Estampado de fresas

Respiró. Saltó. Se apartó. Gritó. Saboreó. Vio.

Hermione respiró con ansias el aire al saltar hacia su derecha. Se apartó del hechizo de Parkinson y humedeció sus labios. Granger comenzaba a transpirar más de lo necesario y eso le alarmaba de sobremanera. De golpe, vio cómo Pansy avanzaba dos pasos hacia ella, como si blandiera un florete, y sólo pudo reaccionar protegiéndose. Esto no iba bien, cada hechizo de la Serpiente era como un espadazo.

La Leona intentó controlar la situación atacando a la vez que su contrincante, pero falló y tuvo que apartarse sin pensarlo. Bufó agotada. Parkinson aprovechó ese instante para colocarse la túnica e intentar leer la mente con la mirada.

Hermione agachó la cabeza y volvió a ponerse en guardia, gruñiendo. "Tss, maldición, pensaba que sería una completa idiota en el duelo"

Estuvieron un minuto entero sin reaccionar, clavando su vista en la varita ajena de cada una hasta que Pansy le regaló un Diffindo. Hermione se protegió pero le rozó en un lado, justo en su brazo izquierdo. Un hilo de sangre empezó a deslizarse directo al suelo.

Continuaron sin limpiar la herida. Hermione no quería descansar.

—Límpiate —ordenó la Slytherin justo al acabar de desviar un Confundus—. Me da asco.

—Pues a mí no.

Granger se encogió de hombros y volvió a apuntarla. Pansy alzó una ceja, divertida.

—En tres movimientos —contó la Slytherin mentalmente—, puedo hacer que pierdas.

—¿Sin que yo coopere?

—Exacto.

—¿Y se puede saber cómo...?

Un Expelliarmus golpeó su mano derecha, y, viendo que Parkinson iba hacia ella, se apartó hacia su izquierda. Su rival le agarró de la mano contraria y la atrajo hacia su cuerpo.

Parkinson, con una sonrisa burlona de oreja a oreja, fue hundiendo con gracia la varita en el cuello de Hermione.

—Me equivoqué —siseó con lentitud. Qué fácil era distraer a la sabelotodo si se le hacía pensar—, eran dos movimientos. Creí que rechazarías sin problemas el agarre —le miró con mofa de arriba a abajo—. Veo que no. Ah, y he ganado.

Parkinson retiró su arma, con una mirada cínica saludó a Cho que estaba en una ventana observándolo todo, y comenzó a caminar hacia el castillo.

—¡Expelliarmus! —oyó la Slytherin a sus espaldas.

Antes de girarse, el hechizo le golpeó en la mano que sujetaba la varita. Volteó su cuerpo completamente sin hacer caso al conjuro que la desarmó.

—¿Qué demonios haces, Granger?

—En un duelo jamás hay que dar la espalda a tu enemigo. Sobretodo cuando en dicho combate apenas hay reglas porque ahora mismo estás desarmada y en menos de un minuto, inconsciente —se molestó al recibir una mirada de Parkinson de incomprensión—. Con eso quería decir que he ganado.

—No, dejé claro que fui yo la ganadora, que ahora me vengas tú de niña repelente que quiere ganar sí o sí, no cambiará nada.

—Tendrías que haberme dejado sin conciencia, si lo hubieras hecho...

—¿Y? No lo he hecho, te he tenido amenazada con la varita bastante tiempo, eso es suficiente.

—Pero debiste.

—¡Venga ya!

—¿Qué? Si hubieras dejado a Cho arbitrar el duelo no pasaría esto.

—Ella está mirando, allí, al final, ¿ves aquella sombra que se acaba de esconder en la ventana de la torre? Pues eso era Chang. Vigilándote como el fiel perro guardián que es.

Hermione no dijo nada, desconcertada al saber que la asiática estaba velando por ella aunque hubiera rechazado su ayuda el día anterior.

—¿Empate? —preguntó la Leona con una sonrisa al dirigirse a la Slytherin. Al notar la desconfianza, guardó su arma y mostró ambas manos.

—Claro... —Parkinson se agachó con la intención de recuperar su varita y apuntó a Granger—. ¡Desmaius!

Hermione se desplomó sin resistencia sobre el césped húmedo por la nieve.

Hubo unos momentos de calma donde sólo el tímido piar de los pájaros que no emigraban en invierno se podía escuchar de entre los árboles cubiertos con una fina capa de nieve, y las lentas pisadas de Pansy que hacían crujir el césped congelado a medida que avanzaba sin prisa hacia el cuerpo estirado.

