Nota de EugeBlack: Euge se asoma por detrás del mueble y los saluda de forma nerviosa. ¿Hola?. ¿Todavía están allí?. ¿No me odian por haberme tardado tanto en actualizar?. ¿Me entienden verdad?. Ufff que bueno que me entiendan, muchas gracias
Bueno ya basta de tanta parloteada, de verdad discúlpenme por no haber actualizado antes, es que he estado full con la universidad y además que me dio un ataque de flojera extrema.
Bueno, espero que disfruten este capítulo y sean buenos, dejen sus valiosos reviews, que me animan a seguir escribiendo. No les cuesta nada, solo tienen que apretar el botoncito GO y escribir algo va?
Este capítulo va dedicado a Aykasha-peke (gracias por corregírmelo wapa) y a norixblack (gracias por ayudarme). ¡Las quiero!.
Muchísimas gracias a: Anaelisa, Aykasha-peke, norixblack, Kaosex, shofi-black, Vicky, darkcat.
DOMINUS MORS
Capítulo 4: Keep Yourself Alive
Sintió que la puerta se abría delicadamente y luego unos pasos que se acercaban en su dirección. Instantes después sintió que alguien se sentaba al lado de ella y le agarraba su mano derecha. Perezosamente, abrió sus ojos, acostumbrándose poco a poco a la luz que había en la habitación.
"Vaya Hermione, al fin has despertado" le dijo Ron, mientras besaba su mano y le dedicaba una amplia sonrisa.
La chica intentó hablar, pero tenía la garganta sumamente seca. Ron entendió, con un movimiento de varita hizo aparecer un vaso de agua y la ayudó a tomárselo. Un par de minutos después, la chica se sentía en mejores condiciones para hablar.
"Ron… ¿qué pasó? ¿Qué hago aquí?" le dijo con la voz muy débil.
"Estás en San Mungo, desde hace casi dos semanas".
"¿Por qué?".
"¿No lo recuerdas?" le preguntó nervioso.
"Me siento confundida, la cabeza me duele y no recuerdo mucho. Un rayo verde".
Ron suspiró cansadamente. "Hace casi dos semanas hubo un ataque a Hogwarts. Nos enteramos de la verdad de Harry, él… él se unió a V-Voldemort. Tú fuiste una de las últimas personas en hablar con él, antes de que desapareciera con V-Voldemort y Lucius Malfoy. Después de eso, una maldición asesina te alcanzó, y caíste inconsciente al suelo. Aún no nos explicamos como sobreviviste a la maldición Mía, eres la segunda persona en lograrlo. Pero lo más extraño, es que ese medallón que tienes en el cuello, no ha parado de emitir un brillo extraño, durante casi todo este tiempo" le dijo Ron algo confundido.
Inconscientemente, Hermione se llevó la mano al medallón y lo apretó fuertemente. Al sentir el calor que desprendía, empezó a recordar.
Flashback
Era una tarde fría de febrero, Hermione llegó a la orilla del lago y se subió la cremallera de la chaqueta, había un viento helado. Instantes después miró su reloj, faltaban quince minutos para su cita con Harry. Dejó escapar un profundo suspiro y se sentó de frente al lago, apoyada en el tronco de un roble.
Volviendo a suspirar, decidió intentar relajarse, ¡ese día estaba cumpliendo 18 meses con Harry! No pudo evitar sentir un escalofrío en la espalda, Harry era tan maravilloso, lo amaba tanto.
Se quedó observando las delicadas ondas que había en el lago, y como el calamar sacaba de vez en cuando uno de sus tentáculos, para luego volver a desaparecer en las frías aguas. El sol se estaba empezando a ocultar, el cielo estaba de unas tonalidades azules, amarillas y anaranjadas. Empezó a recordar varios de sus mejores momentos con su chico, lo tierno, cariñoso, respetuoso y considerado que era con ella. Estaba tan sumida en sus pensamientos y en el paisaje que tenía delante de ella, que no se dio cuenta que Harry había llegado, y ahora le tendía la mano para ayudarla a ponerse de pie.
La joven levantó su mirada y se encontró con esos impresionantes orbes verdes que le hacían perder cualquier sensación de cordura. Le sonrió ampliamente y tomó su mano. Una vez que estuvo de pie, lo abrazó fuertemente y luego le besó apasionadamente, como si la vida se le fuera en ello. El chico respondió rápidamente, ahora sus lenguas danzaban un baile sensual, ninguna dominaba, simplemente querían recorrerse mutuamente, expresar todo el amor que sentían.
Instantes después se separaron para tomar aire, y Harry sacó de su túnica un hermoso girasol, se lo dio a su chica, quien lo recibió encantada. "Feliz día princesa" dijo mientras le daba delicados besos en el cuello.
"Gracias Harry, es hermosa" dijo intentando mantenerse cuerda, ante la avalancha de sensaciones que se le venían en ese momento.
"No tanto como tu" le respondió antes de volver a capturar esos hermosos labios.
