/Pueblo de Freesia-clínica del cuartel militar/
El Kurosaki sumamente desorientado pero aún sin perder la consciencia, pudo ver cómo era llevado en una camilla a través de un largo pasillo, no pudo detallar demasiado pero sí pudo notar a varios de sus subordinados a su lado, expresiones de gran preocupación en los rostros de los soldados. También divisó a los médicos que lo llevaban y a los que se unían a la marcha que estaba empezando a formarse en ese pasillo.
Su mente era un remolino de ideas, recuerdos y pensamientos. Ya había estado en esa situación en diversas oportunidades, pero por alguna razón, esta vez le pesaba más, como sí su vida estaba pendiendo de un hilo, no es que en veces pasadas no fuera así, solo que por alguna razón esta vez era diferente; su mente no podía aclararse el porqué de esa sensación, no pudo hasta que vio a la hermana de Simon que intentaba seguirlo lo más cerca posible. La joven kagura, su misteriosa "salvadora", lo tomó de la mano, intentó fútilmente corresponderla con un apretón, pero la parálisis no se lo permitió. Un médico separó de forma abrupta sus manos no queriendo que la chica entrara también al quirófano, tal gesto molestó sobremanera al Quincy pero le fue imposible expresar su rabia. Al bajar su mirada vio cómo los médicos estaban reteniendo a los soldados y a la jovencita para que no ingresaran a la sala de operación, Ichigo conectó por una fracción de segundo su mirada con la de ella; allí pudo saber por qué se sentía de esa forma, ese extraño sentimiento era deseo de vivir, no quería morir, no aún.
Desde que murió su madre y fue separado de su familia, su vida había dejado de tener valor para él, pero ahora era diferente, deseaba seguir viviendo, su testarudez no le permitiría morir tan fácilmente. Se repetía así mismo una y otra vez la frase "no puedo, no debo...no voy a morir aún", mientras veía a los ojos a la Mikazuchi.
¿Cuál es su estado?- preguntó una doctora acercándose al paciente.
-Herida de arma blanca en el antebrazo izquierdo, severa pérdida de sangre, pupilas dilatadas, respiración arrítmica, parálisis corporal total; a pesar de eso no está sufriendo de choque hipovolémico…algo que es…un poco extraño, sobre todo por su corta edad y la cantidad de sangre que ha perdido- respondió una enfermera.
-Puedes dejar los comentarios para después ¿El motivo de la parálisis?-
-Envenenamiento por una toxina paralizante. Al parecer le suministraron un tratamiento de primeros auxilios, le aplicaron un torniquete improvisado pero no parece haber detenido demasiado el sangrado.
-Prepara dos paquetes globulares, quinientos mililitros de solución fisiológica, un paquete de plasma, también hay que suturar esa herida antes de que termine desangrándose por completo. Vamos, vamos muévanse-
-Sí, doctora-
-¿Ya saben cuál es su tipo de sangre?-
-"A". Lo revisé en su placa cuando lo traíamos al quirófano- respondió un enfermero.
Sin perder tiempo, las enfermeras y médicos rodearon al joven Quincy. Mientras que por un lado le colocaban un catéter para suministrar el suero y poder hacer la transfusión sanguínea, por otro lado estaban desatando el torniquete para desinfectar la herida y proceder a hacer la sutura. La doctora en jefe permaneció en una esquina de la sala dando órdenes.
-¿Alguna alergia que se sepa?-
-No, su placa no tiene ninguna información referente sobre alguna intolerancia a algún medicamento, creo que es seguro pensar que no tiene alergias-
-¿ya identificaron la toxina?- Al preguntar esto, uno de los miembros del escuadrón Sünder ingresó por la fuerza al quirófano.
-Un paramédico del cuerpo de custodia del consejo mágico, dijo que los síntomas de la parálisis encajaban con el perfil de una neurotóxina llamada "black rose"- exclamó el veterano soldado antes de ser arrastrado fuera de la sala por tres enfermeros.
-¿Cómo estaba tan seguro de eso? No soy alquimista, los venenos no son mi especialidad, pero sé de veintidós toxinas diferentes que pueden causar ese tipo de parálisis corporal-
-El sujeto que lo atacó con el arma envenenada le dio una pista, dijo que podía paralizar a "quince Vulcans en menos de cinco minutos"-
-¿Y? ¿Crees que me guiaré por eso? La gente tiende a exagerar todo y a decir ese tipo de cosas…aunque….no hay tiempo para enviar una muestra de sangre a toxicología para un examen, tampoco es que tengamos un laboratorio aquí para hacer exámenes de sangre. Trae el antídoto, debe haber alguno almacenado, tendremos que confiar en que esa es la toxina con la que está envenenado-
-Doctora… ¿está…segura? Es riesgoso hacer un procedimiento como ese sin estar totalmente seguros-
La mujer encendió un cigarrillo y comenzó a fumar; cosa que generó irritación y molestia por parte de algunos de los soldados bajo el mando del adolescente. Después de inhalar y exhalar varias veces el nocivo humo, observó directamente a su paciente.
-Hay veces en las que tienes que tomar riesgos para salvar una vida, aunque esa misma vida ya esté en riesgo de todas formas ¿qué es lo peor que puede suceder? Si no hacemos nada podría morir de igual manera- dijo en un tono algo despreocupado.
Un enfermero asintió y salió a toda velocidad de la sala en busca del posible antídoto para la toxina que invadía el cuerpo del muchacho. La doctora se acercó un par de metros a la camilla, y observó fijamente a los entrecerrados ojos del adolescente de cabello naranja.
-Tranquilo, niño. Estarás bien, eres fuerte, se nota a leguas que-
Ichigo sintió como la voz de la mujer se escuchaba más y más lejana, ya ni siquiera podía entender lo que decía, lentamente su consciencia se fue desvaneciendo hasta que ya no pudo ver u oír nada más.
Afuera del quirófano era un panorama igual de caótico que en el interior. Los subordinados del Quincy estaban teniendo una acalorada discusión con el personal médico, algunos exigiendo que se les permitiera estar con su capitán, otros amenazando con matar a todos los médicos sí no llegaban a salvar al muchacho. Kagura era la única que permanecía a raya, por un lado estaba preocupada por la salud de joven soldado que apenas acababa de conocer, y por el otro lado, estaba sumamente nerviosa por las acciones de los problemáticos miembros del escuadrón Sünder.
-¿Quién te crees que eres para no permitirnos estar con él?- rugió furiosa la mujer llamada Layla, mientras tomaba a un médico por su vestimenta.
-Sí algo le llega a pasar, me aseguraré personalmente de hacerlos pagar por ello- exclamó Geicko apretando con más fuerza de la necesaria para sostener su lanza.
-Ya callense todos ustedes, pandilla de salvajes. En lugar de colaborar en algo, sólo están obstruyendo el pasillo y desconcentrando a mi personal, sí realmente quieren que podamos hacer algo por este chico, háganse a un lado y déjenos trabajar en paz- vociferó la médico en jefe.
