Disclaimer: La mayoría de los personajes que aparecen en este fic son propiedad de JKR. Hago esto por diversión, sin ningún ánimo de lucro. Sus reviews son mi paga. Los títulos de los capítulos corresponden a títulos de canciones de la banda de rock inglesa, Queen.
Nota de EugeBlack: ¡Holaaaaa! Aquí estoy de vuelta tres días después, no se pueden quejar. De verdad he aprovechado la inspiración que he tenido en estas vacaciones, antes de empezar clases y que todo se vaya al mismísimo infierno ;;
Espero que les guste mucho el capítulo, decidí fundir dos en uno para que las cosas pasen más rápido y no tengan que esperar una eternidad por el encuentro de la parejita
A partir de ahora las cosas se ponen más… interesantes (6)
Muchísimas gracias a SaraMeliss, Aykasha-peke, SabelaMalfoy, Norixblack, Nymphii Malfoy, Mariana, AnitaQ, Tinkerbell, AAA, hErmIdemAlFoY
SaraMeliss, feliz cumpleaños wapa!! TQMM y que cumplas muchos mas! Besos nena!
Aykasha-peke, muchísimas gracias por betearme el capítulo. Te adoro wapa! Muack!
Dominus Mors
Capítulo 8: Was it all worth it
Con un poco de reverencia, abrió el diario y empezó a pasar las páginas con sumo cuidado. Se había sorprendido gratamente al recibir el regalo que su consorte, su maestro de pociones y su mano derecha le habían conseguido. El diario de Nicholas Flamel. En alguna de esas preciosas y amarillentas páginas se encontrarían las instrucciones para realizar la piedra filosofal y el elíxir de la vida.
Frunció el ceño al ver que la mayoría de las páginas estaban escritas en código. Una carcajada irónica escapó de sus labios. No tenía porqué sentirse extrañado, al fin y al cabo era el diario de Flamel, uno de los magos más inteligentes y capacitados de la historia, y además, el mejor alquimista que había existido.
Siguió pasando las páginas observando las diversas letras, figuras y runas que había. Sabía que tomaría bastante tiempo descifrar esos códigos, pero la espera valdría la pena. Finalmente obtendría la inmortalidad, el mayor sueño de su vida.
Unos suaves toques en la puerta lo sacaron de sus pensamientos. Con un 'adelante' la puerta se abrió para admitir a su consorte. Ginevra entró con paso elegante, haciendo que su túnica se moviera de una manera muy incitante, mostrando un poco de piel. Con una ligera inclinación de cabeza en señal de respeto, cerró la puerta y se acercó a él. Tom colocó el diario en el escritorio y observó el movimiento cadencioso de la pelirroja. Instantes después Ginny se sentó en su regazo y le dio un suave beso en los labios.
"Espero que esté de buen humor, milord." Dijo la chica con un brillo particular en los ojos.
"Bastante, Ginevra. Las cosas están saliendo bien." Miró el diario. "Una grata sorpresa. Estoy orgulloso de ti, Lucius y Severus. Recibirán honores por lo que han hecho."
La pelirroja sonrió ampliamente y lo volvió a besar en sus labios. "El honor es nuestro, milord. Ayudarlo a conseguir su más preciado sueño."
Tom la acomodó mejor sobre su regazo y empezó a jugar con uno de los largos mechones. "Este es otro error del maldito viejo. Él tenía en su poder el diario y otros objetos personales de Flamel. Se dejó convencer por los dueños del museo para que entregara el diario, y él mismo ayudó a colocar los hechizos protectores en el diario. Algún día deberá dejar de ser tan prepotente; cree que su poder es invencible. No niego que sea súper poderoso, mas no es invencible. Hace casi un año derribamos las barreras de Hogwarts, ¿por qué no pensó que podríamos apoderarnos del diario?"
"No se quejará, milord…" dijo Ginny mientras empezaba a besar el cuello de su pareja.
"Para nada, simplemente me regodeo en los errores de Dumbledore. Por más poderoso que pueda ser él, su orden no le llega a los tobillos a mis Mortífagos ni a los EPC de Dominus…"
"Es sólo cuestión de tiempo, milord. Tenga paciencia. Además, en cuanto tenga descifrado el diario… ¡será inmortal! ¡Nadie podrá vencerlo! ¡Nadie podrá acabar con la Causa!"
Tom hizo una mueca de satisfacción. "Quiero que Lucius, Narcissa y Severus se pongan a trabajar con el diario lo más pronto posible. Que empiecen hoy mismo."
La pelirroja asintió. "Les avisaré ahora mismo, milord." Intentó levantarse, pero su lord no lo permitió. Lo miró confundida, pero al ver cómo esos ojos brillaban de pasión, lo entendió todo. Con un sonrisa traviesa, acercó sus labios a los del hombre.
Tom profundizó el beso y metió su mano por debajo de la túnica de su consorte, acariciando y pellizcando levemente los senos de la joven.
En cuestión de minutos, lo único que se escuchaba en el estudio del Lord Oscuro eran los gemidos de placer de la apasionada pareja.
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David Banks colocó el vaso de agua en el fregadero y apagó la luz de la cocina. En las últimas semanas apenas había podido dormir debido a la exorbitante cantidad de trabajo que había en el Ministerio. Se sentía presionado por todos lados. Y para qué negarlo, asustado. Los Eques Progenius Castus habían vuelto, después de varias décadas de ausencia, o por lo menos de trabajo mínimo. Y no sólo esos torturadores habían regresado, sino ahora había un tal Dominus Mors que había causado la muerte de doce mil muggles y estaba liderando a los EPC. Resopló. El mundo mágico británico tenía un imán para los magos oscuros. En ese siglo habían tenido a Lord Grindewald, Lord Voldemort y ahora a Dominus Mors, el antiguo salvador y chico dorado de Albus Dumbledore. Y ahora ese mago con ansias de poder y sediento de sangre venía a fastidiar a su país.
Llegó a su estudio y se sentó dispuesto a pasar el resto de la noche revisando reclamos y sentencias. El Tribunal de Salem, la máxima autoridad jurídica del país, lo tenía loco de la desesperación. Querían que firmase las órdenes de arresto de los esposos Torrance y de los McDougal, sospechosos de formar parte de los EPC. Pero él no se atrevía; esas familias otorgaban demasiado dinero al Ministerio y a otras instituciones. Si las acusaciones no eran cien por ciento verídicas, no movería un dedo en contra de ellos. Instantes después, sintió que no estaba solo en su estudio. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Abrió la gaveta y sacó su varita, agarrándola con fuerza. Observó todos los rincones de su estudio, y se sobresaltó al ver una figura escondida entre las sombras. "¿Cómo ha entrado?" preguntó temeroso.
"Magia Oscura." Respondió parcamente el mago.
"¿Quién es usted?" preguntó el ministro estadounidense.
El mago salió de las sombras y caminó hasta el escritorio. David se sorprendió al ver a alguien vestido con una túnica roja sangre, la típica vestimenta de los EPC. Cuando alzo la mirada vio un rostro fuerte, con el cabello negro largo y amarrado en una coleta, y los ojos verdes más expresivos que había visto en su vida. Sin embargo, todavía no reconocía al mago, pero sí sabía que era peligroso. El mago vestido de rojo rodó los ojos y se apartó un mechón de su frente, mostrando la mundialmente conocida cicatriz en forma de rayo.
David Banks jadeó de la impresión. "¡Harry Potter!"
El moreno se acercó y tomó asiento frente al ministro. "Muy pocos tienen el permiso de llamarme por ese nombre, y usted no es uno de ellos. Para usted, soy Dominus Mors."
"N-no sé que hace aquí, pero voy a llamar a los Aurores. ¡Lo van a detener!" dijo David con una confianza que no sentía.
La risa del joven resonó por la habitación. Una risa que le puso los pelos de punta al ministro. "Pues no sé cómo los va a llamar. Las barreras de la casa siguen intactas, el acceso a la chimenea está cerrado y he puesto un hechizo de anti-aparición. Nadie entrará y o saldrá de esta casa, salvo yo. ¿Entendido David?"
Antes de que David pudiera reaccionar, Harry movió su mano y el mago mayor se encontró lleno de cuerdas que lo ataban a la silla. Perdió el agarre de su varita y el joven mago aprovechó para agarrarla y romperla en dos. La sonrisa de Dominus le daba miedo, mucho miedo.
"¿Qué es lo que pretende?"
"Muchas cosas. Con usted… que renuncie a su posición de Ministro y le deje el camino libre a Henry Kingston, uno de mis más fieles servidores."
"¡Nunca le voy ceder mi puesto a unos asesinos como ustedes!"
"¡Crucio!" David gritó del dolor, jamás en su vida había sentido esa maldición. Sus brazos y piernas se llenaron de cortes debido al roce con las cuerdas. Después de lo que pareció una eternidad, la maldición se detuvo.