Momentos después, se separaron a regañadientes y caminaron en silencio hacia un lugar más privado, cercano a los límites del Bosque Prohibido, lejos de miradas indiscretas y con las manos entrelazadas.
Minutos después llegaron y se sentaron a la sombra de un árbol. La joven sacó de su chaqueta una moneda, y con un movimiento de varita volvió a su estado normal, era un álbum de fotografías. "Es para ti Harry. Feliz día".
El chico extendió la mano y agarró el álbum de fotos. Tenía una delicada carátula plateada. Lo abrió y en la primera página había una nota de su chica.
"Harry: gracias por estos maravillosos meses. No sabes lo feliz que me siento de poder estar a tu lado. Eres la mejor persona que he conocido y me siento muy afortunada de que hayas posado tus ojos en mí.
Siempre estaré ahí, para todo lo que necesites, y nunca te dejaré de querer.
Te adoro mi príncipe,
Tu Princesa".
Hermione sintió que el joven se acomodaba en su regazo, le agarraba la mano y se la besaba. "Yo también te adoro princesa". La joven sonrió y lo instó a que viera las fotos.
Harry colocó el álbum en su regazo, y empezó a pasar las páginas, estaban llenas de fotos de ellos, desde que habían entrado a Hogwarts, las últimas fotos eran del último año y medio, desde que habían empezado su relación. Fotos en La Madriguera, en la Sala Común de Gryffindor, en la biblioteca, en la orilla del lago… eran simplemente hermosas.
"Gracias princesa, son hermosas" dijo Harry intentando ocultar su emoción. Se volvieron a besar y luego Harry sacó de su bolsillo una caja de terciopelo larga. Hermione ahogó un grito.
"¿Q-qué es Harry?" preguntó temblorosa.
"Solo ábrelo" le dijo muy cerca de su oído, haciendo que otro escalofrío recorriera la espalda de la joven.
Hermione le hizo caso y abrió con cuidado la delicada caja, volvió a ahogar un grito cuando vio dos medallones iguales. Estaban tallados en forma de relieve, en el fondo tenían una luna plateada en cuarto creciente, y delante de ésta, tenían un lobo negro con los ojos verdes. Harry agarró uno de los medallones y se lo colocó.
"Harry… yo… esto es demasiado" empezó a decir pero Harry le colocó su dedo índice sobre los labios.
"Hermione, prométeme que nunca te quitarás el medallón" le dijo seriamente.
"No entiendo. ¿Qué clase de medallón es…?"
"¡Solo prométemelo!" gritó Harry molesto.
"Está bien, te lo prometo. Nunca me lo quitaré" dijo nerviosa ante el repentino ataque de rabia que le dio a su novio.
Harry se calmó y la rodeó con sus brazos. "Discúlpame, no fue mi intención asustarte. Estos medallones están conectados, y son muy antiguos, pertenecieron a dos amantes en la época de los Fundadores" le dijo a la chica, ésta a su vez hizo ademán de querer indagar cómo lo había conseguido, pero Harry la interrumpió.
"Gracias a estos medallones, las personas que los posean estarán conectadas, incluidos sus centros mágicos. Si algo te llega a pasar, parte de mi energía y magia llegará a tu medallón, para protegerte de cualquier cosa que te pueda pasar" le dijo sin soltarla.
Hermione estaba sumamente sorprendida, no se esperaba un regalo tan costoso, y no en el sentido material, sino en lo que significaba. Voluntariamente Harry le estaba entregando parte de su ser, para protegerla, cuando el que necesitaba más protección en esos momentos era él. "Harry yo no puedo aceptar esto, necesitas toda tu magia y energía para enfrentar a Lord V-Voldemort" le dijo nerviosa, temerosa que se ofendiera por su rechazo.
"Princesa NECESITO que no sueltes ese medallón nunca. Es la mejor forma que he encontrado para protegerte" le dijo mientras le agarraba la cara y la miraba fijamente.
"Pero Harry… tu magia… no sé…" dijo insegura.
"Eso es lo que menos importa, soy fuerte, y si algo te sucediera no absorbería toda mi magia o energía. Pero necesito de verdad que no te lo quites nunca, no soportaría que algo malo te pasara. Hazme caso por favor" le dijo, casi rogándole.
Hermione lo miró a los ojos y vio la desesperación en los ojos. Le sonrió dulcemente y luego lo volvió a besar. "Esta bien Harry, no me lo quitaré nunca. Solo espero que nunca tengan que hacer su trabajo estos medallones".
Harry le sonrió. "Yo también espero eso" seguidamente se volvieron a besar.
Fin del Flashback
"¿Hermione?. ¿Chiquita qué sucede?" preguntó Ron preocupado al ver que su amiga derramaba silenciosas lágrimas.
"Na-nada Ron, solo recordaba" le dijo entre sollozos.
A Ron se le encogió el corazón al verla así. "¿Es por él verdad?" dijo con la voz llena de rabia y dolor.
"Sí. Dime que fue un mal sueño por favor, que todo esto es una maldita pesadilla. Que en cualquier momento voy a despertar y los tres vamos a estar en Hogwarts, preparándonos para nuestra graduación. Dímelo por favor" dijo desesperada.