La fémina del escuadrón abrió muy ampliamente los ojos en señal de furia e intentó arrojarse sobre la doctora, pero fue detenida por Geicko y otro corpulento soldado, sin embargo ambos tuvieron que esforzarse para retener a la enfurecida mujer.
-Será mejor que hagas todo lo que está en tus manos para salvarlo, sí no lo haces, te estrangularé hasta separar tu cabeza de tu cuello- bramó, forcejeando con los dos hombres para soltarse.
-Detengan todo- dijo la doctora en un tono sumamente relajado, casi como si poco le importará la integridad de su paciente.
Las enfermeras y demás personal médico permanecieron estáticos y en silencio.
-Doctora, el paciente está muy grave-
La mujer inhaló muy profundamente el filtro de su dañino cigarrillo, luego lo tomó con sus dedos y lo apartó de su boca para observarlo. El personal médico seguía en silencio, tan solo mirando a la mujer.
-Tienen dos opciones...- dijo finalmente exhalando el humo por sus orificios nasales.
-Y sí, hablo con ustedes, salvajes. La primera es tomar a su capitán y llevárselo a otro lugar, pero claro...morirá antes de que puedan conseguir a alguien que le dé el tratamiento adecuado-
El escuadrón entero le dirigió una mirada asesina a la doctora, cosa que sólo logró que los médicos comenzaran a sentirse nerviosos, incluso Kagura la miró con el ceño muy fruncido.
-Maldita perra, te arrancaré esa sonrisita mordaz junto al resto de tu rostro- gritó Layla incluso más enfurecida que antes.
La mujer comenzó a caminar hacia la salida del quirófano, al llegar al umbral de la puerta y detenerse en frente de Layla, exhaló el humo de su cigarro justamente en la cara de la militar.
-La segunda opción es que se callen, vayan a la sala de espera y nos dejen trabajar para salvarle la vida, ¿Cual eligen?-
-¿Tienes alguna idea de quién es él? ¿Siquiera sabes cómo llegó a ser capitán a una edad tan corta? Él es- trató de alegar Geicko intentando intimidarla, pero fue interrumpido antes de poder finalizar.
-No, de hecho no sé quién es ni tampoco me interesa. Para mi sólo es un paciente, y yo soy una doctora que intenta ayudarlo a que viva un día más, todo se reduce a eso. Ahora, sí ya no tienen nada más que decir, retírense de mi pasillo, están congestionándolo-
Ninguno tenía nada más que decir para contrariarla, la única que seguía murmurando groserías y ofensas era Layla, pero tampoco podía llevarle la contraria, o por lo menos no podía sí quería que su capitán sobreviviera.
-T-tal vez sería buena idea hacerle caso a la doctora- dijo tímidamente Kagura, atrayendo la atención de los demás.
-Sí...tienes razón- rezó Geicko en respuesta.
El grupo comenzó a dirigirse a regañadientes a la sala de espera, algunos miraron con desprecio por última vez a la doctora antes de seguir a sus compañeros. Kagura quién estaba algo abrumada por todo lo que había sucedido en el pequeño lapso de tiempo desde que conoció a Ichigo, decidió también seguir a los soldados.
Ya una vez que llegaron a la sala de espera, la mayoría de militares se dejaron caer en los asientos de forma brusca, Kagura por su parte se sentó con modestia en uno de los asientos más alejados.
-Esa mujer estúpida- susurró entre dientes Layla mientras se sentaba a un lado de la Mikazuchi.
La chica miró con algo de precaución a la mujer que se acababa de sentar a su lado. Layla removió su yelmo, su lacio cabello castaño cayó al ser liberado de la prisión de metal. Seguidamente comenzó a aflojar los correajes de su coraza, guanteletes y grebas.
-Oye, Layla, no te irás a desnudar aquí ¿O sí?-
-Cállate, maldita lagartija rastrera- respondió la mujer en un tono muy agresivo.
-¡Es...es bonita!- gritó mentalmente Kagura al ver la apariencia física de la mujer.
Ciertamente no se parecía en nada a la imagen mental que la chica tenía sobre la militar, se había comenzado a hacer la idea de que Layla tendría una apariencia poco femenina por su actitud tan agresiva, pero era todo lo contrario. La mujer era de tez morena clara, ojos color esmeralda, su cabello le llegaba a la cintura y era castaño oscuro, poseía una complexión muy esbelta. Al haberse quitado su armadura, solo quedó ataviada con una camiseta verde olivo y unos pantalones azul oscuro. No era sumamente despampanante, pero tampoco carecía de belleza, y a ojos de la Mikazuchi, era demasiado femenina para ser una militar.
-Ese tonto, si nos hubiese dejado ir con él, en este momento no estaría en ese estado- refunfuñó mientras estiraba sus extremidades en su asiento.
-El capitán Ichigo prefiere hacer las misiones en solitario- comentó un hombre muy corpulento mientras se sentaba también al lado de la jovencita.
Kagura terminó en medio de los dos soldados, la apariencia del hombre que tenía a su lado no ayudaba en lo más mínimo a que se sintiera menos incómoda.
-Sí, Chop-Chop, sé que prefiere hacer las misiones en solitario, pero por esa misma razón es que terminó envenenado. Es demasiado terco para aceptar ayuda-
-Desde que conocí al capi, siempre ha sido así- agregó Geicko, sentándose en la fila posterior a la que estaba la Mikazuchi.
La mujer llamada Layla dirigió su mirada hacia Kagura, la chica al principio sintió nervios al creer que recibiría algún tipo de ofensa de su parte, pero en cambio solo le sonrió amigablemente.
-Tú nombre era Kagura, ¿No es así?-
-S-si-
-Yo soy Layla Marseille. Él es Chop-Chop, no te intimides por su apariencia, es más amistoso de lo que aparenta-
-¡Yo soy!-
-Ya te presentaste y a nadie le importa la estúpido historia de tu ridículo apodo- exclamó la mujer interrumpiendo a Geicko antes de que siquiera pudiera hablar.
El hombre simplemente se encogió en su asiento y miró en otra dirección. La Mikazuchi soltó una risa nerviosa al no saber de qué otra forma reaccionar.
Entonces... ¿Ichigo es un soldado?- preguntó deseando saciar la curiosidad que ya tenía desde hace un buen rato.
-Si y también un miembro de reserva de la guardia real si no me equivoco-
-¿N-no es muy joven para ser todas esas cosas?-
-Es joven, pero es lo que llamarías un "genio", realmente es muy bueno en lo que hace- respondió Geicko apoyándose del espaldar del asiento de Layla.
-¿Él es...fuerte?-
-¿Que si es fuerte, dices?- preguntó Marseille levantando una ceja.
-Oh, sí que lo es...esta noche destruyó un gremio entero de magos oscuros, no hablo de dos o tres magos, hablo de un GREMIO entero-
-Una vez lo vi decapitar a cuatro hombres de un solo tajo, apuesto a que ni siquiera ellos supieron lo que les sucedió- comentó con un tono de voz muy grave, el soldado apodado "Chop-Chop".
-Yo dejé de dudar de sí realmente era apto para un rango tan alto como el de capitán después de lo que sucedió en la frontera...- contó Geicko recordando el sangriento hecho.
