Aclaraciones: El Campeonato Secundario de quidditch existe en los libros, aunque se menciona muy por encima y no tiene este nombre tan específico.


Problemas, desafíos y otras delicias

El poltergeist zumbó en su dirección y las adelantó, situándose delante de la puerta de la enfermería. Lugar en el que ellas querían entrar.

Pansy retrocedió chasqueando la lengua y presionando el cuerpo de Hermione para dar marcha atrás. Peeves titubeó al distinguir los colores de Slytherin, recordando que el Barón Sanguinario podía llegar a ser bastante protector con los de su Casa.

—Lárgate, Peeves —siseó Pansy, tanteando el terreno—, o lo lamentarás.

—¡Chica insolente! No estás en buena situación para decir eso —volvió a titubear y la Slytherin se alegró.

—Yo creo que sí —respondió, indiferente, tratando de transmitir seguridad—. Pero tú puedes estar en problemas —con disimulo, cubrió con su espalda a Hermione y a su corbata de Gryffindor. Era consciente de la lengua tan suelta que tenía el poltergeist y si los Slytherins descubrían que estuvo por la noche con Granger, se complicarían mucho las cosas. Alzó el mentón— ¿Acaso sabes quién soy, imbécil?

Escupió el insulto y saboreó la reacción de ofensa de Peeves. Sonrió complacida de su jugada.

—¡Eres una Slytherin prepotente y estúpida como todos los de tu Casa! Ya verás cuando se enteren de que divagas por el castillo de noche... Sí, sí... ya verás...

Hermione se tensó, alarmada, y buscó apoyo en la figura de Pansy en cuanto Peeves se dispuso a ir a gritar, provocando en la Slytherin un fruncimiento de cejas al notar los senos de Granger en su espalda.

¿La maldita sangre sucia había estado en situaciones mucho más peligrosas y se asustaba por ser reprendida por los profesores? ¿Era una broma o qué?

—Ya verás cuando el Barón Sanguinario se entere de que has llamado a los de Slytherin prepotentes y estúpidos... No ha sido muy inteligente insultarnos, sábana voladora —le guiñó un ojo al tiempo que curvaba, con arrogancia, una de las comisuras de sus labios.

Peeves frenó, inconsciente de que Pansy le hizo enfadar expresamente para mantener ella el control de la situación.

—Si te expulsan no podrás decir nada de nada, je, je, ¡nada!

—¿Estás seguro? ¿Mh? ¿Muy, muy seguro? Sería un movimiento de idiotas hacerse el valiente cuando uno no lo es, ¿no crees? —la mirada traviesa y su sonrisa, redondeó por completo la actuación.

Peeves volvió a su lado para negociar, aun así, no iba a dejarlas escapar con tanta facilidad. Varias veces el poltergeist se había topado por los pasillos con la Slytherin y otros de su misma Casa haciendo cosas no muy legales en Hogwarts. Aquel enfrentamiento no era ninguna novedad para ambos. Se conocían, y el duelo psicológico era siempre el que determinaba quién salía ganando.

Se miraron mutuamente, intentando descifrar cuál sería el siguiente movimiento. El poltergeist no dejó de observarla hasta que algo le llamó la atención: unos ojos castaños y curiosos detrás de la Slytherin acompañados por unos mechones rebeldes, le hicieron preguntarse quién era. El resto de la chica se escondía tras Pansy.

Hermione se acercó más a Parkinson y escondió por completo su rostro en la espalda. Oyó a la Serpiente chasquear la lengua.

Peeves se movió hacia un lado, intentando reconocerla, y Hermione se desplazó, evitándolo. Durante unos minutos, la situación se volvió ridícula: los dos parecían jugar y utilizaban a Pansy como objeto de separación.

En un movimiento rápido, el poltergeist logró ver los colores de Gryffindor. Entonces encajó todas las pistas.

—¡Hermione Granger! ¿La mejor amiga de Harry Potito con una Slytherin?

Rió, fuerte, muy fuerte y paró en seco al ver la cara de Parkinson. Juraría que, sino fuera porque no lo podía agarrar, ahora mismo estaría en el suelo lleno de cardenales.

—Una broma más y te mato por segunda vez, no bromeo.

Peeves disimuló su risita, victorioso. La Slytherin mantuvo una expresión malhumorada, recapacitando y planeando un nuevo plan. De nuevo chasqueó a lengua. Su plan inicial era desprenderse del idiota y salir de allí sin consecuencias. Ahora, era más probable que tuviera que planear a largo plazo por si aparecía algún profesor o Filch. Debía de sacarse de encima cualquier incriminación posible respecto a los utensilios e ingredientes de la poción prohibida en el baño de Myrtle.

—Si tú le dices algo al Barón, yo le diré a todos que te vi con ella. Sería un golpe bajo para tu reputación.

