Nota de EugeBlack: ¡¡Hola! Aquí vengo con el primer capítulo del reto que me propuso Aykasha-peke. Es producto de una inspiración repentina, y espero que les guste. Por favor no se olviden de dejar sus reviews ;) que me hacen muchísima ilusión y me hacen el día.
Los títulos de los capítulos son títulos de canciones de Queen, mi grupo predilecto xD :D ;)
Lo dedico con muchísimo cariño a Aykasha-peke y a norixblack (espero sus respuestas a los retos muyy pronto va?) Muack las quiero! (está bien, ya voy con la traducción de El Conde del Norte)
Muchísimas gracias a: Aykasha-peke, Sauron, norixblack, harry dumbledore
DOMINUS MORS
Capítulo 1: My Fairy King
Abrió la puerta con cuidado de no hacer mucho ruido, observó a ambos lados del pasillo para confirmar que estaba despejado. Se detuvo en medio del pasillo, se dio media vuelta, avanzó unos pasos y se detuvo justo en frente del emblema de Salazar Slytherin. Desde hacía meses se sentía enormemente atraído por el emblema, y con todo lo que tuviese que ver con Salazar.
Levantó sus manos y las contempló. Sangre cálida se deslizaba por sus dedos. De verdad había sido muy placentera la sorpresa que su Lord le había dado. Le había dado en bandeja de plata a los Dursley, sus asquerosos tíos y primo.
Cuando se había unido al Lord Oscuro, unos meses atrás, le había pedido por condición que no dañara ni a los Dursley, ni a sus amigos. Pero ahora, todo era diferente, había disfrutado mucho torturarlos, y de manera muggle. Quería que sufrieran infinitamente por todo lo que le habían hecho, todos esos años viviendo en la alacena, los golpes, insultos, la falta de comida… Y ahora finalmente se había vengado.
Ver como esos asquerosos muggles de desangraban, lloraban, suplicaban, y especialmente, la mirada de terror que tenían cuando se enteraron quién les estaba haciendo eso… simplemente gratificante.
Después de unos instantes de contemplar sus manos, prueba de la obra de arte que acababa de realizar, sintió una mano sobre su hombro. Se giró lentamente y vio a Draco, quien le sonreía, y le hacía una seña para que se fueran, ya se estaba haciendo tarde. Mientras caminaban, realizó varios hechizos para quedar completamente limpio, no sería recomendable que el vejete o alguno de sus amigos lo descubrieran.
Vaya, en los últimos meses su vida había dado un giro de 180º. ¿Quién creería que ahora él y Draco, su enemigo del colegio, se llevaban tan bien?. Tenía que reconocer que había subestimado a Draco, de verdad que tenía talento para lo que hacía, y juntos formaban una buena pareja. Tenían bastante sincronización y pensaban casi igual al momento de idear torturas y distintas formas de matar sin magia, era más placentero. Y también le sorprendía que Draco hubiera aceptado usar esos métodos, cuando todo lo referido a lo muggle lo repugnaba.
Avanzaron en silencio hasta las afueras de la Mansión Riddle, en donde podían aparecerse. Minutos después, ambos caminaban por los terrenos del colegio bajo la capa de invisibilidad, diciendo en murmullos emocionados lo bien que les había ido con sus respectivos juguetes. Al llegar al vestíbulo, se separaron, uno con destino a la Sala Común de Slytherin y el otro a la de Gryffindor.
Harry tuvo que contenerse para no destruir el retrato de la Dama Gorda, que le empezó a gritar histérica por haberla despertado a esas horas de la madrugada. Agitado, entró a la Sala Común, y se sorprendió al encontrar a su novia, de pie en el medio de la sala, con los brazos cruzados.
Un poco nervioso, se acercó a Hermione e intentó darle un beso, pero ella se alejó molesta.
"¿Se puede saber en donde estabas Harry James Potter?. Son casi las tres de la mañana" le dijo con voz molesta, y gesticulando con los brazos.
'Genial' pensó Harry. '¿Qué hacía Hermione despierta a esas horas?'. Respiró hondo mientras esperaba que una buena excusa se le ocurriera. "Amor no te molestes. Estaba en la Sala Multiusos, estudiando".
Hermione lo miró con los ojos entrecerrados. Harry sentía que no le creía mucho. "¿Y por qué hasta esta hora?. Nos pudiste haber avisado a Ron y a mí. Estábamos preocupados" le dijo con las manos en las caderas.
Harry la observó unos instantes. Estaba con una bata de dormir de seda azul celeste que le llegaba por arriba de sus rodillas. El cabello lo tenía suelto y le caía delicadamente, al fin había lograrlo dominarlo y lo tenía en delicados bucles. Se veía hermosa, sensual. Se volvió a acercar a ella y la agarró por la cintura, luego le dio un delicado beso en el cuello y luego en la mejilla.