—No vayas a quejarte, tú has hecho lo mismo —dijo Pansy, moviendo con el pie una de las manos.

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—¿Por qué está desmayada?

Hermione apretó sus párpados levemente y notó, con la oscuridad cubriendo su alrededor por no abrir los ojos, que algo se movía a su izquierda.

—Resulta que se resbaló por un bajada y se golpeó en la cabeza. Pero está bien, mire —Le pellizcaron el brazo y se removió molesta—. Genial, ¿verdad?

—¿Se cayó...?

—La empujaron, más bien dicho —respondió otra voz. Parecía más alejada de ella.

Hubo un momento de silencio y Hermione, sin poder abrir sus ojos ni mover el cuerpo, se agitó mentalmente por el agobio.

—Señorita Chang, ¿qué ha querido decir con eso?

—Nada, era una observación. Me ha parecido rara esa herida porque las piedras no son tan afiladas como para hacer cortes de ese tipo.

De nuevo alguien rozó su brazo. Se quejó con un sutil gruñido interno.

—Señoritas, acompáñenme, acertaría si dijera que ustedes saben algo de lo que ha pasado.

—Quizá sí, quizá no —contestó la voz del principio.

"Sin duda es Parkinson", pensó Hermione en su interior.

—Creo que hablaría por las dos al decir que preferimos estar aquí, junto a ella —contestó Pansy.

—Muy bien, entonces hablaremos en la enfermería y alejadas. Señorita Chang, si hace el favor...

La Leona escuchó el ruido de una silla al moverse. Después, silencio.

Pansy miró a ambos lados sin saber dónde posar su mirada. La confesión de preferir estar ahí, con la sabelotodo, en vez de irse, le atacó a su ego prepotente. Observó cómo las dos mujeres hablaban a lo lejos y escudriñó el rostro de Hermione. Este estaba completamente relajado, incluso se podría decir que en esa situación se veía más... aceptable físicamente.

Vio necesario aclararle a Granger el porqué se quedaba. No le venía de gusto que la sangre sucia pensara que le importaba, si es que podía escuchar en ese estado. Se acercó al oído de Hermione.

—No me malinterpretes —decía aquella brisa desesperada por explicarse—. Prefiero estar aquí a hablar con McGonagall. Esa mujer da demasiado miedo cuando se enfada, y si encima se entera de que han atacado a una de sus alumnos...

Hermione abrió somnolienta los ojos. Acto seguido los dirigió a aquella figura sentada a su lado.

—Estás en la enfermería —dijo con rapidez. Se relajó al distinguir confusión en la Leona.

—¿Tan fuerte fue mi mareo? —murmuró por lo bajo mientras se frotaba los ojos.

—No, te quería dejar dormir allí pero Chang fue a buscarte. Y ahora estamos metidas en un problema.

—Vaya...

—Sí, por eso prefiero los duelos sin juez.

—Yo prefiero que los haya. Al menos no me congelaría en los jardines por culpa de una Slytherin que tiene muy mal perder.

Pansy bufó y levantó el mentón para devolver la mirada de molestia de la chica que seguía tumbada.

—Yo no he perd-

—Señorita Parkinson —interrumpió la profesora McGonagall—, haga el favor de venir aquí.

La aludida guió los ojos hacia la maestra que se encontraba alejada y los entrecerró al chocar contra los de la asiática que se acercaba por momentos.

—¿Qué le has dicho? —preguntó Pansy, sin apenas abrir los labios al pasar junto a ella.

—Quiere encontrar al causante del estado de Granger.

—Y yo soy la sospechosa número uno, ¿verdad?

Se volvieron a alejar.

En aquella esquina de la enfermería, dorada por los rayos solares y amplia para acoger a los magos enfermos, Hermione vio cómo la Slytherin y la profesora intensificaban sus gestos a la lejanía.

—He delatado a Parkinson —Cho continuó limpiando de nuevo la herida de Hermione.

Ésta la miró atónita.

—¿Qué?

La Ravenclaw, con calma, se levantó, fue a la mesita de al lado y llenó el vaso de un líquido morado.

—Es zumo de arándanos.

—No cambies de tema —retiró el vaso y levantó la cabeza de la almohada para encararla—. ¿Por qué lo has hecho?

—McGonagall hubiera aceptado dos opciones y dije la que esperaba, que Parkinson era culpable de todo.

—¿Y el duelo? Tú sabías que era un duelo no oficial y sin juez, ¿por qué la has delatado cuando eso supone problemas para mí y ella? —Hermione, por la expresión que puso la Ravenclaw, dejó caer con fuerza la cabeza. Estuvo un segundo mirando el techo con enfado—. ¿Nos has metido en problemas a las dos por querer devolvérsela, Cho?

