-Solo hasta que pase la tormenta-
Sora intentó moverse pero ninguna de sus extremidades respondía, era como si ella no estuviese dentro de su propio cuerpo, como si estuviera muy alejada de todo. Se sentía flotar, se sentía rara pero, al menos, el dolor en el pecho que le había acompañado desde que se enteró de que Tai se marchaba había desaparecido. Anestesiada, esa era la palabra. Sin embargo, al recordar a Tai, el dolor pareció volver a manifestarse levemente.
─¿Quieres decir que si intentamos destruir esa cosa, podemos hacer daño a Sora? – Izzy asintió con gesto grave mientras seguía intentando localizar con ayuda de su ordenador el dispositivo digital de Sora aunque sin mucho éxito. Tai se pasó las manos por el pelo y el resto de sus compañeros lo miraron. Kari se levantó a duras penas a causa del tobillo lesionado y tocó el brazo de su hermano con suavidad.
─¿Qué podemos hacer entonces, Izzy? – preguntó la pequeña de los Yagami. Estaba dispuesta a apoyar a su hermano en lo que hiciese falta para poder traer a Sora de vuelta sana y salva.
─Tenemos que conseguir sacarla de dentro de esa cosa antes de atacar. De lo contrario, si intentamos destruir a esa cosa con ella dentro… No sé lo que puede pasar.
─Pero, sacar a Sora de dentro de ese…
─Virus – dijo el pelirrojo completando la frase de Mimi.
─Antes Tai lo ha intentado y no ha resultado. Puede ser peligroso también para nosotros – reflexionó Matt.
─No me importa que sea peligroso. Ha sido idea mía venir aquí una vez más y no puedo dejarla…
─No estás solo en esto, Tai – replicó el rubio, enarcando una ceja – Sora también es amiga nuestra y no vamos a dejar que cometas una locura.
─¡Cállate, Matt! – exclamó Tai, apretando los puños – Esto es culpa mía, tengo que ayudarla. Tengo que hacerlo sea como sea, ¿lo entiendes? – el puño de Matt impactó contra la mejilla de Tai, quien parpadeó aturdido.
─No nos conviene perder los estribos. Será mejor que te tranquilices – el moreno iba a replicar cuando Izzy lanzó una exclamación de victoria, había localizado el dispositivo de Sora.
La pelirroja intentó abrir los ojos pero todo a su alrededor era difuso, ¿cómo había llegado hasta allí? Creía que había ido con todos los demás al Digimundo pero, ¿para qué? Poco a poco, imágenes fueron formándose en su cabeza y una nueva punzada en el pecho la hizo sentirse incómoda. Era como si su cuerpo estuviese empezando a sentir de nuevo, saliendo de ese sopor en el que se encontraba hacía un rato. Cada vez que pensaba en Tai podía notar como su cuerpo se volvía más consistente, más real. Al igual que el dolor en el pecho.
Tai estaba seguro de que iban por el buen camino, la niebla empezaba a volverse espesa. Los contornos de todo lo que les rodeaba volvían a desvanecerse a medida que avanzaban y ni siquiera eran capaces de encontrar a sus Digimons en aquel paraje. Fue Gabumon el que primero se reunió con ellos, les había costado mucho encontrarlos.
─¿Y Agumon? – preguntó Tai.
─No lo sé, hace tiempo que perdí de vista a los demás. En aquella dirección es imposible ver ni lo que tienes a dos dedos de la nariz – dijo el Digimon haciendo un mohín. Tai apretó los puños y maldijo en voz baja, si no encontraba a Agumon, ¿cómo iba a luchar por Sora? Sintió la mano de Matt apretando a su hombro pero, por desgracia, no llegó a tranquilizarlo lo suficiente. Izzy se adelantó unos pasos, superando a su líder con el dispositivo digital en la mano.
─Sora tiene que estar ya muy cerca.
─¿Cómo vamos a hacerlo? – preguntó Mimi, preocupada por su amiga.
─En primer lugar – dijo el pelirrojo – hay que sacar a Sora de esa masa viscosa, intentar tirar de ella o lo que sea. Una vez esté fuera, basta con que cualquiera de nuestros Digimons lance un ataque para convertir esa cosa en datos digitales.
─Lo dices como si fuera sencillo – replicó Matt.
─Yo me encargaré de sacar a Sora, no os preocupéis.
