Notas: No quiero violar ningún derecho del autor ni nada parecido, Aoshi & Misao principalmente.

Detrás de un rey hay una reina

Por: Luna "El sol nocturno"

Capitulo diecisiete: Bajo la superficie.

Se arqueo cuando las uñas dejaron unas líneas rojas en su piel, sin llegar a hacerle sangre pero aun así marcándole, la hizo descender con algo menos de brusquedad por su desacostumbrada respuesta aunque eso no evito que siguiese con la boca prendada de un sonrosado pezón.

-¿Kenshin?

El brillo dorado la hizo gemir casi desesperada, al volver del hospital se habían dedicado a poner orden en el piso del espadachín, cambiar sabanas, airear los cuartos; tratar de que Yahiko no ahogase a Shojô con el polvo que levantaba con el plumero, pasar revista a la despensa, mirar intrigados como Sanosuke y Megumi apenas discutían, eluculubrar acerca de una posible relación, o como mínimo noche de pasión, entre ellos, recibir sus golpes o amenazas, tratar de ponerse en contacto con Aoshi, buscar a Misao, intentos de despegar a Tsubame del ordenador, no ser mordidos por Saito futuro-padre-celoso-aun-en-cama… muchas cosas en tan solo un mes. Lo más importante era que ellos ya habían terminado la baja laboral, por tanto mas gente siguiendo a Shishio, y por tanto mas eficacia tras tanto tiempo en paro forzoso.

Por eso lo celebraban a lo grande.

Y al parecer Battousai también se había animado a participar.

-¡Battousai!

No contesto pero llevo los dedos entre sus cuerpos, allí donde se unían con cada nueva embestida, el cuerpo de la kendoka tembló de improviso dejando escapar un grito estrangulado; la apoyo contra una de las almohadas, arqueada, sentado con sus caderas sobre sus piernas hacia que las embestidas fuesen aun mas directas a la figura femenina, y que su clítoris estuviese totalmente indefenso a sus caricias.

-No…

Arqueo una ceja, antes de que ella tratase de levantarse ya tenia sus rodillas en sus hombros y una mano entre sus muslos.

-…onegai.

La suplica casi le hizo reír, deslizo la lengua en círculos lentos por una de sus rodillas, y sus dedos por su sensible femineidad; la siguiente suplica fue un gemido mezclado con un grito de placer. Casi al final la mano de ella sujeto su muñeca tratando de separarlo de allí, solo dejo escapar un gruñido de desaprobación pero no hizo nada más, únicamente empujar hasta alcanzarla en su clímax y dejar caer las curvilíneas piernas a ambos lados de sus caderas; reposo la cabeza en su vientre jadeando pero ansioso.

-¿Battousai?

Levanto el rostro hasta mirarla-¿Qué, aun quieres mas?

-No-el gemido la demostró que su cuerpo todavía pensaba por si solo, y que él lo sabia-¿Por qué has…?

-¿Vuelto? Me extraña que lo preguntes.

Se arqueo levemente cuando lamió esa pequeña parcela de piel que unía tórax y seno. Trato de ignorar la forma en que una de las manos rodeaba su cintura, no la gustaba.

-Te echaba de menos ¿Acaso no puedo?

-Dijiste…-una nueva caricia la hizo jadear y entrecerrar los ojos-que no volverías, a menos… que fuese necesario.

-Y lo es, Kenshin esta agotado y tú lo estarás muy pronto.

Antes de que reaccionase la giro dejándola con el cuerpo apoyado en el colchón boca abajo, sin necesidad de separar aun mas sus piernas se interno de nuevo en ella; ambos notaron que en esa nueva posición hacia que la intimidad de ella apretase mucho mas y que el placer fuese algo esquivo. Los labios del Hitokiri la mostraron que su espalda era tan sensible como su tórax. Kaoru trato de apoyarse sobre los antebrazos para que la tomase por completo al aproximarse otra oleada arrolladora, manos finas como las de un pianista la sujetaron de las muñecas hasta que el cuerpo masculino la impidió moverse.