Dominus empezó a hablar con un tono bastante peligroso. "Como ustedes tienen una Causa, la de defender a los muggles e impuros, nosotros también tenemos una Causa, eliminar a los impuros y a los muggles. A lo largo de los años ustedes, los autoproclamados magos y brujas de la Luz, han matado a muchas personas. Nosotros, los autoproclamados magos y brujas de la Oscuridad, hemos matado a muchas personas también. Si nosotros somos asesinos, ustedes también."
"¡No es lo mismo!" jadeó David.
"Por supuesto que sí. Sea por ataque o por defensa, estás acabando con una vida. Nosotros lo hacemos en defensa de nuestra Causa. Ustedes lo han hecho en defensa de la suya."
"¡No me importa! ¡No cederé mi puesto!" gritó David.
"Quiera o no lo hará, Banks. Estaba dispuesto a perdonarle la vida si aceptaba renunciar por las buenas. Pero ya que no es así, tendré que eliminarlo definitivamente." Harry rió ante la expresión de pánico del hombre. "Los tiempos cambian, un nuevo régimen se avecina. Nada ni nadie detendrá a mis Caballeros del Linaje Puro. Nadie detendrá a la fuerza conjunta de Lord Voldemort y Dominus Mors. Y mucho menos un patético mestizo que no tiene barreras lo suficientemente fuertes en su casa. Ha sido un juego de niños para mí traspasarlas. Te di un chance, Banks, pero lo desperdiciaste. Tu mente es demasiado obtusa para aceptar los cambios que vienen, así que tendrás que verlos desde dos metros bajo tierra." Y con esas palabras, el moreno sacó una daga de su túnica y se la clavó en el abdomen.
David gimió del dolor al mismo tiempo que la sangre empezaba a brotar por su nariz y por su boca. Pegó un débil grito al sentir otra puñalada en su hombro. Instantes después cerró los ojos para siempre. La daga había dado en la yugular.
Dominus sonrió satisfecho, siempre que mataba con sus propias manos sentía más satisfacción que lo habitual.
Minutos después, las marcas tenebrosas de los lores ingleses brillaban imponentes sobre la casa. Karen Banks, la hija de David, se desmayó al descubrir el cuerpo de su padre.
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Bellatrix pasó la página y continuó leyendo. Realmente la biografía de Adolf Harrington era bastante interesante, había sido un mago sumamente poderoso. Lástima que su nieta fuera una completa zorra.
"¿Culturizándote acerca del mejor mago de la historia?" levantó la vista y vio al nuevo objeto de su odio, Patrice Harrington.
"No, ya me he leído la biografía de Salazar unas tres veces. Él sí es el mejor mago de toda la historia. Mi Lord llega en un muy cercano segundo lugar." Dijo mientras cerraba el libro y miraba con rencor a la mujer rubia.
"Lo que sea." Dijo la mujer mientras se sentaba y observaba a la mujer mayor. "Me imagino que debes de estar muy envidiosa." Dijo con una mueca de prepotencia.
"¿Y por qué debería de estar envidiosa?" preguntó Bellatrix, controlándose de no mandarle un cruciatus a la zorrita que tenía al frente.
"Muchas cosas. Que soy descendiente de uno de los magos más poderosos de la historia, mientras tú no lo eres."
"No digas estupideces, querida. Soy una Black. Una de las familias más prominentes de Gran Bretaña. ¿Nunca has escuchado de Orion Black? ¿O de Elladora Black? ¿O de Amadeus Black?"
Patrice continuó hablando como si no la hubiera escuchado. "También que soy la nueva pareja de Dominus. Qué triste debe ser para ti, ¿no? Durar tan pocos meses en la cama de alguien… Para él debe haber sido muy insatisfactorio tenerte ahí. Pero ahora ya todo está mejor, me tiene a mí." Dijo con un tono demasiado prepotente para el gusto de Bellatrix.
Bellatrix se levantó furiosa y la apuntó con la varita. "¡Mira pequeña zorra…!"
Patrice también se levantó y sacó su varita. "Simplemente digo la verdad. Eres una vieja envidiosa. He visto cómo me has mirado todas estas semanas. Si las miradas mataran, seguramente yo estaría muerta. Qué triste para ti, que ya se te haya pasado el arroz. Estás envejeciendo, mi querida Bella. En cambio, yo estoy en la flor de mi juventud. Soy mucho más hermosa y sensual que tú. Dominus nunca volverá a interesarse en ti."
"¡Crucio!" gritó Bellatrix.
"¡Protego!" gritó Patrice.
La rubia le hizo una mueca de superioridad. "Yo no soy ninguna bruja indefensa. Te hará bien recordarlo."
La bruja mayor no aguantó y se abalanzó sobre la más joven. Ambas cayeron al suelo mientras se arañaban y pateaban. Estaban sacando a flote todos los sentimientos que tenían desde que se habían conocido hacía casi un mes. Envidia, rencor, rabia.
Después de varios minutos, ambas se separaron, jadeando por el esfuerzo y tocándose la sangre que había brotado de los labios y las pequeñas heridas producidas por la pelea.
Bellatrix decidió marcharse, pero no sin antes dar su último golpe. Esta vez con palabras. No le iba a dar el gusto a la mujercita esa. "Una recomendación, querida. Podrás estar en la cama de Dominus, podrás tener su cuerpo, podrás hacer que grite de placer en la noche mientras se la chupas. Pero eso es lo único que tendrás, puro sexo. No poder. No te vayas a equivocar en pensar que porque eres su nueva puta serás la Dama de la Orden Oscura. Ese puesto no es mío, ni mucho menos tuyo. Así que no te ilusiones. Si aspiras al poder, siéntate a esperar, porque la espera será eterna."
Y con esas palabras, abandonó la sala, satisfecha de haber dejado a Patrice con una expresión de rabia y humillación. Si ella no iba a tener el poder, por lo menos la confortaba que la mujer esa tampoco lo iba a tener.
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Washington DC. Salón de Conferencias del Ministerio de Magia.
Harry sonrió y aplaudió ante las palabras de Henry Kingston, nuevo candidato a Ministro de Magia de los Estados Unidos de Norteamérica. Cuatro días antes Banks había sido encontrado, y el Ministerio había estado en crisis ante la muerte de su líder. Ahora las cosas estaban empezando a marchar de nuevo, hoy había sido el lanzamiento de Rupert Salston y Henry Kingston.
Henry y él habían trabajado toda la noche anterior, preparando el discurso político de lanzamiento. Era bastante similar al que él había usado en su noche de recibimiento en Nashville. La idea de volver a la antigua América… recuperar las tradiciones mágicas… Separarse del mundo muggle… Aceptar a los hijos de muggles que tuvieran verdadero poder.
Obviamente, habían obviado el hecho de que el resto de los impuros serían eliminados. Más mal que bien, había varios impuros y mestizos en el salón, y no valía la pena ganarse la enemistad de varios desde el primer día. Eso sería para más adelante.
Miró a Kingston e inclinó la cabeza levemente, en señal de aceptación. El hombre sonrió satisfecho y orgulloso. Contando la reacción de las personas en el salón, Kingston ganaría con un amplio margen. Salston no le llegaba ni a los talones.
Con una última mirada satisfecha, salió del salón de conferencias. El plan ya estaba en marcha.
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Abrió la ventana y observó la luna llena. El cielo estaba lleno de estrellas. Suspiró molesto, por más que lo intentara, sentía que no avanzaba. Estaba resultando más difícil de lo que había pensado. A veces le daba ganas de zarandearla y hacerle ver la razón, pero la amaba demasiado para hacerle daño.
Había estado besándola y acariciándola, con la esperanza de poder hacerle el amor. Cuando finalmente metió sus dedos en su húmeda feminidad, sintió morirse del placer al escuchar sus gemidos. Pero su excitación había muerto cuando ella había gritado un nombre, uno que no era el suyo. Harry. Mientras él la llevaba al éxtasis, Hermione se imaginaba que estaba con Harry. ¿Por qué? ¡Maldición no era justo! Harry la había traicionado, él no. Harry la había dejado a su suerte, él había estado con ella a cada momento. Harry era un asesino a sangre fría, él no. ¿Entonces por qué deseaba a Harry? ¿Por qué no a él? En algún lado, los Dioses debían estar riéndose de lo lindo de él.
Él le había dicho a Hermione que esperaría, que tendría paciencia, que sabía que era difícil olvidar a un primer amor. Pero una cosa eran las palabras y otra cosa era la práctica. La quería y deseaba demasiado, desde hacía mucho tiempo. Todas las noches soñaba con ella, con que hacían el amor, ella decía que lo amaba. ¡Pero no! ¡La muy terca seguía en sus trece de seguir queriendo al traidor! ¿Y dónde quedaba él? ¿Dónde quedaban sus sentimientos?
"Ron…" escuchó su suave voz a sus espaldas.
Respiró profundo y se apoyó del marco de la ventana. La luna y las estrellas no lo estaban calmando como había pensado en un principio. "Ahora no, Hermione."
