El último enfrentamiento

Pansy, antes de que los rayos del sol acariciaran su media melena, paró y se cruzó de brazos.

—Necesitaba un lugar que no pudieran escucharme hablando con ella, ya le he dicho que no vuelva a aparecer.

—Sé lo que le has dicho.

—¿Desde cuándo estás aquí? —Ginny se alarmó tanto que fue la primera en ponerse de pie. Hermione la siguió para hablar mejor con la Slytherin.

—¿Importa?

—Por supuesto que importa.

—Desde el principio, Weasley, desde el maldito principio que estoy escuchándoos, sólo me he perdido la explicación de todos los hechos de Granger.

—¿Puedes mantener una mentira de días y no ésta?

—Quizás a Chang le interesaría saber que puede parar de intentar meterse en los pantalones de Granger porque es más fácil bajártelos a ti. Y creer que las dos ibais a por Potter y resulta que sois competencia para él... ja, es gracioso.

—¡Serás hija de asdfghjk...!

Hermione le tapó la boca con fuerza e intentó tumbarla al suelo para evitar que saltara sobre Pansy. En cambio, la Slytherin conservaba la misma postura y expresión malhumorada.

—¿Qué haces aquí? ¿Por qué nos has seguido? —inquirió Hermione.

—Estoy aquí porque éste sitio me pertenece, y no, no os he seguido, no me interesa la triste vida de un par de lesbianas.

—¿Perdona? —Hermione continuaba evitando que la voz de Ginny surgiera mientras utilizaba todo su peso corporal en mantenerla contra el suelo.

—¿Qué pasa? ¿No te has dado cuenta del numerito que has protagonizado? Primero esa escena rara con Chang y después desapareces agarrada de la mano con la traidora, ¿piensas que nadie se ha fijado?

—Claro que sí, p-per-

—Enhorabuena entonces, sois la nueva pareja oficial de Hogwarts y comidilla de los cotilleos.

—Por Merlín, Parkinson, tú sabes que no es verdad, no entiendo por qué nos atacas.

—En la actuación habéis sido unas excelentes actrices merecedoras de un premio. Podréis encontrar el trofeo en el armario de las escobas, lo reconoceréis por su forma de tijeras. Muy bonito, sí.

—¡¿Te crees graci-asdfgh

—¡Calla, Ginny! Yo me encargo de esto mientras intentas controlarte. Y Parkinson, sabes que n-

—Tienes razón, reconozco que si no fuera porque he escuchado a escondidas que a Weasley le gustaban las mujeres en general, seguiría creyendo que el bigote de Weasley son los pelos de tus partes bajas. Y al final parece ser que pertenecen a cualquier tía. Eeen fin.

—¡Me cago en ti!

—¡La sexualidad de alguien no es nada con lo que reírse! ¡Basta ya!

—¿Por qué? Tengo más y de excelente calidad, he esperado toda mi vida para esto ¿queréis escuchar otro chiste? Atentas.

—¡Parkinson, te juro que como no pares de hablar suelto a Ginny!

La Slytherin mostró toda la dentadura en una fugaz sonrisa cruel.

—¿Sabéis por qué Ginevra Weasley es la única mujer de tantos hermanos? No, espera, ese no es el chiste, la palabra mujer no tendría que salir en él. Mneh, demasiada diana fácil reírse de la feminidad o masculinidad de otros, ¿no?

—¡Maldita Serpiente, hija de-JODEEER!

El petrificus totalus impactó sin impedimento contra el pecho de Ginny en cuanto ésta logró zafarse del agarre de Hermione. Ambas magas que quedaban en pie se miraron; Granger atónita por el desenlace final y Parkinson con una mirada fanfarrona.

—Qué manía tenéis los Gryffindors con complicar las cosas —acabó por poner punto y final, guardándose la varita.

—Te has excedido mucho y lo sabes —logró contestar entre bocanadas a pesar del gran esfuerzo. Sabía de antemano que si no hubiera atrapado a su amiga a traición contra el suelo, no hubiera podido contrarrestar la fuerza de ésta.

