una pequeña parte de ella, corrió hasta llegar a la puerta y empezó a bajar los escalones; apenas logro bajar cinco antes de que un brazo la rodease la cintura reteniéndola... y oír los disparos.
-¡NO!
Rápidamente se encontró apretada contra un cuerpo masculino, obligada contra su voluntad a apretar la cabeza contra un cuello, que no tardo en cubrirse de transpiración, y llevada, como un tesoro de incalculable valor, en volandas.
-R-E-Y/R-E-I-N-A-
Kaoru se separo del grupo y miro a través del cristal de la puerta, al otro lado estaban Aoshi y la joven que había resultado ser la ultima Makimachi; cuando llegaron, fatigados por la carrera hasta los coches, Aoshi se había sentado en la parte común y manteniendo a la joven sentada en su regazo se había dedicado a consolarla en un silencio poco normal, de vez en cuando se escuchaba un puntual sollozo y entonces las manos del espadachín la acariciaban con un roce hipnótico y tranquilizador, como solo un amante podía acariciar a la persona amada.
Se disculpo recibiendo varias miradas extrañadas y salió, olvidándose de que la noche era cálida debido al estío cogió una de las mantas que había por si alguien quería dormir caliente y la hecho por los temblorosos hombros de la joven, arrodillada la envolvió con ayuda del espadachín.
-Misao ¿Te acuerdas de mí? Soy Kaoru, ahora no sabemos mucho pero solo hay heridos, Megumi, una doctora que trabaja para nosotros, esta allí, los esta atendiendo ella misma y ha dicho que en cuanto tenga alguna novedad llamara.
Misao asintió y se seco las lagrimas, al menos eran buenas noticias.
-¿Quieres un poco de agua? También tenemos café.
-Quiero... ir al baño... por favor.
-Voy contigo- corto Kaoru al joven –Saito quiere hablar contigo Aoshi, cuando termine la reunión entra.
-Te veré después.
-Sí- antes de separarse extendió la mano y le hizo agachar la cabeza, le beso en el pómulo y le rozo la frente, evito sus labios deliberadamente cosa que el espadachín no entendió.
Las dos jóvenes se fueron dejando atrás la manta con olor a jazmín, torcieron en uno de los pasillos e ingresaron en el cuarto de baño femenino, la blancura de los azulejos y las luces las recibió fríamente; por fin Misao pudo ver su rostro descompuesto, tenia los ojos rojos de llorar así como la nariz, el ligero maquillaje que se había aplicado al principio de la noche estaba destrozado y tenia unos arañazos en los brazos a causa del forcejeo con uno de los hombres que la había ayudado.
Su familia estaba en el hospital y ella preocupándose por su aspecto.
-Aunque vayas no te dejaran verlos- la dijo la chica que estaba a su lado –los están atendiendo y eso no es posible. Ven siéntate, ya te limpio yo la cara.
-Gracias.
Kaoru sonrió, empezaba a entender una cosa, por que Aoshi se había vuelto más humano tras conocerla, por que en ocasiones su móvil estaba apagado haciéndole ilocalizable y tras ese hecho una chispa de alegría brillaba en sus ojos; escurrió el agua del papel y empezó a retirar lo poco que había sobrevivido del maltrecho maquillaje.
-
Saito observo con detenimiento al Rey de las Kodachi, la postura que adopto cuando se quedaron a solas, la tensión de los músculos a través de la ropa y escucho el latir del corazón mediante Los Ojos del Corazón; estaba preocupado, tenso ante cualquier noticia o eventualidad referente a la joven Makimachi y a lo que él decidiera, después de todo hacia dos años que había decidido aceptar el ofrecimiento que le hacia con cada pago, ser un guerrero reconocido en su grupo.
-Deberás protegerla, si la separo de ti seguro que cae en una depresión por lo que mejor no arriesgar; en cuanto tengamos noticias del hospital llamare a tu casa. Ah, mandare a gente a su casa por lo que necesitare la dirección, la mantendrán vigilada y recogerán sus pertenencias, mañana a primera hora estarán llegando a tu casa.
-Bien.