"Ron… por favor, déjame explicarte…"
Eso era más de lo que podía tolerar. "¿EXPLICARTE? ¿QUÉ COÑO TIENES QUE EXPLICARME? ¿QUÉ SIGUES AMANDO Y DESEANDO AL TRAIDOR ÉSE Y QUE YO SIMPLEMENTE SOY EL CLAVO QUE SACA A OTRO CLAVO? ¿UNA VÍA DE ESCAPE? ¿QUÉ NO VALGO LO SUFICIENTE PARA TI? ¿QUÉ MIENTRAS YO ME MUERO POR TI, Y DESEO COMO NADA HACERTE EL AMOR, TU TE IMAGINAS QUE EL QUE TE ESTÁ MASTURBANDO ES ESE TIPO? ¡NO TIENES NECESIDAD DE EXPLICARTE, HERMIONE! ¡LO ENTIENDO PERFECTAMENTE BIEN!" Inmediatamente se arrepintió de sus fuertes palabras al ver como su chica caía al suelo hecha un mar de lágrimas. Tragó duro, tenía tiempo sin verla llorando así. Tanto que le había costado sacarla de su depresión…
Con mucho cuidado se acercó, se arrodilló y la abrazó con ternura. Permanecieron un par de minutos así. Ron sentía cómo su corazón se rompía al escuchar esos sollozos tan desgarradores. "Perdóname linda, no debí hablarte de esa manera."
"La que te tengo que pedir perdón soy yo, Ron." Dijo entre sollozos.
"Shh, tranquila. No llores más por favor."
"Soy la peor mujer que existe Ron… la peor…" sollozó mientras se aferraba más a él.
"Herms, no digas eso…"
"¡ES VERDAD! ¡LO SOY! ¡LO SOY PORQUE TODO LO QUE DIJISTE ES VERDAD! ¡ME ODIO TANTO POR ESO!" gritó con todas sus fuerzas para luego volver a romper en llanto.
Ron se quedó paralizado, le dolía que ella admitiera que sus suposiciones eran ciertas. Después de unos momentos la abrazó con más fuerza, para intentar calmarla. Aunque todo eso fuera verdad, él la seguía amando. "Linda, yo no…"
Hermione lo cortó. "E-eres demasiado bueno para mí, Ron. No te merezco. Mereces a alguien que te ame de verdad, no a alguien que siga pensando en su ex novio, alguien que no te rechace ni te humille. No sabes cuánto me odio por eso. Tú eres todo lo que una mujer podría desear, y aquí estoy yo, pensando en un asesino, en un maldito mortífago. No es justo. Yo te quiero muchísimo, pero no te amo. No todavía. Me encantaría amarte de la misma forma en que tú lo haces, todo sería más fácil entre los dos." Se separó de él para verlo a los ojos, se mordió el labio inferior, como hacía siempre que estaba nerviosa. "Quizá… quizá deberíamos terminar, para que puedas encontrar a alguien que vale la pena."
Ron se tensó ante esas palabras. "¡Pero tú vales la pena, linda! ¡No quiero terminar nuestra relación! ¡Te amo demasiado para dejarte ir!"
"¡Pero yo todavía no te amo, Ron! ¡No es justo para ti!" exclamó mientras nuevas lágrimas recorrían su bonito rostro.
Ron bajó la mirada, se sentía triste. Sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas, los cerró fuertemente para que ninguna saliera. Permaneció varios minutos en silencio, pensando. Aunque le doliera, prefería ser las sobras a que ser simplemente un amigo. La amaba demasiado, se conformaría con cualquier migaja. Patético, pero cierto. "¿S-serías capaz de llegarme a amar? ¿Lo intentarías?"
Hermione guardó silencio unos momentos, luego le respondió mirándole directamente a los ojos. "No sé si seré capaz, no puedo prometerte nada. Pero sí lo puedo intentar. ¡Créeme, por favor, quiero intentarlo! Pero no es justo para ti, Ron. ¿Y si no lo logro?"
El pelirrojo se acercó y le dio un suave beso en los labios. "Deja que ésa sea mi decisión, linda. No quiero perderte. Seguiré luchando por tu amor. Tú sólo encárgate de intentarlo y lograrlo, ¿sí?"
Hermione sonrió levemente. Ron era demasiado bueno. No sabía si lo llegaría a amar, pero lo que sí sabía era que era demasiado importante en su vida, y que sin él, estaría perdida. Se había convertido en su salvavidas, su pañito de lágrimas, su confidente. Asintió suavemente y se dieron un delicado beso. Después se volvieron a abrazar fuertemente, disfrutando la compañía, el calor humano que el otro desprendía, tan necesario en esos tiempos de guerra.
Fueron sacados de sus emociones y pensamientos cuando una lechuza entró por la ventana. Ron se levantó para recoger la misiva. El animal le dejó la cartita e inmediatamente emprendió el vuelo de regreso.
Ron abrió la carta y la leyó, frunció el ceño.
Al ver su expresión, Hermione se acercó. "¿Qué sucede?"
"Reunión de emergencia de la Orden. En media hora."
Hermione asintió preocupada. "Dame unos minutos y estoy lista." Le dio un beso en la mejilla y se metió al baño.
Ron se volvió a asomar por la ventana. ¿Ahora qué habría pasado?
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"¡Silencio por favor!" exclamó Dumbledore. Las noticias que había dado habían causado gran revuelo entre los miembros de la Orden. "¡Silencio!"
Después de unos instantes, uno a uno se fueron callando. Todos tenían expresiones de rabia, de asombro y temor.
"¿Cómo es posible que el ministro sueco acepte reunirse con Quien-Ustedes-Saben?" preguntó Arthur lleno de indignación.
"¡Debe ser otro mago oscuro!" exclamó Ron.
Dumbledore volvió a hablar. "Sé que es difícil de creer, a mi también me costó. Pero confío plenamente en las fuentes que tengo en el continente. Siempre pensé que el ministro sueco y el ministro noruego eran magos muy sensatos y responsables. Pero me temo que mi juicio ha fallado. O son cobardes, o muy sedientos de poder. Sea lo que sea, no es buena noticia para nosotros. Lord Voldemort está desplegando todo su poder, y no descansará hasta tener el apoyo de la mayoría de los países europeos."
"¿Y qué vamos a hacer nosotros?" preguntó Minerva.
"Intentar hacer lo mismo, mi querida Minerva. Si él está consiguiendo aliados extranjeros, nosotros deberemos hacer lo mismo si queremos tener algún chance en esta guerra. Tengo cuatro magos y brujas a mi disposición, que están dispuestos a establecer relaciones con distintos gobiernos europeos."
"¿Y mientras tanto qué haremos nosotros?" preguntó Dean Thomas.
"Seguir luchando y prepararnos para la batalla final." Respondió Albus con un tono grave.
"¿Y cuándo será eso?" preguntó Neville.
"Realmente no lo sé. Pero tengo suposiciones. Creo que Dominus Mors y Lord Voldemort querrán estar juntos en la batalla. Y hasta que Dominus no vuelva de Estados Unidos, supongo que no habrá batalla final. ¿Cuánto tiempo será eso? Puede ser un mes, un año o diez años. Sólo él sabrá cuándo regresará."
"¡Maldita guerra! ¿Cuándo se acabará?" vociferó Tonks. Hermione, Molly, Padma y Hannah la miraron y le sonrieron levemente, entendiendo perfectamente sus sentimientos.
Después de unos momentos, el anciano volvió a hablar. "Hay otro asunto que me tiene sumamente preocupado." Volvió a guardar silencio mientras se comía un caramelo de limón.
"Por Merlín Albus, ¡dilo ya!" exclamó Molly.
"David Banks, el Ministro estadounidense ha sido asesinado por Dominus Mors o por alguno de sus vasallos. Aunque me atrevería a asegurar que fue el mismo Dominus, desaprovechar la oportunidad de cometer magnicidio…" calló ante las expresiones horrorizadas de sus colegas. "Es muy lamentable. Banks era un gran ministro, siempre preocupado por la inclusión de los hijos de muggles y mantener buenas relaciones con el gobierno muggle."
"¿Y quién es el nuevo sucesor?" preguntó Hermione.
"Hay dos candidatos. Un mestizo llamado Rupert Salston y un sangrepura llamado Henry Kingston. Salston es el actual Jefe de Aurores, pero lamentablemente carece de popularidad y carisma. Todo lo contrario a Henry Kingston, un mago parecido a Lucius Malfoy. Multimillonario, orgulloso de su sangre y desalmado. Hay rumores de que él forma parte de los EPC, pero no se han podido confirmar. Es una de las personas más ricas del país, tiene al Ministerio y a la Academia Salem comiendo de su mano debido a las generosas cantidades de dinero que regala. Me imagino que este mago estará apoyado por la Orden Oscura."
"Pero Albus, ¿no podemos hacer nada para detenerlo? Si ese hombre gana las elecciones…" empezó a decir Moody.
"Como ya dije en una reunión anterior, no podemos hacer nada. Ya tenemos suficientes problemas aquí como para ocuparnos de los de Estados Unidos. Es lamentable, pero es la cruda realidad. Está fuera de nuestras manos." Contestó Albus.
