Cuando los desafíos se convierten en alianzas

Hermione se despertó a las diez de la mañana con un agudo dolor en las sienes. Rascó su cabeza y buscó las zapatillas con la mirada.

Sonrió toscamente: "Muy bien, Hermione, hoy es Navidad, ¡sonríe y sé feliz!". Dejó de lado el uniforme y se vistió con tejanos y una sudadera, luego remató el estilo casual con la bufanda de Gryffindor y guardó su gorro blanco en el amplio bolsillo central.

Revisó debajo de su cama buscando los regalos. Se abalanzó hacia ellos: El primero era el tradicional jersey navideño de la familia Weasley, y el segundo era un presente de sus padres cuidadosamente envuelto.

Sostuvo el paquete entre sus manos. Lo revisó por todas las caras y, conforme, quitó el envoltorio. Al instante dos revistas cayeron al suelo mientras que un libro de piel quedó en sus manos. Acercó su nariz al título que recitaba "Quidditch a través de los tiempos". Inmediatamente lo abrió para devorarlo, por segunda vez puesto que ya lo buscó otro año en la biblioteca (pero estaba casi destruído por la de manos que pasó el pobre libro), y lo cerró de sopetón. "Relájate, tienes semanas para leerlo, no lo acabes ahora...".

Lo dejó a un lado y miró las revistas: una era para brujas adolescentes que contenía trucos de belleza y autoestima (frunció el ceño, ¿acaso era una indirecta?), y la otra sobre dragones, unicornios, trolls y diferentes criaturas mágicas.

Al recoger de nuevo los presentes, se fijó en un sobre grueso con la letra de su madre. Contenía una carta con miles de disculpas, anécdotas de la noche buena (le hizo gracia especialmente la escena de la caída del árbol de navidad sobre su padre al intentar poner una foto de ella al lado de la estrella) y dinero ya cambiado a dinero mágico.

Sonrió encantada, guardó el dinero en el sobre y después entre la ropa de su bául, depositó el libro de piel sobre la mesita de noche, las revista en el baúl a simple vista junto al lado del libro de curiosidades que le regaló Ginny (ya leído, por supuesto), y escribió una carta a sus padres deseándoles lo mejor y fuerza para el trabajo, y sobretodo dándoles las gracias por regalarle el libro de quidditch que pidió expresamente ya que quizás el deporte en sí no le acababa de llamar la atención, pero su historia era digna de sabérsela.

Guardó la carta en el bolsillo para más adelante enviarla desde la lechucería.

Desde antes de bajar las escaleras, adornadas como cada año con girnaldas, ya podía oír gritos de felicidad provenientes de abajo. Seguramente del dormitorio de Ginny.

—¡Escoba nueva! ¡Lo logré! ¡Oigo a los ángeles cantar aleluya!

Se escuchó un tamborileo de pasos precipitándose hacia la puerta de su propio dormitorio y vio cómo Ginny abría la puerta de madera sin medir su fuerza con una brillante sonrisa en sus labios.

—¿Te gustó el regalo? —Weasley se acercó a Hermione, la abrazó susurrándole un "Feliz Navidad" y dejó su escoba encima de la cama.

—Me ha encantado.

—Las revistas fueron idea mía, tus padres me preguntaron.

La joven rió al ver a su amiga frunciendo la nariz, molesta. "Ya decía yo", le dijo Hermione.

—Por cierto, ¿Quidditch a través de los tiempos? ¿De verdad?

—Ah, mmh, es... yo, bueno... No es lo que parece.

Ginny entrecerró los ojos.

—Es que no parece nada, ni siquiera tengo una teoría aceptable ya que por gusto estoy segura que no sientes curiosidad por el quidditch y no necesitas ninguna información del libro para algún trabajo, es más, si fuera eso hubieras ido a la biblioteca, aunque me da a mí que es demasiado difícil conseguirlo... Da igual, sigo estando confusa, incluso en cuanto me enteré pensé que te habías interesado en algún jugador de Hogwarts y que querías tener temas de conversación, pero únicamente has hablado con las del grupo de Chang, Chang y yo... Merlín, no sé que estoy diciendo, ni siquiera te gustan las mujeres, ¿o sí? ¿'mione?