Los soldados se turnaron para relatar sus misiones con el joven Quincy, cada historia siendo más sangrienta que la anterior. A ojos de una persona externa, parecía un asesino serial o un lunático que disfrutaba derramar sangre, pero Kagura se rehusaba a creer que Ichigo fuera así, no sintió eso cuando lo conoció y no iba a comenzar a hacerlo ahora. Mantenía esperanzas de que esa "calidez" que le trasmitió el peli-naranja, era signo de que había bondad dentro de él, muy profunda y oculta, pero existente en algún lugar remoto de su corazón.
(Unas horas después…)
Entre quejidos de dolor y maldiciones entre dientes, Ichigo despertó. Estaba sufriendo una intensa migraña y la desorientación tampoco mejoraba su situación. Rápidamente se sentó en la camilla y observó a sus alrededores, ya no se hallaba en una sala de emergencia, parecía estar en una sala de recuperación. Hizo lo típico que haría en esas situaciones, revisar sí aún tenía puesta su preciada cruz, por suerte aún la tenía colgando de su muñeca, lo más probable es que algún miembro de su escuadrón insistió en que no se la quitaran, aunque no se podía decir lo mismo sobre su uniforme, que fue reemplazado por una bata de hospital. Levantó su brazo izquierdo para ver el estado de la herida que había recibido, esta había sido suturada y vendada, pero su antebrazo estaba inflamado, especialmente en la zona de la herida.
-Ya despertaste, ¿cómo está ese brazo?-
El Kurosaki giró su mirada a la puerta de la habitación, había una mujer rubia que posiblemente rondaba los cuarenta años de edad. Por su distintiva bata intuyo que era la doctora en jefe.
-Eres la doctora aquí, tú mejor que nadie debería saberlo-
-Sí bueno, no te tomes la pregunta muy enserio, se llama condescendencia por si no sabías.
-Y tú no te tomes la respuesta demasiado enserio, se llama sarcasmo.
La mujer encendió un cigarrillo y comenzó a fumar, para desagrado del Quincy.
-Apaga esa cosa-
-No-
-No es una petición, es una orden- dijo en un tono de suma irritación.
-Ordena todo lo que quieras, no dejaré de fumar- respondió la mujer antes de exhalar.
-Soy un capitán-
-Yo soy una doctora en jefe, esta es mi clínica, parece que estamos en una discordancia-
-Ya puedo ver la razón por la que tus hombres son tan problemáticos, son iguales a su capitán- agregó a su comentario anterior, mientras sonreía entre dientes.
-¿Estuvieron causando problemas?-
-Incluso amenazaron con matarme-
-Déjame adivinar, Layla... Yo me encargaré de darles una reprimenda o algo-
-Estaban bastante preocupados por ti, ¿Quieres que les avise que despertaste?-
-No, no es necesario. Y sí no vas a apagar esa cosa entonces sal de aquí, suficiente tengo hoy con haber sido envenenado para también tener que inhalar tu humo-
-Hablando de envenenamientos, ¿tienes curiosidad por saber que te tenía tieso como un cadáver?-
-En realidad no-
-Oh vamos, no seas tan gruñón, ¿estás seguro de que no quieres saber? Hasta podría apagar el cigarrillo por ti-
El peli-naranja suspiró irritado por la actitud ácida y burlona de la mujer, graciosamente la personalidad de la doctora contrastando con la suya propia.
-Solo habla y ya…-
La doctora en jefe tomó el cigarrillo de su boca y lo apagó usando el marco de la puerta, arrojó la colilla al suelo para luego tomar una carpeta de una mesa, la abrió y empezó a hojearla.
-Veamos, ¿puedes adivinar qué toxina era?-
-Uno de los paramédicos del consejo que me dio primeros auxilios, habló sobre una "rosa negra" o algo por el estilo-
-¡Bingo! acertaste, aunque con un poco de trampa, ahora ¿sabes lo que hace?-
-He escuchado sobre ella, es popular en los mercados negros. Es una neurotoxina con doble función, paralizar e inhibir la correcta coagulación, puede ser ingerida pero es más efectiva cuando se introduce al sistema por una herida abierta, dicen que dependiendo del tipo de herida, la persona, o incluso de cuan tratada esté la toxina, puede causar una muerte lenta por desangramiento o incluso paralizar los órganos principales y causar asfixia. Según lo poco que sé sobre el tema, su principal función es bloquear los impulsos neuroquímicos del sistema nervioso periférico e inhibir el envío de información, así "paraliza" a la persona, luego la mata destruyendo los trombocitos y evitando que se coagule la sangre, al principio actúa rápidamente, pero luego su velocidad de acción se limita a qué tan rápido puede desangrarse la persona-
-¡Mírate, eres todo un sabiondo a tu manera!-
-Sólo he leído un poco sobre eso, en la academia donde me gradué había un glosario sobre venenos y antídotos-
-Supuestamente es una planta que no se haya aquí en Fiore, por eso se popularizó tanto, porque creían que al envenenar a alguien con esa toxina no habría forma de darle un antídoto, porque- el Quincy se adelantó, no dejándola finalizar su oración.
-"Para contrarrestar una rosa negra, necesitas una rosa violeta"….o eso dicen-
-Exactamente, La única forma de crear un antídoto funcional, es usar una rosa negra antes de que se marchite, ósea, antes de que se vuelva negra y adopte su nombre característico. Lo que no se imaginan los que utilizan ese veneno, es que es una regla para cualquier hospital el tener antídotos para la mayor cantidad de toxinas posible, o por lo menos para las que están de moda-
-Da igual, los venenos son armas de mujeres-
-Oh ¿ese es un comentario sexista?-
-No, me refiero a que-
-Sí, sí, sé a lo que te refieres….- la mujer hizo silencio repentinamente, su mirada se desenfocó un poco, parecía estar perdida en sus recuerdos.
-…tuviste suerte, he visto a muchas personas que duplican tu edad, morir a causa de esa cosa… no es una muerte agradable, hay quienes se ahogan con su propia sangre, algunos quedan totalmente "vaciados"…-
-No hay ninguna muerte agradable que yo sepa, la muerte es muerte en cualquiera de sus formas, algunas más dolorosas, otras imperceptibles, pero a final de cuentas es eso…muerte-
-Hablas como alguien que la ha visto cara a cara muchas veces-
-No solo la he visto, he ido a cenar con ella unas cuantas veces también-
La doctora sonrió un poco ante la respuesta, pero su sonrisa se desvaneció con la misma velocidad con la que se formó.
-Yo he perdido la cuenta de cuantas veces he visto morir a personas…es duro cuando te das cuenta que no puedes salvar a todo el mundo…que solo eres un simple médico….pero ¿sabes? Sí que hay un tipo de muerte agradable, morir con un buen hombre en la cama después de un poco de…ups, eres demasiado joven para entrar en esos detalles- la última parte se aseguró de decirla en un tono extremadamente jocoso y sugestivo.
Ichigo la miró algo confundido.