"Pero si Kingston gana…" empezó a decir Fred.
"Se iniciará un reino de Terror…" terminó de decir George.
Nadie contestó ya que no había necesidad. Todos sabían que pasaría eso si ese mago ganaba las elecciones. Pero Dumbledore tenía razón. Ya tenían suficientes problemas en Inglaterra como para ocuparse de Estados Unidos. Que Merlín los ayudase.
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"Tres años después"
Suspiró al observar su habitación en la Fortaleza Oscura. Después de casi cuatro años de ausencia, volvía a estar en Inglaterra, reunido con su Lord, su igual. Su estadía en Estados Unidos había sido placentera, pero nada se comparaba a su hogar, a volver a estar en Inglaterra. En muchos momentos creyó que nunca volvería, que sus metas en América jamás se iban a lograr completamente. La situación no había sido fácil, después de la muerte de Banks y del lanzamiento político de Kingston, surgieron varios problemas. Mucha gente lloró la muerte del amante de muggles y no querían a un sangrepura orgulloso como nuevo Ministro. También había otro enorme grupo de gente que celebraba la muerte de Banks y el lanzamiento de Kingston. El país estaba dividido. Los ataques se intensificaron, y muchos impuros cayeron. Lamentablemente también cayeron varios sangrepura. Edward Thompson, los McDougal, los Pretts, Jacob Pierce, Madeline Kaatz, entre muchos más.
Durante su candidatura, Henry hizo todo lo posible por ganarse la mayor cantidad de simpatías de parte de todos los puros y de una buena parte de los mestizos. Hubo nuevas revueltas de parte de algunos dirigentes del Ministerio y de la población impura cuando se enteraron que el candidato era respaldado por Dominus Mors. Tras varios meses turbulentos, Kingston ganó las elecciones con una diferencia enorme. El otro candidato, Rupert Salston, no tenía ni la popularidad ni el carisma necesario.
Durante los siguientes meses, Henry se encargó de dejar en claro como iban a ser las cosas a partir de ese momento. De los doscientos doce impuros que trabajaban en el Ministerio, despidió a ciento ochenta. Los restantes treinta y dos los dejó porque tenían mucho talento y capacidad, y no valía la pena desperdiciarlos, por más impuros que fueran. Cambió los pensum de todas las escuelas y universidades mágicas, infiltrando la ideología de Harrington en los estudios. Colocó a sus amigos más cercanos en los puestos claves del Ministerio. Permitió el libre funcionamiento de los Eques Progenius Castus, los cuales acabaron con más de trescientos mil impuros y doscientos mil muggles. Todo aquel que se negara al nuevo régimen, era silenciado. Solo los impuros con verdadero poder mágico, intelectual o económico tenían un lugar en la sociedad. Al año de su gobierno, aquellos que estaban en contra de él, no se atrevían a decir nada, temían por sus vidas.
En un movimiento sin precedentes en la historia del mundo mágico, el ministro de magia rompió relaciones con el presidente muggle. Prohibió que los magos y brujas norteamericanos vivieron en pueblos o ciudades muggles. Quedó terminantemente prohibido el contacto con los muggles, celebración de fiestas muggles como la Navidad y Hannukah. El matrimonio homosexual fue aprobado. Promulgó nuevas leyes, entre ellas la libertad y oportunidad de trabajo, vivienda, salud y educación de licántropos y vampiros.
Estos y otros cambios fueron criticados por varios países a lo largo del mundo. Pero debido a que la situación en Europa se estaba complicando, nadie hizo nada para detener el nuevo régimen norteamericano. Se controlaron fuertemente las salidas y entradas al país, nadie iba o venía sin el permiso del Ministro. Ahora Estados Unidos y Canadá estaban en conversaciones; el Ministro canadiense, buen amigo de Kingston, estaba encantando con el régimen y quería aplicarlo en su país. Era cuestión de tiempo antes de que eso sucediera exitosamente.
Poco a poco, nuevos magos y brujas se unieron a los EPC, el cual intensificó su entrenamiento bajo las órdenes de él, Draco y Patrice. Cuando se habían reagrupado, eran unos mil caballeros, ahora eran más de diez mil. Todos altamente entrenados. Para matar, para torturar. El cuerpo de Aurores del Ministerio fue abolido y en su lugar entraron varias docenas de Caballeros, los nuevos encargados de mantener el orden y seguridad del país.
Remus, por su parte, también había regresado. Su misión había sido difícil y agotadora, pero había tenido éxito. Después de conseguir el apoyo total de los hombres lobo de los Montes Apalaches, viajó con una docena de ellos al resto del continente, donde permaneció por casi tres años, aprendiendo las costumbres, nuevos tipos de magia oscura típicas de esas tierras, pociones y otros hechizos. Las tribus más fáciles de convencer fueron algunas tribus de Canadá y México, debido a su afiliación con los Estados Unidos. Las tribus pertenecientes de Argentina, Venezuela, Brasil y Chile fueron más difíciles, especialmente las de Brasil. Durante más de dos años Remus y sus acompañantes lucharon, y en ocasiones estuvieron a punto de meterse en serios problemas, pero al final triunfaron en su objetivo. Remus llegó a Inglaterra con miembros de todas esas tribus, listos para la batalla que más temprano que tarde se llevaría a cabo.
Realmente era una sorpresa que el vejete aguantara tanto; lo que hacía la terquedad y el orgullo. Según los informes que había recibido, en todos esos años Dumbledore no había salido a ninguna de las batallas, simplemente se quedaba en su oficina comiendo caramelos de limón. Todos los miembros de su Orden eran marionetas, las cuales realmente no importaban, siempre y cuando salieran a dar sus vidas por el Lado de la Luz.
Y ahora estaba de vuelta en su hogar. Había regresado con Draco, Sirius, Bellatrix, su armada privada de EPC y Patrice. Esa rubia había resultado ser un verdadero diamante. Inteligente, fría, calculadora, sensual, caliente. Desde hacía un año había empezado a insistir en que se casaran, pero él no estaba dispuesto a hacerlo. Solo sería capaz de hacerlo con una mujer, y eso era imposible.
Cerró los ojos con fuerza y le dio un golpe a la pared. Por mucho que intentara negarlo, por mucho que intentara ignorarlo, Hermione seguía presente en sus pensamientos. Había quedado marcada en su mente, en su piel y en su co… No, en su corazón no. Ese órgano estaba endurecido gracias a todo lo que había hecho, toda la sangre que había derramado. Alguna vez fue capaz de amar, pero ya no era posible. El amor era una debilidad, por eso sólo sentía lujuria y pasión, nada más.
Pero a pesar de todos sus sentimientos confusos, no podía evitar pensar en ella, desear que estuviera a su lado. Ninguna persona le había importado tanto como su niña bonita, y lo más difícil que había hecho en su vida era abandonarla, traicionarla. Porque él había matado a miles que eran como ella, y ella nunca se lo perdonaría. Siempre lo vería como un asqueroso monstruo, asesino. Y quizá era verdad. Quizá era solamente un maldito monstruo, una máquina asesina. Sin ningún tipo de pensamiento positivo. En los últimos años había perdido una parte de su humanidad. ¿Sería capaz de recuperarla? No lo sabía. ¿Quería recuperarla? No lo sabía.
No estaba arrepentido de haberse unido a Tom Riddle, eso nunca. Pero a veces sentía que era demasiada sangre la derramada, demasiadas torturas. Muchas noches tenía pesadillas de sus víctimas. ¿Habría otra forma de cumplir los objetivos de la Causa, sin terminar eliminando a la mitad de la población mundial? Ya la guerra se estaba alargando mucho, quería terminar todo. Si iban a obtener la dominación del continente, que fuera pronto. La guerra ya tenía muchos años.
Unos toquecitos en la puerta lo sacaron de sus confusas cavilaciones. Con un fuerte 'adelante' la puerta se abrió. Harry se giró y sonrió complacido al ver a Tom. Ambos lores se vieron durante varios momentos, y sin poder evitarlo, se dieron un fuerte abrazo. Un abrazo de amigos, de hermanos, de colegas que tienen mucho tiempo sin verse.
"Qué gusto verte, muchacho." Dijo Tom mientras observaba detenidamente a su igual. Dominus había vuelto más fuerte, tanto física como mágicamente, con más color en las mejillas. Estaba completamente recuperado de aquella terrible noche en que casi había perdido su vida por culpa del medallón que le había dado a Hermione Granger.
"A mi también me agrada verte, Tom. Veo que Ginny te ha mantenido en buen estado. ¿Cómo va todo? Espero que las negociaciones con el continente no te tengan muy estresado" dijo mientras ambos se sentaban en unos cómodos sillones de cuero negro.
Tom realizó un sencillo movimiento de mano e inmediatamente dos vasos de whisky de fuego aparecieron. "Todo va bien, he avanzado bastante con las relaciones diplomáticas en el continente."
"¿Países?"