—Oh, vamos, ha sido bestial la situación. Tanto como el mono que no ha logrado controlarse —con un movimiento de mano indicó a Ginny.

—Por Merlín, ¿qué te pasa? Antes no eras tan cabrona.

—¿Que antes no era tan cabrona? Te recuerdo que antes me hubieras llamado otras palabras peores que cabrona, ¿qué te pasa a ti? ¿mh? ¿Al final sí que te has enamorado de mí? ¿Te has dado cuenta que tu perro guardián, de apellido Chang, es inferior a mí?

El conjunto burlesco y de desinterés que constituía la actitud de la Slytherin provocó un quejido en Hermione, que la observaba sin entender del todo aquella reacción. Vale que nunca hubieran llegado a considerarse amigas y que hacía poco que tuvieron una discusión, o varias, pero... ¿y el abrazo que se dieron, aceptándose? "El abrazo que le diste, más bien", se repitió.

—Pu-pues creí que tú y yo logramos una relación un poco más cordial.

—Ah, sí, ya, recuerdo cuando me dijiste que confiabas en mí y te comenté que no trajeras nadie al prado confiando en que me hicieras caso. Sí, suerte que no has llevado a tu perro a pasear porque podría haberme molestado, al igual que la obra de teatro en el Gran Comedor —ironizó.

Pansy apretó los dientes y su perfecta manicura se le clavó por la fuerza que utilizaba al cerrar los puños. Nunca hubiera pensado que la sangre le bulliría tanto al recordar lo sucedido en el Gran Comedor con Shin-Chang.

—Perdón por enseñar a Ginny el lugar, ya te he dicho que quería evitar que nos siguieran y sólo conocía este sitio, pero, ¿en qué se supone que tendría que molestarte lo del Gran Comedor? Si yo y Cho estuviéramos juntas, es algo personal que no incumbe a nadie, después de todo.

Parkinson balbuceó manteniendo una mirada seria. Hasta que cerró la boca, desvió su atención hacia el cielo y formó una expresión de "Eso me pregunto yo". Volvió a fijar sus ojos cargados de dureza en los de Hermione, provocando que la Gryffindor mirara el suelo, incapaz de mantenerla.

—... Tal vez esté yo un poco mal de memoria, pero creo recordar que te comenté que no debías conocer al Hufflepuff, ni él a ti.

—Y no lo he conocido...

—Felicidades, él ahora sí y su hermana lesbiana que está en casa pronto lo sabrá.

—¿Cómo?

Pansy bufó cansada y se acercó al cuerpo rígido de Ginny. Le dio unos toquecitos con su pie.

—Tú debes de conocer a las de tu condición, ¿no? ¿Conoces a Susan Bones? ¡Bingo!

Regresó su mirada a la mayor de las Gryffindors y situó sus manos en las caderas.

Hermione recordó aquel nombre cuando Ginny le comentó que la Hufflepuff iba tras de ella, no obstante, la excusa le parecía muy débil como para que Parkinson haya actuado de esa forma contra ella. Prefirió no comentar nada para no aumentar la tensión que ya había.

—Es perfecto salir del armario en Hogwarts para pasar desapercibida, definitivamente.

—Vuelvo a repetir que no he salido del armario.

—Tú quizás no, pero sí la Hermione Granger que se imaginan y rumorean sobre ella al igual que de Weasley. No hay marcha atrás, lo seas o no, ahora tendrás a tías detrás de ti y a tíos preguntándote por un cuarteto con la pelirroja y la otra... cosa —dijo entre dientes, refiriéndose a Cho.