-R-E-Y/R-E-I-N-A-

Shojô vio por el rabillo del ojo que una disimulada pelota de papel cruzaba la clase hasta estrellarse contra el brazo del aprendiz, este solo siguió mirando por la ventana como su novia desde hace un mes prestaba atención en la clase de enfrente; ella giro el rostro ante el movimiento de una de sus compañeras y se sonrojo agitando los dedos en su dirección, Yahiko levanto la mano y la guiño un ojo.

En el momento en que se disponía a cambiar de alumno para que siguiese la lectura de los apuntes que había pasado por ordenador sonó la campana para el largo descanso de medio día.

Menuda suerte tenían

-

Mientras el resto de los alumnos apagaban los ordenadores y sacaban los almuerzos el joven cogió el suyo, considerablemente más grande, y se fue junto con Tsubame a la sombra de uno de los árboles del extenso campus; en cuanto llegaron se dejaron caer en la hierba con una sonrisa.

-¿Esta tarde podemos quedar?

-Lo dudo-le paso uno de los tenedores-tengo entrenamiento con Tokio y me llegaran unos informes.

-¿Todavía estas con el encargo?

-Si.

Bajo el rostro y miro la comida que había preparado, no es que Yahiko fuese un gran cocinero pero se defendía bastante bien en la cocina, sándwiches vegetales, fruta y huevos duros, incluso se había atrevido a hacer gambas rebozadas. Muy buenas dado su sabor. Pero él quería saber sobre su investigación, no podía permitirlo, había llegado a un punto donde era peligroso seguir y aun mas involucrar a más gente, por eso seguiría ella sola esperando lo peor, solo una persona en todo DEI sabia que hacia y por ahora eso bastaba; Tokio estaba sobre aviso y no había dado ningún nombre salvo una reseña a una investigadora de DEI.

-Me gustaría que Tokio me lo hubiese adjudicado a mí también. Por lo menos podría ayudarte y pasar más tiempo contigo.

-Recordemos ese "gran" momento en el coche de Shojô. Ni pidiéndoselo a Saito lo harán.

-Por probar-dio un buen mordisco a uno de los huevos duros con pimienta que había preparado esa misma mañana-…creo que como compañeros no nos deberían separar.

-¿Eso lo dice tu pasión o tu deber?

-Ambos.

La mirada de firme resolución que vio en él la hizo sonreír, prácticamente se habían criado juntos y desde que eran unos niños con ganas de comerse el mundo él había sido su protector, ella el particular ángel de la guarda del chaval. En el mundo de adultos donde ahora se desempeñaban eso no bastaba, servia para las broncas por perseguir al gato de la vecina, por pintar en las paredes o por escaquearse alguna tarde echando alguna partida al Raknarok Online; ahora su deber era muy distinto y de ellos dependía el que se emprendiesen acciones policiales o se comenzase alguna operación de suma importancia, como por ejemplo la que ella misma llevaba; no quería mentirle y eso era algo que su deber como DEI exigía de ella en estos últimos días.

-¿Me podrías prometer una cosa?

-¿Cual?

-Cuida de mi, aunque Tokio y los demás no nos permitan estar juntos o compartir las mismas funciones en DEI, hazlo por favor.

-Siempre lo hago, puede que no sea un guerrero entrenado en las artes del ninjutsu como Aoshi, pero seré un samurai dentro de poco.

-Aun te quedan muchos años de práctica.

-Estos tres últimos años he sido el alumno de la escuela Kamiya Kashin Ryu que mas ha depurado su técnica, dame tres más y seré samurai en pleno derecho.

-Esta bien-le atrajo con un dedo, antes de que hiciese algún movimiento revelador le beso en el pómulo-Yahiko-kun.

El joven solo pudo levantar las cejas con una sonrisa tonta en el rostro. Pero sin olvidar que su querida Tsubame-kun aun no la había dicho que la preocupaba tanto.

