Los personajes que aparecerán en esta historia son propiedad de Stephanie Meyer.
Capitulo 13
— ¡Jóvenes, salgan! — gritaba un guardia, corriendo tras Carlisle, Reneesme y Emmett.
— ¡corran por sus vidas! — grito Emmett.
Los tres agarraron por distintos lugares, confundiendo al guardia quien persiguió al menor del trío de bandidos, el rubio. Carlisle, asustado, tropezó con sus propios pies, cayendo sobre una mujer y rodando cuesta abajo.
— ¡Ah! — grito Carlisle al parar de rodar, encontrándose con Esme en sus brazos. — ¿Esme?
Esme lo miro con el ceño fruncido. Ambos se levantaron, limpiando sus trajes de baños llenos de ramitas y grama.
— ¿qué hacías corriendo como desquiciado? — pregunto Esme, dejando de fruncir el ceño.
— emm... — oyó la voz del anciano guardia y corrió hasta un arbusto lo bastante grande que los cubriría a ambos. — ven, Esme. — la llamo al ver que Esme no lo había seguido.
Esme, siendo terca, no fue hacia él, haciendo que Carlisle agarrara su brazo y la empujara bruscamente hacia él, dejándola a su espalda.
— Carl...
— no hables. — ordeno el blondo, volteándose y cubriendo los labios de Esme con su dedo índice. — no...
Esme juro haber visto un destello dorado en aquellos ojos azulados. Un destello que le impulso a rodear el cuello de él con sus brazos y descargar toda su tristeza sobre el pecho de aquel joven con el rostro de su Carlisle.
— te extraño, por favor... Vuelve. — susurro sollozando Esme.
Carlisle la alejó un poco de él, para poder ver su rostro decaído.
— no sé a quién le dices eso, ni por qué me lo dices a mí, pero... No sufras, él volverá pronto. No llores. — pidió Carlisle acariciando las frías mejillas de la vampiresa.
Esme sonrió débilmente, poniéndose de puntas y besando la mejilla de Carlisle. — gracias, por esas palabras...
— ah, y discúlpame por lo de hace rato. No sé que me paso, fue como un impulso...
Esta vez fue Esme la que lo callo con la unión de sus labios. Carlisle abrió sus ojos lo mas grande que era posible, sorprendido.
— Esme... — susurro separándose un poco sus labios.
Esme negó, y agarro al chico por la nuca, impidiéndole separarse de ella, haciendo de un beso lento y tierno, apasionado e impulsivo.
— ahora estamos a mano. — término dándole una pequeña mordida al labio inferior de Carlisle, claro que sin llegarle a hacerle daño.
— ¿qué demonios...? — susurro sin creer lo que acababa de ocurrir. ¿Esme lo había besado?
— Ve a la habitación, no has comido. — dijo Esme como si nada, alejándose con un movimiento de caderas que comenzaba a gustarle a Carlisle.
— Ay Esme... — suspiro Carlisle recargando su espalda en el árbol.
— ¡hey, tú! — gritaron a lo lejos.
Y Carlisle volvió a echarse toda una corredera por todo el hotel de 5 estrellas, causando risas en algunos empleados al ver al viejo guardia ya a punto de jubilarse tras un mocoso. Estuvieron corriendo hasta que Eleazar, mandado por Carmen, pagó el daño causado por los tres chicos y los hizo subir a sus respectivas habitaciones a todos, castigados. Carlisle, Reneesme y Emmett por ocasionar problemas; Rosalie, Alice y Edward por cómplices; y a Bella, Jasper y Kate, que no tenían nada que ver, los regañaron por reírse y no ayudar. Los únicos que se salvaron fueron Esme, Jacob, Angelique y Alexander, que ni se habían enterrado de lo que había ocurrido, o eso había pensado Eleazar.
—esto apesta. — se quejó Carlisle, le había tocado una habitación sólo para él y hasta en otro piso, al contrario de todo el resto del clan que tenía con quien platicar toda la noche.
Carlisle, como bien chico obediente, se duchó y vistió con unos vaqueros azules y una camisa a cuadros de manga larga, la cual dejo abierta, con una camiseta blanca debajo. Busco en su maleta los converse negros y se puso una cadena de plata que encontró en el piso con una doble C.
— Carlisle Cullen, jaja. — se rió mirándose al espejo. Le quedaba perfecta.
Pasó su mano por su desordenado cabello tres veces y así salió, pero abriendo la puerta se encontró con Jasper sonriéndole cruzado de brazos.
— ¿para dónde vamos tan arreglados, Carl? — pregunto Edward saliendo detrás de Jasper.
Carlisle rodó los ojos y cerró la puerta, tirándose de vuelta en su cama. Tocaron la puerta, pero Carlisle no abrió.
— si abres, te sacamos por ahí.
— no soy ningún perro para que me anden sacando a pasear. Para eso está Jacob. — contesto Carlisle a la sugerencia de Edward.
Jasper río, dándole la razón a lo dicho por el rubio padre suyo.
— no te rías, Jazz. —murmuro Edward. — bueno, será como quiera... Pero oí que aquí en el hotel hay una discoteca.
Carlisle casi abre la puerta, pero no se dejo convencer tan fácil. Quería salir de allí, sentirse libre y no bajo una constante vigilancia.
— ¿no abrirás? — insistió Edward.
Era como hablar con una Nessie de vuelta en sus años adolescentes cuando se encaprichaba en conseguir algo, sólo que en versión masculina y se trataba de su padre, aquel hombre echó y derecho que hacia entrar en razón hasta el más rebelde. Y lo había sabido demostrar con soportar a Emmett tantos siglos sin meterle una patada en el trasero lejos de la casa.
