Disclaimer: La mayoría de los personajes que aparecen en este fic son propiedad de JKR. Hago esto por diversión, sin ningún ánimo de lucro. Sus reviews son mi paga. Los títulos de los capítulos corresponden a títulos de canciones de la banda de rock inglesa, Queen.
Nota de EugeBlack: ¿Hola? ¿Hay alguien por ahí que todavía lee esto? ¿Sí? Uff que bueno. ¡¡¡Perdón! De verdad que les pido mil disculpas por la ENORME tardanza de ocho meses y medio. Sí les soy sincera, pasé por un grandísimo bloqueo con este fic en especial, quería borrarlo, empezarlo de nuevo, arreglarlo, dejarlo así… en fin un millón de ideas de qué carrizo hacer con esta historia. Pero bueno, gracias Aykasha-peke y a Norixblack que a lo largo de los meses me han apoyado y dado jalones de orejas virtuales para que no abandonase esta historia.
Quizá el capítulo parecerá confuso, pero bueno, fue lo mejorcito que me salió después de tanto tiempo, ya casi ni me acordaba de muchas de las cosas que había escrito :S
Espero poder traer el siguiente capítulo "relativamente pronto" en cuanto mi inspiración, estudios y trabajo me lo permitan.
Muchísimas gracias a norixblack, Aykasha-peke, nethy, Spywitch, harry dumbledore, sanarita31, AndyYogima, Sauron13, SaraMeliss, SabelaMalfoy, Kaito Seishiro, HeiDi-Lu, jim, M-cha, lala-potter, Anne
Espero que les agrade el capítulo. ¡Gracias por leer! ¡Besos!
Dedicado especialmente a Aykasha-peke y norixblack. ¡Las adoro guapas! Aunque el capítulo sea una… … … … va para ustedes, por presionarme y apoyarme.
Advertencia: este capítulo contiene violencia y tortura.
Dominus Mors
Capítulo 5: All dead all dead
2 semanas después
Bill Weasley se acomodó su abrigo y se abrazó fuertemente a sí mismo, miró a sus alrededores, la noche era cerrada y soplaba un viento bastante frío, a pesar de estar en pleno verano. Miró su reloj, las 12 de la noche en punto. Suspiró profundo y empezó a caminar en la oscuridad. Instantes después sacó del bolsillo de su túnica un pergamino doblado y manchado, no necesitaba leerlo para saber qué decía, desde que lo había recibido un par de horas antes, se había aprendido cada palabra que estaba escrita.
Ginny le había escrito, su hermanita menor, la que llevaba casi dos meses desaparecida se había comunicado con él, pidiéndole que se reunieran en la campiña que estaba a las afueras de Hogsmeade. Suspiró profundamente, ¿en dónde habría estado su hermana todo ese tiempo?. En la carta parecía bastante desesperada.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal del pelirrojo, se abrazó más así mismo tratando de infundirse calor y confianza. Haría todo lo que fuera para ayudar a Ginny.
Pasaron unos minutos y sentía que el corazón se le saldría por la boca en cualquier momento. Instantes después, escuchó el ruido de unos pasos que se acercaban inexorablemente a él. Enfocó la mirada pero no la podía ubicar, decidió conjurar un Lumos. Los pasos se detuvieron a un par de metros de él y Bill pudo ver a medias la figura totalmente negra que estaba delante de él. Sin embargo, no pudo sentir la paz y emoción de saber que su hermanita estaba en frente de él, después de tanto tiempo. Tragó fuertemente al mismo momento en que sacaba su varita y la empuñaba fuertemente. Algo estaba mal, muy mal.
La figura de negro y Bill se observaron durante varios instantes, sin realizar ningún tipo de movimiento. El pelirrojo sentía el fuerte palpitar de su corazón, y una delgada capa de sudor empezaba a correr por su frente, a pesar del frío de la noche de comienzos de septiembre. Un par de sonido de apariciones a su espalda hizo que la sangre del joven se congelara, era una emboscada. Se dio la vuelta rápidamente y observó a otras dos figuras vestidas completamente de negro. El atuendo y la oscuridad de la noche hacían imposible que distinguiera los rostros de las tres personas que lo rodeaban.
Sin pensarlo dos veces, lanzó un Expelliarmus a la persona que había aparecido primero, pero ésta conjuró un escudo rápidamente y el hechizo rebotó. Bill hizo uso de sus reflejos y se movió a un lado antes de que el hechizo le diera en el pecho.
Se preparó para lanzar otro hechizo, pero un certero Silencio de uno de los enmascarados evitó que alguna palabra saliera de su boca. Bill hizo una mueca de rabia y pensó en las posibilidades que tenía de escapar vivo de ese lugar. Las tres figuras se le quedaron viendo, impasibles.
El primer encapuchado que apareció realizó un elegante movimiento de varita, haciendo que unas gruesas cuerdas se enrollaran en las piernas y brazos del pelirrojo, dejándolo inmóvil. Éste se intentó zafar de las cuerdas, moviéndose con tanta fuerza que sus muñecas empezaron a sangrar. Su captor rió despectivamente y se acercó más a él.
"¡Suficiente Weasley! Deja de luchar. La Dama quiere que llegues a su lado sano y salvo… ¡Desmaius!" dijo con su típico tono de voz, arrastrando las palabras.
El cuerpo del pelirrojo cayó pesadamente al suelo, dándose un golpe en la frente, haciendo que ésta empezara a sangrar.