"Holanda, Finlandia, Suecia, Rusia, Portuga, Alemania e Italia. Ya tengo el apoyo en todos esos países. En Alemania, Italia y Suecia, las conversaciones fueron menos difíciles. Pero los otros países estaban más reacios. Un punto a mi favor en las conversaciones es que no llegué a atacar a ninguno de esos países. Tras muchas conversaciones y una que otra amenaza y muerte, me dieron su apoyo." Dijo el hombre mayor con una sonrisa maliciosa.
Harry sonrió de la misma forma. "Supongo que los Ministros de esos países no sabrán toda la información."
Los ojos de Tom brillaron de forma pícara. "No. Desconocen que ya hay mortífagos entrenados en sus tierras. Narcissa hizo un excelente trabajo de conseguir a nuevos jóvenes. Ahora, estos jóvenes se están encargando de reclutar a otros. Cada día nuestras filas son más grandes. Estos ministros también desconocen que una vez que acabemos completamente con la resistencia inglesa, iremos por el resto del continente. Ya tenemos a Estados Unidos y prontamente a Canadá. El continente no podrá resistir el poderío de los Mortífagos, EPC, vampiros, licántropos, acromántulas, nundus, gigantes, trolls y dementores. Cuando el momento llegue, será mejor que se rindan por las buenas."
Harry tomó un largo trago de su bebida. "Quiero que la guerra se acabe pronto, Tom. La situación en Estados Unidos no fue fácil, y me dejó cansado. Acabo de regresar para prepararme para que juntos terminemos de una maldita vez."
"Te entiendo, Harry. Pero ten un poco de paciencia. Cada vez estamos más cerca, dudo que la guerra en Gran Bretaña dure más de un año. La Orden del Fénix cada vez está más débil. Nosotros también hemos tenido nuestras pérdidas, pero son mínimas en comparación." El hombre cayó un momento para contemplar al joven. "Lo que te pido es un gran impulso antes de la última carrera, Dominus. Lo has hecho muy bien. Estoy muy orgulloso de ti. Hace años, cuando te obligué a unirte a mí, nunca pensé que te convertirías en lo que eres hoy en día. Has llegado lejos, nada ni nadie podrá detenerte."
El pelinegro sonrió de manera sincera al escuchar esas palabras, las palabras de Tom lo habían emocionado de verdad. "Gracias Tom. Me siento afortunado de ser tu igual, tu compañero en la Causa. Y descuida, no te defraudaré, no descansaré hasta que hayamos terminado la guerra."
Ambos guardaron silencio durante varios minutos, perdidos en sus pensamientos. Tom habló. "He conocido a Patrice. Una mujer muy hermosa e inteligente. Tu pareja perfecta."
"Ajá." Fue la escueta respuesta del joven.
"Veo que no estás muy entusiasmado con ella…"
Harry ni siquiera le respondió, solamente se encogió los hombros.
Tom guardó silencio de nuevo. Se daba cuenta que el interés que el muchacho había sentido en un comienzo por la rubia, ya había desaparecido. Ahora era una unión más que todo política, y quizá sexual. Nada más. Suspiró resignado. Parte de la culpa la tenía él mismo.
Él nunca había creído en el amor, nunca nadie lo había amado, por lo cual él nunca lo había hecho. Desconocía ese sentimiento. Con los años, decidió que el amor era una debilidad, el amor hacía que la gente se volviera tonta, que perdiera su norte. Desde en un comienzo había promulgado la idiotez que era amar. Le había prohibido a sus vasallos que amaran. Él mismo mandó a Dominus a América para que se olvidara de su noviecita impura, pensando que el amor que sentía por la muchacha sería lo suficientemente grande para alejarlo del Lado Oscuro.
Con el entrenamiento que el chico tuvo en la Fortaleza durante su último año en el colegio, se endureció notablemente. Olvidado había quedado el salvador del mundo, aquel niñato ávido de amor y que saltaba a salvar a cualquiera que estuviera en peligro, sin pensar en las consecuencias.
Ahora, Tom veía la verdad. El amor sí existía. Era un sentimiento que bien podía debilitar a las personas, pero también las podía fortalecer. Ginevra lo había ayudado en eso. Esa pequeña pelirroja había calado hondo en su ser. Y no lo había debilitado. Más bien, se sentía más fuerte, más poderoso que nunca. No estaba completamente seguro si lo que sentía por ella era amor, pero sino, ¿qué rayos podía ser? Era más que lujuria, pasión, fascinación, cariño. Después de muchos años de aciertos y desaciertos, de sangre derramada, de odio y rencor, Tom descubrió que todavía tenía un corazón. No lo suficientemente grande para tejer un estandarte o dejar sus prácticas oscuras, pero un corazón al fin y al cabo. Un corazón que era capaz de querer y preocuparse por los demás, por su consorte, y por su compañero, su igual.
Y ahí estaba su preocupación. ¿Si él había encontrado una mínima redención, por qué Harry no era capaz? ¿Por qué él sí podía ser feliz y Harry no? A veces se preguntaba si había hecho lo correcto en obligarlo a escoger entre el Lado Oscuro y la chica. En ese momento le había quitado la oportunidad de llegar a ser feliz, verdaderamente feliz. Harry podía estar satisfecho con su éxito en América, podía estar contento con el futuro triunfo en la guerra. Pero feliz, no. Esa posibilidad la había perdido cuando abandonó a la chica.
En estos momentos ya no le importaba si Granger era sangresucia o no. Además, la chica tenía la vida perdonada por ser una de las brujas más poderosas de su generación. Era un verdadero demonio en las batallas, había eliminado a varios de sus mortífagos de menor rango. Se merecía un mínimo de respeto. Pero… ¿sería ella capaz de perdonar a su ex novio? Dominus había cometido muchas atrocidades… la situación estaba muy complicada. Pero de algo estaba seguro, si algo podía hacer para que Dominus fuera feliz, lo haría. Al diablo si la chica era pura o impura.
Terminó de tomarse su trago y se levantó. Se acercó al moreno y le colocó una mano en el hombro. "Muchas cosas han cambiado, Harry." El chico se tensó al escuchar su verdadero nombre. "Antes de que fueras, te prohibí ciertas cosas. Ahora ya no te las prohíbo. Tienes el derecho de ser feliz como yo lo he sido en estos últimos años. Te lo has ganado compañero." Y con esas palabras, Tom salió de la habitación, dejándolo descansar.
Harry resopló molesto. Entendía las palabras de Tom, y creía en su sinceridad. Pero ¿cómo podía ser feliz? Para ser feliz se necesitaba tener un corazón, y él dudaba de tener uno…
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Hermione resopló molesta, el día había sido muy largo en la Central de Aurores. La guerra cada vez estaba peor, y todos los días temía llegar a la Central y enterarse que algún colega había muerto. Ya había pasado más de veinte veces desde que había entrado a trabajar en la Central, hacía un año.
Se quitó la túnica y la dejó a un lado de la cama, poco a poco empezó a desnudarse y se metió en el baño. Abrió los grifos y dejó que la tina se llenase de agua caliente. Todos sus músculos dolían. Daniel Peterson, el nuevo Jefe de Aurores, los estaba entrenando hasta el agotamiento.
Minutos después se recostó en la tina y no pudo evitar soltar un pequeño gemido de placer al sentir el agua caliente y las sales aromáticas. Cerró los ojos e intentó relajarse. No sólo la guerra estaba creando estragos en su vida, sino también en su relación con Ron.
Después de aquella noche en donde ella fue completamente sincera, las cosas mejoraron notablemente. Tres meses después de eso ella aceptó que tuvieran relaciones, aunque todavía no lo amaba. Y nunca lo amaría, había llegado a esa conclusión un año y medio antes.
Dos meses después de haber empezado a tener relaciones, se mudaron juntos a un pequeño apartamento en el Londres muggle. Durante dieciséis meses, las cosas estuvieron sorpresivamente bien, ella se sentía muy cómoda con Ron, aunque no lo amaba como se lo merecía, lo quería muchísimo.
Sin embargo, en los últimos nueve meses las cosas empezaron a empeorar. Dean Thomas había muerto en un ataque hacía ocho meses y medio. Hacía siete meses Fred había sido herido de gravedad, una fuerte lesión en la pierna le impedía ir a las batallas. Hacía cinco meses, el pobre Charlie había muerto, no había resistido las transformaciones, su cuerpo se terminó de quebrar. La muerte de Charlie sacudió fuertemente a toda la familia, provocando que por primera vez, desde que todo empezara, Ron se deprimiera fuertemente. Su humor había cambiado, apenas reía y discutía mucho. Su comportamiento había empezado a ser violento en ocasiones. Esa entereza que había tenido en un principio la estaba perdiendo. Y no lo culpaba, la situación era terrible. Para rematar la situación, Arthur había sido herido en un ataque dos meses atrás, todavía estaba en coma. Molly estaba inconsolable. Bill… por alguna razón que nadie conocía, el pelirrojo estaba muy desgastado, como si alguien o algo le estuviera succionando la vida. Era muy desconcertante.