—Ginny, estás desvariando, ya sabes que no me gustan las chicas.

—Creía que lo sabía hasta que te vi hablando con aquella chica que no sé ni cómo se llama. Aquella que se te confesó y te intentó besar, ¡y la dejaste!

—¡No! Fue porque no pude reaccionar, ella no-

—¡Por las barbas de Merlín! ¡¿Es eso cierto?! ¡¿Ha ocurrido de verdad?! ¿Lo he acertado? ¿Pero cómo demonios...? Oh, joder, Hermione, soy magnífica descubriendo cosas.

—M-mierda, no, no Ginny, no y no.

—Oh, vamos, 'mione, cómo si me importara. Reconozco que me gusta cotillear y que me cuentes tus secretos, pero no me voy a escandalizar por saber que te gustó que te besara una alumna, o que te gustan las mujeres, si total... Te aseguro que hay más de una en Hogwarts que no le importaría que le hicieras clases a solas, tendrías acción para dar y regalar... —levantó sus dos cejas varias veces.

—Gin, para.

—Sé de una que ahora mismo no está en Hogwarts, de Hufflepuff, aunque no me acuerdo su nombre... Es guapa, tal vez te interese y-

—Ginevra, te lo estoy repitiendo mil veces.

—En cada comida te observaba y se cree que nadie se ha dado cuenta pero ya estoy yo para fijarme en todo, maldita sea, ¿cómo se llamaba...?

—¡Deja de pensar, no me importa saber quién está interesada en mí o no!

—¡Susan Bones! Lo tenía en la punta de la lengua todo el rato.

—¡Qué pesada que llegas a ser cuando quieres!

—Por tu culpa por no decirme para qué diablos has comprado el libro. Yo he ido a lo fácil, al interés romántico...

Hermione bufó hasta casi gruñir y se sentó en su cama. Su amiga la imitó.

—Verás, ¿te acuerdas cuando fui al lavabo para darle la poción a Parkinson? Pue-

—¿PARKINSON? ¿La maldita e insufrible PANSY PARKINSON? No te puede gustar ella, por favor, es inhumana, va en contra de todos los derechos conocidos y por conocer, tu destrucción ¡Es totalmente lo contrario a ti! ¿No crees que sería más fácil salir con...? No sé... ¿con Umbridge?

—Se acabó. Me doy por vencida, voy a enviar la carta a mis padres.

Las carcajadas de Ginny la obligaron a tumbarse sobre la mullida cama como si ya estuviera cansada de todo. Y eso que apenas había empezado el día.

—Va, 'mione, que sabes que estoy bromeando, Parkinson tiene las mismas posibilidades de salir contigo como Ron de sacar en todo Extraordinario —agarró una pluma y un trozo de pergamino— ¿Quieres compartir carta? Es para mis padres, se alegrarán de que contestemos en la misma porque así sabrán que lo que dije que venía por ti era cierto.

—¿Compartir carta? ¿Lo dices en serio?

Weasley alzó una ceja, manteniendo su nariz entre el papel.

—Eres como mi hermana, sino no tendrías jersey navideño, cabeza hueca. Ten, escribe, ¿o quieres dictarme?

El caluroso abrazo la hizo callar. La apretó con fuerza contra sí misma y atacó a Hermione con cosquillas, provocando la caída de ambas y de la tinta sobre el pergamino. Entre risas, lo repitieron.

-o-

—Hay que enviar las cartas, Ginny —avisó, señalando las afueras de Hogwarts.

—Creo que pediré quedarme aquí más veces en Navidad si siempre nos ceban como a cerdos —acarició su barriga y contuvo un eructo—. Ya estoy impaciente por la comida y la cena...