Las tres verificaron que no hubiera absolutamente nadie a los alrededores, para luego rodear al cuerpo y quitarse las capuchas, mostrando los rostros de Draco Malfoy, Anthony Dolohov y Walden McNair.
"Aún no me explico para qué la Dama quiere a este excremento de traidor…" empezó a decir Dolohov.
"¿No se supone que toda su familia era traidora de la sangre y amante del vejete?" preguntó a su vez McNair.
Draco empezó a arrastrar sus palabras de nuevo, mostrando su superioridad ante los otros dos. "McNair, todavía me sorprendes que juzgues las decisiones de los Amos…"
McNair resopló molesto. "Esa niñita insufrible nunca será mi Ama"
En un par de zancadas, Draco agarró al hombre por el cuello de la túnica y lo enfrentó con sus tormentosos ojos grises. "Pues esa niñita es la futura consorte del Lord, y Él mismo nos ha dejado muy claro que la Dama tiene más poder que cualquiera de nosotros, y lo que ella quiera, se cumple. A menos que quieras sufrir la ira del Lord o de Dominus."
McNair guardó silencio por varios instantes, para luego asentir con la cabeza de forma molesta, Draco lo soltó rápidamente, como si estuviera huyendo de algún tipo de peste.
Avery soltó una pequeña risa, atrayendo la atención de los otros mortífagos. Draco alzó su ceja, en un signo característico de todos los Malfoy. "Me preguntaba… qué pensará Bellatrix de todas las concesiones que tiene la Dama."
McNair soltó una pequeña risa y Draco un resoplido, algo parecido a una risa también. El rubio recuperó rápidamente su compostura y habló con un tinte de ironía. "Mi querida tía ha estado un poco… irascible por decirlo de alguna manera. Pero ahora ha puesto sus encantos en otro igual de poderoso, así que pronto se le pasará la depresión por la pérdida."
Los otros dos hombres contuvieron la risa esta vez ante una seria mirada del rubio. Sin necesidad de palabras, entendieron que era momento de enseriarse de nuevo y regresar a la Fortaleza, con el encargo especial de la Dama. El rubio sacó una pequeña serpiente de cristal al mismo tiempo que se agachaba para tocar el desmadejado pelirrojo. Los otros dos hombres hicieron lo mismo y tocaron la pequeña serpiente. Instantes después desaparecieron en un torbellino de colores.
& & &
Hermione observó el movimiento de las ramas de los árboles en una plaza muggle en el centro de Londres, encantada por la fresca brisa que golpeaba suavemente su rostro, algo sonrojado y lleno de vida. Instantes después su compañero se unió a ella y se quedaron varios minutos observando los árboles y las brillantes estrellas en el cielo. La castaña rompió el silencio.
"Son hermosas y tan brillantes. Siempre he soñado en alcanzar las estrellas."
"Y lo harás. Todo lo que te has propuesto lo has logrado. Ningún sueño es demasiado pequeño para ti Herms."
Hermione dejó de contemplar las estrellas para ver a su amigo, le dedicó una suave sonrisa, la cual provocó que el estómago del pelirrojo diera un pequeño salto.
"Eres fuerte Herms, siempre lo has sido. Aunque la marea esté en tu contra, nunca dejes de luchar, tienes mucho que vivir, tienes personas que te aman y sufrirían mucho si no estuvieras más a su lado." Le dijo el pelirrojo mirándola directamente a los ojos.
Hermione se perdió en la mirada azul de su amigo, tan tierna, tan cariñosa y llena de esperanza. Esperanza, como el verde esperanza de Harry, aquellos ojos que la habían observado con total amor y pasión. Lo extrañaba tanto. Sacudió la cabeza fuertemente para sacarse esos pensamientos. Harry había tomado una decisión que marcó su futuro, y ella no formaba parte de su futuro, tenía que aceptarlo y seguir adelante. Ser fuerte. Jamás volvería a cometer la estupidez que hizo semanas atrás, dejarse morir para no sentir más el dolor de la traición. Tenía que ser fuerte, seguir adelante e intentar encontrar la felicidad.
Lentamente, la castaña se acercó al pelirrojo y recostó su cabeza en el pecho del otro, suspirando su aroma de frutas. "Gracias Ron, eres una persona maravillosa. No sé que haría sin ti en estos momentos de mi vida."
Ron rodeó las mejillas de la joven con sus manos y le dio un beso en la nariz. "Siempre estaré para ti Herms, pase lo que pase. Cuando quieras hablar, reír, llorar, o simplemente estar en silencio, estaré para ti. Nunca lo dudes."
Los ojos de la joven se aguaron ante las palabras del pelirrojo. Una pequeña risa brotó de sus labios.
"¿Qué?" preguntó Ron confundido.
"Nada. Es que me sorprende todo lo que has madurado Ron. Meses atrás nunca hubieses dicho ese tipo de cosas, no iba con tu forma de ser."