—Mira, Parkinson —atacó, harta de que se riera de ella—. Entiendo que la mejor opción era que yo pasara desapercibida para que la versión del Hufflepuff se mantuviera exacta por muchas veces que le preguntaran Snape o la profesora McGonagall, pero ¿en qué afecta a nuestro plan de que rumoreen sobre mi sexualidad o la de Ginny o la de Cho? ¿qué más da si tengo a gente detrás de mí? ¿acaso cambiará nuestras versiones por ello? ¿No, verdad? Así que, ¿por qué demonios me dices esto? ¿por qué —cerró los ojos, agarrando coraje para seguir hablando— te molesta todo lo que hago? ¿por qué sigues insistiendo en que he metido la pata por parecer que me gustan las chic-? no, perdón, que me gusta Cho, más bien. ¿Eh? Siempre tienes que decir las últimas palabras pues ahora ya puedes contestar todo lo que quieras, ¿qué diantres es lo que te ha molestado en todo esto? —aprovechó el valor que le provocaba ver el rostro tan confuso de la Slytherin—. Maldita sea, odio que me eches en cara lo que hago o deje de hacer y que encima te rías de mí cuando intento hacer las cosas bien. ¿Qué más quieres de mí, Parkinson? ¿No tienes suficiente con estar machacándome día y noche?!

Aquello fue como si a Parkinson le cayera un rayo desde la cabeza y le tensara todos los músculos que encontraba por el camino hasta llegar a los pies. No pudo siquiera parpadear. Se quedó ahí, de pie, con la boca entreabierta, los ojos desorbitados y completamente en shock. Ni siquiera podía fijarse en cómo el pecho de Granger subía y bajaba al respirar rápido por la irritación que sentía, en cómo fruncía sus labios dejándolos blancos como los nudillos de su mano al sujetar fuertemente la varita.

La Slytherin debía de admitir que tal contestación no se la esperaba para nada. O quizás lo llegaría a admitir si reaccionaba algún día.

—¿Qué ocurre, Parkinson? ¿Te ha comido la lengua el gato? —alzó ambas cejas, demandando respuestas.

La Slytherin parpadeó una vez.

Dos veces.

Y sólo pudo dejar que la parte más latente de ella reaccionara: el orgullo. Tiró del cuello de la camisa de Hermione para situar a ésta delante de sus ojos que irradiaban un enfado difícil de apaciguar. No le importó que sus frentes chocaran, no se interesó por el cambio de humor de la Gryffindor al verse amenazada, le dio absolutamente igual que su enemiga estuviera intentando empujarla con sus manos.

—Escúchame tú a mí, Granger —siseó entre dientes—. Como vuelvas a dirigirte a mí de tal forma, te devolveré la bofetada que te debo a mi propio estilo. No juegues conmigo, ¿me oyes? —esperó a que la joven asintiera—. Ya he aguantado mucho en otras ocasiones y la paciencia me la has ido gastando.

—No me hagas daño —dijo, con una voz sin emoción—. Quiero acabar los estudios en Hogwarts con todas las extremidades del cuerpo... O sino, me conformo con que me cortes un pie antes que una mano.

El semblante de Parkinson se relajó de inmediato al notar que la Gryffindor estaba tensa. La soltó, haciendo que se desequilibrara un poco.

—Claro que no, idiota, no soy tan cruel como para arrancarte las manos, las necesitarás para masturbarte, ¿no? —bromeó, con la intención de quitar hierro a su amenaza. Tampoco quería pasarse tanto.

—Bueno... Las necesito para escribir en los exámenes, más bien —se colocó bien el cuello de la camisa.

—También las podrás utilizar para eso, ya de paso.

—No estoy muy interesada en ello, no —se encogió de hombros, mucho más tranquila al ver la característica sonrisa de la Serpiente.

—Oh, vamos, me dirás ahora que nunca te has dado placer a ti misma.

Abrió la boca al máximo cuando Hermione negó con la cabeza.

—¿Nunca?

—Nunca.

—¿Nunca de nunca de, en plan, nunca de que no has estado curioseando por ahí abajo?

—¿Qué hay de malo si no lo he hecho? —refunfuñó. Se cruzó de brazos.

—Vaaaya... ¿cómo le vas a enseñar a tu novio en cómo darte placer si tú misma no sabes?