—Eres una glotona.

—Ron me supera con creces, hubo un año en que concursé en un campeonato familiar de comida. Jamás vi semejante escena... Pechugas de pollo volando, tomate en las paredes de la casa, los gemelos haciendo explotar las ollas llenas de sopa... Qué tiempos aquellos donde mi madre se iba al Callejón Diagon con mi padre sin poner hechizos de vigilancia por la casa.

—Merlín...

—Algún día les verás en acción —le sonrió y se dirigió hacia la biblioteca.

—¿No me acompañas a enviar las cartas?

Ginny se giró rascándose la melena.

—Todavía tengo que acabar todavía los deberes de pociones, ya te lo dije. Nos vemos más tarde, 'mione.

En cuanto pisó el césped y una gélida ventisca golpeó su rostro provocando un ligero castañeteo de dientes, en su mente se presentó la idea de regresar con Ginny y alojarse en su cálida y acogedora biblioteca. La rechazó en cuanto distinguió a lo lejos a una figura de melena larga, negra y brillante cubierta por un gorro de orejas azul, y balanceando una bolsa a medida que caminaba. Frunció el entrecejo al identificar a Cho.

Se puso su gorro de lana, las manos en los bolsillos y caminó al encuentro de la Ravenclaw.

—¡Cho! —vociferó a metros de ella— ¡Cho Chang!

La aludida viró sobre sus talones y ocultó la bolsa discretamente.

—Feliz Navidad —felicitó la Leona.

Hermione sonrió mientras se acercaba a ella y arrugó la nariz al olfatear una extraña corriente de aire. Miró la bolsa de piel.

—Felices fiestas, Hermione.

—¿Qué llevas ahí?

—Uhm... Es para Hagrid. Esta mañana estuve hablando con él y me pidió un favor.

—¿Y el fuerte olor a alcohol?

—Le llevo whisky de malta, dice que es para darle a la tarta de melaza un gusto diferente.

—Ah, creí que era para alimentar a algún animal.

Cho carraspeó, gesto que no pasó desapercibido por la Leona.

—Tal vez también la utilice para ese fin, aunque no conozco a ningún animal que se alimente de whisky... —Pareció esperar a que saliera de la boca de Hermione el nombre de un animal—. Creo que la tarta de melaza le quedará estupenda.

La Gryffindor escudriñó los ojos azabaches de Cho, observando la templanza y seguridad en ellos. Tal vez con demasiado ímpetu en querer parecer segura. "¿Tiene alguna historia detrás, esta botella?", se preguntó en su interior siguiendo el balanceo de la bolsa, ya que, al fin y al cabo, Cho se dirigía hacia el camino contrario a la cabaña antes de rectificar.

Se encogió de hombros.

—Entiendo. Gracias por ayudarle, pocos alumnos gastarían su tiempo en algo ajeno a ellos mismos.

—Las vacaciones navideñas carecen de sentido si no hay algún acto de bondad altruista.

Una enorme sonrisa cubrió el rostro de la Ravenclaw, achinando más sus ojos. Hermione le devolvió el gesto con gusto.

—¿Y tú?

—Oh, cierto, iba a enviar cartas a mis padres y a la familia Weasley agradeciéndoles los regalos y deseándoles buenas fiestas.

—Se alegrarán de recibirlas, estoy segura.

—Dudo que tanto como yo al leerlas —rió.

Hermione hizo el ademán de irse a la lechucería.

—Espera, ¿el profesor Snape o McGonagall han hablado ya contigo?

—No, ¿para qué?

—Entraron en la biblioteca conversando y aturaron mi lectura para preguntarme acerca de dónde estabais Parkinson y tú...

Las pupilas de Hermione quedaron estáticas en un punto fijo. La alarma de su cabeza abarrotó todos sus sentidos junto con un sinfín de pensamientos: Los profesores sospechaban de ellas, las buscaban, su propio nombre figuraba en la lista negra personal del profesorado por infringir normas... Hermione Jean Granger no volvería a ser una alumna de excelentes. Tendría un tachón imborrable en su currículum, un- Su mente dejó de divagar posibilidades para protegerse de un colapso mental.