"Lo sé. Se que siempre fui un cabeza hueca, actuando primero y pensando después. Pero la vida te da muchos golpes, y te obliga a madurar. La traición de Harry, el que era mi mejor amigo y hermano, el chico que quería que fuera mi padrino de bodas, el padrino de mi primer hijo, con el que quería jugar Quidditch todos los fines de semana, como descanso del agotador entrenamiento de Auror, con el que quería patear el trasero de todos esos malnacidos llamados Mortífagos. Por el que hubiese dado la vida sin pensarlo dos veces para que llegara sano y salvo a su enfrentamiento con Lord V-Voldemort. Pero eso nunca pasará, ya no volveremos a hablar de forma amistosa, cuando nos encontremos en el campo de batalla será en bandos contrarios, y a veces dudo si podré ser capaz de lanzarle alguna maldición…" Ron guardó silencio unos instantes, Hermione se refugió más en su pecho. "Ginny, mi hermanita querida, la cual juré proteger contra viento y marea, lleva ya más de dos meses desaparecida, falté a mi palabra de cuidarla, y ahora no sé si esté viva. Eso ha destruido poco a poco a mi madre, que ya ni es la sombra de lo que era antes, todos en mi casa están muy consternados, ni siquiera los gemelos tienen ese brillo de travesura en los ojos que los caracterizaba… ya nada es igual y dudo que lo vuelva a hacer… Y tú Herms, mi pilar, mi mayor fuerza, la chica más importante en mi vida, no tienes idea del terror que sentí cuando te vi en ese estado, desangrándote hasta m-morir. No lo vuelvas a hacer por favor, no aguantaría otra pérdida más."
Para cuando Ron terminó de hablar, gruesos lagrimones corrían por las mejillas de Hermione, la cual se apretó más al chico, para infundirle calor. "Lo siento tanto Ron. Juntos lo superaremos, más nunca te volveré a dejar."
"Lo sé Herms. Solo que… a veces quiero volver a ser el mismo cabeza hueca de antes, todo era más fácil, más inocente. Estos meses me han cambiado tanto y a veces me asusto de lo distinto que soy."
Hermione sonrió y le dio un beso en la mejilla. "Es el ciclo de la vida, todos tenemos que madurar en algún momento. Lo triste es la forma en que nos ha tocado a nosotros, ninguna persona tan joven debería pasar por eso, deberíamos poder conservar por más tiempo nuestra inocencia e ignorancia de la vida. Pero la guerra cambia a la gente, la pérdida de seres queridos… Lo que queda es adaptarnos y seguir adelante, por más que nos cueste o rompa el alma. Por eso he tomado una decisión…"
"¿Cuál decisión?"
"Voy a estudiar otra cosa. Quiero tener un rol más activo en esta guerra, quiero ayudar a que la Oscuridad caiga definitivamente, y acabar con esos patanes que corrompieron a Harry y lo alejaron de nuestro lado… Voy a convertirme en Auror y luchar por la Causa."
Ron se quedó impactado por varios instantes ante la resolución de la joven. "Pero Herms… ¡es demasiado peligroso! Además, todavía no te has recuperado."
"Sí Ron, sé que es peligroso, pero ya lo decidí, voy a luchar para ser la mejor Auror y acabar con la mayor cantidad posible de lamesuelos de Voldemort." La chica se dio cuenta que el pelirrojo la iba a interrumpir, pero le puso su dedo índice en los labios para callarlo. "Sí, todavía no estoy recuperada, y necesitaré más tiempo para volver a tener la misma fuerza que antes. Pero ya he hablado con el Jefe de los Aurores, y ha aceptado que empiece el entrenamiento en febrero, para ese entonces ya estaré completamente bien."
Ron suspiró derrotado, sabía que cuando Hermione decidía algo no había forma de convencerla de lo contrario. En el fondo, se sentía feliz de la fuerza de voluntad que estaba mostrando su chica, él no había sido el único que había madurado y cambiado para mejor en ese tiempo. "Está bien. Si ser Auror es lo que deseas… te apoyo. Aunque no me siento convencido todavía. Eso sí, ni esperes que te vas a librar de mi en la Academia, no te voy a dejar sola ni a sol ni a sombra."
Hermione sonrió divertida. "No me esperaba menos de ti."
Ron se quedó hipnotizado observando la sonrisa de la joven. ¡Merlín la amaba tanto! Y ahora la tenía ahí, a unos centímetros de distancia, se moría por besarla, por demostrarle que su amor no era fraternal. Pero no quería asustarla, sabía muy bien que ella aún amaba a Harry, y quizá tardaría mucho en superar ese amor, pero él la esperaría. Le mostraría que era lo más importante y hermoso en su vida, la enamoraría, no descansaría hasta escuchar un Te Amo proveniente de los labios de la chica. Finalmente logró controlar sus impulsos y le dio un casto beso en la frente.
"Te quiero mucho Herms."
"Yo también te quiero mucho."
Algún día me dirás que me amas Herms. Lucharé y te conquistaré.
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La brisa era bastante fresca, el ruido producido por el viento y las hojas de los árboles producían un efecto tranquilizador, pronto empezaría el otoño. Se abrazó a sí mismo, infundiéndose algo de calor.
Paseó por varios minutos por los jardines de la Fortaleza, observando las distintas plantas que lo rodeaban, y que daban un aspecto algo siniestro. Sin embargo, a él no le importaba, lo contrario, se sentía en paz, en su hogar.
Llegó a su árbol predilecto y se sentó, recostándose del tronco, levantó la mirada y observó la luna nueva y las estrellas. Había extrañado mucho esa posición, esos momentos donde simplemente se sentaba a contemplar la noche, solo o en compañía de las personas más cercanas.
"¿En qué piensa milord?" preguntó una voz sensual.
El pelinegro salió de sus pensamientos al escuchar la voz. Alzó la vista y se deleitó ante la imagen de Bellatrix Lestrange. Definitivamente era como el vino, con los años se ponía mejor. Estaba vestida con un elegante vestido negro de tiritas, con una raja que le llegaba hasta el muslo, su larga cabellera negra ondeaba con el viento, y sus ojos violetas tenían un brillo travieso.
