El nido de la Serpiente

Apenas dio unos pasos adentrándose en el vestíbulo del castillo cuando distinguió a Cho hablando con Ginny y riendo a carcajadas. Cuatro pasos más tarde, tuvo que taparse la nariz con asco.

—¡Merlín! ¿Y este olor?

La Ravenclaw se giró, mostrando un abrigo totalmente empapado. Las risotadas de las magas contagió a Hermione.

—Fang se subió encima de mí al entrar en casa de Hagrid.

—Y al ser un bruto la ha tirado contra una estantería de botellas de alcohol y mejunjes, ¡y mírala!

—Estoy segura que a Hagrid le ha sentado peor —bromeó Cho.

—¡Imposible! Ahora mismo te sientes sucia, ultrajada, no puedes soportar la sensación de no ir impoluta, eres como un gato con enredos y suciedad en su refinado pelaj-

El abrigo empapado impactó contra la cara de Ginny ahogando sus risas.

—¡Aaagh! ¡Está mojado! ¡Quita!

—Creía que estabas todo este tiempo en la biblioteca, Gin.

La aludida buscó, con sorpresa en sus ojos, el confundido rostro de su compañera de Casa. Cho sonrió, queriendo quitar importancia al asunto y dio un leve empujón a Ginny para que reaccionara.

—Y lo estaba, aquí tienes la prueba —mostró el pergamino con los deberes de pociones y los puso enfrente de la nariz de Hermione—, pero después fui a ver a Hagrid. Es Navidad, ¿recuerdas?, el pobre necesitaba compañía navideña.

Hermione parpadeó varias veces dándole la razón y culpándose por no haber pensado en ir a visitarlo pero, al fin y al cabo, no podía evitar que algún que otro detalle se le escapara por culpa del tema Parkinson.

—¿Y adónde te diriges ahora? —inquirió Ginny con interés.

—Iré a la biblioteca un rato... Quizá más tarde vaya a dar una vuelta, y si me acuerdo visitaré a Hagrid.

—Ah, vaya... Te iba a proponer de ir por aquí y por allá con Cho y las demás, ¿qué te parece? ¿es más interesante que perder el tiempo entre esas cuatro paredes?

—No me mires con esos ojitos... Más tarde os buscaré, ¿vale?

—Me conformo mientras no tardes demasiado.

—Será breve, o eso espero.

La Gryffindor se despidió con un gesto de mano y se quitó el gorro de lana, dejando ver la rebelde melena.

—Ah, ¿has encontrado al profesor Snape o a la profesora McGonagall?

La pregunta de Cho heló el andar de la joven.

—Eeh, sí, sí, ya está solucionado.

—¿Os buscaba por el incidente de las pociones?

—Sí, mejor me voy qu-

—¿Y Parkinson? ¿Estaba contigo?

Hermione bufó, irritada, ¿ahora tendría que decir la verdad o era mejor mentir? ¿Tal vez improvisar? ¿Qué haría Parkinson en su lugar? ¿Dejarse llevar y comentárselo más tarde para que la otra no metiera la pata? Sí, sonaba más de ella pero... ella no era Pansy, ¿y si la fastidiaba?

—'mione, ¿qué ha pasado?

Ginny se unió a la conversación preocupada. A la pequeña no le gustaba ver tanta confusión en la expresión de su amiga...Y si por culpa de esa estúpida apuesta Hermione acababa mal...

—N-no, tranquila, ella se encontraba conmigo y le explicamos a la profesora McGonagall lo que ocurrió aquella noche. Ahora mismo Parkinson debe de estar buscando al culpable antes de que nosotras nos tengamos que tragar el problema.

Ginny alzó una ceja, ¿qué significaba aquello? ¿que de verdad buscarían a otro alumno y le echarían las culpas? Antes de que pudiera llegar a una conclusión, Hermione desapareció de su vista.

Se quedó a solas con la Ravenclaw y la escudriñó de reojo. Ésta parecía igual de extrañada e interesada por aquel asunto, sin embargo la perspicacia que dejaban ver sus ojos no le gustaba nada. No sabría con seguridad la reacción de la mayor si llegaba a enterarse de la culpabilidad de las muchachas, y se le notaba que quería llegar hasta el fondo de la cuestión por su parte.

—¿Qué opinas? —inquirió Weasley, indicando con su cuerpo que quería ir a pasear. De momento, si no estaba equivocada, sabía que Chang no tenía en cuenta que ella misma estuvo con Hermione esa noche.