Ron bajó la mirada, él también deseaba lo mismo. "No Hermione. No es ningún sueño, Harry nos traicionó y ahora es la mano derecha de V-Voldemort" le dijo mientras apretaba su puño fuertemente. Ese miserable cara de serpiente las pagaría caro por haber corrompido a su amigo.
Al escuchar esas palabras Hermione pegó un pequeño grito y lloró con mucha más fuerza que antes. Ron la atrajo hacia sí y la abrazó con cuidado, con una mano acariciaba su espalda y la otra su enmarañado cabello. "Vamos a salir de esto Hermione, los dos. Y seguiremos adelante, te lo prometo. No puede llover todo el tiempo".
& & &
Avanzaba por los pasillos levemente iluminados por las antorchas en forma de serpiente, su túnica ondeaba de forma dramática y tenía los puños muy apretados, tanto así que ya las uñas le estaban dejando marcas en su nívea piel, sus ojos color esmeralda, ahora estaban casi completamente azabaches.
Apretó el paso para llegar más rápido a su destino. Un par de minutos después llegó frente a una estatua de una boa, con los ojos completamente rojos. Iba a decir la contraseña pero Nott se puso delante de él, visiblemente nervioso ante el aura de rabia y poder que emanaba del pelinegro.
"Lo siento mi Lord" dijo con desprecio, "pero en estos momentos el Lord se encuentra muy ocupado. Tendrá que venir más tarde".
"Crucio" dijo el pelinegro con un sencillo movimiento de varita. Al instante, el mortífago cayó al suelo retorciéndose de dolor, apretando fuertemente los dientes para no gritar, no quería darle el gusto al joven Lord. Después de varios segundos, el mortífago no aguantó y empezó a gritar, sintiendo como miles de cuchillos ardientes se le clavaban en todo el cuerpo.
Tres minutos después, el pelinegro levantó la varita y la maldición desapareció. Nott se atrevió a levantar la mirada y se encontró con los ahora ojos negros del joven; el aura de rabia y poder estaba mucho más visible que momentos antes.
"Te lo recomiendo Nott, nunca te vuelvas a atrever a llevarme la contraria, supongo que no querrás tener el mismo destino que los Longbottom. ¡Ahora apártate!" había tanto veneno en la voz del joven, que Nott dio un respingo, visiblemente asustado.
"S-sí mi Lord" respondió temblorosamente el mortífago mientras se apartaba de la estatua, no sin antes haber hecho un gesto de dolor, el Crucio del joven era igual o peor que el de su otro Lord.
Sin dedicarle una mirada a la figura temblorosa que estaba en el suelo hecho un ovillo, le dio la contraseña a la estatua "Imperium Aeternus", los ojos rojos de la serpiente brillaron con un halo demoníaco y luego se hizo a un lado, mostrando una elegante puerta de mármol, con varias figuras de serpientes incrustadas.
Con un movimiento de su mano, la puerta se abrió y el joven entró a una cálida y elegante habitación; al lado derecho había una gran chimenea, debajo de esta una mullida alfombra persa, sobre la cual descansaba Nagini. La enorme serpiente estaba distraída observando las danzantes llamas de la chimenea, y de cuando en cuando levantaba su mirada al estandarte que estaba guindado encima de la chimenea y que estaba iluminado por dos candelabros de oro, era otro estandarte de Salazar Slytherin.
En la pared adyacente había una gran biblioteca, con cientos de antiguos ejemplares, acerca de las Artes Oscuras, Rituales Romanos, Griegos y Egipcios, Criaturas Oscuras, y múltiples biografías de Salazar y de Grindewald. Al lado había un gran ventanal, con vista a los terrenos de la fortaleza y a un gran lago. Finalmente, en el fondo de la sala, había un gran escritorio de madera maciza, con incrustaciones de oro, Tom Riddle estaba sentado en una gran silla que casi podía pasar por un trono, y delante de él, estaba Draco Malfoy. Ambos estaban tan absortos en los planos y pergaminos que estaban en el escritorio que no se habían percatado de la presencia del joven.
Harry respiró hondo varias veces y sintió como Nagini se enroscaba en su pierna derecha y le lamía la mano, para intentar tranquilizarlo. El joven dejó escapar una pequeña sonrisa dirigida a la gigantesca serpiente. "¡Malfoy vete!"
Tom y Draco giraron la cabeza y vieron a Harry, quien de nuevo tenía los puños apretados, su aura danzando amenazante delante de él. Draco tragó fuertemente al ver los ojos negros de su amigo y Lord, eso no presagiaba nada bueno. Levantándose rápidamente, hizo una inclinación ante Voldemort y luego hizo lo mismo ante Harry, para luego salir rápidamente del lugar, las cosas se iban a poner feas de un momento a otro.