"En todo y en nada" fue la escueta respuesta de Dominus mientras se levantaba. Se acercó a la mujer y le dio un suave beso en los labios. Después le ofreció su brazo y empezaron a caminar por los jardines.
Caminaron durante varios minutos en un silencio cómodo. En ocasiones todavía le costaba creer que se sintiera tan cómodo ante la presencia de la mortífaga, la culpable de la desaparición de Sirius, la antigua amante de Tom, una mujer sin escrúpulos, que caminaba entre la delgada línea de la cordura e insanidad. A pesar de todo, tenían química, eran dos almas ávidas de poder, de venganza… y llenas de lujuria. Dominus se sentía cómodo ante su compañía, una mujer completamente distinta a la otra. Finalmente rompió el silencio.
"¿Cómo van las preparaciones para el viaje? Falta poco para que marchemos…" dijo el pelinegro mientras observaba las estrellas. Hermosas y brillantes.
"Todo va viento en popa, milord. Lucius tiene una semana allá, preparando la mansión en Nashville, una de las ciudades con más sangrepuras. Ha ido estableciendo relaciones, por los reportes que ha enviado los EPC están muy interesados en conocerlo, en escuchar sus ideas. Serían unos grandes aliados milord, ese grupo ha luchado por años por la perpetuación de la pureza de la sangre, y no toleran a los sangresucias… ¡Son simplemente perfectos!" para el final de su discurso Bellatrix hablaba de manera fanática, con un brillo enloquecido en los ojos.
"También tengo entendido que son muy orgullosos, no sé qué tan interesados estarán en escuchar a un extranjero…" dijo Harry de manera ausente.
"Son orgullosos, tienen todo derecho de serlo. Pero sí lo escucharán, y con la debida persuasión, ofrecerán sus servicios milord. Por más que sea, Norteamérica fue colonia inglesa, y esos norteamericanos siempre han querido dominar el mundo, solo que nunca han tenido a un líder lo suficientemente poderoso y carismático para lograrlo. Y ahí entra usted, ellos no se resistirán a su poder, a su palabra."
"Espero que sea así…" contestó el joven de forma ausente.
Bellatrix frunció el ceño. Detuvieron su andar y ella lo observó intensamente. "No lo veo muy convencido milord, pareciera que no quiere realizar ese viaje…"
Harry sacudió su cabeza para aclarársela. "Cosas mías, no me prestes atención."
Bellatrix sonrió y se le acercó más, de manera seductora. "¿Podría hacer algo para despejar esa cabeza milord?"
Harry no resistió más la cercanía de la morena, se fundieron en un desesperado beso, esa mujer le inspiraba demasiada lujuria, y lo más importante, le hacía olvidar, aunque fuera solo por unos instantes.
"He estado pensando en algo que debemos hacer antes de partir al otro lado del mundo" dijo Dominus una vez que recuperó el aliento.
"¿Qué cosa?" preguntó la mujer de manera ausente, lo único que quería hacer era meterse en los pantalones de su lord.
"¿Recuerdas la conversación que tuvimos antes de la Batalla Final?" Bellatrix asintió. El moreno continuó. "Dije que era hora que la familia Black recuperase su lugar, no pueden aceptar que Dumbledore y su escoria sigan ensuciando tan noble mansión. La Casa Black es demasiado importante y honorable para que sea manchada por esos."
Un brillo travieso iluminó los ojos violetas de Bellatrix. La idea de recuperar su antigua casa era fascinante, y si de paso, podía causar daño a la Orden del Fénix, tanto mejor.
"Me encanta su tren de pensamientos, milord" le susurró la mujer al oído.
Harry apretó a la mujer contra su cuerpo. "Tenlo preparado para mañana en la noche. Será nuestra última sorpresa para Dumbledore, no sabrá de nosotros durante una temporada indefinida."
Bellatrix asintió y besó apasionadamente a Harry. Harry le devolvió el beso con la misma pasión, metió su mano por debajo del vestido, alcanzando la delgada fábrica de ropa que cubría la feminidad de la mujer mayor. Bellatrix gimió fuertemente al sentir esa talentosa mano tocando su sexo.
Harry dejó de besarla un momento para susurrarle al oído, con una voz ronca por el deseo. "Vamos adentro, sería una lástima que ese vestido se te estropeara."
Bellatrix asintió y dejó que su lord la llevara a sus habitaciones privadas, en donde estaba segura que pasaría una noche llena de placer.
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Con un leve gemido, abrió los ojos y observó su alrededor. Estaba en una especie de celda oscura y sucia. Intentó moverse, pero unos grilletes lo sostenían fuertemente. Volvió a gemir ante el dolor que sentía en cada fibra de su cuerpo. Cerró los ojos fuertemente, intentando recordar lo que había sucedido, y porqué se encontraba en ese lugar. Una vorágine de recuerdos inundó su mente, una nota de su hermanita desaparecida, apareciendo en la campiña en las afueras de Hogsmeade, esperando que Ginny apareciera, poderla sostener en sus brazos… Luego unos encapuchados aparecieron… ¡Era una emboscada! ¿En dónde estaba Ginny? ¿Qué sucedía?
Un ruido metálico lo sacó de sus tormentosos pensamientos, abrió los ojos y vio como la puerta se abría. Una estilizada figura entró a la celda, vestida con una elegante túnica. Intentó ver el rostro, pero las sombras que había en el lugar se lo impedían. Lentamente, la figura se acercó a donde se encontraba, y finalmente pudo reconocerla. Esa larga cabellera roja la reconocía en cualquier lado.