Ron y ella cada vez discutían más, en muchas ocasiones por nimiedades como el papel de baño o el café en las mañanas. Otras veces eran discusiones más fuertes, en más de una ocasión Ron le había echado en cara su incapacidad para olvidar al traidor de Harry. ¿Pero qué podía hacer ella? Por más que lo intentaba, no podía. No podía mandar sobre su corazón. Todas esas peleas habían afectado enormemente su relación, hasta tal punto que Hermione tenía tres meses sin permitir que Ron la tocara. Sabía que eso lo frustraba y enfurecía, y una parte de ella se regocijaba por ello. Era un verdadero círculo vicioso.
También tenía muy en claro que Ron no había mantenido celibato durante esos tres meses. No era ninguna tonta. Sabía de la existencia de Gabrielle Delacour, Padma Patil y una muggle llamada Deirdre.
Cualquier novia se sentiría completamente celosa, humillada y celosa. Pero ella no. Simplemente no sentía nada. Que Ron encontrara placer en otras chicas. Sabía que él todavía la amaba y que no la dejaría, eso le ofrecía el 'consuelo' que necesitaba. Tenía pánico de quedarse sola.
Cuando sintió que el agua se estaba poniendo fría se levantó de la tina y se enrolló una toalla en su cuerpo. Salió de la tina y se miró en el espejo, lucía menos cansada que antes. Agarró otra toalla para secarse el cabello y salió del baño. Se paralizó al ver a Ron sin camisa en la habitación, no lo había sentido llegar.
"Hola cariño." Dijo Ron mientras se quitaba los zapatos.
"Hola. Ron, ¿cuántas veces te he dicho que no me gusta que camines con los zapatos por la casa? ¡Se ensucia el piso, Ron!"
Ron resopló molesto. "No quiero pelear hoy, Hermione."
"Lo que sea." Dijo la chica mientras agarraba su varita y limpiaba las marcas que habían dejado los zapatos en el suelo. Ron la vio y rodó los ojos. Permanecieron varios minutos en silencio.
El chico perdió el silencio. "Hermione, cariño… no quiero seguir peleando. Vamos a llevarnos bien, por favor."
La chica se quitó la toalla de su cabello y suspiró. Valdría la pena intentarlo. "Está bien."
Ron sonrió ampliamente y la abrazó por detrás. Empezó a besar su húmedo hombro y con sus manos agarró sus senos, por encima de la toalla.
"¡No, Ron! ¡No quiero!" exclamó la chica.
"¿Por qué no?" preguntó molesto Ron.
"Porque no."
"Eres mi novia y te deseo. Tengo todo el derecho a tenerte."
Hermione se zafó de su abrazo y lo encaró molesta. "¡Pues no estamos en la Edad Media! ¡Tengo derecho a negarme a tener sexo! ¡Tienes que respetarme!"
"¿Y qué pasa con mis necesidades? ¿Mis derechos?" preguntó Ron rojo de la rabia y frustración.
Hermione resopló. "Satisfácelas por ahí. Tienes a Gabrielle, Padma y a Deirdre. Te sobran las opciones."
"¡¿Cómo?!"
"Me escuchaste Ron. Sé de todas y cada una de tus aventuras. No intentes negarlo."
"¿Desde cuándo lo sabes?"
"Desde el principio." Respondió la chica.
"¿Y por qué no me lo reclamaste?" preguntó Ron sorprendido. Hermione no respondió. "¿Acaso no te importa?" la chica siguió sin responder. "No puedo creer que no te importe que tu novio te monte los cuernos. ¿Por qué no te importa?" Silencio. Ron se molestó más y la agarró por los hombros, zarandeándola. "¡Responde!"
"Ron… me estás haciendo daño." Jadeó la chica.
"¡Responde!" no le hizo caso a sus palabras.
"¡PORQUE NO TE AMO NI NUNCA TE VOY A AMAR! ¿CONTENTO?"
Ron se paralizó de la rabia. "¡Mientes! ¡Hace un año dijiste que me amabas!"
"¡Pues te mentí! ¡Quería que fueras feliz!"
"¡ERES UNA MALDITA MENTIROSA!" Y con esas palabras, la lanzó a la cama con fuerza, la chica gimió de dolor. Ron se recostó sobre ella y empezó a besarla con fuerza.
"Ron… ¿qué haces? Déjame…" jadeó la chica.
"Me las vas a pagar, Hermione. Te he dedicado completamente cuatro años de mi vida, ¿y así es como me lo pagas? Me las vas a pagar…"
"No, por favor. No estás en tus cabales, Ron. No hagas algo de lo que después te vas a arrepentir."
"Créeme, no me voy a arrepentir. Todavía eres mi novia y tengo derechos sobre tu cuerpo."
"¡Ron, tú no eres así! ¿Qué te ha pasado? Suéltame por favor." La castaña intentó zafarse, pero el pelirrojo la tenía bien aprisionada entre su cuerpo y el colchón.
"Tú eres lo que has pasado, Hermione. Tu mentira, tu falta de atención y comprensión… ¡me has arruinado!" y con esas palabras la volvió a besar fieramente, al mismo tiempo que le quitaba la toalla y agarraba fuertemente uno de sus senos. La chica jadeó de dolor e hizo todo lo posible por soltarse, pero Ron era demasiado fuerte.
"Mía… mía… mía… mía…" murmuraba el chico mientras se bajaba el cierre de los pantalones.
Después de varios forcejeos la chica logró zafarse, corrió hacia la tocadora y agarró su varita. "¡Desmaius!" gritó mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Ron cayó inconsciente sobre la cama.
Hermione se dejó caer en el suelo y sollozó con fuerza. Ron la había intentado forzar sexualmente. Nunca se había esperado eso. Había visto algunas señales en los últimos meses, pero no había querido admitir que era una posibilidad. Su mejor amigo y novio se había vuelto violento y peligroso. Ya esto no podía seguir así, tenía miedo de estar sola, pero no podía seguir con él, con un potencial violador. Con un movimiento de varita hizo aparecer una maleta y momentos después todas sus cosas estaban guardadas. Agarró una prenda de ropa y se la colocó rápidamente. Otro movimiento de varita y su cabello estaba seco y peinado. Encogió el equipaje y se lo guardó en el bolsillo.
Con una última mirada al que había sido su novio y mejor amigo hasta minutos antes, abandonó la habitación para siempre. Viviría con Tonks por un tiempo. Nunca más le daría otra oportunidad.
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Harry se agachó para evitar el misil que venía en su dirección, una almohada que le había lanzado Ginny.
"¡Ginevra!" dijo con el tono más serio que pudo lograr, aunque en el fondo quería estallar a carcajadas. Se sentía realmente cómodo con la chica, con ella no tenía que mantener apariencias. Era una experiencia refrescante.
"¿Qué?" preguntó mientras ponía una expresión de no haber roto un plato en toda su vida. Nada más lejos de la verdad, esa chica había cometido casi tantas atrocidades como él. Pero en la privacidad de sus habitaciones, ambos podían permitirse relajarse, dejar las apariencias a un lado, y comportarse como unos jóvenes de 21 y 20 años respectivamente.
Harry sonrió y no le respondió, simplemente agarró otra almohada y se la lanzó, dándole de lleno en el abdomen. La chica rió. "Harry… parecemos dos capullos de doce años en vez de un mago y una bruja oscura. ¡Me encanta el cambio! Así sea por un rato. Tenía tiempo sin divertirme tanto."
"A mí también me agrada el cambio, aunque sea un rato. Es extraño sentirse…"
"¿Normal?" preguntó Ginny.
"Sí, normal. Pero bueno, no hablemos de mi normalidad o falta de, cuéntame los avances. Tom me contó lo del diario de Flamel. Buena jugada esa, pequeña."
Ginny sonrió orgullosa. "Las fuerzas de Inteligencia del Lord están en la fase final de terminar de descifrar los códigos del diario. Ha sido un proceso lento, pero estoy segura que pronto mi Lord podrá tener su sueño más preciado: la inmortalidad."
"La piedra filosofal, el elíxir de la vida…" dijo Harry.
"¡Sí! Tom está impaciente por ver los resultados. ¡Ay Harry, lo amo tanto! ¡Soy tan feliz con él! ¡Es tan dulce, apasionado y caballeroso conmigo!"
El moreno no pudo evitar reír. Nunca había escuchado que alguien hablara así de Tom, era una verdadera sorpresa. Se alegraba por ellos, se veían muy bien juntos, y la presencia de Ginny había mejorado notablemente el carácter del hombre. No sabía si Tom sería capaz de amar, pero estaba seguro de que debía sentir algo muy fuerte por la pelirroja. "Me alegro mucho por ti, pequeña."
"¿Y tú, Harry? ¿Quieres a la tal Patrice?"
Suspiró. "Es buena en la cama. Muy inteligente y capacitada en las batallas."