—Entonces nada de buscar a Filch.

Peeves lo pensó.

—De acuerdo.

Las chicas se giraron para irse pero, al dar unos pasos, Peeves empezó a chillar de nuevo, llamando a la señora Norris.

—¡Mierda de bicho, es que te juro que te partiría la cara si pudiera!

Pansy volvió a mantener el control después de dar una profunda bocanada de aire y miró con tranquilidad fingida al poltergeist. Éste se dio cuenta.

—¿Por qué sonríes? Deberíais correr.

—No sabes cuánto me reiré cuando te castiguen por dar una falsa alarma...

Peeves se burló, pensando que sería otro truco.

La señora Norris fue la primera en aparecer y escudriñó a las estudiantes con sus enormes ojos. Minutos después, llegó Filch corriendo y cojeando.

—¿Qué ocurre? —refunfuñó, intentando respirar.

—¡Éstas dos han incumplido las normas e intentaron sobornarme!

Filch clavó su mirada inquisidora y Pansy le devolvió una llena de indiferencia.

—¿Es eso cierto?

—Para nada, estábamos patrullando cuando él empezó a chillar. No creyó en mi explicación.

—¡Qué tonta! ¡Ella misma se delata!

Pansy bufó.

—Has despertado a medio castillo para nada —comentó Parkinson, saboreando la confusión de Peeves ¡Le encantaban tanto estas situaciones!—. Somos prefectas. Un Hufflepuff que sancioné confesó que unos alumnos fabricaban pociones en el baño. En el lavabo del segundo piso está la prueba.

Filch las obligó a ir junto con Peeves y entraron. Efectivamente, los utensilios estaban dentro.

—¿Quién fue?

En ese instante, Myrtle hizo acto de presencia, provocando un respingo de alarma en el cuerpo de ambas brujas.

—No lo sé —la Slytherin se encogió de hombros, fue mirando con disimulo al fantasma que observaba, extrañada, la escena—, al llegar estaba vacío, ni siquiera Myrtle estaba. El Hufflepuff que nos avisó me comentó que escuchó ruido dentro del lavabo, como si cayera algo, y asomó la cabeza, encontrándose con todo.

—Mentira —soltó el poltergeist—, yo no vi a nadie ¿y tú?

Peeves dio a Myrtle la oportunidad de hablar. El fantasma ladeó la cabeza, pensativa en si confesar y vengarse de la arrogante Slytherin, y clavó la mirada en las dos brujas: Hermione mantenía los ojos muy abiertos y negando sutilmente con la cabeza, Pansy continuaba en su maravillosa actuación de tenerlo todo bajo control.

Al final, acabó encogiéndose de hombros; no iba a perder la ocasión de tener dos fotos de Harry en vez de una.

—Acabo de venir, no tengo ni idea de lo que ha pasado.

—Añado que si no fuera porque Granger gritó, tampoco nos hubieras visto, Peeves—afirmó Pansy.

Peeves se tragó sus palabras a la fuerza mientras que Filch parecía convencido de la situación.

—Entonces, ¿por qué gritaste? —preguntó Peeves a Hermione, sin rendirse.

—Eehm...la llamé estúpida porque... se fue.

Filch frunció el ceño al mismo tiempo que Peeves. Lo único que se escuchó fue el bufido de la Slytherin.

—Fui la primera en llegar aquí en cuanto me avisaron y ya no había nadie. Granger me vio salir del lavabo a altas horas y pensó que estaba rompiendo las normas aunque no le hice ni caso, fue entonces cuando me llamó estúpida a todo pulmón, en su idioma, claro.

Filch asintió, recogió todo y se llevó a Peeves. Éste tragó saliva, o más bien hizo el gesto, al ver a Pansy amenazándole con la mirada. Sin duda tendría que desaparecer unos días y evitar al Barón Sanguinario.

Más tarde en los pasillos

—No entiendo cómo puedes mantener semejante mentira y crearla tan rápido.

—La tenía en mente desde que Peeves apareció. Date cuenta que tanta memorización no sirve de nada, a no ser que sepas improvisar. Si todos pasáramos las mismas horas que tú estudiando, tendríamos las mismas notas.

Hermione hizo una parada dramática y la miró ofendida.

—Dudo que tengáis ganas de hacerlo, majestades.

—Reconoce que sólo estudias para esconder tus defectos y por temor a fracasar. En otras palabras, quieres ser Doña Perfecta.

—Y tú Miss Frialdad.

—No te lo negaré.

Pansy encogió sus hombros. Mantuvieron un andar ligero hasta llegar a las escaleras.

—Encantada de ordenarte —dijo Parkinson, antes de continuar bajando.

—¿Y ya está? ¿He puesto en riesgo mi reputación para esto? —susurró, enfadada.