"Lo siento" le dijo calmadamente. "Es que quería leer un libro de la Sección Restringida, para el EXTASIS de Defensa contra las Artes Oscuras. Necesitaba absoluta tranquilidad. No pensé que me tardaría tanto, perdí la noción del tiempo. Perdóname princesa".
Hermione sentía que se derretía en sus brazos mientras Harry le daba pequeños besos en el cuello y en sus desnudos hombros. Aún no estaba muy convencida de lo que le había dicho Harry, ya que ya eran muchas las noches a lo largo del año escolar que llegaba a esas horas, y siempre le salía con que estaba estudiando o cosas así.
"Hmm no se" dijo débilmente mientras acariciaba la espalda del pelinegro.
"¡Qué!. Me preocupo por los EXTASIS, que empiezan la semana próxima y ¡no te parece que lo haga!. Si estudio es porque estudio, y si no estudio…" no pudo terminar porque Hermione le dio un delicado beso en los labios.
"Shh. Está bien, discúlpame por desconfiar. Es que me da miedo que… que te estés viendo con otra" le dijo con la mirada baja, avergonzada por lo que acababa de decir.
Harry la miró directamente a los ojos, con la cara seria. Hermione se puso nerviosa ante la mirada de Harry, sentía que le estaba leyendo todos sus pensamientos y sentimientos. Instantes después, no pudo resistir más la mirada verde esmeralda y bajó sus ojos chocolates.
"Princesa, mírame a los ojos" le dijo Harry, pero su novia no le hizo caso. "¡Mírame!" esta vez la chica obedeció, Harry le agarró la cara tiernamente, y acercó su frente a la de ella. "Nunca te he dado motivos para que desconfíes de mi, princesa. Eres mi novia, y la persona que me ha enseñado a querer. Nunca te haría daño 'Mione… te… te amo".
Los ojos de Hermione se abrieron de par en par, no se esperaba esa confesión, ella amaba a Harry desde que había empezado el colegio, pero no sabía que él también lo hiciera. Sabía que la quería, se lo había demostrado desde sexto año, pero amarla… wow… sentía que despegaba del suelo ante la sola mención de esas palabras. Un escalofrío recorrió su espalda, y abrazó con todas sus fuerzas a su novio.
"Yo también Harry. Te amo desde el primer día que te vi" le dijo tímidamente, temerosa de que todo resultara ser un sueño.
Harry sonrió ampliamente y la besó apasionadamente, Hermione le metió la mano por debajo de la camisa para acariciarle la espalda, mientras con la otra jugaba con su cabello. Hermione dejó escapar un gemido de placer ante las caricias y besos de Harry. Se guindó de su novio rodeándole la cintura con sus piernas y Harry la llevó al sofá más alejado.
Segundos después se dejaron caer en el sofá, Harry estaba encima de ella mientras la besaba apasionadamente y metía sus manos por debajo de la bata de Hermione. Mientras tanto, ella trataba de quitarle la camisa a su novio, había estado esperando ese momento por mucho tiempo, quería sentir a Harry en su interior, que la hiciera sentir amada, en el cielo, quería estar con él por toda la eternidad. Tras varios segundos de mucho esfuerzo, logró sacarle la camisa, entre besos, caricias, risitas tontas y palabras de amor. Se sentía en el cielo.
Poco a poco, toda la ropa fue quedando en el suelo, olvidada, Hermione ahogó un gemido de placer cuando Harry empezó a succionar uno de sus pezones, agarró con fuerza la cabeza de él, incitándolo a que siguiera. Harry pasó al otro pezón e hizo lo mismo, excitando cada vez más a su novia. Momentos después, empezó a trazar un camino de besos desde su pecho hasta sus deliciosos labios rosados, aquellos que lo volvían loco, había esperado mucho tiempo por ese momento.
Hermione, presa del placer desenfrenado, inconscientemente clavaba sus uñas en la formada espalda de su chico, luego, con un poco de esfuerzo debido al poco espacio que había en el sofá, logró colocarse encima de él, empezó a besarlo en el cuello, en su pecho, en ese abdomen perfectamente formado debido a tantos años jugando Quidditch, ese abdomen que adoraba y que ahora acariciaba y mordía delicadamente, haciendo que Harry soltara pequeños gemidos de placer. Sus manos siguieron bajando hasta encontrarse con el miembro erecto de Harry, lo empezó a acariciar, haciendo que Harry cerrara sus piernas alrededor de ella, la jaló hacia él delicadamente y la empezó a besar de nuevo, con más pasión que antes.