-¿Después de qué?-
-Después de cosas, mocoso, solo eso… "cosas". Ahora que te veo bien, quizás sí fueras un poco mayor… hmmm…no, para nada, es antiético meterse con un paciente-
-¿Sobre qué diablos balbuceas?-
-Nada, descansa-
La doctora se dio la vuelta y comenzó a alejarse de la habitación.
-Oye ¿Cuándo me darán de alta?-
-Cuatro-
-¿Días, semanas, meses?-
-Adivina- se pudo escuchar venir del pasillo.
-Esa mujer es…irritante…- se dijo así mismo en voz baja.
El adolescente se levantó de su camilla, al dar unos cuantos pasos se tambaleó y tuvo que sostenerse con un estante. La gran pérdida de sangre que había sufrido lo dejó considerablemente debilitado.
Con bastante esfuerzo logró llegar a la salida de la habitación. Una enfermera que iba pasando se alarmó al verlo, tenía muchas razones para hacerlo; a pesar de que no fue una herida mortal, lo que acarreó dicha herida fue lo que puso su vida en riesgo. Su rostro estaba pálido, sus labios casi incoloros y el esfuerzo que estaba haciendo solo para mantenerse de pie, era suficiente como para preocupar a cualquiera.
-Joven, debería volver a su habitación-
-No me molestes, ¿Dónde están mis hombres?-
-Sus compañeros están en la sala de espera-
-Dame unas muletas, iré hacia allá-
-Si quiere puedo pedir una silla de ruedas y-
-Dije que me des unas muletas- exclamó en un tono extremadamente demandante.
-Cálmate, Kurosaki, pareces algo alterado-
El susodicho giró su mirada y vio a alguien aproximándose por el pasillo, solo con escuchar su voz supo quién era.
-Lahar…- dijo en un tono de molestia.
-También me alegra verte en persona, compañero-
-No somos compañeros, ¿qué haces aquí? Estás muy lejos de los cuarteles del consejo-
-Vine a visitar a un amigo que se está recuperando de una peligrosa misión-
-Sí, y yo mañana iré a la luna de vacaciones, he oído que tienen un spa excelente-
-No es necesario el sarcasmo-
-Lo mismo te digo-
-Joven debería- intentó decir la enfermera pero fue interrumpida por el recién llegado.
-No se preocupe señorita, yo me encargaré de él-
La enfermera observó a ambos y decidió dejarlos solos al ver que no era un simple visitante, aunque no sin antes cerciorarse que el paciente estaría en buenas manos. Después de ver partir a la enfermera, el miembro de la cuarta unidad de custodia fue directo al verdadero motivo de su visita.
-Vine porque tengo algo muy importante que pedirte, algo que no puedo simplemente enviarte por escrito con un mensajero-
-Vaya, debe muy importante, lo suficiente como para que tengas que venir en persona en lugar de enviar a una de tus mascotas de plaza sésamo-
-…..-
El muchacho de cabello negro le dirigió una mirada llena de confusión.
-¿A qué te refieres con….? …. ¿qué es?-
-Olvídalo, no lo entenderías de todas formas, ¿qué es lo que quieres?-
Lahar extendió una carpeta blanca, en la portada de la carpeta estaba el símbolo del consejo mágico. Ichigo la recibió, se apoyó contra la pared y la hojeó sin leer demasiado el contenido.
-¿Otra misión? Sabía que ustedes eran unos patanes, pero esto está más allá de lo que imaginaba. Estoy recuperándome ¿y de verdad vienes a traerme otra misión? Además, esto ni siquiera entra bajo mi jurisdicción-
-No es el consejo quién lo está solicitando directamente…-
Ichigo cerró la carpeta abruptamente y observó al joven funcionario con una mirada llena de sospecha.
-No sabía que eras del tipo que hacía cosas bajo la mesa-
Lahar hizo silencio y se ajustó los lentes.
-No lo soy, sí te traje esto es porque sé que te iba a interesar. Ese sujeto puede que tenga información sobre la torre del paraíso que buscas, sí construyes algo, sobre todo si es algo tan grande, requieres muchos materiales, comida y agua para los que trabajan, no puedes simplemente llegar a cualquier ciudad y comprar todo eso como si nada, necesitas alguien que te supla y transporte esas provisiones-
-¿Por qué haces esto?-
-Porque es un criminal que debe ser capturado, tú puedes hacerlo y beneficiarte. Sí es capturado por el consejo no te dirán nada de lo que sepa, pasará a ser información confidencial, información que no te incumbe ni a ti ni a tu escuadrón. No pienses que estoy intentando comprar tu amistad o algo parecido, solo es una forma de pagar tu ayuda al consejo-
-Mi trabajo es apoyar al consejo-
-Y el mío es atrapar esa clase de criminales, solo nos estamos ayudando mutuamente-
-Está bien…me encargaré de ello.
-No hay prisa, recupérate primero y luego te podrás encargar de ese asunto. Por cierto, acabo de recordar algo, en el interrogatorio de los magos oscuros que….- Lahar hizo una pausa y se aclaró la garganta.
-…"capturaste", había una joven, ella solicitó que tú estuvieras en su juicio, pidió específicamente que "el muchacho de uniforme blanco y cabello naranja, estuviera presente". No tengo la menor idea del porqué hizo esa petición, no es nuestra obligación concederle algo como eso, de hecho ni siquiera es algo que debería mencionarse-
-Pero lo hiciste, ¿por qué alguien querría que el asesino de su padre se presente en un tribunal a declarar en su contra?-
-No lo sé, pero…ella, esa chica, cuando se le interrogó sobre lo que sucedió…cuando nombró a su padre, el maestro de ese gremio…ella rompió a llorar, no pudo hablar por más de dos minutos sin empezar a sollozar otra vez…-
El Kurosaki bajó la cabeza al escuchar eso, su cabello cubrió sus ojos.
-…-
-No digo que esté en contra de lo que haces, sé que a veces es necesario hacerlo, pero…pienso que es mejor esforzarse por capturarlos con vida…esa chica tendrá pesadillas por el resto de su vida, algo así no es fácil de olvidar-
-Sé lo que hago, y estoy dispuesto a pagar las consecuencias-
-Quizás esto no sea lo tuyo, tal vez estés bajo mucha presión y-
-¿Y qué? ¿Qué vas a decir? Tú y yo tenemos formas muy distintas de manejar las situaciones, ¿sabes cuál es tu problema, Lahar? Que ves todo en blanco y negro, para ti debe haber uno bueno y otro malo, nunca pueden haber grises ¿cierto?-
-No, eso no es lo que quiero decir, a lo que me refiero es-
-Es que yo soy malvado ¿no? Soy un sujeto maligno por lo que hago, está bien, que así sea, no me molesta que me consideren que estoy al mismo nivel que las personas que capturo ¿pero quieres saber algo? Hay veces en las que es necesario convertirte en lo que deseas destruir, para capturar criminales me convierto yo mismo en un criminal, es el precio que hay qué pagar-
-Me preocupa que algún día te termines de convertir en uno, no me gustaría verte del otro lado del campo de batalla, Kurosaki-
El Quincy acercó su rostro al del miembro del cuerpo de custodia, su mirada estaba gélida pero llena de una seguridad temeraria.