Pansy paró de caminar y orientó su cuerpo hacia ella.

—¿Tu reputación? Pfff, la mía sí que estaba en peligro, por las barbas del viejo.

—Pero si te hubiesen atrapado no te pasaría nada, mi infracción en el expediente es más grave.

—Eso es lo que tú piensas, ¿y se puede saber de qué te quejas? Era tu obligación al ganarte en el duelo, ¿qué más quieres? ¿un beso? Porque paso de dártelo.

Hermione bufó molesta y cruzó sus brazos a la altura del pecho.

—Eres poca mujer para mí —contestó, intentando imitar las burlas de la Slytherin.

La Serpiente sonrió aceptando un desafió inexistente. Caminó con lentitud y se situó frente a la Leona.

—Así que era eso... has aceptado mi chantaje porque querías estar cerca de mí —se burló.

—O tú de mí —contestó Hermione, sin retroceder.

—¡Exacto!, ahora todo encaja. Yo te atraigo porque soy magnífica y tú me atraes porque...— antes de continuar con el juego, repasó el cuerpo de la bruja y se encogió de hombros—... porque... eres... ¿tú?

—Y luego de este gran descubrimiento, ¿qué?

—Pues... me enamoras, y después, con mucha pero mucha, mucha, mucha suerte, te beso.

—¡Venga ya! —la Gryffindor puso los ojos en blanco y volvió a mirarla—. Siento decepcionarte pero en la vida lograrás probar mis labios por muchos aires de realeza y superioridad que te des.

Pansy sonrió maliciosamente por la idea que le acababa de cruzar por la cabeza. Si algún día tuviera que contestar a la pregunta de cuál era su mejor habilidad en Hogwarts, sin duda sería sacar de quicio a aquella Gryffindor sabelotodo.

Tenía una innata habilidad en molestar a Granger fuera de lo común, y si ya se añadía el hecho de que siempre atacaba dónde más dolía casi sin saberlo, el conjunto se redondeaba hasta llegar a la perfección. Era una lástima que no existiera una asignatura llamada "Ataque contra Hermione Granger y cómo evitar las consecuencias", porque bien sabía Parkinson que sacaría un Extraordinario bien merecido.

—Con que esas tenemos, eh... ¿Potter o Weasley nunca te comentaron del Campeonato Secundario de quidditch?

—Sí, ese en el que a final de curso se felicita a los mejores jugadores de cada posición y se les premia. Harry cada año lo gana ¿qué pasa con ello?

—Aparte de felicitarte también puedes pedir lo que quieras a los profesores, más que nada se pide variedades de golosinas. Y, por el "deseo", me apunté éste año como Golpeadora. Aplastaré a todos y cazaré el premio —alzó ambas cejas sonriendo—. Y te adelanto que mi premio será tu esclavitud, así porque sí, para joderte la existencia más que nada por lo que acabas de decirme. Aunque ahora que lo pienso, fastidiaría más si pido tu virginidad —bromeó.

Un largo "¡¿Qué?!" desencajó la mandíbula de Hermione.

—¡Cómo se puede ser tan retorcida! Me niego rotundamente, y los profesores no obligarán a nadi-

Las carcajadas de Pansy murieron en su garganta, produciendo un ruido gutural de burla, ¿en serio Granger le había creído con que podría pedir su virginidad a los profesores? Con tanta Herbología por el colegio, deberían de empezar a hacer análisis contra setas alucinógenas y otros sucedáneos.

—Bueno, piénsalo, tampoco no te he visto sufriendo cuando te he insistido en preparar la poción. Serías una buena sumisa. Además, nadie podrá superarme y arrebatarme el premio así que empieza a mentalizarte, que alguna u otra cosa haré contigo —fastidió Pansy. Al final liberó unas atronadoras carcajadas por el semblante que veía enfrente.

Las mejillas de la joven Gryffindor se hincharon, apretó los puños contra sus piernas y bajó ligeramente la cabeza por la negatividad de su mirada. Distintos pensamientos cruzaron su mente como balas explotando en ella y aumentando la rabia: ¡¿Cómo se atrevía a demandar tal cosa?! ¿Cómo, siquiera, osaba jugar acerca de su cuerpo y sentimientos?! ¿Quería jugar sucio? ¡Eso es lo que tendría!

—Me apuntaré al equipo de quidditch de Gryffindor como Golpeadora —desafió. Parkinson calló de golpe, incluso tuvo que toser—. Pero aunque gane creo que no servirá pedir lo mismo respecto a la virginidad.

Pansy fingió una risa y Hermione recordó el detalle de su inexperiencia en volar. El inmenso enfado ahogó aquel pensamiento.