Instantes después, Harry volvió a colocarse encima de su novia, antes de pasar al acto de final se detuvo un momento, aunque deseaba ese momento con todas sus fuerzas, quería que Hermione no se arrepintiera.
"¿Estás completamente segura?. Te va a doler un poco" le preguntó con tono preocupado, temeroso de que su chica se echara para atrás.
"Segurísima, he esperado por este momento desde siempre. Hazlo con cuidado por favor" le dijo con una sonrisa pícara y los ojos brillantes de ilusión y amor. Harry le dedicó una sonrisa encantadora que hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Hermione, luego la besó delicadamente mientras empezaba a introducir su miembro lentamente, para causarle el menor dolor posible.
Mientras la empezaba a penetrar, Hermione sintió dolor, pero Harry la calmaba con pequeños besos y con palabras dulces. Momentos después le agarró el ritmo a su novio, ambos danzaban lentamente, eran uno solo. Pasión. Placer. Amor. Euforia. Felicidad. Esas eran algunas de las tantas sensaciones que recorrían el cuerpo de Hermione mientras hacía el amor con Harry. Se sentía enormemente feliz.
Pocos minutos después, el momento del éxtasis les llegó a los jóvenes amantes. Agotados y excitados por lo que acababan de hacer, Hermione se recostó en el pecho de su novio, mientras él le daba pequeños besos en la frente y le acariciaba la espalda perezosamente. Hermione se acercó un poco más y le dio un beso en la nariz. "Gracias Harry" le dijo mientras se volvía a recostar en su pecho, con los brazos cruzados debajo de su cabeza, la mirada que la dirigía a su chico estaba llena de amor. Harry le sonrió y le dio un beso en los labios como respuesta.
"¿Sabes?. Desde el primer momento en que te vi en el tren de Hogwarts, me enamoré, y conforme nos conocíamos más me enamoraba más y más, y no del Niño-Que-Vivió o del fantástico buscador de Quidditch, sino de ti, de tus sentimientos, tus ideas, la protección y cariño que me has brindado todos estos años. Desde que era pequeña soñaba con tener un Príncipe digno de un cuento de hadas, y ahora te tengo a ti, y es más de lo que puedo pedir" le dijo mientras acariciaba su brazo y lo miraba fijamente a sus ojos verdes, sorprendida de poder hablarle con tanta sinceridad.
Harry le agarró una de sus manos y se la besó, luego la acercó más y la abrazó con todas sus fuerzas. "Yo también te amo. Eres lo más puro que he conocido, y gracias por estar siempre a mi lado. Nunca estaré lo suficientemente agradecido por haberte conocido" le dijo. Se volvieron a besar y después renuentemente se levantaron del sillón, ya faltaba poco para el amanecer y debían volver a sus habitaciones, no querían que nadie los viera en esa situación. Momentos después se despidieron con un largo beso y más palabras de amor.
Rato después, Harry daba vueltas en su cama, le era imposible dormir, menos mal que era sábado y que no tendría que levantarse tan temprano. Había tenido muchas emociones esa noche, había vengado a los Dursley bajo la mirada divertida y satisfecha de su Lord, y luego le había hecho el amor a Hermione. ¡Se había sentido tan bien!. Durante ese año había estado con otras mujeres, mientras estaba en las juergas de los mortífagos, pero ninguna se comparaba a su Hermione, a la calidez que irradiaba, el cariño, la inocencia. Algo que él había perdido ya.
Se arremangó la manga de su piyama, y realizó un sencillo hechizo sin varita. Ahí, en su antebrazo izquierdo, estaba la Marca Tenebrosa. Al comienzo, cuando se unió al Lado Oscuro había convencido a su Lord para que no se la colocara, ya que era peligroso, Dumbledore podría verla. Todo eso parecía tan lejano ya. Aquellos primeros meses donde solo estaba en el otro bando para salvar a sus amigos, aquellas primeras veces que torturó y mató se sintió asquerosamente mal, sentía que no podría aguantar más la farsa. Pero después de las Navidades, empezó a disfrutarlas poco a poco, con cada asesinato que cometía sentía que iba perdiendo un trozo de su alma, y realmente no le importaba, había comenzado a admirar realmente a su Lord, a venerar las creencias del Lado Oscuro, aquellas que hacía más de mil años Salazar Slytherin había implantado. Y desde hacía unas semanas había empezado a torturar y matar de manera muggle, en compañía de Draco, y era mucho más gratificante que matarlos con el Avada Kedavra, sufrían mucho más.