-Llegaré hasta donde sea necesario para cumplir mi objetivo, Lahar.
El joven de cabello negro frunció el ceño y ajustó sus lentes, como ya un recurrente tic en él.
-No titubearé si terminas de cruzar la línea, Ichigo….eres un mago y será tarea del consejo lidiar contigo si te vuelves un enemigo, sí eso sucede, me aseguraré de capturarte yo mismo….-
Lahar pudo sentir como la temperatura descendió considerablemente alrededor de ambos, incluso empezó a sentir como si una fuerza invisible lo estuviera oprimiendo hacia el suelo, en ese momento supo que dicha sensación se debía al poder de Ichigo.
-No tengo problema con ello, solo te advertiré que…tus celdas están hechas para contener a magos, no a un Quincy…
La tensión entre ambos incrementaba al mismo ritmo que Ichigo expelía reiatsu. Ya el muchacho de cabello negro le estaba costando mantenerse erecto, sus piernas estaban temblando, su rostro estaba sudando, pero aun así seguía sin dar su brazo a torcer.
-Ichigo ¿ya despertaste?- retumbó una juvenil voz del fondo del pasillo.
Ambos se observaron fríamente por unos segundos más, antes de dirigir sus miradas a la fuente del llamado.
-Kagura….- al decir esto, todo rastro del reiatsu de Ichigo desapareció y el ambiente volvió a la normalidad.
-¿Estás bien?- preguntó la chica caminando hacia ellos.
-He tenido mejores días-
Inadvertidamente la jovencita se arrojó sin pensarlo sobre el Quincy y lo abrazó con mucha fuerza. El Kurosaki se sorprendió sobremanera por el accionar de la Mikazuchi, incluso ella misma no comprendía lo qué hacía.
-¡L-lo siento! lo hice sin pensar- exclamó sobresaltándose mientras se separaba del joven soldado.
Ichigo solo la observó con una mirada de perplejidad y confusión, mientras Kagura por otro lado tenía una expresión facial llena de vergüenza e incomodidad.
-Todos estábamos preocupados por ti...incluso llegué a pensar que-
-Te dije que soy difícil de matar, no moriré por una tontería así- dijo no permitiendo que finalizara la oración.
-De verdad te veías muy mal-
-He pasado por cosas peores, créeme. Esto no ha sido nada-
Lahar le dirigió una mirada llena de curiosidad a Kagura. Estaba sumamente interesado en saber la identidad de la persona que fue capaz de "aplacar" al impulsivo y airado Quincy, algo que pensó que sería imposible de hacer. Ella notó cómo la miraba el miembro del consejo mágico, y se sintió un tanto incómoda.
-Creo que no nos hemos conocido antes, permíteme presentarme. Mi nombre es Lahar- dijo en un tono muy cortés, extendiendo su mano diestra a la chica.
Ichigo giró los ojos irritado por los modales y cortesía del muchacho. La huérfana vio con desconfianza y duda la mano de Lahar durante unos cuantos segundos, pero finalmente la estrechó.
-K-kagura...mi nombre es Kagura-
-Es un placer conocerte, Kagura. ¿Ustedes son...compañeros, amigos o...familia?-
-¿Porqué el repentino interés en asuntos que no te incumben?- irrumpió el peli-naranja en su usual tono lleno de aspereza.
-Por nada en particular, Kurosaki. Es solo curiosidad-
-Pues no me agrada tu curiosidad-
-"Amigos"- respondió apresuradamente la Mikazuchi, así interrumpiendo la discusión entre los adolescentes.
Ichigo la miró con mucha más confusión que antes.
-¿Lo somos?-
-Sí, lo somos. Alguien que es amigo de Simon también es mi amigo-
-Oh...vaya, no sabía que tuvieras amigos, Kurosaki.
-Sí los tiene, yo soy prueba de ello- exclamó Kagura con el ceño ligeramente fruncido.
Lahar sonrió al escuchar esa respuesta.
-Es bueno saber que tiene amigos en los qué confiar. Creo que ya terminé aquí, si me disculpan, me retiraré. Fue un placer haberte conocido, Kagura.
-Lahar, espera. Hay algo que necesito que hagas por mi- dijo Ichigo atrayendo de inmediato el interés del mago.
-¿Tú pidiéndome algo? ¿El mundo se va a acabar o algo por el estilo?-
-No pienses que te pediré un favor. Te cobraré el que tú me debes de aquella vez, imbécil-
Lahar suspiró ante la forma de Ichigo para pedir favores, su renuencia a actuar con humildad podía llegar a ser excesiva.
-¿Qué necesitas, Kurosaki?-
El Quincy miró a la chica que estaba a su lado y posó su mano sobre su cabellera negra. Ella lo observó de vuelta, expectante debido al repentino gesto.
-Necesito que cuides de Kagura por unos días-
La chica abrió ampliamente los ojos y lo miró desconcertada.
-¡¿Qué?!-
-¿Uh?-
-Lo que oyeron...estaré ocupado con esa misión y no podré-
-¿Y no podrás qué? ¿Ibas a decir "y no podré cuidar de ella"? No necesito una niñera, yo puedo cuidar de mí misma- exclamó la Mikazuchi enardecida.
-Sí, puedes cuidar de ti misma tan bien que casi pasas la noche rodeada de bestias salvajes en un bosque-
-No vengas a darme órdenes como si creyeras que soy uno de tus hombres. Yo fui la que aceptó venir contigo, no al revés. ¿Acaso ahora que te sientes mejor, quieres deshacerte de mí?-
Ichigo la tomó por los hombros y la miró directamente a los ojos.
-No quiero deshacerme de ti, tampoco te estoy dando órdenes. Quiero que vayas con Lahar por tu propio bien-
-¿Mi propio bien? ¿Qué quieres decir con "mi propio bien"?-
-Kagura, mírate. Ve tu rostro en un espejo, ¿Cuantos días tienes sin comer bien? ¿Cuantas semanas tienes sin dormir apropiadamente? Puedo ver en tu rostro que estás sufriendo de inanición. A eso me refiero con tu propio bien. Quiero que comes bien, que duermas bien, que te recuperes-
-...-
La jovencita bajó la mirada, sus ojos ya no reflejaban molestia sino tristeza.
-Sólo será por unos cuantos días nada más, Kagura-
-¿Luego que?-
-Luego te iré a buscar e iremos a mi cuartel hasta que pueda conseguirte un lugar apropiado en el que puedas vivir cómodamente-
-¿Cómo sé que no estás mintiendo?-
Ichigo se quitó el collar en el que colgaban sus chapas militares y lo colocó en el cuello de ella.
-Porque cuidarás de esto por mi hasta que te busque-
La chica tomó una de las placas metálicas y la detalló minuciosamente.
-Me las gané con mucho esfuerzo, son la muestra de que soy un soldado, es mi identidad. Sí no confías en mí, confía en que buscaré mi identidad-
-Cuando Simon se fue, tan bien dijo que volvería pronto...-
-Entonces no te diré que volveré, te prometeré que lo haré-
El Kurosaki con algo de esfuerzo se inclinó hacia ella y extendió su meñique. Kagura observó el dedo confundida al no entender qué trataba de hacer.