—Demasiadas teorías rondan por mi mente, pero ninguna acaba de asentarse... Es como si hubiera una pieza en este puzzle que no acaba de encajar en sus versiones... No obstante todas acaban ajustándose. Sinceramente, no me creo que Parkinson y Hermione sean inocentes, al menos no totalmente. Cuando te he contado antes que me encontré con McGongall, supe que ella también sospechaba de ambas, más que nada por la Slytherin.

—Pero no hay ninguna evidencia de que mientan.

—Lo sé, pero también sé que voy por buen camino si no me creo lo que cuentan, y más conociendo a Parkinson. Tiene toda la pinta de que esta coartada ha sido montada por ella ya que es sencilla de crear y difícil de destruir.

—No sería raro...

Cho, de reojo, inspeccionó el semblante neutral de su acompañante.

—¿Y tú que opinas, Ginny?

—Pues que estoy hasta los ovarios de pensar y me da rabia de que todos guarden secretos.

—¿Hermione no te ha dicho nada de esto?

Ginny dio una profunda bocanada. No, Hermione simplemente le explicó que Peeves las atrapó, pero que se salvaron por los pelos. Y nada más. Era como si su amiga comenzara a alejarse poco a poco de ella y se guardara opiniones y sucesos que, normalmente, le diría sin problemas. Como si Hermione pareciera estar adentrándose a un mundo desconocido y desconectado del que ya conocía, y eso, a Ginny, no le gustaba nada.

—Sólo me comentó que tuvo algún que otro problema cuando patrullaba pero dudo que pensara que esos problemas la salpicaran de tal forma. La veo muy preocupada por lo que está pasando, y sé —tragó saliva al darse cuenta que desde que ella regresó a Hogwarts, Hermione sólo se tropezaba una y otra vez con problemas— que no buscaba para nada lo que está ocurriendo.

Cho carraspeó sin segundas intenciones y continuó mirando al frente, nada convencida y más confundida aún por el rostro dolorido de la Gryffindor.

—Al fin y al cabo—susurró Ginny—... es Hermione. Por si sola no haría esto.

—A no ser que la provoquen. Quizás un Slytherin no sea buena compañía... —la Ravenclaw no pudo evitar sonreír de forma irónica.

—No —afirmó enfadada, "y tampoco yo"—, prefiero que esté con un Ravenclaw o un Hufflepuff.

Cho alzó ambas cejas, ¿qué demonios...?

—¿Hermione "está" con alguien?

Ginny rió por la malinterpretación y clavó sus ojos de manera cómplice a Cho.

—¿Te interesaría saberlo?

—Sería un buen cotilleo, pero sinceramente no. Tengo la sensación de que es mejor dejar de lado sus relaciones románticas...

—Es muy cerrada en estos asuntos, sí. Más que nada porque ni ella se da cuenta de lo que siente por las otras personas. Sabrá interpretar sentimientos de otros, pero lo que se dice interpretar los suyos... ¡ja!—sonrieron divertidas y siguieron dirección a la sala común de Ravenclaw para ir a buscar a las demás.


Psst.

Pansy apoyó el hombro contra el enorme portón de la biblioteca con los brazos cruzados en su pecho y, con un gesto seco de cabeza, indicó el pasillo. Hermione desvió su atención del libro y la siguió con parsimonia, a metros de distancia para evitar llamar la atención.

La llevó a las afueras del castillo, por detrás del campo de quidditch, y tuvieron que pasar por una arboleda de altos robles hasta llegar a un prado que rozaba el lago aunque éste apenas formaba una orilla. Llegaría a ser idílico si no fuera porque el campo de quidditch estaba cerca, lo suficiente para escuchar, en un día de entrenamiento, los gritos de los jugadores al entrenar.

Era un prado bastante grande donde el sol sólo se veía en horas puntas puesto que los enormes árboles casi creaban una cúpula con sus copas. En esos momentos, los rayos solares bañaban el edén.

—¿Cómo lo descubriste? —preguntó Hermione, admirando el lugar.

—Verás, antes de que salga el sol por completo, ya sabes, ese momento de la mañana donde hay claridad pero todavía no se ve el sol, suelo salir a pasear un rato porque me encanta el olor que tiene la mañana, ese olor a césped y árboles húmedos. Así me lo encontré, y me alegro que nadie más sepa que existe, de esta forma puedo estar sola sin que me molesten indeseables como los de tu Casa.

—Qué novedad que quieras aislarte...

—Te recuerdo que no soy la única que se cierra en otros mundos.

Hermione soltó una carcajada y se dirigió a la orilla del lago. Se arremangó un brazo y dejó escapar un pequeño chillido al notar el líquido tan frío. Con un movimiento de cabeza invitó a Pansy. Ésta se acercó pero no hizo nada más, simplemente extrajo el brillo de frambuesa y humedeció sus labios con él.

