Notas: No quiero violar ningún derecho del autor ni nada parecido, Aoshi & Misao principalmente.
Detrás
de un rey hay una reina
Por:
Luna "El sol nocturno"
Capitulo ocho: Vuelta a la carga.
Kaoru freno de golpe, trece minutos y cuarenta y dos segundos, acababa de ganarse la multa a la velocidad más peligrosa de la ciudad, sin casco y sin las protecciones que Kenshin llevaba en la ropa que usaba generalmente con la moto.
Para haberse matado.
Pero la preocupaba más la escena que veía.
Misao estaba tan quieta que apenas respiraba, Tsubame mantenía a la mujer del "discreto" kimono a raya con el Haru no okina, no en valde su sensei en esa extraña disciplina había sido Tokio "La Pantera Blanca", la esposa de "El Lobo"; la joven de ojos verdes recibió el cuerpo de "El Rey de las Kodachi" sobre ella, le envolvió con los brazos, notando el calor que desprendía la herida recién abierta, las primeras gotas de sangre…
El jadeo que dejo escapar junto al hilo de sangre que surgió entre sus labios…
Los que tantas veces la habían besado de manera tan dulce…
Los que la habían consolado con palabras tan suaves…
Que la habían dicho esa misma mañana que la respetaría…
…esperándola.
-
-Sí-ronroneo.
Levanto el arma de nuevo, lista para rematar, dos por el precio de uno, sonrió dejando ver los dientes, se paso la lengua por la comisura mientras una mirada sádica opacaba el brillo de sus ojos castaño-rojizo, ni los animales disfrutaban tanto con la caza como ella matando.
-
Kenshin cogió varios cristales rotos del suelo al pasar corriendo cerca de la figura de Kaoru, estaba ligeramente cansado por la carrera pero había mantenido un buen ritmo, el aprendiz había hecho lo mismo, ritmo constante y buena respiración, aun estaban frescos para lo que hiciese falta; como si fuesen shuriken los lanzo contra el brazo de la mercenaria, Yahiko cogió el boken que la kendoka le tiro, agacho la cabeza y apunto a las piernas.
Pobre de ella si le intentaba tocar un solo pelo a Tsubame o a sus amigos.
-
Kamatari grito de dolor y rabia contenida al notar los tajos sanguinolentos que se abrieron en su piel, giro la cabeza hacia la dirección que indicaba el cristal que, junto con algunos más, tenía clavado cerca del codo…
Para ver a Battousai cargando contra ella.
Esquivo con fluidez la salvaje arremetida, un boken la rozo la pierna, la aparto, dio una patada recibiendo un golpe en la corva; Battousai amago alto y la hizo un corte en el costado del hombro. Yahiko soltó otro golpe en la pierna…
Varios shuriken de frío metal lanzados con rabia, y un acierto bastante peligroso, la hicieron caer al suelo, al alzar la vista Misao empuñaba las kodachis de Aoshi, el guerrero estaba apoyado contra Kaoru que pedía a gritos una ambulancia por el móvil; la afilada hoja de metal se acerco implacable al cuello de Kamatari, sin ningún temblor, firme; apunto a la palpitante vena y reposo, sin rasgar, en la delicada piel de esa zona.
La mujer supo que si se movía estaría muerta.
Los ojos de la Reina Makimachi eran tan fríos como los del guerrero al que se había enfrentado antes, no mostraban nada, casi eran de un raro cristal verde, esmeraldas o jade pulido, tan congelantes como una tormenta en pleno invierno. Hielo del color del océano.
-Tienes suerte-siseo con rabia-no soy como tú.
-
El pitido de la ambulancia los saco del estupor, la vengativa diosa que había sido hasta ese momento Misao sufrió una repentina metamorfosis, se convirtió en la delicada joven que había sido siempre. Soltó las kodachis, y se giro con lágrimas en los ojos, tenia que irse con el hombre que amaba.
-Misao-murmuro Yahiko aun asustado.
-Haced lo que queráis, yo voy al hospital-se limpio los ojos con furia-cuando Aoshi este estabilizado iré al DEI, quiero saber por que.
-¿Por qué que?
-Por qué no me dejan en… nos dejan en paz-puntualizo al mirar hacia donde Aoshi estaba siendo atendido por el personal de la ambulancia-me voy.
Corrió hacia su amiga.
Kaoru aguanto la puerta hasta que Misao subió al cubículo trasero junto con el herido, golpeo dos veces la chapa de la puerta y el vehiculo se puso en marcha, el destino era muy conocido. Hospital numero catorce de Tokio.