─Tai, no digas tonterías. Ya has visto lo que ha pasado antes – dijo Matt. Los ojos azules de él se clavaron en los chocolates de Tai y el rubio se dio cuenta de que Tai estaba más que dispuesto a lanzarse de cabeza al peligro, por mucho que sus amigos le insistieran en que era una auténtica locura.
Una masa viscosa la rodeaba, era asqueroso. Consiguió abrir los ojos pero todo a su alrededor era borroso. Le pareció ver unos árboles en la lejanía pero no hubiera podido asegurarlo. ¿Dónde demonios estaba? ¿Aquello era real o era un sueño? Su cerebro se activó en ese mismo instante: habían ido todos juntos al Digimundo por última vez porque Tai se marchaba. Habían llegado allí, todo estaba cubierto de niebla, había perdido de vista a Mimi y, luego… Aquella horrible cosa viscosa la había rodeado… El pánico la invadió y empezó a agitarse con todas sus fuerzas pero su cuerpo seguía sin responder. Hubiera querido llorar de impotencia pero tampoco le salían las lágrimas. Intentó mirar hacia el exterior pero parecía que ya había anochecido, ¿cuánto tiempo llevaba allí? Y, lo peor de todo, ¿Tai ya se habría marchado? Seguramente sí, aunque sus otros compañeros siguieran buscándola. El dolor del pecho se incrementó, le hubiera gustado despedirse de él.
─Mirad – dijo Izzy señalando a un punto cercano al pie de unas montañas. La masa viscosa seguía engullendo todo cuanto encontraba a su paso. Sin importar que fuese árbol, piedra o Digimon.
─Creo que deberíamos rodearla e intentar localizar a Sora – apuntó T.K. Se distribuyeron rápidamente y fue Kari la que en apenas unos segundos localizó a Sora. Alzó los brazos y Tai enseguida corrió sigilosamente hacia donde estaba su hermana.
─Chicos – dijo una voz detrás de ellos. Gatomon y Patamon habían conseguido localizarlos también. Kari abrazó a su Digimon.
─¿Y Agumon? – preguntó Tai.
─No sabemos dónde están los demás, nos hemos perdido de vista – contestó Patamon moviendo las alas.
─Está bien. Escuchadme – le dijo a su hermana y a los Digimon – Patamon, ve a buscar a T.K. y Matt y dile a Matt que esté preparado para hacer digievolucionar a Gabumon. Kari haz digievolucionar a Angewomon, también.
─¿Y tú, Tai?
─¿Yo? Voy a sacar a Sora de ahí dentro – dijo el moreno antes de empezar a correr hacia aquel monstruo. Kari lanzó una exclamación ahogada en cuanto perdió un tanto de vista a su hermano entre la niebla. Patamon voló rápidamente, tenía que encontrar a T.K. y Matt. La luz de Gatomon digievolucionando le ayudó a hacerlo y Matt entendió sin decirle nada que Tai ya estaba a punto de cometer la locura del siglo.
Tai corrió todo lo rápido que le permitían las piernas y hundió las manos en el cuerpo de aquella bestia, que lanzó un alarido de dolor al sentirse atacada. El moreno sintió enseguida los fuertes calambres que le recorrían los brazos pero no los apartó y se hundió más, hurgando, buscando alcanzar la mano de Sora.
Matt lanzó un ataque a lo que supuso era la cabeza de aquel ser con tal de distraerle y ofrecerla a Tai unos minutos que podían resultar determinantes. Si no conseguían reducir aquella cosa en breve se vería obligado a atacar con todas sus fuerzas, fueran cuales fueran las consecuencias.
Angewomon y Angemon también aparecieron en escena, volando frente al monstruo que se desplazó, intentando alzarse para capturar a los dos ángeles que le bloqueaban el paso y le impedían seguir avanzando.
Tai sintió que aquella cosa se le tragaba por momentos, los calambres le sacudían todo el cuerpo y por mucho que estiraba los brazos no conseguía llegar hasta Sora.
─¡Tai! – la voz de Mimi sonó por todas partes mientras se acercaba. Tai negó con la cabeza pero Mimi introdujo una mano también aunque estuvo a punto de salir despedida hacia atrás a causa del fuerte calambre que recibió.
─¡Mimi, apártate!
─¡No pienso hacerlo! Tú la querrás pero es mi amiga, Tai.
─¡Mimi!
─¡Que no!