Una vez que se cerró la puerta un silencio tenso llenó la habitación. Tom seguía sentado cómodamente, Nagini seguía enroscada a Harry, intentando aplacarlo sin mucho éxito. El joven cerró los ojos fuertemente y una gran brisa entró en la habitación, a pesar que el ventanal estaba cerrado. Varios libros cayeron del estante, al igual que varios adornos que estaban en el escritorio, una de las sillas cayó estrepitosamente.
"¡Maldita seas Riddle! ¿A qué crees que juegas?" gritó el joven con un tono sumamente venenoso, que a cualquiera hubiera puesto los pelos de punta. El Lord, sin embargo, respiró profundo y se puso de pie.
"Dominus, te agradecería que controlaras tu temperamento, estos libros son muy antiguos, algunos datan de la época de Ares, y han estado en mi familia por miles de años.
"¡Me importa un carajo que tengan miles de años Tom!" iba a seguir hablando pero una mirada amenazante de su compañero lo detuvo.
"Dominus, te exijo que te calmes, hace un par de días fue que te pudiste levantar de la cama, y no estás en condiciones para ir armando revuelo por donde pases. Segundo…" esta vez fue Harry quien lo cortó.
"¡Ahh, claro no! Tengo que estar en reposo absoluto y quedarme tranquilito. ¡Pero si me tengo que ir en unas semanas a América! ¡¿Maldición Tom por qué!" dijo casi a gritos.
"¿Por qué? ¿Es que acaso no es obvio?" dijo Tom, lo más calmadamente que pudo.
"Lo siento Tom, pero mi obnubilada mente no me permite ver por qué es tan obvio que me tenga que marchar a América" dijo un poco más calmado.
Con un movimiento de varita, Tom volvió a arreglar todo el despacho, dejándolo tan reluciente como estaba antes que el chico entrara hecho una furia. Luego colocó una mano sobre el hombro del chico y lo instó a sentarse, éste accedió a regañadientes. Instantes después Tom se sentó también. Se miraron por un minuto, en completo silencio. Harry sentía como se iba calmando, Tom tenía ese poder sobre él, lo ayudaba a calmarse.
"Harry" el chico se sorprendió al ver que su compañero lo llamaba por su verdadero nombre, lo único que hizo fue levantar una ceja para instarlo a continuar. "Aunque hace unas semanas tuvimos un éxito arrollador, y los traidores y mequetrefes del Lado de la Luz tienen muy pocas probabilidades de ponernos resistencia, debido a que ahora estamos juntos…" Tom hizo una pausa y le dedicó una astuta sonrisa al joven, que la devolvió sinceramente. "…no nos podemos dormir en los laureles. El imbécil de Dumbledore no descansará hasta recuperarte, el viejo aún debe estar pensando que en algún momento entrarás a su oficina, implorando perdón por lo que hiciste, y él, en su inmensa sabiduría te acogerá con los brazos abiertos" terminó de decir, haciendo un gesto de asco al pensar en Dumbledore.
"¿Entonces?" dijo rápidamente el joven, deseoso de llegar al meollo del asunto. "¿Piensas que te voy a traicionar y voy a regresar con Dumbledore?" dijo en un tono molesto, herido ante la posibilidad que su Lord aún no confiara en él. Sin embargo, su rostro permaneció impasible.
Tom guardó silencio, sopesando sus posibilidades. Esa era una de las razones principales, pero no quería admitir que temía que el chico le traicionara, no quería aceptar que se sentía vulnerable con respecto al joven que tenía enfrente, y que en esos momentos lo perforaba con su mirada esmeralda. Sin embargo, uno de los pactos que habían hecho cuando se habían unido fue que serían sinceros, y él sabía que Harry había dado en el clavo, no tenía razón para ocultárselo.
"S-sí" respondió escuetamente, sin mirarlo a los ojos. ¡Odiaba sentirse tan vulnerable!
"Tom, ya te dejé muy en claro de qué lado están mis lealtades. Somos un equipo, y no te pienso traicionar. ¡Nunca lo haría!" respondió Harry tranquilamente, aunque sentía como su corazón latía fuertemente.
Tom lo miró a los ojos, y decidió decir todo lo que pasaba por su mente, y que lo tenía sumamente preocupado desde el momento en que el chico se había desplomado, tres semanas atrás. "¿Entonces podrías explicarme por qué le diste el medallón que pertenecía a Salazar y a Rowena a la sangre… a Granger? ¿Podrías explicarme por qué mencionas en sueños su nombre?" le preguntó el hombre, perdiendo la calma.
Harry sintió que un nudo se le formaba en la garganta. Inconscientemente, agarró su medallón y lo apretó fuertemente, en varias ocasiones había intentado quitarse el medallón, pero era imposible, era como si formara parte de su piel. Respiró hondo y empezó a hablar lentamente. "Hermione forma parte de mi pasado. Y es la única persona a la que no quiero que le suceda algo malo, y lo sabes muy bien Tom, por eso le di el medallón".
"¡Pues por culpa de ese medallón y la conexión que hay entre ustedes casi pierdes la vida Dominus!" dijo casi en gritos.