-

No era una rosa, ni una margarita, ni siquiera un lirio; mucha gente la había comparado con esas flores, la rosa por su belleza, tras la humillación que Kanryu Takeda había orquestado las aborrecía, la margarita por su sencillez, y por ser una de las flores que primero llenan la mente de alguien cuando dices la palabra flor, ella no era sencilla, era complicada, con tantas facetas como un diamante pulido por manos maestras, el lirio por la pureza, sus padres siempre decían que era tan pura como un delicado lirio blanco, hasta que la perdió brutalmente.

Él la había enviado un loto, la perfección y la belleza desde la espiritualidad del budismo, la inmortalidad por ser una planta que podía hacer que sus semillas perdurasen siglos antes de germinar al fin. Era muy delicado, blanco con un leve fondo rosado en el interior, el tallo era corto pero el jarrón alargado y las piedras negras del fondo hacían la sencilla ilusión de que era largo; se puso de puntillas para ver el intricado dibujo que hacían los pétalos naciendo del centro, tantas facetas, sino mas, que las poseídas por un diamante.

Desato la cinta rosada que había atada para poder leer la tarjeta.

Belleza, perfección, complejidad, delicadeza, fuerza…

Tú y los lotos compartís eso y mucho más.

Te has levantado de la oscuridad y ahora esta te amenaza.

¿Puedo ser tu samurai y vengar tu honor?

Sanosuke Sagara.

-Se han dado prisa-dijo una voz desde la puerta.

-¿Quiénes?

-Los de la floristería a los que se lo encargue-dijo el luchador-me han cobrado un pastón.

-Esas cosas nunca se dicen al que se le hace el regalo-sonrió ante la poca delicadeza del joven, la delicada en maneras era ella-Es un motivo de vergüenza para ambos.

-Nunca he sido tradicional en ese sentido, sobre todo ahora que con meterte en Internet puedes saber el precio ¿Te gusta?

La gustaba el loto, le gustaba él, la encantaba sentir su peso a su lado en el colchón por la noche antes de dormir, la forma en que en lo profundo del sueño uno de sus brazos pasaba por debajo de la almohada y de su cuello; nunca llegando a más para poder mostrarla que él no era como Kanryu.

Y sobre todo, adoraba su comportamiento de niño malo, pero buenazo en un fondo no tan lejano.

-Es muy bonito, y delicado, nunca me habían regalado un loto.

-Ya no podrás decir eso. ¿Tienes los informes de un matrimonio compuesto por Fujitaka y Kaho Misaki?

-Eso lo sabe Sayo. Yo apenas me acuerdo de los expedientes que lleve como estudiante en prácticas-puso el jarrón cerca de la ventana para que las formas del agua se esparciesen por todo el despacho. La sombra de la flor acuática se reflejo en la pared opuesta.

-¿No recuerdas expedientes de hace, unos dos años?

-No, la práctica hace al maestro y yo practico medicina, no pacientes.

-Muy bien, Doctora Takani. Vendré a buscarte a las nueve, Tae dice que nos pasemos a cenar a su casa.

-Antes hay que sacar a Cora a hacer sus necesidades.

Sanosuke dejo caer los hombros derrotado antes de salir definitivamente del despacho. Hay había metido la pata. Sayo le paso los papeles correspondientes y se puso manos a la obra para terminar de recabar toda la información necesaria para el archivo de Los Cinco Clanes de DEI.

Por lo bajo dejo escapar una maldición a Aoshi por no hacer caso de lo que le había dicho Misao en el mensaje, el guerrero hacia mas falta aquí que en Kyoto pateando calles y dejando que Shishio atase cabos con demasiada rapidez.

-R-E-Y/R-E-I-N-A-

Diez de la noche. Las estrellas cubren el cielo.

Hace semanas que me tengo que esconder tras una piel blanca y labios rojos, unas lentillas cubren mi color natural haciéndome irreconocible excepto para aquellos que ya han visto mi transformación.