-Dame tu meñique, así se traban las promesas en el lugar del que provengo-
Ambos entrelazaron fuertemente sus dedos meñiques en señal de la nueva promesa.
-E-es una promesa-
-Sí...ve a buscar tu espada-
La chica de cabello negro asintió y caminó en dirección de la sala de espera en busca de su preciada arma.
-Yo aún no he accedido a nada, Kurosaki-
-Pero lo harás, recuerda que me debes una-
-¿Me estás extorsionando?-
-No, te estoy cobrando algo que me debes-
Lahar suspiró profundamente y ajustó sus lentes.
-¿Quién es esa niña? Al menos dime eso, nunca te he visto preocuparte tanto por alguien que no seas tú mismo-
-Estás muy equivocado si piensas que me preocupo por mí mismo... Ella es la hermana de uno de los esclavos que fue compañero mío en el R-system-
-Ya veo...tal vez pueda cuidar de ella por unos días, asegurarme que coma y duerma apropiadamente, conseguirle nueva ropa y esa clase de cosas. Pero sólo será por unos días, no soy una niñera y podría recibir una reprimenda de parte de mis superiores por alojar a una persona ajena al consejo-
-Si, eso es exactamente lo que estoy pidiéndote-
-Ya estoy lista- dijo ya con su enorme nodachi en las manos.
-Entonces deberíamos irnos de inmediato, Kagura. El permiso que me dieron era por unas pocas horas, podría recibir un regaño sí me tardo más de eso.
La jovencita de cabello negro se paró frente al Quincy, tomó las placas que colgaban en su cuello y las apretó.
-Espero que cumplas tu promesa, Ichigo- dijo viéndolo directo a los ojos.
-Sí lo haré, vete tranquila. Cuando termine lo que debo hacer iré por ti-
El dúo de cabello negro se marchó, la huérfana miró por última vez al peli-naranja. Lentamente ambos desaparecieron de la vista del soldado, este tan solo suspiró, levantó la mirada al techo y cerró los ojos.
Nota de autor: Ahora, otro pequeño extra como en el cap pasado, dios como amo escribir estos, creo que ha sido lo más divertido de escribir este capítulo.
/Reino de Fiore-cercanías al pueblo de Acalypha/
(Año x779)
Era un día cálido, el sol estaba más resplandeciente de lo normal, pero a pesar de eso, era un día agradable. A las afueras del pequeño pueblo de Acalypha estaba transitando una comitiva real, una carroza y seis carruajes avanzaban en fila por el apacible camino. La princesa Hisui E. Fiore en la carroza, la amable e inocente princesa estaba observando el camino por una de las ventanas, su expresión era de aburrimiento, a su lado estaba uno de los miembros de la guardia real, el teniente Arcadios, quien estaba pronto a ser promovido como comandante de la guardia entera, el veterano soldado estaba sumamente atento a los alrededores, quizás hasta un poco paranoico, pero tenía razones para estarlo, estaba transportando a la princesa después de todo, incluso tenía puesta su famosa armadura de lirio blanco por si algún ignorante bandido intentaba pasarse de listo.
-¿Qué sucede, princesa? Parece algo decaída- preguntó el hombre.
-Estoy aburrida, este viaje es demasiado largo- respondió la niña, su mejilla estaba pegada a la ventana.
-No se preocupe, pronto llegaremos a la propiedad del señor Jude-
-Quiero conocer a su hija Lucy, pero cuando voy nunca está-
-Quizás hoy esté-
Hisui soltó un quejido de aburrimiento, Arcadios rió entre dientes al ver a la princesa en ese estado, sobre todo porque ella no era conocida por ser decaída o triste, la niña de cabello verde siempre estaba alegre y contenta.
-Princesa, hoy parece estar- trató de decir el hombre solo para cohibirse así mismo al escuchar un estruendo provenir de la parte trasera de la comitiva.
-Arcadios, ¿Qué sucede?- preguntó la alarmada y asustada hija del rey.
Nuevamente otro estruendo resonó con mucha más fuerza.
El hombre asomó su cabeza por la ventana solo para observar a uno de los carruajes envuelto en fuego, otro estaba partido por la mitad, los guardias que iban en el carruaje yacían en el suelo desmembrados. Ante tal escena Arcadios actuó instintivamente cerrando las cortinas de las ventas de la carroza para que la princesa no se expusiera a tan horrendo panorama.
-¿Q-que sucede Arcadios?- preguntó viendo la expresión de inquietud del sujeto.
-No se preocupe, princesa, todo está bien-
-No, nada está bien ¿qué sucede?- preguntó nuevamente solo para no recibir respuesta alguna.
-Lo veré yo misma entonces-
-No, princesa, no lo haga por favor-
La niña y el hombre empezaron a forcejear, ella para abrir las cortinas y él para evitar que ella lo hiciera, la carroza se detuvo muy abruptamente. Se pudo escuchar un extraño silbido, los ojos de Arcadios se abrieron de forma muy amplia, no tuvo demasiado tiempo para plantearse la situación, solo rodeó y cubrió a Hisui con su cuerpo. La carroza estalló, trozos de madera y metal provenientes del transporte salieron volando por los aires, Arcadios fue expulsado por la puerta opuesta a la explosión, el hombre que aún tenía a la princesa en sus brazos chocó contra un árbol, una gran cantidad de sangre salió de su boca a causa del golpe.
Su visión se tornó borrosa, sus oídos estaban zumbando, al bajar su mirada vio que la pequeña princesa estaba desmayada, al observar a sus alrededores notó como sus hombres estaban siendo masacrados, aunque no parecía ser por bandidos comunes, eran magos los que lo estaban haciendo.
-Princesa…despierte, princesa….debe huir….- dijo a Hisui, pero no hubo respuesta.
Uno de los guardias se acercó al árbol donde yacía Arcadios y la princesa.
-Teniente Arcadios-
-¿Qué sucede? ¿Quién es el enemigo?-
-Magos señor, nos están aplastando, fue demasiado repentino, no pudimos hacer nada…el capitán…al capitán le…vi cómo uno de esos hombres le metía una daga en el oído…señor-
Las manos del joven soldado estaban temblando, su mandíbula estaba temblorosa. Arcadios tomó al muchacho por su coraza y lo agitó un poco de atrás hacia adelante.
-CONTROLATE, muchacho. La vida de la princesa es lo único que importa en este momento- gritó el furioso veterano.
Arcadios recostó a la princesa del árbol y se puso de pie, de un pequeño bolso que colgaba de su cintura sacó un extraño artefacto de color blanco, lo colocó en el suelo y presionó un botón; el artefacto emitió una luz que cubrió a la princesa y sus alrededores, enseguida la luz pareció solidificarse hasta que se convirtió en un campo de fuerza.
-Es nuestra tarea protegerla, incluso si nos cuesta la vida-
El muchacho asintió, Arcadios desenvainó su espada y se puso en guardia. Unos ocho guardias reales más, se acercaron e hicieron un círculo defensivo alrededor del escudo que protegía a la princesa.
