Disclaimer: La mayoría de los personajes que aparecen en este fic son propiedad de JKR. Hago esto por diversión, sin ningún ánimo de lucro. Sus reviews son mi paga. Los títulos de los capítulos corresponden a títulos de canciones de la banda de rock inglesa, Queen.

Nota de EugeBlack: ¡FELIZ AÑO! Espero que este nuevo año esté lleno de muchas cosas buenas.

¿Qué tal, mis queridos lectores? No se pueden quejar de mi tardanza, si apenas el 28 de diciembre publiqué un nuevo capítulo. ;)

Espero que este nuevo capítulo sea de su agrado. A partir de ahora empieza la guerra. Y… y… faltan solo dos chaps para que la parejita se encuentre!!!

Hubo una lectora que me preguntó en dónde había más fics de este tipo. Si van a mi perfil, verán que soy miembro de dos grupos C2. Uno de ellos es de fics Dark y Azkaban Harry, tanto en inglés como en español. Si están interesados, métanse en mi perfil.

Muchísimas gracias a jim, alexandra86, NOELIA, Aykasha-Peke, NelaBlack, shofi-black, SabelaMalfoy, SaraMeliss, NorixBlack, Lady Black

Dedicado especialmente a NorixBlack, por haberse dignado FINALMENTE a actualizar Sobre la Verdadera Historia del Niño que Vivió. Besos wapísima!

Advertencia: este capítulo contiene tortura, muerte y sexo. Léelo a tu propio riesgo.

Dominus Mors

Capítulo 7: The Dragon Attack

"Milord… en nombre de mi abuelo, prometo hacer todo lo posible para cumplir nuestro cometido. Me arrodillo ante usted, jurándole lealtad. Confío en que nos sabrá llevar al triunfo y espero que mis compatriotas también le den todo el apoyo necesario." Dijo Patrice mirando fijamente a los ojos de Dominus, quien la miraba con la misma intensidad.

Harry asintió y la ayudó a levantarse. Le dio un suave beso en la mejilla y le ofreció su brazo. Ambos se giraron para observar a los invitados. "Como habrán visto, he obtenido la bendición de dos de los magos más poderosos de todos los tiempos. Ahora está en ustedes aceptar unirse a mis filas. Como los Mortífagos de Lord Voldemort, ustedes serán los Caballeros de Dominus Mors. Les prometo poder, seguridad y grandeza a todos aquellos que accedan seguirme de forma fiel." El moreno calló para que todos los presentes lo pensaran detenidamente, era el momento de la verdad.

Patricia volvió a hablar. "Milord, me entrego completamente a sus servicios." El moreno asintió y sacó su varita, la rubia le extendió el brazo derecho.

Harry apuntó su varita y murmuró. "¡Dominatus!" Inmediatamente un rayo de color azul cubrió el antebrazo de la rubia. Patrice cerró los ojos y apretó los labios para evitar gemir del dolor. Segundos después el dolor pasó y la bruja abrió los ojos. Bajó su mirada y vio la marca que tenía en su antebrazo: un fénix rojo con las plumas doradas, con las alas desplegadas, siendo apresado por una boa negra con listones verdes y puntos plateados. Debajo del fénix había un fuego verde. Y en la esquina inferior derecha, con letras cursivas doradas, se podía observar Dominus Mors. Le sonrió agradecida a su Lord.

Luego se dio la vuelta y se dirigió a sus compañeros. "Estoy completamente dispuesta a seguir los pasos del Lord Dominus Mors. Lo ayudaré a conseguir su meta, como heredera del legado de mi abuelo. ¿Alguno de ustedes se nos unirá?"

Tras varios instantes de silencio, Henry Kingston, uno de los hombres más ricos del país, se arrodilló. "Milord, me entrego completamente a sus servicios."

Harry sonrió satisfecho e instantes después Henry Kingston portaba la marca que lo señalaba como vasallo de Dominus Mors.

Poco a poco, todos los invitados se fueron arrodillando uno a uno, jurando lealtad, ávidos de poder, llenos de esperanzas para un nuevo día, un futuro mejor para todos los sangrepura del país.

Harry le dio permiso a Draco, Sirius y Bellatrix para que lo ayudaran a marcar a todos los presentes. Durante la siguiente hora, cada uno de los invitados prestó juramento y obtuvo su marca, aquella que los ligaba irremediablemente a su nuevo Lord.

Después de haber terminado la tarea, Draco invitó a todos los Caballeros y Damas del Linaje Puro a que los acompañara al otro lado de la casa, donde tres docenas de muggles esperaban aterrorizados una muerte nada agradable. Un regalo especial del Lord a sus nuevos vasallos.

Harry y Patrice se quedaron solos en el jardín, sumamente complacidos por el éxito de la noche. La mujer se detuvo delante de Harry y lo miró a los ojos. "¿Satisfecho con el éxito?" preguntó con la voz rasposa.

Harry se acercó a la rubia. "Mucho."

"Nosotros somos orgullosos, ambiciosos y ávidos de poder. Muchos de los que están aquí esta noche siguieron ciegamente a mi abuelo, y el resto creció con las leyendas de las andanzas de los EPC. Si vemos que la situación lo amerita, somos capaces de seguir fielmente y de manera inigualable a un mago tan poderoso, talentoso, carismático como lo es usted, milord."

"¿Y apenas tengo esos adjetivos?" preguntó el joven con deseo.

"Pues… espero no pasarme de atrevida," empezó a decir con un tono inocente que no engañó a ninguno de los dos, "sumamente atractivo y sensual. Ha sido un gran placer ser su compañera en esta gran noche."

"Pues la noche todavía no ha acabado, y todavía no quiero separarme de tan grata y atractiva compañía." Con esas palabras, Harry atacó los labios de la mujer con mucho fervor. Ella gimió y abrió los labios para que la lengua de su lord entrara a jugar en su cavidad bucal. Al separarse, él empezó a besar su mandíbula y cuello al mismo tiempo que aferraba su trasero. Ella jugó con su cabello y se acercó más a él.

"¡Oh, Dominus!" dijo con la respiración entrecortada.

Harry dejó de besarla para hablarle a su oído. "¿Interesada en conocer mis habitaciones privadas?" le preguntó con la voz ronca por el deseo.

Patrice le sonrió sensualmente y respondió. "Encantada. Pensé que nunca me lo preguntaría."

La pareja empezó a caminar hacia las puertas que daban a la mansión, ninguno se percató de la mirada furiosa y molesta de Bellatrix.

& & &

Ginevra resopló molesta al ver a su reloj. Su hermano Bill había llegado hacía casi una hora para darle el informe de lo que había pasado en la Orden del Fénix, pero el terco mago se negaba a hablar.

"No sigas luchando, hermanito querido. Ya deberías estar acostumbrado a los efectos de la poción. ¡Si hace más de cinco meses que te la di, Bill! ¡No sigas luchando sus efectos! ¡El único perjudicado será tu cuerpo!"