— sabes, Edward, escuche de una discoteca cerca de aquí. Tal vez, si Carlisle sale, podremos ir un rato, sin ninguna mujer, sólo nosotros 3 y si Emmett quiere. — Jasper dijo como quien no quiere la cosa.
Carlisle estuvo en la puerta de un salto, abriéndola.
— vamos. Busquen a Emmett, yo estaré en la entrada abajo. — dijo apagando la luz de su habitación, caminando con prisa hacia el ascensor.
—bájale a la adrenalina, chico. Jasper va a bajar contigo, yo busco y bajo con Emmett. — dijo Edward subiendo por las escaleras.
—gracias, Jazz. — murmuro Carlisle sin mirar al ex soldado.
Jasper sonrió sin dejar que Carlisle lo viera. Este Carlisle era demasiado de orgulloso.
— no hay de qué.
Bajaron hasta el primer piso, el cual estaba repleto de personas, unos llegando y otros yéndose. Caminaron despacio hasta la entrada del inmenso hotel, donde a lo lejos se podían ver las llamativas luces de la discoteca.
— vamos adelantarnos. —sugirió Carlisle.
Pero Jasper se negó. — no, esperemos a Edward y Emmett. No deben de tardar.
Carlisle no lo escucho y espero a que Jasper estuviese despistado para salir corriendo. Pero Jasper, lo noto deprisa, corriendo tras de él, alcanzándolo con facilidad.
— no me subestimes, Carlisle. Te dije que esperáremos a los chicos. — dijo Jasper con voz dura, esa misma voz que utilizaba con los tantos neófitos con los que trató.
— eres un amargado. — bufó Carlisle.
Tal como ordeno Jasper, esperaron a que bajaran los dos vampiros restantes juntó a Alexander. Cuando llegaron partieron los cinco hasta la discoteca. Entraron rápido al Alexander utilizar su don en uno de los guardias de la entrada. Rápido la música los dejo sordos a los 5, pero en especial a los 4 vampiros con audición agudizada. Carlisle lo aprovecho y se escabulló hasta la barra donde pidió cinco cervezas. Coqueteo con la chica tras a barra, recibiendo un descuento y un número nuevo para su libreta llena de números de chicas a las cuales nunca llamaba.
— miren, lo que conseguí. — grito Carlisle al encontrar a los 4 vampiros sentados en una mesa cerca de la pista.
Les dejo las cervezas frente a cada uno, dándole un sorbo a la suya. Poniendo una mueca de asco al probarla, ya que nunca había tomado. Alexander y Emmett fueron los primeros en reírse, haciendo temblar la mesa ante los manotazos que pegaba Emmett.
— ¿nunca habías tomado, eh? —bromeo Alex.
— yo también te quiero como a un hermano. —contesto Carlisle sin escuchar bien lo que había dicho.
Miro hacia el otro lado de la pista donde había una mujer mirándolo fijamente a él. Carlisle le sonrió y dejo su cerveza en la mesa, caminando hacia la mujer.
— ¿quieres bailar? — grito Carlisle. La mujer negó, agarrando la mano de Carlisle, llevándolo hacia unas escaleras. — ¿a dónde vamos?
La mujer lo miro por sobré su hombro, sonriéndole, pero sin decir nada. Siguió subiendo las escaleras que parecían interminables, hasta llegar a un pasillo lleno de puertas. La mujer fue y abrió la última a la izquierda, entrando a una habitación cómoda, pero se notaba claramente lo mucho que la utilizaban y para que exactamente.
— ¿qué hacemos aquí? — pregunto Carlisle sin levantar mucho la voz, ya que la música casi no se escuchaba en esa área.
— divertirnos de verdad. — contesto la morena, rompiendo la camisa blanca y empujando a Carlisle bruscamente sobre la cama. — ¿cómo dijiste que te llamadas? — pregunto quitándose la chaqueta color beige que tenía puesta en un lugar tan caluroso como ese.
— Carlisle, pero no lo había dicho. ¿Tu?
— Patrice... —susurro sacando el top color blanco por sobré su cabeza, dejándole ver a Carlisle un par de tetas perfectamente operadas. — ¿te gusta lo que ves? — pregunto sonriendo divertida al ver como Carlisle miraba el par de pechos.
— Mhm... —contesto Carlisle sin palabras.
Patrice tiró sus tacones en diferentes dirección, y dejo caer la falda blanca por sus largas y pálidas piernas. Quedando en una pequeña tanga frente a los ojos de Carlisle, quien dejo de respirar.
— que tierno eres. —Patrice murmuro, sentándose sobre las piernas de Carlisle. — Carlisle... Carlisle... Me gusta tu nombre. — Carlisle asintió, tragando grueso. Patrice soltó una carcajada, tomando una mano de Carlisle y dejándola sobre su pecho derecho. — ¿te gusta? —Carlisle volvió a asentir, sin palabras. — habla. —ordeno Patrice.
— si... me gusta. — dijo Carlisle con voz entrecortada.
Patrice sonrió, agarrando el rostro de Carlisle entre sus manos heladas, estremeciendo a Carlisle al tocarlo. Acercó su rostro al de él y le robó un casto beso.
— eres mío ahora. — susurro antes de clavar sus dientes en el hombro derecho de Carlisle. — Nadie te volverá alejar de mi... — Carlisle comenzó a retorcerse bajo Patrice, gritando por piedad. El fuego lo estaba matando.
