Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.
Capitulo Cuatro
No paso ni un segundo y Alexander salto sobre Sam, abrazándolo.
—¿Cómo estas, gruñón? —Alexander le sacaba mínimo una cabeza al tal Sam, cosa que los hacia ver raro.
—Bien, Alex, no pensé verte aquí. ¿Cómo esta tu hermano y su familia? —Pregunto mirándome.
—Superándose aun, pero ni sospechan la sorpresa que les tengo. — Dijo volteándose hacia mí.
—Me imagino cual sorpresa es esa. ¿Pero aun no lo superan? —
—¡Ya va para ochenta años de su muerte! —Exclamo un chico robusto de pelo negro.
—Paul, podrías callarte. — Susurro otro de los chicos mirándome por el rabillo del ojo.
—¿Qué el no sabe? —Pregunto señalándome.
—¿De que hablan? — Exclame molesto.
—De nada, amigo, ven. —Dylan y Johnny me alejaron del grupo de chicos raros.
—¿Ahora se las hacen de buenos? ¿Qué les pasaba? — Ambos se miraron y agacharon sus cabezas. —Chicos, sean sinceros saben que siempre Annie y yo les apoyaremos, no por nada somos los cuatro mosqueteros. —
—Bien, no te asustes. — Comenzaron a temblar, pero Sam junto a los demás los calmaron.
—¿Están locos? ¡No pueden hacer eso! — Chillaba colérico Sam. — ¡Es un humano!—
—¿Qué ustedes no lo son? — Pregunte alzando una ceja.
No sabia porque, pero nada de esto me asustaba. Era como si ya estuviese acostumbrado.
—¿Ven? Ya lo asustaron. No te preocupes, Carlisle, todo estará bien. Te podremos explicar todos, pero no antes de que veas a unas personas especiales. ¿Vendrás? — Alexander extendió su mano hacia mi, quise ir, lo desee enserio, pero el rostro de mi madre apareció en mi mente junto al de mi padre y abuelos, recordé cada momento junto a ellos y mis tíos, ay...Mis alocados tíos.
—¿A vivir? — El me miro con amabilidad, extrema amabilidad.
—Claro, te lo dije hace unos días, donde te llevaremos es donde perteneces y siempre lo has hecho. Juro que no te arrepentirás. —No podía, no podría hacerle tanto daño a mi familia.
—No puedo. —Dije. Su sonrisa amable desapareció. —Siento el que no quiera, pero mi familia…—
—Entiendo. Vamos, chicos. —Alexander camino hacia un árbol y desapareció.
—¡Wow! ¿Cómo…?— Exclame.
—No preguntes. — Me callo Johnny.
—Pero…— Me callo esta vez Sam. Creo que me odiaba…
—Bien, chicos, ya nosotros nos vamos. Ustedes dos, no habrán la bocota. —Amenazo Sam antes de irse.
—No le hagan caso, a veces exagera. Adiós, Carl— Seth se despidió y se fue junto a los otros.
—Ustedes... ¿Qué son? — Ambos se miraron y sonrieron nerviosos. —Anden, ¡nos sacábamos los mocos juntos! —Dije levantando mis brazos. Ellos suspiraron y volvieron a temblar, no sin alejarse de mi una distancia algo alejada.
—Prepárate, Cullen. —Susurro Dylan.
Delante de mí aparecieron un par de lobos gigantescos, uno era blanco completo y el otro gris con negro. Ambos eran hermosos, aunque sonara femenino debía admitirlo.
—Esperen… ¿Uno de ustedes era el que nos seguía en el bosque? — Pregunte frunciendo el ceño. Ambos lobos bajaron sus cabezas, caminaron hasta mí y se sentaron. — Amigos, parecen dos cachorritos gigantescos. ¿Annie no lo puede saber? ¡Esto le encantaría! — Ambas cabezas peludas negaron. —Esta bien, no diré nada."