—¿Te gusta el lugar?

—Sí —contestó Hermione, removiendo la tierra de la orilla.

—Ten cuidado, nunca sabes qué te puede aparecer. Tengo entendido que el lago está maldito y lleno de criaturas horripilantes aparte del calamar gigante... y vistas las bestias que se encuentran dentro del castillo, no me extrañaría que bajo el agua fuera peor.

La Leona dejó de moverse a la vez que Pansy estallaba en risas hasta que recibió un puñetazo en su hombro. Estuvieron varios minutos de pie, observando el paisaje que les proporcionaba aquel lugar mientras contemplaban las calmadas aguas.

Hermione no cabía en sí de gozo. Era la primera vez que Parkinson se atrevía a mostrarle un aspecto de sí misma. Sabía que haber enseñado aquel prado, lugar que parecía ser que nunca era visitado por nadie más que la Slytherin, era un tremendo esfuerzo por parte de ella y un acto de confianza, "o algo parecido", se dijo Hermione.

Presentía que la Serpiente se iba abriendo, con muchísima lentitud, pero era mejor que tenerla cada día metiéndose con ella, ¡encima le había preguntado si le gustaba el lugar!

—Te he traído aquí para que nadie se entrometa entre nosotras mientras planeamos o, por casualidad, escuchen de lo que hablamos. Ahora sí que debemos tomar las máximas precauciones posibles, por lo tanto no le digas o traigas a nadie a este lugar, ¿queda claro?

—¿Ha pasado algo con el Hufflepuff?

El leve suspiro de la Serpiente alarmó a Hermione.

—Pasará —afirmó—. Es un crío de segundo y la presión podrá con él tarde o temprano.

—Genial, eso significa que poco duraremos con esta mentira.

—Mirando el lado bueno, si nos atrapan todavía tendremos una oportunidad para evitar ser expulsadas, si no recuerdo mal sólo tenemos un incidente apuntado.

Con el rabillo del ojo, Pansy escudriñó el rostro angustiado de la Gryffindor y suspiró una vez más. No se sentía culpable por lo que estaba pasando, ¿quién mandaba a Granger aceptar todos los desafíos? Pero entendía que su enemiga sintiera aquella desilusión, después de todo las infracciones quedarían escritas en su impoluto expediente de alumna perfecta, por no decir que perdería la confianza de los profesores y se reducirían las oportunidades de encontrar su trabajo deseado. Y si ya por cualquier motivo la Leona era expulsada... Prefería no pensar en la reacción de la dramática de Doña Perfecta.

Los pensamientos de la Serpiente dejaron de revolotear por su cabeza cuando Hermione se alejó de la orilla y se tumbó en el centro del prado. A pesar de ser un día de invierno, el sol calentaba con fuerza.

—Tal vez... —continuó hablando Pansy. Se acercó con pasos lentos a la figura que yacía sobre la hierba—... puedas hablar con McGonagall para que haga la vista gorda y te borre los incidentes. No te pongas triste, por una vez que nos atrapen...

—No es eso —cortó. Pansy alzó una ceja, preguntando—, quiero decir, sí, está claro que en parte mi estado anímico venga de que nos atrapen, pero es más bien que... bueno... yo... Cuando te dije que duraríamos poco con esta mentira esperaba que me contestaras con tu típico tono de, ya sabes, algo como "¡Para nada! Soy Pansy Parkinson, ¿recuerdas? No dejaré nunca que nos atrapen"

—¿Q-qué?

La Slytherin formó una expresión de incredulidad y tragó saliva. Carraspeando, empezó a enredar en sus dedos unas hebras de pelo de la parte donde su media melena llegaba a la nuca, indecisa.

—¿Me estás diciendo que...—susurró—, después de todo lo que ha pasado, confiabas en mí?

Hermione dirigió sus ojos al césped y comenzó a apretar las manos, nerviosa.

—Esta mañana en el encuentro con McGonagall me encontraba muy segura cuando vi esa sonrisa tan tuya... Sabía que no nos atraparían tan fácilmente si tú eras mi cómplice —su expresión cambió a una de disgusto y diversión— cosa que si fuera Ron o Harry, ya estaríamos castigados.

La sorpresa que recorría todavía por el interior de Pansy evitó que pudiera parpadear y humedecer sus labios con la lengua. Jamás en su vida hubiera pensado que recibiría semejante cumplido del ratón de biblioteca, es más, llegó a pensar que Granger sentía envidia de ella y que tal vez algún día ésta lo reconociera, que, sinceramente, no le habría hecho tal efecto ya que estaba acostumbrada a situaciones parecidas.