"¡Pues eso no es mi culpa! ¡No tengo la culpa de que uno de los mortífagos haya desobedecido nuestras órdenes y le haya enviado la maldición asesina!" dijo elevando su tono de voz, empezándose a molestar de nuevo.
"Ya te aseguré que ese mortífago la pagó caro, yo mismo me encargue de limpiar nuestras filas de mortífagos desobedientes e inútiles". Hizo una pausa para calmarse. "Harry, ya hemos hablado antes de esto, no debes tener debilidades, te alejará de nuestro camino. Esa Granger es una debilidad que hay que aplastar".
"¡No! Si no quieres tener problemas, nada le pasará a Granger, ¿te quedó claro?" respondió el chico con veneno en la voz.
Tom tensó los puños. "¡Crucio!" Inmediatamente Harry cayó al suelo preso del dolor, pero no dejó escapar ningún sonido. Segundos después, el hombre mayor levantó la maldición, y el muchacho se volvió a sentar, retándole con la mirada. "No te equivoques Dominus, serás mi compañero e igual, pero no aceptaré que me amenaces, ¿te quedó claro o necesitas que te torture un poco más para que lo entiendas?" dijo tranquilamente, sus ojos rojos brillando malignamente. Harry inclinó levemente la cabeza en señal de acuerdo, sin quitarle la mirada de encima. Sin embargo, no dijo nada.
"Esta bien Harry, a Granger no le pasará nada". Harry dejó soltar un suspiro que no se había dado cuenta que había estado reteniendo. "Ahora, volvamos a lo del viaje a América" dijo el hombre mayor, mientras Harry tensaba nuevamente los puños ante el prospecto de dejar Inglaterra.
"Como te iba diciendo, no nos podemos dormir en los laureles, y lo mejor es alejarte por un tiempo de la comunidad mágica inglesa…" le hizo una seña a Harry para que no lo interrumpiera. "Aún estás débil, y aunque no lo quieras admitir, te conozco Potter. Aún no has logrado suprimir completamente tu vena Gryffindor, y quiero alejarte lo más posible de Dumbledore y su estúpida Orden, por lo menos por un tiempo. Además, Malfoy ha hecho una gran investigación con respecto a América, y es un gran lugar para conseguir nuevos aliados, y así podríamos internacionalizar nuestro dominio".
Ante eso Harry se sintió interesado, y se sentó correctamente en la silla, hizo una seña con la mano para que Tom continuara. "Sabes que mi sueño siempre ha sido dominar la comunidad mágica a nivel mundial, y limpiarla de los indeseables sangresucias. Hasta hace unos años en Norteamérica hubo un grupo, llamados Eques Progenies Castus, que luchaban por la supremacía de los sangre pura, pero hace veinte años aproximadamente, un nuevo Ministro llegó al poder en Estados Unidos, con las mismas ideas descabelladas que Dumbledore, y persiguió a los EPC. Desde ese entonces no han podido realizar casi su trabajo, y la comunidad mágica norteamericana se ha visto infectada de sangresucias. Sin embargo, muchos siguen apoyando las creencias de los EPC, y aquí es donde entras tú Dominus. Tu deber será volver a traer a su antiguo esplendor a los EPC, reclutar nuevos, y doblegarlos a tu poder. Crearás tu propio ejército, y así conquistarás el Nuevo Continente, mientras yo me encargaré de doblegar los países europeos".
Harry se quedó en silencio reflexionando acerca de lo que había escuchado. Sentía como la furia que había sentido minutos antes terminaba de abandonarlo por completo. Aunque no lo iba admitir, entendía por qué el Lord temía que lo traicionara, aunque eso nunca lo haría, ni por Hermione ni por nadie. Cuando Draco le había dicho esa mañana que se iban a América, no lo había tomado nada bien, pero ahora entendía las razones de Tom, y sabía que le estaba diciendo la verdad. Ahora que lo pensaba en frío, no le parecía tan mala idea, tener su propio ejército, aparte de los mortífagos, lo más probable es que no fuera fácil, por lo que había escuchado los norteamericanos tenían un sentido de superioridad muy grande, pero ya él se encargaría de convencerlos para que estuvieran bajo su mando.
Mientras el chico cavilaba, Tom no le quitaba la mirada de encima, intentando descifrar lo que pasaba por la mente de su compañero. Instantes después, el chico sonrió malévolamente y le tendió la mano a Tom, quién la tomó fuertemente. "Trato hecho Tom. Me iré a América, no descansaré hasta lograr el completo dominio de esas tierras".
Los ojos rojos de Tom brillaron y le devolvió la sonrisa. "En cuanto estés completamente recuperado viajarás allá, acompañado de Malfoy hijo, Black, Lestrange, y probablemente por una temporada Ginevra"
Harry no pudo evitar reír ante lo último. "¿Por qué por una temporada Tom? ¿Por qué no todo el tiempo que me tome ese viaje? ¿O es que vas la vas a extrañar mucho?" dijo con tono juguetón.
Tom lo miró furiosamente, pero se abstuvo de enviarle alguna maldición, el joven aún estaba débil, y ya se había arrepentido de haberlo torturado minutos antes. "No juegues con fuego Dominus" le dijo intentando sonar amenazante.
