-Solo hasta que pase la tormenta-

─¿Has hablado con Tai? – preguntó Mimi mientras caminaba lentamente junto a su amiga.

─No es que hayamos hablado, lo único que he hecho ha sido llorar porque es lo único de lo que tengo ganas estos días – dijo la pelirroja esforzándose porque la voz no se le quebrase. Su amiga se detuvo de golpe, la tomó con los hombros y la apoyó contra la fachada de una de las casas que había a uno de los lados del camino.

─Tienes que decírselo ya, Sora. Antes de que sea tarde, antes de que se marche. Solo le quedan aquí un par de días, no puedes…

─Déjalo, Mimi, por favor. No quiero seguir hablando de esto – susurró la pelirroja con un hilillo de voz apartándose de su amiga. No obstante, ésta volvió a acorrarlarla, tenía que hacer que la escuchara fuese como fuese y hacer que fuese a por Tai. De nada le valdría a Sora quedarse en un rincón lloriqueando y compadeciéndose de no hacer las cosas a tiempo. Mimi iba a abrir la boca de nuevo cuando el teléfono empezó a sonar en uno de los bolsillos de su chaqueta de manera que metió la mano, lo sacó y contestó.

─¿Sí? – Mimi escuchó con atención lo que le decía la persona al otro lado de la línea mientras Sora le hacía señas para que su amiga le dijese quién era el que estaba llamando. El rostro de la castaña se fue ensombreciendo progresivamente hasta convertirse en una mueca de tristeza – Está bien, ahora se lo digo.


─¿Ya la has llamado? – preguntó Matt sentado en una de las sillas del aula de informática junto a Izzy. Tai que estaba de pie con las manos apoyadas sobre la mesa dejó caer el móvil con cierto estrépito, volvió a mirar una vez más la pantalla del ordenador donde había un correo electrónico abierto en el que el anunciaban que su viaje se adelantaba a la mañana del día siguiente.

─Me ha dicho que se lo dirá a Sora y los demás. Si me quedan tan solo unas horas quiero pasarlas con vosotros en el Mundo Digital. ¿Podrás abrir la puerta Izzy?

─Sí, solo necesitaré trabajar un tiempo, no te preocupes.

─Gracias – Tai se acercó a la ventana, el sol estaba empezando a bajar. Apoyó la cabeza contra el frío cristal, todavía no se hacía a la idea de que en unas cuantas horas iba a estar muy lejos de allí.


─¿Quién era? – preguntó la pelirroja al ver que su amiga se había quedado tan callada y apagada.

─Era Tai. Han adelantado su viaje, se marcha esta madrugada y quiere que vayamos con él una vez más al Mundo Digimon – Sora se quedó petrificada porque se dio cuenta de que no había vuelta atrás, su amigo se iba a marchar sin remedio y encima antes de lo que esperaba.

Poco rato después, ya habían hecho su aparición en la sala de informática Kari, T.K. y Joe además de Izzy, Matt y Tai que ya estaban allí. Las últimas en llegar fueron Mimi y Sora. Ninguno de los presentes supo qué decir de manera que fue Izzy el que rompió el silencio pidiendo que fueran preparando sus dispositivos porque había conseguido abrir como una "puerta trasera" para conseguir acceder al Mundo Digital. Poco a poco, uno a uno fueron alzando sus dispositivos ante la pantalla encendida del ordenador, todos desaparecieron de la habitación en cuestión de segundos. Todos menos Tai y Sora. El chico la miró de reojo y bajó su dispositivo. Ella tenía el suyo aferrado con fuerza entre sus dedos, tenía la cabeza baja.

─¿Cuándo lo has sabido? – preguntó ella con voz suave.

─Me han enviado una notificación por correo electrónico esta tarde, hace un rato.

─¿Por qué no me has llamado a mí directamente? – preguntó ella esta vez mirándolo a los ojos. No parecía enfadada pero sí apenada.

─No sabía cómo decírtelo, Sora – susurró él mientras le acariciaba la mano con los dedos. Alzó la cabeza y sus ojos oscuros se clavaron con fuerza en los de ella.

─¿Por qué? ¿Por qué no me lo has dicho?

