Notas: No quiero violar ningún derecho del autor ni nada parecido, Aoshi & Misao principalmente.
Detrás
de un rey hay una reina.
Por:
Luna "El sol nocturno"
Capitulo doce ¡YA!
Los gemidos eran insoportables, más aun si venían acompañados de gruñidos y raspaduras en la puerta. Pero había acertado. La encantaban ese tipo de perros, con tanto pelo que parecían ositos de peluche, ojitos pequeños y brillantes, la lengua rosada hasta que se volvía morada al convertirse en adultos, grandes y protectores… en una palabra, adorables.
Por eso le había dicho que no lo quería.
Se acercaba demasiado a su corazón, tanto que no le quería cerca, no soportaría otra tortura sentimental como la que ya paso; mirado por otro lado, podría empezar de nuevo, podría abrirse tras todo ese tiempo a alguien totalmente distinto, no un caballero de armadura oxidada, sino un rey. Aunque su pelo formase una corona muy distinta. Se levanto del nido de sabanas que era la cama y abrió la puerta de su habitación.
Los ojitos implorantes del cachorro la recibieron al otro lado, sentada con la lengua fuera y la cabeza ladeada se expresaba muy bien: al fin abres.
Sonrió agachándose y la rasco detrás de una redondeada oreja, la peque ladro feliz y apoyo las patitas en su rodilla.
-Muy bien, pero te compraré una cama para ti, no te acostumbres.
-
En la puerta de delante un pelo pincho estaba durmiendo tan contento.
-R-E-Y/R-E-I-N-A-
Tsubame levanto la cabeza de la almohada cuando el pitido del ordenador aviso sobre el mensaje entrante, llevaba un par de horas tratando de dormir pero el calor no permitía llegar hasta un estado tan profundo, con desgana se levanto, extendió una mano abriéndolo y leyó sin interés.
Solo había una foto, un fotograma mejor dicho. De las cintas de seguridad.
-
Tae observo como una flecha con forma humana bajaba las escaleras y atravesaba el recibidor; una nota, que en teoría debería haberse quedado en la bandeja de las llaves, floto hasta el suelo. Iba dirigida a ella.
Tae llama a Saito, los
guardias de seguridad han visto a Enishi Kyosato en el aparcamiento
"A" atacando a Kenshin y Kaoru.
Yo voy de camino a casa de
Shojô.
Tsubame.
-R-E-Y/R-E-I-N-A-
Kaoru cogió lo primero que vio, una tubería de los operarios; empuñándola como si fuese un boken busco la mejor forma de ayudar. Pero el silencio no hizo sino ponerla mas nerviosa.
Las gafas oscuras no servían de nada, los ojos dorados las atravesaban como si de papel seda se tratase. Entre ellos estaba el casco de la chica, partido en dos por un mandoble dirigido a matarla. Battousai había sido rápido. La había cogido de la camiseta y tirado con fuerza, por la inercia el casco se quedo atrás sufriendo el final reservado al cuerpo de la joven, ella aterrizó contra la moto quedándose sin aire por un segundo pero agradecida.
El pelirrojo se interpuso cuando el jovenzuelo avanzo.
-¿Qué crees que haces?
Otro paso.
-Dímelo, ahora.
Levanto la mirada y se quito las gafas guardándolas pulcramente en uno de los bolsillos.
-Matarla-dijo como lo más normal.
-Primero deberás pasar sobre mi cadáver.
-No, tú vivirás.
-Tú eres Enishi, el hermano de Tomoe-susurro al reconocerle de golpe.
-Y tú eres la zorra que se parece a mi hermana.
Salto hacia ella con la espada en alto, en un abrir y cerrar de ojos la kendoka se protegió con el tubo apartándose de la trayectoria que llevaría la hoja de metal, una forma de color rojo se interpuso sacando una katana de la funda que colgaba de la moto. Las chispas saltaron a ambos lados.
-¡Vete!
-¡Cuando ella muera!
Ejerció algo de fuerza lanzando lejos al guerrero de pelo rojo, tentado de darle una patada esquivo un golpe dirigido a su costado y salto por encima de la moto.
-
Un simple disparo se estrello contra la columna que había al fondo parándole en seco.
-R-E-Y/R-E-I-N-A-
Las levantaba, las soltaba y caían.
Volvía a levantarlas, las soltaba y caían, de nuevo.