"Está bien Tom. Y ahora tengo una duda con respecto a nuestro nuevo aliado" dijo Harry recuperando su expresión imperturbable.
"Es una valiosa ganancia a nuestras filas, aunque aún no termino de entender cómo Remus Lupin, uno de los miembros más destacados de la Orden, se unió a nuestro bando".
Harry suspiró. "Después que Sirius 'murió', Lupin juró protegerme y no dejarme solo. Simplemente está cumpliendo su juramento, se dio cuenta que Dumbledore no es tan bueno como todos piensan, y no me va a dejar solo. Y además, al comprobar que Sirius estaba vivo cuando el viejo nos había asegurado que era imposible, lo molestó mucho.
Tom sonrió. "Es bueno saberlo. ¿Y cuál era tu duda Dominus?".
"¿Qué vas a hacer con él?".
"En el norte de Estados Unidos, hay una gran cadena montañosa, llamada Los Apalaches. Allí viven las tribus más salvajes de hombre lobos del mundo, se irá para allá a convencerlos para se unan a nuestra Orden". Harry asintió en señal de acuerdo, si querían lograr la supremacía total, tendrían que tener todas las criaturas oscuras de su lado, y si las de los Apalaches eran las más peligrosas, mucho mejor, crearían más pánico en el mundo mágico.
"Estoy de acuerdo" dijo el chico finalmente.
"Me alegro Dominus. Y ahora, es mejor que regreses a tu habitación, debes descansar" el chico asintió mientras salía lentamente del despacho.
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Apoyada en Jane y Steve Granger, la joven entró lentamente a su habitación. La pareja la condujo lenta y gentilmente a la cama que había en el centro de la habitación. El tocador y la mesita de noche estaban llenos de flores, peluches y pequeñas cartas que deseaban una pronta recuperación. Instantes después, Hermione se encontró cómodamente acostada en su cama, la cual tenía casi un año que no tocaba. Su madre le quitó unos mechones de la frente y la besó delicadamente, seguidamente su padre acarició su cabeza.
Se quedaron varios minutos en silencio, los señores Granger esperando pacientemente si su hija decía algo, pero Hermione simplemente permanecía con los ojos cerrados y los labios fuertemente apretados, sin ninguna muestra de querer decir algo. Sus padres se vieron preocupados, luego Jane dejó escapar un profundo suspiro y habló.
"Será mejor que descanses bonita. Aún te falta mucho para que recuperes totalmente sus fuerzas. Cualquier cosa que necesites nos avisas, estaremos pendientes" dijo suavemente, aunque no pudo evitar que en su tono de voz se notase la profunda preocupación y tristeza que sentía en esos momentos al ver a su hija, antaño enérgica, fuerte, llena de vida, y ahora parecía que lo único que anhelaba era que la tierra se abriera y se la tragase.
"Mia… si necesitas hablar de lo sucedido…" empezó a decir Steve, pero su esposa apretó su hombro, indicándole que ese no era el momento. El hombre dejó escapar un suspiro derrotado y salió de la habitación, seguido de su esposa.
Una vez que Hermione estuvo segura que estaba sola en su habitación, agarró una de las almohadas y se cubrió fuertemente el rostro, ahogando un lastimero sollozo. Intentó no llorar, pero era simplemente imposible, no podía evitar que múltiples lágrimas se derramaran por su pálido rostro. Sentía como su corazón se desgarraba más y más, sentía que más nunca podría seguir adelante.
Sin poderlo evitar, un torrente de recuerdos empezaron a invadir su mente, su primera vez con Harry, todas sus desapariciones misteriosas, y finalmente, esa noche, cuando mostró a todos su verdadera cara.
Empezó a darle furiosos puñetazos a la almohada, presa del dolor, desesperación e impotencia. Ya nada sería igual, su vida se había derrumbado completamente en el momento en que se enteró de la verdad que rodeaba a Harry. ¿¡Por Merlín porque había tenido que sobrevivir a la maldición asesina? Todo por ese estúpido medallón que le había regalado Harry, ahora no tenía ninguna duda que eso era lo que la había salvado, aunque no tenía muy en claro por qué. Harry le había dicho que ese medallón la protegería, ¿pero a qué costo? ¿Habría sentido Harry lo que le habría pasado? ¿Cómo estaría en esos momentos?
No pudo evitar dar un pequeño grito de rabia, al darse cuenta que aún le importaba, ¿cómo era posible que le importara en qué estado podría estar él, después de todo lo que había hecho? Siguió llorando por varios minutos, tratando de negarse ante la evidente realidad, lo seguía amando como el primer día, no lo podía evitar. No quería que nada malo le sucediese, era una estúpida por seguir estando enamorada de él, cuando a él evidentemente no le había importado su amor. Ok, le había dado ese medallón para protegerla, pero no había dudado ni un momento al momento de traicionarla y abandonarla, dejar que se hundiera en un abismo en el que estaba segura que jamás saldría, se sentía completamente perdida sin él.
