Los personajes que aparecerán en esta historia son propiedad de Stephanie Meyer.

Capítulo 15

Toda una noche había pasado, y ninguno había podido estar tranquilo. No desde que Alexander había puesto en sus cabezas a los Vulturis haciéndole daño a Carlisle.

— un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña, como veía que residiría, fueron a llamar a otro elefante. Dos elefantes se balan... — un cojín lanzado por Carlisle callo la estúpida canción de Emmett.

— estoy simplemente herido, no significa que me tengan que tratar como a un nene de cinco años. — se quejó intentando sentarse.

Pero Emmett fue más rápido y lo sentó de un sólo movimiento.

— ¿así o...? — la mirada de Carlisle lo hizo alejarse. — lo siento, nos sentimos culpables. Entiéndenos. Eres un simple humano... — dijo y se arrepintió.

— ¿un simple humano? ¿Un simple humano los soportaría a todos ustedes, bolas de imbéciles? ¡Lárgate, idiota! — grito fuera de sí.

Emmett salió cabizbajo de la habitación, recibiendo un zape al salir de parte de Alice.

— eres un bruto, Emmett. — Jasper acuso, rodeando la cintura de su pequeña esposa.

— perdón, no fue mi intención. — se disculpó el grandulón realmente apenado.

Rosalie llego y lo abrazo, mirando con enojo a Alice y Jasper. Él no tenía la culpa de no pensar las cosas antes de decirlas.

Alice pretendía seguir regañando a Emmett cuando una visión la cegó.

Se trataba sobre un hombre rubio y de ojos rojos como la sangre, lo veía borroso, pero podría atreverse a decir que se trataba sobre Carlisle, a pesar de no ver bien su rostro. El hombre corría desesperado por un pasillo parecido al del castillo de los Vulturis. Gritaba y gruñía hacia la nada. Deteniéndose frente a tres hombres y una mujer.

— bienvenido a nuestro mundo de nuevo, mi querido... Carlisle. — hablo Aro sonriendo como sólo él podía llegar a hacer, aterrorizando a quien lo viese.

— no... — susurro Alice al terminar su visión.

Jasper agarraba su mano con fuerza, preguntando con su mirada que había visto.

— Edward... ¿Dónde esta Edward? — pregunto apresurada. Necesitaba a su hermano lector de mentes. Sólo él podría decirle que había visto con claridad, porque ese no podía ser Carlisle.

— esta abajo con Bella, comprando los boletos para Forks. — contesto Jasper.

— está bien... Rosalie, busca a Esme y vayan con Carlisle y no lo dejen sólo. Jasper, Emmett, vengan. Vamos a ir bajando las valijas, hay que irnos lo más pronto posible. — decía Alice apresurada.

Debían irse de allí, así cambiaría el futuro de Carlisle. De seguro cerca de allí se encontraban los Vulturis y venían por Carlisle.

— deja de pensar cosas sin sentido, Alice. Los Vulturis no pueden estar cerca, ¿y para que vendrían por Carlisle? Ya le hicieron todo el daño posible. — dijo Edward llegando juntó a Bella.

Alice suspiro tranquila, necesitaba oír algo así. — como quiera, hagan lo que dije. — dijo mirando hacia Rosalie, Emmett y Jasper.

Rosalie busco a Esme y ambas fueron con Carlisle, haciéndole compañía y charlando hasta que fue la hora de marcharse.

— ¡que siga nuestro viaje! — grito Emmett subiéndose a su jeep adorado que había llegado esa misma mañana.

Emmett, Eleazar y Edward fueron los encargados de guiar a la familia hacia su nuevo destino, el viejo Washington, Forks.

1 hora con 35 minutos después estacionaban todos sus autos frente a la gran mansión que vio crecer a Bella como vampiresa y a Nessie como la hija, sobrina, nieta consentida del clan Cullen.