—No le he dicho que estábais en pleno de un duelo estúpido e innecesario cuando Parkinson te hizo daño. Digamos que jamás ha existido, todo ha sido un cruel juego de un Slytherin aburrido en vacaciones.

—¿Cómo puedes hacer eso?

—Baja la voz...

—¡No! 'dita sea, estás mintiendo para que yo no reciba ningún castigo siendo consciente de que no aceptaría tal injusticia. Hazme el favor de mirarme cuando hablo —con reticencia, la Ravenclaw obedeció dándole a Hermione la ocasión de fruncir la nariz—. ¿Le has dicho a la profesora que ha habido un duelo, sí o no? Merlín, Cho, acepto que Parkinson no sea la mejor del mundo y que quieras que ella sea castigada, pero que deba cumplir con todo el castigo es algo muy injusto cuando no es sólo su culpa.

—Fue a buscarte a la biblioteca para desafiarte, en cierto modo te obligó.

—Pero al final acepté y con ello las consecuencias de ser descubiertas.

—Granger, no...

—¡Profesora! —exclamó Hermione girándose hacia ellas. Salió de la camilla y dejó que la sábana se deslizara por su cuerpo hacia el suelo—. No es culpa de Parkinson, también fue mía. Acabé herida en un duelo, pero Parkinson no es la única culpable —volvió a repetir.

Vio cómo Pansy se tapaba la boca con la mano, ocultando una risa, y McGonagall desviaba la mirada. Ésta carraspeó.

—De acuerdo, pero haga el favor de ponerse algo encima, señorita Granger.

Hermione chilló al notar su desnudez y se sentó al suelo para cubrirse.

—¿Por qué diablos estoy desnuda?! —vociferó, ocultando sus senos con los brazos y atrayendo las piernas hacia su zona más delicada—. ¡No iba a estar tanto tiempo en la enfermería como para que me tuvierais que poner un pijama!

—Lo sé, es simplemente que las dos creíamos que tendrías más heridas, y... en fin, aquí tienes el resultado. No nos ha dado tiempo de vestirte antes de que viniera la profesora Mc-

—¿Quién? —rugió Hermione— ¿Quién me quitó la ropa sin permiso?

—Yo.

Los ojos de la Leona se desviaron hacia Parkinson. Después de desafiarla con la mirada, Pansy sonrió de lado.

—Te quejas de que vas desnuda y aun así no te cubres con una sábana. Me da a mí que te gusta ser observada...

—¡Piérdete, Parkinson!

Tiró de una manta cercana y se la ató a su alrededor. Refunfuñando, volvió a meterse en la cama.

Sacó el brazo herido por un lado.

—¿Te duele? —comentó Cho al ver su mueca de dolor. Hermione le dio la espalda.

—No necesito ayuda de nadie, puedo yo sola.

Dicho eso, se perdió entre los pliegues de la mullida cama.

McGonagall se fue de la enfermería después de apuntar alguna cosa en una carpeta llena de folios rosas, que sin duda pertenecían a la profesora Umbridge, y dejó a Parkinson, Cho y a Hermione a solas. La primera se acercó riendo a la cama y dio unos ligeros golpes al bulto que se escondía.

—¿Te encuentras mejor? —preguntó, medio en broma, la Serpiente.

Le respondió un gruñido ahogado.

—Con tantas capas de mantas no te entiendo, Granger.

—¡Vete! —logró oír.

—Imposible, tengo que cuidarte, ya sabes, con ese brazo necesitarás a alguien que te vista.

Las mantas se movieron sin parar, acompañadas por quejas y maldiciones, y de repente un matojo de pelo revoltoso se asomó.

—Sabes perfectamente que era innecesario quitarme la ropa interior por mucho que quisierais comprobar si estaba más herida.

—¡Claro que no era innecesario! Lo que pasa es que estás enfadada porque somos las primeras personas en verte así.

—Déjalo ya, Parkinson —advirtió Cho.

—¿Y tú qué sabes si lo sois o no? —continuó Granger.

—Se podría decir que el estampado de fresas de tus bragas te delatan.

Hermione le gritó y, de nuevo, se escondió en su mundo recién adquirido.

—¡Vete! ¡Fuera de mi vista! —chilló.

—Pero si estás escondida, no puedes verme.

—¡No quiero verte nunca más! ¡Te odio!

Los labios de Pansy dejaron salir varias carcajadas y se dirigió hacia la puerta, no sin antes darle un ligero golpe al bulto que formaba la Leona.

—Con mucho gusto —contestó.