Cambio la posición del cuerpo, abombamiento en el abdomen, la mejor forma que su cuerpo tenía para decir que había un mini-Saito, o mini-Tokio, en camino; pechos paulatinamente más llenos por la leche materna mientras su vientre se hinchaba.
Dejo escapar un suspiro de satisfacción ante los síntomas de un embarazo. Su embarazo.
-
Una horrible tonada surgió del baño, de nuevo cantaba en la bañera, decidida a cortarla de raíz entro sin nada puesto, ignorándole de forma descarada. Saito únicamente abrió un ojo para seguir el suave contoneo de dos glúteos perfectos, cuando Tokio se giro no resbalo la vista hasta sus rizos, simplemente observo el cambio de luces sobre su vientre.
Levanto la ceja esperando que ella hiciera algo más. Saltarle encima era una buena opción.
Por el contrario Tokio solo cogió el cepillo de dientes en una mano mientras abría el bote de dentífrico con los dedos, aplico un poco de la pasta en las cerdas del cepillo y empezó a lavarse los dientes apoyando los codos en el borde del lavabo. Cuando se enjuagó la boca Saito ya estaba fuera de la bañera y seco.
-Hasta mañana cariño.
Le dio un beso en el pómulo y salio del baño.
-
A todo esto El Lobo tenía algo tieso y no eran precisamente las orejas.
-
Se deslizo por el baño hasta la puerta, en la habitación La Pantera Blanca hablaba por teléfono ¿Cómo lo haría si se dedicaba a devolverla lo que había empezado en el baño? Cambio de idea cuando vio, que con el teléfono en la oreja, cogía su ropa y empezaba a vestirse para después coger de refilón su arma preferida, un Haru no Okina de mas de doscientos años de antigüedad.
-¿Vas a dejarme así?
-Te dejare por Enishi Kyosato.
-Un día de estos quemare el teléfono.
Se puso la ropa en cinco segundos y corrieron hasta el ascensor.
-
Sin abrir los ojos levanto una ceja tratando de conseguir que el estridente sonido se acabase, cansado de hacerse el longuis sin conseguir ningún cambio se alejo del cuerpo de la joven tan reticente como molesto por ello. Misao giro el rostro hasta verle la cicatriz de la espalda, sonrió divertida al escucharle quejarse por haber lanzado el teléfono tan lejos.
-¿Diga?... estamos en mi casa… los dos… pero… ¿Quién?... muy bien iremos para allá.
-¿Ha pasado algo?
-El hermano de Tomoe, esta en los aparcamientos de DEI.
-R-E-Y/R-E-I-N-A-
Battousai empujo a la kendoka tras su cuerpo, manteniendo la guardia más alta que nunca dado el arma de fuego.
La misma arma que sostenía Tomoe Kyosato, traidora al DEI, antigua amante y confidente de Shishio sobre todo lo que hacían sus enemigos. La fría mujer mantenía la cabeza baja pero apuntando con soltura, sus cejas se fundían con el borde de sus ojos en el efecto de un animal listo para matar, fulminaba a su hermano.
-Tomoe.
-Ella es mía, entendido.
-¡Kaoru no es tuya, traidora!
-
Otro disparo reverbero en el ambiente como un trueno.
-
-¡Tu cállate! Oh, gran Battousai.
El pelirrojo interpuso un brazo cuando la mujer de ojos negros se acerco, ella le ignoro pero no bajo el arma, por el contrario apunto al corazón de la kendoka; después ladeo el rostro con una sonrisa sarcástica.
-No se parece a mi-murmuro provocando-yo tengo la nariz mas pequeña y los labios mas rojos.
-Y un alma tan oscura como el alquitrán-tentó Kenshin.
-
-¡Baja el arma Tomoe Kyosato!-El Monje del Hitten Mitsurugui Ryu acababa de llegar.
-¿O que?-respondió a su antiguo compañero de armas.
-
Fue visto y no visto, mientras los guardias y los primeros DAE tomaban posiciones alrededor la mano engarfiada de la mujer salio disparada, cogió la camisa de Kaoru y tiro de ella; Kenshin intento detenerla pero no pudo.
-
Un nuevo disparo dejo bien claro quien mandaba.
-
Misao le clavo las uñas a Aoshi, lo que les había estado apunto de ocurrir a ellos le estaba ocurriendo a Kaoru. Tomoe había disparado contra Kenshin acertándole en el rostro, muerto a instante.