— hogar dulce hogar. — murmuro Jacob saliendo del Mercedes BMW gris que conducía Eleazar.

— vamos a La Push. — sugirió Nessie, mirando hacia su abuelo, que de seguro no recordaba nada de eso.

— ¿La Push, con que se come eso? — pregunto Carlisle.

Jacob lo miro mal, bufando. Nessie lo calmo con una pequeña sonrisa y un simple apretón de manos que no paso desapercibido por el padre de la chica.

— es donde viven Jacob y todos los licántropos. — explico Bella, acercándose a Carlisle.

— oh. ¿Y esta lleno de perros como Jacob? — volvió a preguntar Carlisle, pero esta vez con burla.

Jacob hizo el aguaje de intentar golpear al irritante doctor Cullen, pero sólo lo hizo por asustarle, cosa que logro.

— idiota. — susurro Carlisle, caminando hacia la casa con cuidado, su hombro aún le molestaba un poco, aunque comparado con la noche anterior no era nada.

Entro a la casa y un recuerdo le pegó.

*Flashback*

Carlisle bajaba las escaleras con paciencia, como sólo él podría llegar a tener. Siendo sorprendido por Esme, quien le cubrió los ojos desde atrás.

— ¿quién es? — pregunto la señora Cullen, aguantando su risa.

Carlisle sonrió de oreja a oreja, acariciando las manos que cubrían sus ojos.

— déjame ver, ¿Anna? — pregunto riéndose.

Esme se alejó, pegándole suave en su hombro. — ¡Anna! ¿Quién es Anna?

— mi sexy amante, con la que te engañó todas las noches antes de venir del hospital. — contesto juguetón, rodeando la cintura de Esme.

— pues dile a Anna que se cuide. La buscare, la encontrare... — dejo la frase inconclusa.

Había quedado prendada de los dos pozos dorados que la miraban con diversión, pero sobretodo amor , amor sincero y puro.

— Anna no se compara contigo, cariño. — dijo Carlisle antes de repartir besos por el rostro de Esme. — tiene 65 años, esta toda arrugada, está casada, y es una enfermera. Sabes que no puedo tener una relación con alguien que trabaje en el hospital. Además que no podría hacer sufrir al viejo John. — bromeo Carlisle.

Esme sonrió, recibiendo los besos de su rubio esposo gustosa. — ah bueno, ya yo iba a buscar a la pobre Anna y demostrarle quien es la señora Cullen.

— ¿a poco? ¿Tan celosa es mi señora Cullen?

Esme dejo dos dedos sobre su mentón, pensativa. — algo así.

Ambos rieron, llamando la atención de sus hijos, quienes vinieron a verles.

— que bellos mis papis. — grito con voz chillona Emmett.

*Fin del Flashback*

— ¿Carlisle, estas bien? — le preguntaba Alexander zarandeándolo suavemente.

— si, sólo me duele la cabeza. Iré arriba, ¿cuál es mi habitación?

— ven, te la enseño.

Carlisle siguió a Alexander escaleras arriba hasta llegar a un cuarto espacioso con una cama para dos personas en el centro y espejo roto en una esquina.

— ¿este es? — pregunto viendo las miles de capas de polvo que tenía toda la habitación.

Alexander asintió.

— te dejo a solas con tus polvitos. — Alexander río al oír y entender el doble sentido de su propio comentario.

— aja.

— Carlisle, avanza, iremos a La Push. — grito Nessie entrando a su habitación encontrándolo sin camisa y con un simple pantalón corto crema viéndose en aquel espejo roto. — perdón.

Carlisle se volteó, cubriendo la horrible cicatriz que tenía en su pecho con sus manos. — no te preocupes, ya me visto y bajo.

Nessie asintió sonrojada. Su abuelito si que era apuesto. Siempre lo había sido, pero ahora, que se veía más o menos de su edad, se veía mucho más. Pensó Nessie avergonzada de sus propios pensamientos.