Hermione se sonrojó.

—Ya habrá alguna forma de-de descubrirlo.

—Siento lástima por tu futura pareja porque como los dos seais novatos... para veros en plena acción "Oh, Merlín, ¿esto...esto es un pezón? Ooh, mira, ¡un ombligo!"

Se carcajeó con ganas al tiempo que Hermione la miraba con el ceño fruncido.

—Yo más bien me preocupo de que hace nada me estabas amenazando y ahora estés hablando conmigo de sexo —replicó, ocultando ligeramente su cara con sus bucles castaños.

Al menos se alegraba de que, poco a poco, parecían entenderse más, lo suficiente como para no alargar demasiado los enfados.

—¿Ah, sí? Y yo me preocupo de que hace nada estabas casi suplicando por tu vida y ahora estés ahí, plantada de pie con los brazos cruzados, asesinándome con la mirada y desafiándome.

Hermione, quien ya tenía la boca abierta para contestar, la cerró de golpe. Puso una cara rara y esbozó una sonrisa.

—Sí, supongo que nuestros cambios de humor están conectados entre sí: si el tuyo cambia, el mío también.

Pansy rodó los ojos.

—Te voy a escribir una carta para que lo entiendas —con un dedo, empezó a escribir palabras invisibles en el aire—: "Estimada Granger, de nombre Pesada, debo de recordarle que de eso se tratan las relaciones sociales: cuando alguien le pregunta, usted le contesta; si alguien se enfada, usted reacciona. Entiendo que no esté muy acostumbrada a ellas, pero poco a poco irá entendiendo sus pequeños detalles. Gracias por su atención."

Ooogh, ¿cómo es posible que sea capaz de seguir aguantándote?!

—Buena pregunta, yo también estoy en busca de la respuesta. Ah, por cierto... mmh, en realidad sí que he venido al prado buscándote. ¡Eh, frena, fiera! —colocó un dedo en los labios de Hermione para que no hablara—. He hecho todo lo que he podido para que no nos atrapen sobre lo de el filtro de amor y hoy he acabado con mi último movimiento. Ya no puedo hacer más.

El rostro de Hermione se contrajo de tal manera que pareció que una babosa de fuego se estuviera deslizando por ella.

—¿Quieres decir que la he fastidiado de verdad o... no? ¿o todo ha salido bien? ¿O...? ¡Dímelo ya, va, no puedes dejarme con la intriga!

—La has fastidiado a base de bien, aunque puedes mirar el lado bueno.

—¿Qué lado bueno?

—Ah, es verdad, no hay ninguno. Es lo que hay, Granger, hay que pensar mucho más en las consecuencias, por despistes parecidos también acabarás comiendo en el suelo del Gran Comedor con las manos atadas en la espalda.

—¡O-oye!

—¿Qué? Ahora eres lesbiana, ¿qué te importa ser mi esclava?

—Serás...

—Acaba la frase, va, me gustaría escuchar tu agilidad en los insultos.

—Me rindo... Perdón por haber fastidiado el plan, voy a llevar a Gin a la enfermería e iré a confesar más tarde.

Suspiró derrotada y arrastró los pies hasta situarse al lado del cuerpo de Ginny. Se puso de rodillas, guardo la varita de su amiga en el bolsillo para que no se perdiera y la elevó con un hechizo. Pansy mantenía la misma posición mientras Hermione pasaba por su lado.

—Si te culpan, diles que hablen conmigo —continuó Hermione—. Yo les diré que fue mi idea preparar la poción para enamorar a Cho. Vistas las escenas de hoy, estoy segura que creerán en tu inocencia.

Pansy siguió con la mirada a la pareja. Escuchar el débil gimoteo de Hermione causó que sobrepusiera la alegría a las ganas de seguir tomándole el pelo.

—Mira que llegas a ser inútil.

—No pienso discutir, Parkinson, mi día ha acabado por hoy.