Sora entreabrió los ojos, le dolía tanto el pecho que casi no podía ni respirar. Aquella cosa le estaba robando toda la energía y si no salía pronto… Si le saliese la voz, solo intentaría llamar a Tai. Ojalá estuviera allí con ella. Ojalá le hubiera pedido que se quedara. Ojalá le hubiera dicho lo que sentía por él antes de que fuera demasiado tarde. Eran tantas cosas las que no había hecho pero si Tai estuviera allí le diría que no se rindiera. Jamás. Sora apretó los puños todo lo fuerte que puedo, podía hacerlo. No se iba a rendir. Giró la cabeza a un lado y vio unas manos que pugnaban por acercarse a ella, unas manos grandes y otras más pequeñas. Le ofrecían ayuda.
─¡Sora! ¡Sora! – Mimi llamó a su amiga con todas sus fuerzas, le había parecido percibir un sutil movimiento en las manos de ella. Estaban tan cerca.
─¡Sora! – exclamó Tai.
Las manos se agitaron con más fuerza y Sora pudo escuchar un murmullo. Intentó estirar la mano para aferrarse a aquellas manos. Lo volvió a intentar, una y otra vez. Su brazo empezó a desplazarse muy lentamente hasta llegar a rozar la mano más grande.
─Sora…
Tai metió el brazo hasta el hombro, escuchó un crujido pero hizo caso omiso y aferró con todas sus fuerzas la muñeca de Sora.
─La tengo, Mimi – dijo el moreno. La castaña se acercó a él y buscó el brazo extendido de Sora. Los dos empezaron a tirar desde el exterior, con fuerza. Pronto empezó a surgir de aquella mole el brazo de Sora, el codo, el hombro… Mimi sostuvo la cabeza de la su amiga que permanecía inconsciente mientras Tai tiraba del resto del cuerpo de su amiga. Ya tenían casi medio cuerpo fuera cuando el monstruo se sacudió con brusquedad y giró la cabeza para ver que estaba ocurriendo a su espalda. Tai alzó la cabeza, lo miró y siguió tirando con todas sus fuerzas, a Sora apenas le quedaban las rodillas dentro cuando el monstruo lanzó una especie de fluidos hacia los tres chicos. Tai las cubrió a ambas con el cuerpo y sintió que la espalda le ardía. Mimi vio salir el humo de la espalda de Tai y vio que aquel fluido había quemado la chaqueta del uniforme y la camisa del moreno, incluso había llegado a arañarle la piel.
─Un último esfuerzo, Mimi – dijo Tai, la férrea determinación del joven hizo que Mimi se levantara y tirara con todas sus fuerzas de su amiga. Cuando la sacaron por completo, el monstruo lanzó un tremendo alarido y se giró violentamente hacia ellos, estaba furioso. Haciendo caso omiso de los ataques de Garurumon, Angemon y Angewomon, se alzó imponente ante Tai, Mimi y Sora. La castaña sostenía a su amiga y fue Tai el que se levantó y extendió los brazos ante ellas.
Sora se encontraba terriblemente cansada pero, al menos, podía respirar. Sintió unos brazos que la rodeaban, entreabrió los ojos y miró hacia arriba. Mimi. La castaña tenía el rostro contraído en una mueca de espanto y miraba al frente. La pelirroja giró lentamente la cabeza hacia adelante y sus ojos se abrieron al máximo al ver al monstruo que la había alzándose ante Tai que permanecía impasible, con los brazos abiertos ante ellas.
─No…
El monstruo levantó una parte de su pesado cuerpo a modo de brazos y lo dirigió contra Tai. Sora, se incorporó de un salto, dejando a Mimi atónita y se precipitó sobre Tai, rodeando el cuerpo de él con los brazos. Tai cerró los ojos preparado para sentir el impacto cuando unos brazos rodearon su cuerpo. Se dio la vuelta con rapidez y envolvió a Sora, abrazándola. Cerró los ojos esperando el impacto pero nada les sucedió. Tai se atrevió a abrir los ojos y suspiró al ver a Greymon ante ellos.
─Greymon, ¡acaba con él! – gritó Tai.
El Digimon lanzó una potente llamarada y ayudado por Garurumon desde el otro lado, atravesaron aquella masa viscosa con sus ataques. Ésta empezó a desintegrarse lentamente, convirtiéndose en datos digitales… La niebla empezó a disiparse lentamente. Greymon recuperó su forma de Agumon.