—¿Por qué? —pudo preguntar.

—Snape, al revisar sus frascos, se percató de la ausencia de la mitad del contenido en algunos de ellos. Material suficiente para preparar un filtro de amor, según dijo, de bastante baja calidad en términos de potencia.

"Mierda", pensó inmediatamente.

—En-entiendo, ¿y qué tenemos que ver nosotras?

—Hace poco Filch os atrapó en los pasillos en horas nocturnas y le dijisteis que alguien estuvo preparando pociones en el lavabo del segundo piso. Y el profesor Snape logró ver una relación entre los hechos.

—Ah —dijo, intentando sonar desinteresada—, es por eso. ¿Quieren preguntarnos por nuestros puntos de vista de aquella noche?

—Supongo, no estoy segura. Evidentemente estarán buscando al culpable y al acecho de cualquier prueba —Cho clavó su mirada en la de la Leona. Quiso adentrarse en aquel curioso mundo de Hermione Granger para comprobar sus reacciones, no obstante, ella no la dejó continuar. La Gryffindor desvió inmediatamente la mirada. Chang entrecerró sus ojos, sospechando—. Pero hay algo más... Los profesores están alarmados porque resulta ser que Filch recogió frascos y materiales aparte del caldero. Frascos comprados de fuera, en pocas palabras, han hecho mínimo dos pociones.

Hermione fingió sorprenderse a la vez que en su mente rebotaba sin cesar la frase "Menuda metedura de pata, de ésta no salgo viva"

—¿Hay alumnos que preparan pociones prohibidas por su cuenta? ¿Cuántos? ¿Para qué?

—Imagino que esas preguntas querrán responderlas los profesores. Todos están al tanto de cada movimiento.

—¿Todos, todos?

—Todos.

Hermione tragó saliva.

—L-los expulsarán en cuanto les atrapen...

—Es lo más probable, quién sabe. Dependerá de las infracciones que hayan escritas en sus expedientes y la gravedad de éstas —contestó Cho, repasando en su cabeza la normativa de los expedientes.

—Mientras no hagan nada con las pociones...

—Incluso de esa forma, recibirán castigo. Creo que iré ya a entregar la botella a Hagrid, no me apetece dar explicaciones de por qué llevo una botella de alcohol si me ven los demás alumnos. Nos vemos más tarde, Hermione.

—Claro, adiós.

Se alejaron por caminos distintos y, después de comprobar que Cho no la miraba, se fue corriendo a la lechucería para no perder tiempo en encontrar a Parkinson más adelante. Cho, por su parte, se adentró al bosque con la bolsa en la mano segundos más tarde de cerciorarse de que no la vigilaban.

Localizó a la Serpiente en el patio empedrado. Ésta no llevaba el uniforme, al igual que Hermione y, para la curiosidad de la Gryffindor, vestía como lo haría una bruja: una falda hasta las rodillas que dejaba ver unas largas botas de cuero con tacón que protegía a la Slytherin del frío, un corsé azabache de costuras púrpuras y una gruesa túnica hecha de lana de la mejor calidad, o eso supuso Hermione ya que conocía de antemano que Parkinson no escatimaría en oro a la hora de comprar sus prendas.

La joven Leona no pudo evitar comparar su estilo de vestir casual con el estilo de Pansy ¿La Slytherin le miraría mal por llevar ropa muggle? ¿Estaría apoyando más los prejuicios que tenía la sangre pura hacia ella y su propio origen muggle al presentarse en público vestida así? Granger se ofendió consigo misma. Negó con la cabeza mostrando una boca entre abierta y una incrédula mirada a la nada ¿y por qué diablos le importaba ahora la respuesta a esas preguntas?