Te ví a lo lejos hace una semana; no llevabas la gabardina y tampoco tu ropa de dos piezas que sueles vestir cuando vas a DEI, esa tan austera pero que te hace tan misterioso y atractivo, la que llevabas la primera vez que te vi hace mas de cuatro años en el Aoiya; sí vi el reflejo del leve sol del invierno en tus ojos azules y supe que me buscabas.

¿Sabes lo que habría dado por poder cruzar la línea¿Por abrazarte y olvidar que Makoto Shishio nos quiere muertos?

¡Vete de Kyoto!

Aoshi cerro de golpe el portátil, era la primera vez que Misao se ponía en contacto con él desde que había llegado a Kyoto hacia un mes. Apoyo la barbilla en los dedos y clavo una fría e intensa mirada en el estanque del jardín; no pensaba hacerlo, si ella había dado con él eso quería decir que el Jupongattana ya lo había hecho mucho antes y que le mantenían vigilado sin que lo supiese. Paso en falso, ahora se tocaba retirada y se reajustaban posiciones. Shishio y Misao ya sabían que estaba en Kyoto, Okina y la familia de su koishi habían recibido un correo electrónico para que, en caso de que le viesen por la ciudad, no reaccionasen ante su presencia; era una forma de proteger la tapadera que DEI había creado para ellos en el restaurante que la hermana gemela de Tae, Sae, regentaba en la antigua capital.

Y él había cometido el fallo de subestimar a su enemigo. Ahora no podría ponerse en contacto con Misao por que Shishio estaría justo detrás con una katana; abrió el portátil, el aparato salio del estado de suspensión y mostró de nuevo el mensaje de correo enviado desde un servidor anónimo del otro lado del planeta, imposible rastrearlo, desesperante el no saber de donde había sido mandado, pero todas las pistas necesarias estaban allí. Misao Makimachi había adoptado otro nombre, un nombre profesional como lo hacían las antiguas geishas de Kyoto, muy bien, un refrán muy usado en occidente rezaba así: Si Mahoma no va a la montaña, la montaña ira a Mahoma.

Si él no podía ir a Misao, Misao iría a él.

Iría hasta los terrenos donde se alzaba la Mansión Shinomori, sin saberlo.

Sonrió levemente, la fortuna que su extinto clan había dejado tras la espada de Shishio era mas que considerable, su renombre le acompañaría incluso tras su muerte; había pensado en la Mansión Shinomori como algo que se utilizaba los veranos para reunirse el clan, al no haber mas integrantes que él la había prestado como edificio de interés cultural, mientras no estuviese viviendo en él, en ese caso permanecía cerrado al publico. Ahora el admirable edificio de más de mil años de antigüedad le ayudaría en su tarea. También lo haría la noche que empezaba a caer.

-

Se puso en pie y abrió el shoji a su lado, su habitación se desplegó mostrando un futón blanco recién extendido, lo ignoro caminando hasta el armario; de dentro saco una caja de ébano adornada con la mascara de un demonio en madera blanca y gris, la feroz mueca contrastaba con la dulzura de una mano femenina deslizando los dedos por el pómulo del onni. Dentro había las piezas necesarias para un tradicional traje onmitzu.

El honor del demonio.

Onniwabanshuu.



-R-E-Y/R-E-I-N-A-

Cora miro a Sanosuke, sacudió la cola y ladeo la cabeza, quería que le lanzase el palo.

-No pienso lanzarlo hasta que hagas tus necesidades.

La joven perra de Chowchow saco la lengua y se tumbo delante de él.

-¡Oh venga! Si no haces tus necesidades ahora tendré que volver antes de que termine la cena. Y quiero llevar a Megumi a un sitio muy especial.

Cora giro el rostro como si la cosa no fuese con ella.

-Tú lo has querido ¡A casa!