-Y por cierto- dijo mirando por la ventana –después de ella quiero echar un vistazo a la mochila que te entrego su abuelo, ese tal Okina.
-Se lo diré.
–Saito, cariño, tienen más noticias y la policía te reclama.- dijo Tokio entrando
En cuanto su esposo salió Tokio, la única mujer capaz de hacer que el Viejo Lobo se olvidase hasta del día en que vivía, aparto el pelo del rostro de Aoshi, tenia los ojos vidriosos y se aguantaba muy mucho de llorar. Conocía esa sensación, la había sufrido cuando su ahora esposo era un espadachín y le habían llevado a un hospital, había estado apunto de perder lo que más amaba y al futuro padre del pequeño que llevaba en sus entrañas; no era parecido a lo que ella paso pero teniendo en cuenta el cambio operado en el joven lo comprendía.
-No hará falta que vengas. Quédate con ella, seguro que Saito quería decírtelo pero ya le conoces, tiene que ser el eterno hombre frió.
-Tokio ¿Has visto a...? Ah, estas aquí, Misao ya esta mejor Aoshi, pero se esta quedando dormida.
-Dile a Saito que estaré en casa; dale esta nota a Kenshin, si quieres puedes venir tu también Kaoru.
-Lo tendré en cuenta.
-R-E-Y/R-E-I-N-A-
Una hora después Aoshi aparcaba el coche en su plaza de garaje, cerro la puerta con cuidado y abrió la del acompañante donde Misao dormitaba, la soltó el cinturón de seguridad con lentitud, una vez que estuvo libre de la cinta se puso de cuclillas y la acaricio el rostro tiernamente.
-Misao, venga despierta.
La joven tembló suavemente y abrió los ojos aun dormida.
-¿Dónde estamos?- murmuro.
-En mi casa, vamos.
-¿En tu casa?- dijo despertándose de golpe –pero...
-Es peligroso ir a la tuya, mañana traerán tus cosas y la mantendrán vigilada- retiro los dedos de los tiernos labios y la ayudo a bajar, cogió la mochila –Tengo ropa que quizás te sirva.
Apenas dijo nada mientras subían en el ascensor hasta el ático de Aoshi, estaban en su casa, su familia en el hospital y, la habían encontrado. No era una pesadilla.
Se echo a llorar, noto que su novio la envolvía con un brazo y la besaba en el pelo murmurando palabras de consuelo, se apretó contra él y empezó a calmarse de nuevo.
-¿Crees que podremos ir a verles?
-En cuanto nos llame Megumi iremos, no te preocupes por eso. Venga.- dijo abriendo la puerta de su casa.
Misao apenas percibió lo que había a su alrededor, únicamente noto que Aoshi la guiaba por un pasillo largo e iluminado por las estrellas, desde el salón hasta la habitación del final, la habitación principal. Dejo que la sentase en la cama y la quitase las sandalias, pero se negó a que siguiese con las atenciones.
-¿Quieres ducharte?
-No, solo quiero dormir.
Aoshi la miro sabiendo lo que estaba pensando, quería dormir para que al despertar todo hubiese sido un mal sueño, eso no era posible y lo sabia muy bien.
-No por dormirte ahora todo volverá a ser como antes- vio como un leve enojo empezaba a crecer hasta convertirse en un cabreo –Lo sé por experiencia, es duro, crees que esto no es real e incluso te intentas convencer de ello, pero al despertar te das cuenta de que nada a cambiado; tú estas en un orfanato esperando a que un familiar se haga cargo de ti mientras por la televisión no hacen mas que dar la noticia de la muerte de tus padres.
Ambos se quedaron de piedra al oírlo, Misao por oír una parte del pasado de Aoshi que ni siquiera sospechaba y él, por haberlo dicho; así de sencilla era la cuestión.
El joven intento levantarse para no ver la cara de Misao, no quería la compasión de nadie y menos de ella, pero un brazo y unos labios le hicieron desistir del intento.
Antes de darse cuenta de que hacían empezaron a besarse con ansia mientras se tumbaban en la cama.