Bill no le contestó, simplemente la ignoró. Ya llevaban varios meses en ese jueguito, él se negaba a hablar, ella se molestaba. Al final, siempre terminaba hablando, pero esta noche tenía la esperanza de poder más que la maldita poción que corría por sus venas. ¡Maldición no era justo! Cada vez que le confesaba los secretos de la Orden, se sentía como la rata más sucia, más traicionera. Apretó los labios para no soltar un gemido de dolor, ya que cuando se negaba a hablar, la poción actuaba como un veneno. Y si alguna vez le llegaba a contar a alguien de su rol de agente secreto… ni siquiera quería pensar en las consecuencias. No sería nada agradable.

Ginny se acercó a él y le quitó un mechón de la frente, en un gesto de falsa preocupación. "Vamos hermanito. Mientras más rápido me digas, más pronto dejarás de sufrir."

Después de varios minutos, Bill se rindió y empezó a hablar, con la respiración jadeante. "La Orden está confundida, consternada. Han pasado más de cinco meses sin un solo ataque, nadie ha visto ni al Lord Oscuro ni a Dominus. T-tampoco a sus vasallos más cercanos. Nadie sabe qué está pasando. Dumbledore todavía no ha logrado conseguir un nuevo espía, aunque sigue intentando. El nuevo Cuartel de la Orden, localizado en Manchester, no es tan seguro como el que teníamos antes. Ha habido algunas disputas entre algunos miembros de la Orden y Dumbledore. Algunos miembros consideran que sería bueno que todos aprendiéramos las maldiciones Imperdonables, ya que sino, no tendremos ningún chance en las batallas. Dumbledore, por su lado, se niega completamente. Dice que somos los guerreros de la Luz, y que no vamos a sucumbir a la magia oscura. H-hay nuevos miembros, varios recién graduados. Un día se tocó la probabilidad de atacarlos, pero debido a que no sabemos magia oscura, ni sabemos la localización de la Fortaleza Oscura, sería un imposible. No hay nada más Ginny. Te lo juro." Terminó de decir Bill en un susurro, agotado ante el esfuerzo.

Ginny sonrió condescendiente mientras le acercaba un vaso de agua. "Está bien, hermanito. Ya estarás mejor y pronto estarás de vuelta con los tuyos para que me sigas averiguando todo lo que sucede. ¿Ves que no es tan difícil? Si dejaras de luchar en contra de la poción, todo sería más fácil, hermanito…

Bill no le respondió, ya había quedado inconsciente.

& & &

Sirius observó como su prima Bellatrix caminaba de un lado a otro por la amplia sala de estar. Suspiró resignado, la mujer ya llevaba más de media hora mareándolo con tanto caminar. Tomó un sorbo de su tasa de café e intentó concentrarse en la lectura del periódico, pero el incesante andar de su prima lo volvió a desconcentrar.

"¡Coño Bellatrix! ¿Puedes decirme qué te pasa?"

"¡No baja! ¡No lo he visto!" respondió la bruja.

Sirius resopló molesto, preparado para lo que venía. Sin embargo, decidió cabrear un poco más a su prima.

"No tengo ni idea de lo que estás hablando, primita." Dijo mientras tomaba su café. Apenas había dormido después de la fiesta de la noche anterior.

"¡Claro que lo sabes! ¡Ni que fueras ciego! ¡Esa arpía se le ha echado encima como si fuera una perra en celo!"

"¿Cómo lo hiciste tú?" ante el gesto asesino de su prima, dejó la taza y el periódico a un lado para levantar los brazos en son de paz. "Vamos, al Lord no le gustará si me torturas. Recuerda que soy su padrino."

"¿Cómo te atreves a compararme con esa mujer?" preguntó fúrica Bellatrix.

Sirius sonrió maliciosamente. "Cierto, craso error. Tu eres morena, ella una despampanante rubia. Ella es joven, tu estás… madura."

"¡Cállate Sirius! ¡Voy a olvidar que eres familia y te voy a matar!"

Sirius se levantó y se acercó a su prima. "Cálmate Bella, solo estaba bromeando. Además no sé porque armas tanto rollo, ¡no seas tan falsa, prima! Ni que fueras una colegiala enamorada."

"No es amor, Sirius, ¡es ambición! ¡Primero, la estúpida chiquilla Weasley me quitó mi lugar al lado del Lord, y ahora viene esta extranjerita a hacer lo mismo! ¡Yo estuve desde un comienzo al lado del Lord, y desde que Dominus se nos unió, lo he guiado, le he enseñado magia oscura, hasta fui su primera experiencia sexual!"

Sirius le habló seriamente, para hacerla entender. "Todo eso es verdad, pero lo que tienes que entender es que ser la compañera sexual de Dominus no te da poder, eso te lo tienes que ganar por otros medios. Lo que tu y Patrice Harrington quieren es poder y sexo. Dominus les podrá dar el sexo, pero el poder sólo se lo dará a quien considere, y no es ninguna de ustedes."

Bellatrix dio una patada en el suelo como si fuera una niña pequeña. "¿Y a quién se lo va a dar entonces?"

"Si lo llegara a hacer, será a la única mujer que ha amado."

"¡Por favor, Siri! ¡No me digas que Dominus le daría poder a una asquerosa e insípida sangresucia como Hermione Granger!"

Sirius no respondió, simplemente se volvió a sentar, terminó de tomarse el café y volvió a la lectura del periódico. Esta vez si logró ignorar completamente a su prima.

& & &

Una semana después de la exitosa fiesta, Harry se encontraba en su estudio revisando las hojas de vida de sus nuevos vasallos. Uno de los más poderosos e inteligentes era Henry Kingston, quizá ese mago podría tener una mayor participación. Fue sacado de sus cavilaciones cuando escuchó unos toquecitos en la puerta. Con un parco 'Adelante' la puerta se abrió para admitir a Draco. El moreno levantó la vista de los papeles para ver a su mano derecha.

"¿Sucede algo, Draco?"

"Dominus, Lupin ha llegado para conversar contigo. ¿Lo dejo pasar o estás muy ocupado?"

El joven movió una mano para indicar que dejara pasar al licántropo. "Draco, quédate a mi lado."

El rubio asintió y volvió a salir del estudio. Instantes después volvió a entrar, acompañado de Remus Lupin.

Harry se levantó para saludar al hombre, ambos se dieron un fuerte apretón de manos. "Me da gusto verte, Remus. ¿Todo bien?"

"A mí también me da gusto verlo, milord. Hasta los momentos todo va viento en popa." Contestó el hombre mientras se sentaba frente al escritorio. Draco estaba sentado a su lado.

"Cuéntame de las conversaciones."

"Los licántropos de los Apalaches son los más difíciles, sanguinarios y reacios en participar en una guerra, a menos que haya algo muy bueno para ellos. Me ha costado bastante llegar hasta ellos, ya que son muy reticentes, pero poco a poco han ido cediendo. A nuestro favor está la política discriminante que ha empleado el último Ministro. Los licántropos están muy descontentos con el trato que han recibido, por lo que han pensado en la posibilidad de unirse a nosotros. Creo que con un poco de más tiempo, lograré convencerlos completamente."