Pero... ¿cuándo era la última vez que alguien le decía que confiaba en ella de verdad, sin segundas intenciones? No podía acordarse. Ni un Slytherin, ni siquiera Daphne al contarse mutuamente secretos, tampoco Draco al explicarle algún plan para fastidiar a los alumnos, descartaba a los profesores... quizá... ¿madre y padre? Para nada, de ellos recibía lecciones y normas que seguir...

¿Acaso nunca escuchó de nadie una confesión tan personal y, la verdad dicha sea, tan gratificante? Sólo una Gryffindor, sangre sucia, diana de sus burlas más crueles y su enemiga número uno desde primero, ¿qué pasaba con el mundo? ¿de todos sus conocidos y sólo ella era capaz de confesarlo? ¿de verdad estaba rodeada de tantísima hipocresía y frialdad?

Pansy seguía perpleja sin apartar la mirada de Hermione, incluso cuando ésta rompió el contacto visual pudiendo notar cómo sus mejillas se tornaban carmesíes.

¿Debía confiar en Granger, en la única que lo admitía? Merlín... casi deseaba más haber recibido otra bofetada que aquellas palabras. Por lo menos sabría reaccionar con más agilidad... le costaba demasiado darle las gracias por el gesto. Maldito orgullo.

—Emh... —carraspeó, rebuscando en su mente—. Está bien, perfecto, iré cada semana a visitar al enano para evitar que la presión haga huella en él y le iré recordando su papel. Lo único que tienes que hacer es no conocerle, según la versión que le dijimos a McGonagall tú no le viste ni él a ti, mantengamos esa información bien atada porque si descubren que tenéis una mínima relación la hemos cagado. El siguiente paso está el porqué rondaba él por la noche y de golpe se encontró con todo, y le he dicho que cuente su motivo verdadero que es simple puesto que lo único que estaba haciendo era ir a buscar un amigo de Ravenclaw para después ir a las cocinas. Y... seguramente los profesores no pararán de buscar a los culpables para preguntar la razón de crear una poción de amor y, como es probable que si no se encuentran seremos nosotras sus objetivos, he pensado en traicionar a alguien que también tenga algún filtro de amor. Hay tres candidatos, Weasley, Draco y yo.

—¡Ginny no!

—Weasley sí, soy yo la que no, pero como tú y yo somos igual de cabezotas, tiraré un sickle al aire. Escoge para Gryffindor.

—Cara...

—Cruz.

—¿Es necesario?

Pansy bufó y colocó su mano en la cadera.

—¿El qué es necesario, Granger?

—Obligarme a traicionar a Ginny... ¿te gustaría que Malfoy, compañero de Casa, te traicionara?

No se esperó la pregunta y atinó a alzar ambas cejas.

—No, pero si Draco fue tan idiota como proponer el desafío sin pensar en estas complicaciones y no tuvo en cuenta las dificultades ni los problemas que nos caerían a nosotros dos, pues que se joda. Lo considero más que una falsa amistad, pero después de todo, prefiero que su culo o el de Weasley sea el que esté lleno de mierda y no el mío. Vamos que me da igual de quién sea mientras esto salga bien y ambas mantengamos los mismos incidentes en el expediente.

—Muy bien —Hermione sonrió repleta de felicidad al escucharla y rió por dentro. Parkinson se extrañó a más no poder por el cambio de actitud—. He escuchado lo que quería que dijeras y ahora no puedes negar tus palabras.

—¿Qué? Me he perdido, mucho, demasiado. ¿Qué es lo que has escuchado y no puedo negar?

—Yo he escuchado que la persona que fue tan torpe de dejar los utensilios en los lavabos, y único culpable de todos los problemas, es Malfoy: Yo no quiero para nada traicionar a Ginny y a ti te da igual quién se coma el problema mientras las dos salgamos de esta.

—Mierda.

—Lo sé, y sabes que lo has dicho.

—No debes estar tanto tiempo conmigo, aprendes demasiado rápido de mis tácticas.

—También lo sé.

—Te convertirás en una versión falsa de mí.

—En una versión que tiene corazón, valores y una mente brillante.

—Lo dicho, versión cutre.

Ambas respiraron profundamente, negando con la cabeza.

—En fin, hay que mantener las versiones atadas y el Hufflepuff de nuestro lado, no cabe decir que nosotras también debemos permanecer unidas.

—¿Eso significa que lucharemos para que no nos atrapen?