-R-E-Y/R-E-I-N-A-
Saito termino de leer las declaraciones de todos los testigos, los tenían, todos habían llegado a la aplastante conclusión de que el hombre de la foto, Soujiro Seta, había sido el primero en llegar allí y empezar con unos diez cargos que iban desde alteración del orden publico hasta intento de asesinato, pasando por vandalismo y posesión ilegal de armas; mínimo, veinte años, cuando volviese a pisar la calle estaría muy mayor para dedicarse a ser el perro faldero de Makoto Shishio.
-Jefe, malas noticias; el destacamento fue a la guarida del Juppongattana...
-¿Y?
-No había nadie, todo estaba cubierto por sabanas, cerrado a cal y canto y sin rastro de objetos valiosos.
El Lobo destrozo la pluma a base de apretar, otra vez, otra vez se le habían escurrido de entre los dedos como las anguilas, no tenían bastante con atentar contra la vida de los políticos más honorables del país sino también tenían que destrozar la vida de una joven, solo por que esta hubiese sido la única superviviente de un clan que destruyeron hacia mucho tiempo.
En ocasiones deseaba ser dios para borrarlos de un plumazo del país.
-Mantened la casa vigilada, si se acerca alguien detenerle, me da igual que sea el cartero o una vecina para pedir sal, que nadie se aproxime a esa casa ¿Entendido?
-Sí señor.
-¿La casa de la chica?
-Su esposa y la Señorita Kamiya han ido a buscar las pertenencias de la joven Makimachi, el grupo de vigilancia fue con ellas, de la misma forma que el Señor Himura.
-¿Los heridos?
-Eso ya es otra cosa señor, los cuatro jóvenes se encuentran fuera de peligro, totalmente estables y conscientes; el anciano no, debido a su edad, y a que casi todas las balas le dieron en puntos críticos, se encuentra muy grave en la unidad de cuidados intensivos.
-Bien- murmuro meditabundo –Puedes retirarte, al mínimo cambio quiero ser el primero en ser informado.
-Señor.
En cuanto el oficial se alejo de su despacho Saito descolgó, le daría una buena noticia a la comadreja.
-
Fue un sonido extraño, mezcla de gemido y estornudo, Misao dio un respingo al oír el teléfono mientras que Aoshi dirigió una mirada helada al aparato.
-¿Quién crees que es?
-Sé tanto como tu, nada.
Ambos se sentaron, mientras Aoshi cogía el teléfono Misao noto como uno de sus brazos se enroscaba alrededor de su cintura reteniéndola suavemente, escucho un par de monosílabos y oyó como colgaba.
Antes de darse cuenta de cual había sido el movimiento del espadachín, se encontró en su regazo y siendo acariciada suavemente.
-Mañana, cuando terminemos de colocar tus cosas, podremos ir a ver a tus primos.
-¿Y Jiya?
-Aun sigue en la UCI, mañana nos lo dirán.
La joven sonrió parcialmente feliz.
-¿Quieres dormir?
-Sí
-No olvides donde estas- murmuro besándola –Ni quien eres en realidad.
¿POR QUE LA REINA ESTA TRAS EL REY?
PARA PROTEGERLE
RinkoInuKay: Me dijo que se hacia un lio con las edades, si os pasa lo mismo (parte de la culpa es mia, debí especificar mejor) me dejais vuestra dirección y os paso el listado por mi messenjer.
Gabyhyatt: Quedo claro que Aoshi no sabia nada? Se acaba de enterar que sin darse cuenta ni pretenderlo la última Reina Makimachi le mimaba a besos, pobre, si supierais de lo que le queda por enterarse... No sere mala, solo me divertire un rato con ellos. El que se haya leido los que tengo de Slayers lo sabra ;)
Sheena&Ikki: Volviste! Este quiza te guste, me estoy volviendo a ver la serie para no desviarme mucho de lo que seria mi trama y el comportamiento de los personajes.
Debo advertir que en este fic voy retrasada, si me dejais más de cinco reviews y no subo es por que estoy cazando tiempo para hacerlo. Y el epilogo de "Volviendo a sentir" esta cada vez mas cerca ;)
Sore wa himitsu desu.