Su compañera perruna levanto la cabeza de las patas delanteras, los pequeños ojos muy abiertos. Sanosuke la miro pensando seriamente en lo que acababa de decir, si Cora no hacia sus necesidades cuando volviesen del plan "inesperado" si se encontrarían con algo que no esperaban, el equivalente a la venganza según los perros. Eso fue motivo más que suficiente para que el luchador volviese a sentarse en el banco cogiese el palo y lo lanzase en un movimiento fluido, la perra salió corriendo feliz.

Un motivo por el que siempre ganaba era por que sus dientes eran tan afilados que destrozaban todo lo que pillaban en segundos, zapatillas, ropa, libros, bolsas de basura…

A tan solo unos metros de distancia Megumi observaba desde la ventana como su amiga más reciente había doblegado, por siguiente vez consecutiva, al luchador; el parque estaba cerca de su casa y ese era uno de los principales motivos que habían ocasionado el que se decidiese por este piso y no por otro mas cercano a su lugar de trabajo, tanta pared de hormigón haría que se volviese loca el día menos pensado; miro atenta como Cora volvía agitando la cola hasta donde Sanosuke estaba sentado, vaya pareja, un hombre se acerco hasta el que estaba empezando a considerar su novio; esos andares la sonaban, eran elegantes y detonaban un desprecio natural por lo que le rodeaba en ese instante… desprecio natural.

Las imágenes se sucedieron a toda prisa.

Dio un grito cuando su móvil sonó en la mesilla. Lo cogió sin apartar la vista de la imagen del parque.

-¿Si?

-Hola Megumi.

-¿Tae?-cortó.

-Desde luego ¿Por quien me has confundido?.¿Acaso esperas que te llame otra persona?

-No, no, no… solo estoy cansada. Mi memoria me ha jugado una mala pasada-el hombre se alejaba de Sanosuke sin mayor problema.

-Te llamo para decirte que la cena será al final en el Akarakebo, no en mi casa.

-¿Y eso?

-Bueno, digamos que el aceite del asado ha terminado en el suelo de mi cocina en vez de en la bandeja… cortesía del gato de mi vecina.

-Vale ¿A que hora nos vemos allí?

-¿A eso de las diez?

-Muy bien. ¿Llevamos los regalos?

-Por supuesto, sino para que nos reunimos a estas alturas.

Colgó observando que los otros dos inquilinos del piso ya se habían puesto de acuerdo en sus tareas, el luchador recogía el regalito con la bolsa correspondiente, tirándolo a la papelera mas cercana mientras Cora esperaba pacientemente con la correa enganchada en el collar.

La pareció una lastima que una fiesta tan esperada por Misao no pudiese ser celebrada también por la joven Makimachi.



-R-E-Y/R-E-I-N-A-

Quito las capas de papel hasta desvelar una prenda diminuta, pero muy adecuada para el próximo miembro de la familia Hajime.

-Como aun no habéis dicho si es niño o niña he pensado en el crema como color.

-Es precioso, mira Saito-Tokio puso la prenda en las manos de su marido, el padre la miro no muy convencido.

-Parecerá un pastel con tanto encaje-dio un respingo cuando Tokio le dio un codazo-un pastel encantador-rectifico.

-¿Dónde lo has comprado?-murmuro Tae en el oído de Kaoru.

-Hay una tienda en Shibuya que tienen de esto y mas, todas monísimas.

-¿La que hace esquina con la floristería nueva?

-Sí-la mirada de extrañeza era bastante elocuente.

-¿La dependienta es bajita y muy sonriente?

-Con una peca en el cuello, sí.

-Hemos comprado en el mismo sitio. Tu la ropa y yo los patucos.

-Genial-dijo Tokio sonriente-ya tiene su primer conjunto.

Saito miro los diminutos zapatos a juego con la ropa, parpadeo un par de veces pero la imagen de un cuerpecito envuelto en crema pastelera no se iba de su cabeza. Era su hijo no un bizcocho.

-Yo no me sentiría mejor-dijo Hiko a su lado-toma Tokio. Un regalo.