Harry suspiró. "Eso espero, Remus, eso espero. La colaboración de los licántropos es muy importante. ¿Algo más?"

"Sí, milord." Lupin tomó una pausa, esperaba que su petición fuera aceptada. "He estado pensando que… después de terminar las conversaciones con la tribu que vive en los Apalaches, podría intentar expandir nuestros horizontes." Harry lo miró interesado y lo instó para que continuara. "A lo largo de los años, Dumbledore ha trabajado para obtener las simpatías de distintas tribus europeas, algunas se han aliado a él y otras no. Creo que sería bueno que nosotros hiciéramos lo mismo aquí. No sólo en Estados Unidos y Canadá, sino intentar obtener el respaldo de tribus mexicanas, colombianas, venezolanas, argentinas… Podría sernos de mucha ayuda en un futuro."

Harry guardó silencio durante unos minutos, reflexionando. "¿Y cuánto tiempo tomará eso?"

"Probablemente años, milord. Pero si lo logramos, habrá valido la espera. Mientras más licántropos tengamos de nuestro lado, mejores serán nuestros chances de triunfos."

"Está bien, Remus. Te doy mi consentimiento. Quiero verte aquí cada mes, para que me informes de los avances o de cualquier problema que pueda surgir. Si logras convencer a los licántropos de los Apalaches, quiero que te lleves a varios de ellos contigo en tu viaje por el sur del continente. No quiero que viajes solo. Y mantente vivo. Tienes un papel importante en la Causa."

Remus sonrió aliviado. "Gracias, milord. No lo defraudaré. Nos vemos en un mes."

Con un último apretón de manos a ambos hombres, Lupin salió del estudio.

Draco levantó una ceja en dirección a Harry. "El lobito está resultando útil, ¿o me equivoco?"

"Sí. Lo principal para un licántropo es proteger a su manada, y Sirius y yo somos los únicos que quedamos de su manada. No se separará de nosotros. Además, en estos meses ha dejado que su lado oscuro salga a flote."

& & &

"¡Expelliarmus!" murmuró un mortífago a sus espaldas. Si no hubiera sido por sus reflejos adquiridos en el quidditch, ya hubiera volado varios metros por el aire. Apretó con más fuerza su varita y siguió avanzando. Lanzó varias maldiciones y maleficios en su camino. ¡Mortífagos atacando Hogsmeade! Después de más de cinco meses de inactividad, los malditos lamesuelos volvían a causar problemas.

Se agachó rápidamente para evitar que un trozo de puerta le volara la cabeza. Había un puñetero mortífago que estaba haciendo volar varios establecimientos. ¡Era un sádico! Con cuidado se levantó y siguió atacando a los mortífagos. Miró a su alrededor, casi todos los miembros de la Orden estaban presentes, sus hermanos, su padre, Moody, Hermione, Tonks, McGonagall. También miembros nuevos como Neville Longbottom, Padma Patil, Hannah Abbot, Dean Thomas, entre otros más. Afortunadamente también contaban con la ayuda de dos docenas de Aurores. Sin embargo, la batalla estaba muy difícil. En los meses de ausencia, parecía que los Mortífagos se habían multiplicado, mejorado su puntería y resistencia en batalla.

"¡Crucio!" Por estar pendiente de sus compañeros, no fue capaz de prevenir la maldición. Cayó al suelo y se retorció del dolor, sentía como miles de cuchillos se le clavaban en cada poro del cuerpo.

"¡Desmaius!"

"¡Expelliarmus!"

Inmediatamente, el dolor cesó. Con un poco de dificultad, abrió los ojos y vio las borrosas figuras de sus hermanos gemelos. "G-gracias." Murmuró con la voz ronca.

"De nada, Ronniekings." Dijo Fred mientras lo ayudaba a levantarse.

"Vaya, creo que el tío este cayó duro. Escuché cómo su cráneo se quebraba." Dijo George con tono sorprendido.

"Ugh, se lo merece por ser mortífago." Dijo Ron con una mueca de asco. Todavía sentía un poco de dolor. Se giró y vio el cuerpo del mortífago que lo había atacado, a un lado de la cabeza había una piscina de sangre. Con sus hermanos a sus espaldas, se acercó al cuerpo y le quitó la máscara blanca. Masculló un par de maldiciones. No formaba parte al círculo interno de Voldemort. Le hubiera gustado mucho ver muerto a Snape, Malfoy, Avery o Lestrange.

Los tres pelirrojos se lanzaron al suelo cuando otro de los establecimientos voló en pedazos, cortesía del sádico mortífago que iba recorriendo el lugar y destruyendo alguno que otro local.

"¡Maldito Mortífago!" murmuró Ron.

"Mortífaga, hermanito. Escuchamos su risa." Dijo George. Instantes después, los gemelos se levantaron. "¿Seguro que estás bien, Ron?" el aludido asintió. "Bien, vamos a seguir atacando a los cabrones esos." Y con eso, los gemelos se alejaron.

Ron se levantó y volvió a entrar en la pelea. Logró aturdir a tres mortífagos antes de encontrarse con el cuerpo de Tonks. Temeroso, se agachó y tocó el pulso de la metamorfomaga. Afortunadamente, la chica estaba respirando bien. Con un suspiro de alivio, Ron continuó. Cuando terminara todo, se ocuparían de los heridos.

Los minutos pasaban y sentía que el ataque nunca terminaría. Tenía un corte en la cara y en la pierna izquierda, y ya se estaba empezando a desesperar porque hacía rato que había perdido de vista a Hermione. Un agudo grito femenino lo sacó de su ensimismamiento y giró la cabeza en todas direcciones. A unos diez metros de distancia, Hannah Abbot gritaba y se revolcaba del dolor.

Trotó con la mayor fuerza posible mientras intentaba controlar su rabia. El mortífago que torturaba a la chica se había quitado la máscara. El indiscutible cabello rubio de Lucius Malfoy saltaba a la vista.

"¡Maldito cabrón, déjala!" gritó lleno de rabia mientras lo apuntaba con su varita.

El patriarca de los Malfoy simplemente alzó una ceja mientras continuaba torturando a la muchacha.

"¡Déjala o te mato!" gritó Ron, rojo hasta las orejas.

El rubio hizo una mueca de asco y levantó la maldición, Hannah ya había perdido el conocimiento. "¿Y puedo saber, Weasley, cómo vas a matarme? Ninguno de ustedes son capaces de usar las Maldiciones Imperdonables." Dijo Lucius con tono arrogante.

Ron no dejó que esas palabras lo amedrentaran. "¡Pues hay muchas formas!"

Lucius hizo un gesto con la mano, como si estuviera espantando a una fastidiosa mosca. "Lo que quieras, niñato. Ya la diversión se ha acabado, nosotros hemos logrado nuestro objetivo." Antes de que Ron pudiera hacer algo, Lucius le mandó una maldición oscura. "¡Sectumsempra!"