"¡Ginny!" gritó Bill Weasley sorprendido y nervioso a la vez.
La joven guardó silencio, observando de forma calculadora al hombre que estaba apoyado en la pared. Después de unos momentos de un silencio tenso habló, con una voz que puso los vellos de punta en la nuca de Bill.
"Hola hermanito, tiempo sin verte."
"Ginny… ¿Qué sucedió? ¿En dónde estamos?"
"En mi hogar" fue la escueta respuesta de la joven.
Bill la miró confundido, dolido. "Tu hogar es La Madriguera, Ginny. En donde todos hemos estado preocupados por tu ausencia. ¿En dónde coño estamos?"
Ginny se acercó más a Bill, hasta quedar a menos de un metro de distancia. Su mirada era fría. "La Madriguera nunca ha sido mi hogar. Finalmente he encontrado mi hogar, después de esperar tanto tiempo."
Bill cada vez se sentía más incómodo. El esperado encuentro con su hermana estaba yendo de una forma que nunca se había imaginado… y esa mirada… había un rastro de locura, de maldad. Tragó duro. "¿Y… podrías decirme cuál es tu hogar?"
"La Fortaleza Oscura."
"¡¿Cómo! ¡No puedes estar hablando en serio Ginny!"
"Ohh William, hablo muy en serio. Mi lugar siempre ha sido aquí, al lado de Tom Riddle, al lado de las Artes Oscuras, siempre creí que eran fascinantes… y ahora lo he comprobado, son fascinantes y adictivas. Y la cereza en la punta de la torta es la presencia de Dominus Mors. Jamás querría estar en otro lado."
"¡Te has vuelto loca! ¡Tú no eres así!" gritó desesperado mientras luchaba por soltarse de los grilletes.
"¡Qué equivocado estás hermanito! Cómo se nota que nadie en esa familia de traidores de la sangre me conoce. Yo siempre he sido así, una Slytherin de corazón, ávida por seguir los ideales de Salazar. ¿Pero cómo era posible mostrar mi verdadera personalidad en una familia de pobretones, amantes de muggles y marionetas de Dumbledore? Tuve que esperar a que mi tiempo llegara, y finalmente mi cosecha ha sembrado frutos."
"No, no, ¡no! Esto tiene que ser una pesadilla, mi hermana no puede ser una maldita asesina…" murmuró Bill, estaba demasiado herido con las palabras de la joven.
"Lo de maldita sobra hermanito, y no es ninguna pesadilla. Estás en la Fortaleza Oscura, llegaste ayer en la noche." Ginny guardó silencio durante unos instantes, pensando bien en lo que iba a decir a continuación. "Entiéndelo Bill, Tom y Dominus se han juntado, el Lado de la Luz no tiene ninguna esperanza, el juego no ha empezado y ya han perdido. Sin embargo, te ofrezco una oportunidad de salvación."
"¿Qué?" preguntó el pelirrojo con voz débil.
"En esa familia de perdedores, eres el único que vale la pena salvar. Siempre has sido mi hermano predilecto, y te estoy ofreciendo un chance de salvación… únete a nosotros y vivirás."
"¿Cómo puedes pedirme eso?"
"Fácil. No quiero que mueras. Serás aceptado aquí Bill, eres muy inteligente y un magnífico duelista, aquí tus talentos serán aprovechados al máximo, como nunca lo serán aprovechados en el bando de Dumbledore. Tom está dispuesto a aceptarte en su círculo, con la condición de que espíes a la Orden."
"¿Por qué V-Voldemort quiere eso? ¿Por qué me aceptaría si soy un traidor a la sangre?"
"Es un regalo para mí."
"¿A cuenta de qué?"
"A cuenta de que soy su futura consorte, él me consiente mucho." Dijo la chica con un brillo especial en los ojos.
Bill quedó petrificado ante esas palabras, apenas lo podía creer. Cada palabra que salía de los labios de la chica era un puñal directo a su corazón. No soportaba el monstruo en que se había convertido su hermana. "¡No! ¡Aparte de asesina eres la zorra de ese criminal!"
"Crucio." dijo Ginny de manera inexorable.
Bill se retorció de dolor, sintiendo como miles de cuchillos afilados se clavaban en cada centímetro de su piel. Después de varios segundos, gritó. Finalmente, después de un largo minuto, Ginny levantó la maldición. Se acercó más a su hermano y le dio un fuerte bofetón.
"¡No toleraré que digas esas cosas William!" Ginny guardó silencio durante un par de minutos. Cuando volvió a hablar, lo hizo en un tono que casi era dulce. "¿Te unirás a nuestro bando, hermanito? ¿Aceptas esta oportunidad de salvación?"
"¡NUNCA! ¡Jamás voy a unirme al Lado Oscuro! Yo tengo moral, principios… algo que por lo visto nunca has poseído. Sería incapaz de traicionar a mi familia, amigos, a todos los que me han querido y apoyado."
"Yo también tengo principios, ideales, solo que son distintos a los tuyos. Es una lástima que no te hayas querido unir por las buenas, hubiera sido más sencillo." Al terminar de hablar, Ginny sacó un frasquito de su túnica. Bill la observó, verdaderamente asustado de lo que pasaría a continuación.
"¿Q-qué vas a hacer?"