—Si ahora entras al castillo te encontraras con los profesores en el vestíbulo y no sería nada agradable teniendo un yeti peludo y congelado flotando a tu alrededor. Te preguntarían demasiado.

—¿Qué hacen en el vestíbulo?

—¿Qué van a hacer? Está claro que atrapar al culpable de las pociones.

La mandíbula de Hermione se desencajó.

—¿Qué?

—En fin, habrá que contártelo: Encontré el frasco de Draco en la jaula de su lechuza, bien escondido, y me llevé en otro diminuto frasco un par de gotas de él que vertí en la comida de hoy de una Slytherin de quinto. Evidentemente, como ésta chica tenía novio, sus amigas vieron raro el comportamiento enamoradizo hacia el rubio así que fueron a buscar ayuda a la enfermera. Minutos después descubrí, en el vestíbulo, a Snape entrando, enfurecido, a las mazmorras para buscar a Draco, y a McGonagall esperando en las escaleras del vestíbulo. Como yo fui acusada anteriormente, me contaron que ya sospechaban de él: resulta que las etiquetas del material que utilicé eran de una tienda específica y Snape fue expresamente a preguntar por sus clientes que compraron los ingredientes, y le llamó la atención de la descripción de un rubio. (No le digas a nadie que era mi primo mayor comprando para sus experimentos que después me regalaría para la poción. Por suerte creyeron que era un familiar de Malfoy). Después, también están los restos que dejamos del frasco que me diste y dejé caer: la hipótesis de McGonagall era que Draco llenó un frasco con ingredientes del colegio, se le cayó, y se vio obligado a preparar otro con materiales comprados para que no se notara tanto la falta de ingredientes. Es decir que, sin quererlo, hemos creado una serie de pruebas incriminatorias contra Draco, y cómo éste es un mentiroso compulsivo lo tiene crudo para salir de ésta. Y colorín, colorado, éste cuento se ha acabado.

—Merlín...

—Lo sé, lo sé, de nada.

—¿Y Malfoy no se vengará?

—Draco no sabe de dónde le ha caído la mierda, ha sido demasiado rápido para él: El frasco seguía en la jaula de su lechuza y Snape lo ha descubierto a base de hechizos. Ahora se preguntará quién ha echado las gotas pero resulta que yo he estado a su lado durante toda la comida y tú estabas protagonizando la escena con Weasley. Gracias a esa distracción, os habéis creado vuestra coartada y he podido aprovechar para echar las gotas. Nos salvamos a base de casualidades una tras de otra, esto debe de ser una señal.

—Sí, la señal de que hay que dejar de meterse en líos.

Hermione negó con la cabeza y continuó caminando hacia la arboleda con la mirada de la Serpiente en su espalda. Podía notar la burla de sus ojos e incluso su sonrisa característica.

—No bajes la guardia, Granger, aún tienes un desafío que cumplir. No lo olvides.

—Si tantas ganas tienes de ganar ¿por qué insistes en que lo recuerde?

—Porque lo maravilloso de los desafíos no es ganar, sino en sentirte orgullosa por lograrlo a pesar de las dificultades. Y, qué demonios, sería muy aburrido sin tus típicas rabietas. Va, haz algo ahora —dio varias palmadas como si se tratara de un perro—. Un salto, un grito, un baile o algo, va, va.

—Adiós, Parkinson.

—¿Y ahora que el problema del filtro de amor ha acabado, nuestro equipo también? —alzó ligeramente la voz y discernió cómo el andar de Hermione se ralentizaba.

—¿Estamos en pleno desafío e incluso as-?

—Las Casas están todo el año compitiendo entre sí por la Copa y siguen interactuando entre ellas.

Hermione giró completamente su cuerpo.

—¿Lo dices en serio? ¿No te burlas de mí?

—La mismísima Pansy Parkinson te afirma —Hermione sonrió incrédula— que se ríe de ti una vez más. Lárgate antes de que te ataque, Granger.

—¡Muérete, Parkinson!