─No podía, Sora, tú…

─De cualquier modo, no importa, ahora ya es tarde – acto seguido, alzó el dispositivo y desapareció ante Tai. El chico la siguió de inmediato. El moreno abrió los ojos y tardó un tiempo en situarse porque el Digimundo estaba completamente cubierto de niebla. Tuvo que llamar para encontrar a alguno de sus compañeros porque no se podía ver nada aunque estuviese a un solo centímetro de la nariz. No podía siquiera ver su cuerpo si bajaba la mirada. Una mano asió su antebrazo y al volverse con rapidez supo que quién lo tenía cogido era Matt.

─¿Qué está pasando aquí? – dijo Tai, confundido.

─Algo está pasando pero no consigo ver a los demás, no puedo verte ni siquiera a ti – Matt también parecía confuso, como para no estarlo.

─¿Qué hacemos? ¿Nos movemos o nos quedamos quietos? – preguntó el moreno al otro.

─Tal vez si nos movemos podremos encontrar a los demás y algún lugar donde no haya esta niebla – el moreno asintió y empezó a avanzar lentamente con un brazo extendido hacia adelante intentando palpar alguna cosa. Con la otra mano iba agarrado a Matt, tenían que intentar no separarse.

─¡Hermano! – la voz de T.K. se escuchó como amortiguada pero los dos chicos determinaron que procedía de algún lugar a algunos pocos metros a su derecha. Efectivamente, pronto tropezaron con él. No obstante, no estaba solo sino que llevaba a Kari a cuestas porque la chica se había asustado ante el panorama que se había encontrado al llegar, había tropezado y se había torcido el tobillo aunque por suerte T.K. la había encontrado enseguida.

─¿Estás bien, Kari? – preguntó Tai a su hermana aunque solo podía ver de ella sus facciones bastante difuminadas.

─Sí, tranquilo hermano. Lo importante es encontrar a los demás.

Siguiendo el proceso fueron encontrando a los demás miembros del grupo. Mimi fue la última en aparecer. Tai se acercó a ella tirando de los demás, ella se abalanzó a abrazarlo, medio sollozando. Sora no aparecía por ningún sitio. En cuanto Mimi estuvo con ellos la niebla empezó a disiparse lentamente y, al cabo de unos minutos, era como si nunca hubiese estado allí. Los chicos se miraron unos a otros, ¿qué estaba ocurriendo?

─¡Sora! ¡Sora! – gritó Tai pero no recibió respuesta. Giró en redondo para observar en todas las direcciones pero ni rastro de ella.

El grito de Kari detrás de todos los alertó. Se giraron para mirar a la muchacha que observaba asustada una mancha oscura que se desplazaba, arrastrándose para desaparecer entre unos árboles próximos que antes ni siquiera habían visto. Tai fue el primero en reaccionar y echar a correr hacia la arboleda.

Llegó a un claro donde en un extremo una masa viscosa se contorsionaba, se movía, expandiéndose y contrayéndose.

─¿Qué es eso? – preguntó, desconcertado.

─Un virus – dijo Izzy con el ceño fruncido.

La masa viscosa se enderezó, era una masa oscura y parecía ser densa. Poco a poco empezó a desaparecer al mismo ritmo que lo había hecho la niebla unos minutos antes pero cuando se enderezó Tai vio algo que lo aterrorizó. Sora estaba metida allí dentro, no se movía. Los demás se dieron cuenta de ello también pero antes de que pudieran evitarlo fue Tai el que se lanzó con las manos por delante, tenía que sacarla de allí. Las manos se le hundieron en aquella especie de monstruo de pesadilla, sintió fuertes calambres pero no se apartó. Apretó con más fuerza a aquel ser, intentando llegar hasta Sora. Sin embargo, una fuerte sacudida de la masa lo lanzó varios metros hacia atrás. Matt fue rápidamente a levantarlo del suelo, le alzó la cabeza. Tai recuperó la visión unos segundos después justo para ver como aquella cosa desaparecía llevándose a Sora consigo. Con ayuda de Matt se levantó tambaleando, avanzó hasta el lugar donde había estado el virus y se dejó caer, alzó las rodillas y escondió la cabeza entre ellas. La rabia lo estaba quemando por dentro porque aquello no tendría que haberle pasado a Sora. Ya se le llevaron una vez por su culpa porque aquella vez él tampoco pudo salvarla y ahora volvía a pasar, delante de sus narices. Sora era su tesoro y no solo no se lo había dicho sino que tampoco había sabido demostrárselo con actos. Intentó contenerse pero finalmente sus ojos se llenaron de lágrimas al igual que aquella vez, sus hombros temblaron levemente y ninguno de sus compañeros supo qué decirle.