"Te lo dije antes, eres mi hermano predilecto, y no voy a desperdiciar tus talentos. Quieras o no me vas a servir." Y con esas palabras, forzó al hombre a tomar el contenido del frasco.
Bill sintió como el líquido quemaba su garganta, era una sensación muy dolorosa. Después de unos momentos, el dolor cesó. "¿Qué fue eso?" preguntó con voz rasposa.
"Una poción bastante antigua… y muy oscura. Evita que el que la consuma pueda revelar algún tipo de información. No podrás comentarle a nadie lo que hemos hablado Bill… y si en algún momento llegas a contarle a alguien, a romper los efectos de la poción, tendrás una muerte muy desagradable, quemado desde adentro. Fascinante lo que puede lograr las Artes Oscuras, ¿no?" contestó Ginny con una sonrisa malévola y triunfadora.
Bill sintió que se hundía en un pozo, su rabia y dolor eran inmensos. "¡Pues de todas formas no te serviré! ¡No haré nada que ponga en peligro a la Orden!"
"Claro que sí hermanito… no luches por lo que ya está perdido. ¡Imperio!"
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Con delicadeza se quitó los anteojos de media luna y los colocó en su escritorio. A continuación se restregó sus ojos y se colocó las manos en las mejillas. Suspiró pesadamente, y no pudo evitar derramar una solitaria lágrima, la cual rodó por su arrugado y pálido rostro.
Después de volver a suspirar pesadamente, sacó un caramelo de limón y se lo metió a la boca, mientras pensaba en los últimos sucesos. Había sido un idiota en bajar la guardia. Habían pasado seis semanas desde la noche en que Harry los había traicionado, uniéndose a Voldemort, y después de eso había reinado una paz bastante extraña.
Debido a la conmoción de la traición de la persona más conocida y admirada del mundo mágico, unido a la extraña situación de la señorita Granger y la desaparición de uno de sus más fieles ayudantes, Remus Lupin, había bajado la guardia.
Resopló cansinamente. Los errores de un viejo. Después de esa noche debía haber cambiado el cuartel de la Orden del Fénix inmediatamente. Pero se confió. Los errores de un viejo. Tres semanas atrás había tenido una reunión con Dobby. Había mandado al elfo a que investigase algo en la Mansión de sus antiguos dueños, los Malfoy.
Dobby le trajo una noticia que lo sorprendió sobremanera. El pequeño elfo había escuchado una conversación entre la pareja Malfoy. Lucius le comentaba a su esposa Narcissa el delicado estado de salud de Harry, quien al regresar a la Fortaleza Riddle después de dejar en claro en qué bando estaba, había colapsado y había estado mucho tiempo en coma. Ya había despertado, pero necesitaría un buen tiempo para estar completamente bien.
Gracias a esa información obtenida Dumbledore bajó la guardia, y se permitió más calma en la búsqueda de un nuevo Cuartel. De la Orden Tenebrosa, el único que podría entrar al número 12 de Grimmauld Place era Harry, y por lo visto estaba en un estado muy delicado. Los errores de un viejo.
Se volvió a restregar los ojos y tampoco pudo evitar que otra traicionera lágrima se deslizara por su mejilla. Hacía un par de horas había regresado de Grimmauld Place, donde había encontrado unas terribles imágenes. A pesar de que había pocos miembros de la Orden en el Cuartel, había sido una masacre. Emmeline Vance. Mundungus Fletcher. Dedalus Diggle. Hestia Jones. Elphias Doge. Todos muertos, todos muertos. Brutalmente asesinados.
Sus asesinos no solo los torturaron en múltiples ocasiones con la maldición Cruciatus, sino que se encargaron de aniquilarlos con maldiciones mucho más oscuras que el Avada Kedavra. Hasta usaron métodos muggles.
Dumbledore cerró los ojos fuertemente, tratando de apartar las imágenes de los cuerpos mutilados de su mente. El único que había sobrevivido fue Charlie Weasley, y estaba en condiciones críticas. Sabía que no había sobrevivido por suerte, sabía perfectamente que lo habían dejado con vida para dejar claro el mensaje.
La Noble y Antigua Casa de los Black volvía a su antiguo esplendor, y no permitía que asquerosos sangre sucia y amantes de muggles deshonraran la noble Mansión.
Cuando Fawkes le dio la alarma de que algo sucedía en el Cuartel, se trasladó lo más rápido que pudo, pero al salir por la chimenea, tuvo que apoyarse de la misma para no caer al suelo, ante la visión que tenía en frente de él. Salió de su estupor al escuchar un débil gemido. Tan rápido como sus entumecidas se lo permitieron, se dirigió a la persona que gemía, y sintió como su corazón se detenía por un momento al ver al segundo de los Weasley, bañado en sangre y apretando fuertemente su estómago, para aplacar el dolor que sentía.
Entre jadeos, tos, y escupir sangre, el joven pelirrojo le explicó lo que había sucedido. Todos estaban sentados en la cocina discutiendo nuevos planes para contraatacar, cuando de repente sintieron como las defensas de la casa caían súbitamente. Salieron de la cocina rápidamente y al llegar a la sala, se encontraron frente a frente con los miembros de la familia Black: Narcissa Black Malfoy, Bellatrix Black Lestrange, Draco Malfoy Black y… Sirius Black.
Todos lucían sus túnicas de mortífagos y en una mano sostenían la varita y en la otra las máscaras blancas. Antes de que alguno de la Orden pudiera reaccionar, Bellatrix realizó un hechizo en latín, que impedía que cualquier hechizo de Magia Blanca pudiera realizarse en el lugar.