Tai respiró hondo y miró a Sora que lo observaba como si de un fantasma se tratase con sus grandes ojos rojizos.
─¿Estás bien? – preguntó él acariciándole la mejilla con suavidad. Ella asintió y apoyó la cabeza en el hueco de su cuello. El moreno dejó caer la cabeza sobre la de su amiga y dejó caer el brazo izquierdo, que le dolía horrores, mientras seguía sujetándola contra su pecho con el derecho – Siento lo que ha pasado, Sora.
Sora rodeó el cuello del muchacho con los brazos, quedando sentada entre sus piernas.
─No te vayas. No te vayas, Tai.
─¿Te duele mucho? – preguntó Matt, acompañando a su amigo en la azotea del instituto.
─No, no demasiado. Cuando la adrenalina se me pase, creo que me dolerá bastante más – dijo señalando el brazo que llevaba vendado y apoyado contra el pecho – Menos mal que tenemos a Joe.
─¿Qué vas a hacer al final? – dijo Matt apoyando los brazos en la barandilla. Estaba empezando a amanecer pero habían decidido utilizar la enfermería del instituto para curar los rasguños de Tai y revisar que Sora estuviese bien.
─Quedarme – respondió el moreno con la mirada perdida. "No te vayas, Tai". La voz temblorosa de Sora le hacía latir el corazón con mucha fuerza, ella se lo había pedido.
─Me alegro – admitió Matt mientras se metía las manos en los bolsillos del pantalón del uniforme y se alejaba hacia la puerta de entrada al instituto – ¿Vienes?
─Me quedo un poco más, enseguida estoy contigo.
Matt sonrió al abrir la puerta y encontrar a Sora al otro lado. Le hizo un gesto con la cabeza, dejó a sus amigos solos.
Tai se volvió despacio al escuchar pasos a su espalda, sonrió al ver que era Sora y que, a pesar de todo lo que había pasado, no estaba herida. Tan solo parecía terriblemente cansada.
─Ey…
─¿Puedo darte un abrazo? – preguntó la pelirroja. Él movió la cabeza, confundido.
─Claro – ella se acercó hasta él, rodeó su cintura con los brazos y apoyó el rostro en su pecho. Sentir la suavidad de la camisa de él y la calidez de su piel bajo la tela la ayudó a cerciorarse de que él seguía allí y que aquello no era un sueño. El moreno la rodeó con el brazo sano y la estrechó con suavidad.
─Tai, no te vayas – dijo ella alzando la cabeza con convicción.
─Nunca quise hacerlo – respondió él mirándola fijamente a los ojos, vio sorpresa en ellos – Cuando fui a verte aquella tarde, quería escucharte decir eso.
─Creía que ya habías tomado una decisión.
─Nunca podría tomarla sin saber qué es lo que piensas al respecto.
─¿Por qué?
─Vaya pregunta, Sora – dijo él acariciándole la mejilla. Le apartó un mechón de cabello pelirrojo y lo colocó detrás de la oreja de ella.
─Idiota – replicó ella, sonrojada.
─No quiero estar en un sitio en el que tú no estés.
─Aquel día te hubiera pedido que te quedaras, por lo menos, hasta que pasara la tormenta. Hoy, siendo egoísta, te pido que te quedes para siempre.
─Me encanta que seas egoísta – dijo Tai, riendo. La estrechó con fuerza contra él y le dio un beso en la frente.
─Y, Tai, gracias por salvarme. Otra vez – él le puso un dedo debajo de la barbilla e hizo que alzara el rostro.
─Ya te lo he dicho, no quiero estar en un sitio en el que tú no estés – apoyó la frente contra la de ella, acercó su rostro lentamente. Sora sintió que su corazón se desbocaba por completo pero se abandonó a esa sensación, se lanzó al vacío, sabiendo que Tai sería su paracaídas y echando los brazos al cuello del chico, acortó la distancia que los separaba. Los labios de Tai acariciaron los de ella con suavidad y cuando se separaron se miraron, sonrojados.
─Te quiero, Tai – él la abrazó y le dio un beso en la mejilla.
─Y yo a ti – le susurró él al oído. Le acarició el cabello pelirrojo. Ella se lo había pedido, no iba a marcharse nunca y, sinceramente, aquel le parecía un futuro realmente prometedor.
Ha tardado pero aquí esta al final. Un saludo :)
Takari95