Ya nada tenía sentido, nada importaba. Nada importaba si más nunca iba a besarlo, abrazarlo, hacerle el amor.
Desde que había desperado del coma no había tenido una noche tranquila, siendo asaltada por terribles pesadillas acerca de esa noche. Se abrazó a sí misma fuertemente mientras se imaginaba que Harry la abrazaba y le decía cosas reconfortantes, que todo estaría bien, que estarían juntos por siempre, que ella en poco tiempo estaría completamente bien y que podría empezar su entrenamiento para Auror, juntos, como siempre habían querido. Sumida en esas agradables ideas, logró dormirse, con la cara llena de lágrimas.
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Ron se levantó de la cama molesto, sintiéndose enormemente impotente ante todo lo que sucedía a su alrededor. Hacía un mes que su dizque mejor amigo y hermano, les había traicionado y se había ido junto al asesino de sus padres, su hermanita había desaparecido, y no había ningún rastro de ella.
Tras dar varias vueltas alrededor de su habitación, se dejó caer en su cama, derrotado, se colocó sus manos en su cabeza mientras hacía el mayor esfuerzo posible en no llorar. Ginny, su hermanita pequeña. ¿Por qué ella? Era una muchacha inocente, que nunca había hecho nada malo, y ahora lo más probable es que estuviera mue… ¡No! ¡Eso no podía ser! Los Aurores la encontrarían en cualquier lado. Sin haberse dado cuenta, un par de lágrimas se derramaron por sus pecosas mejillas.
Se sentía el peor bicho del mundo, su deber en Hogwarts era protegerla, evitar que nada malo le sucediese, y había permitido que desapareciera bajo sus narices. Aunque su familia le había asegurado que no era su culpa, él no podía evitar sentir que en el fondo, sus padres y hermanos le echaban la culpa, ya que si hubiera estado más pendiente de ella, nada de eso hubiera pasado. Nada más pensar en la posibilidad que su pequeña hermana estuviera bajo el poder de los Mortífagos o del mismo Voldemort le ponía los nervios de punta, ya había tenido que pasar por eso cuando apenas tenía 11 años, y le había costado mucho superar esa traumática experiencia, no era justo que le volviese a suceder lo mismo. ¡MALDICIÓN NO ERA JUSTO!
Se secó con rabia las lágrimas, debía ser fuerte, por su familia y por Hermione. ¿Pero cómo? ¿Cómo podía ser fuerte si su mejor amigo les había dado la espalda a todos, condenándolos a un reino de terror? ¿Cómo podía ser fuerte si sentía que por su culpa su hermana estaba perdida en quién sabía dónde? Y Hermione… su Hermione… era la que peor había salido de la traición de Harry.
Se levantó hecho una furia y arrancó todos los afiches que tenía de los Chudley Cannons, después agarró las fotos que tenía del famoso trío Dorado de Gryffindor, miró con odio a Harry antes de hacer añicos todas las fotos que tenía. ¡Maldito, maldito, maldito! Los había engañado a todos, especialmente a Hermione, que se había enamorado como una tonta de él. Y no solo eso, desde hacía tres semanas Lupin también había desaparecido misteriosamente. ¡Todo estaba hecho un caos!
Su familia y la Orden estaban desmoronadas, habían perdido las esperanzas, ya ni siquiera los gemelos tenían ganas de crear nuevas bromas para su negocio, Bill y Fleur habían pospuesto la boda indefinidamente, su madre no paraba de limpiar y ordenar tanto la Madriguera como el Cuartel de la Orden, para tener su mente ocupada en algo que no fuera en Ginny o en Harry… todo se había ido a pique en esa noche… esa noche que Hogwarts había caído bajo el poder de la Orden Oscura.
Minutos después, un poco más resignado ante todo lo que había pasado, decidió ir a visitar a Hermione. Hacía tres días que su amiga había salido de San Mungo, y ya le había escrito varias cartas y no le había respondido. Estaba preocupado por ella, temía por ella.
Respirando hondo, se pasó una mano por su cabello rojo y salió de la habitación. Instantes después lanzó un puñado de polvo a la chimenea y su cabeza pelirroja apareció en la sala de estar de los Granger.
"¿Señora Jane? ¿Señor Steve? ¿Hermione?" dijo nervioso, pero no obtuvo ninguna respuesta. Tras llamarlos unas cuatro veces más, cada vez con un tono de voz más alto, decidió terminar de aparecer completamente en la casa, aunque no hubiera sido invitado previamente. Cada vez se sentía más nervioso.
Al salir de la chimenea tuvo que poner una mano en el suelo para no caer estrepitosamente, se levantó rápidamente y se sacudió las cenizas que tenía en su ropa. Observó su alrededor, había un silencio que le ponía los pelos de punta, sintió como el corazón se le subía a la garganta. Sudoroso, salió de la sala y empezó a subir por las escaleras, donde estaban guindadas varias fotos de Hermione. En todas salía sonriente, feliz. Ron dejó escapar un profundo suspiro, deseando con todo su corazón que su amiga se recuperara pronto y volviera a recuperar su característica sonrisa.