-Por que supongo que no es tuyo. Tú no regalarías ropa.

-Supones bien-el antiguo tutor del samurai pelirrojo la dedico un guiño cómplice-es de Okina y los primos de Misao, lo han enviado desde Kyoto por la mensajería interna de DEI, felicidades de su parte.

-Muchas gracias.

-¿Cómo están las cosas por Kyoto?

-

Seijuro permitió que Saito le escudriñase, hacia días que las piernas del lobo estaban lo suficientemente revitalizadas como para poder permitirle el andar sin ningún tipo de apoyo como lo eran las muletas o el bastón, aunque La Pantera Blanca estuviese al frente El Lobo empezaba a coger, con lentitud, las riendas otra vez. Ambos se sentaron a una buena distancia, en la fiesta no solo estaban aquellos agentes de DEI que estaban enterados, también había civiles y personal que no estaba autorizado.

-Creo que Shishio ha localizado a Aoshi. En los bajos fondos se murmura que el último miembro del clan Shinomori ha vuelto a donde nació.

-Eso pondrá en un severo riesgo a Misao.

-Si, pero he recibido un mensaje de Kikú, Misao se ha puesto en contacto con Aoshi mediante un mensaje enviado desde un servidor extranjero, le pidió que volviese aquí…

-Él no hará eso, al contrario, semejante petición le hará enfocarse aun más en encontrarla.

-… no esperaría nada menos de tu pupilo.

-Yo no fui su maestro-corto con una mirada de sus ojos dorados-él se forjo a si mismo.

-Eso no quita el que aprendiese algo de vosotros durante su breve estancia en tu casa.

-¿Señor?

Los dos se giraron para ver que una de las camareras del Akarakebo tenía un paquete en las manos, la parte del remitente decía que era de Kyoto pero la dirección había sido convenientemente borrada; la mujer lo dejo en la mesa un poco asustada por las miradas que el director y el subdirector de DEI dedicaban al envío.

-¿Quién lo ha traído?

-Un repartidor, en moto. Vino hace unos minutos e insistió en entregarlo en persona, le dije que esto era una fiesta privada y entonces escribió esto. Dijo que era para Tokio Hajime.

Hiko abrió la servilleta mientras Saito lo hacia con el paquete.

Es un problema no saber que será.

La buena noticia: si tenéis otro y resulta del sexo contrario ya tenéis kimono para él.

Con cariño.

Misao Makimachi.

Dentro del paquete había dos kimonos, uno para niño y otro para niña.

¿POR QUE LA REINA ESTA TRAS EL REY?

PARA PROTEGERLE

Onni: Demonio japonés.

Onniwabanshuu: Ya se que significa Banda onni, traducción literal: La banda del demonio; pero en este caso queda bien la frase por que Aoshi es onni, o ninja, y ante todo tiene un sentido del honor muy profundo en él. Además por lo que sé de mitología japonesa los demonios no tienen ningún tipo de honor.

-

Antes de nada dire que he estado bastante ocupada, tanto por motios personales (un familiar muy cercano murió hace escasamente un mes) como por motivos laborales (me despidieron de mi antigüo curro, encontre otro y me volvieron a despedir ayer mismo) como por motivos ociosos (jornada de 30h a la semana y todo mi tiempo libre dedicado a Pergaminos perdidoS, mi propia pagina web, que colgare en breve) muchas cosas y poco tiempo... tengo en preparacion varios one-shots, epilogos que la gente a pedido, y mas fics.

Gabyhyatt: Cora come, lo que sea, en realidad es una perrita muy lista tambien tendra su momento de gloria.

Silvia-chan: No hara falta tanto, Misao de Shinamori ya dejo uno como el de antes y me dio una buena idea para un fic, pero es que algunos son tan... imposibles. No te lo tomes a mal pero vienen muy bien XD

Minatostuki: Aun hay para mucho, tenia pensado en 20 caps... pero ahora tengo tantas ideas que seran más, no te preocupes por ello.