Un amplio y limpio corte atravesó el estómago de Ron, quien cayó sin fuerzas al suelo. Lucius lo observó malicioso durante unos momentos, luego se dio la vuelta y se alejó; empezando a dar órdenes de retirada a los Mortífagos cercanos. Dio una patada al suelo al descubrir el cuerpo inerte de otro encapuchado. Ese día habían perdido a dos vasallos.

Mientras tanto, Ron luchó para no gemir del dolor. La visión se le estaba poniendo borrosa, levantó un poco las manos y vio que las tenía llenas de sangre. Otro grito lo sacó de su estupor. Levantó la mirada y vio a Hermione. Su chica tenía algunos rasguños, pero estaba sana y salva. Intentó sonreír pero no lo logró.

Hermione se arrodilló a su lado y acarició su cabello. "Shh Ron, aguanta un poco. Casi todos los Mortífagos se han retirado. Los medimagos de San Mungo están por llegar. Aguanta, por favor."

Ron intentó contestarle, pero se sentía demasiado débil y cansado, lo único que quería hacer era dormir.

"¡No Ron, no te puedes dormir! ¡Aguanta por favor!" gritó Hermione desesperada, temerosa de perderlo. El pelirrojo no aguantó más, y se arrojó a los brazos de la inconsciencia.

Afortunadamente, instantes después apareció Albus acompañado de varios grupos de medimagos. Hermione suspiró aliviada, en breves momentos estarían en la enfermería de Hogwarts. Ron estaría bien.

Se sentía muy cansada, el ataque los había tomado por sorpresa. Afortunadamente, al parecer ninguno del Lado de la Luz había muerto. Era una suerte. Acercó su mano al cuello y agarró con fuerza el medallón que alguna vez le había regalado Harry. Ese medallón la había salvado otra vez; estaba cansada más no herida de gravedad.

Observó su alrededor y vio que todos los mortífagos habían desaparecido. Especialmente la mujer esa que había destruido varios locales. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Seguramente era producto de su imaginación. Pero podría jurar que cuando el viento había movido un poco la capa de la mortífaga, había visto el inconfundible cabello rojo de los Weasley. Apretó los ojos con fuerza mientras sacudía su cabeza. Era imposible, quizá debería revisarse los ojos.

& & &

Apareció en uno de los tantos baños portátiles que había en el lugar del concierto. Con un gesto elegante, se arregló su cabello y salió del pequeño y maloliente baño. Al ver la cantidad de muggles que lo rodeaban, arrugó la nariz en un gesto de asco. No sabía qué era más asqueroso, el hedor del baño o los muggles.

Empezó a caminar, mezclándose entre la gente, nadie le prestó atención. Draco observó a esas personas, algunas saltaban y gritaban emocionadas, esperando impacientes a que la banda principal se montara en el escenario. Otros fumaban una especia de pitillos pequeños y blancos, los cuales despedían un olor a quemado. ¡Qué extraños eran esos muggles y sus formas de diversión! Curioso se acercó a un pequeño grupo que estaba sentado en semi círculo, observó que en el centro había unas filas de un polvito blanco, se sorprendió más al ver que una muchacha se agachaba e inhalaba el polvo a través de un billete enrollado. De verdad hacían cosas muy raras.

Continuó avanzando, observando a esas criaturas sucias, gritonas y estúpidas. Ninguno de esos malditos muggles se esperaba lo que les iba a pasar. Una mueca maliciosa apareció en su rostro. Esos muggles pensaban que la noche iba a estar llena de diversión y música. Nada más lejos de la verdad.

Draco se sentó lo más lejos que pudo del resto de la gente, con un gesto de asco en el rostro. Quería esperar el momento perfecto. Los minutos pasaron y el rubio escuchó la música de la banda telonera. Nada mal para ser unos patéticos muggles. El tiempo pasó y las luces del estadio se apagaron. La gente gritó eufórica, esperando impaciente por la banda principal. Momentos después, empezó a sonar los primeros acordes de una guitarra, y en cuestión de segundos hubo un gran despliegue de luces y fuegos artificiales. El público estaba loco de la emoción.

Esperó cinco minutos y se levantó. Llegó hasta uno de los baños portátiles y se encerró. Sacó de su bolsillo varias figuritas del tamaño de una moneda. Agarró una y con un movimiento de su varita la figura volvió a su tamaño original. Explosivos.

Colocó dos explosivos más en dos baños distintos. A los últimos tres, les colocó un hechizo desilusionador para que los muggles no lo vieran. Caminó hasta donde estaba la gente, y con mucho cuidado colocó los explosivos entre la gente. Sonriendo satisfecho, volvió a uno de los baños portátiles, se aplicó un hechizo de invisibilidad y desapareció.

Draco apareció a unos cien metros de distancia del estadio, observó su reloj y sonrió al ver que faltaban dos minutos para que todo el lugar explotara.

De repente, una tremenda vibración en el suelo hizo que se tambaleara un poco. Levantó la vista hacia el estadio y observó el lugar lleno de humo y fuego. Trozos de la pared se habían caído. Las personas que estaban en los alrededores gritaron despavoridas. Algunos gritaban que llamaran al 911. Draco resopló, no tenía idea de qué rayos era un 911. Ni le importaba. La gran mayoría de las personas que estaban en el concierto ya estarían muertas. Si es que no todas. Esos explosivos eran muy potentes.

Siguió observando unos minutos más, a lo lejos se escuchaban las sirenas de la policía, ambulancias y bomberos. Llegaban demasiado tarde, ya no había nada que hacer.

Satisfecho por su trabajo, volvió a sacar su varita y apuntó hacia el cielo, justo en la parte que estaba encima del caído estadio. "¡Morsmordre!, ¡Dominatus!"

Contempló durante unos momentos las Marcas Tenebrosas de sus Lores. Volvió a bajar la mirada y vio el lugar lleno de carros policías, ambulancias y bomberos.

El Ataque del Dragón había tenido éxito.

Con una última mirada a las llamas y el humo, desapareció.

& & &

Dumbledore escuchó las distintas voces de los miembros de la Orden, todos expectantes, esperando a que se les desvelara el motivo de otra reunión. Había varios ausentes, los cuales se estaban recuperando en la enfermería, Tonks, Ron y Fred Weasley, Hannah Abbot, Padma Patil. Al recordar lo que había leído en el periódico californiano, no pudo evitar sentir todos y cada uno de sus años. Después de más de cinco meses, el Lado Oscuro había mantenido un bajo perfil, y ahora había empezado los ataques. Ahora esto. Un par de minutos después carraspeó para obtener la atención de los magos y brujas presentes. Observó cada rostro, sabedor de que las siguientes palabras los impactarían mucho, ya que con este nuevo ataque era definitivo que la guerra volvía a empezar. Y de las manos de quien hasta hace menos de un año había sido un novio, un amigo, hermano, hijo para casi todos los miembros de la Orden.