—Qué remedio si esto evita que desconfi-

Pansy cerró la boca. Jamás admitiría que le daba igual si las atrapaban al final mientras no volviera a decepcionar a alguien.

Hermione intentó no sonreír, pero se le hizo inevitable. Sí, Parkinson era una cabrona, pero estaba segura que en algún lugar perdido entre la prepotencia y la malicia, había un corazón. Congelado, tal vez, pero corazón.

—¿Puedo preguntarte algo? —se aventuró a decir la Gryffindor, viendo que Pansy ya iba hacia la arboleda para irse de allí.

La joven viró el cuerpo para mirar a Granger.

—Depende.

—Esto... mmh... sé que cada año volvías a casa por navidades, aunque en este no, ¿te has quedado para repasar o no sé...?

La mirada de Parkinson se ensombreció mientras observaba el lenguaje corporal de Hermione.

—Eres una pésima actriz —concluyó, posando sus manos en la cadera—. Ya debes de tener una idea, ¿no?

La Gryffindor se sorprendió.

—Das miedo cuando analizas a la gente —tragó saliva, un tanto cohibida de que fuera capaz de ello, ¿cuántas veces Parkinson habrá interpretado correctamente sus intenciones y sentimientos a pesar de que ella los quería ocultar? Y lo peor, que la Slytherin no le hubiera dicho en esas ocasiones que la había descubierto.

—¿Tienes una idea o no? —cortó.

—Sólo sé lo que escuché decir a Malfoy cuando llegó a Hogwarts.

—¿Qué dijo?

—Que sus padres fueron a hablar con los tuyos sobre algo de tu tío Perseus y que él era muy joven para saberlo, Malfoy, quiero decir.

—No, no es demasiado joven para saberlo —explicó—, simplemente sus padres no querían que él sacara conclusiones precipitadas, más bien, mis padres le pidieron a los suyos que no le dijeran nada.

—¿Por qué?

—¿Por qué crees que te voy a contar mis problemas familiares? —atacó, molesta.

—Porque siempre estás llena de secretos y por una vez... no sé, dudo mucho que yo vaya contando por ahí los problemas de una familia sangre pura.

—¿Y para qué tanto interés si no es para eso?

Hermione bufó, harta.

—¿No puedo simplemente tener interés por ti o qué? —abrió la boca al instante, tapándola con la mano. ¿Qué demonios había dicho?!

—¿Qué?

—No, no, no, no, no —sacudió las manos como si la estuviera atacando un enjambre de abejas. Dio un par de pasos hacia atrás, temiendo que la expresión de estupefacción de Parkinson -y muy cómica, todo había que decirlo- se convirtiera en una de rabia. ¿Cómo se le podía haber escapado semejante barbaridad?—. Que-que-quería decir que yo tengo curiosidad en general no de- quiero decir que yo no- —tosió al atragantarse con su propia saliva— nada romántico.

La cara de confusión de la Slytherin fue variando poco a poco. Fue alzando una ceja, los ojos se entrecerraron con perspicacia y sus labios comenzaron a estirarse hasta formar una cruel sonrisa.

—¿Quién ha dicho que yo pensaba que el interés fuera romántico? Sólo estaba sorprendida de que sintieras interés por mi estado con la familia.

Hermione ni respiró. Cerró los ojos y ocultó la cara con una mano, como si hubiera metido la pata hasta al fondo.

—En-entonces olvida todo.

—¿El qué olvido? ¿Que te hayas tenido que justificar de que no sientes algo por mí incluso sin que yo hubiera dicho nada o que tú misma te delatas sin que yo tenga que analizarte?

—Borra esa estúpida sonrisa, Parkinson, ¿quién en su sano juicio le gustaría alguien como tú?! —gruñó, levantando la mirada. Arrugó la nariz.

—¿Sabías que es posible sentir algo por alguien pero nunca darse cuenta porque siempre se rechazan los sentimientos? El orgullo tiene mucho que ver con eso, Granger —se burló, echó el torso ligeramente hacia atrás, cruzó un brazo a la altura de su estómago y apoyó el codo del otro en él para acariciarse la mandíbula inferior con un dedo. Achinó la mirada al concentrarse en la molesta Gryffindor, que estaba ruborizada por completo—. ¿Eres masoquista?

—¿Eres idiota? —preguntó con un tono de retintín.

—¿Eres lesbiana?

—Eres idiota —afirmó, rodando los ojos.

—No, ya sé lo que eres tú —se mordió el labio inferior en un vano intento de reprimir su risa. Merlín, disfrutaba lo que no estaba escrito en meterse con aquella cascarrabias—. Eres Pansysexual.