-R-E-Y/R-E-I-N-A-
Saito dio una nueva calada al pitillo, el humo ascendió hasta el techo y rozo el fluorescente de la sala que había tras el espejo, dentro, Tokio miraba a Kamatari que, a su vez, seguía mirando las esposas de metal que indicaban su condición, capturada, y para mucho tiempo.
-Este no es un lugar agradable para pasar la noche-empezó indulgente, la compasión y el querer ayudar abría muchas puertas-la silla es incomoda, las paredes son de hormigón y la mesa de metal... una pocilga para interrogar debidamente, tenemos mejores salas pero nos corre prisa...
-Presión psicológica-murmuro.
-Dinos lo que sepas y se acabara, te lo aseguro, tengo entendido que Cho disfruta como un rey.
-¿Qué queréis que os diga? Todo lo que se sobre Shishio, lo que sé del Jupongattana-tomo aire y lo soltó-soy la nueva, la novata...
-No luchando, tu expediente es claro al respecto... desde pequeña te relevaste contra el sistema, fuiste una luchadora nata desde los catorce... vaya tu eras la que recibía el apododo de "La Hija de la Sangre" ¿Por qué?
La mujer bajo el rostro con lagrimas.
-A los catorce fue cuando me intente suicidar, desde entonces vivía para ver a otros sangrar... ¿Usted a vivido alguna vez con la presión de una escolaridad privada?
-No
-Créame no meta a sus hijos en una, es la principal causa de suicidio estudiantil.
-Mira Kamatari ¿Qué sabes? Di eso y me encargare de que no tengas que sufrir más.
-Shishio tiene un barco acorazado, el Rengoku, si no ha pasado nada raro estarán en los muelles cubiertos hasta dentro de una semana... luego no sé donde iran.
-Bien-la apretó las manos-pediré que te lleven junto a Cho.
-¿Me quedare aquí?
-Me temo que sí, Misao me dijo que quería hablar contigo.
-Dila que lo siento mucho, como muchos solo cumplía ordenes.
-Ya lo sabe-golpeo el espejo con los nudillos.
-
La luz se encendió al otro lado, Misao, pálida como un fantasma la miraba comprensiva al fin, unos minutos antes había querido entrar para darla una paliza, Saito simplemente encendía otro cigarrillo mientras Cho la daba ánimos silencioso, tenia los brazos cruzados, postura difícil de soportar con unas esposas.
Salvando el detalle de que no las tenia.
Kamatari se derrumbo y permaneció así hasta que su compañero en capturas entro a consolarla, luego se durmió agotada.
-Bueno, no es mucho.
-Pero es algo-murmuro El Lobo apagando el cigarrillo, nada de fumar ante esposas y embarazadas-iré a ver como van los demás con los informes y las declaraciones, iremos a esos muelles.
Tokio miro a su esposo y se llevo la mano al vientre en una clara alusión.
-Lo tendré-la susurro al pasar, nadie pudo ver que la besaba para calmarla.
-Yo le pediré a Kaoru que me acompañe al hospital, cuando me fui Aoshi aun no había despertado.
-Te llevo si me recoges unos análisis.
-Vale.
-No os alejéis, mantenedla bajo vigilancia-indico a los guardias.
Los dos hombres se cuadraron.
-
Nadie en el puerto se había cuestionado lo que había allí, solo era un almacén de barco techado mas, el que la gente entrase o saliese de ese en concreto era tan normal como en los demás.
-¿Esta seguro de que no ha visto nada mas?
-Mire señorita-un escupitajo salió volando hasta el cubo del rincón-esto es un muelle, aquí se descargan y cargan mercancías todos los días, suficiente tengo con los manuscritos como para fijarme en un almacén concreto.
-¿Manuscritos?
-Papeleo de la administración-aclaro con un gargajo.
-Muy bien, muchas gracias.
El hombre se encogió de hombros y siguió viendo la televisión. Kaoru por el contrario salió afuera, el salobre aire de los muelles le pareció lo más fresco que había olido jamás tras la garita donde el portero hacia sus guardias.
-Nada, dice que hay tanta actividad como en los demás.
-Frenética, muy bien señores-se dirigió a los efectivos allí reunidos-quiero dos grupos abajo y dos arriba, cada uno ira liderado por un DAE manteniendo el contacto por radio, que nadie, y esto hará peligrar mas de un puesto de trabajo, ataque antes de mi señal. En marcha.
Mientras Saito soltaba las normas de la partida los grupos se repartieron, cinco hombres liderados por Kenshin, Sanosuke, Shojô y él mismo. Kaoru mientras tanto se dirigió con el suyo hasta la zona para mantenerla bajo vigilancia de posibles incursiones extrañas.