En ese instante todos supieron que estaban perdidos. Si no podían realizar Magia Blanca, estaban perdidos, ninguno de los que estaban ahí había perfeccionado las Maldiciones Imperdonables, y sabían que los mortífagos que estaban allí sabían muchas formas de matar o torturar, aparte de un simple Crucio o Avada Kedavra.
Sin embargo, los pocos miembros de la Orden que estaban presentes ocultaron su miedo lo mejor que pudieron, y durante varios minutos ofrecieron resistencia, así fuera por defenderse por métodos muggles, volcando sillas, lanzando puños y patadas. Mientras el pelirrojo discutía encarnizadamente con Sirius, este decidió inmovilizarlo, para que observara mejor el espectáculo, luego le dijo que ya se ocuparían de él.
Bellatrix y Narcissa se entretuvieron veinte largos minutos torturando a Emmeline Vance, hasta que la mujer perdió el conocimiento, era obvio que después de tanto tiempo recibiendo un doble Cruciatus, perdería la razón, si es que lograba sobrevivir.
Draco le lanzó la maldición Imperio a Mundungus Fletcher, quien no opuso ninguna resistencia a la maldición que le había enviado el rubio adolescente. Mundungus hizo aparecer un filoso cuchillo y se dedicó a despedazar el inconsciente cuerpo de Emmeline, siguiendo obedientemente las órdenes del chico, que reía sin parar. Después, que terminó de descuartizar el cuerpo de la bruja, él mismo se cortó el cuello.
Hestia Jones logró darle un gran bofetón a Bellatrix. Furiosa, la mortífaga la lanzó fuertemente contra una pared, haciendo que algunas vértebras de la mujer se rompieran. Lentamente y con una gran sonrisa en el rostro, se acercó a ella y murmuró otro hechizo en latín, la mujer empezó a sangrar por distintos lugares, los oídos, nariz, boca, ojos. En pocos minutos exhaló su último suspiro, rodeada de un enorme charco de sangre.
Dedalus Diggle, a pesar de su avanzada edad, logró lanzarle un Cruciatus a Draco, quien lo único que hizo fue lanzar una carcajada que heló la sangre de los tres miembros de la Orden que aún permanecían con vida. El anciano no se amedrentó ante la terrible risa, y trató de lanzarle alguna otra maldición, pero no lo pudo continuar peleando cuando sintió que su cuerpo empezaba a quemarse. Cayó al suelo y levantó la mirada, encontrándose con Narcissa, quien lo apuntaba con su varita y con la otra mano acariciaba la mejilla de su hijo. Las últimas palabras que escucho Dedalus antes de morir calcinado, fue la advertencia de la mujer, quien le decía que nadie se metía con su bebé y salía bien parado.
Elphias Dodge fue el último en morir, sintiendo como cada uno de sus huesos se rompía y agujas hirviendo se clavaban en cada parte de su piel. Fue víctima de casi diez minutos de un Cruciatus cuádruple.
Por último, un último invitado apareció por la chimenea. Saliendo elegantemente, un rejuvenecido Remus Lupin hizo su aparición, con los ojos dorados más brillantes que nunca. Sacó del bolsillo de su elegante túnica un frasco con un contenido transparente. Con una sonrisa lobuna se acercó al paralizado cuerpo del pelirrojo, que no pudo evitar estremecerse de terror ante lo que presentía que pasaría a continuación.
El hombrelobo se acercó el frasco a sus labios y se tomó el contenido de un solo golpe. Instantes después, un majestuoso y peligroso lobo estaba en el lugar en que momentos antes había estado el antaño dulce y buen profesor de Defensa contra las Artes Oscuras.
El pelirrojo dejó escapar un grito de intenso dolor cuando sintió los colmillos del lobo en su estómago.
Todo sucedió bajo la atenta y deleitada mirada de la anciana Señora Black, quien no paraba de echar porras a su hijo y sobrinos, por estar limpiando su noble hogar de esas inmundicias y traidores de la sangre. Luego, con los ojos llorosos, dirigió su mirada a Sirius y le dijo que se sentía muy orgulloso de él, y que ya era hora de que se diera cuenta de sus errores y volviera al bando correcto.
Después de eso, Sirius se acercó al maltrecho joven y le dejó una carta sobre su regazo, diciéndole que no se olvidase de dársela a Dumbledore. Una vez transformado de nuevo, Remus abrió la puerta de la casa e invocó un patronus, un fénix. Ya Fawkes daría la alarma. Después de que Bellatrix invocara la Marca Tenebrosa y Sirius la de Dominus Mors, la Noble familia Black y el licántropo dejaron la casa.
Dumbledore sacudió la cabeza intentando sacarse esos horribles recuerdos. Con la mano temblorosa, sacó del bolsillo de la túnica un pergamino, lo colocó en su escritorio. Volviéndose a colocar los anteojos de media luna, releyó la carta.
Mi estimado Albus Dumbledore:
¿Qué tal?. ¿Te gustó la sorpresita que te dejamos en MI casa?. Hay viejo, definitivamente la vejez está acabando con las pocas neuronas que te quedan. Mira que después de todo lo que ha pasado, no cambiar el Cuartel de su mugre Orden del Fénix… estás mal, muy mal querido viejo miserable.