—¡Que no me gustas! Pesada que llegas a ser, maldita sea, más quisieras tú que alguien como yo se interesara por ti.

Hermione refunfuñó por lo bajo y pasó por al lado de ella dando enérgicas pisadas, con los puños apretados a cada lado de su cadera.

—Nadie se molesta si algo no es cierto —le dijo, siguiendo sus pasos a cierta distancia. Casi se puso a seguirla dando brincos por la diversión que sentía en aquellos momentos.

—Es que no es cierto, siento más odio por ti que simpatía —contestó, alzando la voz por acelerar más y alejarse de ella.

—¿Seguro? Con tus meteduras de pata estás demostrando algo que, según tú, no es.

Se adentraron en la arboleda de robles altos y con las ramas tan llenas de hojas, cruzándose entre sí creando un techo verdoso, que los rayos de sol apenas traspasaban los escasos espacios libres que habían.

—Nunca en la vida he dicho esto con el corazón, pero piérdete por el Bosque Prohibido y déjame en paz.

—Vamos, Granger —se encogió de hombros con toda la suficiencia que tenía— es normal sentirte atraída por mí, no te lo tengo en cuenta —esperó con ansia la reacción de la gruñona. Vale, quizás sí que estaba disfrutando demasiado en burlarse de ella. Más de lo que esperaba.

—Ni en mil años —gritó, frunciendo el entrecejo con más ahínco.

Notó un tirón en su muñeca hacia atrás y se desequilibró, tropezándose también con una raíz que sobresalía de la tierra. Tuvo que apoyarse en el brazo de la Slytherin para no caer y ponerse de nuevo recta, mirando con extrañeza a Parkinson.

Ésta volvió a arrastrar la mano de Hermione hasta su propia espalda, obligando a que la Leona tuviera que hacer fuerza con la mano libre contra su hombro para aumentar la distancia entre los dos cuerpos.

—Esos son demasiados años, ¿no crees? —le susurró, haciendo alarde de su experiencia en expresar fanfarronería—. Estoy segura que si me lo propongo, caerías rendida a mis pies en menos de un día.

Hizo más presión para que el forcejeo de Granger no tuviera ningún efecto. Con una cautivadora sonrisa, cargada de soberbia, fue empujando su cuerpo hasta acorralarla contra un árbol. Ladeó el rostro, lamiendo con su juguetona mirada el semblante atónito y molesto de la Gryffindor, y aprovechó la confusión que ella sentía para acortar un centímetro de distancia. Su labio inferior rozó el de Hermione.

—¿Y qué pasa si te beso, Granger? —ronroneó, deleitándose de la cara estupefacta que veía con todo tipo de detalles.

La nombrada parpadeó varias veces antes de cerrar con fuerza la boca que se había abierto como reacción a la sorpresa.

—Te daré una segunda bofetada, Parkinson. Tenlo por seguro. Ahora, suéltame.

Sonrió de lado, y se relamió los labios con mucha lentitud, cerciorándose de que Hermione no perdía detalle del movimiento. Al notar que no causaba efecto en su prisionera, sino que le provocaba una irritación considerable, volvió a encogerse de hombros.

La soltó y se alejó un par de pasos, regresando a su estado anterior de indiferencia total por la sangre sucia.

—¿A qué juegas? —espetó Hermione, dejando de apoyar la espalda en la rugosa corteza del árbol. Disgustada, se colocó la camisa que se había subido por todo el movimiento.

Pansy le regaló una mueca de desinterés.

—Sólo te he dado la única oportunidad de tu vida de probar mis labios sin la necesidad de ganarme en algún desafío, cosa que es muy poco probable.

—¿Y esto se lo haces a todos los que conoces? —le giró la cara, humillada por lo que acababa de pasar.

—Si fuera así nunca acabaría de besar a la gente, demasiados conocidos —se burló. Inició el andar para situarse al lado de la Leona que, en ningún momento, había dejado de fruncir el ceño. Rodó los ojos por la escasez de reacción—. ¿Molesta?

—Muchísimo.

—¿Por qué?

Granger paró en seco, mostrando una mano. Ofendida, repasó a la bruja de arriba a abajo.

—¿Cómo- cómo que por qué? ¿Tú sabes lo que acabas de hacer ahí —señaló con efusividad el tronco que ya habían dejado atrás— o tu memoria se borra cada diez segundos?

Pansy chasqueó la lengua, también dejando de caminar.

—Ha sido una broma, no hace falta ponerse así.

—¿Qué no hace falta ponerme así?! —movió la cabeza, balbuceando para encontrar las palabras.