Las semanas pasaron, todos los días salía por las tardes por el bosque con los chicos, ellos convertidos en licántropos, así se llamaba su… ¿especie? Sam aun no se había dado cuenta de que lo sabia, Johnny me había dicho que cuando estaba en fase todos se podían leer las mentes, aun no sabía como le habían hecho para evitar que el gruñón de Sam no se diera cuenta.
—Carl, nos vamos antes. Hubo un percance. —Me dijo Dylan antes de correr hacia atrás del colegio.
Quise seguirlos, pero Annabelle me detuvo. — ¿A dónde vas? ¿Me vas a seguir ignorando? Me juraste que no me dejarías nunca. —Dijo con voz dolida.
—Lo siento. — Suspire bajando mi cabeza.
—No los entiendo. ¿Qué les pasa? —Negué alzando mis brazos. — Terminaras diciendo. —
—No es nada. — Acomode mi mochila en mi hombro y con el otro entrelace nuestros dedos. —Confía en mi. — Guiñe un ojo y ande hasta la salida del colegio.
—Confío, pero es que los tres han cambiado tanto. Ya no van a mi casa los viernes. Ni tenemos los domingos de películas— Recordó triste.
—Oh, pequeña, hablare con los chicos. — Prometí besando su mejilla.
—Espero, mocoso. — Sonrío traviesa y corrió lejos de mí.
La seguí corriendo, era un simple juego. Los autos comenzaron a aparecer, tocándonos el claxon. El celular de Annabelle se cayó justo en el medio de la carretera, venia un auto a toda prisa y Annie no lo había visto.
—¡Annie! —Grite poniéndome entre medio de su cuerpo y el auto. Sentí un golpe y caí al suelo, haciéndome perder la conciencia.
*Tercera Persona POV*
—Doctor Masen, llego un paciente con contusión en la cabeza y fracturas en su brazo derecho y hombro— Comunico la enfermera con voz monótona a Alexander.
Alexander no dudo dos veces y corrió apurado hacia la sala de urgencias donde llegaban los paramédicos con Carlisle inconsciente y brotando sangre de algunas partes de su cuerpo. Contuvo la respiración, como hace décadas el mismo Carlisle le enseño.
—Masen, hasta que llegas. Te necesitamos. La contusión del paciente es algo extraña... —El doctor Michells no se dio de cuenta que Alexander ya no se encontraba junto a el.
Alexander corría buscando la sala de urgencias, justo cuando llego varios paramédicos entraban junto al cuerpo inerte de Carlisle.
«Nadie puede revisarlo, se darían cuenta.» Pensó lleno de miedo el Masen.
Masen fijo sus ojos dorados en el jefe que justo venia hacia ellos. «El Doctor Masen puede solo con el paciente» Pensó manipulando a su jefe.
—El Doctor Masen puede solo con el paciente, no es tan urgente. Llévenlo a una habitación, ahora. — Dijo el Doctor Parkeen caminando hacia el lado contrario.
Los paramédicos lo miraron extrañados pero siguieron sus órdenes. Llevaron a Carlisle a una de las habitaciones vacías, dejándolo solo junto a Alexander, quien suspiro aliviado.
—Ay viejo…Que pena que sea la manera en la que te lleve sea esta—. Suspiro Alexander. Reviso la cabeza rubia de Carlisle, la cual estaba llena de sangre. —Al fin te volverán a ver, pero primero debo hablar con Angelique. — Agarro el cuerpo del rubio y salto por la ventana corriendo a velocidad inhumana por la carretera, los autos pasaban, pero nadie podría verle.
Corrió con un solo lugar en su cabeza, la casa de su amiga. Llevo en tan solo quince minutos, Angelique ya los esperaba en la puerta.
—Te sentí hace dos kilómetros. ¿Qué traes? — Vio el cuerpo desangrado y se sorprendió. —Alex, pensé que ya habías dejado de tomar sangre humana. Ya lo habíamos hablado—. Dijo reclamando la pelirroja.
—No es lo que piensas, ayúdame. —Entraron a la casa, donde Alexander dejo el cuerpo sobre un mueble. —Míralo bien, ¿A quien te recuerda? Solo imagínalo unos años mas grande —Angelique tardo en averiguar de quien hablaba, pero lo imagino y cayo rápido sorprendiéndose.