Nadie hizo nada salvo la kendoka; presa de una furia que no podía controlar, ni quería, lanzo su brazo contra el rostro de helado regocijo olvidando que empuñaba aun el tubo, este se estrello contra la débil defensa que era el brazo femenino, un crujido viscoso indico que la extremidad se había partido en el proceso. Tomoe grito de dolor y dejo caer el arma, soltó la tela que tenia atrapada entre los dedos y trato de arañar el rostro de su rival.
-¡PUTA!
Enishi empuño la katana en una estocada mortal, varios guardias saltaron a por él y deslizo el arma en una barrera rápida y fluida que dejo a su paso sangre y dolor. Kaoru se puso en posición pero nada de eso hizo falta.
-R-E-Y/R-E-I-N-A-
Un bólido de color cobalto atropello cuanto había a su paso, Enishi cogió a su hermana, que a su vez sujeto el arma de forma precaria con su brazo roto, y salto hasta aterrizar dentro del coche.
-
Aoshi supo que vendría, lo había vivido dos veces; la moto y un arma de fuego, coches aun aparcados en las plazas circundantes, un espacio cerrado como lo es un garaje… una carnicería.
-¡Salid de aquí!.¡Ahora!
Nadie hizo caso hasta que Ayumi Kyosato saco una ametralladora de la guantera y convirtió en queso Grullere la moto del espadachín.
Entonces cundió el caos.
-
Dejando tras de si una humareda con olor a goma quemada los tres implicados salieron huyendo del garaje para perderse en la noche de Tokio, la gente que se encontraba aun dentro lucho por escapar por las escaleras de servicio o por las entradas al aparcamiento; con toda la confusión que se genero Aoshi no pudo seguir sujetando a Misao por mas tiempo, cerca de las escaleras un empujón le hizo perder el equilibrio y tuvo que soltarla para poder recuperarlo y no terminar comiendo suelo.
Al levantar la mano de nuevo se encontró solo en el infierno.
-
Kaoru por el contrario ya estaba en el.
Desde el momento en que Tomoe había disparado contra su amante de pelo color de fuego sabía que no volvería a ser la misma, estaban demasiado unidos como para pasar por alto eso, él había muerto por salvarla, o por evitar que la hicieran daño; ella había estado encantada de devolver el golpe, hacer que por lo menos su claro sacrificio no fuese en vano.
Él moriría, sí, pero alguien más le acompañaría.
De eso estaba segura.
La explosión la había lanzado contra una de las paredes, junto a ella estaba el cuerpo inerte de Kenshin.
Solo tenia que dejar de luchar.
-
¡Hasta que le vio abrir los ojos!
-R-E-Y/R-E-I-N-A-
-Aoshi, ninguno de esos cuerpos es Misao.
-¿Cómo de seguro estas?
Hiko se sentó al lado del guerrero procurando no ser brusco, algo había cambiado en él desde el incidente del garaje hacia apenas veinticuatro horas, y en eso estaba implicada la jovencita que había entrado a formar parte de "La Camada" hacia unas semanas.
-Yo mismo he hecho las pruebas de ADN, ninguna coincide...
-… y las cintas no tienen ninguna pista, había demasiada confusión, por tanto tiene que estar viva en algún lugar… dime algo que ya no sepa.
-No puedo decirte nada más salvo que la policía aun esta rastreando, poco a poco están ampliando el diámetro de búsqueda. Tenemos una reunión en doce minutos.
Vio por el reflejo del cristal que se marchaba, se miro a si mismo y después enfoco a la sala donde los especialistas hacían las autopsias, a los siete únicos cadáveres carbonizados. La policía era lenta y sus recuerdos frescos.
La reunión podía esperar.
¿POR QUE LA REINA ESTA TRAS EL REY?
PARA PROTEGERLE.
Misao de Shinamori: Ves por que estaba un poco retrasada con la actualizacion, el capitulo me quedo un poco gore. Y tienes toda la razon demas-Misao segun Aoshi.
Gabyhyatt: Kaoru se sabe la respuesta. Y Kenshin flipa con ella XDDD Pero Megumi nos la dice antes.
Por cierto sigo buscando nombre para la perrita.
-
Llegados a este momento la autora se esconde debajo de la cama y lejos, muy lejos del ordenador, lleva consigo lo unico que puede evitar su muerte a manos de enfervorecidos lectores, un cuaderno, un boli, una botella de agua, y una musa cargada de cadenas.
-Si salgo de esta juro que pondre mas velas en el altar a tus hermanas.
-Empieza, creo que oigo las primeras antorchas prenderse.
La joven se queda aun mas palida de lo que ya esta y empieza a escribir.