"Queridos colegas, lamento informarles que es definitivo que el Lado Oscuro se ha reagrupado y está listo. La guerra definitivamente ha empezado."

Moody resopló molesto. "Eso ya lo sabemos, Albus. Hace tres días estuvimos en un ataque en Hogsmeade. Por lo menos pudimos acabar con algunos mortífagos. Aunque dudo mucho que hayan sido de alto rango."

"No me refiero a eso, mi querido Alastor. Me refiero, a un ataque de mayor escala."

Molly se llevó las manos a la boca para evitar un sollozo, ¿cuándo se iba a acabar esa guerra? "¿Qué sucedió, Albus?"

Albus abrió una de las gavetas del escritorio y sacó un ejemplar del periódico LA Times. "Dominus Mors ha empezado a dar muestras de vida en los Estados Unidos. Ayer en la noche, su marca y la de Voldemort aparecieron en Los Ángeles muggle."

"¿Qué fue lo que pasó?" preguntó Minerva.

Albus suspiró cansado. "Una bomba, artefacto explosivo muggle, explotó dentro de un concierto de rock. Más de doce mil personas, la mayoría jóvenes, fallecieron."

Su impactante declaración fue seguida de un absoluto silencio. Albus observó los rostros horrorizados de los miembros de la Orden. Realmente era difícil aceptar que Harry Potter, el antiguo Chico Dorado, pudiera hacer algo tan terrible.

"N-no puede ser, Albus. T-tiene que ser un error." Murmuró Hermione.

"Me temo que no ha sido ningún error, Hermione. Encima del lugar del concierto, brillaban claramente la marca de Voldemort y la de Dominus. Harry Potter ha empezado a causar terror en el mundo muggle. Aunque afortunadamente, los muggles concluyeron que era un ataque terrorista.

"¿Pero cómo? ¿Cuándo se fue para allá?" preguntó George.

"Eso fue un detalle que no vi venir. No me imaginé que Voldemort y Dominus se separarían. Lo debí haber pensado mejor… todos estos meses sin tener noticias de él, ni del joven Malfoy, Sirius y Bellatrix Lestrange…"

"¿Pero por qué Estados Unidos?" preguntó Neville, uno de los nuevos miembros de la Orden.

"La comunidad mágica estadounidense es muy grande y orgullosa. Su población nos supera con creces. A diferencia de muchas otras comunidades mágicas, la norteamericana se ha logrado mantener más o menos pura. Los sangrepuras de allá son muy orgullosos, pocos dejan que su linaje se 'ensucie' y siempre han estado dispuestos a conseguir la pureza de la sangre, por los medios que sean necesarios. Ha sido un fallo de mi juicio el no pensar en la posibilidad de que Lord Voldemort quisiera tener el apoyo de los Eques Progenius Castus…"

"¿Los qué?" preguntó Dean Thomas, otro miembro nuevo.

Hermione empezó a hablar. "Los Eques Progenius Castus. En una ocasión leí sobre ellos. Un grupo sanguinario y obsesionado por la pureza de la sangre. En mi opinión, iguales o peores al Ku Klux Klan."

Todos menos Dumbledore la miraron confundida ante la mención del KKK. Dumbledore volvió a tomar la palabra. "Como siempre, tienes razón mi querida Hermione. Aún no tengo la certeza de que Dominus haya obtenido el apoyo de los EPC, pero es la único que se me ocurre de porqué se ha ido a Estados Unidos."

"¡Pues entonces tenemos que detenerlo, Albus! ¡Ya es suficiente con los Mortífagos para tener a otro grupo igual de sanguinario!" exclamó Arthur.

"Arthur tiene razón. Si Potter ha obtenido el apoyo de esos tipos, debemos hacer algo antes de que sea demasiado tarde. Doce mil personas muertas…" dijo Moody.

Dumbledore suspiró resignado y se restregó los ojos en un gesto de cansancio. "Lamentablemente no podremos ir en ayuda de Estados Unidos en el caso de que los EPC vuelvan a hacer de las suyas como lo hicieron hace unas décadas. Los ataques de Voldemort en Gran Bretaña han empezado de nuevo, y cada día habrá más y más. Ni siquiera con la ayuda de los Aurores e Inefables somos suficientes ante el creciente número de seguidores de Riddle. Si enviamos Aurores o miembros de la Orden a otro continente. Las cosas aquí empeorarán rápidamente. Aunque me duela en lo más profundo de mi corazón, Estados Unidos se las tendrá que arreglar sin nuestra ayuda. Ambos países necesitaremos de toda la ayuda necesaria de naciones vecinas si Voldemort y Dominus continúan con los ataques."

& & &

Apenas salió de la oficina de Dumbledore, Hermione empezó a correr tan rápido como sus piernas permitieran. ¡Doce mil muggles! ¡No era justo, Merlín, no era justo! ¿Cómo Harry había hecho eso? ¿Cómo había cambiado tanto en tan poco tiempo? ¿Dónde había quedado el chico dulce, cariñoso, buen amigo y con complejo de héroe que ella había amado tanto?

A mitad de camino se detuvo para tomar unas profundas respiraciones. No lo podía negar, no lo podía evitar. Lo seguía amando como una tonta. Su cerebro gritaba que era un monstruo, un vulgar asesino. Pero su corazón seguía clamando por él. ¡No era justo! Él obviamente la había olvidado, si es que alguna vez la había querido. Y ella seguía ahí, como una imbécil, deseando todavía que, después de casi un año, todo fuera una terrible pesadilla. Deseaba despertarse y encontrarlo a su lado, besarlo, hacerle el amor, hundirse en esas esmeraldas que él tenía el atrevimiento de llamarlas ojos.

Se secó las lágrimas que corrían por sus mejillas. Ya había llorado suficiente. Empezó a caminar y en pocos minutos llegó a la enfermería. Observó las camas. Tonks, Fred, Hannah, Padma y Ron estaban descansando. El ataque les había caído por sorpresa. Afortunadamente ninguno había muerto. Y ninguna de las heridas era de peligro mortal. Se arregló un poco el cabello y se acercó a la cama de su novio. Acercó una silla y se sentó a observarlo.

Definitivamente admiraba a Ron. En los últimos meses había demostrado una madurez y una entereza que la sorprendía. Atrás había quedado el niño celoso y que explotaba a cada rato. Ahora había un joven mucho más maduro, entendido de las cosas de la vida. No había dejado que la traición de Harry, ni la desaparición de Ginny o el problema de Charlie lo destruyera. Era un pilar para su familia. Y para ella.

Estiró su brazo y acarició suavemente la mejilla rasposa del pelirrojo. Este sonrió en sueños e instantes después se despertó.

"Hey." Saludó con la voz ronca por la falta de uso.

Hermione sonrió levemente y le acercó un vaso de agua. Ron se lo agradeció con una débil sonrisa.

"¿Cómo te sientes?" preguntó la castaña mientras lo ayudaba a sentarse en la cama.