Momentos después, llegó a la puerta de la habitación de su amiga, la cual estaba cerrada, tocó suavemente un par de veces, pero no obtuvo respuesta, el absoluto silencio que había en la casa lo ponía cada vez más nervioso. Decidido, agarró su varita y abrió la puerta. Se sorprendió ante lo que vio, varios de los libros de Hogwarts estaban tirados en el suelo, con páginas sueltas y muchas otras hechas añicos, las fotos del trío estaban despedazadas también, la cama estaba deshecha y todos los peluches y adornos yacían en el suelo, algunos rotos. Sintió como el corazón se le encogía al ver el estado en que se encontraba ese lugar, los libros siempre habían sido un tesoro invaluable para su amiga, y ahora ni siquiera eso le importaba.
"¿He-Hermione?" dijo en voz baja, debido al nudo que sentía en la garganta. Igual que había sucedido desde que había metido su cabeza en la chimenea, no encontró respuesta. Se pasó la mano izquierda por su cabello, desordenándolo. Decidió entrar al baño, temeroso de lo que pudiera encontrar ahí.
Nada en su vida pudo prepararlo para lo que tenía en frente de él. Hermione yacía en la bañera, con un charco de sangre a su alrededor, y profundos cortes en sus muñecas, tenía los ojos cerrados y respiraba fuertemente. Al comienzo sintió que su corazón se detenía del dolor y la impresión, y no se podía mover. Instantes después, reaccionó y se acercó rápidamente, se arrodilló al lado de la bañera y la abrazó fuertemente.
"Mia no… no me hagas esto por favor" le dijo mientras la tenía fuertemente abrazada y acariciaba su cabello castaño. La chica no hizo ningún gesto de haberse percatado de su presencia, Ron la atrajo más hacia él, mientras conjuraba un par de vendas, que rápidamente se enrollaron alrededor de sus muñecas. Al ver que la chica seguía sin reaccionar, la empezó a sacudir fuertemente, para hacerla reaccionar.
"¡HERMIONE NO!. Te prohíbo que me dejes, no lo puedes hacer, te necesito. No me hagas eso por favor, no, no, no. ¡RESISTE!" dijo mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de impotencia.
Lentamente, la chica abrió los ojos y lo miró, mientras un par de lágrimas recorrían sus pálidas mejillas. "Déjame ir Ron, por favor" dijo apenas en un susurro, débil por la pérdida de sangre.
"¡NO!" le respondió gritando, presa del pánico al ver que su amiga en ese estado. La sacudió con más fuerza. "¿Eres tonta o qué? ¿Cómo te atreves a hacer semejante estupidez?"
La chica dejó escapar un ahogado sollozo, y tembló ligeramente en los brazos de su amigo. "Déjame ir Ron, ya nada importa".
"¡No digas eso! TODO importa. Mia, mírame por favor" la chica movió suavemente la cabeza y vio a su amigo, que tenía la cara roja y llena de lágrimas. "No me dejes por favor, no podría soportar que tu también me abandonaras. Chiquita por favor, resiste, lucha" dijo rápidamente mientras acariciaba suavemente la mejilla de la joven.
"No puedo Ron, ya no me queda nada porque luchar" respondió la chica mientras se aferraba débilmente al cuerpo de su amigo y se dejaba llorar libremente.
Ron se levantó y levantó cuidadosamente a Hermione, quien seguía temblando copiosamente en sus brazos. Tenía que llevarla con urgencia a la enfermería de Hogwarts, las vendas que había colocado en sus muñecas ya se habían empapado de sangre.
Mientras bajaba por las escaleras, Hermione volvió a hablar. "¿A dónde me llevas?".
"A Hogwarts, la señora Pomfrey podrá curarte esas heridas" dijo lacónicamente.
"Pero… no quiero que me las curen" dijo apenas en un susurro.
"¡Ya basta Hermione! ¡Si piensas que te voy a dejar morir estás muy equivocada! Eres demasiado importante para mí, te necesito. Y te queda mucho porque luchar ¿me entiendes? Tienes que luchar para recuperarte completamente de esa maldición, y voy a esperarte para que empecemos juntos la Academia de Aurores, te necesito, y no pienso dejar que te dejes vencer así de fácil, tú nunca has sido así. Y ahora no es el momento de empezar a serlo, por favor chiquita" a medida que el pelirrojo hablaba la voz le flaqueaba, temeroso de ser demasiado duro con su amiga. ¿Pero cómo hacía? ¿Dejarla morir? En esos momentos la vida de todos estaba echa un caos, pero no era motivo para dejarse vencer por las adversidades.
Hermione ahogó un sollozo y pasó uno de sus brazos por el cuello del joven. "Perdóname Ron, no me dejes nunca por favor. Te necesito".
Ron besó la frente de la joven. "Te perdono chiquita. Y nunca te dejaré sola, te lo prometo". Dijo antes de echar un puñado de polvo a la chimenea. "¡Oficina de Albus Dumbledore, Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería".
CONTINUARA…
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