La profesora McGonagall, quien se situaba de espaldas a Hermione, conversaba con la Slytherin. Parkinson dirigió sus ojos por encima de los hombros de la profesora y descubrió a la Leona dirigirse a ellas. La Slytherin sonrió, formuló unas palabras a la profesora y ésta giró sobre sí misma para observar a su alumna.

Parkinson guiñó un ojo a la Leona, manteniendo sus manos en los bolsillos de la túnica.

Hermione alzó ambas cejas, sorprendida por el gesto.

—Felices fiestas, señorita Granger.

—Felices fiestas, profesora McGonagall. Me topé con Cho y me dijo que estaba buscándome —Al ver cómo Pansy demandaba su atención para evitar que dijera nada más, añadió:—¿Sobre qué quería hablar?

La mirada severa de su profesora cayó como una cascada de agua fría encima de ella. Parecía ser que sospechaba de ellas dos, no obstante, todo su ser se calmó al contemplar las tranquilas facciones de su cómplice. Aquella sonrisa de lado provocó en ella un gran alivio. Internamente se alegró muchísimo de tenerla como "aliada" porque, ahora más que nunca, debían de cooperar, mentir y conectar lo máximo posible para evitar ser descubiertas en la conversación que estaba dispuesta a tener la profesora, y Hermione conocía muy bien la espontaneidad y persuasión de aquella Serpiente.

—Si mis oídos oyeron bien, ayer un alumno confesó que habían, en el lavabo del segundo piso, utensilios para preparar pociones, ¿me equivoco?

—Como dije, así fue —contestó inmediatamente la Slytherin. Tenía claro que Granger poco hablaría en aquella situación.

McGonagall giró hacia Pansy.

—Y como dijo, quien informó fue un alumno de Hufflepuff al que sancionaste por rondar en el castillo de noche.

—Exacto.

—Y no conoce su identidad —Pansy asintió—, tampoco de qué curso era —Volvió a repetir el gesto—, y le sancionó después de que él le dijera que habían alumnos incumpliendo normas en el lavabo.

—Sí.

—Y usted... se movió sobre sus talones para conversar con Hermione.

—Oh, mh, yo... Patrullaba por esa zona cuando Parkinson apareció de la nada —Desde la espalda de la profesora pudo distinguir el gesto de Pansy y sus labios vocalizando "No, ¡recuerda!"—. Más bien del lavabo. Creí que... ayudó a ocultar a los alumnos.

—Con su explicación deduzco que no patrullabais juntas.

—Eeh, claro. Ella y yo jamás vamos juntas si podemos evitarlo —apoyó Hermione.

McGonagall posó sus dedos en la barbilla, pensativa. Pansy intuyó en seguida los movimientos de la profesora, pero no supo cómo hacérselo saber a Granger. Se maldijo por dentro.

—¿Puede explicarme cómo era el alumno de Hufflepuff? Nos será más fácil identificarlo si recuerda su cara.

—No puedo confirmar nada porque no le vi.

Hermione se dio cuenta demasiado tarde de las señales de Pansy, ésta hacía gestos con su mano para que detuviera la aclaración puesto que según la afirmación de Hermione de "Creí que ayudó a ocultar a los alumnos" significaba que la Gryffindor ya sabía lo que habían hecho antes de encontrarse con Parkinson y por lo tanto que el mismo Hufflepuff se lo había comunicado. La Leona arrugó ligeramente su entrecejo, molesta, ¿acaso no se daba cuenta de que para ella era imposible mantener una mentira con tantos detalles?

—Pero... mh... —Advirtió que Parkinson se tocaba la nariz con un dedo, señalándola e imitando el gesto de respirar. Captó la pista al instante—. El aroma de la poción era inconfundible, profesora. Y al acercarme al lavabo corriendo para atrapar a los culpables fue cuando vi salir a Parkinson. Como entenderá, la culpé al momento.