"Mucho mejor ahora que estás aquí." Ron la observó durante unos instantes, se dio cuenta que tenía los ojos rojos y que muy probablemente había estado llorando. "Hey, linda, ¿qué pasó?"

La chica no pudo evitar que un sollozo saliera de sus labios. "H-hubo un terrible ataque." Murmuró.

Ron se puso tenso. "Cuéntame."

"Las marcas de Voldemort y de Dominus aparecieron en la ciudad de Los Ángeles. Encima de un estadio en donde se estaba llevando a cabo un concierto. ¡Oh, Ron! ¡Colocaron explosivos y más de doce mil muggles inocentes murieron incinerados!"

Hermione se abalanzó sobre Ron y él la abrazo con fuerza. "Maldito bastardo." Murmuró el chico.

"¿Por qué Harry hizo eso? ¿Por qué?" preguntó la chica mientras nuevas lágrimas volvían a correr por sus mejillas.

"No lo sé, linda. Todos los días me pregunto porqué Harry cambió. Todavía no he encontrado la respuesta. Lo único que sé, es que el que era nuestro amigo, ha muerto. Ahora lo que hay es un monstruo sangriento."

Hermione no tuvo valor para contradecir las palabras de su novio. Era verdad, la cruda y asquerosa verdad. Permanecieron varios minutos en silencio, simplemente disfrutando del abrazo, del saber que por lo menos se tenían mutuamente.

Ron rompió el silencio. "Intenta olvidarlo, linda. Harry no vale la pena, él ya no existe. Vamos a concentrarnos en lo que nosotros tenemos, ¿sí?"

Hermione se mordió el labio inferior, lo que Ron le pedía era muy difícil, pero podría intentarlo. Su novio se lo merecía. "Está bien…"

Ron sonrió ampliamente y la besó suavemente en los labios. "¡Gracias Herms! Es lo único que te puedo pedir ahora. ¡Te amo tanto, linda!"

Hermione se paralizó. Quería muchísimo a Ron, pero no lo amaba. No le podía responder lo mismo, no era justo para él. Sonrió suavemente y le dio un delicado beso en la mejilla. "Descansa, todavía tienes que terminar de recuperarte." Dijo mientras lo ayudaba a acostarse.

La sonrisa de Ron desapareció. Sabía que tenía que darle tiempo a su chica, para que olvidara a Harry y pudiera amarlo a él. Pero tenía tantas ganas de escuchar esas palabras, de saber que la castaña lo amaba de la misma forma que él la amaba. Suspiró, no descansaría hasta lograrlo. Aunque se le fuera la vida en ello.

& & &

Nashville

Una risa rompió el agradable silencio del estudio de Dominus.

Patrice logró calmarse y empezó a hablar. "Miren esto: las autoridades mágicas están desconcertadas, tardaron bastantes horas en reconocer que la marca de la calavera corresponde al Lord Oscuro de Gran Bretaña. Todavía no tienen ni idea de a quién le pertenece la otra marca. El Ministro Banks se ha negado a dar declaraciones al respecto. ¡Son todos unos ineptos!"

Draco tomó la palabra. "Los estúpidos muggles piensan que fue un ataque terrorista. Parecido a lo que pasó en Oklahoma City hace cinco años. El periodista dice que las medidas de seguridad en los aeropuertos y en los demás lugares públicos se van a multiplicar. También dice que esto puede afectar al actual presidente Clinton. Y que puede ser una gran oportunidad para que la imagen de alguno de los candidatos, Bush o Al Gore, mejore."

Ambos sonrieron y siguieron revisando los distintos periódicos muggles y mágicos. Durante ese rato, Dominus simplemente escuchó los comentarios realizados. Después de un rato, Harry empezó a hablar. "Un ataque bastante… sorpresivo."

Draco se enderezó. "Espero que no le haya molestado, milord. Lo hice como un regalo para usted."

Harry movió una de sus manos como si estuviera espantando a una mosca. "Al contrario Draco. No me ha molestado para nada, solo me ha sorprendido. Y debo felicitarte, no dejaste ningún cabo suelto. Ya era hora para que nos empezáramos a mover."

"Esos muggles empezarán a caer como moscas… me hubiera gustado tanto ver cómo se quemaban…" dijo Patrice con un brillo de emoción.

"Yo tampoco lo pude ver. Pero bueno, qué se le hace. Lo importante, es que ahora tenemos el apoyo de los EPC, y nada ni nadie nos detendrá." Dijo Draco.

Los tres se sumieron en otro silencio. Patrice observó intensamente a Harry, quien le devolvió la mirada. Draco se dio cuenta de la situación, y decidió dejarlos solos. Carraspeó para llamar la atención. "¿Necesita algo más, milord?"

Harry negó con la cabeza, incapaz de dejar de ver a la rubia.

"En ese caso, me retiraré." Draco se levantó y sacó su varita. Con un movimiento casual hizo desaparecer los periódicos. Acto seguido salió del estudio.

Apenas estuvieron solos, Patrice se levantó e inmediatamente se sentó en las piernas del moreno. Con sensualidad practicada, empezó a besar el cuello y la quijada del hombre, provocando que la respiración de éste se acelerada.

"Hmm, no sé usted milord. Pero estas maravillosas noticias que Draco nos ha traído… me han excitado enormemente."

Harry gimió suavemente y atacó fieramente los labios de la mujer, al mismo tiempo que desabrochaba la camisa de la rubia. Ella no se quedó inmóvil y empezó a ser lo mismo. Instantes después y sin romper el beso, él empezó a jugar con los senos de la mujer, al mismo tiempo que ella acariciaba suavemente el pecho del mago.

Harry dejó de besarla para empezar a succionar uno de los senos. Patrice gimió fuertemente. "¡Oh, milord! Lo necesito tanto…"

Dominus no se hizo de rogar y, sin dejar de atender los senos de la mujer, logró desabrocharse el pantalón y quitarse el bóxer. No pudo evitar suspirar aliviado al sentir que su erección estaba libre. Acto seguido, le quitó la pantaleta a la chica, la cual estaba completamente húmeda de la excitación.

Harry la penetró con una fuerte embestida, haciendo que ambos gimieran del placer. Después de dos docenas de rápidas y fuertes embestidas, ambos llegaron al clímax.

Momentos después, Patrice enterró su rostro en su hombro, intentando calmar su errático corazón. Harry sonrió satisfecho. Esta mujer era la pareja perfecta de un Lord. Hermosa, inteligente, experta en artes oscuras, buena en la cama, fría, calculadora.

Tan distinta a su niña bonita, a su Hermione…

& & &

Con un suave sonido ambos aparecieron en las afueras del Museo de Magia de Gran Bretaña, en la ciudad de Dublín; para los muggles, el edificio parecía estar en ruinas. Observaron a sus alrededores, para confirmar que eran los únicos en la calle.

"Despejado el camino, milady." Murmuró Lucius Malfoy.