—¿Te he besado? No. ¿Te he pegado? No. ¿Te he acorralado? Sí. ¿Te ha gustado? Bueno, según el sonrojo que tienes todavía...

—¡Estoy roja por el enfado que tengo! ¿Cómo puedes ser tan... tan desconsiderada con la gente? ¿Y si en verdad me gustaras? Ahora mismo me sentiría utilizada y-y yo que sé qué más.

—¿Te gusto? —cortó, ladeando la sonrisa.

—¡NO!

—Pues nada más que hablar, tu enfado es irracional y punto —acabó, echándose a andar por el estrecho camino de tierra.

—Por el calamar gigante, ¿en serio?! —se revolvió la melena, exasperada de la inmensa indiferencia que lograba transmitir la Slytherin— ¿De verdad eres así de intentar besarme como si nada por un estúpido juego interno tuyo?

Parkinson bufó exageradamente, girando sobre sus talones y profiriendo un ruido gutural.

—Jamás en la vida me había encontrado con alguien tan soberanamente insoportable, te lo juro.

—Y yo a alguien tan irrespetuoso, ofensivo, y aggh ¡de todo lo que se me pase por la cabeza! ¿Cuántas personas habrás roto sus esperanzas por "bromas tan divertidas" como estas? —dijo con retintín.

—Ooh, ya veo —asintió para sí misma, analizando—. Mejor no te digo mis conclusiones, pero te voy a decir que no he atacado a nadie de esta forma. A ver si así te callas de una maldita vez y te tranquilizas.

—Ah, genial, perfecto, resulta que ahora soy tu ratón de laboratorio para ver si funcionan tus burlas, juegos o lo que sean para ti. De mal a peor, definitivamente.

Parkinson resopló con ganas mientras se frotaba la cara.

—Es increíble la de energía que gasto en ti. No, qué mierda, es increíble la energía que me absorbes con tus pensamientos complicados y rebuscados que sólo existen en tu cabeza y, que encima, ni siquiera los sepas comprender como a tus propios sentimientos. ¿Sabes cómo se le llama esto? decepción, idiota. Te sientes decepcionada porque no muestro un verdadero interés en ti, porque no soy como tus expectativas románticas esperan que yo sea, porque no encajo en el prototipo ideal que tienes para tu futura pareja —chasqueó los dedos enfrente de la ofendida Leona—. Reacciona, que tienes ya diecisiete años, que las personas no son perfectas y deberías de empezar por ti, que eres una sabelotodo en todo menos en ti misma. Es para reírse y no parar.

—¡¿Cómo puedes seguir pensando que me gustas?! ¿YO?! ¿A Ti?! ¿Una prepotente que sólo existe para sí misma y nadie más, sin corazón, sin respeto a nadie ni siquiera para su propio círculo de amistades? ¡No tienes nada de lo que me pueda atraer de una persona! No tienes valentía, no tienes amor ni cariño para dar, no tienes humildad para aceptar las imperfecciones y perfecciones, no tienes un maldito y simple cerebro con el que poder hablar e intercambiar opiniones sin acabar insultándome, ¡Nada tienes, NADA!

—Pues ya me dirás tú qué me has visto, entonces —rió. En su interior volvía a dar palmadas de alegría por lograr burlarse de ella una vez más. Oh, qué fácil era llevar al límite a Granger.

—¡Pero que no te he visto nada! —agarró aire, ya cansadísima de esa discusión—. Eres tan arrogante que piensas que me he acercado a ti por amor y sólo quería ser tu amiga para llevarnos bien, que dejaras de meterte conmigo. Ya veo cuánto me he equivocado.

Adelantó a la Slytherin y se puso a correr con la vista borrosa por las lágrimas que ya empezaban a salir. No quería que la viera en ese estado y menos después de aquella tremenda discusión.

—¡Suéltame! —chilló al verse frenada porque la Slytherin también se había puesto a correr detrás de ella para alcanzarla y le había agarrado de su camisa.

—Eh —avisó, apartando la mano para que Hermione no se la mordiera—. Que era una broma, simplemente quería meterme contigo —dijo sin más. Sólo recibió como contestación una mirada asesina—. Entiendo, me he pasado de la raya y me he equivocado. Mensaje captado.

La Gryffindor la miró de arriba a abajo, secándose las escasas lágrimas y con una pierna preparada por si debía de salir corriendo.

—Eso ya lo sé —espetó, enfadada—, ¿quieres que te acaricie la cabeza y te dé una galleta?

Pansy abrió la boca por la ofensa.