— ¡Nessie, Carlisle, bajen! —grito Jacob desde afuera, recargado del jeep de Emmett.

— oye, ten más cuidado. — salió a la defensiva Emmett al ver al perro recargado de su adorado jeep.

— vamos. — dijo Carlisle cargando un bulto donde llevaba la ropa con la que se cambiaría. — ¿los demás no vienen? — pregunto viendo tan sólo a Jacob, Nessie, Emmett y Alice.

— no, sólo nosotros, los jóvenes y divertidos. — contesto Emmett subiendo de un salto a su auto. — suban, suban, que me voy.

Tras horas en la playa de la reserva, salieron para secarse y comer algo hecho por Leah, quien sonreía más a menudo desde que se había imprentado de Luis, un joven y recién convertido licántropo.

— Cullens, que bueno es verlos por aquí de nuevo. — dijo viendo fijamente a Carlisle.

— No ha sido casi nada, sólo 80 años. — bromeo Nessie besando la mejilla de la loba.

— hola, soy Carlisle Cullen, no sé quién eres, pero mucho gusto. — saludo el rubio guiñándole un ojo a Leah quien se rió sin poder creerlo.

El recto doctor Cullen, venía todo cambiado, echó todo un adolescente y hasta le coqueteaba. Nunca pensé ver una cosa igual.

—hola, Carlisle. Soy Leah Clearwater. — estrecharon manos y ese fastidioso dolor de cabeza volvió a Carlisle juntó a una voz de un chico.

— Soy Seth Clearwater...

¿Seth? ¿Y ese quien era? Pensó Carlisle confundido. Ya iban dos en un día. ¿De qué trataba todo eso? ¿Alguien le estaba echando un hechizo? Bueno, si existían los vampiros y licántropos, ¿por qué no las brujas, duendes y todas esas cosas de fantasía?

— ¿te pasa algo, Carl? — le pregunto Alice con una mano sobre su hombro.

— si, sólo... El dolor de cabeza volvió. Mejor me vuelvo a la casa, no me siento bien. — dijo agarrando su mochila abierta y salió corriendo.

Algunos chicos de La Push lo llamaron, pero Carlisle ni volteó a verlos. Sólo quería llegar a casa y descansar. Corrió, deteniéndose en plena carretera para cambiarse la camisa y los pantalones mojados por unos secos que traía en la mochila. Se escondió tras un arbusto y se cambió lo más rápido que pudo. Una bocina de un camión lo asusto, haciendo que se rompiera su camisa.

— maldición... — susurro viendo la camisa que debía de ponerse echa toda mierda.

No lo pensó mucho al recibir una ventolera helada que le estremeció.

—Excelente, sin camisa y todo mojado con este frío... Simplemente excelente. — pensó Carlisle guardando la ropa mojada y sucia juntó a la camiseta rota dentro de la mochila.

Saco un par de converse blancos y se los puso sin sacar las medias, no tenía tiempo. La noche estaba cayendo y él no sabría como volver a casa después. Volví a correr, saliendo a plena carretera, asustándose con un par de luce que le cegaron por unos segundos.

— ¡muévete! — le grito el conductor del auto.

Carlisle suspiro viendo si le faltaba alguna parte de su cuerpo, estaban todas en su lugar. Al comprobarlo siguió corriendo por plena carretera hasta ver como un auto se detenía unos pasos delante suyo y una pareja se bajaba.

— ¿Carlisle? — lo llamo el hombre de bigote y calvo con panza gigantesca de borrachón.

— ¿ustedes quiénes son? — pregunto sintiendo desconfianza. No tenía tiempo para hablar con extraños, debía volver a casa.

— somos Magdalena y John, tus padres...

Carlisle los miro sorprendido, dejando de moverse. ¿Sus padres? ¿Qué sus padres no habían muerto en un incendio en Londres como le había dicho Eleazar?

— ¿mis...Padres? — pregunto en susurros.