"Eso no era lo que te preguntaba, Harry. Tom nunca me ha dicho que me ama, pero estoy segura de que lo hace, lo siento en su mirada, en sus caricias. Tú una vez amaste, y estoy segura de que todavía eres capaz de hacerlo…"
"No lo sé Gin. Realmente no sé si soy capaz de tener ese sentimiento. En los últimos años solo he tenido sexo y diversión, no sé si eso podrá llegar a cambiar…"
Ginny lo miró comprensiva, su amigo estaba confundido. Pero ella sabía que en el fondo, Harry era capaz de amar sin necesidad de debilitarse. Su instinto se lo decía.
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Hermione suspiró resignada, otra reunión de la Orden del Fénix para discutir las muertes, las pérdidas… la situación cada vez estaba peor. Muchos rostros tenían expresiones de rendición. Y no los culpaba, en ocasiones tenía ganas de romper a llorar y dejar que la mataran en una de las batallas, sabía que tarde o temprano sucedería. Al fin y al cabo, era una de las hijas de muggle más notables del mundo mágico.
Sacudió la cabeza para deshacerse de esos pensamientos tan pesimistas. Debía seguir luchando, aunque muriera en el intento, debía dar lo mejor de sí por la Causa, por lo correcto. Dumbledore había conseguido el apoyo de los gobiernos de Grecia, Hungría, España y Corea, pero no era suficiente. Y todo empeoraría cuando Harry se decidiera a volver a su país natal.
Fue sacada de sus pensamientos cuando vio que los miembros empezaban a salir del despacho, la reunión había terminado. Apenas había prestado atención, últimamente era lo mismo, muertes y más muertes.
Su mirada se encontró con la Ron, quien la veía suplicante. Hermione negó con la cabeza y salió del despacho, caminando lo más rápido posible para no encontrarse con su ex novio. Desde que habían terminado hacía una semana, ella lo había evitado, mientras él intentaba hablar con ella en cada oportunidad que se presentaba.
Avanzó en silencio por varios pasillos y no se dio cuenta de que Ron la venía siguiendo. Al doblar por una esquina sintió como la agarraban por un brazo y la llevaban a un salón en desuso. Cuando se giró vio al chico pelirrojo, quien la veía de manera tímida.
"Es la única forma de que aceptes hablar conmigo, linda…" empezó a decir el chico.
"¿Y no has pensado en la posibilidad de que NO quiero hablar contigo?" dijo la chica con tono obstinado.
"Hermione por favor… perdóname."
"Intentaste violarme, Ron." Dijo la chica con tono parco.
"Y no sabes cuánto lo siento, no sé qué me pasó… se me volaron los tapones… prometo que no volverá a pasar, linda. Dame otra oportunidad."
Hermione suspiró cansada, en esos momentos no podía evitar sentir lástima del chico, pareciera que sólo se conformaba con las sobras. "Lo siento, pero esto no puede continuar. Los dos hemos fallado, Ron. Tú intentaste forzarme, y yo… no logré amarte como te merecías. Es mejor que continuemos así, separados… antes de que nos dañemos más."
"Pero linda…" dijo Ron con los ojos vidriosos.
Hermione le dio un beso en la mejilla. "Lo siento, pero es lo mejor, aunque ahora no lo veas así. Pronto encontrarás a alguien que te quiera de verdad. Por los momentos, será mejor que no nos veamos ni hablemos, para evitar hacernos más daño. Quizá en un futuro podamos recuperar nuestra amistad. Pero no ahora, cuando tengo tan fresco el recuerdo de esa noche, cuando intentaste violarme." Respiró hondo. "Adiós Ron." Y con esas palabras, salió del aula.
Ron quedó ahí, dolido, frustrado y confundido.
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Bill sonrió débilmente en señal de agradecimiento. Su madre le había preparado un delicioso caldo de pollo. "Gracias, mamá." Dijo con la voz rasposa. Se sentía demasiado débil.
"A la orden, querido." Dijo mientras arreglaba las almohadas para que su primogénito estuviera más cómodo. "¿Necesitas algo más?"
"No, gracias. Ve a visitar a papá con calma, mamá. Quizá hoy haya algún cambio."
Su mamá hizo un amago de sonreír, pero le salió como una mueca. Bill sintió como su corazón se le rompía, al verla de esa manera. Fred con una lesión en la pierna de por vida, Charlie muerto, su papá en coma. Era un milagro que su madre no hubiera colapsado de la preocupación y dolor.
"Está bien, hijito. Primero iré a dejar unas flores en la tumba de Charlie. Luego iré a visitar a papá. Cualquier cosa, me avisas."
"Está bien, mamá. Ten cuidado." Molly lo besó en la frente y salió de la habitación.
Bill se dejó caer en la cama, exhausto física y mentalmente. Cada vez se sentía peor. La poción lo estaba matando lentamente, lo sabía. En muchas ocasiones había intentado confesar lo de Ginny, pero no había podido. Esos conatos de confesiones dañaban lentamente su cuerpo. Se sentía tan débil que desde hacía dos semanas no ayudaba en los ataques.
Pero tenía que sobrevivir, tenía que usar las pocas fuerzas que le quedaban y confesar. Aunque destruiría a su familia, era necesario que ellos y la Orden supieran quién era realmente Ginny. Además, Ginny debía pagar por sus crímenes.
Tenía que hacerlo… y pronto.
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Caminó por el medio de la batalla, su túnica ondeante y una barrera protectora a su alrededor. Era la primera vez que estaba en una batalla en Inglaterra, desde que había llegado un mes atrás. Con una mirada intensa y una sonrisa de superioridad, observó todo lo que pasaba a su alrededor. Tom y él lo habían discutido bastante, era momento de que él apareciera públicamente, liderando a sus Caballeros y a los Mortífagos conjuntamente.
La batalla llevaba una media hora, y los magos y brujas del Lado de la Luz la estaban pasando un poco mal, el poderío, rapidez y resistencia de los Caballeros y Mortífagos era bastante. Aunque debía admitir que los miembros de la Orden y los Aurores habían mejorado notablemente desde la última vez que los había visto, casi cuatro años atrás. Finalmente se habían dado cuenta que estaban en una guerra, y que todo era válido, y ya estaban usando las maldiciones imperdonables. Por lo que había observado, muy pocos sabían realizar efectivamente la maldición cruciatus, y eran menos los que lanzaban la maldición asesina. Por lo menos era algo, sabían que no podían ganar la batalla a punta de hacer cosquillas y hacer bailar tap.
Sonrió al ver que sus vasallos estaban cumpliendo las órdenes. Les prohibió que mataran en esa batalla, que torturaran e hirieran, sí, mas no matar. Quería que al Lado de la Luz le quedara grabado ese día, la forma de pelear que tenían sus vasallos, la enorme cantidad que eran. Y eso que ese día no había sacado a las tribus de licántropos que Remus había conseguido, eso sería para otra batalla. No quería que todos sus enemigos murieran de un susto.
Sintió satisfacción al recordar las caras de estupefacción y de rencor de los miembros de la Orden cuando lo habían visto. Que le tuvieran miedo, que lo odiaran, no le importaba. Las acciones que esas personas habían realizado años atrás, había jugado un papel importante en su decisión de cambiarse de bando. Sabía que en donde estaba, el interés y respeto era genuino, su relación con Tom era genuina, al igual que sus relaciones con Draco, Ginny, Sirius, Lucius y otros más. Una sensación de realidad, de veracidad que no había sentido en el bando de la Luz.
OoOoO
Se lanzó al suelo para evitar la maldición que iba en su dirección. Nunca había escuchado ese hechizo. ¡Malditos Caballeros! Ya era suficiente tener a los Mortífagos para tener ahora a los EPC. Sabía que tarde o temprano iba a pasar, pero él podría haber pasado el resto de su vida sin tener que enfrentarse a esos endemoniados, tan lamesuelos como los mortífagos.
Respiró hondo y se concentró lo más que pudo. "¡Avada Kedavra!" el caballero cayó al piso, con los ojos abiertos de la sorpresa.
Resopló cansino, era la quinta vez que usaba esa maldición, y la quinta vez que mataba a alguien. Por más que supiera que era necesario porque estaba en una guerra, no se acostumbraba. No podía evitar sentirse mal al saber que había sangre en sus manos. Ya había perdido la cuenta de todas las veces que había deseado que todo fuera una pesadilla.
"Weasley, veo que has aprendido a usar la maldición asesina."
Ron se congeló ante esas palabras. Tenía casi cuatro años sin escuchar esa voz, ahora estaba más gruesa y fuerte, pero de todas maneras la reconocía. Esa voz había pertenecido al que una vez fue su mejor amigo. No se atrevió a girarse, no estaba listo para encararlo. Una cosa era verlo de lejos en la batalla, y otra era tener una conversación en medio de maldiciones y maleficios.
"Pensé que tenías mejores modales, Weasley." Dijo con tono burlón. Como si ese encuentro fuera la cosa más normal del mundo.
Ron se tensó y enfureció. Con el rostro rojo como su cabello se dio la vuelta para encarar a Dominus Mors, antes conocido como Harry Potter. "Y yo pensé que tú tenías principios, moral."