—Oye —se le escapó una tenue sonrisa pese al semblante de seriedad que tenía—, esa frase es demasiado mía. Y ya he admitido que me he equivocado, eso es muchísimo viniendo de mí.

Hermione rodó los ojos, apartándose unos metros para que ella no volviera a atraparla. No obstante, se cruzó de brazos, a la espera.

—Discúlpate —le ordenó, frunciendo los labios.

Parkinson alzó una ceja.

—No, verás, esto no funciona así. Yo te explico —carraspeó, regresando a su estado burlesco de siempre—: De pequeña me di cuenta que cada vez que decía "Gracias" o "Lo siento" un gatito moría, así que me dije "Bueno, como veo que estos lindos bichos van a sufrir por mí, es mejor que no diga nada". Y esa es la historia de mi maldición, es terrible, lo sé, estuve traumatizada durante mucho tiempo. Pero ya está superado, tranquila.

Acabó ocultando sin mucho éxito su mirada socarrona, teniendo que desviarla hacia el cielo de hojas que cubría todo el paisaje y daba al entorno una iluminación verdosa.

—Si de verdad quieres estar bien conmigo, quiero escuchar de ti un "Perdón" —contestó, sin un ápice de broma en sus palabras.

Pansy dio una palmada.

—Pues nada, lo he intentado, me voy a acabar los deberes de Herbología. Nos vemos por el Gran Comedor. Ea, buenas tardes.

Pasó por al lado de Hermione con un andar sosegado. En cuanto ya la pasó de largo, sonrió al sentir que, ésta vez, era a ella a quien la obligaban a frenar por el agarre de su mano. Sin virar la cara, sonrió con mucho gusto. Dio media vuelta.

—¿Sí? ¿Quién es? Oh, Granger, ¡cuánto tiempo! ¿Qué es de tu vida? ¿Estas arrugas son nuevas? Vaaya, debes de haberte enfadado mucho con todos para que te salieran, ¿no?

Hermione siguió impasible, mirándola fijamente como si pudiera matarla con las pupilas.

—Quiero que repitas lo que voy a decir y entonces te perdonaré.

—Uh, ¿vas a hacer que me diga a mí misma idiota?

—"Me he equivocado cuando he dicho que te gusto porque no es verdad"

Pansy suspiró.

—Me he equivocado cuando he dicho que te gusto porque no es verdad.

—Repítelo con un tono menos burlón —se quejó.

—Me he equivocado cuando he dicho que te gusto porque no es verdad y he de recordarme continuamente que eres como una vieja: incapaz de detectar el sarcasmo ni bromas como esas.

—"Me he equivocado cuando he dicho que sientes decepción porque mi personalidad no entra en la personalidad ideal de tu futura pareja"

—Me he equivocado cuando he dicho que sientes decepción porque mi personalidad no entra en la personalidad ideal de tu futura pareja. Porque es evidente que yo soy perfecta para todo. Es broma, joder —añadió ante el gruñido de Hermione.

—"Me siento muy mal por hacerte enfadar tanto y vuelvo a repetir que sé que tú no sientes nada por mí. Porque si lo he dicho ha sido porque soy una arrogante que piensa que todos me van detrás"

—¿Qué?

—Dilo.

Buuuffffff, me siento muy mal por hacerte enfadar tanto y vuelvo a repetir que sé que tú no sientes nada por mí. Porque si lo he dicho ha sido porque soy una arrogante que piensa que todos me van detrás.

—"Y soy una idiota"

—¡No pienso decir eso!

—Hazlo.

—Lo llevas claro.

—¡Dilo de una maldita vez¡ Orgullosa hasta para esto, pfff.

—A ver —se frotó el puente de la nariz—. ¿Cómo era la frase?

—"Y soy una idiota"

—No, no, la frase, no lo que eres, Granger —dio un largo paso hacia atrás para esquivar la mano que quería golpearle en el hombro. Riendo, acabó por ceder—: "Y soy una idiota"

Hermione continuaba con la misma expresión, pero ya fue capaz de asentir con aprobación. Sus labios se pusieron blancos por la presión que hacía para no sonreír.

—¿Ves cómo no era tan difícil? —sus ojos chispearon de diversión al observar el débil enfurruñamiento de Pansy.

—Tengo la sensación de que algún gatito ha muerto durante este sinsentido.

Un chillido procedente del campo de quidditch obligó a callar el canto de los pájaros del prado. Ambas se miraron mutuamente preocupadas y salieron corriendo del paraíso varita en mano.


A partir del próximo capítulo subiré dos por semana (miércoles y sábados), para que la historia empiece a acelerarse.

Muchas gracias por leer y sobretodo por los reviews!