—Pero… ¿Cómo? — Pregunto confundida.
—Lo encontré hace dos semanas. Es tan raro volverlo a ver. —Explico Alexander.
—Luego me explicas. —
Angelique corrió hacia arriba y busco lo necesario para curar la cabeza del rubio. Tenía un brazo lastimado, pero no llegaba a la fractura, solo lo mantendrían tranquilo sin que moviese el brazo y en unos cuantos días ya estaría. La cabeza era lo que los preocupaba, la sangre no dejaba de brotar y Carlisle no recobraba el conocimiento.
—Esto tardara. —Comento Angelique apresurada
—Solo usa tu don, así se curara mas rápido. Quiero ya llevarlo con 'ellos'. No sabes lo mucho que he aguantado de no pensar en Carlisle, llevo estas dos últimas semanas cantando canciones en griego y francés para que Edward no lo note. Y con Alice me ha sido más difícil, solo no he decidido nada. Solo reacciono al momento, pero ya no puedo mas. — Exploto Alexander.
Angelique no dijo nada, solo broto una luz turquesa de sus manos y la sangre dejo de brotar. —Por lo menos ya no hay sangre, solo cerramos la herida y podremos irnos a Alaska. —Susurro alegre Angelique
En lo que Angelique busco los instrumentos a la mesa continua, la herida cerró. Alexander presencio el proceso de la herida auto-curándose, el como Carlisle cerro sus manos aguantando el dolor de la ponzoña curando sus heridas se sorprendiendo, pero no del tanto. El sabia algo del porque de la curación sola.
—Ya, Angie, ya se curo. — Comunico Alex sonriendo.
—¿Qué? ¡Wow! — Exclamo dejando caer la aguja al suelo. — ¿Cómo? —
—Luego te explicó, ahora vámonos. Alaska esta un poco lejos, llegaremos en dos días. Y trata de no pensar en esto. Imagina, no se…algo menos en Carlisle. —
—Intentare, es tan impresionante ver de nuevo a mi padre y tan joven…—Susurro conteniendo la felicidad Angelique.
—Bien. — Alexander cargo a Carlisle, quien fue despertando.
—¿Alexander? —Pregunto abriendo sus ojos azules.
—Eh. ¡Carlisle! — Exclamo Alexander soltándolo lentamente.
—¿Dónde estoy? — Pregunto el rubio.
—En mi casa. — Contesto saliendo de su escondite Angelique.
—Oh… ¿Y tu quien eres? — Pregunto mirándolos confundidos.
—Soy yo Alexander ¿No te acuerdas? — Pregunto extrañado Alexander, ¡lo acababa de llamar por su nombre!
—No. ¿Quién soy? — Pregunto mirando sus manos.
—Ehmm Contestaremos tus preguntas ahora, Angie, ven. —
Ambos vampiros se alejaron del rubio confundido.
—Estas pensando lo mismo que yo… —Alexander no dejo terminar a su pelirroja amiga. Ambos sonrieron cómplices y caminaron hacia el rubio.
—Mira, te llamas Carlisle Cullen, tienes 16 años, y te íbamos a llevar con tu familia ahora. Te dormirás, ahora. — Carlisle intento replicar, pero Alexander utilizo su don mandándolo a dormir.
Fue un viaje largo, pero al fin estaban frente a la casa que los vio crecer como vampiros. Entraron sin tocar, todos estaban de caza, así que podrían sorprenderlos doblemente.
—¿Estas seguro? — Alexander asintió.
—Ya vienen. — Dijo dejando el cuerpo de Carlisle en su habitación en el segundo piso. —Les diremos después. —
—Lo olerán. — Susurro preocupada Angelique.
—No, tiene nuestro olor impregnado en su ropa y piel. — Explico Alexander. Callaron al escuchar la puerta abrirse dejando entrar a unos 7 vampiros. —Bienvenidos, familia. —
Todos los miraron confundidos, para luego correr a los brazos de sus hermanos/ hijos/ sobrinos.