-
Saito entro por la puerta principal, la llave maestra era una maravilla y les había evitado el alertar a los posibles ocupantes, entre las sombras pudo ver la descomunal mole del Rengoku; era uno de los pocos barcos acorazados de diseño que existían, seguramente hecho por encargo y en algún país extranjero. Sus ojos se fijaron en el movimiento que hizo uno de los hombres en la planta superior.
-Despejado, entrad.
-Señor, hemos encontrado una pila de documentos quemándose y faltan las lanchas rápidas, cinco a decir por las maromas.
-Bien. Salvar lo que se pueda de los documentos y llevadlos al laboratorio para que los identifiquen. Señores no hace falta decir lo que quiero de este lugar.
-A la orden.
Un punto no tan perdido.
Sonrió y dejo que los demás se encargasen de todo, había un portero al que tenia que pedir unas cosas.
-
Movió incomodo la espalda, la tarde en el hospital no había sido mejor, notar como le daban los treinta puntos sin tener a Misao al lado, por un motivo un tanto absurdo a su parecer, tampoco resulto agradable, pero la noche si había mejorado considerablemente, ahora, cuando al fin se podía permitir ordenar todas las emociones descubrió que necesitaba hacerla suya, no sabría decir si la próxima vez la guadaña solo le rozaría las costillas o le mataría; las manos de ella terminaron de poner la pomada y colocaron la venda auto adhesiva en su lugar.
-Ya.
-Gracias-quito el cojín donde tenia la cabeza apoyada y hundió la nariz entre los cálidos muslos.
La joven dio un respingo y se puso tiesa, luego reacciono e intento apartarle.
-Yo... puedes hacerte daño.
-Eso es difícil-murmuro deslizando la mano por la espalda.
Se relajo ante su toque, sabia que él jamás la apremiaría para hacer lo que no quisiera pero la visión de su espalda abierta como una sima infernal la había provocado muchas cosas; la primera posesividad, un deseo tan irrefrenable y violento como el celo de los animales, la muerte le podía alejar de ella y solo habrían compartido besos y caricias, después, venganza, aun con la imagen de él en la camilla y el regusto de su boca sin aclarar en los labios se había dirigido al DEI para culpar a la mujer del kimono.
Entonces descubrió que ella solo era un títere más.
Para acabar con todo esto había que matar al titiritero.
A Shishio.
-
-¿Misao te pasa algo?
No respondió y siguió mirando por la ventana con una mano en su nuca. La noche hacia que todo fuese distinto, especial, a esas horas las estudiantes de instituto se quitaban los uniformes y eran ellas mismas, amaban y deseaban mientras que ella se controlaba, bajo la vista y descubrió que él ya no estaba tumbado sino arrodillado delante de ella.
-¿Estas bien?
-Creo que sí.
-¿Crees?
-No quiero esperar... y no sé si es lo correcto...
-R-E-Y/R-E-I-N-A-
Ahora o nunca.
La rodeo con un brazo y se tumbo besándola, apenas necesito pedir permiso para entrar a su boca, ella la abrió exigente y devoro la suya; su mente registro el dolor que provocaba el peso de su propio cuerpo en la herida de la espalda pero lo ignoro. Era mas importante el notar que el cierre del sujetador se le resistía.
Entre
los dos dieron un tirón a la infortunada prenda, la tiraron al
suelo junto a la camiseta y siguieron donde lo habían dejado,
ella besándole y él soltando los malditos pantalones.
Misao se libro de ellos mientras Aoshi hacia lo propio con los suyos
y se volvió a poner encima de él.
Con
la soltura que daba la practica la despojo de la ultima prenda, subió
las manos hasta el cuello y fue bajando con espirales, cuando rozo
las rosadas aureolas Misao dio un respingo y los dedos se le clavaron
en el pelo, gruño molesto; noto que la cogía una mano y
la bajaba hasta el borde de la ropa interior, la introdujo dentro del
cálido refugio de su sexo. Se aparto asustada.
-Me harás daño.
-¿Cómo lo sabes?-murmuro absorto en sus pechos, seguro que sabían a gloria-¿Acaso te has tocado?
La miro ávido por conocer todos los secretos que ella había arrancado a su propio cuerpo.
Diana, dio un bote en un intento por distraerle de su pronunciado sonrojo pero él fue mas rápido. Llevo la mano, con la suya incluida, hasta allí he hizo que le mostrase las caricias que mas la gustaban, la joven se arqueo buscando de nuevo la caricia que mas la hacia temblar. Aoshi sonrió al ver que se desinhibía por completo y los nervios la abandonaban, susurro su nombre al oír el gemido que exhalo al probar al fin sus senos.