Ginevra asintió y sacó una especie de encendedor del bolsillo de su túnica. Una a una, las luces de los faroles de la calle volaron en dirección al encendedor. En cuestión de segundos, la calle estaba completamente a oscuras.

Cuidadosamente cruzaron la calle y se pararon enfrente de las puertas del museo. "¿Todo listo, Lucius?"

"Sí, milady. Severus realizó correctamente las pociones. Nos costará un buen rato, pero si lo realizamos correctamente, podremos entrar fácilmente al museo, sin que las alarmas se disparen."

"Es necesario que todo salga bien, Lucius. Si lo logramos obtener, estaremos a poca distancia de darle el mejor regalo al Lord Oscuro. Imagina los honores que tú, Severus y yo recibiremos." Dijo la pelirroja con un brillo de ambición.

Lucius hizo una mueca de satisfacción. Si todo salía bien… El apellido Malfoy sería el más respetado, venerado y temido en toda Gran Bretaña.

Lucius sacó las pociones de su bolsillo y se las entregó a Ginny. A la cuenta de tres, Ginny lanzó las pociones a las paredes del edificio, cubriendo la zona en una densa niebla. Lucius empezó a hablar en latín, para poder eliminar los hechizos protectores del museo.

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Washington, DC.

Con suaves sonidos, aparecieron en una zona de muggles, poblada por varias familias mágicas. Harry se dio la vuelta y observó a sus acompañantes. Patrice Harrington, Draco Malfoy, Bellatrix Lestrange, Sirius Black, Henry e Isabelle Kingston, Andrew y Katherine Torrance, Peter y Marianne Hallison, William y Nastia McDougal, Edward Thompson y Allyson Montgomery.

Empezó a hablar. "Señores y señoras. Esta noche la hemos esperado con ansias. Los Eques Progenius Castus vuelven al ataque. Esta noche comienza una nueva era de gloria, no tendremos temor a las represalias. ¡El Ministerio no podrá con nosotros! Somos más fuertes y poderosos que ellos. ¡Disfruten el retorno a la gloria de los Caballeros fundados por Adolf Harrington!" terminó de decir Harry mientras alzaba la varita y lanzaba chispitas de color rojo.

Con esas palabras, los magos y brujas se unieron de dos en dos. Se colocaron bien sus túnicas de color rojo sangre y las máscaras negras. Era momento de divertirse. De forma sigilosamente, empezaron a caminar en dirección a distintas casas que ocupaban la calle.

Harry, Patrice y Draco se quedaron en una esquina, simplemente observando los procedimientos. Vieron como la pareja Torrance prendía fuego a una casa de muggles.

Sirius y Bellatrix sacaron a punta de varita a los miembros de una familia impura; después de unos instantes y unos movimientos de varita, cada miembro de la familia quedó guindada por el cuello de un gran árbol, luchando por poder respirar.

La pareja Kingston escogió otra familia impura, después de despertarlos a todos, los colocaron bajos los efectos de la maldición Imperio. El padre fue obligado a violar a su hija enfrente del resto de la familia. Después de eso, el hijo fue obligado a asesinar a su hermana, madre y padre. Luego el jovencito se vio libre de la maldición, y al ver lo que había hecho, se clavó un cuchillo en el corazón.

La pareja Hallison derrumbó la casa de una familia muggle. Ningún miembro de la familia sobrevivió.

La pareja McDougal, Allyson Montgomery y Edward Thompson se encargaron de sacar a los miembros de tres familias muggles y los colocaron juntos en el jardín de una de las casas. Durante la siguiente hora, cada muggle fue sujeto a la maldición Cruciatus.

Viendo que sus vasallos la estaban pasando bien, Harry decidió que era momento que él y sus ayudantes también jugaran. Con una señal, los tres empezaron a avanzar hacia el final de la calle, donde se encontraba la casa de la familia McPhee. Un impuro que tenía el cargo de Jefe de Cooperación Mágica Internacional. Con un movimiento de la mano, Dominus derrumbó la puerta de la casa. Los tres avanzaron con porte elegante y se quedaron en el medio de la sala, esperando que Joseph bajara a ver qué pasaba.

No tuvieron que esperar mucho tiempo, Joseph y su esposa Margaret empezaron a bajar las escaleras con varita en mano. Al ver a las tres figuras vestidas de rojo y con las máscaras negras, se paralizaron de la impresión.

"¿Q-quiénes son ustedes?" preguntó Margaret.

"Tu peor pesadilla, maldita sangresucia." Draco arrastró las palabras.

"¡Encarcero!" Con un movimiento de su mano, Harry conjuró cuerdas para amarrar fuertemente a sus víctimas. La mujer empezó a sollozar, presa del pánico.

"¿Cómo han llegado hasta aquí?" preguntó Joseph, intentando parecer valiente.

"No es nada difícil derrumbar las barreras de esta casa y de la calle en general. Para cuando los Aurores lleguen, ya será demasiado tarde." Dijo Harry con una mueca de satisfacción en su rostro.

Patrice se acercó a Harry y le tocó ligeramente el brazo. "Milord, ¿puedo encargarme del mocoso?" Harry asintió y Patrice sonrió complacida, antes de subir por las escaleras, cuidadosa de no tocar a las víctimas.

Margaret se digirió a Harry, con los ojos llenos de lágrimas. "No por favor. No le haga daño a mi bebé. ¡Se lo suplico!"

Si la pareja de esposos hubiese podido ver la mueca maligna que hizo Harry, se hubieran congelado del pánico. Durante los siguientes segundos solo se escuchó el llanto de la mujer. Pero de repente, el llanto desgarrador de un bebé rompió la monotonía. La pareja intentó zafarse de las cuerdas para salir a proteger a su bebé, pero no lo lograron. Después de varios minutos de escuchar los terribles llantos del bebé, el silencio cubrió la casa.

Instantes después Patrice bajó por las escaleras y se volvió a unir a sus compañeros. Se dirigió a la triste y aterrorizada pareja. "Para haber sido un sangresucia, el moco tenía bastante resistencia al dolor."

Margaret volvió a llorar y de la adrenalina que tenía, logró levantarse, pero gracias a las cuerdas, se tropezó y cayó, aterrizando a un metro de distancia de Harry.

Draco se arrodilló y sacó un cuchillo, sonrió sádicamente al recordar que tenía mucho tiempo sin torturar con sus propias manos, como Dominus le había enseñado a hacer.

"Después será su turno, McPhee." Le dijo el moreno al mago impuro, quien no pudo hacer nada más que ver cómo descuartizaban a su mujer.

Una hora después, sobre la calle donde había casas incendiadas y destrozadas, muggles e impuros muertos, brillaba con mucho esplendor la marca de Dominus Mors.

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"Esto está delicioso, linda." Comentó Ron mientras devoraba su plato de filet mignon.

"Gracias. Mi mamá me enseñó cómo hacerlo." Respondió Hermione con una leve sonrisa, contenta de que a su novio le gustara la cena que había preparado.

"Por cierto, ¿en dónde están tus padres?" inquirió el pelirrojo.

