Hola a todos. Ahora tenemos el soliloquio por nuestra amiga con doble personalidad... Sansa Stark. Recuerden que no me pertenece, si fuera por mí ella hubiera sido de las primeras en perder la cabeza, pero George es el que manda.
COINCIDENCIAS
El no tan pequeño Robert esperaba en la cama, como todas las noches miraba con admiración a Alayne. Su largo cabello marrón era sedoso en sus manos y, si se portaba bien, dejaba que jugara con los largos mechones entre sus dedos.
Alayne revisó que todo estuviera en orden antes de subir a la habitación del pequeño. Apago casi todas las luces de la habitación, dejando la que estaba junto a la cama para el final. El pequeño le hizo espacio sin la necesidad de recibir una orden.
La influencia femenina de la joven era demasiado fuerte y, para la edad del pequeño, era la nueva madre, un nuevo modelo a seguir. Con gracia digna de una dama –no de una simple bastarda- se sentó en el lugar que le cedió el niño y comenzó a contarle una historia.
Hace mucho tiempo, cuando los primeros hombres habían poblado la tierra, estaba el invierno más largo de todos…
Invernalia. Era la historia de todas las noches, todos los cuentos que la vieja Tata les contaba de niños aparecían en su mente como un torrencial. Los niños del bosque, el castillo en la nieve, el árbol corazón en medio del bosque.
Tantas historias eran contadas dentro de esas cuatro paredes.
Todos los sirvientes hablaban del joven amo y las historias de nieve que le contaban, hablaban de los gráciles modales de la joven hija de Petyr; su andar, su vestir. Contaban sobre los hermosos cabellos de la joven que, cuando salía al jardín a tomar el sol con el pequeño Robert, resplandecían como brasa ardiendo.
Pero solo eran eso, palabras. Meras coincidencias y suposiciones hechos por criados con una imaginación tan grande como la de Petyr al producir oro. Porque una bastarda no podría ser una grande señora, la última de su casa, hermana del joven lobo. No podía ser la esposa de Tyron, el gnomo, quien mató a su padre y a su sobrino por venganza.
No, no podía ser que en un lugar tan apartado como el Nido de Águilas se hallará tal dama.
Eran coincidencias. Porque ahí no estaba Sansa Stark. Ahí estaba Alayne Piedra.
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