-
Los dos dejaron escapar un gemido, Aoshi descubrió que los puntos de la herida amenazaban con soltarse si volvía a repetir el movimiento brusco de antes mientras que Misao apenas noto nada que no fueran sus músculos abriéndose para acogerle; se quedaron quietos, mirándose al besarse, al fin eran uno, temporalmente si se hablaba de algo físico pero también eternamente, por que solo de recordar la sensación que tenían sobre ellos lo sabrían.
Se pertenecían el uno al otro.
-Lo sabes... ¿Verdad?
-Sí... primero y ultimo... para ambos... tu primera experiencia y el ultimo con el que lo harás... mi primer amor y el ultimo que tendré... -bajo las manos hasta rodearla las caderas de nuevo. Ella se levanto apoyando el peso en los brazos inclinada sobre su rostro, movió la cintura a modo de experimentación consiguiendo un sonido gutural de él-sigue...
-Es vergonzoso, me estas viendo.
Levanto una ceja.
-¿Y? Siempre lo hago-tras un rato de duda la bajo el rostro dejando un beso en la suave mejilla-Siempre has sido una visión maravillosa...
Se aparto sentándose por completo en la punzante carne. Él se hundió aun más implorante, el rostro estaba tapado por el largo flequillo pero las manos deslizándose hasta su abdomen eran tan vividas como su propio deseo ¿Acaso ya no quería seguir? Afianzo el agarre en las caderas femeninas cuando se levantaron...
Casi al instante volvieron a bajar de golpe arrancando su espalda de la cama al arquearse, ella se perdió ante su respuesta y el guerrero la ayudo entre beso y beso, limando las posibles torpezas que surgían y mostrándola como buscar su propio placer al mismo tiempo que lo ofrecía.
Disfrutando los dos al estar juntos.
Al saber que los ratos juntos ya no eran tan efímeros.
Ahora tendrían los recuerdos para ayudarse.
-R-E-Y/R-E-I-N-A-
Sanosuke llamo por tercera vez tanto al fijo como al móvil, aunque era bastante tarde y estarían cansados por el día que habían tenido deberían saberlo:
Shishio había cometido un posible error.
Las hojas eran varias cuentas de inmuebles comprados al contado, sin seguimiento electrónico por ningún lado, salvo la hoja. Tenían el lugar de la próxima guarida.
-
Saito daba pequeños golpecitos cariñosos en el vientre de Tokio mientras la futura madre le abrazaba dejando que apoyase la cabeza en sus senos, la relativa intimidad del despacho del director general les permitía estar tan apretados como en sus momentos de pasión.
Unos golpes en la puerta les devolvió a la realidad.
-Tokio-susurro apretándola, alzo la cabeza y la beso con ternura-nuestro hijo no vivirá con miedo.
-...o hija...
-...si es tuyo, como si es un pequeño diablo...
Rozaron las puntas de la nariz sonriendo por la insistencia de los golpes.
-Ahora mi fiero lobo, hora de volver a la carga...
-...hay una bestia por rematar.
¿POR QUE LA REINA ESTA TRAS EL REY?
PARA PROTEGERLE
Abro el correo y... Oh sorpresa, las dos que me escribieron en el capitulo cuatro repiten cambiando posiciones, esa vez mi One-san fue mas rapida.
Misao de Shinamori: EH, PARA ESO YA ME TIENE A MI (cinco segundos después chibi-Misao esta en la caja con un "cariñoso" chibi-Aoshi, esto tiene una explicación, no es lo que pensaís, risa nerviosa ) Va ha ser que no, sorry. Luego se pone como una fiera (grouñidos desde la caja que da pequeños botes hasta llegar al ordenador) La idea del cartel estaría wapa, en este caso estarían en la nueva guarida del Juppongattana. XD Pero como idea de fic esta bien... algo se gesta, algo se gesta.
Alis-chan: Os tengo que meter a ti, a Misao de Shinamori y a chibi-Misao en la caja (chibi-Aoshi fuera por que corre mucho peligro con las tres juntas) Si me dedico a meter a todos en el hospital seguro que mas de una me manda un virus (NOOO el ordenador sale corriendo) Tengo un sindrome muy raro, si alargo mucho el cap pienso que va ha ser un poco pedante y de ritmo lento, pero entonces recibo reviews como los tuyos, y me deprimo por que me doy cuenta que los secundarios existen y los he dejado atras. T.T Los hare mas largos, no me queda otra.