-0-

La mañana siguiente se mostró despejada de nubes y con una cálida brisa meciendo los árboles. Hermione fue la primera en despertarse y en salir de la Sala Común. No se le habría pasado por la cabeza la de miradas que tuvo que lidiar a su paso a medida que llegaba al vestíbulo ya que se topó con muchos tipos de sentimientos, desde asco y extrañeza hasta admiración, por parte de ambos sexos. Apoyada en la pared de la entrada a Hogwarts, vestida con un abrigo azul aterciopelado, un vestido blanco, calcetines negros hasta las rodillas y bailarinas, Cho Chang leía un ligero y diminuto libro. Al girar su rostro hacia Hermione, la trenza adornada con un lazo imitó el movimiento del gesto.

—Buenos días, Hermione —guardó su entretenimiento en uno de los bolsillos y esbozó una sonrisa.

—¿Cómo va la mañana?

—Curiosa, la gente no es buena disimulando cuando cuchichean al pasar por mi lado.

—Ni mirando... —añadió Hermione, observando de reojo y atrapando a dos chicas cuchicheando hacia su dirección. Éstas pararon al instante de darse cuenta de que la Gryffindor las miraba.

—Supongo que me lo merecía, siento que los rumores te salpicaran a ti.

Hermione se acercó a la Ravenclaw con ambas manos entrelazadas balanceándose cerca del vientre.

—No fue la culpa de nadie, tranquila.

—Al menos sirvió para avivar tu amistad con Weasley.

—Sí, por lo menos ya no se siente tan apartada de mí... aunque podrías habérmelo dicho.

—Me avisó que si alguien necesitaba decirte algo para que te dieras cuenta, ella misma se ocuparía. No quería intervenir y... ocasionar que huyeras más de mí.

—También te pido perdón por ser tan fría, es sólo que... bueno... no sé muy bien hasta que punto puedo confiar en alguien.

—Te entiendo, no te preocupes. Poco a poco.

Regaló una preciosa sonrisa obligando a que Hermione parpadeara varias veces para mentalizarse, ¿a esto se refería Gin?

—¿Podríamos empezar de nuevo? —propuso Cho.

Hermione observó con detenimiento la mano extendida hacia ella y la apartó para abrazar a la asiática.

—No hay nada de malo en todo lo que ha ocurrido entre nosotras, Cho, son situaciones que nos ayudan a entendernos y a solidificar nuestra relación.

Entraron al Gran Comedor e inmediatamente los alumnos allí presentes, que eran menos que ayer puesto que era bastante temprano, depositaron su atención en ellas. Percibieron la escasez de alumnos de Gryffindors y, para sorpresa de todos, ambas se dirigieron a la mesa de los Leones.

—¿Crees que los profesores me llamarán la atención por estar en otra mesa?

—No creo, al ser vacaciones serán menos exigentes porque no es necesario mantener tanto orden. Incluso nos dejan elegir si ir en uniforme o no.

Se sirvieron un ligero desayuno de tostadas con embutidos, frutas y algún que otro postre lácteo. Hermione probó uno de los pasteles de melaza que no acabó de gustarle y lo devolvió a su plato. Cho acabó minutos después de aquel gesto, en cambio su compañera continuaba llenando el estómago.

—¡Buenos días, mundo!

Ambas se giraron para identificar a Ginny dando pequeños saltos hacia ellas desde el portón. La falda roja se balanceaba con gracia e hizo una vuelta sobre sí misma.

—¿Por qué te ha dado por bailar ballet? —rió Hermione.

Ginny acercó a ambas chicas a ella agarrándolas de los cuellos con su antebrazo.

—¡Hoy hace un día perfecto para jugar a quidditch! Y aunque lloviera, tú debes de seguir entrenando —murmuró mirando a Granger.

—¿Entrenar? —Cho escudriñó la mirada de la castaña con interés.

—Jugar, entrenar... lo que sea, decidí que necesito ser más ambiciosa aparte de perfeccionista con las notas.