¿Sabes?. Durante los doce años que pasé en Azkaban traté de enfocar todo mi odio a meter Petigrew por habernos traicionado, pero si te soy sincero, nunca te terminé de perdonar por no haber creído en mí, cuando NUNCA di señales de estar en el Lado Oscuro durante la Primera Guerra. Sin embargo, al escapar logré darles una nueva oportunidad a ti y a tu Orden, les cedí mi casa.
¿Pero sabes qué?. Después de pasar doce años en Azkaban, no me pareció nada agradable permanecer encerrado en mi propia casa. Sin embargo, me aguanté todo por ayudar a Harry y a Remus, los únicos que verdaderamente me importaban.
Después sucedió lo del Velo de Hades, y tanto tú como yo sabíamos que SÍ había forma de salir de ese velo, pero era un ritual bastante complicado y oscuro. Me imagino que te habrás sentido aliviado cuando atravesé el velo, ¿no?. Ya no tendrías que soportarme más, tener que ver como día a día el rencor me iba corroyendo las venas, y ya no solo el rencor dirigido a Colagusano, si no a TI, por mantenerme encerrado y no mover ni un dedo para probar mi inocencia. No te importaba nada de lo que me pasara.
Le hiciste creer a todos que no había forma de sacarme del velo, no te importó el sufrimiento de mi ahijado, lo único que te importaba de Harry es que era tu preciosa arma para destruir a Voldemort y librar al mundo de TUS errores. ¡Viejo cabrón!
Durante casi 18 meses estuve detrás del velo, en mi forma de animago, para no volverme loco con todos los horrores que hay ahí, por algo es el velo de la Muerte ¿no?. Ya había perdido las esperanzas de que me salvarían, pero en las Navidades, fui sacado de ahí, y cuál va siendo mi sorpresa al ver frente a mí a mi querida prima Bellatrix, Severus Snape y al mismísimo Lord Voldemort, dándome la bienvenida al mundo de los vivos.
Después me reencontré con mi ahijado, y no te voy a negar que al comienzo me sorprendí de verlo al lado de Voldemort, después de pasar toda su vida bajo tu asquerosa influencia acerca del bien y del mal. ¿Pero sabes qué?. Es la mejor decisión que pudo haber tomado, darte la espalda y unirse a Voldemort, que con los meses nos hemos llevado mejor, ya lo perdoné por haber matado a James y Lily. En la Orden Tenebrosa he conseguido mucho más de lo que alguna vez tuve en la Orden o en el 'prestigioso' bando de la Luz.
Bueno ya creo que he hablado mucho de mis sentimientos. Hablemos de esta noche. Definitivamente has cometido un gravísimo error. ¿Pensabas que nadie de la Casa Black iba a reclamar SU hogar?. ¿Pensabas que a pesar de todas las protecciones que colocaras en la casa, ningún miembro de la familia iba a entrar fácilmente?. Creo que has pasado por alto los propios hechizos de protección que tenía la casa. Con o sin Fidelius, cualquier miembro de la familia Black puede entrar. Los errores de un viejo.
Comprenderás, ahora que finalmente estoy siguiendo los pasos de mi familia, no iba a permitir que ustedes siguieran ensuciando mi casa. Cuando mis queridas primas y sobrino se enteraron, no te imaginas la rabia e indignación que sintieron al saber el uso que se le estaba dando a la casa.
Espero que durante las siguientes semanas tengas dulces sueños acerca de lo sucedido esta noche. Tenlo por seguro viejo: La Orden Tenebrosa se alza cada vez más fuerte y temible, y ni tú ni nadie podrá hacer algo para detener el ascenso de Lord Voldemort o de Dominus Mors.
Muy pronto sabrás más de nosotros.
¡Que te pudras en el infierno cabrón,
Sirius Black- Jefe de la Noble y Antigua Casa de los Black.
PD1: a partir de la medianoche, si alguno de tu bando intenta entrar al número 12 de Grimmauld Place, morirán calcinados al instante. No te lo debería decir, pero, no es que me importe que tus estúpidos seguidores mueran (que de hecho más temprano que tarde lo harán), solo que no quiero ver a ninguna de esas inmundicias rondando MI casa. No quiero tomarme la molestia en limpiar los restos.
PD2: Remus le manda muchos saludos a Charlie, y le desea que tenga una miserable vida como licántropo. ¡Rayos!. Es una lástima para tu Bando que Snivellus ya no esté a tu lado. Es el único que sabe hacer la poción Matalobos.
Lunático está muy feliz de estar a mi lado de nuevo, y nunca te perdonará por no haberme rescatado. Además, tiene un juramento que cumplir, NUNCA se separará de Harry.
Dumbledore apretó fuertemente el puño cuando terminó de leer. Respiró profundo varias veces, intentando calmarse. Después se levantó para ir a la enfermería a ver el estado del joven Weasley. No permitiría que los errores de un viejo arruinasen el mundo que tanto le había costado construir.
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Fin de Capítulo
EugeBlack
Miembro de la Orden de las Mortífagas
Miembro de la Orden Severusiana
Miembro de la Orden Slytheriana
Miembro de la Orden Draconiana
Miembro de la Orden Draco Dormiens Slash
"Otra" nota de EugeBlack: ¡Ya lo sé! Muchos se deben estar preguntando qué carrizo hace Harry con Bellatrix…
¡Aclaro! La pareja oficial y definitiva de este fic será Harry/ Hermione. Pero por los momentos, ellos están separados, en ondas completamente distintas. Además, Harry es dark, carnal, poderoso, guapo… es normal que tenga otros "rollitos" mientras se produce el encuentro de la parejita…
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