La noche empezó a caer también sobre el Mundo Digimon. Tai seguía sentado en el mismo lugar en el que había visto por última vez a Sora, había dejado de llorar pero no había querido marcharse por mucho que sus amigos habían insistido en ello. Fue Mimi la encargada de ir a hablar con él.

─Tai, tienes que marcharte – dijo ella con todo la dulzura que pudo reunir. Su amigo no podía seguir allí siendo que tenía que coger un vuelo hacia Alemania dentro de muy poco tiempo – Nosotros nos encargaremos, Izzy ha ido a ver si puede hablar con Gennai. Nos encargaremos de Sora, la encontraremos.

─A la mierda Alemania, no pienso irme – dijo el chico con amargura.

─Tai, no puedes echar por la borda esa oportunidad. Si no vas ya no te aceptarán, tienes que hacerlo. Estoy segura de que era eso lo que quería Sora, nosotros podemos hacerlo, debes irte – susurró la muchacha tomándole la mano con delicadeza. Tai suspiró, alzó la cabeza para centrar la mirada en el cielo estrellado.

─Y, ¿qué hay de lo que quiero yo? ¿Acaso crees que puedo irme sin más? Estoy harto de que todos digáis que es una oportunidad fantástica porque no es lo que quiero, no quiero irme a jugar al fútbol a Alemania. Desde el primer momento no lo quise pero nadie me pidió que me quedara, ni siquiera Sora. Yo siempre he querido hacer otra cosa, quiero seguir jugando al fútbol pero quiero estudiar ciencias políticas en la Universidad de Tokio, cerca de todos vosotros. ¿Por qué demonios tenéis que decidir mi futuro? – Mimi se quedó boquiabierta.

─Yo… No lo sabía – dijo sintiendo que había sido una tonta que no había escuchado a su mejor amigo.

─Lo sé. Ni tú ni nadie porque nadie ha preguntado – el chico se encogió de hombros.

─¿Ni siquiera Sora? – él esbozó una pequeña sonrisa.

─Tal vez, Sora sí lo supiese. Se lo dije cuando empezamos la secundaria. Por eso, esperaba que fuese ella la que me dijese que me quedara pero no sucedió.

─Sabes perfectamente como es Sora, ella quiere que te quedes pero no te lo dirá porque no quiere influir en tu decisión. Sabes que no es una persona egoísta y que se preocupa por ti más que por nadie en el mundo. Pero, esto no tendría que estar diciéndotelo yo porque creo que será ella la que te lo dirá cuando la rescatemos – el chico miró a su amiga y esbozó una media sonrisa.

─Yo también he de decirle muchas cosas. Por eso y por muchas cosas más no puedo irme de aquí.

─Puedes llegar a ser muy dulce, Tai – dijo Mimi con ternura. Él siempre sabía cómo hacer que sus sentimientos se pudiesen leer en él como en un libro abierto. Hacía que las cosas pareciesen sencillas, hasta fáciles. La chica lo miró, alzó la mano y le acarició la mejilla donde tenía un rasguño, provocado por la caída que había sufrido cuando aquella masa de datos infectados se había vuelto contra él cuando estaba intentando llegar hasta Sora.

─Tengo ganas de encontrarla – dijo él tomando la mano de ella con la suya.

─Yo también – ella se puso de rodillas y abrazó a su amigo con fuerza. El chico hundió el rostro en el hueco del cuello de Mimi y su dulce aroma lo tranquilizó, lo ayudó a pensar con más claridad. En primer lugar tenía que hablar con Izzy en cuanto hablara con Gennai, había que ir a buscar a Sora de inmediato.


Tercer capítulo acabado, espero que guste

Nos vemos pronto,

Takari95