—Tampoco no sabrías qué hacer: ¿Quéé? ¿el clítoris existe?! —imitó a una Hermione sorprendida y giró sobre sí misma moviendo los brazos como una gallina—. Siento decepcionarte pero las pruebas de selección para entrar a los equipos de quidditch ya han pasado, vamos, que no podrás ganarme a no ser que ocurra algún milagro.

—El milagro ya ha pasado, Fred, George y Harry fueron expulsados del equipo por Umbridge. En pocas palabras, al comenzar las clases harán nuevas pruebas y, si gano yo el Campeonato Secundario, pediré que en plena ceremonia de despedida del curso te levantes en medio del Gran Comedor, te subas a la mesa de los profesores y con una mano en el pecho me declares tu amor.

—¡¿Qué?!

—Y me pidas matrimonio.

—¡¿Quéééé?!

—Eso.

—¡Loca, locaaaa! ¿Cómo quieres que lo haga? Aunque sea en broma y no se llegue a hacer eso... Por Merlín, incluso algo parecido me dejaría por los suelos.

—Tú me pides sexo y yo a ti amor, lo veo justo —Hermione ladeó la cabeza y sonrió con inocencia. "Jódete", pensó, llena de satisfacción y rabia.

—¡No compares! La declaración sería en público...Y lo tuyo como mucho será unas cuantas órdenes un pelín humillantes, otras para que mi vida sea más cómoda, o un striptease mientras te tiro frutos de plantas carnívoras y te abucheo, sólo faltaba que encima de que no me interesaras ni lo más mínimo te llevara a la cama en la realidad.

Parkinson hizo una pausa pensativa sin darse cuenta.

—Mala suerte, la próxima vez aprende a no sobrepasar mis límites, y el, mh, sexo es uno de ellos.

—Lo que hay que oír, Santa Granger bajó del cielo para darme clases de pureza.

—Menuda estupidez —contestó, rodando sus ojos café.

Quedaron unos segundos estáticas, escudriñando cada una el rostro de su enemiga ¿Aquello era un desafío? ¿Otro reto? Hermione sonrió por dentro, manteniendo su rostro desafiante. El nombre Pansy Parkinson jamás iba acompañado por el aburrimiento, es más, a cada instante nuevas palabras fluían cargadas de algún sentimiento, sea negativo como rabia o positivo como la diversión... Y nunca vacías. Nunca.

Quizás, pensó, si las circunstancias fueran otras hubiera tenido conversaciones interesantes y animadas con ella gracias a su peculiar personalidad. Pese a ser la número uno en sacarla de quicio. Exteriorizó una mueca por la última afirmación y rompió el contacto visual con la Slytherin.

"Hermione, es tu archienemiga, no es hora de pensar en vidas paralelas, ¡Por Merlín!"

—Eso quiere decir... —La voz de Pansy la devolvió a la realidad—, que ahora somos rivales de quidditch y que yo conseguiré tu libertad —rió.

¿Para qué iba a decirle a Granger que caía en todos y cada uno de los estúpidos desafíos? Si ella era tan impulsiva de seguir el juego porque su vida era muy aburrida, tampoco le iba a negar el derecho de que pudiera reírse de esa orgullosa sangre sucia durante más tiempo.

—O tendrás que declararme tu amor y pedirme matrimonio, y esto incluye a una relación de iguales —hizo una breve pausa—, te enseñaré lo que es el maldito respeto de una vez por todas.

—De acuerdo, no tengo que preocuparme de nada al ser tú mi rival. ¿Aceptas, perdedora, o eres demasiado cobarde para el desafío?

—Qué poco romántica eres, deberías tratarme ahora con más respeto. Acabas de comprometerte en matrimonio... —la mirada burlona de la Leona se posó en Pansy—. Tenerte como esposa será una época de desgracia pero qué le haremos, un desafío es un desafío. Hay que respetarlo.

—Si eso ocurre, desearé con ganas nuestra luna de miel. Esperemos que las paredes de la habitación sean insonoras, no me gustaría tener que discutir con nuestros vecinos por el exceso de decibelios por tus orgasmos. Buenas noches.

Pansy volvió a retomar el camino cuando la voz mal interpretada de esposa parecida a una anciana le sacó una sonrisa.

—¡Buenas noches, amorcito mío, que no te coman las chinches! —oyó la Slytherin.

Hermione se carcajeó al escucharse.

Jamás rieron tanto al imaginarse la escena, ¿ellas, casadas? ¿para siempre? ¡Venga ya!


*Suspiro* ais, no sé si ha sido un suspiro de "qué monas, no saben lo que les espera todavía" o "el día que cambien, el mundo hará una implosión y saldrán gnomos rosas por todos lados"

¡Zueth, Celestana, os agradezco muuuucho los reviews, en serio, me ayudan mucho a seguir escribiendo! ^^