-¿Cuáles son las ordenes señor?-
-Tú sabes cuales son, proteger a la princesa y acabar con los desgraciados que se atreven a alzar sus armas contra el reino mismo-
-Sí, sí, todo el discursito está bien, señor, pero lo que importa es lo que realmente haremos- dijo uno de los guardias.
-Quizás deberíamos buscar una apertura para sacarla de este lugar- dijo otro.
-¿Alguna idea de cuantos son?-
-Veinte o más-
-….-
El hombre de armadura blanca apretó los dientes en frustración, el agarre en la empuñadura de su espada aumentó también.
-Podríamos esperar refuerzos, los guardias del pueblo seguramente escucharon el estruendo-
-También es una opción-
Los arbustos empezaron a moverse, al notar esto, todos los guardias se pusieron tensos. De la nada un sujeto ataviado en unos viejos harapos se lanzó contra ellos, sus puños estaban brillando con una magia de color azul. Antes de que alguno pudiera reaccionar, el hombre golpeó a uno de los guardias, su puño al hacer contacto contra el rostro del soldado, causó que su cabeza estallara, restos de sesos y sangre bañaron a los demás guardias. Arcadios no dio tiempo para que el peligroso mago hiciera otro movimiento, blandiendo su gran espada, la balanceó sobre su cabeza y la hizo descender con todas las fuerzas que tenía, partiendo por la mitad al mago.
Antes de que alguno pudiera cantar victoria, una ráfaga de proyectiles mágicos los sorprendió, matando a tres guardias. Del denso follaje salieron unos once magos, ante la superioridad numérica, Arcadios ordenó la retirada. Los guardias reales se replegaron y se ocultaron detrás de árboles, en un intento de protegerse de los ataques enemigos. Ocho magos más salieron del bosque y empezaron a atacar a distancia, los arboles empezaron a caer debido al poder destructivo de sus ataques, el escudo protector de la princesa empezó a recibir impactos, logró absorber la gran mayoría de ataques, pero ya estaba empezando a perder fuerza. Tras unos largos tres minutos y una incesante cantidad de ataques, un grupo de soldados del pueblo llegó para auxiliar a lo que quedaba de la comitiva, los guardias hicieron retroceder momentáneamente a los magos, cuando las carta parecían haberse volteado, un prominente y musculoso sujeto se lanzó de uno de los árboles y aterrizó encima de uno de los pobres guardias. El sujeto aparentaba ser el líder de la banda. El hombre extendió sus manos y una luz amarilla se proyectó en frente de él, de la nada apareció una gigantesca arma, era una gatling mágica, el hombre tomó la pesada arma mágica que re-equipó y activó el disparador, los cañones del arma empezaron a rotar y tras unos segundos, una andanada de disparos salió de ella, los guardias del pueblo armados solo con alabardas y lanzas, cayeron presa del fuego, los potentes disparos terminaron por destruir lo que quedaba del rural camino.
Enseguida y sin dejar de presionar el gatillo, el sujeto apuntó su arma al escudo que protegía a la princesa Hisui, éste no logró soportar la intensa cantidad de proyectiles y se fracturó como si de un cristal se tratara, el escudo cayó dejando a la princesa desprotegida.
El hombre soltó el gatillo y dejó de disparar, no queriendo lastimar a la princesa, los humeantes cañones del arma seguían girando hasta que tras unos segundos se detuvieron. El sujeto sonrió maliciosamente al ver a la desprotegida princesa.
-Tómenla, valdrá una buena cantidad en Bosco, quien sabe, quizás hasta nos podremos comprar nuestro propio palacio-
Los guardias reales salieron de sus escondites al escuchar tal afirmación. Uno corrió hacia la princesa para intentar llevársela pero fue detenido por una pequeña daga que se encontró con su aorta, cortesía de uno de los magos.
El soldado cayó tras unos cuantos pasos antes de poder llegar a la princesa. La desesperación y ansiedad inundaban a los pocos guardias reales que permanecían con vida.
-La entreguen voluntariamente o no, todos morirán, se los digo por adelantado para que no piensen que pueden negociar- gritó el líder de los magos desde donde estaba parado.
Arcadios comenzó a caminar y se paró en donde estaba la princesa, en un último intento de hacer todo lo que podía para protegerla.
-Entonces ven….no me rendiré, no podrás quebrantar la voluntad de un caballero santo de la orden del cerezo en flor-
Al escuchar eso, los pocos guardias reales que seguían con vida se ordenaron al lado del inquebrantable hombre. Todos empuñando sus armas preparados para sus muertes. Hisui abrió los ojos, su terror fue incalculable al ver esa severa cantidad de personas muertas en la zona.
-A-Arcadio ¿Qué sucede?- preguntó, lagrimas rodaban por sus mejillas.
El hombre giró su rostro hacia donde estaba la pequeña niña y le dirigió una sonrisa llena de seguridad y confianza.
-Nada princesa….todo está bien….nosotros la protegeremos-
Hisui abrió ampliamente los ojos, las lágrimas continuaron cayendo, su miedo era equiparable al dolor que sintió al entender el por qué su guardia le sonrió de esa manera.
-Mátenlos-
Los magos se prepararon para terminar el trabajo. El miembro más joven de la comitiva de guardias reales, cerró los ojos esperando su final. Cuando todos pensaron que la muerte se había cernido sobre ellos, de la nada llegó una andanada de flechas azules que aterrizaron sobre los magos, lentamente cayó uno a uno. Arcadios reconoció que inequívocamente esas flechas pertenecían a una persona, solo alguien en todo Fiore tenía la capacidad para usar una técnica así.
Del camino descendió un joven de cabello naranja ataviado con una armadura similar a la de los soldados del reino de Fiore, aunque tenía ciertas "variaciones" o mejor dicho personalizaciones, y un extraño arco azul en su mano izquierda. Los magos intentaron atacarlo pero éste desapareció repentinamente, para luego aparecer frente al líder del grupo. El sujeto no tuvo certeza de qué lo golpeó, solo pudo ver los ardientes ojos de ira del muchacho y su ceño fruncido, lo único que escuchó antes de ser despedazado por una interminable lluvia azul fue la palabra "Licht Regen".
Los magos se dispersaron, uno de ellos intentó capturar a la princesa y luego huir, pero Arcadios logró interceptarlo y hundir su espada en el pecho del mago. El soldado Quincy terminó de exterminar a los magos, no dándoles ni una ínfima gota de misericordia.
Arcadios sonrió al ver como el joven que había reclutado hace tan solo un año y unos meses atrás, se había convertido en un excepcional soldado.
-Es bueno ver que estás de nuestro lado, Ichigo. Me daría pavor tenerte como enemigo-
El peli-naranja deshizo su arco y caminó hacia el soldado ataviado en armadura blanca.
-Es bueno verte a ti también, Arcadios-
Ambos se estrecharon amistosamente las manos, los demás soldados se quedaron boquiabiertos allí observando al muchacho que no parecía tener más de doce o trece años.