La Slytherin debatió interiormente en si felicitarla, mostrarse ofendida o burlarse de ella haciendo algún gesto. Decidió levantar un pulgar y sonreír ampliamente en forma de retrasada mental, pero cuando McGonagall se giró un segundo hacia ella, lo escondió inmediatamente manteniendo una cara seria.

Hermione no pudo reprimir el rubor de sus mejillas mientras intentaba opacar su risa.

Incluso en ocasiones tan serias como estas, Parkinson lograba arrancarle de su papel de alumna responsable.

—¿Podría decirme y describirme qué aromas contenía la poción? —inquirió, como última pregunta del examen.

La Leona no dudó ni un segundo en rememorar los olores que olió cuando preparaba la poción para Ginny.

—Oh, claro, cuando llegué cerca del lavabo una fuerte fragancia de prado humedecido me llamó la atención porque ¿cómo era posible que en un pasillo donde no había plantas ni césped oliera así? Entonces al acercarme más distinguí el olor a frambuesas y a tormenta de verano: ése aroma en un ambiente caluroso con escasas gotas precipitándose hacia tu piel y cargado de electricidad; donde estás alerta por si empieza la tormenta a apretar pero excitada al mismo tiempo; notando calor y frío a la vez; dudando en si mojarte o huir corriendo a protegerte bajo un techo; sintiendo miles de pensamientos y sensaciones contradiciéndose entre sí, capaces de llevarte a la locura e, incluso conociendo eso, te encanta sentirlos...

Pansy quedó totalmente sorprendida. Ni siquiera ella misma hubiera pensado tan rápido en una contestación tan buena ocasionando que la profesora se quedara sin más réplicas. Observó a una Hermione pensativa por lo que acababa de decir y, viendo que la profesora no dejaba de examinar su propio rostro buscando alguna pista, decidió por humedecerse los labios con su brillo de frambuesa para disimular la fascinación que mostraba.

Se dijo a sí misma que debía de reconstruir su impasible máscara que mostraba a todos para que no supieran qué pasaba por su mente, ¿cuánto hacía que no pensaba en ello?

—En cuanto nos deje libres, iré inmediatamente a buscar a cada uno de los Hufflepuff para reconocer al mocoso, perdón, alumno —prometió Parkinson, al notar que la profesora no le quitaba los ojos de encima.

—Estaré en mi despacho impaciente por las nuevas noticias que descubra.

—Una pregunta, ¿cuándo un expediente está completo y se le puede expulsar al alumno? —inquirió Hermione.

—Cuando sobrepase de tres infracciones y una de ellas sea grave.

—Ahá... Era para decírselo a los culpables, si los encuentro.

—Conocer los límites de vuestra temeraria diversión siempre va bien. Que tengan una buena tarde, señoritas.

Ambas magas se quedaron de piedra observando el balanceo de la túnica de McGonagall y, poco a poco, viraron sus rostros para levantar una ceja en señal de perplejidad.

—¿C-con eso último se refería a nosotras? —farfulló Hermione.

—Espero que no... Además, ¿de qué preocuparse cuando hemos salido airosas del primer asalto contra McGongall?

—Tendremos más encuentros, y lo sabes.

—Tranquila, mi mente es una experta en estas situaciones, estaremos a salvo.

—Ya, claro, para empezar, ¿el Huffplepuff te lo has sacado de la manga derecha o izquierda?

—Ja, ja, ja, qué graciosa te has levantado hoy. El Hufflepuff existe, sólo que todavía no sabe que será nuestro cómplice y de que su vida depende de si acepta o no.

—Qué cruel.

—¿Prefieres ser expulsada?

Hermione apretó su mandíbula y sopló a sus manos, intentando mantener el calor corporal en ellas. Sus ojos se fundieron en el paisaje navideño para después mantener la burlesca mirada de Pansy.

—No me hace gracia, Parkinson, mi expediente ya contiene una infracción por destrozar la biblioteca y si descubren que nosotras... ya sabes... —susurró repasando cada columna del patio para evitar ser espiadas—, ya tendremos una infracción grave y, depende cómo, nos expulsarán.