—No suena muy bien —confesó la asiática.

—Quiere ser la nueva Capitana de Gryffindor —soltó Ginny, devorando un pastelito de chocolate—. Efte año me reifé mumcho.

—Oye, no hace falta que te rías de mis errores.

—¿En serio vas a por el puesto de Capitana?

—Te ha tomado el pelo, voy a por el puesto de Golpeadora.

—¿Golpeadora?

—Sí.

—¿Por algún motivo en especial? —inquirió, levantando una ceja.

—Golpear Bludgers me ayudará a desquitarme la rabia de dentro.

—Cuando logres canalizar toda tu rabia en los golpes, los Slytherin saldrán corriendo del campo —bromeó Weasley.

Las tres chicas rieron ante el comentario.

—Oh, qué estampa tan bonita, tres lesbianas conversando agradablemente sobre sus perversiones sexuales cotidianas.

—¿Qué se te ha perdido por aquí, Parkinson?

—Ey, mono de feria, ¿te recuperaste del petrificus totalus? Qué lástima.

Hermione sujetó la falda de su amiga para obligarla a sentarse.

—A ti te debo unas cuántas palizas, lagartija.

—Cómo si me interesaras, Weasley. Granger.

La aludida frunció el ceño y la siguió de inmediato al notar su expresión seria. La gente las persiguió con las miradas hasta que desaparecieron por el portón.

Parkinson ralentizó su paso para dejar que Hermione se situara a su lado y, sin apenas mover los labios, comenzó a hablar sin dejar de caminar:

—Tú disimula como si no habláramos, iré rápido: McGonagall todavía sospecha de nosotras porque Draco se chivó de que Weasley y yo también creamos pociones de amor. Mientras os hinchabais de comer grasa, seguramente fue a buscar pruebas, ¿sabes si Weasley guardaba el frasco?

—Ni idea ¿Y el tuyo?

—Se lo envié a mi primo para sacarlo fuera de Hogwarts.

En cuanto la voz se disipó, pudo ver a Malfoy y a varios profesores esperándolas al fondo.

—¿Y la señorita Weasley? —inquirió McGonagall, una vez se acercaron lo suficiente.

—Yo no voy a ir a por Weasley, tengo un límite y prefiero luchar contra veinte trolls a ser amable con ella.

Los dos jóvenes miraron a Hermione.

—¿P-pero qué le digo? ¿Qué se supone que ha pasado ahora?

—No vayas de inocente, sangre sucia, sabes perfectamente que tanto tú como la comadreja tenéis Amortentia en vuestras bragas.

—Que te parta un rayo, Malfoy, a diferencia de ti tengo responsabilidades que hacer y no ser tan inútil y estúpida de preparar pociones prohibidas por el colegio sólo para divertirme. Si te han atrapado, sé un hombre y acepta las consecuencias, que se supone que ya eres mayor.

—Mira, asquerosa sangre suci-

—Cállate, Draco —cortó Parkinson—. Eres un maldito inmaduro.

El nombrado chasqueó la lengua, con cierto arrepentimiento. Sabía a qué se refería, en Slytherin la traición entre compañeros era uno de los peores crímenes.

—Si caigo yo, caen todos, joder. No me puedo creer que me hayas dejado atrás.

—¿Ah, que ahora ese es tu nuevo lema? Pues si llega el día de repartir hostias, tú te las llevarás todas, dalo por hecho.

—Eey, calma, estamos aquí para solucionar el problema de quién ha estado preparando filtros de amor y para qué, no queremos discusiones —interrumpió la profesora Sprout.

Hermione bufó y se fue a buscar a Ginny inmediatamente.


Espero que ahora que empezaré a subir dos caps por semana, la historia comience a acelerarse por sí sola jjajaj

¡Muchísimas gracias por los reviews (los contestaré, dadme tiempo ó.ò) y nos leemos el próximo sábado! Que paséis el resto de la semana sin mucho estrés! ^^