Y hacía dos meses, se había dado cuenta que lo que hacía no era ninguna farsa, quizá al comienzo sí, pero ahora no. Tantas muertes y torturas, tantos hechizos y rituales de Magia Oscura que había aprendido bajo el tutelaje del Lord Oscuro y de Lucius Malfoy… habían hecho que se sumiera en el mundo de las tinieblas, y ahora sentía que no podría salir de ahí. No quería salir de allí. Había aceptado que su Lord lo marcara, y no solo eso, lo había presentado al resto del Círculo Cercano como su Heredero, el Segundo en Comando. El orgullo y satisfacción que había sentido en ese momento apenas cabían en su pecho. Había jurado serle leal a la Orden Oscura. Y no los defraudaría. Y mucho menos cuando un poco antes de recibir su Marca había escuchado otra profecía, una segunda profecía que se refería a él y al Lord Oscuro.
Cerró los ojos y se dio medio vuelta en la cama, recordando la profecía.
"Un nuevo mundo de tinieblas surgirá
Más fuerte y temible que el anterior
En el momento en que el Señor Oscuro
Y aquel marcado como su igual se unan
Ya nada será igual
Y la esperanza y fortaleza desaparecerán de los corazones"
Sonrió con malicia, desde su nacimiento estaba marcado, como El Elegido, el que erradicaría el mal del mundo mágico. Pero todos estaban muy equivocados, había una nueva profecía, que solo él y el Lord sabían, y eso cambiaría el rumbo de las cosas en el mundo. Había tomado su decisión, ya no sería más una marioneta del imbécil de Dumbledore y de los ineptos de la Orden, ahora todos ellos pagarían por sus errores, por haberlo mantenido aislado, encerrado con la aberración de familia que tenía, por subestimarlo, por no haber hecho nada para traer de vuelta a Sirius.
La sonrisa se le hizo más amplia todavía al pensar en su padrino. Dumbledore le había dicho que era imposible que lo pudieran sacar del velo, pero le había mentido, como lo había hecho tantas veces antes. Para el Lord nada era imposible, y, como regalo de Navidad le había devuelto a Sirius. Ahora Sirius, rencoroso con todos los de la Orden por no haberlo sacado del velo, por haberlo mantenido tanto tiempo encerrado en Grimmauld Place, y por no haberle brindado la ayuda necesaria para probar su inocencia, había aceptado unirse al Lado Oscuro, jurándole a Harry que jamás lo traicionaría, y que nunca lo dejaría.
Y en menos de un mes podría finalmente quitarse la careta del Chico Dorado de Dumbledore, del Salvador del mundo mágico. Finalmente podría irse al lado de su Lord, y asumir su poder como Heredero.
Se levantó la otra manga, la del brazo derecho, y vio una pequeña cicatriz, tuvo que contenerse para no soltar la risa. Hacía tres semanas que su Lord le había hecho un gran regalo, uno de los rituales más antiguos que existían, uno de los pilares de las Artes Oscuras, y, gracias a ese ritual, Harry también era heredero de Slytherin, como el Lord. Gracias a eso, también tenía poder sobre Nagini, la serpiente milenaria que había pertenecido a Salazar. Definitivamente su vida había dado un giro de 180º, para mejor.
Ya quería salir de ese colegio, alejarse definitivamente de Dumbledore y de los demás, menos de una persona, Hermione. Era la única persona que no quería dejar atrás, y la única que verdaderamente iba a lamentar hacerle daño, pero no tenía más opción, él ya había escogido su camino, y distaba mucho del de su novia. La única persona que verdaderamente lo quería por ser quien era, y no por ser el Maldito-Niño-Que-Vivió, o el Salvador, o el hijo de James y Lily. Era la única que valía la pena en ese grupo de falsos, ineptos, interesados y traidores de la sangre.
Pero el Lord tenía razón, si de verdad quería dominar el mundo junto a él, tenía que dejar a un lado sus debilidades, y el amor que sentía por su novia era su única debilidad. Y tenía que desaparecer, aunque le doliera. Jamás le haría daño, ni permitiría que algún otro mortífago le colocara las manos encima, pero ya no podría permanecer al lado de ella. Ahora tenía otras ambiciones, y nada, ni nadie, lo detendría en lograr la limpieza de raza y los otros preceptos que su antecesor, Salazar Slytherin había promulgado. Junto a Tom, lograrían el sueño de Salazar.
Sumido en todos esos pensamientos, Harry logró dormirse, siendo la dueña de sus sueños una muchacha de 17 años, de cabellos castaños que caían en delicados bucles, y que le decía que él era el Príncipe que siempre había soñado, como los de los cuentos de hadas.
CONTINUARÁ…
EugeBlack
Miembro de la Orden de las Mortífagas
Miembro de la Orden Severusiana