Harry hizo una mueca de superioridad. "Claro que tengo principios, solo que son distintos a los tuyos."
"Estás errado. Sólo eres un maldito asesino, un traidor." Lleno de rabia por todo el daño que había provocado su antiguo amigo lo apuntó con la varita. "¡Crucio!" la maldición rebotó en la barrera del pelinegro y Ron cayó al suelo, preso de su propia maldición. La risa malévola del moreno sonó en el lugar. La maldición terminó y el pelirrojo jadeó del dolor, mientras veía con rabia al otro mago.
"Ron, no pienses ni por un momento que vas a poder conmigo. Ni lo intentes, porque vas a salir perdiendo." El pelirrojo lo miró con odio. "Te perdono la vida en esta ocasión."
"¡No necesito tu lástima maldito bastardo!"
Harry volvió a reír. "No es lástima, tómalo con un acto… de buena voluntad."
Ron rió sarcástico. "Eres incapaz de hacer un acto de bondad. Perdiste esa capacidad cuando te uniste a Lord Voldemort."
"¡Vaya!, veo que has mejorado. Antes eras incapaz de pronunciar su nombre sin que te mojaras los pantalones del miedo. Me sorprendes, Ron." Dijo con tono burlón.
"¡Vete al infierno!"
"Créeme, tengo mi paila en el infierno, pero todavía no iré para ese lugar. Falta bastante tiempo para que ese momento llegue. Y tú, no tendrás el placer de enviarme." Ron no dijo nada. "Márchate a otro lugar, Ron, sigue pelando por tu Causa perdida. Acepta mis palabras, te perdono la vida en esta ocasión. Aprovecha y corre, que en otra ocasión no seré tan piadoso."
"¡No soy ningún cobarde para salir corriendo!"
"Pero te vendría bien un poco de sentido común, un mínimo instinto de supervivencia. No juegues con mi paciencia."
Ron no se movió y siguió apuntándolo con la varita. Harry resopló molesto, con un movimiento de su mano, Ron salió volando varios metros, para aterrizar con un golpe seco.
El moreno se dio la vuelta y siguió caminando, observando el resto de la batalla.
OoOoO
Se hizo a un lado para evitar la maldición que venía en su camino. Pateó el suelo como si fuera una niña chiquita y malcriada, no le gustaba la orden que Dominus había dado. Se moría por matar al idiota que tenía al frente. Su mente clamaba por sangre, pero tenía que seguir las instrucciones de su Lord, sino se metería en grandes problemas. Rió al ver como el chico se secaba la frente, apenas unos minutos de pelea y ya estaba agotado. Era mucho más patético que sus padres, por lo menos ellos habían durado varias horas antes de que sus mentes se quebraran.
"¡Me la vas a pagar, Bellatrix!" jadeó Neville.
Rió sarcástica. "¿Y tú vas a poder más que yo, pequeño Neville?"
Neville la miró con odio y aprovechó el instante en que Bellatrix miró para otro lado. "¡Crucio!"
La maldición la agarró por sorpresa, jamás pensó que el niñato debilucho fuera capaz de tener tanto odio en su corazón. Afortunadamente, su cruciatus no era ni la décima parte de los cruciatus de Dominus o de su otro Lord. Sino ya estaría gritando del dolor y pidiendo clemencia. Instantes después, la maldición terminó. Bellatrix irguió y respiró profundo. "¿Eso es lo mejor que puedes hacer, niñato? Admito que me has sorprendido, pero todavía te falta práctica, mucha práctica. ¡Aprende del maestro! ¡Crucio!"
Neville cayó al suelo preso de un dolor insoportable. Esa mujer endemoniada tenía mucha potencia con la maldición.
Bellatrix sintió la tentación de torturarlo hasta que perdiera la tortura, llevarlo a San Mungo para que acompañara a sus padres. Pero eso sería casi igual que cometer asesinato, y no podía desobedecer las órdenes de Dominus.
Volvió a patear el suelo como si fuera una niña chiquita a la que le habían quitado su juguete predilecto. Tendría que conformarse con hacerle perder la consciencia.
OoOoO
Hermione tragó fuerte, estaba rodeada de tres Caballeros, los vasallos de Dominus. Vio a todos lados, intentando encontrar una vía de escape, pero no encontró nada. Estaba atrapada. Se irguió orgullosa, si iba a morir lo iba a hacer luchando, no les daría la satisfacción a esos vulgares asesinos.
"Vaya, pero si aquí tenemos a una sangresucia, desde aquí siento tu hedor." Dijo una mujer. Hermione deseó con todas sus fuerzas poder verle el rostro, pero las tres personas tenían firmemente colocadas las máscaras negras. "Qué, ¿no me vas a responder?" preguntó la mujer. Hermione guardó silencio, mirándola altanera.
"¡Desmaius!" gritó Hermione. La mujer se agachó y el hechizo impactó en el tronco de un árbol. Durante los siguientes minutos las cuatro personas se sumergieron en una batalla encarnizada, lanzando maldiciones y maleficios a diestra y siniestra. La castaña logró desarmar a uno de sus enemigos, y fracturarle el brazo a otro. Pero la mujer que le había hablado, seguía intacta. Por el otro lado, Hermione estaba cansada y tenía varios cortes en su rostro y brazos.
"¡Desangratus!" gritó la mujer.
Hermione no pudo evadir la maldición oscura, la cual le dio de lleno en el abdomen. Inmediatamente la sangre empezó a fluir por la boca, nariz, oídos y los múltiples cortes que tenía. Cayó al suelo, se sentía débil. En una ocasión había leído de esa maldición, y sabía que si no tomaba el antídoto, en menos de veinte minutos estaría muerta. Fue sacada de sus pensamientos por la malévola risa de la mujer. No sabía quien era, pero la odió, la odió con todo su corazón.
OoOoO
"¡Desangratus!" reconocería la voz de Patrice en cualquier lado. Se dio la vuelta y vio como la castaña caía al suelo, al mismo tiempo que hilillos de sangre empezaban a correr por su rostro y brazos.
Se sintió paralizado por unos momentos. Preso de la rabia y el temor. Por primera vez en años sentía miedo, verdadero miedo. No podía permitir que su niña bonita se muriese. Antes de que eso sucediera, preferiría matar a todos y cada uno de sus vasallos. Sus sentimientos eran confusos, pero no permitiría que Hermione muriese. Ella era sagrada.
Avanzó rápidamente en dirección a donde estaba la castaña, ya debía haber pasado un minuto desde que recibió la maldición. Quedaban menos de veinte minutos, tenía que sacarla de ese lugar y salvarla, a como diera lugar.
En instantes llegó al lugar y levantó a la chica con cuidado. Un sinfín de emociones recorrieron su cuerpo al sentirla en sus brazos. La había extrañado tanto. Al sentirla así, no pudo evitar recordar la forma maravillosa en que sus cuerpos encajaban a la perfección. Como si Hermione hubiera nacido para pertenecerle. Se sacudió la cabeza, no era momento de pensar en eso.
Se dirigió a Patrice y al otro vasallo. "Creo que he cometido un error en no decirles una orden que está vigente desde hace años." Dijo con un tono mortal. "Esta sangresucia es mía."
OoOoO
Sintió que la levantaban del suelo y la sostenían con cuidado. Una plétora de emociones recorrieron su cuerpo al sentir ese aroma. Su aroma. No lo podía creer, no lo quería creer. Después de tantos años volvía a estar en sus brazos. Una parte de ella quería luchar y zafarse, pero otra quería fundirse con el otro cuerpo. Definitivamente la pérdida de sangre la estaba dejando poco lúcida.
"Creo que he cometido un error en no decirles una orden que está vigente desde hace años." Dijo con un tono mortal. "Esta sangresucia es mía."
Sintió desfallecerse ante esas palabras, no pudo evitar soltar un sollozo. Que otros le dijeran sangresucia, no le importaba. Pero que él lo dijera… era más de lo que podía soportar. Con las pocas fuerzas que le quedaban intentó zafarse. "¡Suéltame, maldito!"
No tuvo éxito, el agarre tuvo más éxito. Harry continuó como si no la hubiera escuchado. "Esta bruja que ven aquí, Hermione Granger, es MI sangresucia, no quiero que nadie toque ni uno de sus cabellos. Espérenme en la Fortaleza, recibirán su castigo por haberla tocado."
Hermione se sintió indignada y humillada, quería zafarse, salir corriendo y no verlo nunca más. Antes de que pudiera intentar moverse de nuevo, sintió un jalón en el ombligo, la inequívoca sensación de transportarse en traslador.
"Fin de capítulo"
NA2: quien deteste a Patrice… ¡diga YO! (ya seríamos varias personas)
EugeBlack
Miembro de la Orden de las Mortífagas
Miembro de la Orden Severusiana
Miembro de la Orden Slytheriana
Miembro de la Orden Draconiana
Miembro de la Orden Draco Dormiens Slash
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