"Están en una conferencia de dentistas en Holanda. Volverán en un par de días."

Ron asintió y siguió comiendo, ambos permanecieron en silencio. Cuando ambos hubieron terminado de comer, Hermione se levantó y recogió los platos. Ron sonrió al ver cómo caminaba en dirección a la cocina, definitivamente esa falda se le veía genial. Cada día su novia estaba más hermosa. Con un suspiro, se levantó y agarró el resto de las cosas que estaban en la mesa. Sería de muy mala educación dejar que ella hiciera todo el trabajo.

Cuando llegó a la cocina, no pudo evitar sonreír ampliamente al ver cómo su castañita movía sus caderas al compás de la música que sonaba en la radio, mientras lavaba los platos, vasos y cubiertos en el fregadero. Colocó a un lado del fregadero el resto de las cosas que habían utilizado en la cena. Luego se recostó de la pared y siguió observando el cadencioso movimiento de caderas de su novia. Poco a poco, sintió cómo su pene empezaba a despertar. ¡Merlín, la deseaba tanto! No había día en que no se imaginara cómo le hacía el amor a su chica, como gemía bajo sus embestidas.

Cuando Hermione cerró el chorro de agua, sintió como unos brazos rodeaban su cintura. Sonrió ligeramente al sentir el cariño de Ron. Este le dio la vuelta y le dio un beso en la nariz. "¿Me concede esta pieza de baile, señorita?" Hermione asintió y Ron la llevó al centro de la cocina, donde tenían más libertad de movimiento.

Empezaron a bailar al son de una pieza romántica. Ron no pudo evitar sonreír ampliamente. Cada vez que tenía a su novia en sus brazos, se olvidaba de todo. De la guerra, la desaparición de Ginny, la licantropía de Charlie, la traición de Harry.

Bailaron durante varios minutos en silencio, disfrutando de la música y la compañía. Cuando la canción terminó, el pelirrojo no aguantó más y besó a la castaña con toda la pasión que tenía.

Durante los siguientes minutos se besaron apasionadamente. Ron, preso del placer y de la necesitad, empezó a acariciar los senos de Hermione. Ésta jadeó de la sorpresa. "Ron… p-para."

Ron, demasiado pendiente de su placer, no le hizo caso. La siguió besando y tocando. "¡Detente Ron! ¡Párate!" gritó Hermione al tiempo que lograba separarse de él.

Ron la miró confundido. "Hermione, ¿qué…?"

Hermione respiró profundo varias veces, para poder calmarse un poco. "Lo siento, Ron. Todavía no estoy lista."

"Pero linda, te deseo tanto… prometo que lo disfrutarás."

"Lo siento, Ron. Te pido que no me presiones. No estoy lista para tener relaciones contigo. Dame tiempo, ¿sí?" preguntó la chica mientras se acercaba lentamente a su novio.

Ron suspiró frustrado. La deseaba mucho, pero no la quería forzar. Con todo el dolor del mundo, asintió lentamente. Hermione sonrió y lo abrazó con fuerza.

"Gracias por entender, Ron." Le dijo aliviada.

Ron asintió de nuevo y la abrazó con más fuerza.

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Albus Dumbledore terminó de tomar su taza de té. Escuchó un ruidito y se giró, una lechuza estaba entrando por la ventana, cargando el ejemplar de El Profeta. Tomó el periódico y le dio una moneda a la irritada lechuza. Al ver el titular del día, frunció el ceño.

"MUSEO DE GRAN BRETAÑA ROBADO"

Las autoridades del Museo de Gran Bretaña, ubicado en la ciudad de Dublín (Irlanda), han informado a El Profeta que el museo ha sido objeto de robo días atrás. Al parecer, los criminales usaron pociones y hechizos Oscuros para eliminar los hechizos protectores del museo. Y debido, a que el museo estaba cerrado por esa semana, las autoridades no llegaron a enterarse hasta el día de ayer.

Si es cierto que hubo uso de pociones y hechizos oscuros, existe la probabilidad de que los perpetradores del delito sean seguidores de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Hasta los momentos es un rumor, ya que no quedaron huellas ni nada incriminatorio en el lugar del delito.

Los objetos mágicos robados fueron los siguientes: una taza de té perteneciente a Rowena Ravenclaw, los trozos de la varita que perteneció a Lord Grindewald, una túnica plateada perteneciente a Salazar Slytherin, el diario personal de Nicholas Flamel y el libro de herbología creado por Helga Hufflepuff.

Cualquier información nueva con respecto al siniestro, se les será entregada por esta corresponsal de El Profeta.

Amanda Hewitt.

El anciano colocó el periódico en el escritorio. Ese robo era muy extraño. Se necesitaban pociones y hechizos muy poderosos para derrumbar los escudos que rodeaban al museo. Esto no pintaba nada bien. No tenía ninguna duda de que los perpetradores del robo eran vasallos de Voldemort. Y lo más peligroso era que se habían robado el diario de su querido amigo Nicholas Flamel. Eso podría traer grandes problemas.

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Dominus entró en la sala con porte elegante y se sentó en la enorme silla de cuero negro. Observó a Draco y Patrice, sus manos derechas en sus planes. "¿Y bien, cuál es el reporte, Patrice?"

Patrice inclinó levemente su cabeza en señal de respeto. "Milord, durante esta última semana los magos y brujas del país han estado aterrorizados. Primero, el ataque en el concierto muggle. Eso desconcertó mucho al Ministerio. Nunca antes los vasallos de Lord Voldemort habían llegado a estas tierras. Tampoco se esperaron que usted fuera a establecerse aquí. Afortunadamente, no tienen ni idea de la localización de su mansión. El retorno de los EPC también los ha agarrado por sorpresa, no saben qué hacer. No han podido identificar a ninguno de nuestros Caballeros, no tienen suficientes pruebas para ellos. Además, si metieran en la cárcel a hombres como Hallison, McDougal, Kingston, Torrence, entre otros, perderían una buena parte del dinero del Ministerio. Debido a esto, el Ministro David Banks se siente acorralado, no sabe qué acción tomar, tiene sospechas de los hombres mencionados. Por un lado tiene el deber de proteger a los impuros, pero por el otro sabe que necesita el apoyo social y financiero de ellos."

Draco habló. "Pues tendremos que intensificar más los ataques. Acorralar más y más al Ministro y a sus seguidores. Debemos desacreditarlos."

Harry lo interrumpió. "No sé, Draco. El proceso de minar su credibilidad podría tomarnos mucho tiempo. Es momento de acelerar el proceso. Hay que sacarlo del camino y poner a alguien en el poder con las ideas correctas…"

"¿Y quién sería ese, milord?" preguntó Patrice.

"Henry Kingston… uno de los Caballeros más fieles."

"Fin de Capítulo"

EugeBlack

Miembro de la Orden de las Mortífagas

Miembro de la Orden Severusiana

Miembro de la Orden Slytheriana

Miembro de la Orden Draconiana

Miembro de la Orden Draco Dormiens Slash

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