-¿Qué haces por aquí?-
-¿Yo? Ah ya sabes…iba pasando por allí y escuché el estruendo-
-JÁ, después de esto tenemos que tomarnos juntos unas cuantas cervezas -
-Vamos Arcadios, sabes que soy menor, no puedo beber-
-¿Quién dice que no? No he escuchado de ninguna ley que prohíba a dos soldados que vayan a beber para celebrar una victoria-
Ichigo sintió como halaban la parte trasera de su abrigo, al girarse para observar quién era, notó a una pequeña niña con cabello verde y una valiosa diadema dorada en su cabeza.
-¿Quién eres?- preguntó Hisui.
Ichigo se inclinó hacia ella y le sonrió para intentar calmarla de la traumática situación que acababa de sufrir.
-Ichigo, Ichigo Kurosaki, a sus servicios princesa-
Ella le extendió delicadamente su mano en un gesto típico de la nobleza. Ichigo, aunque un poco renuente a hacerlo por lo molesto que se le hacía tratar con políticos, tomó su mano y besó el dorso de esta. La niña se sonrojó un poco ante esto, algo que no le había sucedido antes a pesar de estar acostumbrada a recibir ese saludo de parte de la mayoría de personas.
Ichigo abrió ampliamente los ojos como sí se hubiera dado cuenta de algo, enseguida rodeó su mano derecha alrededor de la cintura de la princesa y la cargó para luego apartarla del lugar de donde estaba parada, unos microsegundos después de haber hecho esto, un proyectil similar a una bala aterrizó en un árbol que estaba al lado de donde anteriormente estuvo de pie la princesa.
El Kurosaki lanzó a la princesa a los brazos de Arcadios, quien inmediatamente soltó su espada para atrapar a la niña. Ichigo creó rápidamente su arco, cargó una flecha y observó el bosque, tras unos segundos trazó una posible localización del atacante juzgando por la trayectoria de la bala, claramente era un francotirador, lo que el criminal no tenía en consideración es que Ichigo mismo era también un francotirador muy capaz con su arco. El Quincy reunió una considerable cantidad de reishi bajo sus pies, tanto que las plantas de sus pies se iluminaron de color azul, para sorpresa de todos, dio un salto que parecía humanamente imposible, con ayuda de su hirenkyaku y una plataforma de reishi, Ichigo se mantuvo de pie en el aire a unos cuantos metros por encima de ellos. Hisui observó con maravilla la proeza del Quincy que a sus ojos, parecía estar levitando en el aire, ella compartía la emoción de su padre por la magia y todo lo que tuviera que ver con ello.
Ichigo aún en el aire, aprovechó la ventaja que le daba estar en terreno más alto y pudo localizar al francotirador, era un hombre acostado en la rama de un árbol, su arma era un gran rifle mágico, el sujeto localizó también al Quincy, al avistarse ambos pasó de ser un intento desesperado por matar a la princesa, a ser un duelo a muerte entre francotiradores.
El sujeto se sentó en el árbol para estar en rango de disparo para alcanzar a su oponente, apuntó su arma. Los duelistas prepararon sus respectivas armas y dispararon, Ichigo soltó su flecha y el mago jaló el gatillo, la flecha y la bala salieron de sus respectivas armas. El Quincy aprovechando la situación, deshizo la plataforma de reishi en la que estaba parado, causando que cayera y quedara fuera del alcance del proyectil enemigo, el hombre menos afortunado por su parte no pudo reaccionar a tiempo para esquivar la flecha. La saeta de reishi atravesó la mira del arma del sujeto y terminó destrozando su ojo y clavándose en su cráneo.
Ichigo aterrizó tranquilamente en el suelo, dejando aún más sorprendidos a los guardias y a la princesa.
-¿Ya….?- trató de preguntar Arcadios, mientras dejaba a la princesa que tocara tierra firme.
-Sí, ya la amenaza está despejada-
-¿Cómo hiciste eso? ¡Volaste!- exclamó Hisui.
-De hecho, técnicamente me paré en el aire-
-Wowww-
-Creo que deberíamos irnos, princesa, este no es lugar para usted- dijo el peli-naranja viendo los cadáveres.
-¿Nos vas a acompañar?- preguntó Arcadios.
-Sí, los acompañaré a su destino-
El hombre ataviado con armadura blanca se acercó al Quincy y se inclinó hacia él.
-Enserio, Ichigo…no creo en las casualidades, sí me pagaran para creer en eso, ya hace tiempo que estaría muerto ¿Qué haces aquí?-
El Kurosaki señaló a los restos que quedaban del mago que lideró el grupo.
-Ese sujeto tiene una recompensa altísima por su cabeza, estoy en descanso así que estoy cazando criminales para cobrar la recompensa-
-¿Por qué no llegaste antes? Sí hubieras llegado diez minutos antes, habrías salvado la vida del escuadrón entero y de los guardias de esa ciudad-
-Llegué en el momento que llegué, Arcadios, no pude llegar antes-
-Señor, aún hay un carruaje que funciona pero el caballo se soltó y corrió hacia la el bosque, lo iré a buscar, después de eso ¿seguiremos nuestro camino?-
-No. Nos replegaremos a la capital, será otro día que la princesa vaya a visitar al señor Jude-
Hisui miró descontenta al soldado al decir esto.
-Lo siento princesa…pero su seguridad es primero, iremos al pueblo a pedir refuerzos, avisar lo que sucedió aquí y replegarnos otra vez a la capital-
La princesa Fiore observó a sus alrededores, su mirada estaba sumamente entristecida.
-Sí…será lo mejor…esto fue por mi culpa-
Arcadios trató de confortarla pero Ichigo se le adelantó.
-No es así, princesa. Ese era su trabajo y ellos lo hicieron sin dudarlo, viva y haga que sus sacrificios no hayan sido en vano-
-Gracias, señor Ichigo-
-No es necesario lo de señor, princesa. Es mejor que nos pongamos en marcha, no hay que perder más tiempo-
Hisui sonrió y asintió.
-¿Nos acompañarás a la ciudad señor-uhm, quiero decir Ichigo?-
-Sí, soy un soldado del reino después de todo, es mi deber protegerla aunque no sea miembro de la guardia real-
La princesa y el resto de la guardia real se adelantaron hacia el pueblo. Ichigo quiso comenzar a caminar pero Arcadios lo tomó por el brazo y lo detuvo.
-Ichigo…para capturar a tus presas… ¿no habrás usado a la princesa como carnada? ¿Cierto?-
-Vamos, Arcadios ¿cómo crees que yo haría algo así? No seas tan paranoico- al decir esto apartó la mano del sujeto.
-Señor-digo, Ichigo, Arcadios. Vengan- gritó la pequeña princesa desde unos cuantos metros, sus mejillas estaban ligeramente rosadas.
Ichigo siguió el llamado de la princesa. Arcadios se quedó atrás observándolo, había desconfianza en sus ojos, algo que Ichigo había notado.
-Sí….espero que realmente no seas capaz de hacer algo así…- dijo el hombre en voz baja.
Nota de autor: Por sí alguno se preguntaba como Ichigo llegó a ser capitán tan pronto y como consiguió su propio escuadrón, creo que esto habrá sido suficiente para esclarecer la duda.