—Te recuerdo que estoy en la misma situación que tú o peor, porque herí a una alumna en un duelo no oficial. La diferencia es que yo tengo demasiada autoestima y sé que jamás podrán descubrirme y tú estás a punto de revolcarte en el fango lloriqueando por piedad.

—¡Oye! Debes de tratarme con más respeto, ahora soy tu cómplice en esta enorme mentira creada para salvar tu pellejo que a la vez proviene de la insensata apuesta que hicisteis Malfoy, Ginny y tú, y la cual no es que me haya salpicado, sino que estoy completa e irremediablemente cubierta de problemas.

—Y —enfatizó Pansy agitando un dedo como si fuera una abuela— aparte, estás metida en otra apuesta que consiste en ganar el Campeonato Secundario para evitar ser ordenada por una diosa como yo. Aunque ahora que lo pienso esto no tendría que suponer ningún disgusto para ti.

—Merlín, eso es lo peor de todo, ¿cómo puedo llegar a ser tan...?

—¿Estúpida, idiota, manejable, chillona, insoportable? Tendrías que ser menos impulsiva, eh. Se me hace muy fácil manejarte a mi manera.

La severa mirada de su compañera de escuela hizo callar a Pansy, una sonrisa ocupó el lugar de las malsonantes palabras.

—Granger, relaaax, todo está controlado.

—Por ti.

—¿Y qué hay de malo en ello?

—Pues varios puntos, el primero es que no me gusta estar metida en problemas y no tenerlos bajo control, y en esta situación sólo tú sabes qué vas a planear. Así que ni se te ocurra pensar en algún movimiento y acatarlo sin consultarlo para que yo no pueda fastidiarla por mi parte.

—Me parece estupendo.

—Y el segundo...—quedó un instante en suspensión y sacudió la cabeza—. Ahora mismo tengo la mente en otra parte, pero estoy segurísima de que los problemas vendrán solos.

—Por mi parte, ni uno. Y, regresando al primer punto, tenía planeado ir a hablar con el Hufflepuff, ¿quieres acompañarme o prefieres quedarte por aquí a dar una vuelta?

—Sí, claro, sólo faltaba que nos vieran juntas amenazando a un alumno. Felicidades, Parkinson, te vas superando.

—¿Me insultas cuando he hecho lo que has pedido? Si lo sé, te envío directamente a la mierda.

Hermione bufó dando las primeras zancadas.

—No te hagas la ofendida, sabes perfectamente a lo que me refería. Estaré en la biblioteca.

—Oh, ¿es un sitio nuevo? ¿podrás enseñármelo más tarde? Porfa, porfa.

—Cuando termines, ven a verme.

—Eso, que los Slytherins se encarguen del trabajo sucio, que tienen más experiencia. Más tarde te traeré la cabeza, jefa.

—Ja, ja, ja, qué graciosa te has levantado hoy —repitió Hermione. Se alejó por un pasillo y se despidió con un gesto de cabeza—. No vengas tarde, necesito irme a descansar lo antes posible...

—Me da a mí que será un día bastante largo antes de que puedas relajarte, y recuerda no decírselo a nadie, ni siquiera a Weasley.

—Ginny estaba conmigo antes de ir al lavabo de Myrtle, ya conoce sobre esto.

—Mh, mi comentario se dirigía más al tema del Hufflepuff amenazado que lo de aquella noche en sí.

—Lo tendré en cuenta. Nos vemos.

—Adiós, Granger, dale recuerdos a la vieja Pince, seguro que se alegrará de verte.

Pansy se fue riendo mientras Hermione no pudo evitar bufar de mala manera. "Como siempre", gruñó la Gryffindor.


Espero que os haya gustado y ¡muchísisimas gracias por los reviews y los ánimos! ^^

Nos leemos el próximo sábado (o miércoles, todavía no estoy segura -.-')